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Nina Simone, goddam! De la irreverencia a la revolución

Nina Simone, su legado como artista irreverente y mujer revolucionaria.

24 marzo 2017

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Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


“Jazz is a white term to define black people.
My music is black classical music”-Nina Simone-


Pff… qué frase. Irónicamente me recordó lo que dijo Jimmy Kimmel en la pasada emisión de los Premios Óscar: 'black people saved NASA and white people saved jazz'. Me imagino que de estar viva, a Nina no le hubiera hecho nada de gracia dicho comentario. Ahora, hablando abiertamente de Simone, hay algo en ella que sin duda me asusta y francamente nunca me había sentido así por una artista, al grado de no poder y no querer ahondar demasiado sobre ella en el presente artículo, porque siento que mis simples palabras no le harían nada de justicia a su legado.

Hace ya varios meses, cuando mi cuñado Hugo me recomendó insistentemente a Simone, lo primero que le dije –después de haber escuchado varias de sus canciones- es que había algo en su voz que no me cuadraba del todo porque nunca había escuchado algo así; obviamente no suena como Ella Fitzgerald, ni como Sarah Vaughan, ni tampoco a Billy Holiday. Es una voz demasiado poderosa, oscura y triste como para compararla con la de alguien más o etiquetarla dentro de un género como el jazz, el blues o el folk. Nina supo “definir” su propio estilo que a la vez, es indefinible; fue pianista, cantante, compositora, arreglista, activista social… una mujer apasionante y desbordante que contagió a toda una generación con su genialidad.

Como les he mencionado en artículos anteriores, me encanta 'descubrir' a un artista y empaparme de su vida y de su trabajo; con Nina, además de familiarizarme con sus obras, experimenté un montón de sensaciones que me recordaron lo compleja que es la vida y lo vulnerable que es el ser humano ante ella. El primer acercamiento que tuve a su vida personal, fue un artículo de ‘Pikara Magazine’ que hablaba de un episodio en específico donde había mandado al carajo a un público de Cannes por ahí de 1983, argumentando que por ningún motivo iba a 'entretener' a una bola de adinerados y que básicamente no eran merecedores de su música. Lo leí y me pareció algo poderosísimo, simbólico y medio aterrador, a pesar de no conocer con exactitud su biografía.



Después de varias semanas, decidí darle el 'sí' a Nina Simone y escribir sobre ella en esta ocasión; me encaminé a leer varias de sus biografías y posteriormente ver el documental de Netflix 'What Happened, Miss Simone?', dirigido por Liz Garbus y que nos narra lo que su título –una frase de Maya Angelou- cuestiona. Llevo ya varios días repitiendo en mi cabeza todo lo que vi en dicho documental porque de verdad tuvo un impacto bastante significativo para mí. ¡Qué mujerón fue Nina Simone! Los calificativos se quedan cortos al describirla. No logro racionalizar cómo es que una artista que sufrió tanto, pudo ser capaz de levantarse día con día y haber compuesto más de 500 canciones durante sus cinco décadas de carrera, justo en una época tan miserable para los negros estadounidenses. Convivió demasiado, demasiado cerca con sus demonios personales que la llevaron a tocar fondo a finales de los 70s; aunado a ello, tuvo un matrimonio catastrófico que le arrebató a golpes su salud mental. Con todo eso, aún nos regaló temas legendarios como 'I Put A Spell On You', ‘To Love Somebody’ y ‘Feeling Good’. In-cre-í-ble.

El que Eunice Kathleen Waymon (su nombre real) haya decidido a muy corta edad en trabajar arduamente para convertirse en la primera pianista negra en tocar música clásica, nos dice bastante acerca de quién fue Nina Simone y cuáles eran sus ambiciones personales y profesionales. Desde los 3 o 4 años, y a pesar de vivir en una familia bastante humilde, se encadenó al piano y comenzó una relación tormentosa con él; tanto Nina como su familia, tuvieron que hacer bastantes sacrificios para que tomara clases particulares de piano con la inglesa Muriel Mazzanovich (a quien Nina llamaba cariñosamente “Miss Mazzy”) quien le inculcó el amor por Bach, Debussy y todos los grandes maestros y que posteriormente se dedicaría a generar fondos para la educación universitaria de Simone. Pero mientras todo esto pasaba, Eunice sufrió toda clase de discriminaciones raciales en su cotidianidad y sin importar qué tan grandes o pequeños fueran estos hechos, indudablemente alimentaron su ira cuando luchaba por los derechos civiles al lado de Martin Luther King o Malcolm X unos veinte años después, a inicios de los años 60s.

Cuando se le negó una beca por su color de piel, no le queda más remedio que trabajar en bares e interpretar esas canciones populares que tanto sonaban en la radio y, a regañadientes, comenzó a cantarlas. Lo curioso es que ni la mismísima Nina sabía que tenía ese vozarrón que tanto la caracterizaba y es por ello que inmediatamente hizo que todas las cabezas giraran para ver de dónde provenía. Así es como “la descubren” y comienza a grabar varios singles a mitades de los años 50, como ‘I Loves You Porgy’, ‘Little Girl Blue’ y ‘My Baby Just Cares For Me’ y sin esperarlo demasiado, llega la fama local y nacional. Tenemos que agradecerle a un tal ‘Chico’ –un novio que tenía- por el nombre artístico de Nina, que se combina de la palabra castellana ‘Niña’ y del nombre de la actriz francesa Simone Signoret.

En 1961, cuando ya era conocida como la gran Nina Simone, comete uno de los peores errores de su vida al casarse con el detective policiaco Andrew Stroud, el hombre responsable del desequilibrio mental de Nina (en mi opinión); el fragmento de su vida que más me impactó y que nos regala una fragilidad palpable de la cantante que podemos escuchar en sus canciones y composiciones, porque si bien este tipo se convirtió en su mánager y le dio cierta estabilidad en el ‘negocio’, también era el peor de los verdugos. No sólo la golpeaba constante y violentamente, también la violaba, la torturaba psicológicamente y la hacía trabajar como esclava… lo peor es que Nina llegó a deleitarse con ello. Su hija, Lisa Simone Kelly, que funge como productora y –en ocasiones- narradora del documental de Netflix que les conté, describe en el film la relación enfermiza y dependiente que tenían sus padres, con fines individuales y colectivos, como lo eran el dinero y la buena vida. Llegó el momento en que, aunado a la problemática social que se vivía en ‘gringolandia’, Nina abandona a Stroud y a su hija para llegar a África y literalmente, olvidarse de todo; después de un tiempo se reúne con Lisa y ahora el peor de los verdugos fue la misma Simone, orillando a su hija a tener pensamientos suicidas y padecer los mismos golpes físicos y psicológicos.



Nada de estos trances se comparan a los conflictos interpersonales que vivía Nina y a su ímpetu por hacer un cambio social radical y no pacífico a favor de los negros estadounidenses. Tanto así que toma la decisión de únicamente tocar canciones de propuesta y por ende, su fama se extingue rápidamente, haciéndola una mujer difícil de lidiar y con arranques extremos de violencia. Si ustedes ven el documental (que me parece acertado exigirles que lo vean) podrán ver a una Nina incitando a la gente a irse a las armas y exterminar a todo hombre o mujer blanco que pasara por el frente; abiertamente le dijo a Martin Luther King: “yo no puedo ser pacifista, yo no quiero ser pacifista”. Mientras esto sucede, nos regala verdaderos himnos de lucha como ‘Mississippi Goddam’, ‘To Be Young, Gifted and Black’, ‘Backlash Blues’ I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free’; son canciones que a cualquiera le enchinan la piel y que obviamente Nina no se restringiría a escribir reservada o prudentemente, sino todo lo contrario, ella siempre buscaba llevar al límite a las personas que las escuchaban y generar un poco de conciencia y empatía con la causa; buscaba una revolución mental y un asqueo general por la realidad tan cruda que se vivía. ¡Necesitamos a una Nina Simone en México a la de ya!

‘You’ll Never Walk Alone’, es una canción escrita y compuesta por los genios del teatro musical Rodgers y Hammerstein para el musical ‘Carousel’; Sinatra, Streisand, Doris Day, Elvis Presley y otros más, han hecho sus propias ‘renditions’ de esta canción, pero la que se lleva los laureles sin pensarlo dos veces, es Nina Simone, que con su destreza en el piano, toca las fibras más sensibles de quien la escucha (¿verdad Hugo?). 

Nina es una artista a la que le debemos pleitesía; nuestro deber es conocer su legado y apasionarnos con él porque fue una mujer demasiado irreverente y revolucionaría como para no saber quién fue o qué es lo que hizo. Por favor, CORRAN  a ver el documental y obsesiónense con Simone tanto como lo hice yo.



La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!


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