Como mordida canina e infernal

Reseña de L'Amour Est Un Chien de L'Enfer, film de Dominique Deruddere inspirado en Charles Bukowski, una obra de culto sobre amor, fracaso y obsesión

 

Por Franco García |


A Céline Degardin

L'Amour Est Un Chien de L'Enfer
(Crazy Love)
Dominique Deruddere
Bélgica, 1987


Ya lo decía el gran poeta maldito y narrador norteamericano Charles Bukowski, que el amor era como un perro del infierno. Vivir enamorado nada bueno nos traería. Era peor que el alcohol o las drogas. Bukowski, que supo moverse en el bajo mundo de Los Ángeles, California, comprendió que el verdadero amor rugía desde las entrañas y que pocos son los valientes que deciden ingresar a las fauces del infierno. Porque el amor quema, arde, ruge, desgarra, muerde y te asesina lentamente. Con una narrativa seca y sin tantos artificios literarios nos aleja de todo cliché para aceptar la cruda realidad. Pero Bukowski también era un nostálgico y romántico. Sus poemas lo evidencian. Su dolor y su fracaso en el amor lo llevaron a escribir unos textos magistrales, verdaderas obras literarias. El gran poeta del fracaso, el santo patrono de los perdedores.

Contaba con más libros de poesía que de narrativa, pero ambos talentos lo llevaron a ser un maestro del mal llamado “realismo sucio”. Mucho se ha hablado de él y, pese a sus imitadores y críticos, su obra sigue más vigente que nunca.

Dominique Deruddere (Turnhout, Bélgica, 1957), cineasta, actor y productor belga, llevó a la pantalla grande uno de sus mejores filmes inspirado precisamente en uno de los más memorables libros de la poesía norteamericana: El amor es un perro del infierno. Poemas 1974–1977. Fue en 1987 cuando L'Amour Est Un Chien de L'Enfer se estrenó en los cines de Estados Unidos (traducida como Crazy Love), convirtiéndose en una de las primeras películas flamenco-belgas en salir del país. Aunque no tuvo buenas críticas, hoy podría considerarse una obra de culto debido a su poca difusión y conocimiento. Y sería bueno considerarla, extraerla de los archivos muertos para homenajearla, brindarle el respeto que se merece toda obra de arte. Un clásico del cine belga que no debe morir.

Porque Dominique Deruddere logró lo que pocos cineastas europeos llevan a cabo: fusionar poesía y cine, un género híbrido, quizás. Adoptó y adaptó los textos literarios de Charles Bukowski a su mundo cinematográfico. El actor Josse De Pauw, quien interpreta a Harry Voss, realizó un papel modesto y maravilloso. Es el personaje principal y una clara personificación de Charles Bukowski.

Desde la infancia hasta la etapa adulta, Harry Voss atraviesa por una vida cruda. Un padre alcohólico y una madre sumisa, viviendo en un hogar pobre de Bélgica. Pese a esa desgracia, Harry Voss idealiza el amor. Se enamora de una ilusión a temprana edad e intenta mantener relaciones sexuales con la madre de un amigo mientras ella duerme borracha en su cama y fracasa. Son los primeros acercamientos y descubrimientos a su vida sexual. Llegada la adolescencia, se enferma de acné quístico crónico que lo aleja de las mujeres y, de nueva cuenta, intenta mantener relaciones sexuales con una mujer en un auto pero sufre el rechazo por no ser atractivo físicamente. No sólo su vida sentimental comienza a ser reprimida, sino también la sexual.


Al pasar los años, siendo adulto, se vuelve alcohólico, callejea pero no deja de buscar el amor en cada rincón de su pueblo. Cree en él, mantiene un poco la esperanza a flote. Podrá ser un fracasado, pero lucha contra las crudas pruebas de la vida. Tiene un solo amigo, Stan, interpretado por Michael Pas. Junto a él emprenden entonces una nueva aventura para buscar ese “amor loco”, su verdadero amor.

Al pasar los días se encuentran con el cadáver de una mujer hermosa y lo roban, entre broma y broma, para aprovecharse de ella. Un acto necrófilo desde luego. Pero Voss, al contemplarlo, no puede con algo así; es imposible que algo tan bello acabe sin sentido. Es injusto para el recuerdo de la chica de sus sueños, lo cual nos demuestra que todo hombre tiene traumas infantiles, fisuras en su alma. Hasta que termina suicidándose en el Mar del Norte con ella.

Sin duda, es una historia compleja, con una atmósfera tétrica que lleva al espectador a adentrarse en la mente y corazón de Harry Voss y cómo el rechazo, el romanticismo, el fracaso y la enfermedad nos conducen a nuestros límites, a tratar de llenar vacíos existenciales.

La propuesta de Dominique Deruddere también nos lleva a cuestionarnos: ¿de qué está hecho el amor entonces para Voss? Con toda seguridad, de vísceras, alcohol, desesperación y agonía. ¿El amor debe ser una batalla constante? ¿Por qué no rendirnos? ¿El amor todo lo puede y supera?

Enamorarse puede aterrorizar, llevarte a la locura y posiblemente pocos se atreven a entregarse por completo. Nadie quiere compromisos porque quizás implica subordinarse. Nadie quiere enamorarse porque quizás enferma o porque quizá al primer error que cometas huyan y te dejen con el remordimiento de por vida.

El amor muerde, desgarra, ruge, quema, arde, destroza; pero también aúlla durante las noches frías e infernales. Charles Bukowski entendió a la perfección este dilema por el que atraviesan los seres humanos. Amar y ser amado es lo ideal, lo justo; pero para él el valor está en amar, y no importa cuántas veces te hayan roto el corazón: sólo hay que amar y ya.



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