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Glenn Miller: el lado ambicioso de las big band

Cuando piensen en el swing coqueto, les recomiendo que piensen y valoren a la ‘Glenn Miller Orchestra’.

05 julio 2017

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Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |



Tengo que reconocer que, a partir de mi artículo pasado sobre Sarah Vaughan y una playlist fantástica de mi cuñado Hugo en Spotify, me quedé mucho con esta idea de las big band orchestra de los años 30s y 40s, orquestas que definitivamente influenciaron al jazz más comercial y le abrieron las puertas de par en par al swing (sorry Duke Ellington). Me hubiera encantado escribir sobre Count Basie peeeero, reconozco que tengo que ‘empaparme’ mucho, mucho más con su trabajo para hacer un mejor artículo. Pero no se preocupen, ya les estaré hablando de ‘Shiny Stockings’ o de ‘One O'Clock Jump’ muy pronto. Pues bien, uno de los personajes más emblemáticos en la escena de las big band orchestra fue el legendario Glenn Miller, creador nada más y nada menos que de la clásica ‘Moonlight Serenade’ y que con su muy corto paso por la industria, revolucionó e influenció a muchísimos artistas contemporáneos. Sé de buena fuente que a mi abuelito paterno le encantaba Glenn, así que por eso decidí aún más a escribir sobre él.

No sé si a ustedes les pase o no pero, cuando escucho ‘In the Mood’, de manera instantánea me pongo de buen humor, es casi inevitable. Y ojo, ni siquiera es de la autoría de Miller, él se encargó de convertirla en la gran pieza que es y popularizarla a nivel mundial… pero nada más (uy, qué fácil). Lo que me parece realmente increíble es como una sola pieza puede generalizar todo un movimiento musical de una época específica, vamos… si ustedes la escuchan, estoy segura que se remontan a 1940 y ubican perfectamente un escenario con un montón de músicos apachurrados y bien vestidos haciendo sus mejores esfuerzos por sobresalir del resto. Pues sí… así era la cosa.




Alton Glenn Miller, nace en Iowa en 1905; sus primeros pininos en la música fueron al lado de la corneta y la mandolina pero, a final de cuentas se decide por el trombón. Como cualquier músico de los que he hablado, forma su propia banda con amigos de la prepa y, cuando lo inscriben a la universidad y reprueba tres de cinco materias, decide darse por vencido y abandonarla para forjar una carrera musical. Para no hacerles el cuento muy largo, anduvo de músico ‘freelance’ del ’28 al ’37 –más  menos-, tocando en varias bandas, haciéndola de arreglista en varias disqueras, tocando en Broadway, y colaborando con grandes artistas como Bing Crosby etc. Pero, como cualquier idealista/soñador/iluso su tirada era formar su propia big band y con los mejores. Se anima a hacerlo en el ’37 pero con poco (o nada) de éxito, lo cual lo desanima bastante porque ya era alguien con experiencia y con conocimientos amplios en la industria… cuando se desahoga con su amigo Benny Goodman (otra leyenda), éste le recomienda que no se dé por vencido tan fácil y que siguiera haciendo migas con la perseverancia.

Básicamente Glenn hace una reflexión acerca de lo que podría hacer a su banda diferente y que forzosamente tendría que imprimirle un sonido único y que se implantara en la mente de la gente de manera permanente. Su fórmula exitosa –y que es homenajeada hasta nuestros días- surge cuando toda una melodía corría a cargo de un clarinete, un saxofón tenor y la colocación estratégica de trompetas. Suena simple, imitable pero, en realidad no lo era. Ese fue su descubrimiento y su magnífico aporte a la competencia.

Aquí es cuando llegan los contratos, las giras, los discos, su programa de radio de una hora de duración en NBC-Blue, las apariciones en películas como ‘Orchestra Wives’, ‘Sun Valley Serenade’ y no era tan mal actor ehh… medio tieso pero, ¿quién no lo era en esos días? Hahaha. Obvio los éxitos fueron "Pennsylvania 6-5000", "Chattanooga Choo Choo", "A String of Pearls", "At Last", "(I've Got a Gal In) Kalamazoo" (que me encanta la voz y la carita de Tex Beneke), "American Patrol", "Tuxedo Junction", "Elmer's Tune", y "Little Brown Jug", la mayoría con esta misma fórmula pero, con sus respetables variaciones.




La crítica a Miller era constante y en ocasiones, bastante atinada a mi parecer; le reprochaban el hecho de quitarle al jazz su rasgo principal y su razón de ser tan exquisito: la improvisación. Glenn ensayaba y ensayaba y ensayaba hasta que una simple melodía fuera perfecta y de su completo agrado y se enfurecía cuando no lo lograba rápidamente. Eso para muchos, era excesivamente ambicioso y aburrido a la vez. También, criticaban el hecho de que su banda, de al menos unos 20 hombres, fuera completamente ‘blanca’; ni una sola alma negra. Él se defendía diciendo que únicamente tocaba con los mejores pero pues… que no me diga que Charlie Parker no era el mejor en su campo. De todos modos, yo Mónica Castro Lara, catalogo más a Miller en el swing que en el jazz… ¿qué opinan?

Algunos de sus músicos difieren en sus versiones sobre cómo era Glenn en la realidad; algunos afirmaban que era bastante reservado pero buen amigo, unos que era un tremendo hijo de puta que intimidaba a sus músicos mediante puro bullying hasta lograr que lo respetaran mediante el miedo; otros que era un apasionado de lo que hacía y era feliz cada que tocaba y dirigía a su banda; otros, que tenía ataques de ira, otros, que era un tipo súper bonachón. Miller era un ser humano a fin de cuentas y me parece que cualquiera de nosotros tenemos y vivimos con todos esos matices. Se acuerdan de J.K Simmons en ‘Whiplash’ ¿no?

En fin. En plena Segunda Guerra Mundial, Miller decide servir a su patria enlistándose en el ejército (y de paso a toda su orquesta) para participar en la banda de guerra, con el fin de entretener a las tropas en el extranjero y también de modificar un poco lo tradicional de la música en la milicia. Desafortunadamente, a la edad de 40 años y en pleno vuelo hacia Francia, su avión desaparece dejando un montón de mitos y conspiraciones al respecto. Es triste pensar en un final tan terrible para una gran leyenda pero bueno… así pasó con Gardel y con muchos otros, que con sus pocos años en la industria, la revolucionaron de maneras inimaginables. Cuando piensen en el swing coqueto, les recomiendo que piensen y valoren a la ‘Glenn Miller Orchestra’.




La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!

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