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Las Aparicio: La maldición de las mujeres empoderadas

Reseña de "Las Aparicio" en la versión del celuloide, dirigida por Moisés Ortiz Urquidi.

15 marzo 2016

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Cinetiketas | Por Jaime López Blanco | 


Es difícil juzgar a una película cuyo eje argumental de origen posee más que buenas intenciones. “Las Aparicio” es la adaptación cinematográfica de aquella inteligente telenovela exhibida durante el año 2010 (cuya producción estuvo a cargo de Argos Comunicación, de Epigmenio Ibarra) y que tuvo gran éxito, tanto entre la audiencia tradicional como en las plataformas digitales, debido a que le otorgó un rostro fresco, poderoso y una voz diferente a sus protagonistas: un grupo de mujeres independientes, lúcidas y fuertes, que no pueden procrear hijos varones ni conservar esposos vivos, por una supuesta maldición que las precede, pero que, a pesar de todo ello, disfrutan libremente de su existencia.  Es decir, la serie televisiva en comento destacó por presentar una especie de contrapeso, un opuesto a la imagen estereotipada de la mujer abnegada; imagen ésta muy difundida y arraigada en los melodramas nacionales exhibidos por el duopolio televisivo.

Ahora, en la versión del celuloide, dirigida por Moisés Ortiz Urquidi (quien ya se había encargado de la codirección de los capítulos de la serie),  se intenta ahondar en el origen de aquella condena que pesa sobre “Rafaela”, “Alma”, “Mercedes” y “Julia”, todas ellas de apellido Aparicio, también presentando a “Mariana”, la pareja de “Julia”.

Lo más destacable es la impecable dirección de arte, tanto de los interiores de la hacienda, en donde se desarrolla la mayor parte de la historia, como de los elementos que enmarcan las tramas de algunos personajes: el arte sacro que reconstruye “Camilo” (interpretado por Joaquín Cosío); la decoración y vestuario resaltados en la anécdota de la primera “Rafaela” o;  los componentes visuales que acompañan a los pasajes narrativos de los migrantes. 

Por otra parte, es “delicioso” observar juntos en escena a tres de los mejores actores del cine mexicano actual: Tenoch Huerta,  Damián Alcázar, y el propio Joaquín Cosío, con roles que enamoran y conmueven. Ojo con esa escena en la que Tenoch cuenta un secreto familiar y llora; es realmente un momento muy emotivo.

Irónicamente, eso último es lo que da al traste con las buenas intenciones de “Las Aparicio”, porque de esa forma se deja de dar seguimiento adecuado a los dramas de las protagonistas, los cuales pierden consistencia y desembocan en extravíos de personajes. Así, varias de ellas se ven envueltas en acontecimientos superficiales que bien pudieron ser resueltos en pocos minutos y; olvidan utilizar un montaje interesante -quizá con más planos secuencias y menos cortes directos- que podría haberle aportado mayor elegancia, frescura y cohesión a una premisa que se lo merecía. Luego entonces, el guión se vuelve un tanto monótono a la mitad de su ejecución, cuando uno sólo está esperando para ver con quién de “Las Aparicio” se encontrará el buen Tenoch. Además, las subtramas con apuntes sociales se quedan demasiado relegadas, desperdiciadas. 


Lo que no se niega es que esta ópera prima de Ortiz Urquidi es un filme medianamente entretenido y bien producido, en el cual se utilizaron acertadamente los efectos visuales. Igualmente, hay buenas actuaciones de Liz Gallardo, Eréndira Ibarra, Paulina Gaitán, Adriana Paz y María del Carmen Farías. En fin, uno se queda con esa “espinita” de que la película pudo y debió haber sido una mejor vitrina de las mujeres empoderadas, aquellas que deben ser reconocidas mucho más, y recriminadas mucho menos, por el mundo actual.


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