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«Esto no es una canción de amor», es una novela de rock en vivo

La obra de la escritora Abril Posas es una novela de nostalgia. Una oda de amor a la década de los noventa.

23 abril 2021

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Cortejando la ruina | Por Juan Mendoza

            

Estaba en la página de Paraíso Perdido buscando comprar la novela The Empire del portugués Joao Valente traducida por Ave Barrera, aprovechando que era semana de FIL y tenían descuentos. Descubrí que si la compraba en “paquete rockero” recibía un muy buen descuento y me hacía de otros tres libros. Así fue que una semanas después llegó a mí un ejemplar de Esto no es una canción de amor, novela de Abril Posas que fue editada en noviembre de 2020 y que ya la leí, incluso antes que The Empire.

Y descubrí que es una novela de nostalgia. Una oda de amor a la década de los noventa.

            Mi voz interna me dice: ¡No puede ser una oda al amor, juanito! ¡el título lo dice!

Y sin embargo lo es.

Aunque también es una novela iniciática, que también tiene despedidas. De desencuentros y pérdidas que llevan a nuevas relaciones, aunque no necesariamente buenas relaciones. De desapego, pero también de empatía. De haters en Twitter y un ocasional pogo en una tocada punk.

Y de dos cosas que particularmente me interesa subrayar:

1.- Está novela es un rock en vivo.

Un concierto en un bar pequeño de un grupo de covers que durará hora y media que abre con Ring of Fire de Johnny Cash y cierra con Club de Fans de John Boy de Love of Lesbian, revisando por igual Mulder & Scully de Catatonia o Half a person de los Smiths y mientras tanto pasa de todo y al mismo tiempo no pasa nada. Y esto me lleva a pensar en aquella literatura en castellano que tiene bandas de rock, ficticias o no, como protagonistas en la historia. Mencionaré a los Suásticos en De Pérfil de José Agustín, Outsiders de El Ritual de la Banda de Fidencio González Montes, Los Coyotes Hambrientos en el Blues del Chavo Banda de Eduardo Villegas, La Móndriga Crisis en Matar por Ángela de Hugo García Michel (ésta inspirada en La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio), Los Hijos del Ácido en Las Jiras de Federico Arana, Filia en Fuimos una Banda de Rock de Enrique Escalona,  La-Banda-de-la-que-nunca-conocemos-el-nombre donde milita Diego Iturrigaray en Polvos de la Urbe de Víctor Roura, La Maquinita de Pachuca en Diario Íntimo de un Guackarroker de Armando Vega Gil, Las Ratas de Coyoacán en Rocanrol Suicida de Rogelio Flores, Los Desesperados en la novela homónima de Joselo Rangel, Las Duelistas en Rompepistas de Kiko Amat o Los Tampones en Tratado de Hortografía de Patxi Irurzun. Todas giran, en menor o mayor proporción, en una banda que compone música original.

Pero no había, hasta la fecha, una novela de una banda que toque covers de las que existen miles. Los Incómodos se hacen llamar y esta historia es lo que pasa por la cabeza de Romina, cantante de la banda, alrededor del último show. No hay grandes giras de despedida, ni anuncios previos, ni onerosas ventas de boleto. Un integrante dejará la banda y tendrán su ultima tocada antes de su partida. Y eso quizá no le importé más que al pequeño universo que se forma cuando tocan en el estrado para algunas personas que nunca se enterarán de que algo está muriendo para siempre. Como ha pasado por toda la vida con las bandas de covers. Como le pasa a Rom, la protagonista de esta novela, que nos lleva a la otra cosa que voy a subrayar (alerta de spoiler que no es spoiler porque lo sabemos desde que inicia la novela):

 2.- El fuerte vínculo maternal de Rom.

Cuando leí la novela, la madre de Romina había muerto trece años atrás, y ella desconocía que todas esas cosas que hacían juntas, como pequeños rituales, con el tiempo afinarían mucho ese vínculo; eso hace más y más complicado dejarla ir. Cuando leí la novela mi madre aún vivía. Y desconocía lo mismo que Romina. Quizá por eso es que ahora noto ese vínculo fortísimo que se mantiene intacto y presente en toda la novela, porque al igual que en nuestra novela que es la realidad, permanecerá durante toda la vida. En todas las cosas que hagas, a cualquier lugar que vayas. A menos que te llames Mersault y termines matando un árabe en una playa.

Cuando pensé en escribir acerca de ésta novela, mi madre aún vivía. Si hubiera escrito entonces quizá no le hubiera dedicado al tema más que alguna mención casi accidental. Pero mi madre murió hace pocos días. Escribirlo es fácil, pero supondrás (o sabrás) que es algo bastante feo. En la vida te encuentras con una montaña de cosas que impactan y mientras creces van siendo cada vez menos las cosas que llegan a sorprenderte. La muerte de alguien con llevas conviviendo algún tiempo es una de las que pega más duro. Sobre todo si es la muerte de alguno de tus padres. Quizá lo único peor a ese sentimiento sea la muerte de un hijo. Quizá.

          Tampoco se me ocurre mucha literatura en español dedicada a la presencia onírica de una madre fallecida. Quizá El Extranjero de Albert Camus. Pero Mersault no sabe ni cuando se murió su madre y pronto lo olvida. ­Quizá Canción de Tumba de Julián Herbert, pero durante la historia la madre está moribunda, más no muerta. Eso creo. Ya me lo dirán los que leyeron la ópera prima de Herbert, la neta es que no lo he leído porque no he podido conseguirla. También se agradecería que nutrieran la lista con novelas del tema que se me escapan o desconozco.

              Igual esas cuya trama tenga que ver con grupos de covers.

              Lo cierto es que su lectura me refirió a otra “primera novela”: Salida de Emergencia de Maira Colín. Novela editada por La Cifra en 2016 que habla sobre la inconsistencia de la cotidianeidad cuando es manoseada por las otras partes de la ecuación llamada amor, y demuestra que todas las relaciones amorosas son enfermizas. Su autora además de ser gran seguidora de los Pixies, también es la lead singer de la banda Los Burocratics. Ignoro si Abril y Maira se conozcan, si alguna vez compartieron cheve de una jarra oscura mientras escuchan canciones de pop inglés que salen de una rockola previamente alimentada con muchas monedas para no interrumpir el ritual con pausas inútiles. Definitivamente sus personajes lo harían. Imagino a Laura, Regina, Gabriel y Rubén liando algo y confabulando en el antro donde se lleva a cabo un concierto de Los Incómodos… y si no saben de que carajos hablo, sólo vayan a conseguir las novelas. Para que se animen cheedo: ambas se hermanan porque son libros con soundtrack muy similar.  

            Y para muestra, la liga al playlist de Esto no es una canción de amor, que descubro, tiene el mismo mood y se pueden complementar con el de Mi Reflejo en una Montaña Cubierta de Nieve, pero esa es otra historia.

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