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El devenir de Emir Kusturica


Jorge Tadeo Vargas | 


Aunque la carrera cinematográfica de Emir Kusturica no inicia en 1995, cuando ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes y el Oscar a mejor película extranjera por Underground, este fue el año que lo conocí y que comencé el recorrido hacia atrás de su trayectoria, buscando sus películas anteriores. Una rápida búsqueda en el incipiente internet de aquellos años y un amigo que vivía en la Ciudad de México me ayudaron con esto. Él las buscó, las consiguió y me las mandó vía correo postal en formato VHS hasta la ciudad de La Paz, que era donde yo estaba comenzando mis estudios universitarios.

Así fue como vi “Papá esta en viaje de negocios” (1985) con la que inició el camino hacia la internacionalización y el reconocimiento global, ganando su primer Palma de Oro y recibiendo su primer nominación al Oscar como mejor película extranjera. Esto con apenas treinta y dos años. También conseguí “Gipsy Times” (1988), que se convirtió en mi película favorita del director por muchos años, una belleza de lo absurdo y el realismo mágico, con la que hace una denuncia al racismo y la violencia hacia lo diferente, hacia aquellos que tienen una forma de vida distinta a la que el sistema nos dice que debemos de tener, una visión totalmente contraria a la visión occidental que impera en muchos directores de cine, incluso en aquellos que son críticos al sistema.

La tercera (aunque las conseguí en un mismo paquete) fue “Arizona Dream” (1993) su primera (y última) incursión en el cine norteamericano. Una comedia negra, absurda, muy a su estilo que no tuvo el éxito que pudo haber tenido, con un Johnny Depp logrando una de sus mejores actuaciones al lado del genial Jerry Lewis y la maravillosa Faye Dunaway. Con esta, mi colección de la filmografía de Kusturica estaba completa, claro que le sumaba Underground, con su maravillosa banda sonora y el espectacular poster que la acompañaba y que me agencié en el videoclub donde trabajaba. Solo me tocaba estar atento a sus nuevas películas.


Muchos años después conseguí (en DVD) ¿Te acuerdas de Dolly Bell” (1981) donde va mostrando su estilo de sobra conocido, lleno de una elegancia estilística propia de su forma de ver el mundo, su obsesión de enfrentar a sus personajes al caos mientras todo se va resolviendo entre lo absurdo y el realismo mágico. Tal vez esta forma de ver la realidad es lo que lo hace sentirse tan cercano a América Latina, pues entiende a la perfección este surrealismo arropado por la magia, del cual nos sentimos tan orgullosos.

Kusturica es un tipo difícil de descifrar, alguien que traduce de forma perfecta el caos y lo lleva a buen fin, a la par de ser un producto de sus propias contradicciones que lo persiguen para que las traduzca en forma de historias absurdas, hilarantes, esas mismas contradicciones con las que viene lidiando desde la desaparición de Yugoslavia.

Y es que el nacido como bosnio, musulmán, en algún momento tomó la decisión de reconocerse como serbio y se convirtió al cristianismo ortodoxo, a la par de iniciar un viaje al nomadismo que lo ha llevado a vivir en muchos otros países y ciudades. Es como se siente más cómodo, siendo un gitano sin patria que defender o de la cual renegar según sea la situación o las necesidades.


Tal vez es la razón por la que se siente como pez en el agua tocando y girando, primero con la banda punk Zabrajenjo Punsenje o en lo que se convirtió esta agrupación con el paso de los años que es la Emir Kusturica and the No Smoking Orchestra, su espacio seguro desde hace varias décadas y al que regrese siempre de que lo necesita, este espacio colectivo donde es uno más de muchos creativos a la hora de componer y tocar.

En 1998, sumaba a sus otros premios el León de Plata de la muestra de Venecia como mejor director por la película “Gato Negro, Gato Blanco”, una comedia absurda, negra, donde una comunidad gitana es la protagonista. Ambientada en las riberas del Danubio cuenta la historia, cual es su costumbre, de unos marginados que buscan desde su propia visión sobrevivir a este sistema. Aquí la banda sonora es parte fundamental de la historia por lo que toma un papel protagónico, a la par de la dirección de fotografía o de arte. Kusturica mantiene el absurdo, el realismo mágico para contar la historia de quienes sobreviven al borde de la sociedad poniendo en marcha su creatividad para engañar a los privilegiados. Todo esto desde la visión nada occidental que Emir tiene del mundo.

En 2001, estrena el documental Super 8 Stories, donde narra las peripecias de la banda a la que pertenece, los No Smoking Orchestra, mostrando la relación tan cercana que existe entre los integrantes, con lo que hace uno de los mejores documentales de música que he visto. Mas allá de la crítica que se le ha hecho, lo que retrata de manera muy objetiva es la convivencia diaria de una banda más allá de las actitudes y vicios de rockstar que siempre están presentes en este tipo de documentales. No es sobre la caída y la redención, es sobre el amor y la amistad.


Para 2004, regresa a terrenos de la “ficción” con “La vida es un milagro” y uso comillas para resaltar la palabra ficción pues el impresionante trabajo que hace con esta cinta para rescatar la memoria histórica de la guerra yugoslava, la convierte en posiblemente el mejor trabajo de Kusturica hasta el momento. Su objetividad, su madurez como cineasta, son muy claros, además de sumarle significativamente su rechazo a la visión cinematográfica e histórica occidental. Para él, el diálogo no es necesario, mucho menos demostrar algo a la hegemonía occidental (a la cual nunca le ha hecho reverencias). Su cine va más allá de ellos y su visión miope. Para cerrar con “La vida es un milagro” y la recuperación de la memoria presenta el corto “Blue Gipsy” (2005) dándole voz a los niños de la guerra en tan solo diecisiete minutos.

Para 2007, la comedia absurda, el realismo mágico, los marginados y su forma de enfrentar la vida son los protagonistas de la historia de “Prométeme” contando cómo se sobrevive en el borde, ese que el sur global conoce tan bien, lleno de muertos, desaparecidos, de violencia, la cual Kusturica sabe disfrazar muy bien, para soltarla en forma de humor negro, políticamente incorrecto.

Su gusto por el futbol y sus cercanías ideológicas, lo llevaron a filmar en el 2008, “Maradona by Kusturica”, un documental sobre Diego Armando Maradona y el culto que se vive en torno a él, no solo en Argentina, sino en todo el mundo. Aquí también da constancia de la cercanía del diez con cierto sector de la izquierda latinoamericana, y da constancia de ese apego ideológico. Este es un documento fílmico que intenta ser lo más objetivo posible, aunque también lleva mucha carga de sentimentalismo y parcialidad por parte del director, lo cual tampoco es un pecado, al final, el documental narra la historia de un personaje al cual Kusturica admira como jugador y como persona. De nuevo salen a flote sus contradicciones.


En 2014 retoma el cine de ficción participando en el ejercicio “Words with Gods” filmando uno de los nueve cortos de este proyecto fallido que intenta armar un diálogo sobre la existencia de Dios, el cual tristemente queda reducido a historias pretenciosas y faltas de ritmo.

Para 2016 regresa a la dirección con “On the Milky Road” y aunque su estilo se mantiene ha perdido de cierta forma esa visión absurda, de confrontación con el occidente, tal vez como producto de todos sus años viviendo justo en esos países, pero en esta película se le nota autocomplaciente, sin crítica, sin ofrecer nada distinto, incluso su decisión de tomar el rol protagónico junto a Mónica Bellucci, se siente forzado, lejos de lo que nos había dado. Este es posiblemente el peor ejercicio cinematográfico de su carrera, ni siquiera el soundtrack es capaz de salvarlo, tomando en cuenta que para Kusturica esta parte siempre ha jugado un papel importantísimo a la hora de contar sus historias.

Desde 2016 no ha regresado a filmar ficción, aunque en 2018, regresa al terreno de los documentales con “El Pepe: una vida suprema” donde narra la vida de José Mujica, desde sus años en el activismo hasta la llegada a la presidencia. Con este rinde homenaje a uno de los personajes de la izquierda institucional más coherente que han existido y que sin embargo está lleno de contradicciones, tal vez fue la razón por la que Kusturica decidió contar su historia, no podemos ignorar que en las contradicciones propias del director, en 2014 apoyó abiertamente a Vladimir Putin, y actualmente ha declarado su repudio al presidente de Ucrania, en esta guerra contra Rusia. Es claro que sus apoyos tiran más hacia la izquierda, sin hacer un verdadero cuestionamiento. Aquí Kusturica sufre del mal de todas las celebridades de izquierda, una falta de conocimiento real de la problemática, con mucho mainstream de por medio. El apoyo a Mujica, a la vez que Putin no muestra sino sus contradicciones y su intento de navegar más allá del caos.


Emir Kusturica ha declarado en múltiples ocasiones su deseo de dejar de dirigir, de retirarse del cine y dedicarse por completo a la No Smoking Orchestra, sin embargo ha regresado al menos en un par de ocasiones, y es que el cine le ha dado mucho, lo mismo que él nos ha dado a los espectadores y tal vez por eso se mantiene aquí, por ser el lugar desde donde puede arremeter con más fuerza contra las visiones hegemónicas del sistema, desde donde puede debatir ideologías y creencias, desde lo absurdo y surreal, desde donde puede poner en entredicho sus contradicciones e intentar ordenar el caos.



Enero, 2023
Desde algún lugar en el exilio.

Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia

Aunque tú no lo sepas: una charla con Paulino Monroy


Charlamos con el talentoso músico, compositor y productor mexicano Paulino Monroy, en esta entrevista nos platica sobre su trabajo discográfico, su manera de ver la industria musical y su más reciente colaboración junto a la agrupación española Alarmantiks!


Para más entrevistas suscríbete al canal de YouTube de
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Letrinas: Poemas de Anishka Rivera



Poemas de Anishka Rivera




El SILENCIO DE LOS NOMBRES


Mientras por siempre.

Bajo sábanas líricas adornan mi cuerpo.

-que es tuyo-

Corren besos ausentes de misterioso fondo.

Mientras por siempre.

A mi sub-alma le perteneces.

-por si fuera poco-



¿Qué cielo estará guardado para mí cuando entre zarzales me quieras?



Mientras por siempre.

Diremos nuestros nombres en el silencio.

Despeinando aquellas soledades.

Como si eso nos emancipara del olvido.





ECRUCIJADA CON EL VINO


Este día,

La vida,

La sombra,

No son sofisticadas.



Se cae la copa.

El vidrio flotante que corta.



Mi corazón inquietante,

Mi cuerpo tendido,

Sensual,

Efímero.



Fui mi amiga una vez,

Regresé,

¡Alma de varo!

¡Fiebre de perra suelta!






LA NOCHE


La noche se hizo para contemplarla.

Amar sus navíos alegóricos,

Sus miradas místicas,

Humildes y violentos sonoros,

Simbiosis íntimas,

Se desemboca,

Se envenena,

Nos regala remordimientos,

Confesiones,

Deseos,

Genuflexiones,

Estupores,

Nos llena y nos vacía,

Nos obliga a soltar la carne,

Nos horroriza como gavilanes,

Nos encierra entre dioses y esquelas,

Nos alimenta de panteones.



La nit, la nuit, la nokto.



Juega con perfume de sangre,

Nos impregna su hechizo,

Como una musa galante,

Desplegando el vigor,

Exiliada al infierno.





PERSISTENTE AMOR

Buscaré la esperanza si es que ha socavado por algún desolado deseo, encontraré el momento para rodear tus ojos y que las bocas se unan como la ola y la espuma pacifican por encima de la roca, del mar inmenso.

Insistiré los abrazos perversos, donde te torturo con la pasión que demandas; que habitas, sangre caliente y alegre, que brotan miradas, oleadas oleadas.





0:00

La eternidad como algo continuo; el tiempo marchito.

Las rosas marchitan, las espinas maduran.

Pero lo continuo es no-lingüístico,

Lo que se marchita es la imagen,

Ni siquiera la ilusión,

Esa muda fácilmente.





GALAXIA AUSENTE

Un día estaban todos los ruidos prestados, en el murmullo de alguna galaxia. Las palabras ya no se decían nada. Llegó el abrazo tierno de bienvenida, en el menú de un restaurante vacío, donde la última llamada no fue contestada. En otra tierra; un beso se pintaba los labios, la caricia se tocaba su cabello, la promesa se esfumaba con la risa, el amor dormía entre cajas de chocolates y en la soledad la rosa marchita pronunciaba su dulce nombre.



¿Será el futuro del olvido?

¿Será el poema escrito en un libro?





Ana Fernanda Rivera Verdugo (1988). Antagonista Desnuda, como proyecto literario y bajo seudónimo Anishka Rivera. Nacida en Mexicali Baja California, México. Interesada por la poesía desde su adolescencia, empezó a escribir a los 14 años y así inicio su interés por la literatura. En el 2009-2011 comienza como promotora cultural, fomentando la pintura, danza, música y poesía. En el 2012, participa en la FIL U.A.B.C. impartiendo la conferencia “Musicalización con textos literarios”. En el 2022 se presentó en La Otra FIL de Guadalajara, Jalisco. Leyendo sus poemas más recientes. Actualmente está escribiendo su primer poemario “Poemas de fondo” (2023). Además, amante de la música, apasionada en la cocina y su gusto por cantar.

Letrinas: O Rei



O Rei

Samanta Galán Villa


Al pensar en mi padre, puedo recordar claramente su cuerpo inmóvil frente a la imagen de O Rei. Un póster que consiguió en un mercado, en donde se ve al ídolo del futbol de espaldas, mostrando en la playera verdeamarela el número diez. Su cara de lado, sonriendo feliz de saberse el mejor futbolista del mundo.

Lo fue para muchos. Lo fue para mi padre.

No sólo coleccionaba varios recortes de periódico sobre las victorias de Pelé en el Santos FC o incluso algunas notas de revistas, también tenía un par de jerseys supuestamente autografiadas por él, colgadas en un gancho de madera y cubiertas con una bolsa de plástico. Muy parecido a como entregan los trajes en la lavandería.

El cuarto de mi padre era un santuario para do Nascimento. No había mujer que le reclamara su afición porque mi mamá falleció cuando yo tenía tres años por una angina de pecho. Según mi papá, no fue eso, sino los corajes que hacía ella porque siempre se hizo en esa casa su santa voluntad. Y es por eso que tengo este nombre, esta cruz. Pelé Reymundo González Chagoya.

Qué orgullo para mi papá presentarme con sus amigos diciendo mi nombre completo, haciendo énfasis en la última e de mi primer nombre. Pelé. En ese entonces, cuando tenía apenas diez años, llamarme así me ponía a la par de ellos y hasta más alto.

Nunca vi jugar a O Rei, pero mi papá me contaba historias increíbles sobre sus goles y sus Copas del Mundo. Decía, con aires de profeta, que si Pelé se coronaba como el rey en otro Mundial, entonces habría más ganancias en el negocio de tapicería que nos daba el sustento. Si Pelé gana otro Mundial entonces tú, hijo, serás igual de grande que él. Algún día tú llevarás a este país a la final y yo diré orgulloso que Pelé Reymundo es mi hijo. Eso decía.

Para mí no había labor más importante. La escuela era un desperdicio de tiempo. Salía corriendo de clases para tomar un balón que se desbarataba con cada golpe. Ponía dos cubetas como portería y practicaba penales. Con mis amigos jugaba a la hora del recreo y de la salida.

Nunca estuvimos en un torneo formal hasta que mi papá me inscribió en uno con muchachos más grandes que yo. En el primer partido me dieron una paliza. Un llegue arriba del talón me sacó del partido.

Entre mis lágrimas vi la cara de mi papá, diciendo que no. Arqueando las cejas como cuando un sillón ya estaba muy usado y no tenía remedio. Al siguiente partido no fue. Imaginé que ya se había arrepentido de llamarme Pelé Reymundo. Y a mí ya no me sabía igual patear la pelota si no era para llevar este nombre a la cima.

No volví a jugar futbol. Mi papá se encerraba en ese cuarto cada vez más seguido, escuchando las noticias de su ídolo. No sé por qué, pero lo sentí más ausente. Como si el futbol fuera ese lazo de amor que cualquier hijo quiere construir con su padre y que, si falla un penal, una asistencia o un tiro libre, entonces también fallan esos ratos en donde se sientan a las ocho a ver dos equipos enfrentarse. Enojarse porque el árbitro es un ciego que no ve esto o aquello y celebrar juntos cuando cae un gol a favor.

Mi padre nunca imaginó que el Pelé Reymundo al que le tenía tanta fe para llevar a México a la gloria en el Mundial, terminaría estudiando Leyes. Y cuando salí de ese universo en el que sólo existíamos mi papá y yo, me di cuenta de que mi nombre no era una bendición. Era un chiste.

El abogado Pelé Reymundo, ¿te imaginas?, decían las muchachas del salón y a mí me ardía la cara de vergüenza. Quería reclamarle su locura y su desmedida afición, pero, a fin de cuentas, mi papá me hubiera puesto ese nombre aunque naciera cien veces.

Entonces investigué todo para cambiármelo y ponerme uno como cualquiera. A lo mejor Silvestre como mi abuelo, Juan Carlos como mi tío. Rafael, como mi padre.

Pero una tarde me invitaron a cascarear afuera de la facu. Yo centro delantero. Nunca tuve problemas para correr ni cabecear. El ADN me bendijo con piernas largas y una flacura que yo muchas veces pensé insana.

El aire me daba en la cara, sentí cómo el sudor de mi frente y del pecho se secaban al tiempo de burlar a los defensas y anotar el primer gol. Un cabezazo que dejó al portero del otro equipo con la boca abierta, inmóvil.

Pelé Reymundo, Pelé Reymundo gritaban los curiosos que se juntaron alrededor de la cancha. Dicen por ahí que el cuerpo tiene memoria y que nunca olvida sus verdaderas pasiones. Y esa tarde hice seis goles, los que me hubiera gustado hacer en aquel torneo infantil ante los ojos de mi viejo.

Por primera vez en años sentí orgullo de llevar ese nombre. Los maestros me dijeron bien que te queda. A lo mejor te equivocaste de carrera y lo tuyo era el deporte. En la Selección Mexicana hace falta un Pelé como tú.

El aire de todo el mundo me cabía en los pulmones. Se me atoró la emoción en la garganta. Corrí, atravesé las avenidas, ensuciándome el pantalón con los charcos de agua, pisando chicles, esquivando perros y señoras con sus hijos.

Me quité la camisa para que el humo de los carros no ensuciara mi victoria.

Llegué a la casa y encontré a mi papá en el patio. Estaba sentado en un tronco de madera. Grapas en medio de los labios, midiendo un pedazo de tela de terciopelo azul. Las bolsas de sus ojos nunca me parecieron tan grandes. Las grapas temblaban entre sus dientes y un hilo de saliva le resbaló por la barbilla y cayó sobre su vientre, que se asomaba debajo de la camisa.

¿Qué quieres?, preguntó.

Papá, hoy jugué fut.

Su boca se abrió como una tumba dispuesta a recibirme. Se estaba riendo. Su barriga brincaba con las carcajadas y dijo apoco todavía se acuerda cómo jugar el señorito. ¿Y ganaste?

No, le respondí. Hoy tampoco pude.



Samanta Galán Villa (Moroleón, Guanajuato,1991) textos suyos se publicaron en medios como la Revista Pez Banana, Revista Estrépito, Sputnik, Neotraba, Monolito, Low-fi ardentía y en el periódico oaxaqueño El Imparcial. Actualmente, lleva un diplomado en Literaria, Centro Mexicano de Escritores y forma parte del taller de novela corta del escritor Eugenio Partida. Recientemente se publicó su primer libro de cuentos 'Amorfismos' (2022), con editorial La Tinta del Silencio.

Llega "Siete veces adiós" al teatro del CCU, la obra más exitosa del momento



Jaime López



Considerado como el montaje más exitoso de la actual cartelera escénica nacional, "Siete veces adiós" será presentado a las y los poblanos en el teatro del Complejo Cultural Universitario (CCU) de la BUAP.

La puesta en cuestión estará del 2 al 5 de febrero, en un total de seis funciones distribuidas durante esos cuatro días.

Es producida por Ola Ke Ase Creativos, así como por Alan Estrada, Jannette Chao, Vince Miranda, Salvador Suárez, Playhouse Entertainment, Daniel Delgado y Carlos Mtz Vidaurri.

La historia sigue a una pareja, conformada por "ella" y "él", que después de siete años de relación empiezan a ser alejados por la costumbre o la rutina.

Aunque al principio acuerdan darse una pausa, a "él" se le ocurre recrear siete momentos claves de la relación con la finalidad de reavivar el amor que todavía puede existir entre ambos.

Cabe destacar que en sus exhibiciones en la capital poblana, "Siete veces adiós" contará con la presencia de su elenco original, incluyendo a la actriz Fernanda Castillo.

Bajo el slogan "Un musical hecho con el corazón roto", la dramaturgia corre a cargo de Alan Estrada y Salvador Suárez, quienes convierten a la música y el amor en la columna vertebral de su relato.

Asimismo, el montaje intenta hacer una radiografía de las relaciones que se viven en el siglo XXI y, además, cuestiona el concepto romántico del amor perfecto.

Sumado a ello, genera reflexiones sobre otros tópicos universales, por ejemplo, la fidelidad, el deseo de tener hijos o no, la relación con nuestros padres y cómo su ejemplo de pareja influye en nuestras expectativas.

¿El amor es para siempre? ¿Existe el “amor de mi vida”? ¿Cuántos “amor de mi vida” caben en una sola vida? ¿Somos un cúmulo de historias en lugar de una sola historia “para toda la vida”?

Las localidades para "Siete veces adiós", obra apta para mayores de 15 años, se pueden encontrar en Superboletos, desde 640 hasta mil 340 pesos.

La primera función será el día 2 de febrero a las 20 horas; posteriormente, el 3 del mismo mes se presentará a las 18 y 21 horas.

En tanto, el 4 de febrero tendrá funciones a las 17 y 20 horas, mientras que el 5 de febrero, será exhibida a las 17 horas.



"Ruido", la interferencia de las emociones



Cinetiketas | Jaime López |


El zumbido de la ineficiente burocracia lascera su oído, cerebro y alma. Es una de las primeras interferencias que se encuentra durante la búsqueda de su hija "Gertrudis", la cual, sin duda aumenta su desasosiego.

Es "Julia", el personaje protagónico de la más reciente película de Natalia Beristáin, "Ruido", que refleja el pesar de las miles de progenitoras mexicanas, cuyos familiares han sido víctimas de desaparición forzada.

Con una conmovedora interpretación por parte de Julieta Egurrola, la obra en cuestión recorre varios de los sentimientos que viven las mamás buscadoras durante su periplo.

Es así como la "Julia" de "Ruido" pasa del coma emocional a la ira y de la ira a la desesperación, no sin antes haber realizado una parada temporal en la sororidad y en la indignación.

"Su pinche protocolo es el que nos trajo aquí", reclama de manera enérgica la protagonista en una secuencia del filme, luego de que los servidores públicos encargados del caso de su hija han cometido un error con el expediente de la misma.

El enojo de "Julia" no se detiene ahí. Crece cada vez más hasta hartarse de la inusual compasión que le tiene su esposo, con quien al parecer ya no vive bajo el mismo techo:

"Me encabrona que sea tan amable", expresa con rabia y exasperación en una reunión de mamás buscadoras. Lo anterior es apenas una pincelada de la manera en que la realizadora va construyendo su radiografía acerca de uno de los terrores más actuales de la sociedad nacional.

Un monstruo de mil cabezas que no solo implica la pérdida de la tranquilidad de las familias de las víctimas, sino también el saber sortear la insensibilidad de las autoridades y el acecho del crimen organizado.



Teniendo la ayuda en el guion de Diego Enrique Osorno y Alo Valenzuela Escobedo, Beristáin logra generar una empatía inigualable hacia su "Julia", algo que se agradece enormemente, porque muchas veces la problemática retratada suele ser ignorada por los connacionales.

Sin ser aleccionadora o didáctica, el "Ruido" de la cineasta es una muestra clara de cómo el séptimo arte puede ser una oportuna herramienta de denuncia, que visibiliza con coherencia y profundidad una de las más crecientes pandemias en México.

Sumado a ello, Beristáin recoge con gran acierto parte de los conceptos o neologismos que se han ido incorporando en la población como consecuencia de la desaparición forzada, por ejemplo, "acuerpar", "hijes" o "revictimizar".

Aunque en su recta final, la historia alcanza un tono más melodramático, que no da tregua a falsas esperanzas, "Ruido" es una pieza imperdible de conocer, de difundir boca en boca, para que quienes todavía son ajenos al problema de las desapariciones entiendan un poco mejor las sensaciones y protestas que provoca ese fenómeno.

Cabe agregar que la cinta también es dueña de una gran coactuación por parte de Teresa Ruiz y, además, tiene apariciones especiales muy dignas como las de Nicolasa Ortiz Monasterio y Mónica del Carmen.

A diferencia de "La civil", cuya premisa también se centra en una mamá buscadora, en "Ruido" la ficción no es evidente e incluso recurre al apoyo de una agrupación civil que se ha especializado en la búsqueda de personas.

Eso, junto con las convicciones de Beristáin por seguir reflejando los dolores y esperanzas de las mujeres que han trastocado su vida (abuelas, escritoras famosas o madres coraje), convierten al filme mencionado en una de las propuestas indispensables de este año.


Letrinas: La distancia de las flores


 

La distancia de las flores
Aleqs Garrigóz

 

EL JACAL

Junto al basurero, hay una tienda
de plásticos y maderos
que no alcanza a cubrir de sol ni lluvia.
Sus paredes oscilan con el viento.
Apenas un primitivo recoveco
para no dormir a la intemperie
y recogerse un poco lejos de las alimañas.

Sus muebles son cajas de cartón
y algún hierro retorcido donde colgar la ropa.

Apenas cabe uno de pie; y sus habitantes
se debaten en la incomodidad
de un aire de olores prisioneros
y huecos por donde se cuela la luz quemante,
la persistente gotera que moja las ropas de dormir
e inunda los sueños de tristeza.

Se fugan por ahí los días cuyo solo beneficio
es nueva chatarra arrancada al basural.

¡Qué horror repentino (mi mente yendo a habitar allí,
compartiendo esos mismos cacharros),
por lo que debería ser una casa y no lo es!

 

EL ABUELO

Por las tardes, sale a tomar el aire
que no alisa sus arrugas; y en el desfile
de carros y rostros, permanece impasible,
dando un ceño circunspecto al timbre de la vida.

Se ha vuelto agrio
como un fruto que encierra la demencia.
Y en el monólogo de su plática, mezcla reclamos
con historias fantásticas de lo que nunca fue
y quiso ser.

Sus días son procesión de achaques.
Sus noches: cortas y sin misterio.

El catre lo aferra como camilla de hospital,
recogiendo, ávido, su rancio olor,
a humanidad ya pasada.

Su señorío en casa concluyó hace mucho,
como carta cuyo remitente ya no importara.

Podó un árbol, extravió un libro, lastimó a un hijo.
Ya nada espera: ya puede morir,
como quien abre la mano
para mostrar que nada guarda.

 

DOMINGO

Desde que amanece hay más polvo en el aire.
Los minutos se afanan en alargarse:
elásticos de tedio. Las cosas sufren
un silencio de plomo aun si hablan;
y si hablan lo hacen con flojedad infinita.

Todas las campanadas del día son de muerte,
porque éste es el primer día de todos.
Y como tal, exaspera como una infancia afligida
que no nos perdonara olvidarla.

La voz se ralentiza.
El estudiante reposa su cruda
con dolor en la cabeza del alma.
Las calles se ensanchan de modo invisible
para que el transeúnte se perciba más solo.
Los orgasmos sufren raquitismo y culpa.

Quizá Dios maldijo a Adán un domingo.
Y este día nos rememora la debilidad del mundo.




Aleqs Garrigóz (Puerto Vallarta, México; 1986) escribe poesía desde los 15 años. Publicó su primer libro de poesía en 2003: Abyección. Posteriormente aparecieron La promesa de un poeta (2005), Páginas que caen (2008) y La risa de los imbéciles (2013), entre otros. Su último libro publicado es El tercer piso (2021). Ha publicado poemas en medios impresos y electrónicos de varias ciudades de México y el mundo hispano. Desde 2008 radica en la ciudad de Guanajuato.

Letrinas: Crac


Crac

Franco García


Genaro da un trago a la cerveza y mira por la ventana. El cielo está despejado, el día caluroso. Son más de las dos de la tarde y unos niños juegan futbol. El pavimento en la colonia Vacacional parece brasero pero poco les importa. A Genaro le llama la atención el portero, quien es rechoncho, moreno y de baja estatura. Al instante se identifica con él y recuerda todo lo que sufrió respecto a su apariencia física en la escuela.

—¡Genaro puerquito!

—¡Mantecoso!

—¡Oing, oing!

Una época dura, difícil de olvidar. No fue de muchos amigos porque había que permanecer en casa todo el día. Su madre trabajaba de camarera en los hoteles de la Costera y se veían sólo por las noches. Una mujer cariñosa y sensible. Jamás volvió a salir con otro hombre después de la muerte de su esposo. Se dedicó de tiempo a completo al trabajo y a su hijo, hasta que el cansancio y la edad acabaron con ella.

Genaro no aparta los ojos del portero. De pronto le meten un gol y todos los de su equipo comienzan a darle de manotazos en la cabeza; el contrario celebra. No alcanza a escuchar lo que le gritan mas lo supone. Acaba la cerveza, se limpia los labios con el antebrazo y deja la botella en el alféizar. Acto seguido se sienta en el sofá, coge el control de la televisión y la enciende. Pasa de un canal a otro hasta que finalmente se detiene en una película mexicana en blanco y negro. Al cabo de unos minutos tocan la puerta. Apaga el televisor y se dirige a abrir.

—¿Quién? —pregunta en tono brusco.

Una voz femenina y dulce responde al otro lado.

—Soy yo, Mariela, su nueva vecina.

Después de asegurarse quién es, Genaro gira la perilla y abre. Mariela es una mujer joven, morena, delgada, de fino rostro y casada. Lleva puesto un vestido azul con burbujas blancas, holgado y escotado por la espalda.

—Buenas tardes, don Genaro. Perdón que lo interrumpa, ¿tendrá que me preste un taladro? Sucede que mi esposo lo necesita porque pondrá un espejo en el baño. Y como sabemos que usted trabajó en teléfonos, pues...

Genaro guarda silencio por algunos minutos y luego dice:

—Deje voy a la bodega y lo busco. Pase, tome asiento.

Mariela ingresa echándose aire con ambas manos en sus senos, se sienta en uno de los sofás y mira a su alrededor. Genaro suspira y cierra la puerta. De inmediato a Mariela le atraen los cuadros que cuelgan en la pared, los floreros y algunos juguetes que adornan los muebles. Genaro le ofrece agua y refresco.

—Agua está bien —responde Mariela.

Genaro va a la cocina por ella. Mariela no contiene su curiosidad y se levanta de su lugar y se aproxima a ver de cerca una foto donde un niño gordo abraza a una mujer por la cintura. Al fondo hay juegos mecánicos, luces de múltiples colores. Genaro regresa con el vaso de agua y se lo entrega. Mariela lo lleva a la boca y bebe hasta el fondo. Después coloca el vaso sobre la mesa que se encuentra al centro de la sala y pregunta:

—¿Es su mamá, don Genaro?

Genaro frunce el ceño, le incomoda hablar de su madre mas asiente.

—Qué linda era, y usted tan serio. Pero qué calor ha hecho últimamente, ¿no?

—Bastante. Permítame, voy a la bodega por el taladro. En seguida vuelvo.

Sale por la cocina y atraviesa el jardín trasero. Una vez dentro de la bodega, baja una caja enorme de la repisa, la abre y extrae el aparato. Mariela continúa contemplando las fotos, una a una. Genaro entra a la sala, la mira de espalda y dice:

—Aquí tiene.

Mariela se vuelve hacia a él.

—Gracias. ¿Sabe, don Genaro? Acabo de descubrir que usted es un hombre triste. Lo digo por sus fotos. Nunca sonríe. La mujer de allá, la de la foto de encima del televisor, ¿es su esposa?

Genaro hace una mueca de disgusto y dice:

—Señorita Mariela, no quiero ser descortés con usted, pero no es asunto suyo.

—Lo siento. No quería ser imprudente. Cielos.

— No se preocupe, sólo que no me gusta hablar mucho de mi pasado. Sí, fue mi esposa. Murió en el parto junto con mi hijo hace años.

—Yo… no sé qué decir. Creo que debería marcharme.

Sin embargo, hace mucho que Genaro no tiene visitas y desea estar en compañía un poco más.

—Espere, ¿gusta tomar otro vaso de agua? También hay cerveza en el refrigerador.

Esta vez lo dice con una voz entrecortada, tímido. Mariela suspira y dice:

—Bueno, sólo una. A nadie le hace daño un trago, después de todo. Además el clima lo amerita.

—De acuerdo. Voy por ellas.

Mariela de nueva cuenta toma asiento y coloca el taladro en su regazo. Genaro vuelve con las cervezas y se sienta junto a ella. Las chocan, dicen salud y ambos dan un trago.

—¿Lleva tiempo viviendo solo?

—Algo.

—¿Alguna novia o pretendiente?

—No que yo sepa. ¿Usted lleva mucho tiempo casada?

—No mucho. Apenas un año, y nos mudamos a esta colonia por cuestiones de trabajo. Soy maestra de primaria.

—¿Tienen hijos?

—No por ahora. Quizás más adelante.

Dan otro trago y bajan las cervezas al suelo, junto a sus pies.

—¿Ya vio las noticias?

—Sí.

—Caray, cuántos muertos, ¿no cree, don Genaro? Acapulco me da miedo y tristeza. Ya nada es como antes. De puras migajas turísticas sobrevivimos por tanta violencia.

—Demasiados, pero así funciona la vida en el sur. Sólo es cuestión de acostumbrarse.

—¡Qué horror! Mis ojos no podrían con la sangre desparramada a diario, ¿se imagina?

Genaro cambia el tema de conversación y dice:

—Su esposo debe ser muy afortunado al casarse con usted. Me recuerda a mi esposa. Siempre radiante con su sonrisa y llena de energía. Era enfermera y amaba su trabajo. Estaba muy emocionada con el embarazo. Diego, así deseaba llamar a nuestro hijo.

Mariela se sonroja y baja la cabeza. Genaro no deja de sudar y agita con movimientos bruscos su playera. Por momentos le tiemblan los labios.

—También era una mujer con un gran sentido del humor. Hacía reír a cualquiera con sus chistes. Vaya que sí.

Mariela aguarda unos instantes y cuando está por hablar, un balón entra por la ventana. Vuelan virutas de cristales y ambos brincan de sus lugares debido al estallido.

—¡Santo Dios!

—¡Qué carajo!

Genaro se incorpora con dificultad mientras Mariela permanece inmóvil, nerviosa. Genaro se dirige a la puerta, sale hasta la calle y no encuentra rastro alguno de los niños que jugaban futbol. De pronto, entre los arbustos, asoma una cabeza pequeña. Es el niño rechoncho, trata de ocultarse pero es inútil. Así que avanza hasta Genaro, cabizbajo. Al verlo de cerca, le pregunta:

—¿Fuiste tú?

—¡No, señor, se lo juro! Fue Carlos y todos me mandaron por él. ¡Por favor, devuélvamelo o me irá muy mal! Por favor.

—Tranquilo, hijo. Tranquilo, caramba. Acá lo tengo. Ven por él.

Genero vuelve a la casa y el niño duda en hacerlo, teme por lo que pueda pasar una vez dentro. Luego piensa en la golpiza de sus compañeros y lo sigue. Mariela se ha marchado sin llevarse el taladro; Genaro se encoje de hombros y se lamenta de lo sucedido. Invita al niño a sentarse pero éste decide permanecer de pie.

—¡Señor, por favor, devuélvame el balón! Lo necesito. En serio.

Genaro se coloca frente al niño, cruza los brazos y dice:

—Dime una cosa, hijo, ¿quién me va a pagar por los daños? ¿Tú?

            El niño baja la cabeza y guarda silencio. Descubre que el balón se encuentra en el suelo y que hay vidrios por doquier.

—Lo suponía. Te mandaron por el balón pero no te dijeron nada sobre las consecuencias, ¿verdad?

            El niño se echa a llorar. Genaro deja caer sus manos, levanta el balón y se lo entrega. El niño lo sujeta contra su pecho, se limpia los ojos con su playera, se marcha a toda prisa y deja la puerta abierta. Genaro no tiene más opción y la cierra. Después entra a la cocina por otra cerveza. De regreso a la sala se detiene frente a la ventana rota. Respira hondo, suda; de un momento a otro le llegan recuerdos de su madre, esposa e hijo. Un hilillo de agua escurre lentamente por su mejilla y da un trago largo.

 


Franco García (Guerrero, 1987). Ha publicado en Punto de partida, Punto en línea, Ágora, Opción, Mono, La otra voz, Trinchera, Acapulco cultura, Minificción, Monolito, Rankia, Zompantle, Capote, Enpoli, Sputnik, Periódico Poético, entre otras. Parte de su obra ha aparecido en antologías de minificciones y cuentos.


"Babylon", ambiciosa historia sobre la decadencia y creatividad de Hollywood



Cinetiketas | Jaime López |


Aunque "Babylon", la nueva película de Damien Chazelle, tiene secuencias de gran brillantez, que muestran la madurez y atrevimiento del ganador del premio Oscar en lo que respecta a la coordinación de los apartados técnicos, existe una sensación de poca originalidad en la columna vertebral de la historia.

Si bien es cierto que el cineasta originario de Estados Unidos se caracteriza por homenajear algunas de las expresiones artísticas más conocidas de su país, tales como el jazz o los filmes musicales, en su más reciente producción son muy notorias las referencias a "Cantando bajo la lluvia", al grado que la premisa parece una calca de la planteada en 1952 dentro del clásico protagonizado por Gene Kelly, Donald O´Connor y Debbie Reynolds.

Ello en virtud de que se expone el ocaso de las carreras o trayectorias que causó el paso del cine mudo al séptimo arte sonoro, una arista que también ya había sido abordada por la cinta francesa "El artista".

Lo anterior no es un obstáculo para disfrutar de todo el metraje de Chazelle, que alcanza los 180 minutos de duración y que destaca por su prólogo de media hora y sus primeros dos actos.

En los fragmentos aludidos, el guionista y realizador concatena oportunamente distintas imágenes que reflejan la decadencia, caos y excesos que rodean la industria hollywoodense de los años veinte (no muy diferentes a los propios de la época actual), mismas que son reforzadas con una oscuridad y un humor negro nunca antes vistos en su filmografía.

"Babylon" es dueña de escenas fuera de serie, como el paseo de un elefante en medio de una fiesta de élite o la batalla que tiene la protagonista con una serpiente debido a que quiere evidenciar la charlatanería de su progenitor.

Lo anterior demuestra la ambición de Chazelle por superarse a sí mismo, algo que logra en diversos rubros, por ejemplo, el diseño de arte, el manejo de extras o gran parte de la edición.

Sin embargo, el también productor se pierde en el desarrollo de sus múltiples historias, porque no solamente se enfoca en la evolución de la pareja protagonista (Margot Robbie y Diego Calva), sino también da seguimiento a otros roles como el de Brad Pitt, que es el epítome de las estrellas venidas a menos.



Así, uno de los personajes secundarios de "Babylon", el de la artista lesbiana "Lady Fau Zhu", interpretado por Li Jun Lo, no tiene el cierre que se merece, pese a que contaba con todo el potencial para remarcar la doble moral de la legendaria fábrica de sueños occidental.

Por otra parte, hay una percepción de que Chazelle trata de honrar la industria que ha amado desde su juventud, pero también quiere vomitar la ira y sinsabores que le ha provocado la misma.

En esa dualidad es donde el cineasta incluye secuencias e histriones innecesarios, que solo alargan la trama y no aportan nada significativo o innovador al metraje en general.

Respecto a las interpretaciones, Margot Robbie confirma su enorme calidad artística. Ojo a una de las secuencias más llamativas de la película, en donde la actriz tiene un colapso por los problemas que padecían las producciones en los inicios del cine sonoro.

Acerca de Pitt y Diego Calva, se agradece el aplomo y frescura, respectivamente, de ambos histriones, pero son superados por la veterana Jean Smart, quien tiene uno de los diálogos más descarnados de la película consistente en evidenciar a través de su personaje (una periodista) que, tarde o temprano, los seres humanos son desechables en la vida, sin importar que antes hayan gozado de una enorme fama o estatus.



A pimp from Mars: de Bowie a Kendrick Lamar


Reyes Rojas |


Es bien sabido que David Bowie era un camaleón, en el mejor de los sentidos, un imitador. Esta cualidad le permitió reinventarse una y otra vez hasta el final de su carrera. Desde el garbo y el estilo que imitó de Marc Bolan y los modes, pasando por su apropiación del soul y el funk para lanzar el maravilloso Young Americans, hasta los sonidos industriales que calcó de Nine Inch Nails para imprimirlos en el Outside, Bowie siempre supo robar lo mejor de lo mejor y hacerlo suyo.

En biografías como Strange Fascination de David Buckley, y en los múltiples anecdotarios que encontramos aquí y allá sobre la personalidad de Bowie, se le describe siempre como un chico carismático que sabía ganarse la buena voluntad y aprecio de quienes lo rodeaban. Esta otra cualidad suya le permitía, además, robar de la mejor manera: con permiso. Bowie se codeaba de la gente que admiraba y los involucraba en sus procesos creativos: Lou Reed, Iggy Pop, Bryan Eno, Trent Reznor, James Murphy y un largo etcétera de personas que a menudo participaron o lo invitaron a participar en sus proyectos. Un caso muy sonado en los medios fue el de Arcade Fire, para quienes, se dice, Bowie fue una especie de padrino, luego de que en la revista Rolling Stone el ícono británico mencionara que compró un cargamento del álbum Funeral, de la banda canadiense, para regalarlo a sus amigos.

En este sentido, Black Star, el último álbum de David Bowie, que se publicó en 2016, a unos días de la muerte del Duque Blanco, no fue la excepción. Su producción estuvo a cargo, principalmente, de Tony Visconti, una de las apuestas seguras de Bowie desde el 69, pero también contó con la colaboración de James Murphy, quien hizo gala de su acostumbrada petulancia y declaró no haberse involucrado más porque tenía proyectos más importantes y personales; pero quizá la influencia más sui generis para esta última obra es la del ganador del Pulitzer, Kendrick Lamar, uno de los exponentes más disruptivos de la escena, quien un año antes habría lanzado al mercado su transgresor y refrescante álbum To Pimp a Butterfly, obra que revolucionó el género y regresó a Compton el cinturón de campeón en cuanto el rap y el hip-hop concierne.

Durante las vísperas del lanzamiento de Black Star, Visconti declaró a la revista Rolling Stone, que habían estado escuchando incansablemente To Pimp a Butterfly luego del proceso de grabación, y que admiraban el hecho de que Kendrick Lamar había logrado hacer un álbum de hip-hop que no sonaba casi nada a hip-hop, por lo que se impusieron el objetivo de que Blackstar sonara lo menos posible a un álbum de rock’n’roll.

To Pimp a Butterfly fue recibido como una mezcla de tradición y vanguardia, lo que demostró la capacidad de Kendrick para satisfacer el gusto del público experimental y mainstream a un mismo tiempo. Quizá el gusto por romper las reglas que caracteriza al rapero de Compton fue lo que llamó la atención de Bowie, quien no dudó en imitar a Kendrick para imbuir el Blackstar de distintas texturas que oscilan entre el jazz neoyorkino, la música electrónica y el Krautrock.

Blackstar fue un excelente álbum de despedida, manchado de tonalidades oscuras, referencias telúricas y apropiaciones dignas del crisol que representa la trayectoria de David Bowie, quien fue, de todas a todas, un excelente lector de las tendencias de época, las cuales digería y aprovechaba para nutrir de autenticidad su trabajo creativo.

No cabe duda de que, de haber vivido un poco más, hubiéramos presenciado una colaboración más cercana entre ambos genios, pues Bowie hubiera echado mano de su natural carisma y simpatía para acercarse más a Kendrick, quien tampoco se hubiera negado a colaborar y aprender de uno de los exponentes más variopintos, interesantes e influyentes de la actualidad.

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