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Habemus Johnny Mathis

Por Mónica Castro | Mi obsesión musical recurrente tiene nombre y apellido: Johnny Mathis, y cuando digo obsesión es porque en realidad lo es.

17 julio 2015

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Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |  


Como bien les platicaba hace un par de artículos, me encanta que esta sección me haya encaminado a escribir y a enamorarme cada vez más del jazz y de su historia, así como también de esos artistas tan maravillosos que lo representan dignamente, pero creo que es momento de re-direccionar un poco mi contenido a otras de mis obsesiones musicales, porque si van a llamarme “anticuada”, me gustaría brindarles mucho más fundamentos. Siempre me sentiré orgullosa de que, tanto mi hermana como yo, seamos lo suficientemente afortunadas en tener a unos papás con tan buen gusto musical y sobre todo tan variado; en casa siempre se escuchó, escucha y escuchará música, punto final. Ello me ha permitido conocer y sobre todo apreciar a muchísimos artistas y genios de todos los géneros existentes y que además me gusten por cuenta propia.

Mi obsesión musical recurrente tiene nombre y apellido: Johnny Mathis, y cuando digo obsesión es porque en realidad lo es, sino pregunten en mi casa qué disco quiero escuchar cada sábado por la mañana y les podrán contestar sin titubear que “el de Johnny Mathis” (¡ah! porque además en mi casa, seguimos siendo de los que ponen discos en aparatos de sonido y también con mucho orgullo les platico que tenemos miles). Estoy segura que la mayoría de ustedes no tienen ni idea de quién demonios es Johnny, ni qué canciones interpreta, ni de qué época es o mucho menos cómo luce físicamente, pero francamente eso me tiene sin cuidado. Aunque como soy buena persona, puedo decirles algunas pistas de dónde podrían haberlo escuchado recientemente, como por ejemplo en películas y tráilers del director David O. Russell y en capítulos de “Mad Men” (no el personaje, ojo). A mí me ENCANTA escucharlo y creo que nunca dejaré de deleitarme con todas y cada una de sus canciones. Lo prometo.

Me agrada decirles que en esta ocasión, la biografía de mi querido Johnny no comienza con una vida turbulenta ni trágica como la de los demás artistas sobre los que he hablado anteriormente. Él nace en una familia tranquila de Texas un 30 de septiembre de 1935 (compartiendo fecha de nacimiento con mi papá, sólo que con 20 años de ventaja) y desde muy pequeño comienza su afición por la música gracias a la gran influencia de su padre que, en una ocasión memorable, compra un piano en 25 dólares y en él, enseña a su hijo múltiples canciones y rutinas una vez que residen en San Francisco. Después, como era de esperarse, canta en el coro de la iglesia, en el de la escuela, en eventos comunitarios y así sucesivamente. A los 13 años comienza clases particulares de canto con Connie Cox quien le enseña durante seis años toda clase de ejercicios vocales, escalas, habilidades clásicas y hasta de ópera. ¿Así cómo no iba a convertirse en uno de los mejores cantantes de baladas de todos los tiempos? Go Johnny, go!


Algo que yo desconocía totalmente de Johnny, es que era un excelente atleta e hizo muy famosa a la universidad de San Francisco donde estudiaba y entrenaba, logrando batir varios récords que lo llevaron a casi formar parte del equipo olímpico estadounidense de atletismo. Hasta que un día, un amigo que tenía un sexteto, lo invitó a participar en una sesión improvisada –mejor conocida como “jam session”- en el “Black Hawk” y fue entonces donde la dueña, Helen Noga, de inmediato quiso manejar su carrera como cantante. Adiós posibles medallas olímpicas, bienvenida carrera musical. Después empezó a trabajar en algunos bares y clubs hasta que George Avakian, jefe de la sección de Jazz A&R de la disquera Columbia, lo escuchó cantar y mandó a su empresa el tan famoso telegrama que va más o menos así: 

“He encontrado a fenomenal chico de 19 años que podría ir hasta el final. Envíen contratos en blanco”. Otro de esos momentos en donde el cantante es descubierto como por arte de magia y ¡BOOM! Habemus Johnny Mathis.

Es en marzo del 56 cuando graba su primer disco orientado totalmente al jazz pero no fue muy popular y recibió un éxito sumamente moderado ya que discos y cantantes de jazz en esa época ya no tenían tanta fama ni demanda como en años anteriores; estamos hablando de la época de Elvis, así que pueden darse una idea general del tipo de música que predominaba. Es en ese mismo año y bajo la tutela del productor Mitch Miller, que cambia el giro de sus canciones y graba dos de sus más grandes éxitos del mundo mundial: “It’s not for me to say” y “Wonderful, wonderful” y que sin duda, forman parte de mi repertorio favorito de Johnny.

¿Qué canciones puedo recomendarles? TODAS. Empezando por “Chances are”, “A certain smile”, su versión de “When sunny gets blue”, “What will my Mary say”, “Maria” (de West Side Story) o “Wild is the wind”. Déjense llevar por un muy joven y flaquito Mathis con su chamarra tipo varisty y sé que les puede llegar a gustar tanto como a mí, aunque sí he de admitir que puede llegar a ser un tanto meloso. Pero bueno, cambiando un poco de tema, sepan que su mayor influencia e ídolo es nada más y nada menos que Nat King Cole y ama las canciones de Ella Fitzgerald. Me doy cuenta que hasta ahora, todos mis artículos van teniendo relación.

Imagínense la escena: ustedes conociendo al amor de su vida mientras se escucha de fondo “Small World” o “Misty” que he de decir que, aunque ha sido miles de veces interpretada por otros artistas, nadie y en serio NADIE es capaz de cantarla como MI Johnny Mathis, ni siquiera Sinatra (que en alguna ocasión habló muy mal de Johnny y por eso le guardo cierto recelo ehh). “Misty” es LA canción, créanme, y por supuesto tenía que ser mi favorita (en parte también porque mi mamá la tocaba en piano cuando era más chica, pero esa es otra historia). 


Esa voz tan melodiosa, romántica, con potencia, capaz de hacer graves/agudos, altos/bajos con segundos de diferencia, muy bien entonada y con perfecta dicción, le valió a mi querido Johnny un sinfín de reconocimientos, premios, éxitos y fama internacional. Tanto fue así, que su álbum “Greatest Hits” (tradición que posteriormente fue copiada por TODAS las disqueras existentes) rompió el récord Guinness por haber estado 490 semanas consecutivas en las listas de Billboard de Top Albums. ¿Quién actualmente puede romper un récord así? Les aseguro que nadie. Y luego el colmo: ¡tiene como tres álbumes de canciones navideñas! Ya me será imposible concebir la Navidad sin escuchar “Silent Night” o “I’ll be home for Christmas” en la voz de Mathis. ¿Ven? No exageraba cuando les dije que era una obsesión para mí.

A sus ya casi 80 años, Johnny Mathis sigue dando conciertos (aunque no lo crean) y he leído varias reseñas de éstos en donde todos coinciden en lo mismo:  

“… no sólo ha sobrevivido, sino que ha prevalecido en la escena musical con la misma potencia con la que cantaba hace cincuenta años, y aunque cante las mismas canciones noche tras noche, siempre entregará un 100% ya que no importa lo mucho que envejezca, siempre sonará a Johnny Mathis”. 

Eso es un don de los mismísimos dioses, señoras y señores. Así que “LONG LIVE JOHNNY MATHIS”.


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La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!

 
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