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El fracaso de “los Fifas”

Por Alan Román Méndez



En cuanto sonaba el timbre de la primaria para salir al recreo, uno de mis compañeros corría a toda velocidad a la puerta del salón sosteniendo un balón de fútbol con ambas manos, y apenas estando fuera del aula, con una patada lo dirigía a la explanada central de la primaria para apartarla como nuestra cancha. Éramos un grupo por grado, por lo que en ocasiones improvisábamos canchas en cualquier rincón del patio con dos piedras como portería de extremo a extremo. Hacíamos los equipos rápido, los dos mejores jugadores del salón eran capitanes y escogían al resto. Mientras, las niñas y cualquier otro niño que no gustara de jugar fútbol tenían que encontrar otros espacios y actividades para la media hora de descanso.

Desde la infancia nos dejaron clara e implantada la relación intrínseca entre el fútbol, la masculinidad y el poder.


Nosotros los Fifas

FIFA es un videojuego de entrega anual de la desarrolladora Electronic Arts, y se define como un emulador de fútbol soccer, avalado por el organismo internacional y corrupto homónimo que lo rige. Cabe mencionar que entre una entrega y otra suele haber pocos cambios, salvo algunos detalles técnicos y de actualización de los jugadores disponibles.

Por su parte, el término “El Fifas” se popularizó durante los últimos meses en redes sociales, utilizado para hacer referencia generalmente a los hombres cisgénero y heterosexuales, que desprecian las iniciativas de prácticamente cualquier movimiento social, como el feminista y el LGBTQ, desde la desinformación, que al mismo tiempo suelen ser los mayores consumidores del videojuego.

Tal como el patio de la primaria se abría a nuestra disposición, los varones cis-heterosexuales desarrollamos una experiencia social centrada en nosotros, y de manera voluntaria o no, terminamos reproduciendo actitudes egoístas.

Nosotros, los Fifas, seguimos y añoramos el rol de protector y protagonista que nos inculcaron, centralizando la oportunidad de expresarnos sobre cualquier tema; debido a que somos educados bajo el dicho “Al que no habla Dios no lo oye”, respondemos a preguntas que nunca nos fueron hechas. A los Fifas nos gusta hacer podcast donde criticamos lo mucho que el mundo se está yendo al carajo, o lo ridículo que nos parecen los cambios de roles en la sociedad. Y los Fifas no solamente nos expresamos sobre temas que no nos corresponden, también ignoramos otras voces, decimos tomar perspectivas de otras personas, pero no lo hacemos de manera crítica hacia nosotros y nuestro actuar.

Los Fifas defendemos nuestra masculinidad y los privilegios que nos da desde donde nos alcanza, ya sea resguardando el poder de decidir, o negándoselo a otros. Los Fifas tenemos miedo, mucho miedo de fracasar en ser los grandes hombres materialistas que la cultura nos ha creado como expectativas, y miedo a dejar de estar en el centro del patio jugando futbol. Gracias a esto, desarrollamos instintos de supervivencia, buscamos excusas debajo de cualquier piedra. Para un caso de violencia de género, un feminicidio o cualquier clase de violencia patriarcal podemos sacarnos de la manga una revictimización, una retórica de salvación, o el típico “no todos somos iguales”, porque el yo individual siempre parece más moral que el colectivo, pero se nos olvida que el primero nutre al segundo, por lo que, por más deconstruidos que digamos ser, todos somos y hemos sido El Fifas.


El fracaso compartido

Así como la entrega anual del videojuego es poco ambiciosa en cambios, los Fifas poco hemos aprendido. Año con año nos repetimos y esperamos mantenernos vigentes por mera costumbre en un mundo en el que cada día el sujeto de masculinidad tradicional es más evidenciado como el ser violento y fuera de lugar que siempre ha sido.

Además de las excusas para evadir nuestra responsabilidad, los Fifas nos apegamos a una caduca posición de “pensamiento lógico” que no distingue entre los colores que existen en el mundo, y busca conservar roles sociales establecidos. Es normal vernos en debates para hablar de lo mucho que sabemos sobre la vida de las demás personas y cómo deben conducirse, y lo mucho que le conviene a todos, desde nuestra sesgada perspectiva, conservar el sistema patriarcal.

Los Fifas tememos perder el patio de recreo, nos cuesta compartir con la diversidad que nos rodea, incluso nos cuesta aceptar la diversidad que ocultamos dentro nuestro, nuestras propias emociones y debilidades, nos cuesta aceptar que no somos los protagonistas, ni los dueños del espacio y tiempo.

Los Fifas tenemos que callarnos cuando no han apelado a nosotros, o se toca un tema que ignoramos, o una práctica social que no hemos habitado. Debemos reflexionar de forma crítica sobre nosotros, y no solamente de manera individual sino colectiva, como seres masculinos con la obligación de desaprender las prácticas y costumbres violentas con las que fuimos educados y que hemos reproducido. Desde el privilegio y el egoísmo hemos formado una deuda que solo saldaremos escuchando, leyendo y consumiendo productos de diversas fuentes y puntos de vista, abrirnos a pensar en nuestra práctica de acaparar el patio de recreo como una opresión a los demás, debemos reconocernos como actores que perpetúan la violencia a su alrededor, y validar cualquier voz, no porque los demás necesiten de nosotros, sino porque nosotros necesitamos de la sociedad dinámica que vivimos, y por nuestra propia integridad, como una oportunidad para pasar de seres violentos y violentados, a individuos empáticos.

Pero ese es un camino que nos cuesta adoptar por todos los temores y debilidades sin reconocer. Y eso nos conduce a nuestro gran fracaso: creemos ganar en aspectos materiales y superficiales al seguir un rol establecido cientos de años antes de nuestro nacimiento, creemos que ser dueños del patio nos dará satisfacción y es lo que el mundo quiere, pero estancamos nuestro propio desarrollo emocional y empático, así como perdemos la oportunidad de relacionarnos de manera sana con las personas que nos rodean.

Y si de algo somos dueños los Fifas, es de este fracaso.



Alan Román Méndez, nacido en Mexicali, Baja California. Licenciado en Docencia de la Lengua y Literatura. Sus textos han sido publicados por las revistas El Septentrión, Cinosargo y Tierra Adentro. Dejo de escribir poesía, pero nunca va a dejar de bufar.

Dilo con sangre: Lars von Trier y su violenta crítica al falogocentrismo

Por Augusto Pérez Peña


El cine de Lars von Trier ha recibido en numerosas ocasiones los calificativos "misógino" y "machista", por la forma en la que (re)trata a la mujer en los personajes que crea para sus relatos cinematográficos. A lo largo de toda su filmografía explora la retroalimentación que hay entre el contexto social de la Era Moderna y los individuos que viven en dicho contexto; en su cine vemos constantemente a sujetos pertenecientes a comunidades pequeñas, donde aparentemente todo mundo se conoce, tal es el caso de Dogville, su filme más experimental hasta ahora, por haberse filmado en el interior de un hangar y delimitando las casas de los personajes y otros lugares, solo con líneas blancas pintadas sobre el piso. Resulta interesante que al principio del filme vemos al personaje de Nicole Kidman ser esclavizada por prácticamente todo el pueblo al que llega, forzándola a realizar trabajos duros o domésticos, e incluso es abusada sexualmente por un integrante del pueblo; al final del relato, esa sumisión se invierte y termina en un rabioso acto de violencia, ya que, motivada por la rabia e inconformidad acumulada en contra de sus opresores, con fuego destruye al pueblo entero; un final como los de Quentin Tarantino, director en cuyas películas, la violencia tiene una función discursiva; justo como al final de Django Unchainded, en el cual, el asesinato a la familia blanca, estadounidense, cristiana y capitalista que esclavizó a su esposa, es en realidad una forma de representar y expresar el resentimiento reprimido del hombre de color para con la sociedad racista, es decir, un resentimiento universalizado se ve representado en el personaje que interpretó Jamie Foxx. Su refinada violencia heredada del spaghetti western de los setentas, sirve para crear una oración de protesta, si bien primero desarticulada, precisamente por la violenta naturaleza enunciándola; con el uso de la violencia, Quentin Tarantino es capaz de expresar, en este caso, la inconformidad que siente respecto al racismo en Estados Unidos

Lars von Trier encuentra en la violencia un lenguaje con el que se queja del machismo; con el uso de imágenes violentas, articula un discurso filosóficamente poderoso para criticar a la sociedad y a la humanidad que la conforma.

Que Nicole Kidman queme al pueblo que la esclavizó es una forma de decir que para que la emancipación femenina sea posible, prácticamente habrá que destruir todo en lo que está fundado actualmente nuestra sociedad, todo lo que hemos erigido hasta ahora, lo cual, de hecho, no sería nada que lamentar, sino todo lo contrario puesto que sería algo histórico y sin antecedentes que nuestra sociedad dejase de basarse en la religión cristiana y sus valores conservadores y machistas para establecer las normas jurídicas y morales en las que se funda.

En Dogville una mujer, alegóricamente, destruye el contexto del que fue víctima y a los cómplices de su esclavización. La violencia entonces, es utilizada para hablar en contra de una sociedad cuyos valores y costumbres implican la arbitraria esclavización física y sexual de una mujer; von Trier, especialmente habla en contra del falogocentrismo, por lo que su cine no es machista ni misógino, pero tiene que representar ambas cosas en sus excesos, con personajes de arraigada misoginia, para poder criticar tanto al hombre opresor de la mujer, como a los valores subyacentes de la sociedad en la que se reproduce generacionalmente una educación machista. Intenta (re)presentar y criticar a una cultura que se erige en torno a la idea del matrimonio monógamo, valorado esencialmente en el sistema religioso católico y en el sistema económico e ideológico del capitalismo.

En Nymph()maniac, uno de sus más controversiales filmes, Joe, interpretada por la musa predilecta del danés, Charlotte Gainsbourg, es una mujer que a través de su sexualidad desbocada desafía y transgrede la autoridad patriarcal en la sociedad, su sexualidad no ortodoxa tiene la función de establecer un sistema ético personal y subjetivo que va en contra del propio del catolicismo presente en su escuela, que le exigiría ser virgen hasta el matrimonio, sin embargo, vemos que Joe es objeto de sus impulsos sexuales desde su infancia, y como lo propone la teoría freudiana, las primeras experiencias sexuales y anímicas determinan las de la vida adulta; en efecto, a lo largo de sus casi seis horas, la película explora tanto el contexto de Joe, como su vida infante y su psique, cosas que definen su vida sexual. Es realmente poderoso lo que nos dice von Trier en un solo fotograma, aquel en el que Shia Leboeuf está de pie pensando frustrado con las manos en la cintura y respirando agitadamente por su enojo, es decir por saber que Joe, quien es su esposa, tiene necesidades sexuales que debe complacer con otras personas, en ese momento él sabe que Joe está con alguien más, y de fondo se puede apreciar un árbol de navidad, festividad católica, insistamos, pues también este director insiste en criticar dicha religión, sobre todo al ser él escandinavo, una cultura en la que prácticamente no existe el cristianismo como parte del pensamiento religioso de sus pueblos originarios.

En la imagen referida de la película Nymph()maniac, vemos básicamente a un hombre casado, exitoso de acuerdo con el capitalismo, pero frustrado porque sabe que no le pertenece la sexualidad de su esposa, ella tiene una vida sexual fuera del matrimonio y es algo que ambos acordaron desde el principio; vemos entonces un escenario aburguesado, pero decadente, en el que festividades, costumbres y valores cristianos han quedado en desuso para fines progresistas, entre ellos la libertad sexual de la mujer universal, representada en el personaje de Charlotte Gainsbourg, quien abandona el papel ortodoxo de esposa en nombre de ejercer libremente su vida sexual.  Si bien, no impera la violencia en esta obra cinematográfica, el uso de imágenes sexuales gráficas tiene una función equivalente, impactar al espectador.


Un ejemplo muy claro de cómo Lars von Trier utiliza la violencia como recurso discursivo está en su más reciente película, The House That Jack Built, que va de la vida de un feminicida, pero antes de eso, ya lo había hecho en Antichrist, película en la cual una mujer que pierde a su hijo se muda por una temporada a una cabaña con su esposo, que es un psicólogo que se plantea ayudarla a superar su duelo. Poco a poco la mujer se vuelve incontrolable como sus emociones, en ataques de histeria se llega a convulsionar y se aprieta el vientre llorando exasperada y gritando, llena de impotencia, representando así su angustia de castración, una vez más Charlotte Gainsbourg entrega una actuación excepcional por extrema. Que se corte el clítoris con unas tijeras y dé un golpe al pene en erección de su esposo, es probablemente una alegoría de la emancipación femenina, tanto de su propio papel otorgado por el hombre, de objeto sexual hecho para su goce, como del hombre que la esclavizó en primera instancia, prácticamente desde que la especie existe.

Resulta poético el uso de un árbol seco para representar que el falogocentrismo está muerto. En Dancer in the Dark, Björk interpreta a una mujer obrera que termina siendo robada, ultrajada, violentada, humillada e incluso colgada por su sociedad. De nuevo, la violencia se vuelve un mensaje que nos exhorta a cuestionar en qué medida somos cómplices de que a la mujer se le obligue a llevar una vida llena de indignidad, y esclavización física y sexual. En las películas del danés siempre vemos a mujeres sufriendo por el papel que desarrollan en la vida moderna, como esposas, y como empleadas.

En el bestiario de Lars von Trier, se explora constantemente el papel que delega arbitrariamente la sociedad falogocentrista a las mujeres, condenadas a una vida de ser subestimadas intelectualmente por hombres que buscan poseerlas, estudiarlas, gobernarlas, e incluso matarlas, como vemos en su filmografía, pero quizá de una manera más incisiva en las películas que conforman su titulada trilogía de la depresión, en la cual el tema del machismo insertado en una sociedad burguesa, o cuando menos, snob es recurrente. Lo vemos también en Melancholia, donde Kirsten Dunst, y Charlotte Gainsbourg tienen actuaciones memorables y cada una representa dos versiones de la misma mujer, cuya libertad es sacrificada en nombre de conservar valores fundamentalmente capitalistas, machistas, cristianos y, en suma, en desuso para la teoría feminista. Una sociedad que se basa en la idea capitalista de que la vida tiene por objetivo la acumulación de riquezas y posesiones, entre dichas posesiones, la mujer, su sexualidad, su fuerza de trabajo y sus pensamientos. Reitero, ambas mujeres son usadas en sacrificio con el fin de conservar en pie a la sociedad moderna y a su ideología caduca.

Por otro lado, puesto que todo organismo reacciona a su medio, lo más lógico es pensar, al igual que Rousseau, que la maldad se inscribe en el ser humano gracias a que la absorbe de la sociedad. La disertación que hace Lars von Trier respecto a la relación entre la mentalidad de sus personajes y la sociedad moderna y sus valores, intenta abarcar aspectos tanto socioeconómicos, como intrapsíquicos, y filosóficos. El director danés posee un carácter abiertamente pesimista que gobierna el mensaje de fondo en sus obras cinematográficas; su cine articula un discurso crítico hacia lo intrínsecamente absurdo de buscar un sentido a la existencia, retrata la oscuridad en la condición humana, especialmente en su más reciente entrega, The House That Jack Built, de la cual ha comentado para la prensa que es una película que "celebra la idea de que la vida es cruel por naturaleza".

En la película, ambientada en los años setenta, muestra de manera fragmentaria y no lineal, la vida de Jack, un arquitecto frustrado que paulatinamente se convierte en "Mr. Sophistication", un feminicida buscado por la policía de California, por sus casi setenta víctimas y cuya marca personal es hacer fotografías de sus víctimas, o como él dice, de la materia prima para su arte, hace que aparezcan retratadas en diferentes posiciones y crea esculturas con sus cuerpos por medio de la taxidermia.

¿Cómo una película acerca de la vida de un feminicida se vuelve de hecho una crítica al falogocentrismo? Por medio de mostrar en qué valores se cimenta y se edifica la mente perversa que comete el crimen de feminicidio.

El feminicidio es un problema que caracteriza a América Latina, y en su ideología religiosa impera el catolicismo, lo mismo se podría decir actualmente de Italia, donde se estima que una mujer es asesinada cada tres días. Jack, en el fondo, busca vincularse con los otros, lo demuestra de una manera perversa, pero básicamente ama a la humanidad, solo que con un amor tan posesivo que requiere de la sensación de poder sobre los demás, llevada a cabo, por medio de poseer las vidas de sus víctimas, siempre mujeres, con sus contadas excepciones. Luego de los tres dramas que conforman la trilogía de la depresión, von Trier lanzó una sátira para coronar el tema central del que habló en estas obras, el falogocentrismo, pero en The House Thaht Jack Built, parte de la perspectiva de un feminicida, un hombre que demuestra lo que Foucault dice en su Historia de la locura, "locura es falta de obra", un hombre frustrado que desea sentirse realizado a pesar de ser un fracasado buscará otros medios para satisfacer su necesidad de sentirse dueño de un logro. El feminicida mata porque es psicológicamente una forma de poseer a la víctima, por medio de lo que Freud denomina integración yoica, algo que pasará en todo narcisista. Por eso algunos feminicidas ingieren a sus víctimas, para volverlas parte de sí, otros, como Buffalo Bill, visten la piel de sus víctimas, pasan por un proceso de identificación con la víctima, la desean porque les representa algo de lo que se sienten carentes, muchas veces, de la posibilidad de satisfacer impulsos sexuales, ola de sentir su virilidad realizada por medio de la posesión sexual del otro, acto que además va asociado a la sensación de poder sobre terceros.

En The House That Jack Built, se nos dice que es absurdo tanto buscarle un sentido a la existencia, como otorgarle una serie de valores éticos, el nihilismo presente en dicho mensaje busca ser objetivista. Jack nunca logró construir la casa de sus sueños, nunca pudo llevar a cabo el asesinato que sería su obra maestra, y tampoco logró convertirse en arquitecto, su cabeza está hecha de sueños rotos, frustraciones, narcisismo, y perversión. El constante uso de cruces al fondo de varias escenas, es un mensaje sutil con el que se nos dice que el cristianismo es la raíz de la moral que alberga la mente de un feminicida. Es el cristianismo el que dice que una mujer debe casarse virgen y llevar su vida sexual con un solo hombre, quien se tome en serio esta orden eclesiástica llegará fácilmente a la conclusión de que toda mujer con vida sexual fuera del matrimonio es una "puta", algo aberrante, que se debe extirpar del mundo como si se tratara de un tumor cancerígeno para la moral colectiva. Cuando Jack asesina, lo hace motivado con el fin de perfeccionar su crimen, de sentirse con poder sobre alguien más, pero sobre todo con el fin de vincularse con los otros, en el fondo Jack buscaba una familia, es un feminicida, pero esencialmente es un hombre que fue educado con valores católicos que tiene tan arraigados que no se percata de que en ellos se basa tanto su vida, como su ideología. La segunda mujer que Jack asesina fácilmente pudo haber sido su madre, y es que quizás, todos los asesinatos que cometió fueron ensayos del que siempre quiso realizar y nunca pudo, el de su madre, ya que fundamentalmente el odio y el resentimiento que Jack siente hacia las mujeres lo sintió en primera por su madre, quien tras haberlo hecho sentir rechazado, y obligado a aprender, o mejor dicho, absorber su moral, añadido a la presión que siente por ser incapaz de satisfacer las expectativas que sabe su madre vertió en él, a su vez motivada por la inconformidad que siente respecto a su vida en el campo, esa madre católica, ignorante y autoritaria es la razón de que Jack odie a las mujeres y en última instancia de que él se convirtiera en un feminicida.

Lars von Trier se dio el tiempo de redondear su mensaje en contra del falogocentrismo, mostró mujeres condenadas a vivir bajo el yugo de esposos, ciencias que pretenden describirlas como si fueran más bien un objeto de estudio, de artes que las fetichizan, y de hombres que las odian por "putas", cuando en Nymph()maniac vemos que Joe en realidad padece su sexualidad y rara vez la disfruta, esa búsqueda por el falo paterno que siempre se verá frustrada porque no existe más que en firmas sustitutivas, es lo que lleva a la locura a Joe, y a Jack, ambos buscan compulsivamente tener una satisfacción tan plena que ya no sea necesario buscar a nadie más para sentirse en plenitud, completos. La trilogía de la depresión y esa cuarta entrega que ironiza destructoramente incluso el intento del propio director de hacer una obra maestra, es un ensayo en contra de la vida moderna en el que se examinan injusticias y formas de violencia a las que son sometidas las mujeres. La casa que construyó Jack, en realidad, podría ser la casa que todos estamos destinados a construir, ya que es vacía, no está cimentada en ninguna moral universal, y representa solamente el absurdo y autocomplaciente intento del hombre de erigir una obra que no verá absolutamente nadie. La vida simplemente es cruel y cualquier intento de instaurar un sistema ético universal, vacío pues no hay valor indestructible, ni derecho intocable, von Trier muestra por un lado que es capaz de ver el falogocentrismo presente en la sociedad, y lo crítica con sus características imágenes gráficas, pero también nos dice que no ve razones para pensar que esto pueda cambiar. Las mujeres del cine de von Trier son (re)tratadas con la misoginia inscrita en sus respectivos contextos, en ocasiones se vengan de sus victimarios, en otras ocasiones son sacrificadas en nombre de completar el mensaje de fondo, la violencia contra la mujer tiene muchas caras y es la misma sociedad la encargada de que esa violencia sea posible, incluso condonada. Quizás, igual que los personajes de Lars von Trier, aunque alegóricamente, claro está, deberíamos volver cenizas al pueblo entero y erigir uno nuevo. No matar a las mujeres sino a nuestra educación falogocentrista, "el macho" debe ser aniquilado, descuartizado, y luego hecho polvo.

Día del libro en México, ¿el país que no lee?

Por Sergio Martínez


La lectura en nuestros días es un hábito mal valorado, incluso despreciado por la mayoría de los estudiantes y la sociedad. En general en la educación escolar en todos sus niveles, la lectura se ve como una carga, y no como una herramienta para adquirir conocimiento o como ejercicio de esparcimiento. Gómez (citada en Gutiérrez & Montes de Oca s/f) define la lectura “como un proceso interactivo de comunicación en el que se establece una relación entre el texto y el lector, quien al procesarlo como lenguaje e interiorizarlo, construye su propio significado. En este ámbito, la lectura se constituye en un proceso constructivo al reconocerse que el significado no es una propiedad del texto, sino que el lector lo construye mediante un proceso de transacción flexible en el que conforme va leyendo, le va otorgando sentido particular al texto según sus conocimientos y experiencias en un determinado contexto”.

Según estadísticas publicadas por la UNESCO en el año 2000, en México se leían en promedio 2.8 libros al año por habitante, lo que colocaba al país en el penúltimo lugar de una lista de 108 naciones,[1] cifra sumamente alejada de los 25 libros que recomienda leer este organismo, y del promedio de lectura de países como Canadá, Finlandia o Noruega, que ocupan los primeros lugares de lectura per cápita con 47 libros leídos al año.  En el 2012 la Encuesta Nacional de Lectura (ENL) ilustró que una década después, los hábitos no habían cambiado; los mexicanos leían al año un promedio de 2.9 libros por habitante. Esta misma encuesta demostraba que en comparación con 2006, el índice de lectura en el país había disminuido diez por ciento; cifra que coincidía con los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que establecen que de 2000 a 2009 el índice de lectura referente al segmento de alumnos de 15 años y más que leen por placer, descendió diez puntos porcentuales. La ENL señala que las principales causas para no leer son la falta de tiempo, las actividades recreativas y la falta de gusto. Los datos del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE 2018 (PISA, por sus siglas en inglés), establecen que los estudiantes mexicanos obtuvieron un puntaje bajo el promedio OCDE en lectura, matemáticas y ciencias. En México, solo el 1% de los estudiantes obtuvo un desempeño en los niveles de competencia más altos (nivel 5 o 6) en al menos un área (Promedio OCDE: 16%), y el 35% de los estudiantes no obtuvo un nivel mínimo de competencia (Nivel 2) en las 3 áreas (promedio OCDE:13%). Según datos del INEGI, referentes al Módulo sobre lectura (MOLEC) 2019, en los últimos cinco años, el porcentaje de población que leyó algún material considerado por el MOLEC presentó un decremento cercano a los 10 puntos porcentuales: 84.2% en 2015 contra 74.8% en 2019.

Diversos estudios, señalan que casi el 50 por ciento de los estudiantes mexicanos de educación media superior y superior dedican entre una y cinco horas a la semana a la lectura de textos escolares, y casi el 22 por ciento dedican entre cinco y diez horas a la semana a la misma actividad. En este mismo sentido, Lomelí señala que “la generalidad de los estudiantes lee. Pero lee sólo lo que le es obligatorio por la institución educativa misma. Es decir, el aliciente a la lectura rara vez va más allá del que impulsa la coerción de los sistemas de enseñanza: si no lees, te repruebo. Esto, por descontado, es un fracaso estrepitoso de la enseñanza en México”. Infiriendo estas cifras podemos establecer que el 28 por ciento de los estudiantes antes referenciados no lee, o lee lo mínimo para realizar sus trabajos escolares.

Vargas (2012) apunta que “los bajos índices de comprensión lectora que padecemos en México, y por tanto la pobreza de vocabulario, tienen su origen en la infancia. Por eso es necesario promover un mejor acercamiento a la lectura desde los primeros años. Hay una riqueza enorme de la lengua que no se está utilizando, y un medio fundamental para mejorarla es la lectura”. Lomelí (s/f) establece que en México no se lee “porque, aunque todos dicen que es bueno leer, parece inútil”. Las causas de la poca lectura en el país son multifactoriales, Zaid (citado por Argüelles s/f) da un poco de luz al respecto: “Hay millones de personas con estudios universitarios. Por mal que estén económicamente, pertenecen a la capa superior de la población. Pues bien, estos millones de personas superiores en educación y en ingresos, no dan mercado para más de dos o tres mil ejemplares por título, o mucho menos. Y si las masas universitarias compran pocos libros, ¿para qué hablar de masas pobres, analfabetismo, poco poder adquisitivo, precios excesivos? El problema del libro no está en los millones de pobres que no saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir. Publicar es parte de los trámites normales en una carrera académica o burocrática. Es como redactar expedientes y formularios debidamente llenados para concursar. Nada tiene que ver con leer y escribir. Leer es difícil, quita tiempo a la carrera y no permite ganar puntos más que en la bibliografía citable. Publicar sirve para hacer méritos. Leer no sirve para nada: es un vicio, una felicidad”. Argüelles (s/f) expone, “Existe un analfabetismo cultural (que es algo mucho más que funcional) representado por las personas que aun sabiendo decodificar una palabra, una frase, una oración, un párrafo, una página, al mismo tiempo no sólo carecen del hábito de leer sino que, además, no creen que la lectura cotidiana de libros constituya una experiencia digna de disfrutarse. Leer no es un ejercicio muy popular en el mundo, y leer buenos libros es todavía más impopular lo mismo en México que en otros países, con la única diferencia de que en los países ricos la población culta es más amplia, el tiempo del ocio más prolongado y mejor invertido y la tradición editorial y literaria más respetada y estimada”. Otra arista del problema es la poca o nula alimentación del habito de la lectura desde la niñez, los padres no les leen a sus vástagos; esto sumado a los precios actuales de los libros nos podría explicar los bajos niveles de lectura en el país.

Este problema de falta de interés en la lectura se ha convertido en un lastre para la sociedad mexicana, ya que no tener el hábito de la lectura genera atraso educacional, de formación académica y humana, lo que afecta  directamente en el individuo; “ya que sin una capacidad lectora plenamente desarrollada, los individuos y estudiantes no alcanzan un nivel básico de eficiencia, pues fallan en demostrar rutinariamente habilidades y conocimientos que les permitan afrontar retos del futuro, así como en analizar, razonar y comunicar ideas de manera efectiva y en su capacidad para seguir aprendiendo a lo largo de su vida”.[2]

Ante este panorama se pudiera pensar que en México no existe un orden jurídico que norme y estimule el ejercicio de la lectura, sin embargo existe la Ley de fomento a la lectura y el libro; en 27 apartados articula, cómo y quiénes son los encargados de fomentar la lectura. También existen (y han existido por lo menos en los últimos veinte años) diferentes programas e iniciativas públicas y privadas para fomentar la lectura: Hacía un País de Lectores, México Lee, Plan Nacional para la Educación Básica, Salas de Lectura, Diviértete leyendo, A leer, entre otras. Sin embargo, todo esto no ha servido en lo absoluto para sembrar en la niñez, estudiantes y ciudadanía el hábito de la lectura.

A pesar de que existen los diversos talleres de lectura antes mencionados a nivel institucional en el sector privado y público, y teniendo una cobertura nacional, estos esfuerzos no han acercado a la población al placer y práctica de la lectura. Castillo (2012) alude el fracaso de estos programas y talles a diferentes causas; poca efectividad por burocracia, falta de diseño de acuerdo a las necesidades específicas del público receptor, cambio de régimen político, falta de promoción, poco o nulo presupuesto, desvirtuación de los objetivos y/o metas de los programas, falta de profesionalismo o preparación de los impartidores; pero principalmente una cadena de falencias en la organización estratégica, operatividad, implantación y evaluación de los proyectos, además de una completa desarticulación entre todos los esfuerzos de la promoción de la lectura. Por la misma no sólo se llega al conocimiento y dominio de la teoría y la técnica, sino se estimula el desarrollo, la conciencia, la crítica, alimenta las habilidades cognitivas, mejora la comunicación oral y escrita; además al leer, el lector se apropia del conocimiento, lo hace suyo para edificarse a sí mismo. Es un punto de reflexión y diversión a la vez. 

Vargas (2010) dice sobre la lectura: “gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas.

Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola. Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.

La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido”.




Bibliografía
Argüelles, J. (s/f) Los usos de la lectura en México. Consultado en línea  (23 de abril de 2020): http://www.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena35-36/Aguijon/Arguelles.html
Avilés, K. (2012) México, uno de los países de la OCDE donde más bajó la lectura por placer. Consultado en línea  (23 de abril de 2020): http://www.jornada.unam.mx/2012/02/16/sociedad/047n2soc
Camacho, F. (2011) Los bajos índices de lectura generan pobreza de vocabulario: especialista. Consultado en línea  (23 de abril de 2020): http://www.jornada.unam.mx/2011/11/14/sociedad/041n2soc 
Castillo, L. (2012) De los programas de Fomento a la lectura en México. Consultado en línea  (23 de abril de 2020): http://www.gestioncultural.org.mx/revista/04/A2-N4-Castillo.pdf  
Felipe, L. (s/f) ¿Por qué no leen, los que no leen? Consultado en línea  (23 de abril de 2020): http://www.fundacionpreciado.org.mx/biencomun/bc162/L_Lomeli.pdf   
Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura (2012) Encuesta Nacional de Lectura 2012. Consultado en línea  (23 de abril de 2020): https://observatorio.librosmexico.mx/files/enc-nac-lec-2012.pdf
Gutiérrez, A.; Montes de Oca R. (s/f) La importancia de la lectura y su problemática en el contexto educativo universitario. El caso de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (México). Consultado en línea  (23 de abril de 2020): https://rieoei.org/RIE/article/view/3265
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Ley de fomento a la lectura y el libro (2008) Consultado en línea  (23 de abril de 2020): http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LFLL_190118.pdf
Montaño, E. (2012) Decrece en México el número de lectores, según encuesta. Consultado en línea  (23 de abril de 2020): http://www.jornada.unam.mx/2012/11/28/cultura/a05n1cul
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Yunes, E. (2005) Políticas públicas de lectura: modos de hacerlas. Consultado en línea (23 de abril de 2020): www.oei.es › politicas_publicas_lectura_yunes




[1] UNESCO. World Education report 2000: The right to education: towars education forall throughout life. París: UNESCO Publishing, 2000. 178 p.

[2] Gutiérrez, R.; Montes de Oca R (s/f) La importancia de la lectura y su problemática en el contexto educativo universitario. El caso de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (México).

Coda a Diario íntimo de un Guacarróquer: no pinches mames AVG


Por Sergio Martínez

Yo tenía 10 años cuando la botellita empezaba a echar tamborazos y guitarrazos, ocho años más tarde aprendería ese piche lenguaje que me cagó los destos por más de 100 páginas en las que creía que no decías ni madres. No te adornes, te hubiera dicho el buen Par, en un relámpago de lucidez.

Abuelita de Batman, lo más fácil es autoentrevistarse vía alter ego, e inventarse un libro dentro de un libro, quesque tu diario, el que divides en tres partes, en la primera te presentas como Armiados Güeva Vil y medio nos cuentas que pex con tu vida de chamaco, el encuentro con la música y cómo marcaría tu vida en el futuro, en la segunda parte deliras, nos cuentas el cancunazo de la Maquinita y cómo tirabas baba hasta por el tercer ojo, por una tal Maine; chupas, mamas o arremangas pensabas decirle, en un parpadeo llega el Maspuerco y te da baje, aunque terminas entrándole al gangbang. No escatimas detalles, ¿querías presumir o que se nos antojara? y en la tercera parteagarras, a tu ídolo el Parménides García Saldaña de hilo conductor. Sí ahuevo, sabías desde ahí, que lo tuyo era escribir, aunque no supieras como. Se la mamas completa cuando descubres que te habla en tu idioma, pero lo odias cuando denuesta a tu Lennon… vaya mamada la tuya, amas y odias por el mismo motivo, grotesco y escatológico, como casi todo el lenguaje de tu libro.

De la chingada las tocadas en los hoyos fun-kids, pero no había de otra, ustedes arriba las sufrían, nosotros abajo las gozábamos, a ustedes los estafaba el organizador, a nosotros nos caía la chota por traer el pelo largo y usar tenis Panam, y a correr en putiza para evitar caer en la julia… era lo que había… qué tiempos aquellos de Durazo y administrar la abundancia… valió madre todo porque López Portillo no era perro para defender el peso. Aunque la crisis y corrupción venía de más lejos.

Qué cagado que saliste en telerisa, pero más de la mierda volverte personaje de reparto de comedia en Alcanzar una estrella, aaaaah no te restires del capuchón con tu premio: Eres, juar, juar, juar Simón Siminazo dixit. No, no, no, mames, se me olvidaba: esas apariciones en Estrellas de los Ochentas, creo era Tatiana la conductora, o era Gloria Calzada… en tu libro no lo dices, pero recuerdo el pedo en que metiste a René Casados cuando los invitaron a XETU y le tratabas de explicar al putín ese, que ustedes tocaban guacarock, ¡todo lo naco es chido!… y el putín sin entender las espuelas en los tenis…  donde si me chingaste y me invadió la puta envidia fue cuando te vi en el estadio Azteca de variedad al medio tiempo en un juego de futbol; no mames pájaro madrugador, estar en la cancha y no tocar las pelotas: ahueso te metí un gol.

No hay desperdicio en tu diario, el abrazo huérfano que no le diste al Rockdrigo, el Flamita y su camioneta la chata, recorriendo el país de norte a sur en viceversa y al revés; el sub Marcos desde el sureste seduciendo con capucha… Chancris la puta, la maquinita de Pachuca, la fiesta y obra de teatro con Angeliquita Vale, las muertes del Apache, y ese tour misterioso, mágico, musical por Almoloya, sus círculos del infierno y su bazofia viviente… si wey, ¿quién no querría ver a los capos de capos en vivo, en directo y a todo calor?, ¡chicheñor!

No me digas que viviste el halconazo desde la voca tres burro blanco, que regenteabas Rokcotitlán, bueno aportabas tu mano de obra barata; que te vieron la cara de pendejo tus alumnos churro en mano y Divina-Coatlicue, la que tiene su falda de serpientes, te curó a lengüetazos la pirinola, el cuerpo y el corazón… ¿por qué wey? ¿Por qué después de tanto vivido tú de lo tuyo, de tanto debraye tú de lo tuyo? Caíste en la red y vía un dogal protestaste muy tú, de lo tuyo, cegando tu vida por una piche denuncia anónima. ¡No pinches mames Armando, no pinches mames!

Especial: Todos hemos sido Mara



Por Viridiana Regino | Foto de Marlene Martínez 

@viriregino



Según datos del Observatorio Ciudadano de Derechos Humanos, tan solo en enero del 2017 se cometieron seis homicidios de mujeres en el estado de Puebla, llegando a la cantidad de 101 al finalizar el año. Ahora, a ocho días de terminar el mes de enero del 2018 van 8, dos más que el primer mes del 2017. Y esto no pinta nada bien.

El año se perfila como uno de los más violentos para las mujeres en el estado, el alza de los feminicidios es una constante en los últimos años. De acuerdo con el Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos estos han mostrado un notable incremento: contabilizando 50 casos en el 2015, pasando a 81 en el 2016, hasta llegar a la alarmante cifra de 101 el año pasado, y esto sólo de los datos que conocemos. A la par, la Fiscalía General del Estado sólo registra 37, 56 y 58 casos hasta septiembre de 2017, respectivamente.

El último sucedió hace unos días, Violeta de 29 años murió en el Hospital General del Sur luego de haber sufrido un disparo en el ojo, Patricia Flores de 30 años fue asesinada a golpes por su pareja la noche del 17 de enero después haber sido acusada de serle infiel, Amely una niña de 11 años fue encontrada muerta en su habitación después de haber sido violada y estrangulada en su propia casa con domicilio en Tulcingo del Valle. 

Como en la mayoría de las ocasiones, el principal sospechoso se encuentra en el círculo cercano a la víctima, siendo la pareja, un familiar o una persona de confianza el responsable. Y es que de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la dinámica de las Relaciones en los Hogares (2016), cuatro de cada diez poblanas de 15 años o más han experimentado violencia por parte de sus parejas, cifra que es superior a la media nacional y que denota un claro modelo de masculinidad dominante sobre las poblanas.

Ante tales cifras, la CNDH pidió declarar alerta de género desde el pasado mes de octubre, sin embargo las autoridades se han negado a hacerlo. Dejando desprotegidas a más del 50% de la población que siguen siendo acosadas y asesinadas una cada cinco días. ¿Por qué sigue pasando esto? Porque se puede, porque el nivel de impunidad en el estado es altísimo, porque ante la sociedad y las autoridades nosotras somos las culpables, porque seguimos creciendo ante una sociedad que nos discrimina y naturaliza la violencia contra nosotras. Porque un obispo dice ante medios que las mujeres están siendo asesinadas por su imprudencia y provocación y porque al pasar el tiempo solo nos volvemos una cifra más en una carpeta que nunca se volverá a abrir.

Si bien la alerta de género no aminorará las cifras, el solo emitirla dará el mensaje de un estado dispuesto a atacar el problema aplicando las sanciones correspondientes y dando solución a los más de 400 casos sin resolver desde el 2010 a la fecha, tal vez así, al menos por miedo a pisar la cárcel nos quieran vivas.

Manifiesto de la tradición y la trascendencia


Por René Padilla Quiroz



Nuestro mundo ha caído en un exceso de comunicación; los medios, la información, la digitalización, han desconectado al ser humano de su realidad en la naturaleza y nos ha desconectado los unos de los otros. 

El parecer ser, impera por encima del ser; las apariencias alimentadas por la industria mercantil, generan necesidades esclavizantes que, promoviendo el ser único a través de su consumo, consiguen la estandarización de los humanos en una réplica exacta del maniquí en el escaparate… en el póster de película o en la cancha deportiva. 

Un consumo desmedido y superficial que no permite la satisfacción de necesidad alguna, al contrario, genera una mayor necesidad. La droga es el consumir lo que se nos diga que necesitamos consumir. 

Cada vez más, los productos salen de lo material; su carga simbólica y representacional opaca su valor de uso, su utilidad o la posibilidad de un verdadero crecimiento o de la verdadera mejora tangible en alguna habilidad o capacidad humana real. La realidad se vive a través de filtros electrónicos que nos desconectan de lo natural y aún más preocupante, el uno del otro. 

La desensibilización ante la violencia y ante la desigualdad, consiguen que las diferencias se conviertan en abismos, alineándonos cada vez más a la desconexión con la realidad los unos con los otros mientras que al mismo tiempo e irónicamente, nos convertimos en la copia el uno del otro. 


Por eso necesitamos: 

1.- Un arte que reconozca la época en la que se está desarrollando, abrazando los avances de la tecnología digital de la que se encuentra rodeado, sin olvidar las enseñanzas de una infancia vivida sin dicha tecnología. 

2.- Necesitamos un arte que no sólo muestre el desequilibrio y la injustica, sino que también actúe para revertirlo. 

3.- Que busque despertar a los espectadores del letargo y que interpele a conectarse los unos con los otros. La promoción de la empatía como el valor que lleve a superar la insensibilidad imperante en una sociedad movida por el consumo sin conciencia. 

4.- Un arte que busque que las diferencias de muchos, sean el patrimonio de todos. 

5.- Un arte que se convierta en el vehículo que transmita las voces de aquellos que han tenido problemas en ser escuchados; que busque la manera de que dicha comunicación, pueda realizarse en sus propios términos y que nosotros debemos aprender. Visitar comunidades con la actitud de aprender, no de enseñar; de apreciar no de descubrir. 

6.- Un arte que reconozca la importancia del arte popular como reflejo de las creencias de una sociedad y las observe sin una postura exotizante, sino que se integre en ellas por medio de la identificación de elementos comunes. 

7.- Un arte que infecte los modos de producción y los procesos mercantiles, promoviendo un consumo pensado, respaldado por una historia que permita al consumidor conocer lo que está comiendo/bebiendo/vistiendo, convirtiendo dicho consumo en una experiencia de mayor profundidad que le aporte más que el simple consumo en sí. 

8.-Un arte que, a través del conocer la historia de alguien más, permita reconocerte en él, su potencial y el tuyo. 

9.-Un arte que se niegue a representar el mole de lata y asista a capturar el proceso de preparación del mole en la sierra. 

10.- Un arte antiguerra, que ataque a la sociedad que promueve dicha guerra, que ataque el consumo indiscriminado y promueva el consumo pensado, autosustentable y consciente. 

Por un arte por la naturaleza y la humanidad (en ese orden); por la empatía y la conexión con el otro; por un arte que inunde los anaqueles de las tiendas con historias. 



¡QUE VIVA EL MOLE DIGITAL! * 



*Preparado de forma tradicional












































¿Por qué nos hacemos ‘fan’ de alguien?


Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García | 


@JoseAlberto_GP



Seguro que alguna vez os preguntáis cómo es posible que alguien sea fan de un determinado cantante, director de cine o actor. Unas veces porque no entendemos que haya gente que pueda admirar un tipo de artista que nos parece lo peor y no podemos imaginar siquiera por qué existe. Otras veces es porque estimamos que determinada corriente no va con alguien a quien conocemos. 


En muchas ocasiones no sabemos ni responder, ni encontrar un porqué al hecho de que seamos fans de alguien. El acabar encandilado por un artista o una corriente artística suele ser uno de los resultados de todo aquello que vivimos. Las experiencias que vamos acumulando, el entorno que nos rodea y el tipo de gente con la que convivimos. 


Resulta normal que alguien sea fan al mismo tiempo del rock y del post-punk, o del country y el rock, o del jazz y el blues. Pero, ¿y cuando alguien es fan del rock y del pop electrónico? ¿por qué? ¿cómo convergen en la misma persona dos estilos tan diferentes? A veces estos estilos tienen algo que les une, o los escuchamos en momentos diferentes, a veces conectamos con ellos más por nuestro entorno o por lo que representa, que por la música en sí. 


La mayoría de la gente es bastante plana en cuanto a gustos. La mayoría se queda únicamente en la música comercial que escucha en las radios o en pubs. No tienen ningún tipo de criterio, ni conocimiento, ni inquietud por nada. Normalmente la gente sigue a los artistas que más promocionan las disqueras, flamenquito (aquí en España al menos) y música ‘pachanguera’, ‘alegre’ o de electro-latino. No sé en Méjico, pero aquí hay un furor por el electro-latino entre las clases más bajas de la sociedad, sobre todo. 




En fin, luego hay gente que se mueve un poco más en algunos géneros. Quien escucha a Joaquín Sabina, suele escuchar a Luz Casal. Quien escucha a Alejandro Sanz, suele escuchar a Pablo Alborán. 


Pero bueno, que cada uno escuche a quien quiera, ellos sabrán por qué lo hacen. Hay quienes valoramos de verdad la música, dedicamos horas a estudiarla y a buscar artistas variados, dentro de los géneros que nos gusten. Y no digo que nuestro criterio sea mejor, porque es cuestión de gustos, pero, sí que nuestro criterio está más elaborado que el de otras personas y sí que existen géneros objetivamente más ricos y elaborados.

Por ejemplo, yo no entiendo a los cantautores. No entiendo que a hablar sobre una base (que por cierto siempre es la misma) se le llame música. Ni cantan, ni bailan, ni se parten la cabeza componiendo. O sea, muchos de nosotros, tenemos un determinado concepto de arte y de artista. Y esto siempre es determinante a la hora de hacernos fan de alguien. Yo creo que mis dos pilares musicales principales son el rock y la electrónica. Pero según qué rock, y según qué electrónica. Para mí, muerte al rock viejuno, viva el post-punk, el alternativo, etc. Para mí, muerte a la electrónica de David Guetta o Juan Magan, viva OMD, Trust, Cut Copy, The Sound of Arrows, o el Agro-Tech. Yo necesito que la música esté muy producida. Me encantan Arcade Fire por lo multi-instrumentales que son también. 




Recapitulando, los gustos están muy unidos a nuestros hábitos y nuestra cultura. La gente de poca cultura siempre oye determinados géneros (reggaetón, cantautores, pop comercial y electro-latino). La gente mayor, sosa y supuestamente intelectual tienden al blues y al jazz. Y es irremediable. Nunca verás a un pobre escuchando a Mozart. ¿Por qué? Ni idea. Quizá nos han dividido así. Pero Mozart está a un solo click de cualquiera, igual que el resto de artistas. ¿Por qué no lo clican? No están acostumbrados, no lo entienden… no sé. Pero esto funciona así. También tiene su peso el verse reflejado o identificado. Lo que vivimos y cómo sentimos la vida está directamente relacionado con lo que nos atrae artísticamente. A veces no es sólo la música, es la estética del artista o lo que transmite.


Sobre la censura en el siglo XXI



Venga y le cuento | Por Tuto Flores |


“Si tuviéramos que definir los pilares que sostienen la actualidad humana, tanto en un nivel cultural como práctico, tal vez lo más indicado sería referirnos a una terna de fenómenos o modelos que determinan, en buena medida, la existencia contemporánea: el sistema financiero, los medios, y la digitalización de la sociedad”. (Barros del Villar, 2013)

En relación a esta interpretación, sobre la forma como se desarrolla la sociedad actual y junto a esta la humanidad en tanto que especie, resulta pertinente concentrarnos, sobre el papel crucial que juegan los medios de comunicación, dentro de la configuración y la construcción de percepciones dentro y al interior de una sociedad. En efecto, una de las piezas cruciales, del actual sistema global en que tiene lugar la humanidad, son los medios de comunicación, debido en parte a que fungen como plataformas para la difusión de información.

No obstante surge un primer problema, que se deriva no tanto del papel real de los medios de comunicación, sino más bien, de aquellos usos, que se hacen de estos medios. Se habla en plural, dado que se trata aquí, de una multiplicidad de usos, que se deslindan de lo informativo y se acercan más, a procesos de manipulación mediática, de cobertura política, de publicidad paga y no de información objetiva. Desde los lugares comunes, siempre se ha afirmado que, el papel de los medios y su uso fidedigno, debe ser el de transmitir hechos, el de informar de manera veraz y objetiva, sin tomar posturas, ni partido ideológico de algún tipo. Para que la prensa, para que un medio de comunicación, resulte asertivo e imparcial, es condición sine qua non, desarrollar un trabajo de investigación sobre aquello que se pretende contar o describir. La información debe ser filtrada, tamizada y presentada al público, precisamente para enterarle de todo aquello que en su entorno acaece.

Pues bien, pese a que este es uno de los principios (entrega de información, veraz, imparcial y objetiva) bajo los cuales se rige el periodismo y que de hecho justifica el hacer periodístico en el mundo, en el estado de cosas, esto es, en la práctica del día a día, parece no cumplirse, o en el mejor de los casos, simplemente ha pasado a ser parte de un lineamiento conceptual, sobre cómo hacer periodismo. Es así como, nos encontramos, con casos puntuales, en los que el quehacer periodístico, se ve coaccionado; o reducido dentro de su propio campo de acción. La censura en el periodismo, no solo implica una restricción en términos de prohibición a los contenidos que pueden o no comunicarse, sino que también, supone una suerte de manipulación de los medios en beneficio de un interés privado. 

Censurar en la labor informativa, que supone hacer periodismo; no solo en cualquier región del mundo, a nivel nacional, o en el globo entero, se convierte en un acto deplorable y reprochable desde todo punto de vista, sino que atenta contra un derecho de corte natural, como lo es, el derecho a la libre expresión y conexo al mismo, atenta directamente contra el valor de la información, pues es preciso en un mundo globalizado e interconectado, el hallarnos debidamente informados. El caso específico, en cuanto a la censura periodística ha estado ligado desde siempre a temas de coyuntura política y en ese orden a intereses económicos de clases tradicionalmente dominantes, así; tal y como se señalaba al inicio de este texto, los medios se convierten entonces, en uno de los pilares de la sociedad actual y su misma estructura social, es moldeada y articulada según sea, el manejo que se dé a dichos medios y el uso que de los mismos se haga. (Acuña, 2013).

Cabe añadir finalmente, algunas reflexiones por parte del lingüista y filósofo contemporáneo Noam, Chomsky, a propósito de la censura y el control de los medios de comunicación; a este respecto señala Chomsky:

El papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar contraponiendo dos conceptos distintos de democracia. Uno es el que nos lleva a afirmar que en una sociedad democrática, por un lado, la gente tiene a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de sus asuntos particulares, y, por otro, los medios de información son libres e imparciales. (Chomsky, 2007)





REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS)

ACUÑA RODRÍGUEZ, Olga. Censura de prensa en Colombia, 1949-1957. Proyecto de investigación “Elites, Empresarios y Movimientos sociales”; financiada por la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (Colombia). Historia Caribe - Volumen VIII N° 23 - Julio-Diciembre 2013 pp 241-267. (en línea). Disponible en: http://www.scielo.org.co/pdf/hisca/v8n23/v8n23a09.pdf
BARROS DEL VILLAR, Javier. ¿Quién es Douglas Rushkoff y por qué tal vez te convenga saberlo? (en línea). 2013. Disponible en: http://pijamasurf.com/2013/09/quien-es-douglas-rushkoff-y-por-que-tal-vez-te-convenga-saberlo/
CHOMSKY, Noam. El control de los medios de comunicación. Nota de opinión. 2007.  (en línea). Disponible en: http://www.voltairenet.org/article145977.html


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El autor: Tuto Flórez, nacido en el departamento de Santander, en la caótica y convulsionada, pero hermosa tierra del suramericano país llamado Colombia. Melómano consumado, amante del rock, de la música hecha con sentido, sobre todo de los años noventa y la cultura underground. Cinéfilo por convicción. Crecí entre los textos, de Henry Miller, Charles Bukowski, Allan Stewart Königsberg más conocido como Woody Allen, H. P: Lovecraft y Allen Ginsberg. @tuto201333



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