Mostrando las entradas con la etiqueta Colaboradores. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Colaboradores. Mostrar todas las entradas

Febrero también es para los corazones ansiosos: volver a "Punch-Drunk Love"



Retrovisión | Por Alberto Preciado

No sé cuántos de ustedes eligen qué películas ver según el momento del año que atraviesan. Seguramente algunos tienen sus rituales de películas o capítulos de serie cada Navidad o Día de Brujas. Quizás también los tengan para fechas llenas de cursilería, como el mes de febrero. Y, la verdad, ¿quién no disfruta echar una que otra lágrima de felicidad al ver que los protagonistas cierran todo el drama con el beso esperado? ¿Cuántos no soñamos con ser Heath Ledger cantando Can’t Take My Eyes Off You, o mejor aún, con que Heath Ledger nos la cantara a nosotros? Estoy seguro de que más de uno aprovechó estas fechas para llorar con Postdata: Te amo, con la tragedia romántica de Rose y Jack en Titanic, o conteniendo la respiración ante la última mirada en La La Land.

Películas para disfrutar en febrero hay muchísimas —para gustos, colores—. Pero hay una que pasó medio desapercibida en su momento y que todavía hoy muchos no incluirían en sus listas cuando algún reportero de Letterboxd, en su imaginación, les pida dar sus cuatro películas de amor. Y es justamente de esa película de la que quiero hablar en esta Retrovisión.

Pocas películas han combinado la efervescencia del Hollywood clásico con los ritmos frenéticos de la vida moderna con tanta audacia como Punch-Drunk Love. Paul Thomas Anderson construye el retrato nervioso de un vendedor de destapadores de inodoros cuyo mundo se ve perturbado por un nuevo romance. Su estilo —como en muchas de sus obras— se manifiesta en un enfoque musical audaz, en una cámara que también narra, y en actuaciones memorables.

Adam Sandler ofrece aquí una actuación extraordinaria en un momento en que ya era un gigante de la comedia. Si por casualidad esta fuera la primera película que vieras de él, pensarías —estoy seguro— que estás frente a uno de los grandes.

Algo que después confirmaría en Uncut Gems o Spaceman. Barry, su personaje, está lleno de ansiedad, tristeza y problemas de ira. Durante toda la película, la cámara invasiva nos muestra su soledad. Anderson logra ponernos los anteojos de una persona ansiosa: la música, los ruidos del almacén que rugen como dinosaurios, las puertas y las llamadas telefónicas que van y vienen sin dejarnos respirar. Por momentos, vemos el mundo con ojos de terror. Todo esto con un lente sutil y bello.


Al inicio, Barry debe decidir si quedarse con un armonio que aparece frente a él tras un accidente. Así también aparece el amor: de manera inesperada. Debe decidir qué hacer con esa oportunidad. Sabemos que tiene siete hermanas —sus propios jinetes del apocalipsis— que invaden su privacidad, le dan órdenes y lo menosprecian. En una reunión familiar intenta mostrarse cordial, pero la tensión se percibe en su sonrisa rígida y en sus ojos inquietos; de pronto, estalla y patea las puertas de vidrio.

Este es su patrón: presenta al mundo un rostro de alegre insipidez y luego irrumpe en explosiones de violencia frustrada. Ni siquiera empieza a comprenderse a sí mismo. Siempre está a la defensiva, inseguro, vagamente amenazado. La hostilidad que en otras comedias de Sandler se disfraza de humor aquí se revela en su forma más cruda.

La película se vuelve sumamente disfrutable al observar a un Sandler liberado de la fórmula de la risa fácil, revelando un actor con verdadera profundidad. En el universo de Anderson, las personas se encuentran por azar y por necesidad, no por exigencias del guion. Barry conoce a Lena Leonard (Emily Watson), una ejecutiva dulce y de mirada intensamente concentrada. Se gustan de inmediato.

A lo largo de la película, el protagonista es perseguido por el amor: ese color rojo que lo sigue en forma de Lena, anuncios y flechas, intentando curar el azul que parece simbolizar su tristeza. Mientras tanto, Barry lidia con la absurda persecución de una empresa de sexo telefónico de Utah.

Uno de los momentos que más disfruto es cuando Barry viaja a Hawái. De repente comprende que él también puede ir tras el amor. Ese entendimiento repentino —que no estamos condenados a la tristeza— es algo que también disfruto de la vida. Barry descubre que el amor puede ayudarle a enfrentar sus problemas y nos regala la frase: “Tengo un amor en mi vida que me hace más fuerte que cualquier cosa que puedas imaginar.”

Punch-Drunk Love es, ante todo, el retrato de una personalidad herida. Barry Egan ha sido dañado, quizá más allá de toda reparación, por lo que percibe como las depredaciones de sus hermanas dominantes. Lo enloquece que la gente se entrometa en sus asuntos. No soporta que lo traten con ligereza. Su mundo está lleno de presagios inquietantes y situaciones desconcertantes. El personaje está retratado con gran viveza, y la película simpatiza con él en su desmesura.

Al final, vemos cómo el amor derrite su ansiedad, y Barry decide que no puede vivir una vida sin Lena.

Esta película entra en mi lista de febrero por mostrar, de forma magistral, cómo el amor nos persigue incluso cuando estamos demasiado asustados para darnos cuenta. A veces basta con atrevernos a dar un paso. Porque, como Barry descubre, no se trata de dejar de sentir miedo, sino de avanzar a pesar de él. Y quizá por eso, en Hawái —o en cualquier lugar donde decidamos intentarlo— el aire siempre puede oler a flor.


Como mordida canina e infernal

 

Por Franco García |


A Céline Degardin

L'Amour Est Un Chien de L'Enfer
(Crazy Love)
Dominique Deruddere
Bélgica, 1987


Ya lo decía el gran poeta maldito y narrador norteamericano Charles Bukowski, que el amor era como un perro del infierno. Vivir enamorado nada bueno nos traería. Era peor que el alcohol o las drogas. Bukowski, que supo moverse en el bajo mundo de Los Ángeles, California, comprendió que el verdadero amor rugía desde las entrañas y que pocos son los valientes que deciden ingresar a las fauces del infierno. Porque el amor quema, arde, ruge, desgarra, muerde y te asesina lentamente. Con una narrativa seca y sin tantos artificios literarios nos aleja de todo cliché para aceptar la cruda realidad. Pero Bukowski también era un nostálgico y romántico. Sus poemas lo evidencian. Su dolor y su fracaso en el amor lo llevaron a escribir unos textos magistrales, verdaderas obras literarias. El gran poeta del fracaso, el santo patrono de los perdedores.

Contaba con más libros de poesía que de narrativa, pero ambos talentos lo llevaron a ser un maestro del mal llamado “realismo sucio”. Mucho se ha hablado de él y, pese a sus imitadores y críticos, su obra sigue más vigente que nunca.

Dominique Deruddere (Turnhout, Bélgica, 1957), cineasta, actor y productor belga, llevó a la pantalla grande uno de sus mejores filmes inspirado precisamente en uno de los más memorables libros de la poesía norteamericana: El amor es un perro del infierno. Poemas 1974–1977. Fue en 1987 cuando L'Amour Est Un Chien de L'Enfer se estrenó en los cines de Estados Unidos (traducida como Crazy Love), convirtiéndose en una de las primeras películas flamenco-belgas en salir del país. Aunque no tuvo buenas críticas, hoy podría considerarse una obra de culto debido a su poca difusión y conocimiento. Y sería bueno considerarla, extraerla de los archivos muertos para homenajearla, brindarle el respeto que se merece toda obra de arte. Un clásico del cine belga que no debe morir.

Porque Dominique Deruddere logró lo que pocos cineastas europeos llevan a cabo: fusionar poesía y cine, un género híbrido, quizás. Adoptó y adaptó los textos literarios de Charles Bukowski a su mundo cinematográfico. El actor Josse De Pauw, quien interpreta a Harry Voss, realizó un papel modesto y maravilloso. Es el personaje principal y una clara personificación de Charles Bukowski.

Desde la infancia hasta la etapa adulta, Harry Voss atraviesa por una vida cruda. Un padre alcohólico y una madre sumisa, viviendo en un hogar pobre de Bélgica. Pese a esa desgracia, Harry Voss idealiza el amor. Se enamora de una ilusión a temprana edad e intenta mantener relaciones sexuales con la madre de un amigo mientras ella duerme borracha en su cama y fracasa. Son los primeros acercamientos y descubrimientos a su vida sexual. Llegada la adolescencia, se enferma de acné quístico crónico que lo aleja de las mujeres y, de nueva cuenta, intenta mantener relaciones sexuales con una mujer en un auto pero sufre el rechazo por no ser atractivo físicamente. No sólo su vida sentimental comienza a ser reprimida, sino también la sexual.


Al pasar los años, siendo adulto, se vuelve alcohólico, callejea pero no deja de buscar el amor en cada rincón de su pueblo. Cree en él, mantiene un poco la esperanza a flote. Podrá ser un fracasado, pero lucha contra las crudas pruebas de la vida. Tiene un solo amigo, Stan, interpretado por Michael Pas. Junto a él emprenden entonces una nueva aventura para buscar ese “amor loco”, su verdadero amor.

Al pasar los días se encuentran con el cadáver de una mujer hermosa y lo roban, entre broma y broma, para aprovecharse de ella. Un acto necrófilo desde luego. Pero Voss, al contemplarlo, no puede con algo así; es imposible que algo tan bello acabe sin sentido. Es injusto para el recuerdo de la chica de sus sueños, lo cual nos demuestra que todo hombre tiene traumas infantiles, fisuras en su alma. Hasta que termina suicidándose en el Mar del Norte con ella.

Sin duda, es una historia compleja, con una atmósfera tétrica que lleva al espectador a adentrarse en la mente y corazón de Harry Voss y cómo el rechazo, el romanticismo, el fracaso y la enfermedad nos conducen a nuestros límites, a tratar de llenar vacíos existenciales.

La propuesta de Dominique Deruddere también nos lleva a cuestionarnos: ¿de qué está hecho el amor entonces para Voss? Con toda seguridad, de vísceras, alcohol, desesperación y agonía. ¿El amor debe ser una batalla constante? ¿Por qué no rendirnos? ¿El amor todo lo puede y supera?

Enamorarse puede aterrorizar, llevarte a la locura y posiblemente pocos se atreven a entregarse por completo. Nadie quiere compromisos porque quizás implica subordinarse. Nadie quiere enamorarse porque quizás enferma o porque quizá al primer error que cometas huyan y te dejen con el remordimiento de por vida.

El amor muerde, desgarra, ruge, quema, arde, destroza; pero también aúlla durante las noches frías e infernales. Charles Bukowski entendió a la perfección este dilema por el que atraviesan los seres humanos. Amar y ser amado es lo ideal, lo justo; pero para él el valor está en amar, y no importa cuántas veces te hayan roto el corazón: sólo hay que amar y ya.



Samuel Herrera: la borrachera después del drama


Alejandro Carrillo 


El año pasado el dolor tenía nombre y canción. Dallas, de Lázaro Cristóbal Comala, era ese sitio al que uno llega cuando ya no queda nada por decir, cuando el silencio pesa más que cualquier palabra. Era quedarse quieto, solemne, estoico, en medio del derrumbe. Pero incluso el drama más respetable se desgasta. A veces no sana: se vuelve costumbre. Y entonces uno necesita otra cosa. Algo que no niegue la herida, pero que tampoco la convierta en altar. Ahí apareció Samuel Herrera.

Samuel no discute el dolor: lo tutea. Su música no viene a redimir a nadie ni a ponerle nombre bonito a la tragedia. Si Lázaro es la habitación cerrada, Samuel es salir por unas chelas “nomás para despejarte” y terminar hablando de lo mismo, pero riéndote un poco de tu infortunio. Es el drama visto a la mañana siguiente, cuando ya sabes que exageraste… pero tampoco tanto.

Este cantautor duranguense se ha colocado como una de las voces más honestas del folk norteño: un territorio donde conviven el rock fronterizo, la música norteña mexicana y una lírica que entiende que el desamor también puede contarse sin pose. En su sonido hay acordeones y armónicas, sí, pero también guitarras eléctricas que no piden permiso. Y, sobre todo, letras que no subestiman al escucha ni le prometen revelaciones profundas a cambio de sufrir tantito.

Su historia es la clásica, sin épica artificial: secundaria, guitarra autodidacta, bandas de covers, y el inevitable hartazgo de repetir canciones ajenas. Samuel decidió escribir las suyas. Desde Pura pinchi tragedia (2020), grabado plena pandemia de tristeza, fue puliendo una voz que no busca quedar bien, sino decir las cosas como salen, incluso cuando salen medio chuecas.


En las sobrias, en las ebrias y en las crudas (2023), un disco que funciona casi como manual no autorizado del despecho cotidiano, aparece Convénceme, quizá una de sus canciones más representativas, donde el amor no se plantea como destino sino como tregua breve, negociable y perfectamente consciente de su fecha de caducidad.

El disco cuenta con colaboraciones de Anthony Escandón y del propio Lázaro Cristóbal Comala, en una especie de alianza no declarada entre cronistas del despecho y se mueve entre la cantina, el cuarto propio y la resaca moral del día siguiente, con letras que no dramatizan el fracaso amoroso, sino que lo observan con una mezcla de lucidez, humor seco y resignación norteña. No hay promesas eternas ni discursos grandilocuentes: hay vinilos girando, acuerdos tácitos y la aceptación —nada heroica— de que el “para siempre” casi siempre dura menos de lo que uno quisiera admitir.

Si vuelves que sea para siempre / aunque el siempre solo dure un par de meses / pues yo no soy de ti, mucho menos tú de mí / escuchemos vinilos de Invasores este fin…

Nada de promesas eternas ni finales trágicos. Solo acuerdos temporales, vinilos girando y la certeza de que nadie pertenece a nadie, aunque a veces finjamos que sí.

Esa claridad se siente con fuerza en Altibajos (2025), su más reciente disco de estudio, donde colaboran Juan Cirerol y Andrés Canalla. El álbum se mueve con soltura del rock folk al rockabilly y de regreso al ranchero, cargado de acordeón, armónica y electricidad en las cuerdas. Pero el verdadero voltaje está en la lírica: desamor, despecho y resignación, sí, pero escritos con un cuidado poco común dentro del regional mexicano. Aquí no hay frases de calendario ni moralejas disfrazadas de canción.

Aunque muchas de sus canciones hablan de desamor, Samuel no posa de mártir. Observa, escucha, toma nota. Muchas historias no son suyas, sino de amigos, conocidos o desgracias ajenas vistas en redes. Convertir eso en canción no es terapia: es oficio. Y también una forma de reírse un poco de lo mucho que nos gusta sufrir.

En vivo, su propuesta termina de cerrar el círculo. Samuel puede tocar en un foro independiente, una feria, una carne asada o una cantina sin pretensiones. Entre covers de Los Cardenales o de Alfredito Olivas se cuelan sus canciones, y cuando el público se da cuenta, ya está cantando algo nuevo. Luego vienen los stickers, los códigos QR, el “síganme en Spotify cuando estén bien crudotes”. Marketing emocional, pero honesto.

Este año, Samuel Herrera inicia gira por ciudades como Zacatecas, Torreón, Saltillo, Durango y Monterrey, acompañado de su banda Los Trágicos del Norte —nombre que ya dice mucho y no se toma demasiado en serio—. La invitación es simple: escuchen su música, vayan a verlo en vivo, síganle la pista a través de sus redes y juzguen ustedes mismos.

Si Lázaro canta para quienes quieren quedarse quietos en el dolor, Samuel canta para quienes ya entendieron que tampoco hay que exagerar. Que el drama se puede afinar, sí, pero también rebajarle tantito al volumen.

Samuel Herrera no viene a salvar a nadie. Viene a recordarnos, con una sonrisa ladeada y una canción bien escrita, que sufrir está bien… pero sufrir con estilo y un poco de ironía siempre se agradece.


“Una más para el camino”, un abrazo de Fernando Marlo para soportar la vida


Entrevista por Iván Gutiérrez | Fotos: cortesía del artista


En lo personal, no sé qué sería de mí sin la música real, la que viene de heridas reales, de sentimientos vividos en sangre y hueso, de esa poesía sonora que nos recuerda que sí: la vida vale la pena ser vivida por esos destellos de belleza. Por lo general, mucha de esta música no llega a las masas, y por el contrario, se esconde en ese lugar llamado “el underground”. La ventaja de habitar este subterráneo sonoro es que ahí existen joyas impresionantes de música real, por ejemplo, el nuevo EP de Fernando Marlo“Una Más Para el Camino”. 

En una entrega de 6 canciones nuevas este compositor regiomontano lleva el sonido del folk mexicano a uno de sus picos más excelsos, demostrando que la música no está muerta, sólo está echándose un par de tragos en alguna cantina olvidada por Dios mientras la humanidad sigue aferrándose a su autodestrucción. Con ustedes, una conversación con Fernando Marlo, autor, poeta, amigo y hermano de canciones que nos mantienen vivos. 

***

Iván: Fernando, queremos saber todo sobre tu nuevo EP, ¿cuándo fue que lo compusiste? ¿por qué salen estas canciones juntas y no separadas? ¿por qué se llama así?

Fernando: Las canciones de “Una Más para el Camino” las compuse en diferentes momentos de mi vida… hay canciones como “Bella Mujer” y “Canción para un migrante” que ya tenía ganas de publicar, pero no las inclui en el primer álbum (Canciones desde el Sauce) porque sentí que eran conceptos diferentes, y mi idea era hacer un álbum que fuera más coherente entre sus canciones. Otras composiciones las terminé después, hace un año compuse “No me gusta quien soy” y “Morí en silencio”, esas salieron en la primera gira que hice para promocionar “Canciones desde el Sauce”. 

Me ha pasado algo muy curioso, que siempre en los álbums queda una canción que no estaba planeada, en el primero fue “Pajarillo”, y en esta fue la de “Abrazo de aguamiel” esa fue la última que compuse y terminamos por incluirla como un bonus track, es una canción muy bonita que merecía ser contada.

La idea era hacer un EP que fuera muy cantinero, con canciones de nostalgia y tristeza, y bueno sobre el nombre del EP,  “Una más para el camino” es la forma en como se despiden mis amigos, al momento de terminar una peda o reunión; tengo un amigo que se llama David que toca conmigo, y antes de despedirnos siempre decimos “vamos a echarnos una última para el camino”, ya sea una cerveza o un cigarro. Me gusta mucho esa forma de despedirse porque nunca sabes si lo vas a volver a ver, entonces brindar por última vez con esas personas me gusta mucho, siento que eso transmite la esencia del EP.

I: ¿Cómo llegaste a esa sensación musical tan pura con la que representas el amor en “Bella Mujer”? Se siente en los instrumentos, los coros y violines... en el piano increíble.

F: La mayoría de mis canciones hablan de tristeza, nostalgia, son muy melancólicas, entonces sentí que si hablaba del amor quería hacerlo de forma peculiar y siendo sincero, sin mostrarme tan cursi… "Bella Mujer" termina siendo el romance completo, es una historia fragmentada con base a la forma en como mis papás se conocieron, está inspirada en su historia… la verdad no he tenido muy buena suerte en cosas del amor, no me considero que haga muchas canciones de amor, tampoco se me da muy fácil, pero quería contar esa parte de la historia más bonita de amor que yo conozco, que es la de mis papás.

I: ¿Tú estuviste a cargo de los arreglos en el EP? 

F: Cada quien hizo lo suyo, en el EP participaron muchos músicos. La producción la hizo  Fernando Galindo, mientras que Choco Maldito estuvo en el bajo, Silvio Alberto en el piano, en el chelo Jonathan Galvan (ya habíamos trabajado juntos en el primer álbum). En coros volvió a participar Isabel Montoya con la dulzura de su voz, ya que me gusta mucho su profundidad… la forma en que transmite y cómo siente la canción.

Me tocó a mí componer letra y armonía, pero cada uno de los músicos fue agregando su propio granito de arena y la verdad me gustó mucho hacerlo así porque se lo tomaron muy en serio, se metieron mucho en la canción, de subirse arriba de ella y hacerla suya, pienso que es muy bonito cuando le das esa libertad a los músicos de expresarse en la canción. 

En el último tema, “Abrazo de Aguamiel”, Efraín de la Rocha (Niño Van), se aventó toda la instrumentalización, grabó bajos, guitarras, hizo coros, y la batería la grabó Sebastian Fragoso; creo que tuve la suerte de coincidir con grandes músicos, muy talentosos, que me permitieron contar con ellos para darle color a las canciones.  

I: “Abrazo de Aguamiel”es una gran canción, ¿de donde surgió? Siento como si estuviera escuchando justo un canto campesino, pero contemporáneo… ¿Cuéntanos, quiénes son Bacilio y Arturo Gómez?

F: En el estado de Hidalgo hay un lugar que se llama La Pila… toda la comunidad se llama Azoyatla, y ahí hay un lugar que se llama Escuelita Arturo Gómez Moedano. Tuve la fortuna de conocerlos, y en cada vuelta a CDMX iba a visitarlos: me hospedaron, me hicieron parte de la familia, y en el transcurso de esa calidez que tuvieron conmigo, conocí lo que hacían, que era promover la cultura del maguey, su cuidado, la producción del pulque y todas las tradiciones a su alrededor, lo que se obtiene del maguey, del maíz, que ellos siembran, y se me hizo muy bonito porque es una escuelita que busca enriquecer a los campesinos de la comunidad brindándoles una educación para que puedan aprovechar mejores sus tierras, producir mejor el maguey, 

Para producir el pulque hay que cuidar por años el maguey, para que te salga el aguamiel y ya luego el pulque, momento en el que el maguey tiene que morir. Es toda una experiencia de vida muy bonita, y lo que hacen ahí se me hizo muy merecedor de poderlo contar: lo que ocurre ahí es una historia que merece ser contada.

Hablando un poco de Arturo Gómez, impulsó mucho el arte, el trabajo de la tierra, tenían algo que se llama Los Tamuines, un tipo de moneda local que implementaron en la comunidad con la que podías ir a comprar maíz o frijol a tu vecino, era algo muy hermoso porque el Tamuin no estaba respaldado por petróleo ni oro ni nada, sino por horas de trabajo, entonces los campesinos solo por trabajar y producir tantos costales de frijol, tenían derecho a tantos Tamuines, y ellos conservaban su producción pero también obtenían estos Tamuines y podían usarlos para pagar. 

Fue tanto el impacto que el Banco Nacional de México los persiguió y hubo todo un proceso, un juicio, sobre esta historia, porque pensaban que era un lavado de dinero, pero en verdad era una moneda respaldada por trabajo, se me hizo muy impresionante, y Arturo Gómez formó parte de esto, él murió en la Pandemia, fue algo muy duro, yo conocí la escuelita hace un año y medio, y pude escuchar la historia de Israel Garnica —el fundador y mejor amigo de Arturo—, conocer los motivos de la fundación de la escuela, verlo levantarse temprano y trabajar hasta tarde… entonces una de las fechas de la gira ahí la cerramos, y parte del público era la familia de Arturo, y aunque no tuve el gusto de conocerlo, se que fue una gran persona, todo el pueblo habla de él y de Basilio, un gran pulquero al que le decían Juan, a quien también nombramos en la canción. Es una canción de ofrenda, una pequeña contribución a la grandeza de lo que hacen.


I: Platícanos de tus influencias, sé que te gusta mucho Lázaro Cristóbal, Iván García… se siente en la vibra de desdicha encantadora de tus canciones 

F: Lazaro para mí es uno de los referentes, Iván García también, ambos tienen letras increíbles y sólidas, la forma en que transmiten… creo que también tengo mucha influencia de Nacho Vegas. Este EP lo quise hacer muy apegado al folk y la onda cantinera, y pues estos personajes también tienen mucho de esto, también por Juan Cirerol, que tiene letras muy buenas… y he ido conociendo músicos de folk que me gusta mucho, por ejemplo, una de las canciones que tengo “Morí en silencio” está completamente influenciada por la canción de Ay Gregorio! “Prefiero Mentirme Otra Vez”. Creo que la vida te va poniendo con las personas correctas, vas conociendo proyectos más sólidos y todo eso inspira, es como decir yo también quiero hacer canciones que tengan trasfondo. 

Una de las razones por las que pude hacer el EP fue por la colaboración con Niño Van en la canción “¿Y tú qué harías?”, un bolero, al haberlo hecho me hizo agarrar más confianza para hacer “Bella Mujer”, que termina siendo un bolero romántico. 

I: “Cancion para un migrante” es increíblemente dura… una realidad que vivimos en la frontera, donde la gente va a buscar un mejor futuro y termina siendo asesinada… 

F: Me impactó mucho ver las caravanas de la gente migrando hace años. Poco a poco la ciudad de Monterrey se fue llenando de gente de Honduras, Venezuela, El Salvador, Haití, y en este peregrinar, por alguna razón nos encontrábamos en el camino, y terminé conectando con esas personas. Al momento que me contaban sus historias y lo que tuvieron que pasar para llegar aquí se me hacía muy impactante, la canción está dedicada a una amiga que es de Venezuela, ella tuvo que migrar y estando acá perdió a su papá, que se quedó en Venezuela y murió por falta de un medicamento que acá es muy accesible, murió de una infección, y la impotencia de ella, por no poder hacer nada, no poderlo ayudar ni tener la posibilidad de despedirse de su papá, esas historias son muy duras, entonces la canción es con mucho respeto, busca hacernos reflexionar sobre que todos somos iguales y que todos somos migrantes potenciales, y podríamos vivir una historia igual de dura que la de ellos, entonces es eso, hablar con honestidad brutal lo que representa la migración para muchas personas, que luego van por el sueño americano y mueren en el desierto, es horrible… por un balazo en la cabeza, como dice la canción, es una realidad que pasa mucha gente. 

I: "No me gusta quien soy", me parece una hermosa oda a la soledad, me siento en tu vida ahí, viéndote despertar ojeroso y empezando otro día de mierda, un trago de la noche anterior por ahí, con cierto autodesprecio también…

F: Es la canción que más me identifica como persona del EP, muchas veces me da esa sensación de no estar cómodo con quien soy, de no sentirme orgulloso de los errores que he cometido, de levantarte y que te cueste verte en el espejo, creo que nos puede llegar a pasar a muchos, a veces me da por cuestionarme si realmente estoy haciendo lo que quiero, si estoy cómodo siendo como soy, es… como la canción espejo, me muestro tal cual soy, creo que lo necesitaba, era un medicamento para mí, mostrar esa parte honesta, ser brutalmente honesto y decir “me estoy quedando sin amigos y no me gusta quien estoy siendo”, esta onda de a veces sentirte tan vacío y tan solo, creo que es lo que hace la canción tome mucho sentido. 

I: “Dónde estás mamá” la sentí como un folk con toques country-rock y coros hasta como de gospel… ¿Cómo llegaste a ese sonido?

F: Es una obra con Isabel, que sabe darle al punto. “Dónde estás mamá es una canción que compuse para mi papá cuando murió mi abuela, yo lo escuchaba llorar en el baño y decir “dónde estás mamá”, a mí me impactaba ver que mi papá no lloraba frente a nosotros y que se encerraba en el baño… la compuse en el 2014 y no había tenido oportunidad de sacarla. Ahora que murió mi mamá… pues se me hizo muy loco porque terminó siendo una canción para mí, terminó siendo una especie de cura para estos sentimientos de tristeza, y nada, salió el 2 de noviembre y fue una ofrenda para el altar de mi madre. 

I: ¿Algunas palabras finales que quieras compartir con los lectores y escuchas? 

F: Espero que con este EP sientan un abrazo de aguamiel con alguna de las canciones, creo que las canciones llegan en el momento en que tiene que llegar, se descubren cuando se tienen que descubrir, ojalá que sirva para abrazar el alma de quien lo necesite en ese momento. De mi parte tienen toda la honestidad y la calidez que a veces no se encuentra en otro lado, en estas canciones ahí les estamos regalando un soporte a la vida. 

Alberto Aguilera Valadez, las dimensiones de un artista llamado Juan Gabriel

Por Sergio Martínez


Debo, puedo y quiero (Netflix 2025) documental de José María Cuevas, nos muestra a Juan Gabriel en primera persona, a veces desde la mirada y voz de Alberto, otras desde la figura del artista que despliega voz, baile y su peculiar personalidad para cantarle a la vida.

Construido principalmente con videos caseros personales, llamadas telefónicas, entrevistas, presentaciones y material de diversos programas televisivos, el documental nos lleva de mano por la vida del Divo de Juárez, desde sus inicios en aquella ciudad fronteriza, la cúspide de su carrera en unos memorables conciertos en Bellas Artes que levantaron ámpula en la entonces comunidad culta de México hasta el multitudinario cortejo fúnebre también en Bellas Artes.

Alberto siempre supo que él y Juan Gabriel llegarían al éxito total con sus canciones, no se explicaría de otra forma que cámara de fotografía y de video en mano, capturaría toda su vida, abajo y arriba del escenario.

El talento de José María Cuevas es crear un ensayo visual donde el espectador descubrirá mientras el documental avanza, como Alberto construye a Juanga. Son las vicisitudes de su vida, el amor por su madre, su difícil infancia, el inicio de su fama, la crítica a su personalidad, sus estados emocionales entre otras cosas, el combustible de dónde vienen sus canciones, piezas musicales que han permeado en múltiples generaciones y algunas se han vuelto himnos que se entonan todos los días en cualquier casa, funeral, cantina, karaoke, o en intimidad para confesar algún dolor, o el gozo del amor.

Entre las varias perlas que nos muestra el documental de cuatro episodios, podemos ver su correspondencia personal, cartas, dibujos, y letras de canciones con borrones y rectificaciones de puño y letra; que nos muestran piezas claves de la vida de Juan Gabriel.

La magia de Alberto fue escribir canciones, que conectaron instantáneamente con el público y se volvieron parte de su memoria sentimental, eso nos cuenta el documental, la vida de un artista, las dimensiones humanas de Alberto Aguilera Valadez, que se amalgaman y se imbrican con Juan Gabriel y lo hacen uno de los artistas más queridos y cantados de México y Latinoamérica.




Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero.
Dirección: María José Cuevas.
Guion: María José Cuevas, Manuel Alcalá, Eduardo Donjuán, Álvaro de la Lama.
Producción: Laura Woldenberg, Ivonne Gutiérrez.
Fotografía: Axel Pedraza.
Compañía productora: Mezcla.

El destino es redondo: Sísife

 


Por Pablo Rodríguez | Fotos: Eka Ríos


A inicios de los ochenta, el dramaturgo Samuel Beckett llevó a televisión cuatro seres que ejercitaron el vacío. Cuerpos que no podían rozarse y que, sin embargo, trastocaron todo. Como recuerdo y partida de esta obra de Beckett, Sísife es una puesta dancística que busca recorrer el espacio escenográfico e íntimo de sus espectadores. Esta pieza, encabezada por Selene Beltrán y David Flores Ortega dimensiona el movimiento de la ya conocida piedra de un Sísifo que nunca llega a la cima. Ahora, una Sísife nos muestra su danza, juego o condena alrededor de un destino redondo que es, al mismo tiempo, todas las formas y ninguna.

Selene y David, como en un poema de Wisława Szymborska, tocan una piedra ya no para saber una respuesta, sino para preguntar. En escena vemos dos cuerpos que se empujan, cargan, equilibran y se dejan caer. Cuerpos que se infligen a ellos mismos con la intención de saber dónde termina uno y empieza el otro. La interpretación, así, se abre: una danza que con sus juegos de luces y música muy al estilo de Takashi Kokubo, recorre la densidad de las cosas que, simbólicamente, cargamos: el amor, el deseo, el futuro, el tiempo, la frustración y todos los nombres, nuestras piedras y pasiones posibles.



Resaltan, entre las interacciones de les dos bailarines, el juego con la piedra: una que les dobla el diámetro y altura, hecha de retazos que, más que utilería, es sujeto vivo. Vemos tensos hilos que la rodean; brazos y piernas que sobresalen ante cualquier movimiento. Una redondez que no termina porque pertenecemos a ella, a sus (nuestros) fragmentos. Les bailarines se rodean y son rodeados por la piedra; giran y el aire les sostiene; dimensionan el peso y, con lentitud, saben nombrar las pieles que son, que fueron y que serán. Tal vez esa sea la metáfora que brilla entre las respiraciones de los cuerpos en movimiento: la única manera de habitar el cuerpo presente es volverse su propio peso, dimensionar qué tanto se piedran (sí, como verbo, no como sujeto) las demás pieles.

Y como quien mira la cuesta y no teme volver a empezar, Sísife se recorre a sí misma y su intención no es llegar a ningún lado. No hay inicio y fin, como en los trazos del Quad de Beckett: hay una con-tensión hacia el centro. La piedra que somos para nosotres mismes y para les demás es arrojada, pero también abrazada, fundida en silencio: un caracol que viaja hacia su centro. Un volver a empezar cada que agachamos la espalda y una carga nos espera.


“SÍSIFE / Las pieles que hemos sido” se presentó el viernes 28, sábado 29 de noviembre y los próximos viernes 5 y sábado 6 de diciembre en el Foro de Arte y Cultura como parte de la programación de Habita la Escena Jalisco 2025. Boletos disponibles en la boletera voyalteatro.

 

 

Pablo Rodríguez (Xalapa, Veracruz, 1997)

Poeta, gestor y editor. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la UV. Becario del PECDA Veracruz, del Curso de Creación Literaria para Jóvenes de la f,l,m. y del Festival Cultural Interfaz, los tres en el área de poesía. Textos suyos han aparecido en medios digitales e impresos como Periódico de Poesía, La Revista de la Universidad, La Razón, Casa del Tiempo, Punto de Partida, Carruaje de Pájaros, Punto en Línea, Casapaís, entre otros. Ha participado en diferentes antologías dentro y fuera del país y ha encabezado proyectos de promoción del libro y de la lectura.

Con "Frankenstein", Guillermo de Toro echa mano del monstruo para reflexionar sobre la condición humana


Cinetiketas | Jaime López


Las dos ocasiones en que un servidor ha podido ver en pantalla grande "Frankestein", la nueva película dirigida por Guillermo del Toro, hubo espectadores que terminaron llorando después de leer la cita textual con la que el realizador tapatío cierra su propuesta.

Se trata de un fragmento de la poesía de Lord Byron, quien fue el que desafió a la prestigiado Mary Shelley, dramaturga británica y creadora de "Frankestein", a escribir un texto de terror.

La cita habla sobre los corazones rotos y su supervivencia en un mundo hostil, que justamente captura la esencia de lo que quiso transmitir Mary Shelley y Del Toro.

Con su característico estilo visual gótico, el "Frankenstein" del creador mexicano plantea una historia acerca del perdón y de tomar la decisión de continuar existiendo a pesar de nuestras heridas personales o familiares.

Para quienes no conocen la sinopsis, el protagonista de la historia, "Víctor Frankenstein", decide rebasar los límites de la ciencia y crear vida como si fuera un Dios moderno, debido a un episodio doloroso que tuvo en su infancia.

Dicho episodio fue provocado por el yugo de su padre, un médico extremadamente frío que estaba más preocupado por su imagen y el legado de su apellido, que por el bienestar de su vástago.

A partir de ese argumento, y capturando el espíritu de la novela de Mary Shelley, Del Toro propone un discurso sobre el rechazo, pero también sobre la capacidad de las personas para seguir teniendo esperanza y amor, a pesar de la violencia que hay a su alrededor.

Todo esto sin apartarse de su estilo lleno de fantasía, así como sin prescindir de sus escenografía y musicalización góticas.

Además, el cineasta no tiene temor en mostrar secuencias sangrientas, que contrastan con la elegancia de sus decoraciones, pero que visualmente hacen más atractiva su paleta fotográfica.

En cuanto a las actuaciones, Jacob Elordi logra rebasar las limitaciones del maquillaje para entregar una actuación llena de una sensibilidad epidérmica con su "Criatura", mientras que Mia Goth interpreta majestuosamente a "Elizabeth", metáfora de la inteligencia emocional o de la compasión en la historia.

Acerca de Oscar Isaac he leído opiniones encontradas, pero cumple con su personaje, aunque no resulta memorable, algo que se lamenta, porque es el que tiene la mayor parte de la historia en sus hombros.

No obstante, el "Frankestein" de Del Toro es una de las mejores propuestas fílmicas que se ha estrenado este año, la cual evidencia que, pese al paso de los siglos, las heridas y dolores personales siguen definiendo la condición humana.


"Dallas" de Lázaro Cristóbal Comala: todo lo que extrañas ya no existe



Por Alejandro Carrillo 


Hay canciones que no se escuchan, se sobreviven. Dallas, de Lázaro Cristóbal Comala, no ofrece alivio ni luz al final de la carretera. Es una canción que se sienta contigo cuando ya no puedes hablar, cuando solo queda mirar el suelo y aceptar que algo dentro se rompió para siempre.

No hay épica en su voz, solo un temblor cansado, una derrota que no pide perdón. Dallas suena como si alguien hubiera grabado el eco de un adiós demasiado largo. Huele a habitación cerrada, a ceniza, a una noche que no termina. Y en medio de esa penumbra, Lázaro pronuncia una verdad que duele como si la dijeran dentro de uno mismo:

Esta vez lo mejor es hasta aquí, no sé de ti y menos de mí, todo lo que extraño, todo lo que extraño, todo lo que extraño, ya no existe.

No existe. Qué frase tan simple y tan cruel. No hay poesía en eso, solo la precisión con que se nombra el vacío. Escucharla es aceptar que lo perdido ya no tiene cuerpo, ni rostro, ni regreso. Que uno también se disuelve un poco con lo que ama.

Musicalmente, Dallas suena a Nick Cave perdido en el desierto, a Johnny Cash mirando su propio ocaso, a Nacho Vegas buscando redención entre tragos, pero también a José Alfredo Jiménez: ese mismo impulso de beberse la tristeza y convertirla en canto. Lázaro hereda la escuela de los que entienden que el dolor no se supera, se afina. Su voz tiene la aspereza de la derrota y la dignidad del que canta para no desaparecer.

Dallas no busca consuelo, busca silencio. Es un lugar al que se llega sin equipaje, solo con el cansancio de haber querido demasiado. En su sonido hay un tipo de fe retorcida: la fe de seguir respirando aunque ya nada importe.

Yo escucho Dallas cuando necesito recordarme que no pasa nada si uno se queda tirado un rato. Que a veces hay que dejar que el dolor se acomode, que hable, que respire. Porque solo cuando todo se apaga, cuando no queda nada, empieza a existir una paz mínima, una soledad que ya no hiere.

Lázaro no canta para el público. Canta para los que no pueden dormir. Para los que alguna vez entendimos que el amor también tiene fecha de vencimiento. Y que a veces, sobrevivir consiste solo en quedarse quieto, mientras la canción nos hace compañía en lo que vuelve a amanecer, si es que eso pasa algún día.

"Camina o muere", crudo retrato sobre la explotación a los jóvenes y la gente de a pie



#Cinetiketas | Jaime López


La competencia encarnizada y el control de las juventudes por parte del Estado son dos de las ideas que forman parte de "Camina o muere", la adaptación fílmica del texto escrito por Stephen King, "The long walk" o "La larga marcha", por su traducción al español.

Se trata de una propuesta discreta y efectiva, que con poca publicidad, ha sido bien recibida entre la crítica mundial y la audiencia debido a su cruda representación del capitalismo y la desigualdad social.

Ello debido a que cuenta la historia de 50 adolescentes que deben caminar a una velocidad constante a lo largo de varios días y sin ninguna meta específica de kilómetros.

Quien baje su promedio de recorrido es amonestado y quien sume tres advertencias es ejecutado por los elementos del ejército que vigilan a los concursantes.

Muy al estilo de "El juego del calamar" y la saga de "Los juegos del hambre", el premio para quien se mantenga como la última persona viva es un apoyo económico.

Esa es la línea argumental que utilizan los creadores del filme para erigir una crítica contra el abuso de los poderosos hacia la población de a pie, pues se aprovechan de su necesidad financiera para controlarla a su antojo.

Junto con ello, el director de la película, Francis Lawrence, se encarga de representar a la clase dominante como un ente insensible y deshumanizado, que supervisa el concurso desde la comodidad de sus tanques.

Y además se las ingenia para transmitir oportunamente el cansancio, agonía y ansiedad de los participantes, que en su momento Stephen King plasmó de manera grandiosa en su novela.

En la obra audiovisual estrenada en septiembre pasado, Lawrence demuestra su oficio para los dramas distópicos, un estilo que consolidó en "Los juegos del hambre".

Asimismo, respetó la petición del aclamado escritor de obras de terror, quien puso como condición que solo daría luz verde a la adaptación cinematográfica de su historia sino matizaban la violencia de la misma.

Y así sucedió, porque en "Camina o muere" Lawrence exhibe las ejecuciones de los participantes de manera explícita, con la sangre salpicando la cámara.

Asimismo, no tiene temor de mostrar el excremento que sale de los traseros de los jóvenes, quienes no pueden detenerse a hacer del baño, porque eso podría costarles la vida.

Por otra parte, el también responsable de "Constantine" y "Soy Leyenda" logra construir un retrato acerca de la amistad masculina y la pérdida de la inocencia, apoyado por un elenco de rostros frescos, en donde destacan los protagonistas, Cooper Hoffman y David Jonsson.

Ambos transmiten una hermandad a flor de piel, que se ve acentuada por las condiciones extremas en las que se encuentran inmersos y, además, logran dar a los espectadores un aire de esperanza.



Letrinas: Ofrenda



Ofrenda

Alejandro Carrillo


resulta curioso el día de muertos, el altar de muertos en específico que cada año pone mi madre religiosamente en un rincón de la casa con la mayoría de elementos necesarios para llamar a los difuntos, agua flores sal pan y calaveritas, y ahí en el centro de la ofrenda la foto del abuelo flanqueado todos los años por el tequila siete leguas reposado que casi lo mata en múltiples ocasiones y por muy diversos motivos, y al otro lado la cajetilla de cigarros delicados que eventualmente lo matarían por fin y de una vez por todas, y que mi madre guarda desde hace años con el único y firme objetivo de ofrendarla en el altar, ya que ahora esos cigarros se llaman chesterfield y primero muerto el abuelo que fumarse el inexorable paso del multinacionalismo salvaje, y yo le digo a mi madre, madre tira ya esos cigarros que acabaron con el aire y la vida del abuelo, pues aunque no tengo experiencia alguna cruzando el inframundo no me gustaría emprender ese largo y sinuoso viaje tan bien descrito por los estudios disney pixar para encontrarme con la causa de mi muerte, pero parece que a mi madre no le importa revictimizar al abuelo chovinista y fumador y yo le digo que el tema es serio madre que debe ser tratado a la brevedad por la secretaría de cultura ya que puede lastimar las relaciones familiares interdimensionales del país pues bajo esa lógica habría que poner en el altar también el agua del río bravo que se tragó el tío felipe cuando quiso y no pudo cruzar la frontera o bien en un futuro algo lejano, espero yo, en la ofrenda de la abuela en vez de poner las gardenias que nunca le dio su marido, sería menester acomodar bien las botas de casquillo y el cinturón de cuero de su finado esposo que tras una vida de chingadazos muy probablemente desencadenó en la demencia prematura que tiene postrada a la abuela en una casa de retiro ¿de retiro de qué? de retiro de la vida, o bien en el altar de mi padre habría que poner un tren a toda máquina o una bayoneta o un sismo o un machetazo o una jauría de perros o un nido de ratas, o cualquier cosa que haya matado a ese viejo, porque yo no puedo, ojalá pudiera, ojalá esté muerto ese puto viejo, y la cosa se torna aún peor porque habría que situar, madre, un casquillo en los altares de kurt cobain de hemingway de jaime torres bodet de luis donaldo colosio y cuarenta capsulitas de barbitúricos para marilyn monroe ¿quién mató a marilyn? y otras tantas para elvira mi noviecita de la secundaria, y un montoncito de piedras para virginia woolf y otras tantas piedras más para mis amigos artistas contemporáneos muertos y el hashtag #metoo para mis amigos artistas contemporáneos vivos, y la negligencia del imss para doña amparo la de los jugos y la lista de espera de órganos para efraín, qué joven que era efraín, y mariposas monarcas para el señor activista defensor de las mariposas monarcas y así por todos los altares del país haciendo ofrendas inverosímiles con objetos inconcebibles, tan solo en esta ciudad se venderían kilómetros de soga para las festividades madre, imagínate a las familias viendo tutoriales en youtube para hacer con esa cuerda el nudo del ahorcado que debe llevar como mínimo seis vueltas y el número de vueltas siempre debe ser impar, madre, urge legislar porque por último pero no menos importante, tendría, con todo el dolor que me embarga, en verdad me vería obligado a colocar en el altar ese manjar emponzoñado que la vecina le dio a la gata el mes pasado, y en ese mismo orden de ideas en la casa de la vecina se verían en la penosa necesidad de ofrendar los dulces con vidriecito molido que les di a sus hijos ayer por la noche que vinieron a pedir dulce o truco y elegí truco, madre, elegí truco y siguiendo el curso natural de las cosas y el duro brazo de la ley, para el próximo año habrías de poner junto a mi foto un picahielo o un desarmador o cualquier filerillo en el mejor de los casos y en el peor de ellos la manga de un pantalón ¿sí se le llama así, madre? o un par de calcetines o una sábana hecha trizas o cualquier prenda que sirva para morirse en una cárcel, de momento se me ocurren esas ideas, y es que eso no puede ser madre, porque yo en mi ofrenda quiero molito con pollo y chicharrón en salsa verde. ac

Andrea Pizarro y su 'Manual del nuevo hidrocálido': instrucciones para sobrevivir al progreso inmobiliario

 

Reyes Rojas


Aguascalientes es la tierra de la gente buena, o al menos eso se dice desde que los alientos de la Guerra Fría, en 1949, llevaron a la administración en turno a que incluso un estado que no aportaba más del 1 por ciento del PIB nacional, tomara partido frente a la “amenaza comunista”. “Gente Buena” en ese entonces significaba ser católico y admirador del libre mercado.

¿Qué tan vigente será, hoy en día, dicha expresión? Esta pregunta es la que se hace la artista visual y escritora Andrea Pizarro. A partir de esta pregunta surge su Manual para el nuevo hidrocálido.

Pizarro no redacta un folleto turístico. Levanta un manual de supervivencia urbana con tipografías retro y consignas que invitan a “dirigirse a las torres”, expresión que hace alusión al crecimiento o boom vertical que tanto se vende como parte del supuesto y exitoso desarrollo del llamado Gigante de México.

Su Manual observa el centro de Aguascalientes, retrata la vivienda abandonada y parodia el lenguaje que promete plusvalía garantizada. El resultado no sermonea. Instruye con ironía.

Me pregunté qué tanta vivienda abandonada existía”, dice Pizarro durante la entrevista.

La pregunta guía el proyecto y sostiene el humor negro de los afiches, que exhortan a identificar al enemigo en los jóvenes con pensamiento crítico y sin posibilidad real de adquirir una vivienda digna. El enemigo no llega del exterior. Habita las políticas que celebran nuevas torres mientras calles rotas y multifamiliares cumplen cuarenta años en deterioro.

¿De dónde sale este manual?

Andrea Pizarro camina su ciudad, la estudia, recorre el primer cuadro y reconoce dos detonantes. Primero, la memoria ferroviaria y un pasado que imaginó progreso a toda máquina. Segundo, el dato duro: el INEGI reporta que, en 2020, había 70 mil viviendas deshabitadas en Aguascalientes. Ella añade un cálculo que circula en la conversación pública tras el caso La Pona:

Creo que al menos hay 100 mil viviendas abandonadas”.

Pizarro no presume certezas. Confirma en fuentes oficiales y levanta alertas visuales. El INEGI aparece como brújula.

La artista planea una siguiente entrega centrada en datos y cartografías. Por ahora articula señales: anuncios que prohíben estacionarse “ni por un minuto”, puertas selladas, fachadas que exigen atención. Los fantasmas urbanos no nacen del mito. Nacen de una red de servicios que se deteriora.

El manual no demoniza la altura.

Andrea lo aclara: Apoyo la vivienda vertical bien pensada”.

Su crítica apunta a torres que funcionan como oasis privados y separan barrios con muros y amenidades encapsuladas. Ese modelo densifica sin tejido y multiplica inseguridad, plagas y focos de infección en el entorno inmediato.

El lenguaje gráfico desarma esa promesa. En una lámina aparece un caballero con sombrero que apunta al lector:  “¡Hidrocálido! Es hora de salir a construir”.

En otra, dos jóvenes reciben la etiqueta de “promotores del reuso” por querer habitar lo existente. Con humor muestra la lógica del mercado: construir, vender, mantener vacía la propiedad para que la demanda nunca muera.

 

Esa lógica gana eco en discursos empresariales y académicos que hoy dominan la conversación regional. Hablan de eficiencia del suelo, densificación inteligente y ciudades de 15 minutos. Prometen plusvalía, liquidez y preventa como vehículo. Señalan que la gente ya no quiere vivir lejos y enfatizan que la verticalidad acerca servicios, oficinas y parques. Plantean tasas y seguridad como variables decisivas. El manual no discute los conceptos. Los interroga desde los vacíos que deja el entusiasmo.


Lo que dicen los números y lo que muestran las calles

El auge inmobiliario local no se entiende sin migración y empleo industrial. Distintas fuentes del sector insisten en una demanda creciente de vivienda; algunas incluso calculan más de 200 mil llegadas anuales a la entidad y proyectan una proporción 70/30 entre vivienda horizontal y vertical dentro del Tercer Anillo. El relato inmobiliario añade cinco argumentos recurrentes:

      Crecimiento del PIB de la construcción

      Protección contra la inflación

      Tasas en descenso

      Inversión extranjera al alza

      Estabilidad frente a la incertidumbre.

El Manual del nuevo hidrocálido coloca estos mensajes junto a escenas del centro histórico. En una página, la leyenda “Atención, ciudadano obediente” se sobrepone a la imagen de un inmueble sostenido con puntales, donde “hogares huecos” y “vagabundos en modo decorativo” conforman el panorama.

En otra página, un cuestionario pregunta: “¿Permanece encadenado al glorioso pasado que lo hunde?”. Andrea rehúye el choque frontal. Yuxtapone la promesa con la otra ciudad con preguntas que podría hacerse cualquier aguascalentense el día que el cura lo manda a rezar un padre nuestro:

El manual adopta el lenguaje comercial típico del curso express que ofrecen supervivencia y plusvalía garantizada mientras invitan a mantenerse alerta y evitar el mal gusto. La artista escribe con afiches, sellos falsos y logos de constructoras fantasma. La ironía funciona como antídoto contra la normalización.


Verticalidad sin burbuja: la propuesta detrás de la sátira

La propuesta de Pizarro no cancela la vivienda en altura. Redirige la conversación. Andrea es una aficionada, una experta autodidacta en cuestiones de urbanismo y arquitectura, y como tal propone usar primero lo construido, rehabilitar multifamiliares y casas del primer anillo, y después densificar con criterios claros: conectividad, movilidad activa, agua suficiente y mezcla de usos.

Ella pide espacios que integren colonias, no moles cerradas que bloqueen el barrio contiguo. El manual exhibe costos de no actuar. El abandono trae inseguridad, adicciones y trámites olvidados.

El manual recurre al detalle mínimo para mostrar esos costos: un letrero que amenaza con “se ponchan llantas”, una puerta con la marca “ni por 1 minuto”, un asiento público con el escudo local frente a un edificio descascarado. La composición sugiere una ciudad que mira hacia arriba y no mira sus cimientos.

Además, Pizarro recuerda la dimensión comunitaria.

Perdimos rituales”, explica. “Ya no organizamos posadas, rosarios ni redes vecinales”.

Ella admite que vive en un complejo y no conoce a todos sus vecinos. Esa confesión no moraliza. Dibuja un déficit relacional que la verticalidad podría agravar o reparar, según el diseño y la gestión.


Datos, archivo y ciudad vivida: el manual que viene

La autora no deja el manual como pieza única.

Quiero dividirlo en varias partes”, anticipa.

La próxima entrega exploraría bases de datos, mapas y series históricas. También quisiera construir un archivo urbano que hable de ex haciendas demolidas, cines cerrados o edificios públicos con arquitectura prehispánica reinterpretada. Ella valora ese patrimonio moderno y propone una lectura sin nostalgia.

El proyecto crece como diario de campo. Cada casa descubierta suma una página. Cada historia barrial abre un pie de foto.

“Me parece agradable hacer de mi vida aquí un proyecto”, dice.

La frase resume la metodología: caminar, escuchar, fotografiar y cruzar esas observaciones con estadística pública.


Entre el eslogan y la política del suelo

La conversación local impulsa la verticalización como solución a la escasez de tierra. Los manuales corporativos promueven preventa, amenidades y rentas institucionales. Las escuelas privadas actualizan programas para formar a la nueva mano de obra que construye en altura. La narrativa enfatiza eficiencia y sostenibilidad.

El Manual para el nuevo hidrocálido no invalida esa agenda. La complementa con una condición previa: habitar lo existente. Rehabilitar lo vacío reduce demoliciones, rescate de arbolado y huella hídrica. Y, sobre todo, teje comunidad donde hoy predomina la puerta cerrada.

Quiero entender mejor la ciudad”, insiste Andrea.

En el Manual el lector no recibe órdenes. Encuentra instrucciones que dudan. La ciudad ofrece promesas de velocidad y torres con vista. El centro reclama mantenimiento, política de vivienda y cuidado básico. Entre ambos extremos, la ironía de Pizarro abre espacio para una agenda mínima: contar las viviendas vacías, priorizar su rescate y diseñar verticalidad con barrio.

Andrea Pizarro elige la risa incómoda para reencuadrar la conversación. El manual, entonces, funciona como espejo portátil. Quien lo abre lee consignas y, al mismo tiempo, mira las calles que esas consignas ordenan olvidar.

El Manual para el nuevo hidrocálido puede consultarse en las redes de Andrea Pìzarro y de Neo Nada Estudio, un taller de producción arquitectónica arte y diseño con sede en Guanajuato.

 


 

Andrea Arellano Pizarro (Durango, 1998) es escritora y artista visual. Reside en Aguascalientes desde 2022, año en que publicó su primer poemario es posible amueblar una infancia, presentado en espacios como el CIELA y el Museo de Arte Contemporáneo de Durango. Su escritura dialoga constantemente con la arquitectura y las artes visuales, campos en los que también se ha formado.

© Copyright | Revista Sputnik de Arte y Cultura | México, 2022.
Sputnik Medios