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Crosby y Bowie: un inesperado y muy bizarro dueto navideño


Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


Espero que, a estas alturas de la vida, sepan que como buena ñoña que soy me entusiasman mucho las fiestas decembrinas y obviamente el escuchar música navideña, es un must en estas cuatro fugaces semanas. Como se imaginarán, mi estilo es bastante clásico, que va desde Nat King Cole (cuya versión de “The Christmas Song” me pone literalmente la piel chinita) hasta Ray Coniff (que siempre, siempre me recordará a aquellas navidades en casa de mis abuelos). Así que es un poquito difícil que me salga de mis playlist usuales o de los discos de antaño que tengo en casa. Peeeero, este año y por razones que no voy a ahondar aquí, sintonicé una estación de radio irlandesa (sí… así de random) y he podido escuchar una que otra canción o melodía que desconocía y ello ha hecho que abra y amplíe un poquito más mi experiencia musical navideña. Y aunque honestamente me da un montón de pena admitirlo, ¡EN LA PERRA VIDA HABÍA ESCUCHADO EL HITAZO DE “PEACE ON EARTH/LITTLE DRUMMER BOY” INTERPRETADO POR BING CROSBY Y DAVID BOWIE! Sí, en mayúsculas y toda la cosa porque la vergüenza es harta.

Ya sé, ya sé… probablemente sea un shock para algunos de ustedes y se estén cuestionando mi legitimidad como melómana (jajajaja), pero admitamos que siempre se pueden descubrir canciones y géneros nuevos a cualquier edad, en cualquier momento de nuestras vidas y sobre todo, disfrutarlos y hacerlos parte de nuestra cotidianidad. Así que, no se atrevan a juzgarme, eh. Acá el asunto es que la colaboración entre estas leyendas me pareció tan random, tan bizarra y taaaan buena, que decidí escribir un textito exprés a modo de última colaboración del 2022 en Sputnik.

Estuve leyendo un poco acerca de cómo surgió este inesperado e histórico acontecimiento y se los cuento rápidamente: resulta que Bing Crosby o ‘Mr. White Christmas’ (porque sí, a él le debemos la autoría de este clásico de clásicos navideño), grabó en 1977 lo que sería su último especial navideño para la televisión titulado “Merrie Olde Christmas”, que se transmitiría en Estados Unidos y Reino Unido. La premisa del especial es que Crosby recibe una carta de un familiar inglés perdido que lo invita a él y a su familia a acudir a su casa y conocer su historia familiar, al mismo tiempo en que conoce e interactúa con trabajadores de la casa, el fantasma de Charles Dickens (supongo) y otros invitados inesperados, todos interpretados por personalidades del medio del espectáculo inglés, incluido por supuesto nuestro Starman, David Bowie. El especial fue filmado en Londres, ya que Bing andaba de gira en tierras británicas.


Pues bien, aún no me queda del todo claro cómo es que Bowie (que ya contaba con diez años de carrera en ese entonces) accede y es seleccionado para actuar en dicho especial, pero supuestamente lo hizo con el afán de promocionar su doceavo álbum “Heroes” y porque su mamá era fan de Crosby. El chiste es que, al momento de indicarle que tiene que grabar el famoso villancico “Little Drummer Boy”, Bowie se niega. “Odio ese tema. ¿No hay otra cosa que pueda cantar?”. Y Crosby, que era un señorón de setenta y pico años, se negó rotundamente a cambiarla. Imaginen la incómoda escena. Por lo que, los supervisores musicales del especial navideño Ian Fraser y Larry Grossman, encuentran un piano en el sótano del estudio de televisión y componen en menos de una hora, lo que inesperadamente sería uno de los singles más exitosos de David Bowie muy a su pesar. En realidad, el cambio no es tan drástico, pero sirvió para mantener contentos a ambos artistas y que, de alguna forma, pudieran resaltar sus atributos vocales.

Hay quienes afirman que la interacción entre ambos es bastante forzada, con diálogos sumamente prefabricados e insoportablemente escenificado. Para serles muy franca, pensé que me daría muchísimo más cringe verlo y que tendría que adelantarle hasta que comenzara la canción en sí, pero la verdad es que no fue así. Me parece que a pesar las enoooormes y muy evidentes diferencias entre ambos, lo hacen bastante bien (¿o será que soy muy ingenua?). Juzguen por ustedes mismos.

De mientras, “Peace On Earth / Little Drummer Boy” forma parte ya de mi repertorio navideño y sin duda, nunca olvidaré la enorme sorpresa que me llevé al descubrir quiénes eran los intérpretes de esta tremenda canción. Es una lástima que Bing Crosby nunca haya visto el éxito de este sencillo, ya que falleció tan solo un mes después de haberlo grabado. En cambio a Bowie, que sí fue testigo de ello, le valió. Unas por otras.

Bros: ¿México estuvo listo para una rom-com LGBTQ+ mainstream?




Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |

Pues no. La respuesta es un gran y tajante “NO”. Y aunque el pasado 26 de octubre se aprobara el matrimonio igualitario en todo el país (yaaay), eso no significa que México deje de ser un país re homofóbico e ignorante (buuuu) y me lo demostró una vez más al NO exhibir en el duopolio Cinépolis-Cinemex la película cómica romántica re gringa y re mainstream “Bros”. A lo mejor ustedes creen que es una exageración de mi parte, pero no lo veo así y les platico porqué: resulta que estuve esperando más de un mes el estreno de dicha película y, según ambas cadenas de distribución de cine, estaba programada para el jueves 27 de octubre, por lo que hice planes (mentales) de invitar a uno de mis mejores amigos como regalo de cumpleaños y pasárnosla riendo escandalosamente porque a ambxs nos gustó mucho lo que vimos en el tráiler. Desafortunadamente a “Bros” no le fue nada bien en taquilla en Estados Unidos a pesar de una obstinada campaña de marketing y de estar respaldada por una productora y distribuidora bastante choncha como lo es Universal Pictures (muchos cines decidieron boicotear deliberadamente la proyección de la película), por lo que su escritor y protagonista Billy Eichner, contaba con un poco más de respaldo internacional. Aquí es donde entramos yo y mi fallido intento por apoyar a uno de mis comediantes gringos favoritos.

Llegó el 27 de octubre y a pesar de haber puesto la dichosa notificación en la app de Cinemex, no me salían horarios disponibles en ningún cine en tooooda Puebla. Lógico, me empecé a desesperar, chequé en Cinépolis y lo mismo. Y entonces, acá doña intensa (no me ando con tibiezas people), buscó estado por estado a ver cuáles sí la proyectarían y cuáles no; para no hacerles el cuento más largo, únicamente alrededor de seis estados proyectarían la película y no en todas las salas por supuesto, lo cual hizo que me molestara bastante y fuera corriendo a Twitter cual millennial geriátrica a escupir tantito odio al no querer bancarme la homofobia de este duopolio. Supongo que el pretexto que pondrían es que no era una decisión rentable proyectarla en todo México debido al poco éxito que tuvo en el país del norte, pero entonces ¿por qué sí proyectarla en unos estados y en otros no? ¿Basados en qué se seleccionó a dichos estados? Y creo que no hace falta que les diga la respuesta. Después del mini coraje, terminé viéndola ese mismo día a través de una fiel y perseverante amiga llamada Cuevana y pues, ya que seguramente muchxs de ustedes no pudieron verla, decidí escribir una breve reseña a modo de resistencia.


La mera existencia de una película como “Bros” en pleno 2022, no debería ser algo notorio, pero sí lo es: resulta que es la primera comedia romántica protagonizada en su totalidad por personas LGBTQ+ y fue financiada por una productora cinematográfica convencional (Universal). Que haya pasado tanto tiempo para que esto fuera una realidad, me parece medio increíble, pero… ¿es “Bros” una película digna realmente de ese hito que la rodea? Para mí, la respuesta es SÍ. Comencemos por el hecho de que no es una historia romántica en donde simplemente se cambie una pareja heterosexual por una gay. Como bien dice Bobby (el protagonista) en los primeros minutos de la película, esa narrativa del “Love Is Love” que hemos escuchado, leído y compartido en un sinfín de ocasiones, no es del todo correcta: las relaciones homosexuales son diferentes, las amistades homosexuales son diferentes, el sexo homosexual es diferente. Y aunque se las arregla para ofrecer momentos de comedia romántica muy, muy tradicionales, “Bros” refleja esa diferencia inherente en todo momento. Por ejemplo, el primer contacto entre nuestros personajes principales no es algo demasiado especial o digno de un cuento de hadas: ambos cruzan miradas, sí, pero lo hacen en un club nocturno, con colores neón estridentes y lleno de hombres homosexuales sin camisa de todas las edades. O que la escena de sexo entre los protagonistas sea brutalmente cómica y honesta en primer lugar, porque sucede a medio día y no en una noche romántica, en segunda porque los vemos inhalando poppers para aumentar su deseo sexual y encima, tienen una especie de lucha grecorromana a modo de foreplay. Ya con eso nos hacemos una idea general de esas pequeñas grandes diferencias entre esta película y otras rom-coms convencionales.

“Bros” trata la historia de amor entre Bobby y Aaron. Billy Eichner, quien interpreta a Bobby, escribió un protagonista bastante peculiar: inteligente, ingenioso, culto, demasiado autocrítico, en ocasiones exasperante, amargado y verborreico.

A mucha gente no le gustó que Bobby fuera por momentos tan directo, agresivo y escandaloso… ¡por Dios! lo escribió Billy Eichner, ¿qué esperaban o qué? Se combina a la perfección con el terriblemente apuesto Aaron, interpretado por Luke Macfarlane, un albacea testamentario y un hombre al que le gustan los tríos y las orgías ocasionales quien, en lo exterior, parecería llevar una vida exitosa pero que, en realidad, atraviesa una crisis de identidad y de confianza en sí mismo muy cañonas. Los altibajos entre Aaron y Bobby están hábilmente escritos; ambos son capaces de sacar lo mejor y lo peor de cada uno, de la manera en que solo aquellos con los que se tiene una conexión especial y profunda, pueden hacerlo. La química entre ambos actores es tangible y se agradece. Macfarlane tiene una calidez y sinceridad que hace que Aaron sea bastante empático incluso en sus momentos más oscuros; es el complemento perfecto para el exterior puntiagudo de Bobby. A medida que la película avanza y las vulnerabilidades de ambos personajes continúan siendo expuestas, la actuación de Eichner sobresale, especialmente durante un monólogo particularmente poderoso en la playa en donde OBVIO chillé un poquito. Podemos ver a un Bobby más sutil y conmovedor, sin perder nunca el sentido del humor que lo hace tan brillante. A pesar de algunas críticas que leí por ahí, me parecen dos personajes gay maravillosamente complejos y muy bien desarrollados, entretejiendo temas de homofobia internalizada, narrativas sociales sobre cómo debe ser la masculinidad gay y lo que implica luchar por ser uno mismo en un mundo que te grita a cada rato que seas cualquier cosa menos tú.



En ese sentido, “Bros” aterriza muy bien la parte del 'rom', pero ¿qué pasa con la del 'com'? Con Eichner como guionista, no sorprende que sea sumamente divertida y precisamente, me da tristeza no haberme podido reír colectivamente en una sala de cine. Las bromas y punchlines (en ocasiones excesivamente locales) no se detienen en toda la película: van desde frases ingeniosas, actuaciones fabulosas (estoy obsesionada con Bowen Yang), hasta chistes incisivos sobre la cultura de las citas en el mundo actual. A medida que avanza la relación entre Aaron y Bobby, Eichner y el director y coguionista Nicholas Stoller, insisten en empujarnos hacia escenarios inesperados y divertidos: una cena tensa en medio de meseros que cantan en los momentos más inoportunos, una interacción con Debra Messing (¿alguien más recuerda el legendario “It’s Debra Messing you gays!” de “Billy On The Street”?), escenas de sexo ridículas, cameos sensacionales, etcétera. Todos estos escenarios, son representados muy bien por su elenco LGBTQ+  

Para finalizar, creo que “Bros” hace un muy buen intento por difundir elementos educativos en torno a la comunidad LGBTQ+, y el deseo de informar a las personas sobre la historia queer es una parte integral no solo del personaje de Bobby, sino de Billy Eichner también. La película no te inunda la cabeza de información y no es un elemento que cansa, por el contrario, te brinda un espacio seguro para comprender y reflexionar muchas cosas. El montaje de los pioneros LGBTQ+ de décadas pasadas, sin duda pone la piel chinita y el recordatorio de que esta es una comunidad que ha sido constantemente silenciada e invisibilizada a lo largo de la historia, hace que la presencia de esta película en la pantalla grande sea aún más conmovedora, la representación aún más satisfactoria y los arcos emocionales de los personajes principales, aún más impactantes. Hollywood tardó más de un siglo en darnos una película como “Bros”, me pregunto entonces cuánto tiempo pasará para una próxima y ojalá, OJALÁ que ahora sí la #$%&@! proyecten en nuestro país.

«Elvis», un film digno del rey del rock and roll



Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


Me parece de suma importancia que, antes de leer esta reseña, tengan muy presente lo emocionada que estoy/estuve por ver “Elvis” tras varios años (sí, años) de espera porque por allá de 2019, cuando me enteré de que mi queridísimo y adorado Baz Luhrmann sería el encargado de dirigirla, no solo se me desbordó la emoción, sino que sabía exactamente qué esperar de la película y, una vez más, Baz no me decepcionó. Obviamente soy una gran fanática de su ya muy particular estilo al momento de desarrollar y contar una historia y, por ende, sabía lo increíblemente meticuloso y creativo que sería, llegando al punto de verdaderamente obsesionarse –en este caso– con Elvis y que el resultado final, sería una joya visual de esas que te dejan abrumadx un largo rato.

Tal vez no lo recuerden, pero hace seis años, escribí acercade Elvis Presley aquí en Sputnik y les confieso que tuve que regresar a leer el artículo previo a ver la película porque no recordaba del todo qué había escrito en aquel entonces (sí… ya estoy grandecita mi gente, la memoria no es lo de antes *carita triste*). Gracias a ello, me refrescó bastante la memoria y recordé, no solo lo mucho que auténticamente me gusta Elvis, sino también lo mucho que ya sabía de su historia personal y carrera artística al andar investigando e investigando por al menos un par de semanas. Así que, les reitero lo emocionada que estuve al ver la película y lo mucho que anhelaba una buena adaptación a diferencia de otras biopics medio chafis que nos han presentado anteriormente. Lo que sí es que tengo que confesarles que me dio un cringe horrrrrrible releer mi texto y darme cuenta de lo normalizado que tenía yo el grooming que le hizo Presley a Priscilla y neta, qué perro oso. Lo bueno es que, la gente cambia, aprende, reflexiona, se deconstruye y pues, la mujer que teclea estas letras, vaya que ya cambió. Gracias infinitas, hermoso feminismo.

Pues bien, por si no lo sabían, el director australiano Baz Luhrmann tiene tan solo seis películas bajo el brazo, de las cuales al menos cuatro son verdaderos iconos del cine moderno: Romeo+Juliet (1996), Moulin Rouge! (2001), The Great Gatsby (2013) y, por supuesto, Elvis (sí, tal vez piensen que me estoy adelantando demasiado, pero no inventen, tuvo una ovación en el Festival de Cannes de 12 minutos y le ha ido muy bien con la crítica, mucho mejor que a Gatsby, por ejemplo). Y, si viéramos esos filmes de manera secuencial, podríamos apreciar aún más el estilo in crescendo de Baz y su forma tan over the top en contar historias. El inicio de “Elvis” por ende, es tan caótico como su director; por un instante se mezclaban tres momentos distintos de la historia del protagonista, con visuales espectaculares y música estridente de por medio, manejos de cámara tan rápidos que te daba la sensación de que, si pestañeabas un poquitín más lento, te perderías de algo esencial en la historia. Esa sensación, bastante abrumadora, va y viene conforme avanza la historia. Pero, de entrada, te deja bien clarito el tono y el ritmo de las siguientes dos horas y media. Y hablando de eso, antes de que se me olvide, sí… confieso que se me hicieron un poquito excesivas esas dos horas y media que dura la película, pero también entiendo que seguramente Baz consideró que lo que vimos en pantalla, era imprescindible para logar el efecto que “Elvis” está teniendo en la audiencia y, por lo tanto, defendió y se aferró a su visión en el cuarto de edición. Cantidad sin arriesgar calidad, básicamente. Aunque se rumorea que Baz tiene en su poder, una versión de cuatro horas, en donde podríamos ver cuando Elvis conoció a Nixon entre otras cosas, pero que no está seguro si algún día seremos dignos de verla. ¿Ustedes la verían?

La película, es narrada por el villano de la historia, el temible coronel Tom Parker, quien fuera mánager de Elvis durante toda su carrera y que es interpretado por el célebre Tom Hanks, una selección de narrador bastante curiosa que nos aleja de otras biopics que han caído en lugares más comunes. Coincido con algunas críticas en cuanto a que no es el mejor trabajo de Hanks ni tampoco hace algo extraordinario que valga la pena recordar, además de que a veces hacen mucho ruido esos kilos de maquillaje y el traje de gordo. Sin embargo, reconozco que tuvo que trabajar con un personaje del cual siempre se ha sabido “muy poco”; no hay suficientes grabaciones o entrevistas que ayuden a estructurar cómo era este nefasto hombre en términos de la voz o los modismos, por ejemplo, así que entre Hanks y Luhrmann crean un personaje… digamos desde cero, por momentos sí rayando en lo caricaturesco y por momentos muy real, pero que nos permite entender su psique al instante al manipular mental, emocional y económicamente a nuestro héroe y a su familia. Parker es responsable del ascenso a la fama de Elvis y también de su declive (y no es ningún spoiler eh, todo mundo lo sabe); un hombre estratégico, inteligente, audaz, cruel y rapaz que surge como una especie de inspiración para todxs aquellxs managers de mitades del siglo XX y por supuesto, de este siglo XXI, estableciendo exactamente qué esperar y obtener de la fama,


Justificando en todo momento los tejes y manejes sobre cómo gestionaba la carrera artística de Presley, Parker nos narra su primera impresión, su primer encuentro con Elvis y cómo logró hacerlo el artista más reconocido a nivel mundial, sin siquiera salir de Estados Unidos. Aquí la grata sorpresa y lo que sigue emocionándonos a todxs, fue ver al maravilloso Austin Butler interpretando a Elvis en el que, les aseguro, es el papel de su vida. Su enorme talento arrasó con contrincantes como Harry Styles, Miles Teller, Ansel Elgort (ugh) y Aaron Taylor-Johnson a la hora de audicionar para el papel y seguramente, Baz quedó prendado de la capacidad de este gran actor y por supuesto, lo llevó al límite. Por si no sabían, Butler fue directito al hospital un día después de haber terminado de filmar la película: “mi cuerpo comenzó a ‘apagarse’ y estuve en cama durante una semana”. Austin ha confesado en múltiples entrevistas que, durante tres años, lo único que tenía en mente y por lo que trabajó arduamente durante todo ese tiempo, fue en encarnar a Elvis Presley. Y es que, la mayoría de las personas (incluyéndome), le teníamos muy poca fe al actor: en primera porque su filmografía no es exactamente la que imaginarías para alguien a quien le encargan semejante protagónico y, en segunda, porque físicamente NO se parece al ultra guapísimo cara-tallada-por-los-mismos-ángeles de Elvis. Entonces, la presión era demasiada y las ganas de cerrarnos la boca, también (lo cual obviamente logró). Se preparó durante meses con los mejores coachings vocales, no solo para cantar como Elvis (porque sí, durante la etapa joven de Elvis, Austin es quien interpreta las canciones y hasta grabó en el estudio donde Presley grabó más de 200 canciones), sino para hablar tal cual como él; es verdaderamente impresionante. En una entrevista con Jimmy Fallon, imita la voz de Elvis y señala los pequeños y sutiles cambios que tuvo entre los 50s, en los 60s y los 70s; según yo es prácticamente la misma, peeero no es así jajaja y Austin nos lo demuestra con muchísimo orgullo, tanto así que durante toda la gira promocional del film, no logra deshacerse de la voz y aunque es un chico californiano, ha recibido un sinfín de críticas por insistir con el acento de Tennessee, aunque el actor lo justifica precisamente con el hecho de haber trabajado tanto con esa voz que ahora le resulta difícil regresar a su tono auténtico. ¿O será pura mercadotecnia? Who knows!

Austin trabajó para convertirse en cuerpo y alma en Elvis durante tres años y no es mentira: desde el casting hasta la finalización del film (que se detuvo un año debido a la pandemia de COVID-19), tuvo la oportunidad de estudiar e imitar todas las facetas de Presley como artista y como ser humano; leyó las decenas de biografías que existen sobre él, meticulosamente vio cada película, escuchó cada álbum, cada entrevista que realizara el artista en sus 25 años de carrera y es de asombrarse que nuestro joven actor (Austin tiene 30 años) no se volviera loco ¿o sí? El resultado es que conoce al artista y al hombre, y logra mediante una bestial actuación, presentarnos a un inmortal Elvis, lleno de inseguridades, miedos, pasiones, arrebatos y todos esos matices, hacen que empaticemos con el héroe del que tanto nos hemos mofado por años. No en balde las mismísimas Lisa Marie (su hija) y Priscilla (su exesposa), le agradecen a Baz la forma en cómo retrata a Presley. Los movimientos perfectamente coreografiados que logra Austin ¡están de locura! tanto así que quieres que te salpique el sudor que le corre por todos lados. True story.


Algo que me parece re atinado, es que se le hace un buen homenaje a artistas como B.B.King, Sister Rosetta Tharpe (de quien también yaescribí en Sputnik ¡yuju!), Little Richard y Big Mama Thornton y, por supuesto, se visibiliza y se reconoce el talento, la innovación y, por ende, la tremenda influencia de la música negra del sur de Estados Unidos, en particular la que Beale Street tuvo en Elvis; R&B, gospel, soul, provenientes de la clase trabajadora y de las iglesias protestantes evangélicas afroamericanas. La mayoría de sus primeras grabaciones, eran simples covers de artistas negrxs y por supuesto se le acusó de apropiación cultural, lo cual efectivamente es, pero al ser un intérprete blanco y quererlo matizar con música country, pues obviamente no iba a hacer tanto ruido y encima, lo que los ejecutivos de las disqueras hicieron y supongo que el buen manejo del Coronel Parker, fue fusionar dichos ritmos con el country, el cual evoluciona y surge un sonido que, en la década de los 50s era nuevo, fresco y atraía a las masas juveniles del resto del país: el rock and roll. Lo cual me lleva a hablar precisamente de las fusiones auditivas que hace Baz en esta película, muy similar a lo que hizo y logró en The Great Gatsby. ¿Nos imaginábamos algún día escuchar a Eminem en un soundtrack de Elvis? ¿O escuchar a Doja Cat (rapera gringa) hacer una interpretación de “Hound Dog” de Big Mama Thornton mientras vemos en pantalla a Elvis caminar en su ciudad natal? ¡Claro que no! Pero la intención de Baz, y me atrevería a llamarla ya una obsesión, es la de fusionar el pasado y el presente para que entendamos de una buena vez, lo transgresor que eran esos sonidos entonces y lo mucho que continúan influenciando a la música actual y también, por qué no, atraer a un público más joven. La música es el vehículo perfecto para la transmisión de esas ideas y sentir. Lo que Baz logra en la escena de la feria, cuando Elvis interpreta “Baby, Let’s Play House” es FENOMENAL. Obviamente podemos bailar mientras escuchamos muchos de los éxitos de Presley, algunos reeditados y algunos no, sin llegar a saturarnos. Muy por el contrario, el efecto que causa la película es querer crear nuestras listas en Spotify y darle una oportunidad a la innovadora banda sonora. No dudo ni tantito, que los números de Presley en las plataformas musicales estén teniendo un considerable repunte.

Y sí, visualmente “Elvis” es… uff… sen-sa-cio-nal. Una explosión barroca que podemos apreciar, desde los posters promocionales, hasta los vestuarios perfecta y meticulosamente diseñados por Catherine Martin la ganadora del Oscar quien, además de haber hecho los vestuarios de Moulin Rouge! y The Great Gatsby, es la esposa de Baz, por lo que la dupla de talento es indiscutiblemente asombrosa. Hace unos días veía una entrevista en donde Catherine explica el trabajo agotador que fue hacer una selección de los mejores jumpsuits de Elvis en su legendaria etapa de Las Vegas, aunado al famoso traje de cuero que usó para su especial de televisión del 68, todo bajo las restricciones de la pandemia, que la obligó a imprimir en un sinfín de ocasiones, estampados que se asemejaran a las telas que buscaba obtener ya que no le podían ser enviadas (porque la película fue filmada en Australia). Una labor titánica que seguramente, la llevará a obtener otros merecidos premios. Y en cuanto al exceso de gráficos dentro de la peli, simplemente los amé.

Para finalizar, no todo es miel sobre hojuelas en mi reseña; además de sentir que la duración de la película fue excesiva, me hubiera gustado que ahondaran más en ciertos momentos de la historia de Elvis, como sus auténticos inicios en la música y no un montaje ahí medio de cómic, o que profundizaran más en su “peculiar” historia de amor con Priscilla (porque he leído unas cosas terribles y en exceso cringey sobre su relación), porque todo es sumamente fugaz y el trabajo de Olivia DeJonge ni se disfruta ya que son contados los minutos que aparece en pantalla y por lo tanto, el drama y la tensión entre ellos es prácticamente nula y en ese sentido, es difícil entender la depresión que causó en Elvis su divorcio (a pesar de haber sido él, el causante del mismo). El hilo temporal a veces se pierde y, escenas que merecían más profundidad, son fugaces y, por el contrario, de repente se enganchan en ciertas situaciones que, a mi parecer, no merecen tanto tiempo de pantalla. Aunque insisto, seguro Baz le encontró una explicación lógica a la narrativa que decidió presentar y supongo que, en cuanto al tema de Priscilla, no quería meterse en problemas con ella.

Creo firmemente que el amor como tragedia, sigue y seguirá siendo el tema central en las películas de Baz y en esta ocasión, hasta lo dice explícitamente. Tras casi diez años de ausencia, Luhrmann nos entrega una biopic digna de un rey del rock que dará de qué hablar por un buen rato. Vayan a verla y discutamos qué les parece.


Stevie Wonder: de niño prodigio a artista revolucionario



Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |

“Just because a man lacks the use of his eyes
doesn't mean he lacks vision”
-Stevie Wonder-

El pasado 13 de mayo, festejamos el cumpleaños número 72 del gran Stevie Wonder, y qué mejor forma de hacerlo que celebrando al mismo tiempo sesenta años de una espectacular carrera música, escuchando sus mejores éxitos que son ufff… ¡UN BUEN! No les miento ni exagero cuando les digo que tiene AÑOS que tenía este artículo en mente y en realidad no sé muy bien por qué no me había animado a escribirlo, pero ahora que sí, es porque tengo tres poderosas razones: 1. Porque me encaaanta Stevie y siento que siempre ha formado parte del soundtrack de mi vida (qué ñoña, qué cursi); 2. Por lo importante que es seguir descubriendo y analizando lo revolucionario de su música y 3. Porque se me ha estado manifestando (del verbo manifestar, wink wink) en todas partes. Su carrera musical es una perfecta ilustración de sus visionarios talentos, por lo que Stevie Wonder es y será por siempre, uno de los artistas más exitosos, aclamados y significativos de todos los tiempos y por ello, es un honor y me enorgullece plenamente regresar a mis artículos musicales con él.

Los highlights y datos duros en la carrera del buen Stevie son vastos y espectaculares, por ejemplo: en 1963, a la tierna edad de 13 años, fue el primer artista joven en encabezar las listas de popularidad de Billboard Hot 100; a partir de ahí, ha tenido 29 hit singles en Estados Unidos, 101 singles en total, 23 álbumes discográficos, 25 Premios Grammy y más de 100 millones de copias vendidas en todo el mundo. Nada mal, naaada mal, Stevie. Iniciando su trayectoria como un niño prodigio, Wonder ha podido disfrutar de una amplia carrera que vio su cúspide creativa entre 1972 y 1976, época conocida como el periodo “clásico de Stevie”; durante este periodo lanzó 5 álbumes que fueron considerados verdaderas obras de arte inmediatamente después de ser lanzados y que, hasta la fecha, siguen siendo indispensables en las estanterías de todos aquellos que amamos su música. El más famoso y legendario de ellos, es el doble álbum de 1976 “Songs In The Key Of Life”. No solo le tomó dos años producir, sino que también contó con la colaboración de 120 músicos, un listado (depurado) de 21 canciones, la exploración e innovación de nuevas armonías y sonidos, y tiene una duración total de 1 hora 45 minutos. Aplausos de pie, ¿cierto? “Songs In The Key Of Life” viéndolo desde una perspectiva actual, funciona perfecto como una especie de álbum recopilatorio de Greatest Hits y es considerado por la reconocida revista Rolling Stone como el 4 mejor álbum dentro de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos. Fue incluido en el Grammy Hall of Fame en 2002; tres años más tarde, en la National Recording Registry (que es una lista de grabaciones sonoras catalogadas como cultural, histórica y estéticamente significativas) y se mantuvo 82 semanas consecutivas en las listas de Billboard. Mi amigo personal Elton John, (*inserte risitas aquí*) ha declarado en múltiples ocasiones que considera a “Songs In The Key Of Life” como el mejor álbum de la historia y que siempre carga (ya sea de manera física o digital) con una copia cuando viaja.


Stevie Wonder fue un pionero del uso de sintetizadores en los años 70s y el encargado en implementar nuevas técnicas de producción. Uno de sus sintetizadores ocupaba el tamaño de toda una habitación y pesaba literalmente una tonelada (más adelante les hablaré un poquito más de él). Durante su periodo clásico, fue el primero en llevar al R&B, de ser conocido por ser un género que producía exclusivamente singles fugaces, a hacer álbumes completos, cohesionando con el pop, el rock, el jazz y otros géneros musicales, y encima hacer que los temas a tratar en las canciones fueran más allá que solo letras románticas, incluyendo temas sociales, políticos e incluso, espirituales.

Así que vayamos al grano: ¿quién es Stevie Wonder? Un niño prodigio que realmente cumplió con su condena de genialidad (para bien, por supuesto). Su nombre real es Stevland Hardaway Morris y nace en Michigan por allá de 1950; sus padres fueron Lula Mae y Calvin Judkins quien, de acuerdo con la biografía de Lula, era alcohólico, violento y la obligaba a prostituirse. Cuando Stevie cumple 4 años, Lula se divorcia y se lleva a sus seis hijos a Detroit. A partir de los 7 años, Stevie comienza a tocar el piano, la harmónica, la batería y el bajo; también comienza a cantar en el coro de la iglesia y en algunas esquinas para ganar algo de dinero. Seguramente se estarán preguntando si en algún momento su ceguera fue impedimento para su desarrollo musical, pero también creo que saben cuál es la respuesta. Nació seis semanas prematuro lo que, junto con la atmósfera rica en oxígeno de la incubadora del hospital, derivó en una retinopatía prematura, una afección en la que no hay crecimiento de los ojos y provoca el desprendimiento de las retinas, por lo que quedó ciego siendo tan solo un bebé. He leído que existen muchas teorías en donde se le acusa de fingir su ceguera con tal de alcanzar el éxito profesional del cual goza y construirse una especie de personaje. Todo me parece una verdadera estupidez y falta de respeto.


A la edad de 11 años, le cantó una de sus canciones a Ronnie White del grupo “The Miracles” y quedó tan impresionado que lo mandó con Berry Gordy fundador de la legendaria casa discográfica Motown Records, quien lo contrató al instante y le propuso a Clarence Paul como su productor de cabecera, quien lo bautizó con el nombre artístico de “Little Stevie Wonder”. Clarence fue su mentor, productor y ocasional coescritor de canciones. En un año de trabajo, juntos lanzaron dos álbumes y algunos singles que fueron recibidos con muy poco éxito. Con 12 años, se unió a la “Motortown Revue” que hacía tours por todo Estados Unidos con los artistas de la disquera. Una presentación de 20 minutos de uno de esos shows en vivo en junio de 1962 fue grabada y lanzada en mayo del ‘63 en un álbum que se llamó “Recorded Live: The 12 Year Old Genius” que fue un éxito casi instantáneo y sirve como catapulta para la carrera de Stevie. Como dato curioso, Marvin Gaye toca la batería en dicha presentación. ¿SE IMAGINAN LO INCREÍBLEMENTE LEGENDARIO Y ESPECIAL QUE FUE ESO?

Durante el resto de los años 60s y mientras Stevie seguía siendo un adolescente, además de quitarse el “Little” de su nombre artístico, sacó más álbumes y singles como “Up-tight Everything’s Alright”, “I Was Made To Love Her”, “For Once In My Life” (que ingeniosamente incluyeron en la peli “Begin Again” y cuya escena entre Mark Ruffalo y Keira Knightley me fascina y encela al mismo tiempo) y la súper legendaria “Signed, Sealed, Delivered I’m Yours” que siempre relacionaré con otra de mis rom-coms favoritas, “You’ve Got Mail” al formar parte de su soundtrack (sí, a una niña de 9 añitos se le pueden quedar muy grabados ciertos datos inútiles). Todos esos singles, fueron Top 3 en Estados Unidos por semanas enteras. El muy marcado estilo musical de Stevie en esta época tenía toda la influencia de Motown y sus álbumes contenían además muchos covers, casi siempre producidos por alguien más. Algunas de las letras más queridas y populares entre el público (incluso a la fecha) fueron coescritas con su mamá, Lula.

A finales de los años 60s, Stevie ya era uno de los artistas estadounidenses más populares y mientras más maduraba, más quería y necesitaba independencia y libertad profesional. En 1970, a los 20 años, se casa con Syreeta Wright quien era secretaria en Motown Records y con quien formó una dupla creativa y profesional que daría muchos frutos interesantes a ambas partes. Motown tenía prácticamente el control absoluto de los álbumes de Stevie quien, a sus 21 años, buscaba insistentemente que su contrato fuera mucho menos rígido y le cediera más control en todo sentido, adquiriendo poder legal y creativo de todas sus canciones. Es así como el álbum “Where I’m Coming From” es su primer trabajo como productor y donde decide apartarse de su ya consagrado estilo musical. Algunos lo consideran el verdadero inicio de su periodo clásico. En 1972 decide sacar el álbum “Music Of My Mind” enteramente escrito y producido por él, a pesar de no tener un contrato tan concreto con Motown. Es aquí cuando empieza a experimentar con una amplia variedad de géneros musicales: soul, funk, jazz-rock, R&B, reggae, african, etc.  Consigue una colección de sintetizadores que en conjunto se llaman “TONTO”, cuyas siglas significan The Original New Trimbal Orchestra; asesorado y manejado por Malcolm Cecil (experto sintetizador) y Robert Margouleff (bajista de jazz) quienes fueron nombrados ingenieros y productores asociados en tres producciones futuras de Stevie. TONTO fue y sigue siendo considerado como el sintetizador analógico polifónico multitímbrico más grande del mundo y su existencia le permitió al trío experimentar con nuevos sonidos.

En 1972, su álbum “Talking Book” contiene éxitos como “You Are The Sunshine Of My Life” y por supuesto la revolucionaria “Superstition”, originalmente escrita y prevista para otro artista. El sonido de esta canción es totalmente nuevo, utilizando a TONTO y muchas otras técnicas que, sin duda, innovaron la forma de hacer y escuchar música ayudándolo a reproducir exactamente lo que él oye en su cabeza. La batería de Stevie es quien, a pesar de toda esta implementación tecnológica, sobresale de manera indescriptible. Posteriormente, en un estudio construido especialmente para él, crea su álbum “Innervision” alcanzando una madurez musical y de sus letras. Le sigue Fulfillingness' First Finale en 1974, siendo mucho más instrumental y hasta sobrio, hablando de temas más profundos como la reencarnación. En ese año, Stevie sufre un terrible accidente automovilístico que lo deja en coma por 4 días e incluso inhibe su sentido del olfato por un tiempo. Pero, a pesar de lo difícil que fue su recuperación, decide invertir todo su tiempo y esfuerzo en crear durante dos años, su magnum opus “Songs In The Key Of Life” de quien ya les hablé anteriormente.


Sus siguientes álbumes fueron mucho más instrumentales con una tendencia muy cargada hacia las baladas sentimentales. “Hotter Than July” de 1980 no consigue el éxito esperado entre la crítica, pero sí con el público, haciéndolo su álbum más vendido y consiguiendo su primer disco de platino. Incluye el tema “Happy Birthday” que, si bien uno pensaría que es una canción cumpleañera más del montón, tiene en realidad una poderosa intención política y social, ya que Stevie luchó porque en Estados Unidos se conmemorara como fiesta nacional el nacimiento de Martin Luther King, y la canción fue escrita precisamente para ello. Cuatro años más tarde, recibe el Golden Globe y el Oscar a la Mejor Canción Original por la sonadísima “I Just Called To Say I Love You” de la película “The Woman in Red” protagonizada por Gene Wilder. Los años 80s son de gran éxito comercial para Stevie, aunque según los expertos, Wonder se estanca y deja de innovar como antes.

En los años 90s y 2000s, no produce álbumes nuevos, sino que se dedica a dar giras, entrevistas, a continuar con su compromiso social, político y altruista, y a vivir enteramente de su legado (qué envidia). Su penúltima producción discográfica fue en 2005 pero, ha sacado singles son artistas modernos como Ariana Grande, Redfoo y Travis Scott. Trabaja en una nueva producción titulada “Through The Eyes Of Wonder” lanzando un par de singles en 2020, pero debido a problemas de salud, aún no se ha podido concretar el lanzamiento del álbum completo.

Gran cantante, excelente letrista, extraordinario productor e instrumentista múltiple (en muchas ocasiones, le hizo de one man band en sus grabaciones). Wonder es reconocido por sus aportes a la música moderna y por ser una constante influencia en artistas del siglo XX y XXI que van desde Michael Jackson, hasta Kanye West. Dudo que muchos de nosotros estemos conscientes realmente de lo increíble de su legado, de lo poderosas que son sus letras y, sobre todo, de lo innovador que fue y es su arte. Por eso las y los invito a escucharlo y dejarse asombrar.

Realmente la nueva versión de “West Side Story”, ¿fue un rotundo fracaso?


Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


A mi querido tío Raúl que, sospecho,
le hubiera encantado esta nueva versión de “West Side Story”.
“¡Qué bárbaros!”, hubiera dicho.

Tengo que hacerles una confesión bastante ñoña: me emociona (y mucho) que mi segunda colaboración del año en Sputnik sea de otra película musical del 2021 porque como sabrán, hace un mes escribí acerca de “Tick,Tick… Boom!” y, como a inicios de mes estrenaron “West Side Story” en Disney+, ¿de qué otra cosa podría hablar esta fanática de los musicales? Además, estamos a tan solo días de los famosos premios de la estatuilla dorada y, por si no lo sabían, esta nueva versión de “West Side Story” recibió unas muy merecidas 7 nominaciones y acá la ñoña que teclea estas líneas, quisiera que ganara la mayoría (obvio no será así). Aunque hablando de manera un poco más objetiva, mucha gente -incluyéndome- nos preguntamos si realmente era necesaria otra versión de este clásico de Broadway en esta oleada cinematográfica actual de remakes y marketing de nostalgia y encima, me genera mucho ruido el por qué tantos medios y en general la audiencia, opinan que fue todo un fracaso. En lo que cada uno se responde a estas preguntas, iré contándoles un poquitín acerca de varios aspectos de la película que creo, valen la pena retomar y tomar una decisión mucho más informada.



Un clásico de clásicos.

Hablar de “West Side Story” no es cualquier cosa. La idea de este musical fue concebida en 1947, aunque sus raíces datan del Siglo XVI, cuando un tal William Shakespeare escribió una pequeña obra llamada “Romeo y Julieta”. Cuando el coreógrafo Jerome Robbins nota ciertos paralelismos entre dicho clásico shakespiriano y la época actual, se reúne con el compositor Leonard Bernstein y con el dramaturgo Arthur Laurents para generar ideas para un nuevo musical. En un principio, la historia giraría entorno a irlandeses católicos vs judíos en tiempos de Pascua, pero a ninguno le latía demasiado la idea y la desecharon. Hasta que un día, leyendo noticias en el periódico acerca de peleas chicanas callejeras, les surgió la idea de musicalizar/escribir/coreografear un encontronazo entre dos bandas juveniles en los años cincuenta: los Jets (provenientes de Europa) y los Sharks (de origen puertorriqueño) atravesados por una trágica historia de amor. Luego de diez años y con el trabajo de un muy joven y talentosísimo letrista llamado Steven Sondheim, “West Side Story” hace su debut en Broadway generando un éxito instantáneo no solo por la temática social que evidenciaba un racismo sistemático estadounidense, sino también por sus increíbles coreografías y sus inolvidables canciones (porque sí, seguramente TODOS hemos escuchado alguna y si no, que mal por ustedes eh…). Luego del éxito en Broadway, el mismo Robbins la lleva a la gran pantalla en 1961, codirigiéndola con Robert Wise, convirtiéndola en una de las películas más taquilleras de la época, recibiendo diez Premios Oscar y sentando unas bases sólidas para la futura adaptación de musicales al cine. Lo que automáticamente, me lleva al siguiente punto.



La dirección.  

Por allá del 2017/2018, fue un shock para la comunidad hollywoodense que el legendario director Steven Spielberg (sí, “Jaws”, “Jurassic Park”, “Saving Private Ryan”, etc.) quisiera filmar una nueva versión de “West Side Story”: “[…] he dirigido películas bélicas, de acción, ciencia ficción, drama… solo me falta hacer un musical”. Tras un sinfín de negociaciones, le dan luz verde al proyecto gracias a la nueva visión que tiene Steven para contar la historia y a que, además, el director tiene sumamente presente su amor por el musical, al remontarlo a su infancia en Arizona. A inicios de los años sesenta, el soundtrack de “West Side Story” era un álbum obligado en los hogares estadounidenses y en muchas otras partes del mundo (mi mamá me cuenta que al parecer lo tenían también cuando ella era niña; tal vez ande por ahí escondido en casa de mis abuelos). Y es que la música de Bernstein es simplemente bella y legendaria.

Desde los inicios de preproducción, comenzábamos a escuchar grandes y pesados nombres que formarían parte de esta nueva adaptación, como el del escritor Tony Krushner, el director de fotografía Zygmund Janusz, el coreógrafo Justin Peck, el diseñador de producción Adam Stockhausen, y nada más y nada menos que el director venezolano Gustavo Dudamel, quien junto a la orquesta filarmónica de Nueva York y de Los Ángeles, estarían a cargo de revivir la épica banda sonora. Es decir, un ejército de gente talentosísima que, bajo la tutela de Spielberg, trabajarían arduamente durante dos o tres años, basándose siempre en el espectáculo de Broadway y NO en la película. Esto es importante resaltar porque, si bien notamos ciertas similitudes e inspiraciones entre una película y otra (sobre todo en el lenguaje cinematográfico), me parece que la intención actoral (por órdenes de Steven quiero suponer) es sumamente teatral, por lo que creo que hay mucha gente que no conecta con ello. Intentan contar la historia bajo un contexto sumamente real y hay detalles y decisiones actorales que no coinciden y hasta dan un poquitín de cringe. Lo que sí creo es que hay un esfuerzo bastante claro en hacer que la danza sea quien cuente la historia, tal y como lo concibió Robbins en Broadway hace sesenta y cinco años. Además, déjenme decirles que la fotografía y los movimientos de cámara son BESTIALES, realmente IM-PRE-SIO-NAN-TES y se notan todos y cada uno de los años de experiencia de un director de la talla de Spielberg, que además a sus 75 años, quiso innovar en todo momento para que nosotros tuviéramos una experiencia y una conexión mucho más cercana con la historia; no exagero cuando digo que todo ese amor y esa pasión que siente Spielberg por “West Side Story” conmueve, sorprende y contagia; se le nota una emoción tremenda en todos los videos y fotografías de detrás de cámaras, como un chamaquito haciendo su sueño hecho realidad. Y, desde un inicio, todo el equipo de producción sintió y manifestó la enorme responsabilidad que tenían para hacer de esta nueva versión, una más inclusiva y fiel a la historia.



El elenco.

Desde un inicio, el equipo de “West Side Story” encabezado por Steven Spielberg, decidió que quienes protagonizarían esta nueva versión por el lado de los puertorriqueños Sharks, serían actrices, actores, bailarinas y bailarines latinxs y así dejar a un lado las peripecias tan desafortunadas de la versión del 61: recordemos que el papel de Bernardo lo interpretó George Chakiris de origen griego a quien tenían que pintarle la cara para que luciera puertorriqueño (a él y a todo el elenco, incluida mi adorada y reina boricua Rita Moreno); a María la interpretó la muy californiana Natalie Wood quien hablaba terriblemente español; estigmas latinos absurdos por doquier y así on and on… así que me parece que fue un buen esfuerzo el hacer un casting más acorde esta vez y dar lugar a quien lugar merece. Aunque, si consultamos con nuestros hermanos puertorriqueños, seguramente la deuda histórica no está del todo saldada ya que esta vez el papel de María lo interpretó la estadounidense con ascendencia colombiana Rachel Zegler, y Bernardo es interpretado por el canadiense-cubano, David Álvarez (mi nuevo crush, por cierto). Así que supongo que, por más ‘esfuerzos’, las cosas nunca se harán 100% bien y pone sobre la mesa muchos debates acerca de hacer lo verdaderamente correcto vs lo políticamente correcto.

En sí el ensamble actoral y artístico es excelente (tú no Ansel Elgort). Cada uno aporta cosas interesantes e innovadoras a sus personajes, en lugar de hacer un copy paste de las versiones anteriores. Ariana DeBose, en el papel de Anita, es la revelación de la película y ha estado arrasando con todos los premios a los que ha estado nominada (seguro es el único Oscar que se llevará “West Side Story”), y aunque mi querida Ari ya tenga años de arduo trabajo en Broadway (estuvo en “Hamilton”, con eso les digo todo), es muy reconfortante ser testigos del constante reconocimiento a su talento triple threat actualmente. La desconocida Rachel Zegler, quien obtuvo el papel de María con tan solo 17 años y sin haber salido si quiera de la preparatoria, también hace un excelente performance (excepto la escena final que me parece súper mal lograda y bastante desafortunada); tiene una voz asombrosa y un carisma natural y fresco que se agradece. David Álvarez, que ganó un Tony a sus tiernos 13 años por el musical “Billy Elliot”, hace un extraordinario papel como Bernardo, con toda esa fuerza y coraje, y no me explico por qué no estuvo ni está nominado a nada porque actúa re bien, canta re bien y baila re bien. Tenemos también al veterano de Broadway Mike Faist, quien interpreta a Riff y no sé cómo hace para que lo ames y odies al mismo tiempo y, por último, mi adorada Rita Moreno que a sus 90 años está más espectacular que nunca. Recordemos que ella interpretó a Anita en 1961 y es increíble que haya formado parte también de esta nueva versión, no solo como actriz, sino como productora ejecutiva. Su rendition de “Somewhere” es tierna y fabulosa. Del Ansel Elgort ese, lo único que voy a decir (porque no se merece siquiera ser mencionado en mi artículo) es que es un tronco y que, el tarado sí canta bien.



He leído por ahí que, para que realmente esta nueva versión de “West Side Story” fuera considerada un éxito, tendría que recaudar unos 300 millones de dólares al tener una inversión de 100 millones. La recaudación fue de solo 75, lo que instantáneamente la hace un fracaso de taquilla. Originalmente estaba previsto que se estrenara en diciembre de 2020 pero, algo llamado COVID-19 se interpuso en el camino y decidieron recorrer el estreno hasta diciembre de 2021, cuando en nuestro imaginario ignorante e inocente, las cosas supuestamente ya deberían estar más tranquilas entorno a la pandemia. Pero, nadie contaba con esas latosas y múltiples variantes del virus y el pasado diciembre, no me van a negar que OMICRON estaba al tope. Ese fue un factor que sin duda impactó la taquilla, aunado a que muchas de las personas que son muy fans del musical (tanto de Broadway como de la película), son en su mayoría gente mayor que definitiva, no iba a arriesgarse a asistir a una sala de cine. Pero, creo que además de todo esto, hay otro factor que influyó en esos números rojos de la película y en las críticas muy, MUY variadas de la audiencia: la historia. Si bien los temas de desigualdad, territorialidad y racismo siguen muy vigentes (y más en una nación como la de los gringos), la historia entre Tony y María es brutalmente incómoda e inverosímil. No sé qué tanto ya es viable y creíble esta narrativa del amor a primera vista, ya sea en un baile en un gimnasio o en un auto a punto de iniciar un viaje (WHAAAAT!), no sé ustedes, pero ya no va. Muchos pensamos que tal vez harían cambios sustanciales en la historia o al menos, profundizar más la historia de este par, pero ¡NO FUE ASÍ! Y entonces conflictúa muchísimo la última parte de película y le quieres dar unas cachetadas guajoloteras a María y gritarle que es una reverenda imbécil. Por último, tal vez también sea el hecho muy tajante de querer ver nuevas historias en pantalla y por eso, inconscientemente, la audiencia hace un boicot a los remakes.

“West Side Story” es más que una simple historia de amor entre una mujer y un hombre opuestos; es también una historia de amor entre hermanos, amor a la patria, amor entre amigos, amor por el pasado… el amor en todas sus variantes, pues. Yo tengo que confesar que disfruté mucho la película y me da como penita ajena que, tras el inmenso esfuerzo de todos y cada uno de los que trabajaron en ella, sea considerada como un fracaso y sea muy poco reconocida en esta temporada de premiaciones en Hollywood. Así que díganme ustedes si pudieron contestarse alguna de las dos preguntas que lancé al inicio de este artículo. Creo que ni yo pude jajaja. Pero bueno, como siempre, no hay como que cada uno vea esta nueva versión y genere sus propias opiniones y discusiones así que, en cuanto puedan/quieran, ¡véanla!


¡Ay! Pero no solo vean el trailer, vean “America” que seguro les anima más y estarán tarareándola todo el día.

 

Hablemos de "Tick, Tick… Boom!"


Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


No les miento: llevo poco más de dos meses intentando redactar este artículo pero, simplemente no encuentro la forma de hacerlo sin ser demasiado intensa y vomitarles (en sentido figurado) todo lo que significa para mí este peliculón llamado "Tick, Tick… Boom!", la vida en sí de Jonathan Larson y por supuesto, mi amor y eterna admiración por el increíble genio capricorniano que los dioses musicales decidieron llamar Lin-Manuel Miranda, quien hace su debut como director y es el encargado de que mi cabeza no tenga un solo descanso en estas últimas ocho semanas (si quieren, luego les cuento por qué). Así que relájense, téngame muuuuucha paciencia y resígnense a leer un artículo cero objetivo o imparcial.


No es ninguna revelación que me gustan las películas musicales (y mucho), tanto así que hace un par de años (casi cuatro para ser exacta) les compartí una lista de mi Top 10 que, con mucha alegría, puedo afirmar que se ha modificado a lo largo de estos años y me parece excelente que así sea porque, en palabras de mi muy sabia psicóloga: "todo aquello que no cambia, muere" y dudo que mi amor por las pelis musicales, muera any time soon. Pues bien, en aquella ocasión coloqué a "RENT" en el lugar número diez y les hablé un poquito de la importancia de este musical de rock irreverente en la historia moderna de Broadway, al revolucionar por completo al teatro musical y por supuesto, de lo desafortunada que fue la repentina muerte de Jonathan Larson la noche del último ensayo de vestuario, previo al estreno de la obra Off-Broadway (término que, según lo poco que sé e intuyo, es la antesala a un estreno en Broadway). Y si bien hace años conocía o me era familiar la historia personal y profesional de Larson, nunca me había interpelado tanto como hasta ahora. Y vaya que duele.

“Tick, Tick… Boom!”, en palabras de su director, “[…] no es una de esas películas biográficas donde ves a Mozart escribiendo su gran obra maestra. Esta es una película acerca del fracaso y de cómo recuperarse, y de cómo la obra maestra de Jonathan Larson está justo delante de él; es esperanzador porque tal vez también la tuya esté justo delante de ti”. 

En varias entrevistas, mi querido Lin-Manuel ha expresado su amor y devoción por el cine dado que, desde pequeño, su sueño era ser cineasta (y hay muchos videos caseros de la familia Miranda que nos lo confirman). En 1997, a la tierna edad de diecisiete añitos, Miranda tuvo la oportunidad de ver “RENT” cuando la obra ya había sido estrenada en Broadway y rápidamente se posicionaba como EL espectáculo que TODAS y TODOS debían ver y, palabras más palabras menos, es un suceso que le cambió la vida; no solo la obra lo impactó y lo dejó boquiabierto (como a toda una generación) gracias a su frescura, dinamismo e irreverencia, sino que realmente lo inspiró y animó a explorar y crear su propio arte (porque aceptémoslo, “RENT” caminó para que “Hamilton” pudiera correr, como dicen por ahí). Al paso de los años y estando ya en la universidad, se inclina por el teatro y en particular por el teatro musical y no es ninguna novedad que ha hecho cosas ASOMBROSAMENTE LEGENDARIAS en este ramo (sí, con M A Y Ú S C U L A S). En 2014, Lin-Manuel tiene la oportunidad de interpretar el papel de Jon en un breve reestreno que tuvo “Tick, Tick… Boom!” Off-Broadway, al lado de los talentosísimos Leslie Odom Jr. en el papel de Michael y Karen Olivo en el de Susan, por lo que podemos deducir que es una obra y una historia que le apasionan y que más allá de conocerla a fondo, le atraviesa de mil maneras. Ya cuando Lin adquiere cierta presencia y notoriedad en el medio artístico, insiste en que, si algún día tiene la oportunidad de dirigir una película, tendría que ser “Tick, Tick… Boom!”, deseo que se le cumplió en 2019 gracias a la productora Julie Oh quien le comentó en aquel entonces, que finalmente había obtenido los derechos para filmarla, a lo que Miranda le contestó rápidamente que “no habría un mejor director que él para hacerla”. ¡Wow! ¡Eso es tener confianza en sí mismo, carajo!  Así que Lin hizo hasta lo imposible para crear un film exitoso en toda la extensión de la palabra. Y a mi parecer, lo logró.


Jonathan Larson tardó ocho años en escribir “Superbia”, una obra musical de rock satírico de ciencia ficción, inspirada en la aclamada novela de George Orwell, “1984”. La historia retrataba a una civilización futurista pegada a sus pantallas, viendo las vidas extraordinarias de los ricos como programas de televisión (¿les suena familiar?). Jonathan quemó sus “roaring twenties” suplicándole a múltiples productores para que le dieran una oportunidad a “Superbia”. Tras numerosos y dolorosos fracasos y por ende un sinfín de puertas cerradas, Larson al borde de cumplir los temibles 30, escribe y estrena “Tick, Tick… Boom!” (que originalmente se llamaba “Boho Days”), un “one man show” acerca de todo el proceso creativo que implicó hacer y eventualmente no hacer “Superbia” y que retaría a los productores a que le pusieran otro pretexto que no fuera el costo en sí de la producción. Nunca fue la creatividad con lo que luchó Jonathan; fue con el rechazo, el fracaso, la duda, la falta de visión y originalidad de otros y por supuesto, la falta de capital que financiara su arte.  


La película comienza con Larson, interpretado de manera excelsa por Andrew Garfield (sí, sí… Spider-Man pues), dándonos la bienvenida a su monólogo. Filmado en el New York Theatre Workshop (donde Larson originalmente estrenó “Tick, Tick… Boom!”), el personaje de Jonathan nos introduce a su obra musical con algo de resignación y hasta presume las múltiples cartas de rechazo que tiene en su poder pero, de pronto cambia su actitud cuando nos cuenta que está por cumplir 30 años en tan solo un par de días y la carga que ello representa. Y justo así comienza la canción “30/90” y de inmediato nos sitúa en el mood ideal para el resto de la película y nos succiona a la mágica cotidianidad del Larson de inicios de los noventa. No saben cómo me hubiera gustado conocer esta canción cuando cumplí mis treinta, pero supongo que ahora a mis treinta y tres, no cambia mucho la cosa ¡duh! En ese momento, Larson tenía ya un par de años trabajando como mesero en el icónico “Moondance Diner” y así continuó hasta prácticamente el estreno de “RENT”. Su familia y amigos platican en el documental “No Day But Today: The Story of RENT” que Jonathan en realidad encontraba muy cómodo su trabajo; le permitía dedicarse exclusivamente a escribir y crear sus musicales de lunes a jueves, y de viernes a domingo, trabajaba todo el día en la cafetería. Lo hacía por la comodidad del horario, para pagar la renta de tu infame departamento (que Lin y la producción replicaron con asombrosa exactitud) y tratar de sobrevivir a la jungla urbana que es Nueva York y vamos… en ese sentido, creo que todas y todos sabemos lo que es tener (sí TENER) que trabajar en lo que tienes que trabajar para lograr hacer aquello que en verdad queremos hacer.


Jonathan decide crear una oda al “Moondance Diner” titulada “Sunday”, una especie de plagio/inspiración/modernización/sátira de otra canción llamada “Sunday” que es la famosa culminación del primer acto del musical “Sunday In The Park With George”, escrito por su mentor e ídolo personal y profesional, el gran Stephen Sondheim, quien fue una leyenda de Broadway y que desafortunadamente, falleció el pasado 26 de noviembre de 2021. Tanto en la película, como en la vida real, vemos cómo Sondheim y Larson tienen/tuvieron una relación maestro-discípulo, en donde los consejos y observaciones de Stephen eran el oro más preciado para Jonathan quien, sin miedos ni inseguridades, solía enviarle letras, partituras y grabaciones de melodías constantemente. Sondheim nunca dudó de la enorme capacidad creativa de Larson, cuyo talento era indiscutible y de primera clase, sin embargo, nunca pudo ayudarlo más allá de lo que él hubiera querido, aunque sus palabras y la fe que tenía en él bastaron para que Jonathan nunca desistiera, a pesar de que la vida y las circunstancias le pedían a gritos que lo hiciera. Lin-Manuel quiso extralimitarse (algo que aprendió de Jon M. Chu, director de “In The Heights”) y hacer de “Sunday” una de las escenas más icónicas de toda la película y regalarle a Jonathan Larson, el coro de estrellas de Broadway con el que siempre soñó. Mi hermana Elo es testigo que, cuando aparecieron Adam Pascal, Daphne Rubin-Vega y Wilson Jermain (los actores originales de “RENT”) en pantalla, pegué un grito ENOOOOORME y es increíble la cantidad de cameos que Lin consiguió para este número en particular, desde Chita Rivera, Bebe Neuwirth, Howard McGillin, Joel Grey, Bernadette Peters, hasta mis Schyler Sisters, Renée Elise Goldsberry and Phillipa Soo.

Jonathan Larson luchó por hacer arte, no porque no tuviera talento, sino porque Nueva York era (es) una ciudad terriblemente cara y competitiva, más hablando de Broadway. La tragedia de ser un artista es que a veces nacen en el momento equivocado, en la generación equivocada. Todos sabemos que, en su vida, Van Gogh vendió solo una pintura; nunca fue famoso y murió atormentado y en la pobreza. Hoy en día, sus obras son de las más apreciadas y vendidas a altísimos precios y comercializadas y reproducidas en cualquier tipo de producto de consumo que pudiéramos imaginar (wink wink a la taza de “Noche estrellada sobre el Ródano” que le regalé a mi amigo René ¡ayñ!). Según expertos en arte, Van Gogh habría sido el artista más rico del mundo. Hoy en día, hemos sido testigos de las cuantiosas historias futuristas que se nos presentan en televisión, en el cine, en la literatura, en los podcasts, etc. La ciencia ficción vende y muy bien, y para Jonathan Larson “Superbia” cumplía todos los requisitos necesarios para atraer inversores y un público que conectara con la temática, pero en la década de 1990, simplemente no fue posible y francamente yo sí creo que le rompió el corazón. Después, escribió “RENT”, explorando el tema del SIDA, las drogas, la comunidad LGBTTTIQ, la lucha incasable por sobresalir y dejar huella y… el resto es historia.

Ganador de tres Premios Tony, el Premio Pulitzer de Drama y autor de uno de los espectáculos de mayor duración en Broadway y que ha recaudado más de 300 millones de dólares alrededor del mundo. Aunque Larson obtuvo el reconocimiento que merecía, llegó demasiado tarde: todos estos reconocimientos le fueron dados post mortem. Así como les comenté hace unos párrafos, Jonathan falleció a los 35 años de una disección aórtica mal diagnosticada (los doctores le decían que era estrés). Ese miedo de no llegar a los cuarenta, se le cumplió; una auténtica tragedia. Pero si el viaje de un artista se encuentra en sus tragedias, entonces, de hecho, Larson vivió una gran vida artística. Para mí, Larson es una especie de Van Gogh de finales del Siglo XX.

Dos años, una pandemia, el guion de Steven Levenson (creador de otro hit de Broadway llamado “Dear Evan Hansen”), numerosas visitas a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (donde se albergan muchos documentos originales de Jonathan Larson), rearmar el orden de las canciones, quitar unas, aumentar otras, la aprobación de Julie Larson (la hermana de Jonathan encargada de salvaguardar su legado), el casting perfecto de Andrew Garfield, quien aprendió a cantar, a bailar y a tocar el piano en tiempo récord, la visión particular de Lin-Manuel… todos estos, factores importantísimos e imprescindibles que hacen de “Tick, Tick… Boom!” una auténtica bocanada de aire fresco, un apapacho bien necesario para el alma, un recordatorio doloroso acerca de la perseverancia en el arte y el rechazo inminente. Porque sí, aceptémoslo, ser un artista (o querer ser uno), es vivir con miedo y dudas constantes; es crear algo todos los días y esperar (sí, es-pe-rar) que algún día alguien te lea, te escuche, te vea. Esperas que tu creatividad sea lo suficientemente buena y diferente como para cambiarle la vida a alguien; ese es EL sueño. Y como todo buen sueño, suele ser bizarro, sin un principio y fin claros, efímero y/o que solo se le concede a los realmente suertudos. ¿O acaso estoy siendo demasiado negativa? ¡En fin! Dense la oportunidad de ver “Tick, Tick… Boom!” las veces que sean necesarias y ojalá se les estremezca el corazón tanto como a mí.

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