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"Sueños de trenes" y cómo aceptar el dolor como parte de la vida



Cinetiketas | Jaime López


¿Es posible volver a estar en paz con la naturaleza después de padecer una dura tragedia en la vida, que carcome el alma? Esta es una de las interrogantes que genera el filme "Sueños de Trenes", que algunos especialistas aseguran va a estar nominado al premio Oscar 2026 en la categoría de Mejor Película.

Suceda o no eso último, la obra en cuestión ha tenido una gran aceptación entre los críticos de Estados Unidos y la audiencia, y no es para menos.

Con una íntima fotografía a cargo de Adolpho Veloso, que ya ganó el premio de la Asociación de Críticos, "Sueños de trenes" cuenta la historia de un hombre introvertido que por mucho tiempo no sabía qué hacer con su existencia hasta que se enamora y tiene una hija.

A partir de ahí, el personaje interpretado por Joel Edgerton acepta trabajos temporales como obrero en la construcción de vías ferroviarias, así como de leñador, a fin de tener un sustento económico, pero también disponibilidad de tiempo con sus seres queridos.

Sus vivencias en distintas montañas y bosques de Estados Unidos le hacen conocer de cerca el racismo, la parte oscura de la condición humana y algunas creencias míticas sobre la naturaleza.

Respecto a ese último concepto, el protagonista se convierte en un silente observador de la manera en que se ha ido transformando la sociedad contemporánea.

Asimismo, el ver de cerca cómo atacan sin aparente explicación alguna a un sujeto de origen asiático, le hace tener un sentimiento de culpa, que se volverá crucial en sus emociones.

Dirigida por Clint Bentley, "Sueños de trenes" entrelaza una estética minimalista y una narrativa semejante a las que caracterizan el cine de Terrence Malik, quien contrasta la belleza de la Madre Tierra con la maldad de la gente.

Así, el filme se desarrolla de forma orgánica, sin prisas, ni ediciones frenéticas, a fin de transmitir la manera o el ritmo con el que el personaje principal percibe su entorno.

En tanto, el guion muestra las paradojas en la existencia del estelar, quien tiene un carácter pacífico y protector con su familia, pero debe irrumpir o violentar la flora debido a su oficio como leñador.

Los elementos descritos en líneas anteriores se van combinando naturalmente en "Sueños de trenes", junto con algunas reflexiones acerca de la muerte.

Es oportuno agregar que el trabajo actoral de Edgerton es respaldado por un gran elenco secundario, integrado por Felicity Jones, Kerry Condon y William H. Macy.

Cada uno de ellos aporta una reflexión vital, no solamente para el protagonista, sino para la audiencia misma, la cual terminará hecha un mar de lágrimas si se deja envolver por la premisa del argumento.

Dicha premisa tiene como principal propósito hacer que nos demos cuenta que la sociedad es una minúscula parte del universo y que la vida es hermosa, a pesar de sus momentos de dolor.



Letrinas: Siempre voy tarde

Siempre voy tarde

Luis De la O


“Alguien debió haber calumniado a Josef K.,
pues una mañana fue arrestado sin haber hecho nada malo.”
—Franz Kafka, El proceso


Me despierto como todos los días. Suena la primera alarma de las siete, la que pongo “por si no me levanto a la primera”. El reloj marca las 5:45 a. m.
Bajo a prender el bóiler y me concedo un ratito más, ese pequeño acto de resistencia inútil.
Cuando vuelvo a ver el reloj repito el mantra que me ha acompañado los últimos siete meses: mierda, voy tarde.

Me ducho, preparo café y le grito a la cafetera:
—¿No puedes hacerlo más rápido?
Como si la velocidad fuera una virtud moral y no un castigo.

Salgo tan aprisa que olvido perfumarme. Prendo el auto: no hay gasolina. Golpeo el volante. Recuerdo lo que dije anoche, como siempre: mañana me levanto temprano a cargar. Rezo a Dios, ese gerente invisible, para que el coche aguante con lo poco que le queda.

El estacionamiento está lejos. Corro con las agujetas sueltas mientras repito el mantra en voz alta, como un rezo laico. Me abre la misma persona de todos los días, con la misma sonrisa disciplinada. Alguna vez me dijo que este era el mejor trabajo que había tenido en su vida. Desde entonces sospecho de él.

La oficina —si es que se le puede llamar así— mide dos por dos. Tres personas coexistiendo por obligación. Se maquillan y hablan del fin de semana como si el tiempo libre fuera un rumor. Abro la computadora: el mismo archivo inconcluso del viernes. El pasado reciente siempre vuelve en forma de documento sin guardar.

—¿Y a ti cómo te fue?
—¿A mí?

Hago una pausa. Pienso en excesos, en noches largas, en decisiones torpes.
—Bien, tranquilo. No hice nada.

La mentira más eficiente es la que no despierta preguntas.

Empiezo con los pendientes cuando me llaman. El jerarca quiere verme.
—¿Cómo vamos con los pendientes?

Suspiro. Repito la frase institucional de todos los lunes:
—Seguimos trabajando.

Su cara se endurece. Con voz de locutor de radio matutino, me pregunta:
—¿No puedes hacerlo más rápido?

Mierda. Eso mismo le dije a la cafetera. Aquí todos repetimos frases ajenas creyendo que son propias.

Regreso a la oficina. Dos personas esperan turno. La primera dice que su sueño es trabajar aquí. Pobre imbécil, pienso, pero sonrío.
La segunda tiene un apellido importante, rubia, ojos claros, padres benefactores de la iglesia. No sabe nada del puesto, pero eso nunca ha sido un obstáculo. Le doy el empleo de inmediato. El mérito es una superstición.

Hora de comer. Hago fila rápido: hoy hay algo que me gusta. Me siento cuando suena el teléfono. Es mi jefe, viejo lobo de mar varado en el pasado.
—¿Cómo vamos con los pendientes?
—Seguimos trabajando.
—Pues trabaja más rápido, mediocre.

Cuelga. La palabra se queda flotando sobre la mesa.

Como deprisa. La comida ya está fría. Toso y bebo agua de esas que prometen limón pero saben a tamarindo. Todo aquí es así: parece una cosa, es otra, y aun así lo aceptamos.

Anoto pendientes en una libreta con el nombre de mi jefe en letras doradas. Regalo navideño improvisado porque olvidó el intercambio. Estoy por terminar cuando alguien entra a contarme su vida. Mientras habla, mi ojo empieza a temblar.
Ojalá existan refacciones para los ojos, pienso, porque el mío ya se cansó de mirar lo mismo.
No escuché nada.
—Está cabrón —digo.

Funciona para casi todo.

Última junta del día. Presentan el plan de expansión. Me entregan pendientes que debí haber empezado hace dos semanas, quizá en otra vida. Antes de cerrar, alguien de la corte celestial presenta el nuevo producto que, según ella, revolucionará la industria. Silencio. Todos se ponen de pie y aplauden. Algunos lloran. En el fondo, todos sabemos que perderemos cientos de miles de pesos, pero la fe corporativa exige sacrificios.

Salgo corriendo, como cuando era estudiante y sonaba la campana. Tomo mi mochila, cierro la oficina y, de pronto, aparece detrás de mí la misma persona que me abrió en la mañana. Ya no sonríe. Con voz de ultratumba me dice:
—Ya no trabajas aquí. ¿Qué no lo entiendes? Ya vienen por ti.

No entiendo nada. Como Peña Nieto aquella vez, corro a esconderme en los baños. Entro al último cubículo y me subo al retrete. Abren la puerta. Revisan uno por uno. Llegan al mío. Veo los zapatos por debajo: botas viejas, usadas, de las que dimos porque no había de su número. Golpean la puerta. Cierro los ojos.
—Es el fin —susurro.

Despierto de golpe. Sudado. Jadeando. Respiro hondo.
—Solo fue una pesadilla.

Me siento en la cama, tomo un sorbo de agua y miro la hora con los ojos a medio abrir. Mierda, voy tarde.

Amar la incertidumbre: la invocación del amor de Elsa Cross

Falses Beatniks | Por Liz De Roman

 

Esto es amor, quien lo probó lo sabe

Lope de Vega

 

Desde que tengo memoria, el tema del amor ha estado presente en mi vida y, contrario a la interesante (y quizás divertida) idea de buscarlo activamente en mis relaciones personales, me fascinan un poco más las historias que se proponen contarlo, así no sabes si habrá una sensibilidad distinta como en los animes y doramas en los que cada gesto y roce encierran una explosión de sentido o una alegría fugaz de ver el coqueteo entre dos personajes de películas e incluso videos musicales. Aunque es cierto que este impulso nunca descansa, pues no importa el número de narrativas que conozca, una pregunta vuelve a aparecer para susurrarme: ¿qué es amar?

Si repasamos nuestras experiencias cercanas a lo amoroso, es muy probable que coincidamos con los artistas que afirman un hecho casi indiscutible: no importa cuántas sociedades ni cuánto tiempo transcurra, quizá la incógnita más íntima y, por ende dimensionada como una de las más importantes en el sentir humano, sea la del amor. Y esto no con el afán de colocar lo amoroso en el centro del mundo, sino para preguntarse nuevamente por qué el amor es tan complejo y a la vez tan común de vivir. Rastreando dicha naturaleza, la obra Tu otro nombre de Elsa Cross se une a esta discusión y su misterio en una propuesta que juega con el peso del “nombre” y el acto de “nombrar”, pues aunque parezca una labor sencilla (casi automática) en realidad compromete un modo distinto de ver y existir en el mundo.

Pensemos en una de las certezas más grandes de nuestra vida: el nombre, esa etiqueta que moldea tu identidad y te afirma ante otros, a veces con cariño como en el caso de los sobrenombres o apodos, y otras con distancia o formalidad (para algunos apellidos o nombres que no reciben modificación alguna en el modo de llamarte); un grupo de palabras que encierran de principio a fin todas las cualidades, características e ideas que uno tiene de su persona a quien identificamos con solo evocarla en el pensamiento o abrir la boca. Sin embargo, ¿habrá algún modo de poner en duda ese nombre?, ¿tal vez de confrontarlo? La respuesta inmediata sería “sí”, y para una explicación más detallada los poemas de Elsa Cross exhiben que esa posibilidad radica en el amor.

Si nos dieran a la tarea, como en las películas, de pasar diferentes escenas y recuerdos que guardan cada instante en nuestras relaciones, ¿qué las distinguiría a unas de otras?, porque sin importar que todas las viva un mismo sujeto, nunca se salvan de condiciones y cambios que las afectan. Así, partiendo de lo más visible: la otra persona (que suele cambiar) hasta lo más profundo, la vida creada en compañía, Cross señala un fenómeno recurrente; el amor tiene múltiples dimensiones, la del amante es la que siempre quedará con nosotros (la perspectiva del que ama y puede declarar “yo amé”), pero hay algo más allá, algo que rebasa los hechos y las sensaciones o que las integra en una cosa innombrable, una manera de convivir con el otro que no posee una sola forma y mucho menos una sola etiqueta para describirse, un lenguaje que solo es comprendido por los que se aman en él y que Cross señala como el “otro nombre” que recibimos al estar con la persona amada y que es irrepetible.

Un aroma, un chiste personal, un apodo, una costumbre… en suma, el abanico de cosas que hacemos con esa persona en particular y que, aunque amemos después a otros y este conjunto cambie (sean otros gestos, otros apodos, otros chistes u otras vivencias), no podemos encasillar en una sola palabra, pero sí experimentarlo en el amor. Ese es nuestro otro nombre. Uno que jamás será nombrado porque no tiene una sola forma, mas sí reconocido como tal. Tú vives con una parte del otro y viceversa, el otro vive con una parte de ti. Un nombre adoptado en el amor.

Entre los aspectos clave del libro, resonaron mucho en mí los usos de otras nociones ligadas al espectro amoroso como el deseo y la sensualidad, resaltando su erotismo y el papel importante que en la experiencia del enamoramiento se le da a los límites del lenguaje o el poder de los silencios. Para lo erótico, por ejemplo, Cross me mantuvo a la expectativa porque plasmaba de manera muy meticulosa los argumentos de George Bataille y Byung-Chul Han (ambos filósofos) sobre el erotismo, el cual alejado de lo que se cree (un género pornográfico o sexualizante) tiene teorías en las que se habla de un encuentro con “el otro” y su alteridad. Es decir, al conocer a alguien lo que hacemos es dejar de lado nuestro egoísmo y las barreras que nos encierran en el “yo” (esto es en nosotros mismos y nuestra forma de ver las cosas), por lo que de dicha experiencia se puede llegar a una especie de “fusión con el otro” a partir del cuerpo o el afecto o ambos. En los poemas de la autora el juego de cada elemento de lo amoroso y del erotismo se confunde o se mezcla, aludiendo a que al final se asumen como eso, una fusión entre dos individuos que por instantes dejan de ser “dos” y se vuelven “uno”, al grado en que no se sepa quién es quién: “ese instante/ contiene/ todo el espacio/ en sí/ todos los tiempos/ en sí/ en nos”.

Por otro lado, en cuanto al lenguaje y el silencio, se nos muestran dos paralelismos: tanto se puede hablar del amor como no conseguir hacerlo en plenitud (la famosa frase “las palabras no son suficientes para transmitirlo”) y por lo que refiere al amor, se basta con no nombrarse por completo (aquí aplica en parte lo de “un silencio dice más que mil palabras”), entonces es posible leer fragmentos en los que la voz (generalmente femenina) no alcanza a expresar sus sentimientos y a la vez no lo necesita pues lo importante es transmitir ese conocimiento que compartimos todos por haber amado alguna vez; “desde qué fondo invisible/ viene esto que sabemos/ sin decirlo”, “poco a poco / nos contiene en su silencio/ esta cesura/ nos hace entrar en su núcleo/ de potencia infinita/ y antes de que existan/ acomoda/ y revuelve las palabras”, de ahí que “busque cómo decirse/ y se dice mejor en el silencio”.

A lo largo de los poemas se puede sentir la ambivalencia que solemos asociar al amor (más de uno no lograría mentir si nos cuestionaran el que no todo en su experiencia es y ha sido agradable), de manera que, aprovechando tal dinámica, los estados emocionales en que se encuentra la voz de los poemas cambia tan alternadamente como lo hacen los apartados de cada capítulo. Algunos fragmentos como “Y en el latido que pulse y se detenga/ habrá sólo amor/ sólo tu amor” o “ un instante contigo/ y todo se transfigura/ se vuelve/ esta fulguración” se percibe un proceso que intenta abarcarlo todo y que también carga “luz” e intensidad. Pero como lo declara la voz en otros versos “este amor [...]/ se juega todo entero a cada instante” y es “una moneda al aire [...]/ no sabemos/ de qué lado del tiempo/ va a caer”, por ende, en el resquicio de sentirlo hay una incertidumbre que permanece, no sabemos si una persona nos corresponderá o no (y, de hacerlo, si será en la misma medida en que nosotros la amamos) o si en algún punto de la relación ésta se volverá monótona, fría e indiferente.

A la par de la falta de certeza, existe un contrapunto al que le suelen temer todos los que aman: la ruptura. ¿Qué pasa conmigo cuando el “nosotros” vuelve a ser “tú - (menos) yo”? Para esto, Cross recurre nuevamente al erotismo y la fatalidad de una pasión que consume al sujeto porque carece de la reciprocidad del otro como en “y tu ausencia/ se extiende/ como una madreselva/ y no deja ya ver/ en dónde o cómo o para qué”. Un dolor que cohabita con otros sufrimientos como la desolación, la ausencia o la despedida, así hallamos versos en los que se escucha que “perdemos suelo y cielo [...]/ de pronto estamos/ en una tierra ajena/ buscando un rasgo familiar/ cualquier indicio–/ pero todo se va ya” o la sentencia que describe irónicamente el duelo del desamor: “qué maligna ley retributiva/ hace pagar con lágrimas/ cada instante de dicha”.

Sin embargo, llegados a la descripción de los diversos matices en el amor incluidos el sufrimiento y la desdicha, resulta necesario puntualizar que aunque el discurso de Cross tienda a describir cómo una sujeto femenina se pierde en el amor y la pasión desbordados o comienza a “destruir” el sentido de sí misma y de la vida, las estrategias de su escritura (e incluso de las metáforas) no enaltecen las ideas que hoy concebimos como “amor romántico”. No se trata de un romance que crece en el dolor donde muchas historias quieren cubrir los abusos, la falta de límites o la adversidad y drama como “verdadero amor”, sino que funcionan como hipérbole de lo pasional, en la que los sujetos resienten en cada fibra de su cuerpo y de su ser los síntomas del amor y desamor. Empleando palabras como “destrucción” o “muerte” ejemplifica de un modo simbólico el traspaso de ser uno y “volverse uno con el otro” (a nivel corporal y sensorial) o el duelo de una relación que llega a su fin. En “la hermandad creciente con la muerte/ hace de cada instante/ un vino delicioso” el sentido que se la da a “morir” no supone una interpretación literal del acto, sino su equivalencia con los puntos cúlmines del placer, pues al estar tan embelesados en volverse uno con sus cuerpos, el gozo se lleva a un extremo máximo que solo podría tener comparación con algo que nos hace sentir nuestra existencia efímera (la muerte) y su eternidad (los orgasmos y el amor).

Finalmente, aunque me gustaron la musicalidad y los temas que emplea la autora, sintiéndose como la cascada de emociones que cualquiera ha experimentado al enamorarse (o padecer el rechazo y el abandono), habría sido interesante encontrar poemas con nuevas metáforas o lugares literarios para explicar el amor, quizá más centrados en los métodos actuales de las relaciones, lo cual no implica que Cross carece de una propuesta adecuada para su contexto, pues ejecuta con maestría y soltura un amplio catálogo de imágenes que Occidente ha utilizado para hablar de lo amoroso. Y, si hay algo que la autora parece decirnos con su poemario, es que en un mundo donde “la entrega sin acuerdos, límites ni precauciones” es peligrosa, uno tiene que atreverse a amar, aún con miedo, aún con concesiones y filtros, dado que las personas pueden ir y venir o dejar heridas que nunca sospechamos, pero el amor, su enigma y sus sorpresas siempre quedarán en el desarrollo de nuestros corazones.

Nieves de enero: convocatoria de cuento 2026 | Editorial Agujero de Gusano



CONVOCATORIAAntología de cuentos

Nieves de enero


La Editorial Agujero de Gusano convoca a escritoras y escritores que radiquen en México a participar en la antología de cuentos Nieves de enero, un proyecto editorial que explora la relación entre la música popular mexicana, la violencia, la memoria y la cultura contemporánea.


Intención editorial

Esta antología parte de la convicción de que la música popular mexicana no es un mero acompañamiento de la vida cotidiana, sino un archivo vivo de la violencia, la memoria y las contradicciones del país. En un contexto donde la música narra lo que a menudo no aparece en los discursos oficiales —o lo hace desde la distorsión, el mito y el espectáculo—, estos cuentos buscan interrogar el papel de la canción como testimonio, mercancía, propaganda o resistencia. La intención editorial no es glorificar la violencia ni moralizarla, sino explorar sus resonancias culturales, las formas en que se canta, se oculta, se celebra o se normaliza. Desde la ficción, la antología propone una lectura crítica del país a través de su música: lo que dice, lo que calla y lo que deja sonando cuando todo lo demás se ha roto.


Temática

La antología estará dedicada a la música popular mexicana y su relación con la violencia, la memoria y la identidad cultural.

Los cuentos podrán dialogar —de manera directa o tangencial— con alguno o varios de los siguientes ejes:

  • La música popular como narradora de la violencia en México.

  • Corridos, narcocorridos y corridos tumbados como mito, crónica o propaganda.

  • La censura, persecución o silenciamiento de la música popular.

  • La narcocultura y su imaginario musical.

  • La violencia de Estado y su reflejo (o su omisión) en la música.

  • La música regional mexicana como herencia, identidad o condena.

  • La música como industria, mercancía y dispositivo cultural.

La música podrá funcionar dentro del relato como tema central, detonante narrativo, atmósfera, memoria, obsesión o ruina.


Participantes

Podrán participar autoras y autores de cualquier nacionalidad y edad, siempre que radiquen en México (condición indispensable para el envío del ejemplar de cortesía).

Cada participante podrá concursar con un solo cuento.


Obra

  • Se podrá participar con una sola obra.

  • El texto deberá ser original e inédito, y no haber sido premiado ni estar participando simultáneamente en otros concursos o convocatorias editoriales.

  • La obra deberá estar escrita en español, en hojas tamaño carta, con una extensión de 4 a 7 cuartillas, en formato Word, con letra Times New Roman o Arial de 12 puntos e interlineado de 1.5 (si el trabajo se extiende un poco más de las 7 cuartillas, no hay problema).


Método de envío

Los trabajos deberán enviarse al correo electrónico: hola@sputnikdos.com

Asunto del correo: Nieves de enero

El correo deberá incluir:

  • El cuento adjunto en documento Word con título, nombre o seudónimo del autor (respetando las características de formato y extensión).

  • Una breve semblanza del autor o autora en el cuerpo del correo (de manera opcional puede incluir redes sociales del autor).

Además, cada participante deberá incluir un enlace de Spotify o YouTube a una canción relacionada con la temática de la antología (no necesariamente vinculada al cuento enviado), con el fin de conformar la playlist oficial de Nieves de enero.


Plazos

  • Recepción de trabajos: 01 de enero al 30 de marzo de 2026.

  • Las personas seleccionadas serán notificadas vía correo electrónico en fechas posteriores.

  • La publicación de la antología está prevista para el verano de 2026.


Selección

Los cuentos serán leídos y seleccionados por el equipo editorial de Agujero de Gusano. El fallo será inapelable.

Debido a la extensión limitada del libro, no será posible incluir todos los trabajos recibidos. Sin embargo, algunos textos no seleccionados para la antología podrán ser considerados para su publicación en la sección literaria Letrinas de Revista Sputnik, en la página web de Editorial Agujero de Gusano o en el fanzine impreso que la editorial distribuye periódicamente en la ciudad de Aguascalientes. Al enviar su obra, las y los participantes manifiestan su conformidad con esta posibilidad.


Publicación y derechos

Los autores y autoras conservarán los derechos de su obra, cediendo de manera no exclusiva los derechos necesarios para su publicación en la antología Nieves de enero, así como en sus posibles versiones impresa, digital, en Revista Sputnik, el fanzine impreso o la página web de Editorial Agujero de Gusano.

Al tratarse de un proyecto autogestivo e independiente, no se contempla remuneración económica. Cada autor o autora seleccionado recibirá un ejemplar de cortesía de la antología.

Se otorgarán cinco menciones honoríficas a los cuentos más destacados, las cuales estarán acompañadas de un presente simbólico por parte de los patrocinadores del proyecto.


Consideraciones finales

Editorial Agujero de Gusano se hará cargo de los gastos de impresión, registro y distribución de la obra entre sus autores. Un porcentaje del tiraje estará disponible para su venta a través de los distintos canales de la editorial, y las personas participantes podrán adquirir ejemplares adicionales si así lo desean.

La participación en esta convocatoria implica la aceptación total de las presentes bases. Cualquier situación no prevista será resuelta por el comité editorial.

© Copyright | Revista Sputnik de Arte y Cultura | México, 2022.
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