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“Mexican Gangster” y “Made in Bangkok”: Entre rozones de bala y cambios de sexo

Cinetiketas 2x1 | Una es ficción basada en hechos reales; la otra es un documental acerca de una realidad emergente e ineludible.

28 octubre 2015

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Cinetiketas  | Por Jaime López Blanco |


Una es ficción basada en hechos reales; la otra es un documental acerca de una realidad emergente e ineludible. Una es contada en clave de película de acción mientras que la otra es narrada como una especie de crónica individual o epopeya dramática moderna. Una se desarrolla durante la década de los 80; la otra encuentra voz y planteamiento en un periodo contemporáneo. Mientras que una fue estrenada en un gran número de salas comerciales de nuestro país, la otra apenas pudo verse en el más reciente Foro Internacional de la Cineteca Nacional. ¿De qué filmes estamos hablando? Pues de “Mexican Gangster” y “Made in Bangkok”, respectivamente. Ambas producciones con denominaciones en inglés, pero centrados en personajes netamente mexicanos... y encantadores.


La primera película, “Mexican Gangster. La leyenda del Charro misterioso”, comienza con una invitación del protagonista a la audiencia para que cierre sus ojos e imagine la casa de sus sueños. ¿Apología del delito? Quizá solamente un recurso narrativo para enganchar al respetable desde el principio. “Mexican Gangster” es una producción espectacular de Lemon Films que tiene su mayor virtud en la manufactura artística. Excelsa fotografía; irreprochables efectos visuales; impecable diseño sonoro y efectos de audio; simpático soundtrack de antaño; virtuoso diseño de arte y gran vestuario; sumado todo ello a una atractiva producción y a un elogiable elenco actoral.



Tenoch Huerta brilla en el sutil retrato que logra hacer del asaltabancos más buscado de los años ochenteros mexicanos, Alfredo Ríos Galeana, al erigir una especie de “Robin Hood” tropicalizado con mucho carisma y demasiada gracia. Tenoch da cuenta de un estudio acertado del personaje al incorporar los gestos y la manera atropellada de emitir discursos del propio Galeana, quien padecía de una peculiar fascinación por los medios de comunicación y por jactarse de ser un buen orador.


Por otra parte, Noé Hernández (el “Canelita” de “La Tirisia”) también destaca como la fiel “mano derecha” del protagonista en el metraje en cuestión, el cual es dirigido por José Manuel Cravioto. Asimismo, Rocío Verdejo representa de manera cabal a una periodista que sirve como el hilo narrativo principal de los eventos fundamentales de la película. Marco Pérez y Gerardo Taracena complementan adecuadamente el trabajo de sus compañeros, mientras que Paola Núñez tiene uno de los mejores diálogos y escenas del film.


Quizá el único “pero” que se le puede hacer a la nueva producción de Billy Rovzar es la ausencia de mejores líneas argumentales, así como la necesidad de una mayor profundidad al desarrollar algunos resortes emocionales y detalles del protagonista tales como: un mayor coqueteo con su mejor amante, la prensa; una crítica más amplia hacia los ladrones realmente más perjudiciales, los bancos; una mejor edición de contraposición para emparejar a Alfredo Ríos Galeana con su antagonista (el polícia); mejor maquillaje (y photoshop) en el cambio de nariz de Galeana y; un montaje que nos dejara un mejor “sabor de boca” respecto a la preferencia de Galeana por apretar el gatillo de su arma, en lugar del apretón de dedo de su hijo recién nacido.

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En relación a “Made in Bagkok”, la oportunidad de seguir a “Morgana” en su viaje físico y emocional, en su transición de mujer transgénero a transexual, con motivo de un certamen de belleza efectuado en Tailandia, se vuelve un atractivo “plato fílmico” que se digiere gustosamente, el cual es cortesía del director y escritor Flavio Florencio. Poco a poco vamos convirtiéndonos en los cómplices de las ilusiones del personaje central, deseando que cumpla sus expectativas.


Sin embargo, “Made in Bangkok” lucha constantemente con su técnica de filmación, factor que puede afectar el gozo de su premisa. Se perciben los constantes movimientos drásticos de cámara; las escenas con la luz “quemada” y; los atropellos en la recopilación del audio. Es decir, “Made in Bangkok” pone en la mesa cinéfila la eterna polémica entre la esencia y la apariencia; ¿qué es lo que hace a un film un buen producto, su forma o su fondo?


De momento, un servidor escoge el fondo, debido a que la protagonista “Morgana” es un ser tan contagioso, amable y sensible, el cual te hace sentir empatía con su causa, la causa de un maravilloso microuniverso que muchas veces ignoramos. Además, el descubrir el talento de “Morgana” para el canto de ópera y percibir su constante sonrisa hacen que “Made in Bangkok” sea una experiencia más que disfrutable.


Igualmente, el documental en turno tiene otro punto a su favor en esos personajes secundarios que aparecen enfundados en batas blancas o con los ojos rasgados, unidos por un sentimiento de solidaridad. Asimismo, de entrada, la exposición de temas complejos o espinosos para una nación caracterizada por su mala educación sexual, convierten a “Made in Bangkok” en un testimonio audiovisual con interesantes y benéficas repercusiones informativas.
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