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Las 'cuitas' de Memo

La película arrasó con las categorías más trascendentales en los César del presente año (el equivalente al premio Oscar en Francia): Mejor Película; Mejor Ópera Prima; Mejor Actor; Mejor Adaptación y; Mejor Montaje.

16 septiembre 2014

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Cinetiketas-
Por Jaime López Blanco-


Dentro del marco de la 18va. Edición del Tour de Cine Francés en México, se puede visionar el largometraje titulado “Chicos y Guillermo, ¡A comer! (Les garcons et Guillaume, À table!, Francia, 2013),  ópera prima del también actor Guillaume Gallienne, con un guión  de su propia autoría. La historia retrata -de manera autobiográfica- el tránsito de Guillermo de la adolescencia a la adultez y la forma en que la relación con su madre fue configurando gran parte de su identidad o modo de ser.

Aunque el tráiler de la cinta lo presenta como una comedia desparpajada, lo cierto es que se trata de un argumento que oscila entre la comedia inteligente y el discurso de avanzada. Se tocan temas importantes y actuales como la diversidad sexual o la construcción del yo a partir de la opinión de los demás.

La película arrasó con las categorías más trascendentales en los César del presente año (el equivalente al premio Oscar en Francia): Mejor Película; Mejor Ópera Prima; Mejor Actor; Mejor Adaptación y; Mejor Montaje. También fue exhibida dentro de la edición del año pasado de Cannes, en la sección denominada “La quincena de los realizadores”.

Uno de sus mejores logros es conjuntar, que vayan adecuadamente de la mano, lo teatral y lo cinematográfico; el maravilloso montaje se encarga de esto último. Se percibe una narrativa fluida, nada atropellada, la cual nunca se ve limitada por el formato solemne que pudiera llegar a tener el monólogo que hace el personaje principal (Guillermo), cuando va contando intimidades de su vida, siempre parado sobre un escenario minimalista.

La interpretación de Guillaume Gallienne es excepcional. Actúa como su “Yo adolescente” pero también personifica a su madre. Esto último lo realiza sin caer en la burda parodia o la imitación de pastelazo. Los modismos y la entonación de voz que emula de su progenitora se sienten naturales y sumamente honestos.

Existe una estupenda secuencia que rinde homenaje a la feminidad del universo. Hay cumplidos para las mujeres que conforman la familia del realizador y que, de una u otra forma, lo fueron marcando durante la búsqueda de su identidad y de la consolidación de su orientación sexual. Sin embargo, el tercer y último acto luce precipitado. 

Aunque el inicio y el clímax de la película nos presentan una historia amena, divertida, fresca y vanguardista, el desenlace se siente abrupto. Esto evita que se cierre correctamente esta “carta de amor” que el director/actor dedica a su madre, provocando que no se concluya -de manera atinada- su círculo de “cuitas” personales reflejadas en la pantalla grande. Además, existe un gag (broma o chiste) que bien pudo ser contado una sola vez porque, de otra forma, se vuelve harto predecible y repetitivo (dicho gag incluye la aparición innecesaria de la actriz  Diane Kruger).

No sé si “Chicos y Guillermo, ¡A comer!” sea la mejor obra exhibida dentro del más reciente Tour de Cine Francés, ni estoy seguro si en verdad merecía convertirse en  la mejor producción del año dentro de su país, ya que dicho ejercicio exige observar todas las obras seleccionadas. De lo que sí estoy convencido es que Francia ha optado por darle distribución a una comedia autocrítica y liberal, que encuentra en el humor y la sensibilidad la mejor manera para hablar acerca de las vicisitudes existenciales del individuo del siglo XXI; ese que, a pesar de jactarse de ya ser cosmopolita y moderno, y de haber ya superado otras etapas evolutivas, aún tiene mucho que aprender y mejorar dentro de los mundos –propios y ajenos- de la familia y la sexualidad.

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