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Letrinas: El mundo no deja de girar

Por Ricardo Caul | Pero… ¿quién puede volar con un corazón roto?”

08 septiembre 2015

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Por Ricardo Canul | 
 

Y este no es otro sueño en el que voy cayendo al vacío, sabe diferente.

Despierto para apenas ver los créditos finales de la película, no queda nadie más en la sala, me pregunto si de hecho hubo alguien más desde el principio.

Era ese tipo de cine donde sólo pasaban documentales y cine de autor de hace diez años, y hace diez años se siente tan cercano, sus butacas eran cómodas, la película no pudo competir.

La volteo a ver y permanece dormida, su cabeza en mi pecho y mi brazo completamente entumido, hubiera preferido quedarme ahí la noche entera, pero el joven mozo del cine se nos acerca con lámpara en mano ya que las luces no volvieron a funcionar aún y nos pide amablemente que nos retiremos.

Intento levantarme y ella sólo se deja caer, me levanto de la butaca e intento estirar el brazo, llamarlo donde sea que esté, apenas abre los ojos se pasa la mano izquierda sobre el cabello y sonriendo me pregunta -¿Y ahora qué?-.

Caminar por la ciudad.

Hubo un tiempo en que sólo sabía hacer eso, siempre fui un chico distraído, solía meter las manos en los bolsillos y caminar por la ciudad, sin miedo a todo lo que hay que temerle, supongo que por eso fui asaltado más de diez veces y pasé a morir atropellado por cualquier auto más de mil. Nunca supe preocuparme por nadie hasta que la encontré… ¿O ella me encontró? La realidad es que simplemente apareció un día, sin preguntar, hace ya un par de meses, acostada junto a mí, siempre tan fresca y ligera como una simple brisa, siempre quedándose dormida en cualquier lugar en cualquier momento, despertando aquí y allá, hace un tiempo ha dejado de preguntarse la fecha o la dirección.

Así que simplemente caminamos, ella me hablaba de lo injusta que es la vida, el amor, la suerte, la juventud, siempre cerrándolo con una queja acerca de su falta de consistencia “es que soy muy estúpida para estas cosas, nunca logro ordenar mis ideas y siempre tomo la peor decisión.” Siempre me pareció increíble su forma de pensar, sin saber nada de filosofía o literatura siempre supo ponerme en jaque en nuestras pláticas, creo que su ignorancia era lo que le daba sabor a su manera de pensar.

No recuerdo desde hace cuánto caminamos pero no debió haber sido demasiado, recuerdo que pasamos junto a ese hotel donde hay un gran bufete al aire libre y ella me dijo que era ridículo en su opinión como tantos visitantes y turistas eran europeos, todos nosotros soñando con Barcelona, con París, y ellos tan aburridos de eso. “Deberíamos hacer intercambios turísticos” dijo y me pregunté dentro de mí si eso existe, suena bastante lógico.

Ahora estábamos junto a ese viejo Café Impala, no tan viejo según ella comparado con sus clientes, “es como tú con la película, ves tan cercano algo de hace diez años, tal vez no recuerden los nombres de sus nietos, pero recuerdan el Café Impala.”

Es curioso como el tiempo pasa “no es curioso, es relativo… según Einstein.” Solía contestarme mi padre.

Y es que inclusive pueden recordar aquella banca, pintada de verde en alguna parte del paseo de Montejo, o esas sillas de dos asientos que se entrelazan en alguna parte del centro de esta ciudad.

Hay recuerdos a los que nos aferramos, me ha dicho ella, y nos concentramos en retocar la escena, una y otra y otra vez, siempre con un color más intenso y nítido que la vez anterior. Por eso no recuerdan los nombres de sus siete nietos, o la fecha de la boda de su hija, la medicina que han olvidado tomar en la mañana, pero con que cariño recuerdan estas calles. El Impala y el fantasio.

Y estamos en aquella parte que ella tanto ama, con una densidad de gente variada, con todo este mundo de sonidos, olores, sentires. Jugábamos ese juego de inventarles historias a los artistas ambulantes.

“Ves a ese trompetista, seguro fan de Coltrain, no es de por aquí, pero se enamoró de las calles…

Se enamoró de una mujer, una mujer imposible…

Su corazón roto es el que lo ata a esta ciudad, seguro ha trabajado de mariachi por un tiempo, juntando para regresar a su planeta…

Pero… ¿quién puede volar con un corazón roto?”

La gente de nuestra ciudad tacha de locos o extranjeros a los que bailan en las calles al escuchar música, nunca supe si ella era extranjera, pero definitivamente estaba loca.

Y a seguir caminando.

-No dejes que duerma esta noche.-

Cada vez la obscuridad es más densa, hemos intentado escalar un par de árboles, de esos antiguos en los que los adolescentes bobos escriben sus nombres y los de sus novias o las niñas que les gustan, me pregunto dónde estarán ahora Carlos y Lupita, ¿habrá todo salido bien?¿tienen hijos y son felices?

Me ha dicho que la forma para jamás ser asaltado en ningún momento, es pensar en asaltar a alguien más, los ladrones tienen un sexto sentido para detectar a otros ladrones, es un principio simple del camuflaje. Si no puedes contra el enemigo, únetele.

De contrabando conseguimos una botella, pudo haber sido de vino, pudo haber sido champaña, incluso brandi, el sueño comenzaba a pesarme un poco. Estábamos arriba en algún un techo, estábamos en un balcón, solo sé que estábamos lejos del suelo.

Sentado en el suelo rio mientras ella intenta bailar para mí, es una pésima bailarina, ella lo sabe, pero le hace feliz bailar, inclusive sin música, luego entonces soy feliz, tranquilo y completamente seguro de todo en el mundo.

Y seguimos caminando, hasta que el sol aparezca de nuevo, todos los vampiros regresando a casa, preparándose para volver a ser humanos de nuevo. Comenzando una vez más la historia que esa noche les inventamos.

Puedo sentir un poco de calor y la luz en mi cara, abro los ojos sentado en una banca verde, no sé qué hora es, no sé qué fecha es y no sé a dónde se ha ido.

Veo a los ciclistas pasar frente a mí, jóvenes corredores y otros no tan jóvenes, podría hacer berrinche porque ella se fue, podría maldecir e inclusive podría derramar una o dos lágrimas, pero lo increíble es que el mundo sigue girando sin ella. Entonces sólo sonrío.
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