Responsive Ad Slot

SEMANAL

latest

LITERATURA

Literatura

Letrinas

Letrinas

Música

Música

Ciencia

Espacio

Travel

Viajes

VIDEO

Películas

GENIOS

Genios

Las olas rompen: poema-elegía a Allen Ginsberg

No hay comentarios.
Por Lawrence Ferlinghetti


Allen Ginsberg se está muriendo
dicen los periódicos
los noticieros
Un gran poeta está muriendo
Pero su voz
no morirá Su voz está en la tierra
En Lower Manhattan
en su propia cama
está muriendo
No podemos
hacer nada
Está muriendo la muerte que todos mueren
Está muriendo la muerte que mueren los poetas
tiene un teléfono en la mano
y desde su cama en Lower Manhattan
llama a todos
Tarde en la noche
en todos los lugares del mundo
el teléfono suena
“Habla Allen”
dice la voz
“Habla Allen Ginsberg” Cuántas veces han escuchado esa voz
en todos estos grandes años
No tendría que decir “Ginsberg” En todo el mundo
en el mundo de los poetas
solamente hay un Allen
“Quería decirte” dice
Les dice lo que sucede
lo que se le viene
encima
La muerte la amante oscura
se le viene encima
Su voz viaja vía satélite
sobre la tierra
sobre el mar de Japón
donde un día él se alzó desnudo
tridente en mano
un hombre joven de barba negra
como un joven Neptuno
de pie en una playa de piedras
Hay marea alta y las aves marinas lloran
Las olas rompen contra él
y las aves marinas lloran
en la costa de San Francisco
Sopla un viento fuerte
hay olas enormes
azotando el Embarcadero
Allen está en el teléfono
su voz está en las olas
Yo leo un libro de poesía griega
en donde está el mar
y los caballos lloran
donde los caballos de Aquiles
lloran
aquí junto al mar
en San Francisco
donde las olas lloran
Hacen un sonido sibilante
profético
Allen
susurran
Allen


Sorry, We Missed You: la esclavitud de moda en tiempos pandémicos

No hay comentarios.
Por Jorge Tadeo Vargas

En el 2016, Ken Loach junto a su inseparable guionista Paul Laverty, deciden hacer un retrato de la realidad que vivimos actualmente, filmando I, Daniel Blake, una cinta que hace un recorrido por la burocracia y la falta de empatía que tiene el sistema para con los más desfavorecidos.

Mientras nos muestra a un “boomer” intentar conseguir trabajo después de un infarto al corazón va desenredando toda la desesperación, la locura que es tratar de lidiar con un sistema que no esta hecho para funcionar, al menos no para la clase trabajadora. Con una visión más realista que el Joker, Loach hace una critica muy a su modo contra el sistema capitalista que nos convierte en números, en cifras, en seres anónimos. Lamentablemente no estamos listos para tener esta conversación y preferimos la ficción.

Para el 2019 la dupla Loach-Laverty deciden apostar por hacer una critica mucho más fuerte, agresiva, contra uno de los peores males de la actualidad. El llamado capitalismo de plataforma y uno de sus peores exponentes: la esclavitud disfrazada de emprendimiento con el servicio de entregas a domicilio de las compras por internet.

En Sorry, We Missed You, renombrada en español como “Lazos de Familia”, Loach y Laverty le dan forma a una familia de clase obrera, que intentando sobrevivir a la crisis económica, deciden vender el carro familiar para comprarse un camión y entrarle al emprendimiento de entregas de comprar por internet. En teoría un trabajo que les va a permitir autonomía, y con eso mayores ingresos. Es justo ahí cuando se dan cuenta del mito de que ser un emprendedor no te permite salir de la clase obrera, que el concepto, la acción es solo la zanahoria que venden desde el capitalismo de plataforma para todos aquellos que desde la crisis o el propio aspiracionismo quieren salir de la cadena de producción.

Salen de la esclavitud de las fábricas hacia la esclavitud de lo que David Graeber llamó “trabajos de mierda”.

En esta película tanto el padre como la madre son personajes que conocemos muy bien, los dos trabajan más de doce horas al día. Ella es enfermera que cuida enfermos y/o viejos en sus casas, un trabajo físico sumamente pesado, que la deja adolorida, cansada; él entrega paquetes todo el día, es decir pasa más de ocho horas manejando, visitando casas, lidiando con el tráfico, las personas que lo tratan como un sirviente, incluso con la inseguridad de que en cualquier momento lo pueden asaltar para robarle su mercancía, cosa que pasa terminando mal herido. Sin seguridad social, y como es “socio de la compañía” si no trabaja, no tiene sueldo, además de que está la amenaza de quedarse sin el trabajo, perder el camión por las deudas, no hay más, tiene que salir, así, golpeado, lastimado a continuar con las entregas.

Viven al día tratando de criar a sus dos hijos, una pequeña y un adolescente. Una historia muy familiar para cualquiera que venga de la clase trabajadora. Es fácil sentirte identificado con los personajes, al menos reconocer a tus padres, vecinos, a esos que son parte de quienes hacen funcionar la máquina sobreviviendo al día a día con empleos que no les dan un futuro.

En estos tiempos donde parece que la esclavitud está de moda, que se maquilla de emprendimiento, esta dupla al igual que lo hicieron con I, Daniel Blake, muestran la desesperación, la tristeza, la locura; eso que algunos sociólogos llaman depresión por capitalismo.

En Sorry, We Missed You la marginación se disfraza de soledad y mientras las transnacionales se hace cada vez más ricas, sus “asociados” como los llaman caen en una espiral sin fondo, en un esclavismo disfrazado logrando apenas sobrevivir para continuar con su explotación diaria.

Presentada en el 2019, no pienso que ni Loach, ni Laverty se imaginaran lo que se venía en tiempos de pandemia y encierro, iniciado el año pasado por el  COVID-19. No creo que hayan sido capaces de imaginarse la fuerza que estas empresas iban a tomar en el 2020, y es que con la llegada del #QuedateEnCasa, el consumismo en que se sustenta la base del sistema de clases actual fortaleció aun más al capitalismo de plataforma, convirtiendo a los emprendedores de entregas de compras por internet en parte de la línea del frente para que las clases aspiracionistas no se volvieran locas en el encierro. Consume hasta morir, dice una frase, que ahora se complementa con compra en línea, no importa, alguien saldrá de su casa corriendo el riesgo para que tus productos te lleguen seguro a tu puerta. El emprendimiento de este tipo ha sido el único que no entró en crisis; fábricas cerraron su producción, restaurantes fueron forzados a cerrar, pero las compras por internet y los repartidores aumentaron, al grado que Jeff Bezos (dueño de Amazon) logró ser de forma intermitente el hombre más rico del mundo.

En tiempos pandémicos, con la economía real, la que se sustenta en la producción está yéndose al carajo, la esclavitud disfrazada de emprendimiento aumentó, con lo que la riqueza de un sector privilegiado también lo hizo. En estos meses la realidad superó con creces a lo que Loach nos presentó en su película.

Ken Loach ha usado su cine para la denuncia -propaganda izquierdista, dice la derecha-, lo usa para hablar directo sin tapujos, Sorry, We Missed You no es la excepción y no queda más que esperar cual será su visión cuando este encierro solo sea parte de la historia de la civilización.

Febrero, 2021, segundo año pandémico.


Letrinas: Contrato de actuación

No hay comentarios.
Contrato de actuación

Por Marianela Labrada Hernández

Cuando entré al estudio los actores que ensayaban para la filmación dejaron sus parlamentos a medias y H, mi director, suspendió en alto la mano con que los guiaba. Después la fue bajando lentamente y se hizo un silencio pesado.

— Ven conmigo— dijo, y  ya no tuve que preguntar si había llegado. Fuimos juntos hasta mi camerino. Abrió la puerta como si nos presintiera, y se quedó parada en el umbral.

— ¿Qué te parece?— Me interrogó H con más curiosidad en los ojos que en la pregunta.

Si me negaba a aceptarla los raitings de la serie se irían al piso. Era un derecho que me otorgaba el contrato de actuación para proteger mi imagen. Interpretaba el protagónico, y aunque faltaba un año para concluir la grabación, necesitaba irme por un tiempo. H tenía razones para estar nervioso. Los demás directores le habían advertido que trabajar con actores humanos en esta era, representaba un riesgo. Pero él insistía en contratarnos y sus series eran las más vistas. En su equipo los actores programados solo trabajaban eventualmente, como dobles en escenas de peligro.

La miré detenidamente y pensé en si ella sería capaz de interpretar la pregunta que H me dirigía; o la asimilaba literalmente, sin comprender el lenguaje extra verbal en toda su extensión.

—Puedo entenderlo— dijo, y reparé en su mirada (la mía), en esa forma de apretar los labios que tiene (tengo) para asegurar algo.

H estaba asustado. Me conocía desde hacía una década. Eran muchos los papeles que había interpretado bajo su dirección. Sabía además que ella, mi yo robótico, era demasiado perfecta. Para H, en cuanto al físico resultaba imposible que una mujer humana no sintiera celos de aquel rostro, que nunca tendría una arruga (a menos que se la programaran). De aquellas tetas que no cederían ante los embates del tiempo. Cómo no envidiar su vientre plano y sus nalgas perfectas, sus muslos sin celulitis, sus piernas que no conocían las várices.

Era demasiado para asimilarlo en tan poco tiempo. Apenas una mañana para conversar con ella. Conmigo misma, pues en pocos minutos copió mi tono de voz, mis gestos. Hasta mi forma de caminar la había copiado antes de sentarme. H estaba seguro de que me había incomodado la sustitución y temía que aquello afectara nuestra amistad. Pero al mediodía, al despedirme, le dije que estaba de acuerdo, y firmamos la cláusula modificativa del contrato.

Tiempo después, cuando entré al estudio, los actores que ensayaban para la filmación dejaron sus parlamentos a medias y H, suspendió en alto la mano con que los guiaba. Después la fue bajando lentamente y con su mejor sonrisa vino hacia nosotros. Me besó. Los demás actores, los camarógrafos y el personal de apoyo nos rodearon. Ella también me felicitó.

Antes de irse me dijo que sentía envidia. No supe de qué hablaba y me quedé en silencio. Fue la única vez en que no me molestó su habilidad para leer la mente:

—Tu hijo. Dar vida no programada. —Aclaró— es algo en lo que jamás podré copiarte.


Pablo Delo lanza “Volvamos a la vida”

No hay comentarios.

El cantautor poblano Pablo Delo vuelve a “Casa Yonki” para la producción de su segundo material discográfico “Volvamos a la vida”. A finales del 2020 se publicó en las plataformas digitales el disco “Fantasmas” teniendo una respuesta favorable en Puebla y otros estados del país.

“Volvamos a la vida” es el primer sencillo del disco, en el que los textos son el producto de días de encierro, de negarse al fastidio que puede ocasionar largas jornadas de convivencia; de aguardar un momento más para volver al rumbo y lugares que frecuentamos cuando debamos hacerlo.

El álbum será publicado en el primer semestre del 2021 en todas las plataformas digitales.

“Dejamos que el tiempo sea tan fugaz y relativo, perdiendo su valor: a mayor sufrimiento menor placer de lo más simple. Hoy nos encontraremos absortos en la ciudad, ante el caos que habita en nosotros, y no haremos más que sonreír y cuidarnos; los momentos y las personas nos recuerdan que vivir es algo más que un transitar incierto”.

            (Joos Mort)

 


Beanpole: los cuerpos y el dolor

No hay comentarios.


Por J. Alejandro Becerra González

La guerra es el territorio de hombres y así se ha reflejado en el arte cinematográfico: a través este se ilustran sus luchas, su dolor, su muerte, etcétera. En Beanpole (2019), el joven director ruso Kantemir Balagov propone mirar las consecuencias del conflicto armado en las mujeres de una ciudad y una nación recién devastadas por la Segunda Guerra Mundial: Leningrado, Unión Soviética, invierno de 1945.

El dolor y la destrucción ocasionados por la guerra son palpables a cada momento de la película: calles y fachadas ruinosas, hombres mutilados, hambruna y la constante charla sobre la muerte de infantes. Un aire de miseria generalizado pesa sobre los personajes de la película, habitantes desdichados que no han recobrado aún las ganas de vivir, pues aún se reponen del trauma colectivo de la guerra (recordemos que la entonces Unión Soviética tuvo el mayor número de bajas de todo el conflicto).

Entre ellos se encuentran Iya, cuyo sobrenombre Dylda le da nombre a la película y Masha, camaradas cuya amistad surgió durante la defensa de la patria. Masha partió al frente con el Ejército Rojo, mientras que Iya sufrió una lesión en combate que le ocasiona ataques de catatonia (se ha señalado que se trata de secuelas del estrés postraumático), durante los cuales se paraliza involuntariamente, abriendo la película con uno de estos soponcios.

Un hospital en Leningrado se ha convertido en su refugio. Allí se desempeña como enfermera, atendiendo a los soldados heridos en combate. Un hombre que ha quedado parapléjico le dice que algún día se casarán. El médico a cargo le regala raciones adicionales para que alimente a su hijo, el diminuto Pashka. Pero una tragedia deshace la tranquilidad de su nueva vida. La cámara de Balagov encuadra este momento de tal forma que, como audiencia, sentimos la impotencia de lo inevitable. La muerte del diminuto Pashka es una de las escenas más devastadoras e impactantes de memoria reciente. 

Iya resume su vida como puede, pero el regreso de Masha del frente ocasiona un quiebre, pues el niño no era de Iya, sino de Masha, quien lo tuvo en el frente y lo dejó al cuidado de su amiga. La muerte de Pashka es un suceso que resuena a lo largo del filme, envolviendo a las protagonistas en un proceso de duelo que toma muchas formas.

Al igual que su compatriota ruso Andrei Tarkovski, Balagov permite que las secuencias retraten la vida con muy pocos cortes, haciendo que Beanpole tenga escenas largas que permiten escrutar los rostros de sus personajes, así como la melancólica belleza de sus decorados de interiores.

Como en el cine de Tarkosvki, las largas secuencias dan pie a un realismo. Ello contrasta con los vibrantes colores que portan las protagonistas, así como las paredes de sus principales escenarios, pues recuerdan más al realismo mágico, un poco cursi de Amélie (Jeunet, 2001). Pero el resultado no es contradictorio, pues la vivacidad de sus decorados y de su vestuario funciona como elemento simbólico que complementa una película con escasos diálogos (otro elemento que añade al realismo no dramático, es decir, alejado de las convenciones dramáticas de una obra de teatro).

Los efectos de la guerra sobre el cuerpo es una de las principales preocupaciones del director ruso. La herida de Iya le ha impedido llevar una vida heroica, combatiendo contra los invasores alemanes. El cuerpo de Masha ha sufrido los embates de los hombres del frente repetidamente y su percepción de la realidad se ve alterada debido al trauma sufrido, no en la guerra, sino ante sus compatriotas y los misóginos mecanismos del Ejército Rojo. El médico que dirige el hospital donde trabajan ambas mujeres, Nikolai Ivanovich, ha visto tanto sufrimiento que basta convencerlo poco para aplicar una eutanasia y la pesadez de su rostro denota el cansancio de ver la muerte y la desfiguración de tantos jóvenes. Este punto de análisis es consolidado si se toma en cuenta la subtrama de Stepan, el soldado que ha quedado parapléjico, cuya serenidad esconde un convencimiento de que su vida no vale la pena vivirse, opinión secundada por su esposa.

La fantasmagórica Iya –una formidable Viktoria Miroshnichenko debutante– ha perdido parcialmente el control de su cuerpo, pues sus ataques de catatonia llegan sin aviso, sorprendiéndola en los peores momentos, ocasionando la consabida muerte de Pashka. Antes de ese momento, ella parecía caminar con la certeza de que su condición la hacía poco útil entre sus compatriotas, comportándose retraídamente, dedicándose de lleno a sus labores como enfermera. Después del suceso, Iya carga consigo la culpa de la muerte de un inocente y es esta culpa la que Masha explotará para conseguir su cometido de obtener un nuevo hijo, pues su cuerpo también ha dejado de funcionar y no le puede proporcionar lo que ella más desea. En su caso, esta incapacidad la lleva a la locura, simultáneamente colocándola lejos de la realidad pero con una perspicacia que le otorga la habilidad del chantaje y le permite alcanzar niveles preocupantes de crueldad, siendo indiferente de la violencia que ejerce contra su única amiga. 

La violencia sutil de una sociedad devastada por la guerra es palpable en Beanpole. Masha –una sorprendente Vasilisa Perelygina, debutando en un papel perverso, sensual, vulnerable y desesperado hasta la locura– la ejerce en contra de su querida amiga de manera similar a la que el Estado ha ejercido en su contra. Es una víctima cuyo profundo trauma la convierte en victimaria, redirigiendo la violencia que ha sufrido en su persona hacia otros, incluso si estos son sus últimos asideros a la realidad. El mismo Ivanovich, el médico que dirige el hospital, realiza un acto deleznable con profunda apatía e indiferencia por el bienestar del prójimo. En algún momento Iya le dice a Masha que está vacía, es decir, que no está embarazada, pero es una frase que bien puede describir a los personajes que pueblan la Leningrado del invierno del 45.

A pesar de esto, la cinta de Balagov no es una experiencia depresiva, pues encuentra la belleza de la solidaridad entre los soldados heridos confinados en el hospital, animando al pequeño Pashka a participar en su juego de pantomima, en la que es sin duda alguna la escena más conmovedora y hermosa del filme. Balagov subraya la ternura del minúsculo infante al mirarlo de espaldas, mientras este mira hacia los rudos hombres que, reducidos a piltrafas humanas en el hospital de la posguerra, se han convertido en divertidos compañeros de juego, turnándose para imitar a perros, pájaros y aves, siendo estas últimos un poderoso símbolo de sus almas, libres al viento a pesar de la jaula que los aprisiona. Una mascada adornada con aves se convierte en un recordatorio de la culpa que Iya lleva a cuestas, con el recuerdo de Pashka animando su devenir, sin importar cuán horribles y detestables acciones le sean impuestas como penitencia.

Los colores verde, amarillo y rojo dominan la pantalla, adornando las vestimentas de Masha e Iya, así como los interiores –en contraste, los exteriores son grises y desprovistos de vida–. El rojo de los atuendos de Masha señala el trauma que carga consigo, así como su locura apasionada con expresa su deseo de ser madre. El verde de las ropas de Iya señala su fertilidad, su inocencia y su timidez. Es por ello que Masha tiene un ataque de locura al probarse el vestido verde, con el cual después admitirá su verdadera historia frente a extraños, pues en el fondo ella sabe que se trata de un disfraz que contiene una promesa que ella no puede cumplir. 

Asimismo, el final sugiere que la solidaridad, el cariño y la compasión son los elementos que hacen la vida posible en un entorno adverso. Es por ello que Masha corre a su departamento comunal tras presenciar un perturbador suceso. Es el motivo por el que Iya se queda a su lado a pesar de que la obligue a actos abominables y contrarios a su naturaleza –el cariño de Iya hacia Masha abre la puerta a un análisis de Beanpole como una representación del deseo reprimido queer–. Ambas saben que están solas en la ciudad, pues los hombres que las rodean o están rotos –literalmente– o las acosan y solo las quieren para usarlas como objetos. 

Es por ello que Beanpole se antoja como una obra mayor, ilustrando la solidaridad y el amor como los remedios al dolor y la locura ocasionados por la guerra. Balagov utiliza todos los recursos del medio para presentar una historia desgarradora, trágica pero esperanzadora, como la vida misma.



Ficha técnica:
Título: Beanpole
Título original: Dylda
Dirección: Kantemir Balagov
Año: 2019
País: Rusia
Guión: Kantemir Balagov y Aleksandr Terekhov
Fotografía: Kseniya Sereda
Edición: Igor Litoninsky
Productor: Alexandr Rodnyansky, Sergey Melkumov, Natalya Gorina y Ellen Rodnianski
Producción: Non Stop Production
Reparto: Viktoria Miroshnichenko, Vasilisa Perelygina, Konstantin Balakirev, Andrey Bikov.
Música original: Evgueni Galperine

Porfiado: baladas rock sobre las contrariedades de crecer

No hay comentarios.
Las reseñas innecesarias | Por Juan Jesús Jiménez 

Como adolescentes lo sabemos: muchas de las cosas que vemos, no nos agradan. Situaciones como la indecisión, el miedo a crecer, el odio y la soledad son cosas que son inherentes al crecimiento humano, resulta curioso que exista un álbum que aborde estos temas de forma tan ligera y los lleve a un punto por demás gracioso y reflexivo al mismo tiempo.

Porfiado, el decimotercer álbum de la banda uruguaya del Cuarteto de Nos, se vuelve en cada pista, una balada rock sobre las contrariedades de crecer. Lanzado en Abril de 2012, ganador a mejor álbum Pop/Rock y mejor canción rock de los Grammy Latinos en ese mismo año, ha sido uno de los mejores trabajos de la banda dirigida por Roberto Musso.

Posterior a discos como Raro, Bipolar y Cortamambo, el Cuarteto de Nos logró retomar los mejores puntos de su trabajo para traernos -el que para mí es- el mejor álbum de la banda. De mano de la sátira a situaciones comunes o humor parecido al de la canción de Mamá, el bajista me está pegando, bailando siempre entre el pop y el rock alternativo, es posible que Porfiado prolongue aún más el legado de la banda en la historia del rock latino.

Desde canciones como Buen día Benito y Lo malo de ser bueno, podemos encontrar la tónica de las letras y el ritmo tan dinámico que caracteriza el disco; siempre con cierto humor y teatralidad que dan un estilo único a las expresiones que impulsan el hilo principal, ser un necio que se resiste a crecer.

Si no supiéramos que Roberto -quien compuso gran parte de las canciones- tiene 59 años, sería fácil creer que las letras salieron de una pluma adolescente.

Ahora, fuera de lo reflexivo que puede resultar, hay canciones que sirven de cierta forma como un alivio cómico, caso de El balcón de Paul, que con sus bromas y referencias constantes, dan la sensación de realmente estar en una fiesta tremenda que se desparrama en la propia canción y en la melodía de la guitarra como los gritos de la gente. No te invité a mi cumpleaños, podría ser otro ejemplo, con una letra que cualquiera podría dedicar a su ex y con un sentido de catarsis como forma de vivir. Y aunque estas dos canciones son las más evidentes en su intención, todas las canciones siempre llevan ese doble filo para identificarse e identificar a otros en las canciones.

Pero no es solo la forma en que se adoptan estos temas lo que hace tan atractivo el disco, sino la experimentación de la combinación del rock con otros géneros que parecerían muy lejanos como la cumbia. El final de Vida ingrata y la canción de Enamorado tuyo parecerían una broma para un fanático de Iron Maiden, pues, aunque podemos escuchar las guitarras y las baterías como base de la canción, son los cencerros y los güiros quienes llevan el ritmo propio de un sonidero.

El resultado tan bizarro y atrayente que resulta, hace que Porfiado sea un álbum que se puede escuchar mirando el techo, causando destrozos en nuestra habitación o bailando con nuestros amigos en el pasillo de la escuela. El hecho de ser tan abierto y reconocible para el público, hace que ponerle atención a la lírica sea un acto inconsciente que al término de cada canción, nos haga ser más cercanos a la siguiente hasta acabar el disco.

WandaVision: la época de las cartas de amor

No hay comentarios.

Por Fernando Juárez


En estos años, donde se ha vuelto costumbre adjudicarle el calificativo “carta de amor” a cualquier intento artístico por salir de lo convencional o retomar estilos olvidados por la modernidad, se ha plagado el catálogo de plataformas de entretenimiento de películas y series que en automático son denominadas de esta manera y de inmediato se asume que son joyas que deben ser consagradas y recordadas al mismo nivel de Macario, Simitrio o Tizoc.
 
La más reciente carta de amor que pueden ver y que en este momento se encuentra en el cenit de la popularidad entre el publico de 15 a 40 años es la serie WandaVision disponible en Disney+.
 
A grandes rasgos y dependiendo a quien le preguntes, se trata de un spin off (exprimirle los más que se pueda a una franquicia antes de que caiga en el hartazgo social) en donde nos presentan la feliz vida de matrimonio de dos personajes “queridos” en el Universo Cinematográfico de Marvel; Wanda Maximoff (no confundir con Wanda Seux) a.k.a Bruja Escarlata o Scarlet Witch, para los que vamos en el nivel 3 del Duolingo y Visión, un señor que vino de ser una I.A. de Tony Stark a convertirse en superhéroe.
 
La serie WandaVision tendrá una duración de 9 episodios liberados de manera semanal y poco a poco se nos ha ido revelando la verdadera trama, lo que al parecer era un sitcom promedio se está perfilando al misterio y tal vez un poco al terror psicológico, en espera de grandes escenas de acción y derroche de efectos especiales a lo que nos tiene malacostumbrados Marvel Studios.
 
Y antes de que piensen que se me olvidó el encabezado, la serie ha sido descrita como “una carta de amor a la época de oro de la televisión”, situación que para la audiencia norteamericana si aplica bastante bien, pero para nosotros los hijos del Quinto Sol no aplica tanto, pues las series nos llegaron aquí con unos diez años de diferencia en la transmisión y nos presentaban como novedad shows que ya habían sido cancelados o que había caído en el desinterés para el público de EU.
 
Algunos ejemplos de series que pueden ver y que se consideran de la época de oro son; I love Lucy, Bewitched, The Addams Family, The Munsters, The Fugitive o Star Trek (la mayoría se pueden ver en Amazon Prime o en Youtube).

En resumen y para aquellos que se saltaron al final de esta columna de opinión, es una buena serie, apenas se esta desarrollando y espero que pueda seguir manteniendo nuestro interés como lo han hecho hasta el momento, ojalá eviten caer en la mala practica de dejar pendientes en el argumento con miras a producir una segunda temporada.

Letrinas: 3 poemitas de desamor para San Valentín

No hay comentarios.

Por Angel Acecam


Enséñame

 

Enséñame a amar

como tú lo haces,

sin perderte en el

camino sinuoso

del dolor.

 

¿Cómo lo haces?

Quiero aprenderlo,

yo amo como tonto

con el alma y la

vida hirviendo,

 

pero siempre

me condeno al

hades del desamor,

ya no quiero morir

otra vez.

 

Enséñame a amar

un tanto sin alma,

un tanto de mentiras,

un tanto así,

como amas tú.

 

  

 ¿Qué hago?

 

Aquellos momentos

donde atiendes mis

pensamientos

se van consumiendo,

penas añejas

se alojan en

el hostal

de mi alma.

 

¿Volverá el desamor?

Seducido por los deseos

de tu presencia

te busco en mis infiernos,

solo encuentro demonios

que destrozan

mis afanes amorosos

¿Perderé tu amor?

 

Me asusta imaginar

mis caminos de aristas

como puntillas clavadas

en mis pies,

la zozobra

de no sentirte mas

me atormenta.

 

Atiende mi sombrío devenir

Dime ¿Cuánto tiempo me queda de vida?

Porque si te vas

moriré sin duda,

dime entonces;

¿Preparo el funeral o la cena?



Sin ti

 

En silencios te llamo

a gritos ahogados

por mi llanto,

 

mi cuarto

inundado esta

desde que te alejaste

así nada más,

 

tus risas

ya no se escucharán

pues las paredes vida

ya no tendrán,

 

esta casa

sin sueños

se torna

mas gris,

 

ya no tengo

más que decir,

adiós, solo

queda callar,

 

y reprimir

tu recuerdo

para no mencionarte

jamás.

 

  

 

Angel Acecam Cloneoser (Nicolás Romero, Estado de México, Marzo 1985) poeta arbitrario, amante de las albas y los ocasos, sus textos versan principalmente de la soledad, la muerte y el desamor, ha participado con poesía para revistas de Estados Unidos, España, Brasil, México y América Latina, sus textos han sido traducidos al ingles y portugués, actualmente cursa la maestría en tecnología educativa.

© Copyright 2017 — Revista Sputnik de Arte y Cultura | Todos los derechos reservados
By Sputnik Medios