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En el camino: El país del fútbol

Por Omar Dávila | Río con su Pan de Azúcar, su Cristo Redentor, sus playas, sus miradores, su Maracaná, tiene paisajes de otro mundo.

01 abril 2015

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 En el Camino | Por Omar Dávila Márquez |


PAÍS DO FUTEBOL
El país del fútbol, país donde nació un rey que a una corta edad prometió secar las lágrimas de su padre tras la derrota de su país en la final del mundo de Brasil 1950, para ocho años más tarde cumplir su promesa, en la edad de la inocencia y de los errores -como bien dicen los Ángeles Azules, los casi 17 años-, tenia 16.

Para un aficionado al fútbol el asistir a un mundial es una máxima, para un servidor amante de la cultura brasileira (música, idioma, alegría), era la oportunidad de una vida; después  de veinte años el mundial regresaba al continente de los latinos, del continente de un tal Diego y de Chicharito.

Por alguna razón y faltando menos de un mes para la contienda, el que ahora redacta desde la tierra hidrocálida, logró obtener un pasaje al Río de Janeiro de Zé Pequeño y la Garota de Ipanema.


TÁ COMIGO TÁ COM DEUS (Están conmigo, están con dios)
La llegada a tierras brasileiras se dio en el aeropuerto de Sao Paulo, se perdió el vuelo que hacia conexión para Río y me lo pospusieron cuatro horas, mientras tanto había que calmar el hambre y junto a mis primeros amigos en aquellas tierras -una pareja de colombianos- decidimos ir por una pizza; ellos no hablaban portugués, yo tenia en mis espaldas la responsabilidad de dos semestres aprendiendo ese idioma, todo quedó en mi manos, y bien, la oportunidad llegó… el cielo se me vino abajo, no entendía un carajo de lo que hablaba la mesera, me quedé plasmado, avergonzado, intenté con el inglés, la mesera no hablaba ingles, al fin y al cabo no nos quedamos sin comer, pero mi confianza a la hora de comunicarme se tambaleó.


 
THIS IS BRAZIL!
El sentimiento de ver al Cristo Redentor en la cima, una vez de haber arribado a tierra carioca, fue abrumador, no me cayó el veinte, lo mismo al ver banderas brazucas colgando en las ventanas de los apartamentos de tantos edificios, al percibir las favelas, las brasilerias, sus calles, Río de Janeiro. 


BraMex
El ser mexicano, el ser del país de Chaves (Chavo del 8), el país donde Brasil consiguió la copa del mundo con la mejor selección de fútbol que ha existido, es lo que una estrellita a Mario Bros para un mexicano en Brasil, las cosas son más fáciles, el saludo se te da con más alegría, la cerveza también, la hospitalidad en general; incluso cuando al verte con una máscara de Místico, te griten “¡Mucha Lucha!”… nadie es perfecto.

Junto con mis compañeros de viaje -los cuales llegaron antes que yo- tuve la dicha de ser recibido por la familia de una amiga la cual había estado viviendo seis meses antes del mundial en México, es una familia de cracks, nos recibieron como si fuésemos seleccionados nacionales, como si fuésemos paisanos.

Iniciaba el mundial para la sele, el fan fest lleno de mexicanos listos para ver el partido de La Selección vs Camerún, tantos personajes clásicos de los de "Vendo mi auto para ir al mundial”, a los que yo admiraba cuando los veía destacar por su colorido y picardía en la tv durante años, el cantar el himno nacional tan lejos y tan cerca de tu patria, el festejar un gol con la raza en aquellos lares, son cosas que de tatúan el alma.

Con el triunfo de la selección en el primer partido del mundial, solo daba para una cosa, armonizar Lappa, una de las tantas colonias de fiesta total en Río con el Cielito Lindo, y ya estando ahí, advertir a los aficionados croatas del potencial de los verdes y no hablo de los dólares. 

La clase que te da el clásico sombrero de paja con los colores  verde, blanco y rojo; te convierten en un artista, aparecí en tantos muros de Facebook de tantos países, incluso en Nueva Zelanda, una locura.

Tocó el día de jugar contra los de casa, y como dice el Cochiloco, “Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa”. Los brasileiros por más que tuvieran afinidad por los mexicanos, no iban a dejar de apoyar a su país, rieron cuando les comentaba que no la tenían fácil. El fan fest de Copacabana con mayoría de locales, pero el barrio Mexa presente y bien presente -abarrotamos una tercera parte del lugar-, la historia ya la sabemos, gracias San Ochoa, daba para otra noche de fiesta en Río.



LA VIDA BRASILEIRA
Pese a la incertidumbre que se creó con relación a las posibles protestas anti mundial, yo no aprecié tal cosa, aunque hablando con la gente en general, el clima en cuanto al ámbito político era gris. En Brasil la corrupción es un problema de años, las favelas también, pese a que se ha llegado a lograr un control con la pacificación de muchas de ellas -no de todas-, Rio cuenta con aproximadamente 700 favelas, siendo Cidade de Deus la más peligrosa de todas, y la cual se dice fue la primera en ser pacificada. Las noticias que se reciben de aquella parte del continente muestran que la violencia sigue apareciendo en esos lugares a donde a los turistas no se les recomienda entrar, pese a esa curiosidad de tantos de conocer las entrañas del Río de la gente de barrio. 

Se labora por la mañana y se bebe cerveza, o se va a la playa por la tarde, una rutina tan carioca. La magia del carioca es especial, su acento tan marcado, la forma en jugar al fut-volei un martes cualquiera, la forma de sambar.

He tenido la idea de que las formas del paisaje en el que vives influye de cierta manera en la forma de ser de las personas; Río, con su Pan de Azúcar, su Cristo Redentor, sus playas, sus miradores, su Maracaná, tiene paisajes de otro mundo.

 

MISCELANEOUS
Igual que El Tri, yo también tuve la oportunidad de hacer mi parte para llegar al quinto partido, tuve a unos metros al autor del gol que causó tanta pena en nuestra nación. Si tan sólo le hubiera pateado la rodilla a ese Huntelaar.

SAUDADE
Sólo en el idioma portugués se puede encontrar una palabra capaz de definir un sentimiento que aparece cuando sientes que alguna cosa o momento se perderá, no volverá a pasar, la saudade, esa saudade que también significa extrañar lo que ya fue, esa saudade que provoca Río de Janeiro.
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