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De Dylan a Scorsese y viceversa

Martin Scorsese, el cineasta que siempre quiso rocanrolear.

30 abril 2020

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Por Juan H Polanco


Innumerables opiniones, miles de artículos respecto a su obra musical y literaria acerca de ese artista que no deja de transformarse.

¿Resulta ocioso que un fan de Dylan pida la palabra después de todo lo dicho? ¿es pertinente una más?

Que un empedernido melómano coleccionista de música, hasta el fetichismo, solicite una intervención, se justifica sólo en el entendido de que hay confianza o lo que es lo mismo que está ante otros feligreses o con una flota con un padecimiento similar.

De cualquier manera, es menester ser breve en esta alocución, y breve porque para discursos pausados los de las siete de la mañana. Además, aprovecho para dedicársela a otro seguidor de Zimmerman, que se llamó Oscar López.

Dos veces conseguí asistir a un concierto de Dylan y fue en ambas ocasiones en compañía del Oscar, también con Los Lobos que acompañaron a Dylan en una de esas ocasiones. Cuando me enteré de este evento, le pedí a Carlos que moviera sus influencias para que me insertara y pudiese leer estas líneas. El motivo: La asociación entre Martin Scorsese y Bob Dylan.

Esa sinergia entre uno de los más notables cineastas estadounidenses y la obra de Dylan. Martin Scorsese, un neoyorkino descendiente de italianos, integrante de la generación conocida como el Nuevo Hollywood surgida a finales de los sesentas del siglo XX, al lado de Paul Mazursky, Casavetes, Denis Hooper, Artur Penn, Brian de Palma, Coppola; generación de directores que mandaron al carajo la mirada del cine convencional gringo para hacer un cine nuevo, egresados de escuelas de arte que utilizaron las tecnologías de su época y emergieron con una narración personal independiente y contemporánea con la música, la literatura y los movimientos sociales de esa década.

De la filmografía de Scorsese, amplia y profusa, en esta ocasión me refiero en particular a la producción que ha hecho en relación con la música, que también es extensa, con una decena de películas y documentales relacionados con el blues y el rock, en especial con el rock, destacan lo que ha hecho en especial con Bob Dylan.

Autor de un testimonio fundamental en la historia del rock, productor y director en The Last Valz, que es un documental bellamente fotografiado en el 78, y es uno de los primeros superconciertos que reunieron, -con el pretexto de la última tocada de La Banda- a los amigotes de esa agrupación canadiense, entre otros aparece Dylan, Neil Young, Ringo, George, Doctor John, Joni Mitchell, entre otros.

Scorsese tiene una evidente fascinación por la música y por algunos de sus personajes, no contento con ese primer gran largometraje rockero para La Banda, ha realizado otros tantos, en el 2008 hace un magistral filme denominado Shine a Ligth, con unos Stones de primera, grabado con una calidad de audio e imagen asombrosa, un retrato de sus satánicas majestades, y sus veleidades previas a sus espectáculos, si les gustan los Rolling y no lo han visto, allá ustedes.

Destaca también el Living in the material world, documental sobre y para George Harrison en el 2011, un enorme homenaje a Harrison en ese documento de más de 4 horas y media, con material que sólo el Scorsese se consigue para sus trabajos.

Martin también participó en la integración del documental para el cincuentañero Festival de Woodstock, mítico evento de tres días de paz, amor y música. Sirva este paréntesis para destacar unas cuantas cosas de este suceso: destinado desde su inicial organización al fracaso comercial, pues no obtuvieron los permisos necesarios, así que en realidad Woodstock, no sucedió en Woodstock, no obtuvo en su convocatoria, la participación de las bandas más celebres de aquel momento, no aceptaron los Rolling, ni Zeppelin, ni Purple, ni los Doors, ni los Beatles, ni Dylan.

Su cumple es en estos tres últimos días, su 50 aniversario que no fue posible celebrarlo como se tenía pensado, y aunque en el 94 hubo un Woodstock realmente sensacional, no alcanzo la celebridad del primero. Como que sin Janis, Hendrix y Cocker, está un poco difícil.

El caso es que, además de estos filmes el tal Scorsese, cautivado por la vida y obra de Dylan realiza un par de documentales, dignísimos de su personaje, se da la licencia para brindar un par de documentos, históricos y estéticamente superlativos.

Dirige y produce el NO DIRECTION HOME, que es el primero de ellos, un relato biográfico que reúne una gran cantidad de material para ilustrar la migración de un tal Robert Allen Zimmerman a un Bob Dylan, su periplo del frío y aburrido medio-este gringo a la gran manzana, de Duluth Minesota a Nueva York, pasando por las zonas inundadas de blues, de Arlo Guthrie a Allen Ginsberg y Joan Báez.

Del country al folk, del folk al rock, de la acústica a la eléctrica y de regreso o combinado para hacer el sonido Dylan, ¿pero cuál sonido Dylan? ¿el del Freewheelin', o el del Blonde on Blonde, o el del John Wesley Harding, o el del Desire o cuál Dylan? No sólo los sonidos sino su perspectiva, bajo la influencia de los beats, de los poetas malditos, de Rimbaud y Ferlinghetti y Ginsberg, Kerouac y Dylan Tomas, para un cóctel que la da un discurso único abundante que ya sabemos lo ha cambiado algunas veces, varias veces.

Para beneplácito de algunos y para la impaciencia de otros no es precisamente consistente en sus posturas. Aunque su gran consistencia, sea precisamente en esa voluntad de cambio, su actitud contestataria y la necedad para llevar la contraria, el permanente inconforme.

A ese mosaico de los diferentes Dylan, se intenta acercar el documental que pergeñó Scorsese, filme en blanco y negro que resalta los diferentes tonos de la personalidad de este sujeto siempre listo a negar lo que de él se intenta explicar.

Quizás por eso el mismo Dylan se ha dado a la tarea de escribir su biografía, justo en ella en el prefacio aparece esta oportuna cita de Oscar Wilde: “Resulta comprensible que todo individuo notable pueda tener sus 12 apóstoles, pero por qué tiene que ser siempre Judas quien escriba su biografía”.



En Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan History, Scorsese hace una recreación de la mítica gira donde Dylan hace de las suyas allá en la mitad de los setentas. Una gira que nunca se repetiría, faltaba más, eso no es propio de este señor, sin embargo, no contábamos con Scorsese, para recopilar los registros de hasta cuatro camarógrafos y obtener el registro de uno de los mejores Dylan’s, en un tour ¿inspirado en Kerouac?, estrenando rolas, interpretando con arreglos diferentes otras, decepcionando al público que quiere sus canciones como en el disco y eso no se va a poder porque en cada gira se reinventa y se coverea.

La celebre y mítica gira, misteriosa desde el origen de su nombre, la composición de una ecléctica banda que se va integrando con los músicos con los que recién había grabado el álbum Desire, mas las incorporaciones de Joan Baez, Roger McGuinn, T Boone Burnet, Paty Smit, Joni Mitchel. Si en cada disco el admirador de Dylan Thomas le da vuelta a la tuerca, sólo que Bob al revés, para que en cada gira apareciera un nuevo Dylan. Y en esta no es la excepción.

El pedal steel de Mansfield, el violín eléctrico de Scarlet Rivera, el glam de Manson; todos ellos generaron que A hard rain is gonna fall, o One more cup of coffe o Isis o I see may life come shinin suenen sin exagerar sensacionales, impresionantes, maravillosas y sorprendentes.

El resultado es como decía, uno de los Dylan más cabrones, inspirado, con punch, poesía y ritmo rocanrolero. Además, en esta carta de amor que Scorsese regala a la música, brinda también una mirada a los Estados Unidos de la mitad de los setentas con su crisis moral y económica, con el escándalo de Watergate y la derrota en Vietnam. Rolling Thunder Revue, con su edición hipnótica es un aporte más del maestro Scorsese al cine, a la música y a la historia de su país.

Acusado de ser uno de los músicos más influyentes; colecciona grammys, globos de oro, premios de la Academia, un príncipe de Asturias y el Nobel de Literatura que recibió en su nombre Patti Smith y cuyo discurso remata con una emotiva y emocionante interpretación: Una dura lluvia caerá.

Para terminar, debo usar un calificativo que, a decir de José Emilio Pacheco, es la palabra más sabrosa y rica que México ha aportado a la lengua española por su alegría por versatilidad según la usemos: PINCHE DYLAN.

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