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Camino a Apulia: literatura de ciencia ficción en tiempos catastróficos

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 Círculo de Lectura |

En el año 2059, la Tierra se encuentra consumida por la masiva contaminación. La siembra es nula, el hambre exponencial. La población que sobrevive está agrupada en naciones custodiadas por domos que le protegen de respirar la tóxica atmósfera.

Camino a Apulia es un libro de ciencia ficción de la autora poblana Gema Mateo. La historia es narrada en primera persona por Líanet, la protagonista, quien vive en la nación de recolectores y se cuestiona si existe la posibilidad de revivir al planeta.

El libro trastoca el sentido de la humanidad cuando ésta, en su mayoría, se encuentra imposibilitada para conciliar el sueño. Todos transitan como autómatas, excepto aquellos que aún pueden soñar, conocidos como soñadores artesanales. Ellos son los únicos capaces de crear mundos y regresar a las memorias de los días verdes.

Cuando Líanet y sus amigos son descubiertos por la Maquinaria Suprema son perseguidos para imposibilitar que se sigan conectando con otros soñadores artesanales. Para sobrevivir tienen que cruzar el domo, pero sus amigos son capturados y la protagonista emprende el camino hacia Apulia, una zona deshabitada.

En la travesía que emprende, le acompaña un compañero único, pero la duda y desconfianza la inundan al no saber con certeza si encontrará a más personas. A lo largo de su camino visita otros tiempos y espacios, mundos paralelos y visiones oníricas que la impulsan a creer en ella misma.

¿Los soñadores artesanales lograrán llegar a Apulia para luchar por su anhelo de volver a contemplar la naturaleza en todo su esplendor? ¿Juntos lograrán sembrar de nuevo en el planeta?

Un libro que suscita un despertar en los sentidos, lo onírico y agradecer la importancia de las conexiones con la naturaleza y con quienes nos rodean.

Letrinas: La cascada amarilla

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La cascada amarilla
Por Gema Mateo

Se encontraban, como en otros días, dispuestos en la pequeña habitación de la casa, a la luz de la tarde. Esperaban a que su papá llegara del trabajo y disfrutaran de la merienda antes de que el sol se ocultara.

Los hijos recostados boca abajo sobre el piso, armaban un rompecabezas a escala de la constelación, con los cinco planetas formidables rodeados de millones de estrellas.

El señor M llegó unos minutos antes de lo habitual, con un ligero sobresalto en su rostro que sus hijos no habían percibido antes.

– ¿Qué te ha sucedido M? – preguntó la señora G con desconcierto al ver los ojos claros de su esposo.
Los tres hijos se acercaron para escuchar con atención lo que su papá tenía que decir. El señor M les explicó que había sucedido lo que tanto temía, las pesadillas que lo habían acompañado en los últimos días se habían vuelto realidad.

Aquello que su esposa y él habían guardado tan secretamente durante la última década se había revelado y no veía otra solución más que huir.

– Nos han descubierto, me lo han dicho hoy. ¡Nos han descubierto! – gritó con espanto.

La hija nerviosa preguntó qué era aquello que habían descubierto, al igual que sus hermanos, no comprendía por qué sus padres estaban aterrorizados y ahora comenzaban a guardar sus pertenencias en cajas y maletas, a la vez que les pedían ir a sus habitaciones para hacer lo mismo.

– ¿Qué sucede? Cuéntanos, ¡en qué nos descubrieron! – replicó el hijo mayor.

Con una palpitación acelerada en el corazón, el señor M se dispuso a narrar aquel secreto que sus hijos no recordaban por ser muy pequeños. Les contó que antes de llegar a la ciudad de plata, la cual estaba cubierta por un domo de una fibra delgada de cristal, su familia vivía en las dunas amarillas.

Las diferencias eran palpables, no solo en la distancia, sino también en la forma de vida. Era una región inhabitada, carente de servicios públicos y de la reluciente plata que adornaba cada espacio de la urbe donde ahora se encontraban.

Allá no existía la tecnología, estaban en contacto directo con la naturaleza, por la noche los cinturones de estrellas alumbraban sus veladas, a lo lejos percibían el antiguo planeta, sabían que se había consumido, pero no sabían por qué. Esos astros eran sus compañeros, el silencio era brutal, pero la familia vivió en calma durante cinco años.

Su choza estaba construida con palma de hoja verde y lodo crudo, tanto en las paredes como en el techo, que los cubría de la lluvia y el frío inclemente del anochecer.

En aquel sitio, su hogar estaba rodeado por cuatro montañas de arena dorada, lisa y tibia a causa del sol despejado en el día. A pesar de vivir en aquel desierto había un oasis justo enfrente de la casa.

Una laguna verdosa con matices azulados, era profunda y se encontraba rodeada de palmeras que daban deliciosos frutos; en ella, los niños podían nadar. Sin embargo, había una particularidad en toda el área de las dunas amarillas, puesto que al lanzarse a la laguna, en algún punto se conectaba con un portal teletransportador que los hacía caer como en una cascada desde el cielo.

Los niños se divertían tanto y disfrutaban de esas conexiones que se sumergían en la laguna no tanto para nadar sino para caer desde el cielo hacia el agua.

También podían lanzar esferas doradas tomadas de la arena hacia la fosa marina y verlas caer como una cascada amarilla desde el firmamento. Las coordenadas de ese oasis y las dunas sobrepasaban las leyes del espacio-tiempo, a los infantes eso no les importaba, era inofensiva la causalidad de aquellos sucesos porque lo que más deseaban era seguir jugando hasta que se ocultara el sol.

Además de aquellos fenómenos, si se acercaban a la duna del este, bajo la palmera más frondosa, podían lanzar cualquier líquido y la gravedad no aplicaba en ese punto. Las gotas que debían caer en la arena cuando se derrama el agua, quedaban suspendidas en partículas como si fueran canicas que podían mover con sutileza.

La señora G también disfrutaba de estas transformaciones de la gravedad, el espacio y el tiempo. Su regocijo era muy particular, pues al salir por la puerta trasera de la casa caminaba 500 metros, colocaba en la dorada tierra un almuerzo preparado para su esposo y en instantes el señor M lo recogía en la duna del oeste, ello sucedía en la temporada en que salía a recolectar madera o frutas de la hectárea más fructífera.

Así gozaban del desequilibrio perfecto de las leyes planetarias, vivían exiliados de la civilización robótica en la que se habían convertido los demás y mantenían su vínculo con la naturaleza, pero no todo fue alegría.

Un lunes caluroso, ocurrió la tormenta de arena más poderosa que habían presenciado jamás, en ese momento el señor M decidió que tenían que regresar a la ciudad, además era necesario que los niños comenzaran su educación e interactuaran con otros de su misma edad.

Tras esta revelación a través de las palabras de su padre, la hija comenzó a recordar de manera vívida aquellos días de arena y partículas amarillas que flotaban en el aire. De los saltos desde el cielo y de las risas con sus hermanos al rodar por la arena aleonada.

– Ahora lo recuerdo todo, dijo con algunas lágrimas de nostalgia.

El señor M agregó que cuando llegaron a la ciudad se enteraron que los demás catalogaban aquella zona en la que vivían como un área contaminada. Puesto que no comprendían los fenómenos sobrenaturales que ocurrían ahí, las personas se concentraron en ciudades cubiertas por aquellos domos, donde la tecnología se desarrolló cada vez más y tomó el control de sus vidas mientras que el contacto con la naturaleza se censuró.

La pareja decidió que era preferible no recordar aquellos años, sus hijos siendo muy chiquitos lo olvidarían mientras continuaban su vida en la urbe de cristal, con sus edificios altos y plateados, donde todo tipo de invención con inteligencia artificial predominaba.

Todo transcurría con normalidad, pero el señor M había estado teniendo extraños sueños, o más bien pesadillas, donde un grupo de altos funcionarios descubría la existencia de mucha gente infiltrada en la ciudad, gente que había vivido en esos lugares y que era necesario eliminar.

Esa tarde en el trabajo, el señor M había escuchado las últimas noticias, aquellas zonas de dunas doradas, las cuales había en demasía en el planeta, eran zonas intoxicadas por contacto alienígena. Los terranos habían contaminado esos lugares con basura espacial y agujeros negros que no pudieron controlar, pero el planeta se había adaptado a ello.

– ¿Y eso por qué nos afecta? Ellos son los que han destruido nuestro planeta, dijo el hijo menor.

– Todo sería diferente si hasta ese punto hubiera llegado el descubrimiento, pero ahora el gobierno ha decretado que todas las personas que tuvieron algún contacto con esa zona también están infectadas. Sus cuerpos, al igual que el planeta, se han adaptado y no saben cómo reaccionarán en el futuro, así que nos quieren eliminar – concluyó el señor M ocultando su temor.

Era eso, la pesadilla se había hecho realidad y tenían que escapar. No permitiría que lastimaran a su esposa o hijos al confinarlos en cámaras de observación, haciendo experimentos con ellos para comprender las leyes alteradas de la naturaleza.

Al terminar de escuchar las últimas palabras de su esposo, la señora G tembló de nuevo de nervios y sintió un frío que recorría su espalda, así que apuró a sus hijos para guardar todo y prepararse a partir.
El señor M ya había hablado con el señor T, un viejo amigo, él los ayudaría a salir de la cuadra principal de la ciudad para llevarlos a su casa, donde desarrollaba servicios de tecnología, y se encontraba alejada de multitudes.

Su sobrino llegó con el señor T a las siete de la noche, ambos trabajaban con algoritmos de información para crear nuevos y mejores servicios que vendían a las compañías de la ciudad.

No tienen por qué temer, les dijo su sobrino. Años atrás cuando supo de su regreso a la ciudad, el joven prometió ayudarlos siempre, puesto que eran la única familia que le quedaba.

– Vamos a ir allá a la cuadra del sur, donde no hay muchos habitantes y podremos disfrutar sin que los persigan – alentó el primo.

– ¿Seguro que vamos a estar bien? – preguntó en susurro tembloroso el hermano mayor para que sus hermanitos no lo escucharan.

Tomando la mano de su hija, la señora G respiró de manera profunda, debía normalizar su respiración antes de dejar la casa. Aunque usarían los atuendos que los ayudarían a camuflarse, necesitaba controlar su exhalación.

Por fin, cubiertos con las capas que el señor M había adquirido no hace mucho tiempo, salieron por la parte de atrás y se subieron al transporte que los condujo hacia la gran casa marmoleada. Su sobrino y el señor T ganaban mucho dinero desarrollando aquellos servicios que eran aplicados por toda la ciudad, por lo que contaban con un espacio inmenso para recibir visitas.

La tercera helada cayó esa noche, la temperatura descendía y el aire rasgaba sus mejillas mientras salían del transporte que flotaba con las luces intermitentes para no llamar la atención en la calle.

Al abrir la puerta, mientras los niños corrían con su primo a una habitación llena de juegos de realidad virtual, los adultos se quedaron conversando en la sala de estar, la cual estaba flanqueada por altas columnas de mármol blanco, del mismo material del piso.

Platicaron sobre dejar en definitiva la ciudad plateada, no podían quedarse ocultos para siempre, tal vez aún tenían una oportunidad de regresar a las dunas y sentir la tibieza de la arena. La pareja invitó al señor T y a su sobrino para fugarse con ellos, pero era una jugada arriesgada.

Estaban a punto de dormir cuando escucharon las sirenas estridentes de la guardia oficial. Los vidrios retumbaban y la señora G sintió sobre sus pies cómo crujía la tierra. En sobresalto todos se reunieron en la sala y temieron lo peor, solo les quedaba esperar.

Afuera los enormes felinos moteados con dientes de sable aguardaban las indicaciones de los vigilantes para entrar a la casa y llevarse a la familia a las cámaras de observación. Rugían hambrientos de poder.

– Aguarda unos segundos más – exclamó el vigilante – mientras el moteado felino volvió a rugir con fuerza.

La hija estornudó una vez y esto hizo que su codo resbalara de la mesa de la cocina.

– Deja de fantasear tanto – dijo su mamá.

Suspiró de manera profunda y se alegró de que estuviera en su hogar, con la estufa encendida cocinando el pollo, con el agua corriendo de la llave al lavarse las manos. Poco a poco iba dejando atrás aquella opresión en el pecho.

Aquel bostezo largo donde los ojos son visitados por algunas traviesas lágrimas había hecho que la hija tuviera esa visión, donde en otro mundo los humanos habían contaminado un planeta y ahora una familia era capturada por eso.


El guitarrista insurgente Varona

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Por Sergio Martínez


Play: Eres la reina en cada ocasión y todos bailan a tu alrededor, yo me conformo con llegar a ser tu bufón, no te das cuenta de que estoy aquí, hago mil gracias para conseguir, una sonrisa que me lleve a ser tu bufón…


Nombre: Francisco José López Varona (Madrid, 1957).

Profesión: Músico, compositor, arreglista y productor musical.

Primera guitarra: Se la regaló su madre.

Ha compuesto canciones para: Luz Casal, Ana Belén, Christina Rosenvinge, Ana Torroja, Quique González, Manolo Tena, Martínez Ares y Miguel Ríos entre otros.

Discos:
·       Pancho Varona, editado en 1995.
·    Carabina 30 30, junto a Antonio García de Diego, José Antonio Romero y Jaime Asúa editado en 2011.

Ha producido discos para: Joaquín Sabina, Estopa, Amaral, Pasión Vega, Lucas Masicano, Luis Ramiro y Gabinete Caligari.

Equipo de futbol: Atlético de Madrid, compuso el himno del centenario del club: Motivos de un sentimiento.

Play: Voy gritando tu nombre, por las calles vacías, y toda la ciudad me escucha menos tú, cuando te tengo cerca, doy saltos de alegría, y toda la ciudad sonríe menos tú, y la ciudad entera que es hostil y que es fría, se ha vuelto compañía…

Ha compuesto más de cien canciones, confiesa tenerle un cariño especial a: Ruido, Peces de ciudad, Sin embargo, La del pirata cojo, Contigo, Y no me importa nada, Esta boca es mía.

Libros: Más de cien verdades (2012). Pociones (2019).

Bandas preferidas: Led Zeppelin, King Crimson, Pink Floyd, Police.

Sobre John Lennon: […] Mira, a mí John me parece el personaje más importante de la música de todos los tiempos. Por supuesto que fueron muy importantes Bach o Beethoven, pero la música que más me gusta, la que más me hace llorar, la que me remueve las tripas es la de John.

Se ha definido a sí mismo: Yo sé lo que soy: un músico al que le gusta estar dos metros detrás y dos metros a la izquierda de Joaquín (Sabina). Eso es lo que me gusta, ese es mi lugar en la vida, que bastante bonito es. Lo demás son cosas que me va regalando la vida y, como son regalos, los agradezco mucho.

Pancho ha dicho sobre Joaquín Sabina: […]  porque es mi hermano mayor, porque es mi compadre, mi referencia, porque es todo. Me ha enseñado casi a respirar. A leer, a escribir, a componer canciones, a viajar. Él es un maestro y yo un aprendiz.

Sabina ha dicho sobre Pancho: “Pancho Varona, mi hermano y sin embargo amigo, no es un gran instrumentista que brille por su digitación. Lo que tiene Pancho es que es un extraordinario músico que tiene una cabeza perfectamente diseñada para transmitirle a mis otros músicos el alma de las canciones que yo quiero hacer”. […] es mi andamio, mi todo.

Play: Tú juegas a quererme, yo juego a que te creas que te quiero, buscando una cuartada, me das una pasión que yo no espero. Y no me importa nada. Tu juegas a engañarme, yo juego a que te creas que te creo, escucho tus bobadas, acerca del amor y del deseo…



*Toda la información de este texto fue tomada de diferentes entrevistas realizadas a Pancho Varona, pertenece a sus autores y medios originales, se publica aquí, sin ánimos de lucro.

El cantautor Pablo Delo lanza sencillo “Tu mirar”

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Pablo Delo es un cantautor mexicano nacido en la ciudad de Puebla, de tendencias musicales enfocadas en la trova contemporánea, pop y balada romántica. En 2012 realizó sus primeros versos a guitarra y voz, creando una figura musical basada en vivencias personales y el dolor ajeno.

Dos años después participó en conciertos de canción de autor denominados "Peñatour" en diversos foros poblanos donde pudo compartir escenario con Iván García, Miguel "El Méndez" y Marco Rojas, entre otros.



Recientemente ha lanzado "Tu mirar", primer sencillo de su nuevo material, producido por Iván Carrillo, productor musical y guitarrista de "Los Yonkis"; en donde con un conjunto de canciones desarrolladas en el camino, explota la lírica y emociones de cada pieza formando una estética musical que deja de lado la "guitarra y voz" para la realización discográfica.

El disco llevará por título "Fantasmas" y llegará a finales de junio de este 2020. Contará con algunas  colaboraciones sorpresa y estará disponible en las diversas plataformas digitales. La producción se realizó bajo el sello "Casa Yonki" y el arte del material corrió a cargo de Israel Díaz "CHK".

"Es sepultar el tiempo compartido que no llega a un lugar con un alguien de momentos cortos y reales".

Hugo Segovia y su reinvención melódica

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Por Erick Araujo

Hugo Segovia o como algunos lo conocen ‘Poyo Segovia’ es un cantautor originario de Delicias, Chihuahua. Inició su carrera en la música con apenas 12 años al recibir su primera guitarra acústica, escribiendo junto con ella increíbles canciones que han cautivado a miles de personas que lo han llegado a escuchar. Optando por líricas de desamor, algunas otras de amor y sin dejar atrás las que salen del corazón al par de un instrumento análogo.

Con más de 15 años de carrera, Hugo Segovia no ha parado de hacer música y en estos últimos ha publicado un álbum homónimo y con su nueva producción titulada Perfectos Extraños ya ha lanzado tres adelantos  Aire, Inquieto Corazón y Más Que Perder. Donde tras pasar por un pop/rock alternativo en su antecesor (Hugo Segovia) se reinventa en un jazz melódico para su nueva placa transformando el pleno goce de los instrumentos y la asombrosa interpretación que da como resultado un deleite auditivo.



Son precisamente estos elementos en su conjunto los que hacen que Poyo Segovia cuente con una increíble fanbase por toda la República Mexicana y además algunos cuantos países de Latinoamérica que lo apoyan incondicionalmente.

El artista muestra su lado más íntimo a través de la música y cuenta con hits como Antes de Colgar, ¿En Dónde Estás?, Decirte Te Amo y sus más recientes sencillos donde encontrarás Tu Nombre, Rencor, Aromas y Soy Pésima Idea

No pierdas la oportunidad de escuchar a Hugo Segovia, su exquisito repertorio y ahora su nueva propuesta de jazz melódico en sus últimos lanzamientos.

Un gesto fútil y estúpido: La historia de Doug Kenney

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Por Eduardo “Tío Lalo” Pérez

Las películas cuyo inicio se antecede con la frase “basada en la vida real” me causan ruido desde antes de verlas, pues aunque siguen un patrón que las hace entretenidas y familiares, este “molde” con el que parecen estar hechas casi todas las películas del género, crea un producto pesadamente inspirador que llega a sobrepasar el límite de la credulidad: Los protagonistas son personas ordinarias, víctimas de la sociedad o de su propio contexto, que alcanzan, con esfuerzo, superación personal y una excesiva cantidad de drama y giros inesperados, alguna aspiración a la que anhelaban toda su vida. Por último y no menos importante, antes de los créditos, se muestra una leve remembranza de la vida actual del personaje y/o de su legado. El mensaje es claro: aún empezando desde abajo, puedes tener éxito si te lo propones y si superas tus propios límites. O mejor aún, un mensaje un poco más discreto: En la vida real, puedes tener éxito.

No necesitamos ver un metraje de dos horas para saber esto y, sin embargo, funciona. Todos hemos visto películas de este tipo y es innegable que mostramos una sonrisa al final del filme, pues el protagonista ha alcanzado su sueño (si no fuera así, ¿por qué hacer una película de su historia?), tuvo el éxito que anhelaba y, sobre todo, fue el héroe de un relato que parece estar muy cerca de la cotidianidad del espectador. Las cintas de este tipo son inspiradoras y sencillas de digerir, sin embargo, llegan a ser tan predecibles que dejan de ser disfrutables. A menudo, desde el comienzo de la cinta, ya sabes el final e incluso, si eres un conocedor, lo habrás sabido desde antes de que la película fuera filmada. Esto no necesariamente es un problema pues, a estas alturas, parece que hemos visto todas las tramas posibles y, lo que realmente compramos, no es una historia original, sino una forma original de contarnos la misma historia.

Es en este punto donde Un gesto fútil y estúpido: La historia de Doug Kenney, acierta demasiado. Esta película biográfica distribuida por Netflix nos cuenta la vida de Doug Kenney, un estudiante de Harvard que asciende entre las editoriales estadounidenses para convertirse en fundador de National Lampoon, la revista de humor negro y sátira más exitosa de Norteamérica. Sin embargo, el camino al éxito traerá consigo una serie de demandas por el contenido soez y polémico de sus publicaciones, así como los constantes vicios que desviarán al protagonista de sus principios morales. La trama tiene grandes parecidos con famosas biopics como Rocket Man o La Red Social, siendo esta última con la que comparte más semejanzas, por sus escenas reflexivas sobre la metamorfosis del hombre a la figura pública y el contraste entre el hambre de poder y la lealtad hacia los seres queridos.


Por esta precaria descripción, la historia podrá parecer familiar. A pesar de ello, la narrativa destaca por parodiarse a sí misma. El narrador es el protagonista en su versión adulta quien, a lo largo del metraje, reflexiona sobre su propósito, sus decisiones y el impacto de sus atropelladas relaciones en su trabajo y en su vida; al mismo tiempo que reconoce ser parte de una película, alterar la historia para dramatizar los hechos, audicionar actores sin importar su parecido con las personas a las que representan y ser parte de los clichés más comunes de este tipo de filmes. El estilo cómico está balanceado, pues rompe la cuarta pared para comunicarse directamente con el espectador y hacerlo parte de la historia, mientras retoma bromas de las más icónicas publicaciones de National Lampoon. Cabe destacar que este estilo humorístico no es para todos los públicos, pues algunos chistes pueden resultar altisonantes, desagradables y hasta ofensivos para las audiencias más conservadoras, por el alto grado de acidez e irreverencia que caracterizó al protagonista.

Otro punto a favor de la cinta es el final, del cual no pretendo dar demasiados detalles. Basta con decir que realiza una reflexión profunda sobre el verdadero legado de Doug Kenney: su capacidad de provocar sonrisas en la gente que lo rodeó. El tercer acto enfatiza la importancia de esta herencia como la máxima expresión de trascendencia humana: el humor, el gozo y la alegría. Me atrevo a decir que su mensaje supera al de las biopics tradicionales, siendo impactante y, al mismo tiempo, contundente: en la vida real, lo único que vale la pena es la felicidad que das. Aunque los guiños a la revista National Lampoon son indiscutiblemente más disfrutables si se conoce el material original, no es necesario para comprender a qué hacen referencia, pues la película te lleva de la mano a través de los varios mensajes que pretendía satirizar. Asimismo, si no conoces la historia de Doug Kenney, te recomiendo no investigarla antes de ver la película, para disfrutar los giros en la trama y la increíble narrativa.

La película es recomendable; entretiene, divierte y reflexiona. No puede evitar caer en muchos clichés, pero toma caminos adversos para hacer de esta biopic algo diferente y, sobre todo, fresco para una historia que podría resultar ya conocida. Por más discutible que pueda ser el género, está joya escondida de Netflix cumple su objetivo: dar al espectador una muestra de alegría de la vida real y, a cambio, obtener un gesto fútil y estúpido.

Gatsby: el fin o el comienzo del “sueño americano”

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Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |

Con toda esta locura pandémica, algunos nos hemos dado la oportunidad de reencontrarnos con algunos libros y películas que creemos imprescindibles en nuestras vidas y que cada que los releemos y/o volvemos a ver y escuchar, adquieren significados o simbolismos diferentes. O simplemente afirmamos por qué nos gustan tanto, ¿cierto?

No es ningún secreto (y más bien, a estas alturas me parece una obviedad) que mi libro favorito sea ‘El Gran Gatsby’. Escrito en 1925 por F. Scott Fitzgerald, uno de los máximos representantes de la literatura estadounidense de inicios de Siglo XX –y que formó parte de la ‘Lost Generation’-, aquel que apadrinó el término ‘jazz age’. Les cuento que en semanas recientes, he andado en modo muy ‘serendipity’ con el buen Fitz, releyendo Gatsby (por quinta ocasión) y ‘A Este Lado Del Paraíso’; terminando la recopilación de ensayos post mortem titulado ‘The Crack-Up’; terminando también ‘Flappers and Philosophers’ y, por qué no, viendo una vez más ‘Midnight In Paris’ del controversial Woody Allen, como especie de cereza en el pastel. Es francamente una delicia poder reconectarse con todo aquello que a uno verdaderamente le apasiona y sobre todo, dejar que dicho arte ‘nos hable’ y continúe inspirándonos.  

Seguía yo en mi ‘mood roaring twenties’, cuando me apareció en Facebook (sí, literal me apareció) la página de un documental llamado ‘Gatsby in Connecticut; The Untold Story’, escrito y dirigido por Robert Steven Williams y Richard Webb, quienes se propusieron ‘sacar’ a la literatura a la calle y descubrir por qué la comunidad académica estadounidense se ha empeñado en negar que las ‘semillas’ de ‘El Gran Gatsby’, surgen en realidad en el puerto de Westport en Connecticut y no en Long Island como siempre se ha creído, inspirados en el artículo de 1996 de Barbara Probst en ‘The New Yorker’. Y, mientras miraba y buscaba toda esta información en la página de Facebook, me aparece a la vez una invitación al webinar titulado ‘Reimagining Gatsby’ que tendría, entre otros ponentes, a Blake Hazard ¡la mismísima bisnieta de Scott y Zelda!


Imagínense cómo me sentí. Era evidente que me inscribiría cuanto antes y que esperaría con ansias un viernes de mayo a las tres de la tarde. Pues bien, llegó el tan esperado día y créanme que valió mucho la pena. Para empezar, el panel estuvo compuesto de cuatro interesantísimas personas (además de Robert, el director del documental): Blake, la nieta de Fitz y Zelda que es cantante, artista, escritora, etc; la doctora Maureen Corrigan, autora del libro ‘So We Read On: How The Great Gatsby Came To Be And Why It Endures’; Michael Cotey, escritor y director de teatro quien montó la versión de 2016 de ‘El Gran Gatsby’ para la Universidad Northwestern; y finalmente, el profesor Kirk Curnutt, director ejecutivo de la fundación/asociación Fitzgerald y docente en la Universidad Troy, en el campus Montgomery (además de poseer el afro canoso más awesome que he visto). 

El webinar comenzó con un cachito del documental de Robert y vaya que ayudó a ponernos en un estado de ánimo ad hoc para lo que se avecinaba. El video es el final del documental, la última página de ‘El Gran Gatsby’ leída por Sam Waterston, actor que interpretó a Nick Carraway en la versión fílmica de Gatsby de 1974 (donde también la protagonizaron Robert Redford, Mia Farrow y Bruce Dern). El videíto, es una mezcla entre ilustraciones animadas, la melancólica voz de Sam y la también melancólica música, aunado a las bellas y poéticas palabras de mi querido Fitz. Admito que, como buena chillona que soy, lloré un poquitín nada más por la pura emoción que transmiten esas últimas líneas del libro.



Después del video, y de mencionar que gracias a la pandemia el documental no pudo ser estrenado en estas fechas (te odio un poquitín más COVID-19), inició una plática –muy amena- acerca del legado de ‘El Gran Gatsby’; se abordaron una rica variedad de temas como la producción y adaptación de la novela al teatro, de cómo Gatsby es el maravilloso ejemplo para entender la visión del mundo a través de los ojos de Fitzgerald, del fracaso tan rotundo que tuvo la novela la primera vez que fue publicada, de los personajes, etc. etc. etc. Pero hubo tres tópicos que llamaron más mi atención en toda la hora y media de plática y que me gustaría compartirlos a continuación:

Michael Cotey, quien dirigiera la versión teatral universitaria de Gatsby, habló sobre el reto tan grande que implicó hacer el ‘casting’ para el papel de Jay Gatsby, ya que si bien tenía (tenemos todos, de hecho) una idea/ constructo de cómo es físicamente el personaje gracias a las pocas descripciones que hay en el libro y a actores como Leonardo DiCaprio y Robert Redford, deseaba hacer algo no tan convencional. Tenía ya seleccionados a dos actores: uno, que de alguna manera perpetuaba con dichos convencionalismos físicos, y otro que no. Este último, es un actor de ascendencia mexicana llamado Eddie Sánchez que, en una de las últimas facetas de preproducción (previo a ser seleccionado), le platicó a modo de confidencia a Michael que entendía realmente a Gatsby en el sentido que durante toda su preparatoria, había intentado ser quien no era al negar de dónde venía, al negar su historia personal al tener papás inmigrantes y donde básicamente no se sentía nada cómodo siendo fiel a su esencia o como dirían los gringos, ‘in his own skin’. Así que Eddie tuvo que ‘blanquearse’ de muchas formas para tratar de encajar con sus demás compañeros. Y esa es básicamente una de las tantas esencias del libro: ninguno de los personajes se siente cómodo siendo quien realmente es y en el caso específico de Gatsby, tratar de borrar por completo su pasado para construirse una vida supuestamente mejor mediante apariencias. Una de las tantas razones de por qué adoro el libro, es gracias a lo atemporal que es.

‘The american dream is beautiful but maybe not achievable’.

En un momento de la plática, Kirk Curnutt lanza una pregunta un tanto controversial que me pareció de lo más interesante y muy digna de ser reflexionada y debatida: ¿es moral que nosotros como lectores ‘celebremos’ o ‘ensalcemos’ el glamour de Gatsby cuando esta novela critica en cierto sentido el materialismo estadounidense y lo repele? Wow. Es un tanto complicado para mí responder de manera parcial a dicho cuestionamiento, cuando para mi cumpleaños 30, organicé una fiesta con temática de los años 20; cuando he escrito decenas de artículos sobre la ‘Era del Jazz’; cuando escribí un artículo sobre cómo influyeron las flappers en el feminismo a través de la moda. Menos mal, la doctora Maureen y Blake tuvieron respuestas bastante atinadas y que les plagiaré si algún día alguien me la pregunta (sorry Maureen, sorry Blake):


“La novela tiene que mostrar de alguna manera, lo atractivo que es el materialismo estadounidense con el fin de demostrar y hacernos ver lo tramposos y vacíos que suelen ser todos estos 'objetos’ huecos y brillantes que ultimadamente, nos conducen a la nada”, a lo que Blake añade: “[…] creo que la luz y la oscuridad coexisten de manera perfecta en el libro; hay un balance que nos enseña cual maligno y trágico puede ser el sueño americano de no alcanzarse”. Qué mujeres tan chingonas, qué bonito caray.

Blake Hazard platicó acerca de la novela gráfica oficial de ‘El Gran Gatsby’: su proceso creativo, las colaboraciones con la ilustradora Aya Morton y el escritor Fred Fordham, entre muchas otras cosas. Hazard también charló acerca de que en realidad ella nunca estuvo muy conectada a sus bisabuelos porque en casa, tanto su mamá como su abuela (Scotty, hija del clan Fitzgerald), nunca hablaban sobre el tema; decidieron vivir una vida muy diferente a la de sus predecesores y no fue hasta bien entrada la universidad, que Blake comienza a interesarse por las obras de Scott y Zelda (en las preparatorias estadounidenses, ‘El Gran Gatsby’ es literatura obligada y a Blake, en su colegio, ni siquiera se la mencionaron). Pues bien, aquí es donde platica que a partir del próximo año, es decir el 2021, los derechos (el copyright) de la novela expirarán, lo que significa que cualquiera podrá publicar el libro, adaptarlo a una película, convertirlo en una ópera o representar un musical de Broadway sin pagar por dichos derechos.  "Estamos muy agradecidos de haber tenido el libro bajo derechos de autor, no solo por los beneficios bastante obvios, sino por tratar de salvaguardar el texto, guiar ciertos proyectos y tratar de evitar los desafortunados", dice Blake. "No sabemos con exactitud qué es lo que vaya a pasar en el futuro; estamos vislumbrando un nuevo período y tratando de verlo con entusiasmo, sabiendo que algunas cosas emocionantes pueden venir". Si bien hemos sentido que Gatsby ha sido parte de nosotros de alguna manera, ahora podremos hacerlo aún más nuestro, y aquí es donde me imagino a un Gatsby negro, o a una Daisy en silla de ruedas, o a un Nick bisexual, o a una Jordan inmigrante y West Egg ubicado en algún barrio mexicano del Bronx. Un sinfín de posibilidades existen para la considerada ‘gran novela americana’ y eso emociona bastante.

Scott Fitzgerald murió a los 40 años solo y olvidado; sumido en el alcohol, en la depresión y rodeado de todos y cada uno de sus demonios y traumas, sin haber alcanzado la gloria que tanto aspiró, sin haber cumplido su ‘american dream’, recurrente en la mayoría de su trabajo. Me he imaginado muchas veces a Fitz viajando por el tiempo (muy al estilo del ‘Ministerio del Tiempo’) y siendo testigo del impacto que tuvieron sus textos en tantísima gente y en diferentes tipos de arte. Me lo imagino pero, nunca he logrado concretar su reacción. Pues bien, toca esperar a ver qué otras maravillas nos aguarda mi Gran Gatsby.

La NASA, neutrinos y la posibilidad de un universo paralelo

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Un equipo de científicos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) dieron a conocer la posibilidad de la existencia de un universo paralelo en donde las leyes de la física serían contrarias a las que conocemos, todo esto tras encontrar evidencia de un nuevo tipo de partícula -inclasificable de momento- que ha abierto el debate dentro de la comunidad científica en torno a esta hipótesis.

Este hallazgo fue posible gracias a un estudio que realiza la NASA en el Polo Sur desde 2016, y cuyo objetivo se basa en el registro sistemático de los rayos cósmicos que llegan al planeta del exterior, y que son captados por la Antena Antártica de Impulso Transitivo (ANITA).

Este objeto situado a 37 metros sobre el suelo antártico mediante un globo de helio, se encarga de detectar las partículas subatómicas que llegan a la Tierra con una fuerza increíble, acercándose a la velocidad de la luz y que son conocidas como neutrinos cósmicos de ultra energía (UHECR).



Al chocar con el hielo, estas partículas emiten ondas de radio tras la explosión de otras partículas secundarias en un fenómeno conocido en física como efecto Askaryan.

Sin embargo, en uno de sus vuelos, ANITA detectó un evento extraordinario en donde uno de esos neutrinos no produjo el efecto habitual de "choque y ruido" sino todo lo contrario, como si dicha partícula estuviera emanando de la tierra hacia el espacio, lo cual en principio es imposible de acuerdo a las leyes físicas conocidas hasta el momento.

Peter Gorham, responsable del estudio ha manifestado que este fenómeno puede ser evidencia de la posibilidad de un universo paralelo en donde el tiempo transcurre a la inversa, argumentando que el Big Bang no sólo dio origen a nuestro universo que sigue una línea recta en el tiempo, sino que simultáneamente se crearon otros universos con diversas temporalidades.

Otros miembros de la comunidad han pedido mesura en torno a esta afirmación y aunque reconocen que el descubrimiento es asombroso, únicamente se podría tratar de un nuevo tipo de partícula que aún no figura en el modelo estándar de la física de partículas. Aunque es necesario realizar más estudios en torno al caso, de momento es un descubrimiento emocionante para la ciencia y más aún para los amantes de la ciencia-ficción.
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