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De tripas corazón

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Por Sergio Martínez


Querido Luis Eduardo:

Ahora el recuerdo es lejano, pero la sensación la tengo a flor de piel, al abrir mi correo electrónico veo tu respuesta, me saludas y dices que los amigos de tus amigos son de la familia, que esperas nos encontremos los próximos días en Aguascalientes. Me quedo frío. Yo te había escrito un correo a instancia de mi hermano Alejandro Romano, quien sí era tu amigo. Hoy no recuerdo si era abril o noviembre, tampoco sé el año, sólo evoco lapsos de ese concierto y la emoción de conocerte. Nos recibiste a mi esposa y a mí en tu camerino, torpe te saludé; tú, fraterno, nos trataste como familia.

Recordarás la última vez que nos encontramos, hará algunos años en Querétaro. Hacía un frío atroz, mi amigo Eduardo y yo escuchábamos detrás del escenario el concierto, las últimas canciones del recital: Al alba y La belleza las entonaste a capela, terminando tu actuación nos recibiste en el camerino, quizá fueron 10 o 20 minutos de plática, nos pusimos un poco al día, hablamos de poesía, música, literatura; nos despedimos con un abrazo. Mi recuerdo es nítido. Tus canciones fueron el fuego que calentó aquella noche.

El sábado al despertar recibí la noticia de tu partida. Quedé conmocionado, golpeado. Se agolparon en mi memoria recuerdos de las veces que nos encontramos en México, de tu generosidad, tu trato fino y educado, de las cartas y correos que iban y venían entre Madrid y Aguascalientes.

Querido Luis Eduardo, quisiera decirte tantas cosas, tengo un nudo en la garganta que me impide hablar. Seguro me dirías: Cuéntame alguna tontería.

Querido amigo, gracias, gracias eternas por tu amistad, humildad, generosidad; por enseñarme que la belleza no se rinde ante el poder. Nos dejas un vacío enorme en tiempos de maleza, esperemos estar a la altura en tu ausencia, será difícil; por hoy, nos toca hacer de tripas corazón.

 Un abrazo que te acompañe, hasta pronto querido Luis Eduardo.
  

De fotos viejas y rollos de película

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Por Jorge R. Espinosa


La vida escolar trae consigo muchas experiencias dentro y fuera de las aulas de clase, lo que les permite a los estudiantes el esparcimiento personal, así como vivir diversas experiencias que pueden marcar la vida de manera definitiva. Los últimos 6 meses han sido todo un viaje a lo profundo de la historia de la cinematografía mexicana e internacional; como buen alumno en busca de concluir su licenciatura, me ha tocado enfrentarme con aquel rito de paso que sirve para ganar experiencia laboral o simplemente para cubrir con un mero trámite académico, el servicio social.

La realización del servicio social en la filmoteca de la UNAM pareciera ser una historia no muy digna de contarse por cualquier escritor, pero tras hacer una retrospectiva de los aprendizajes e historias que se dieron a lo largo de seis meses, he llegado a reconsiderar que seguramente es una curiosa historia de carácter personal, que merece ser contada tal como cualquier pieza de ficción

El reloj marca las 2:50 pm, el día de actividades ha llegado a su fin, rápidamente toma la carpeta de control y checa sus horas realizadas, se da cuenta de que solamente le quedan 71 horas de servicio. Firma rápidamente su hora de salida y con un masivo “Nos vemos mañana, pasen buena tarde” se prepara para partir a su casa y descansar de las actividades realizadas; mientras emprende su marcha a casa lo invade un extraño sentimiento al darse cuenta que aquel viaje llega a su fin, una mezcla de sentimientos de alegría y tristeza convergen en una nostalgia aderezada con un lluvioso clima que acentúa lo que pudiera venir tras llegar a la meta en tan solo algunas semanas, muy en el fondo sabe que todo tiene un fin; pero en el fondo no quiere que esto termine, simplemente quiere un poco más de tiempo para poder pasar un poco más entre aquellas luminarias de todos los tiempos.

Mi llegada a la filmoteca  se dio tras una breve pero apresurada elección de un sitio para realizar el servicio social, realmente no fue algo que planee del todo, fue más como tirar los dados o una moneda teniendo por delante mis gustos y preferencias como si fuese un dado previamente cargado con rumbo a lo desconocido.  Un día típico en la filmoteca no tiene una hora fija de inicio, tanto puede empezar temprano en la mañana, o en algún punto de la tarde realmente no hay una hora definida para realizar las actividades. Ya que siempre existirá algo que hacer a lo largo del día. Pero eso sí, llegará a variar de acuerdo al área de trabajo. El caso del área de archivos resulta muy particular, ya que al estar lado a lado de biblioteca pareciera que se trata de un lugar tranquilo libre de cualquier ruido o escándalo, pero es una simple ilusión ya que dentro en el departamento de archivos, el ruido y movimiento es algo posible de encontrar, ya que ahí tienen lugar constantes revisiones de fotografías, discusiones, peticiones de información y visitas de otras instituciones que buscan establecer un vínculo entre la filmoteca, para empezar colaboraciones e intercambios.

Existen tres simples reglas que te pueden hacer la vida más fácil en esta área, tres únicos, sagrados y no escritos mandamientos que facilitaran tu estancia como no tienes idea. Nunca agarres una fotografía sin guantes, porque puedes ensuciarla de grasa, usa guantes a toda costa porque eso te salvará de algún regaño y finalmente trata el material de archivo como si fuese tu vida misma.

Pareciese cosa simple de seguir, pero no lo es del todo, más cuando no se está acostumbrado a trabajar con este tipo de materiales, o viene de un entorno académico muy alejado de la restauración cinematográfica, es común que en los primeros días, muy seguramente no te quites de encima al personal encargado del área que escojas pero si sabes sobrellevarlo puedes aprender mucho más de lo que esperas, aunque es seguro que no te salves de un regaño en alguna ocasión.


El área de fotografías

Mi labor en el área de archivos fotográficos, comenzó muy aleatoriamente, debido a no tener una remota idea sobre la preservación de esta clase de materiales, no sabía en lo absoluto de lo que me esperaría. Aquella fría mañana de junio, comenzó bastante tranquila, había ingresado a las instalaciones de la filmoteca, y justo al terminar de recoger mi gafete surgió una pregunta clave “¿Dónde se encuentra el área de archivos?” el vigilante sonríe y señala con una de sus manos, “vaya a la izquierda joven, en el retrato de Pedrito Infante, ahí está el área de archivos”, el recorrido por dicha área resulto ser algo extraño ya que no era tan grande como pensaba, era más bien como una oficina mediana al lado de una tranquila biblioteca, muy seguramente era ahí.

Tras haber tenido una breve plática con la licenciada Antonia, encargada de administrar esa área, tuve que tomar una rápida decisión, o irme al área de archivos fotográficos o ver la posibilidad de moverme a otra área. Basado en mi desconocimiento y en el típico “Son fotos, ¿Qué podría salir mal?” decidí quedarme en aquel lugar esperando que las cosas salieran más fácil de lo esperado; inmediatamente que la decisión fue tomada me queda en el área de archivos y era hora de conocer a los que supervisarían mi desempeño durante aquellos seis meses; dirigirme al fondo de  las  inmediciaciones, fue donde encontré aquel escritorio donde comenzaría mi historia, en el estaba Luis un hombre en sus 60 años, barba larga y cabeza calva pareciera una versión veraniega de Santa Claus, estaba revisando bajo la lupa hasta el último detalle de una foto del Indio Fernández junto a una de sus esposas, momentáneamente me volteo a ver “ veo que eres el nuevo, creo que tengo algo para ti” dijo mientras me condujo a una de las bodegas de la filmoteca, ahí estaba el acervo de Fabián de la Cruz, un reconocido periodista de espectáculos, el cual acumuló una colección de stills fotográficos tanto del cine mexicano como de la escena internacional, toda una cápsula del tiempo almacenada en varias cajas polvorosas y sucias, vaya misión con la que me voy a enfrentar.

Sobre estas cajas, hay que decir que no tienen un origen fijo, llegan a venir de diverso lugares, ya sea de un junior hijo de algún periodista celebre que busca obtener algo de dinero para salir de una deuda al instante u olvidarse del legado fotográfico de su familia; o simplemente de alguna donación de gente que no sabe qué tesoros tienen o simplemente prefieren liberar espacio botando “esas baratijas del abuelo o del padre” en algún sitio donde las pudieran apreciar o tenerlas amontonadas en un lugar mejor.


La revisión del archivo

A primera vista lucía como una caja polvosa más del montón, con un característico olor a polvo seco y fino que llevaba acumulándose durante años en algún sitio a puerta cerrada sin ventilación,  pero apenas abierto el olor cambiaría radicalmente, tornándose en un olor a polvo, tinta vieja, nitrato de plata y papel viejo, todo en un aroma penetrante pero característico, aquel aroma a viejas glorias, fama, sensuales actrices, temibles villanos, valientes héroes y galanes, despampanantes rumberas, cómicos de primera división y otras estrellas del brillante firmamento del cine mexicano; era el aroma de la fama, uno que pese a no ser muy glamuroso y elegante al final, contiene mucha más historia de la que uno pudiese imaginar.

Lo primero que se hace con esa cantidad de fotos, es separarlas en diversos montones para clasificarlas alfabéticamente, buscando algún indicio de las películas a las que podría pertenecer o comenzar un proceso de averiguación. Misma que puede realizarse desde diversos medios de investigación, por medio de la consulta de enciclopedias y listados de películas por año, la base de datos de la filmoteca o por Internet.

El procedimiento comenzó de manera sencilla, fui tomar algunas fotografías y comenzar a checar las caras de cada uno de los actores, suena fácil, pero realmente es algo más complicado de lo que parece, el problema de este tipo de procesos depende del conocimiento cinematográfico que tengas, es de esas cosas en las que uno tiene que ser casi un especialista; realizar esta tarea fue algo que más bien parecía una tarea de dos personas que de una. Como de costumbre, Luis se encontraba constantemente revisando mis hallazgos y posibles identificaciones, “debe de ser el Picoro, ese famoso réferi” decía señalando una foto de campeón sin corona en la que se mostraba el momento triunfal de un boxeador junto a su entrenador, asistente y compinches, todos celebrando un duro triunfo sobre el oponente. He de confesar que como muchos mexicanos no conocía el cine de mi país, siendo que este tuvo un periodo en que fue reconocido a nivel internacional debido a su calidad y grandes estrellas que habían actuado en varias de sus películas, podría considerarme una especie de cinéfilo a medias que se ha nutrido principalmente con el cine gringo y de otros países quedándome solo con breves pinceladas del cine mexicano, con aquellas referencias a obras como Salón México, El Gran Calavera y parte de lo que podríamos llamar como la punta del iceberg de la cinematografía mexicana.

Por motivos obvios la colaboración con Luis más bien parecía una clase de cinematografía mexicana para neófitos, que una revisión de rutina para un novato “Échate unas mexicanas, quizás no estén tan chidas como las gringas, pero ya verás que te van a gustar”, fue el consejo con el que Luis buscaba incentivarme a conocer más el cine mexicano para poder desempeñarme mejor en mi labor.

Así comenzó la larga tarea de revisar el archivo, en el cual saque cada una de las posibles carpetas en búsqueda de algún parecido o coincidencia que ayudase a una identificación adecuada o condujese a un descubrimiento fortuito que ayudase a mantener el alto el nombre de la filmoteca.


Algunos gajes del oficio

Mientras clasificaba unas fotos, me encontré con un peculiar caso, una fotografía con una mancha marrón en los bordes y parte de las caras de los intérpretes como si de una bizarra enfermedad se tratase. Inmediatamente me dirigí con Luis y le pregunte qué es lo que pasaba y que se podía hacer al respecto. Luis, mirando contemplativo la foto, la tomo y la miro bajo una lupa y tras una breve mirada inquisitoria profirió una frase “debe de estar sucia por el nitrato de plata, échame unos cotonetes y el frasco de alcohol y veras cómo se arregla.”

Tomando un pequeño frasco de alcohol y un cotonete largo, Luis se aseguró que estuviese mojado pero que no estuviese escurriendo, cuando el isotopo estaba listo procedió a frotarlo suavemente contra la foto, con una suavidad envidiable, que solo un experto puede tener; en cuestión de minutos la foto quedo limpia, brillante, sin esa capa de porquería originada por la plata gastada y oxidada del paso de los años. “Ahora te toca a ti, haz lo mismo que yo”, Luis me ofreció continuar con su trabajo e ir restaurando la foto, poco a poco recobró la antigua belleza que las manchas le habían arrebatado dejando contemplar la evidencia del pasado que el tiempo se había encargado de ir estropeando dentro de una caja de cartón.

Habiendo acabado la limpieza de las fotos, existía algo más que se debía hacer para continuar con el tratamiento de las imágenes, la restauración y preservación digital. Suena complicado y un poco difícil, pero es más fácil de lo que pudiese parecer, pero tiene su encanto. Tras un escáner de alta calidad, se debe de ser cuidadoso en como se realiza el escaneado y se coloca la foto en el cristal, el resto sólo es saber qué ordenes darle al programa, pero hay algo mágico en todo esto, el hecho de devolverle la belleza a la imagen o sacar a la luz más detalles de los que un ojo puede ver a simple vista. Se debe de jugar cuidadosamente con el contraste y la luz de las imágenes porque sólo así es posible ver algunos detalles ocultos o el paso del tiempo en el rostro de los actores, pequeñas marcas que van dejando en claro cómo es que el paso de los años no respeta a nadie, ni siquiera a los símbolos de belleza idealizados que han pasado por el séptimo arte cual estrellas fugaces.

En la búsqueda por identificar una foto, existen algunos métodos típicos, pero hay algunos que solamente los puedes conocer por medio de fuentes alternativas, basta con leer algunos portales de nota rosa o revistas de ese tipo para poder encontrar algo de información sobre el cine mexicano, información valiosa que en muchos casos pasa inadvertida para el ojo experto, pero algo útiles si tienes algo de morbo o desesperación por encontrar un dato.

“No es nada convencional, pero no descarto tu idea, no sé cómo chingados se te ocurrió pero está funcionando, creo que deberé de visitar algunas páginas para doñas más a menudo” fueron las palabras de Luis al enterarse de cómo estaba encontrando algunas fotos, por medio de esta idea; realmente es raro utilizar las revistas y páginas que ni por nada del mundo verías o que muy seguramente un adolescente utilizaría para calmar sus ansias con las fotos de las actrices del momento en ropa interior, es raro pero siempre hay que hallar una forma de poder encontrar la información siendo que mucha ya se ha perdido o queda muy poca gente que la conoce en su totalidad.

El trabajo con los rollos de película resulta más complejo que una fotografía, ya que los materiales resultan traicioneros ante ciertas condiciones climáticas o la exposición a ciertas sustancias, principalmente se utiliza muy poco alcohol rebajado en agua, buscando que este  no sea agresivo para el acetato, pero que logre quitar la suciedad o cualquier residuo de polvo encostrado, no es una labor para novatos, ya que se necesita tener un buen pulso para poder hacer movimientos suaves para limpiar cada una de las secuencias de los acetatos, como si de una suave caricia se tratase; una caricia a la historia cinematográfica, que no cualquiera sabrá como darla a conciencia.


Un hallazgo sin precedente

“Es realmente curioso, no hay mucha información sobre esta película inacabada, pero es bueno saber que había algo ella por acá y lo mejor es que la encontraste, vaya hallazgo que tuviste, no es algo que se ve siempre, disfruta de tu triunfo, porque no son muy comunes” palabras de Luis tras haberse enterado de la noticia del hallazgo de los stills de la película Hernán Cortes, cinta que no fue célebre por su estreno o su realizador Miguel Contreras Torres, sino por la historia que le precedió. Se  desconoce por qué no se terminó la cinta, pero fue en aquella mañana de agosto que la trama iría cambiando un poco para la obra de Contreras. Luis me condujo a una caja de cartón polvosa que tenía la etiqueta “Cine Mexicano, Varios”, -te toca trabajar esta caja, ya sabes cómo hacerle- fueron las palabras que me dijo antes de comenzar a desempacar esa caja. Al sacar los fólderes rodeados de pelusas y olores a nitratos, había una carpeta rechoncha de la cual se leían los apellidos “Contreras Torres” junto a una lista de películas y algunas categorías relacionadas al autor.

La carpeta estaba desordenada y le faltaban algunas etiquetas de identificación, siendo que las pocas que había, se desprendieron de sus fotografías dejando claramente la marca del pegamento como signo del abandono entre ambos trozos de papel, como un divorcio mal llevado que dejó secuelas entre ambos miembros del matrimonio, así lucían los papeles.

Dentro de los papeles se encontraba un viejo envoltorio de papel donde se leía “Hernán Cortes”, al abrir la carpeta salieron un aproximado de 14 fotos en blanco y negro, donde se podía ver lo que se supone que debió ser una película sobre las andadas del conquistador español de camino a la capital azteca, era realmente curioso ya que no existían registros fotográficos de dicho filme, dentro de lo que yo conocía. Fue así cuando tras acomodar las fotos clasificadas y las nuevas en otra, las actividades del día habían terminado y proseguí a retirarme cuanto antes. A la mañana siguiente comenzó el día de actividades como comúnmente debería de comenzar. Repentinamente me di cuenta que una pequeña discusión había tenido lugar en las instalaciones era la licenciada Antonia y Luis, discutiendo sobre el hallazgo que había tenido lugar el día anterior. Mientras me encontraba anotando en la libreta de control lo relacionado a la clasificación de fotos, una voz conocida me llamo, era Luis para enseñarme un sobre de reciente creación “realmente eres muy afortunado, esto no se ve todos los días, saca otro hallazgo como estos y te invito una chela”. Pareciera que no hay glamour al trabajar con cosas relacionadas al cine, pero dentro de todo esto, a veces uno puede encontrar algunos momentos de gloria y triunfo, tal vez no como lo pudieran tener los directores o las grandes luminarias de la pantalla, pero siempre existe alguna satisfacción al final del día.


Otras labores de la filmoteca

Fuera de la investigación fotográfica, hay algunas otras cosas que se pueden hacer dentro de la filmoteca, ya que en lugares como estos existe mucho para hacer. Una instalación anexa al área de los archivos es la biblioteca, en la cual no sólo se guardan libros, sino revistas, películas y las joyas de la corona del departamento, los stills fotográficos, los fotomontajes y los promocionales de las películas. El trabajar en esta área es un trabajo más meticuloso ya que se debe de tener un control de los libros y documentos que hay dentro de las instalaciones y en caso de llegar nuevos ejemplares, se debe de procurar que la clasificación se realice adecuadamente para acrecentar el acervo.

La conservación de promocionales de cine se ha ido volviendo una de las principales prioridades en los últimos años, debido a la valoración histórica de este tipo de documentos, como testimonios históricos de la industria cinematográfica en México y a nivel mundial. La conservación de este tipo de materiales depende del estado en que se encuentren  y de su antigüedad, ya que los procesos de restauración y limpieza se deberán de ajustar a las características que pudieran presentarse; sin embargo existen casos en los cuales la documentación presenta un estado deplorable, en donde se debe realizar una captura digital garantizando la construcción del acervo de los promos. Con relación a la digitalización de los documentos de la filmoteca, el  desempeño como capturista es una parte común de diversos aspectos a trabajarse, ya que la filmoteca es conocida por tener uno de los acervos digitales más grandes a nivel mundial. Por lo que resulta importante actualizar constantemente este tipo de colecciones.

“La situación de este tipo de materiales resulta ser muy importante, para dejarse de lado, siendo así uno de las principales prioridades para el personal de restauración y documentación, ya que el paso del tiempo es un factor en contra de todo material físico, que ya cuenta con unos años de antigüedad, pareciese que la tecnología se ha ido volviendo la respuesta contra el paso del tiempo y su imparcialidad sobre el desgaste de las cosas que alcanzara tarde o temprano a toda pieza de historia que tenga la desgracia de estar expuesto ante el paso imperdonable de las eras. Hay que utilizar las nuevas tecnologías en favor de conservar la historia del cine, para las nuevas generaciones; de lo contrario creo que nuestro trabajo aquí habrá fallado”. Las palabras de la licenciada Antonia reflejan la preocupación que existe en la captura de documentos ante la inevitable naturaleza de muchos materiales, en muchos sentidos se muestra como el futuro de los acervos y como la mejor manera de conservar el pasado para poder garantizar un futuro, ya sea dentro de las pantallas con sus llamativos colores o con reimpresiones que permitan su perpetuación para que las nuevas generaciones aprecien como es que se realizaban las cosas a la antigua, en una época en que la tecnología era más simple que la que pudiera venir.


Últimos días: instantes eternos; memorias futuras

La suma de las horas de servicio “ha sido todo un viaje”, me digo a mí mismo, todavía recuerdo cuando entre por aquella puerta por primera vez. Veo el escritorio donde he estado trabajando,  podría parecer un triunfo previo a terminar la carrera, pero existe algo que no convierte esta salida en un triunfo; la única y necesaria pregunta que ha surgido a lo largo de estos días “¿Ahora qué sigue?”.

El estar codo a codo con los vestigios y testimonios de una época de oro, terminan creando una cotidianidad única a lo que un aficionado al cine pudiera tener; no se trata de solamente ver las películas o conocer cuánto dato sea posible sobre todo lo que involucra los filmes, o llevar un meticuloso recuento de todas las películas vistas durante un periodo de tiempo. Es más como un aprendizaje que ayuda a expandir lo que se conoce sobre cine y ver lo infravalorado que se encuentra el cine mexicano de otras décadas, ante una industria estancada que ha logrado sobrevivir por medio de comedias románticas de fórmula, que cada vez lucen más desgastadas y sin gracia, pareciendo copias defectuosas de un puñado de películas exitosas; dejando en el olvido una época de la cual sólo quedan producciones que se trasmiten en unos cuantos canales y uno que otro que recuerda con cariño aquella época.

Llega un miércoles, y me quedo un rato viendo unas cosas antes de comenzar con las actividades cotidianas, “maldición, como extrañaré tener esta cantidad de paz a diario”, pienso mientras me dirijo a la biblioteca para seguir checando una carpeta de archivos fotográficos, simplemente tomo la carpeta y comienzo otra vez con las actividades cotidianas, aún quedan unas cuantas carpetas que revisar pero siento que no me corresponderá acabar con este trabajo, muy seguramente dependerá de alguien más.

Al finalizar el día, paso por aquel retrato de Pedrito Infante, lo veo fijamente y siento algo de nostalgia con respecto a cuando llegue a pedir informes por primera vez, todavía recuerdo el accidentado viaje en pumabus que realicé. Apenas avanzo unos centímetros lejos de la filmoteca y siento incertidumbre ante lo que pudiera pasar; algunas veces decir adiós es duro, más cuando se trata de algo que ha calado hasta lo más profundo de nuestra alma, realmente nunca medimos como es que una despedida trae consigo varias experiencias y momentos que no se repetirán en la vida. Muchos grandes me acompañaron desde la inmortalidad del papel, dejándome ser parte de su historia aunque sea en un momento post mortem, sin haberles conocido o formado parte de sus existencias mortales; así como grandes colegas y compañeros de trabajo que me ayudaron a ver a nuestro cine con ojos de curiosidad y amor, dándole el debido reconocimiento al gran tesoro que se resguarda tras aquellas paredes; ciertamente no sé cuándo es que pudiese volver a ver aquellas imágenes que me acompañaron por meses y que siempre atesoraré junto a las personas detrás de ellas, como parte de mis memorias futuras.


«El hoyo» en tiempos de encierro voluntario

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Por Bertín López 


Existen viejas y nuevas costumbres, unas fastidiosas como aquellas que nos hacía voltear los ojos hacia arriba cuando éramos niños, y unas tantas buenas si somos afortunados en la administración mística del universo, pues sí, he adquirido la bonita costumbre de quedarme en la casa de mi pareja todos los fines de semana; normalmente el tiempo en ese mutuo espacio transcurre viajando por películas y charlas, hemos saltado desde “Jay and Silent Bob” – descubrimiento del que siempre le estaré agradecido –, hasta maratones de “The Office” – Ibid –, pero no todo es un intercambio de gustos culposos, de risas viejas y miedos usados, también hay exploraciones y ese voto de confianza ciego que das cuando sigues una recomendación. 

La sinceridad, y más ya con la edad, es una justificación loable y honesta que nos evita los momentos de náusea, así es que desde el principio le he comentado a mi pareja que no soy de las personas que “disfrutan” (siempre me ha parecido bizarro disfrutar el miedo, el horror, el susto, las miradas que se esconden en las esquinas) las películas de miedo, sin embargo el thriller o aquellas que te dejan con un sabor metálico en la boca son de mi agrado, aquí hablamos de “Seven”, “Irreversible”, “Pi”, etcétera. Pues el zigzagueante devenir que todos conocemos al buscar una película en Netflix nos llevó hasta “El hoyo”, una cinta española – sí lector, le tuvimos que poner subtítulos porque ese castellano es difícil de entender para cualquier hispanoparlante – que de inmediato hacía voltear las cabezas y preguntar si estaría bien ver eso que acontecía, y es que muchas veces vemos algo tan limítrofe, tan en la orilla de lo que nos convierte en seres morales que el vértigo se apodera de nosotros, como aquél libro que leímos y que nos hizo esas preguntas que todos nos hemos imaginado, no, no las voy a mencionar porque aunque de todos, también son de nadie, privadas como esos pensamientos sucios que tienes en la regadera o antes de dormir. 

Si esto fuera una reseña aquí me valdría de mil citas, referencias e interpretaciones, pero como no lo es, evitaré esto, la cinta es muy sencilla de descifrar, no creo que haya malas interpretaciones, su naturaleza ascendente y descendente nos apunta inmediatamente a la crítica de la jerarquización ya sea espiritual, económica, social o especista, tampoco creo que nuestro mundo actual nos permita ya una visión tan simplista del mundo, o estás “arriba”, o estás “abajo”, el mundo es horizontal ahora, todos vamos gateando en un desierto infinito, pero en nuestra psique principalmente católica, ir pa’rriba es mejorar, ir pa’bajo es descender al infierno.

La película tiene sus tintes gore, tuve que servir de telón muchas veces para mi pareja cuando saltaba algún miembro amputado o una tripa voladora, pero la verdad las películas sangrientas me dan un poco de risa, no hay nada más gore que ir a comprar un kilo de carne molida a la carnicería y todos lo hacemos. 

La película tiene un aspecto que cae en estos tiempos de forma más inquietante, y es que encerrados todos por esta emergencia, parece que todos estamos en El hoyo, ascendiendo y desciendo en mi casa todos los días encerrado, asciendo para ir al cuarto y dormir, desciendo para ir al comedor y comer, las personas van subiendo en su estado de pánico y las economías van descendiendo en solvencia, si bien la metáfora normalmente funciona, especialmente en este encierro parece que vamos oscilando entre niveles cada vez más inferiores y espesos, sin la certeza de qué nos encontráremos en el próximo nivel, no hagan pánico lectores, el mundo es plano y los únicos hoyos que sobreviven son los disfrutables, pero esta película nos hace de nuevo preguntarnos si estamos descendiendo, qué sorpresas apocalípticas leeremos de nuevo en internet que nos hagan esconder la mirada sospechando una escena gore. 

El tiempo transcurrirá como normalmente lo hace, y en un futuro pensaremos en este encierro y en la película con un poco de trémulo y risa, las situaciones se normalizarán y comenzaremos a temerle sólo al infierno místico del que nos hablan en misa, por el momento lectores, estamos en el hoyo, y cada quién puede contener un solo ítem, recuerden que aquello que consideramos esencial puede terminar siendo una carga también, así que soporten este encierro, este hoyo al que nos sometemos con la fiel certeza que nosotros sí podremos salir.

Sputnik busca redactores durante el Apocalipsis

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Letrinas: Jalisco Night

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Por Eduardo H. 


- Oye Lalo, hay una fiesta en el depa de Laura, vamos.
- Ok viejo, vamos.


Ahí estábamos, un montón de recién ingresados a la universidad, finales del primer semestre, con alcohol y drogas. Algunas chicas de semestres anteriores, incluso de otras facultades. Musica de Pearl Jam, Cypress Hill, Nirvana, lo mejor de los 90's.


- Karina, te presento a Lalo, dice que quiere ser escritor, de hecho hace rato leyó uno de sus poemas, tiene el estilo de José Agustín. Es muy bueno.
- ¿Es en serio Lalo?
- Bueno, no lo he leído mucho, y no creo que me parezca a él.


Todos en la fiesta se quedaron callados, los Smashing Pumpkins sonaban aún en el estéreo pero a muy bajo volumen. Yo comencé a recitar el poema, era una serie de pensamientos sobre el entonces DF.


- No manches Lalo, eres buen escritor.
Hubo unos aplausos y la fiesta continuó.


- Dime Lalo, ¿Hace cuánto eres amigo de Diego y Josué?
- No hace mucho, la verdad. Hace unas semanas supongo.
- Sabes, Josué es muy guapo, pero creo que es el tipo de hombre que solo sale contigo y unos días después se olvida de ti.
- Pues no sé, aún me sigue hablando después de varias semanas jajaja.
- Jajaja, eres muy gracioso.


Sin darme cuenta Karina y yo estábamos en medio del departamento hablando, mientras los otros estaban en el sofá o en la mesa bebiendo, no me importaban los demás, en ese momento me sentía bien con ella.


- Oye Lalo, espero no te moleste pero quiero saber si has estado con una chica últimamente.
- No, de hecho hace un año que no salgo con alguna chica.
- ¿Por?
- Digamos que era muy complicado.
- ¿Hiciste algo con ella?
- Dicen que los caballeros no tenemos memoria.
- Vaya, eres muy bueno -me besa repentinamente- vamos al cuarto de Laura.


My girl, my girl, don't lie to me. Tell me where did you sleep last night? Nirvana sonaba en el estéreo, algunos se dieron cuenta.


- ¿Estás nerviosa?
- Un poco
- No lo estés.



Shakedown 1979, cool kids never have the time
On a live wire right up off the street
You and I should meet.


La noche iba mejorando.

Pillanes: rock en tiempo del porongavirus

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Music in a coma | Por Carlos Iván Carrillo |


El fin de semana pasado, 14 y 15 de marzo, se celebró el tradicional Vive Latino en la Ciudad de México en medio de gran controversia ya que nuestro país se encontraba en la primera fase de contingencia epidemiológica por COVID-19, lo que −según la Organización Mundial de la Salud− significa que el virus se encuentra en una fase de importación, es decir, viajaron al extranjero y allí contrajeron coronavirus y hasta el día previo al festival había solo 27 casos confirmados en todo el país.

La polémica por la realización del festival se acrecentó y continúa al día de hoy; personajes tan deleznables como Javier Lozano o Felipe Calderón sentenciaban en sus redes sociales que el presidente era un “irresponsable” y “el país se le iba de las manos” y bautizaban al festival como #enférmatelatino o #MuereLatino. Puebla no fue la excepción y algunos personajes de la escena cultural del estado emitían comentarios sin tomar en cuenta que el gobierno, de acuerdo con la fase de contingencia y con los datos y modelos de contagio publicados por la OMS, decidió NO suspender, es decir, actuó con responsabilidad y la verdad es que la suspensión hubiera sido una medida que poco o nada iba a influir en el desarrollo de la epidemia.

Sin embargo, hoy me tomó por sorpresa leer una carta paternalista que publica el carnal Ricardo Cartas en la que pretende aleccionar y regañar a los jóvenes por haber asistido al Vive Latino.

Dejando de lado el negocio millonario y los intereses de Ocesa y los empresarios; no podemos olvidar que cientos de familias viven del negocio informal que se genera alrededor de estos festivales, que decenas de músicos mexicanos y latinos han pasado años esperando la oportunidad de presentarse en esta plataforma y que invirtieron meses preparando su show para ese día (por ejemplo Silvana Estrada, Flor Amargo o Armando Palomas), o que la mayoría de jóvenes a los que Ricardo le dirige la carta son workingclassheroes rocanroleros que han pasado meses chingándole en la chamba para comprar su boleto. Ellos son los menos culpables ¿Por qué regañarlos? ¿Por qué propagar el pánico y adelantar medidas innecesarias que, además, tendría consecuencias económicas? Pongo el tema en la mesa y celebro que los “muchachitos” pudieron disfrutar una cerveza escuchando a artistas latinoamericanos que de otra manera hubiera sido prácticamente imposible verlos en vivo en nuestro país, como Indios, Francisca Valenzuela o Pillanes que como dicen en una de sus rolas...

“de todos los mortales soy el más aventajado porque rara vez me caigo y si caigo lo hago parado, si se trata de un hermano yo voy al sacrificio, no temo, no lloro, a nadie yo le imploro, no tengo temores, tampoco guardo rencores…” 

...frase que sin pedos podríamos ver escrita en una cartulina para ir a una marcha estudiantil o para asistir al Vive Latino 2020 y letra de la rola homónima de la banda que me pone frente a estas hojas en blanco en esta ocasión .

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El término supergrupo se aplica a conjuntos musicales –principalmente de rock− cuyos integrantes son músicos consolidados y exitosos como solistas o con otras bandas; la expresión es creada por Jann Wenner, director y fundador de la Rolling Stone, para hacer referencia a Cream (Eric Clapton, Ginger Baker y Jack Bruce) y se ha utilizado con bandas como Crosby, Still, Nash & Young o The Traveling Wilburys.

El domingo 15 de marzo a las 17 horas en la Carpa Doritos se presentó el supergrupo chileno Pillanes, banda integrada por Mauricio y Francisco Durán (Los Bunkers, Lanza Internacional), Pablo y Felipe Ilabaca (Chancho en Piedra, 31 Minutos) y PedroPiedra (CHC, 31 Minutos)  que en un encerrón de 10 días en una casa de Valparaíso componen y graban las doce canciones de su álbum homónimo que se publicaría en noviembre de 2018.  Rolones que tienen sabor a un Inti Illimani feat. Johnny Marr & Bernard Sumner. 







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La participación de estos chingones en la Carpa Doritos la disfruté en vivo desde mi monitor. Abren con una canción instrumental “Barrabás”; a pesar de ser la primera vez que la banda se presenta en México hay una nutrida asistencia del público a ese escenario. Después de “Somos lo peor”, PedroPiedra echa a andar una caja de ritmos para abrir paso a “Loro” una canción dedicada a Horacio Salinas y que fue el segundo sencillo de promoción de su disco y en “Facho Pobre” la pandilla asistente comienza a bailar la cumbia electroandina. El clímax sucede en la rola “Pillanes” y hasta en la transmisión web se notan las tablas y la experiencia de los que están sobre el escenario; el momento cumbre llega cuando PedroPiedra y Mauricio toman los micrófonos para empezar a rapear, no tuvo madre.

Al terminar el set de ocho rolas, Pillanes nos invita a una presentación al día siguiente (primer día de cuarentena) en BajoCircuito, inmediatamente agarré mi androide para comprar el acceso al concierto y el boleto del pullman bus Puebla – CDMX con toda la intención de encontrarlos para que firmaran mi long play; como se podrán imaginar, el lunes, horas antes del evento, se canceló por la contingencia y los chiquillos debían volver inmediatamente a su país. Ni pedo.

Seguro que hace un buen rato no tienes tiempo para sentarte y escuchar con atención álbumes completos con conceptos redondos, en las grabaciones hay mucho esfuerzo de músicos, técnicos y productores; aprovechemos esta cuarentena por el porongavirus para hacerlo; lávate las manos y dale play a este disco de Pillanes que es ideal para empezar.




Letrinas: El milagro mexicano

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Delirium Tremens | Por Alejandro Carrillo


Tras meses de vanos esfuerzos para detener la pandemia, nadie imaginó que el milagro viniera del tercer mundo. Los ojos de todos los gobiernos, organizaciones y farmacéuticas miraban estupefactos a los especialistas mexicanos que anunciaban que, siempre sí, la cocaína curaba el virus. 

Uno de los desahuciados en el INER se dio un pase a escondidas para bien morir y la recuperación fue evidente. Rápidamente se hicieron más pruebas con los casos más graves y ¡eureka!

El mismísimo presidente de la república dio la noticia y en cadena nacional se dio un jale para exhortar a la población a tomar medidas. Los músicos dejaron de hacer conciertos en streaming para en su lugar hacer tutoriales de consumo responsable y los literatos empezaron a recomendar dealers y bares en vez de libros y autores. San Lázaro fue uno de los primeros recintos libres de virus, el Canal del Congreso televisaba en directo las sesiones de los diputados y senadores esnifando largas rayas de coca frente a sus curules. Otro día en la oficina.

Los grandes cárteles de la droga firmaron una amnistía y en un acto de humanidad se comprometieron a poner sus servicios y productos al alcance de la población. Por la madrugada aparecían camiones repletos de mercancía frente a los centros de salud con narcomensajes diversos: GOBIERNO Y PUEBLO DE MÉXICO: DE ESTA SALIMOS JUNTOS COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS. Y cosas por el estilo. 

La SEMAR atesoraba “la medicina” y la Secretaría de Salud la distribuía de forma eficiente y gratuita. Filas interminables en las clínicas del IMSS de todo el país para administrar la cura a millones de mexicanos que entraban incrédulos a los consultorios y salían atarantados manoseándose la nariz con desesperación.

La Naciones Unidas enviaron a cientos de cascos azules por el polvo maravilloso en aviones inmensos de carga que aterrizaban y despegaban de nuestras principales pistas clandestinas en Sinaloa, Tijuana y Juárez. Poco a poco la curva epidemiológica se estabilizó a nivel mundial, la ONU nombró a Diego Armando Maradona como embajador de buena voluntad y así el milagro mexicano llegó hasta el último rincón para aliviar al último infectado.

Ese año el país creció 67 por ciento.

Letrinas: La Güera Almada

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Por Alan Román | 


Puedo empezar diciéndote que jamás lo había visto sonreír tanto. Ni siquiera cuando le dije que creía que estaba embarazada. “Se va a llamar Juan, como mi padre”. Siempre pensé que era gracioso que no dijera que como él, Juan, también. Pero esa sonrisa de sentirse seguro de lo que uno hace fue algo que envidio hasta hoy.

Era una caja bastante grande para sus manos, pequeñas para su estatura. Envuelta en papel blanco y rojo. Mis regalos de cumpleaños siempre están envueltos con temática navideña por las fechas. Sabía que me había comprado algo costoso, hace semanas que no salíamos a comer. Me dijo que qué bueno que no estaban mis padres, me la acercó lentamente con esa maldita sonrisa, como si me fuera a dar la solución para mi vida entera. Recuerdo que cuando lo terminé me dijo, “por lo menos te protegí, y te di lo mejor que tuve para ti”.

          “¿Alguna vez en tu vida has dejado de tener siete años?” Lo pronuncié lentamente en mi cabeza, quizá hasta moví lengua dentro de mi boca produciendo los sonidos exactos para que él entendiera mis palabras, pero no lo lancé al aire, no quise, no sabía que reacción tendría, pero sabía que no valdría la pena.

          Abrí la caja y en medio, sin ninguna clase de recubrimiento, lucía una pistola. Una automática nueve milímetros, me diría después. Era negra en su totalidad, como las que salían en las películas de los hermanos Almada, no las que usaban ellos, sino los malos, los que morían a los tres pasos. Agárrala, me dijo mientras sostenía la caja. Yo sólo pensé en el momento en que por primera vez toqué su pene, no tienes idea de cómo hacerlo, y sabes que te vas a equivocar, y ahí ese cabrón con una sonrisota. Estaba fría, y la levanté con mi mano derecha apuntando directo al suelo, en cuanto la saqué de la caja lo volteé a ver, para que me la quitara de encima. Después de reírse de mí, la agarró con fuerza, te digo que sonreía como un niño.

Me dijo que me enseñaría a darle a latas de cerveza, a pájaros volando. Que ojalá no tuviera que usarla nunca. “¿Y para qué me la regalas entonces?”

Porque, en realidad, deseaba que la usara, deseaba que cualquier cosa nos forzará a lanzarnos a la fuga y disparar, como en las canciones o en las series de narcos que se la pasaba viendo. Pero era algo que no haríamos ni en mi trabajo en oficinas ni en el suyo en recaudación de rentas. Quería que estuviéramos en situaciones riesgosas, de vida o muerte, de disparas luego preguntas.

                                                                         ***

          Ni siquiera he llegado a cargarla. Aunque cuando me molesto con mi jefe, que una de mis hermanas le dice a mi madre que no la quiere volver a ver, o que un contribuyente se quiere pasar de listo, pienso en que quizá la pistola sirva de algo. Pero luego recuerdo que esta toda fea, y encima con los rayos que traigo en el cabello me van a terminar diciendo La Güera Almada o una cosa así. Pero ni para eso alcanza. Puras vergüenzas con ese güey. Hay cosas que no se resuelven a balazos. Espero que él lo haya aprendido.

          Por eso está a mi nombre, pero está nuevecita. 'Tonces ¿en cuánto quedamos?






El autor: Alan Román Méndez, nacido en Mexicali, Baja California en 1998. Actualmente estudia en la Licenciatura en Docencia de la Lengua y la Literatura en la UABC. Realizó una estancia de investigación en la Universidad de Guanajuato. Ha cursado talleres de creación literaria y relato corto en la UABC, Casa de la Cultura, CEART Mexicali, IIC-Museo UABC y HarvardX. Sus textos han sido publicados por las revistas El Septentrión, Cinosargo y Tierra Adentro. En 2018 publicó el poemario Testigos del fuego con la editorial Pinos Alados

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