Chet Baker: personificando al ‘cool jazz’ una droga a la vez


Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |


''I don't know whether I'm a trumpet player who sings
or a singer who plays the trumpet.'' -Chet Baker-

Algunos más dramáticos que yo, afirman que fue asesinado; otros que fue un suicidio muy calculado y otros, simplemente quieren –queremos- pensar que en un descuido desafortunado, perdió el equilibrio y resbaló por la ventana, no sin antes haber consumido sus drogas favoritas. Lo único cierto aquí es que la muerte de Chet Baker en mayo de 1988 fue una verdadera tragedia para el jazz y generó miles de teorías y hasta arte sobre cuáles pudieron haber sido sus últimos pensamientos antes de acabar en la acera del Hotel Prins Hendrik en Ámsterdam. La casualidad es tan chula que me permite estar escuchando su versión de ‘Deep In a Dream’ justo en estos momentos y bueno… se le llena a uno el corazón de melancolía. Su voz es increíblemente suave y su ‘solo’ con la trompeta es corto pero sublime. Si gustan, pueden acompañarme en este estado de cursilería en el que me pone la canción y colectivamente pensemos que el buen Chet está sumergido en un sueño profundo y ya, quitémosle tanto drama y tanta desilusión al asunto.




El nombre de Chet Baker es bien conocido en la escena del jazz norteamericano, específicamente en el considerado ‘West Coast Jazz’, denominado así por su ubicación (en Los Ángeles y San Francisco) y por sus aportes al ‘cool jazz’, impregnándole un estilo mucho más calmado. Pero, no se agobien si es que no lo habían escuchado antes; me parece que sus altibajos personales y profesionales, fueron los causantes de una gran inconsistencia en su éxito y en su carrera en general, y ello ocasiona que muchas veces no se le mencione y/o reconozca tanto como a otros de sus colegas. Las historias son muchas: que trabajó al lado de Charlie Parker (Charlie… deja YA de aparecer en mis artículos o tendré que escribir sobre ti lo más pronto posible), que empezó a ‘desbancar’ y a dar dolores de cabeza a Miles Davis y a Clifford Brown, que era tan guapo que era considerado el James Dean del jazz, que tenía una relación casi telepática con Gerry Mulligan… pero a pesar de todo ello, supo resonar y hacerse un nombre propio; supo ganarse al público gringo pero sobretodo, al europeo y sus composiciones –aunque pocas- fueron bastante significativas, como ‘Chetty’s Lullaby’, ‘New Morning Blues’, ‘Two a Day’ y las italianas ‘So Che Ti Perderò’, ‘Motivo Su Raggio Di Luna’ entre otras.

La vida de Chesney Henry Baker Jr. comienza en el año de 1929 en Yale, Oklahoma. Sus padres, unos músicos frustrados gracias a los estragos de la Gran Depresión, nunca dejaron de inculcarle el gusto por la música. Desde pequeño memorizaba con facilidad las melodías que escuchaba en la radio y por eso no le fue muy complicado reproducirlas posteriormente con un instrumento. ¿Su primer gran amor? La trompeta, por supuesto, de quien no se despegó en las primeras dos semanas en que se la regalaron. Siempre se le reconoció el buen oído que tenía y su gran nivel de improvisación; lo que sí no era, era ser buen estudiante, por lo que a los 16 años abandona la escuela y se enlista en el ejército, específicamente en la banda de guerra. A su regreso, por ahí del 48, intenta estudiar en la universidad para abandonarla un par de años después y reingresa al ejército pero, es internado en un hospital psiquiátrico y de inmediato es rechazado, considerándolo persona no apta. Sólo en el documental ‘Chet Baker, the final days’ he leído dicha información y no lo he podido corroborar, pero bueno... Es en este periodo cuando rápidamente –y sin pensarlo más de dos veces- se sumerge en los clubes de jazz de Los Ángeles y se codea con todo aquel que dejara ‘codearse’.

Sus primeras colaboraciones a inicios de los años 50, son al lado de Vido Musso, Stan Getz y Gerry Mulligan (que mencioné un par de líneas arriba); clubes como ‘The Haig’ y ‘Tiffany Club’ se convierten en su segunda casa y dichos lugares fueron testigos de su perfecta ‘rendition’ de ‘My Funny Valentine’ que, con toda honestidad, les digo que es una de las mejores versiones que tiene esta famosa canción. La interpreta de manera muy íntima, muy ‘delicada’, casi susurrándola… es casi palpable el enamoramiento que describe la canción y nos deja bien en claro su enorme talento como cantante, que pudo presumir por todo lo alto en su álbum ‘Chet Baker Sings’ de 1954. Éste, contiene canciones del ‘Great American Song Book’ y una que otra de jazz. Por favor, POR FAVOR escúchenlo, es realmente excelente. Algunas críticas no dejaron de decir que es súper monótono pero a mí no me lo parece. Tiene versiones bastante interesantes y de inmediato te coloca en un estado de absoluta tranquilidad, escuchando y disfrutando ‘That Old Feeling’, ‘Time After Time’, ‘There Will Never Be Another You’ y ‘I Fall In Love Too Easily’.  Aquí es donde podemos discutir la frase que está al principio de este artículo y de inmediato les digo que cualquiera de las dos opciones me agrada y mucho. Y bueno, su forma de vestir y de interpretar, inspiraron a muchos artistas de L.A y dejaron sin dormir a más de una fanática.




Muchos consideran que es justo aquí, en la década de los 50, donde fue el verdadero esplendor de la carrera de Baker: se convirtió en el ícono del ‘cool jazz’,  grababa álbumes como pan caliente, hacía colaboraciones importantes, se iba de gira constantemente y hasta actuó en 2 o 3 películas gracias a su cara bonita (porque sí… esos pómulos tan pronunciados vaya que son atractivos). Sus discos más representativos fueron ‘Grey December’, ‘The Chet Baker Quartet’, ‘Chet Baker Big Band’ y ‘Jazz At Ann Arbor’. Como dato curioso (re curioso diría yo) me topé con que en 1965/66 grabó el álbum ‘A Taste Of Tequila’ al lado de… ¿mariachis? ¡Sí, mariachis! ‘The Mariachis Brass’ que me parece eran de Tijuana. Es lo más random y awesome que he leído y escuchado, en serio. Qué bonito es toparse con sorpresas así además que el álbum es MUY bueno, es increíble imaginar que Chet está detrás de esas trompetas. Nos da una buena idea de lo versátil que fue este hombre.




Pero todo ese trabajo tan genial y todos esos aportes, se vieron opacados por su fuerte (fuertísima) adicción a las drogas, especialmente a la heroína y cocaína, que generaron una cadena de desafortunados eventos:  cumplió una condena de año y medio en una cárcel de Italia; fue deportado de varios países europeos por cargos de posesión de drogas, se enemistó con un montón de gente, comenzó a empeñar sus instrumentos para conseguir dinero y costearse toda la cantidad que consumía diariamente y el episodio que me parece más triste… en el 66’ recibió una tremenda paliza por parte de unos ‘dealers’ que jodieron su quijada y tiraron un par de sus dientes, por lo que ya no podía tocar más la trompeta y lo sumergió en una fuerte y angustiosa depresión. Fue un periodo bastante obscuro en el que, aunque no desapareció por completo de la escena del jazz, afirma que trabajaba en una gasolinera para medio sobrevivir. Después de varios años y de tratamientos dentales, ‘aprendió’ a tocar nuevamente y, algunos afirman, que para nada era el mismo Baker. Quéeee fuerte.




Ya un poco más recuperado (física y mentalmente), en la década de los 70s se lanza a Europa a una de las giras más largas que ha tenido el jazz, con una duración de ocho meses. Decide prácticamente residir en dicho continente y empezar desde cero su carrera con la ayuda de muchísima gente, tanto fanáticos, como colegas, amigos, asistentes, etc. Nuevamente hay colaboraciones como la que tuvo con Elvis Costello en ‘Shipbuilding’, más conciertos, soundtracks, álbumes con material muy bueno y previo a su muerte, filma el documental ‘Let’s Get Lost’ de Bruce Weber (que intenté ver pero admito me desesperó un poquito… voy a intentarlo una segunda vez, se los prometo). Si miran algunas de las fotografías de Chet en los 70s y 80s, parece un hombre de 70 años y en realidad andaba en los cincuentas… adiós cara bonita, adiós pómulos envidiables. Se le ve muy demacrado y pues resulta que de plano no pudo hacer las drogas a un lado, aunque esta vez no tenía que elegir entre la trompeta y su adicción porque podía costearse ambas. He llegado al punto en el que molesta en serio que semejante talento se haya desperdiciado y opacado por tanta estupidez.


Cuando ya más o menos recobró algo de estabilidad profesional, ocurrió lo del hotel en Ámsterdam y bueno… el resto –literal y simbólicamente- es historia. Termino este artículo como el de Miles Davis, recomendando y con ganas de ver (en esta ocasión) la semi-ficcional película ‘Born To Be Blue’ del 2015 protagonizada por Ethan Hawke y que tiene muy buenas críticas… nos podremos dar una idea de los episodios más obscuros y más productivos del gran Chet Baker. 




La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!

 

Dunkerque: el tiempo del héroe


Por Julio Escalante | Vía RPP Noticias


Dunkerque cuenta un episodio real ocurrido en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando más de 300 mil soldados ingleses (junto a miles de franceses) quedaron cercados por los nazis en esta ciudad portuaria de Francia. La única forma de evacuar la zona era a través del mar, pero cada vez que lo intentaban eran bombardeados por los enemigos alemanes. El director Christopher Nolan se apropia de este hecho para contar en tres momentos alternados cómo se construye un acto heroico a partir del máximo objetivo: sobrevivir.

El relato está partido en tres frentes (tierra, mar y aire) y tiempos: una semana para un grupo de jóvenes soldados varados en el muelle, en espera de un milagro; un día para un muchacho, quien con su padre y un amigo conducen un bote, que como otras naves civiles ha recibido el llamado de la patria y han decido ayudar e ir por los soldados; y finalmente una hora para un piloto (Tom Hardy) encargado de derribar a los aviones alemanes antes de que ataquen a las tropas que esperan ser rescatadas. Con este juego narrativo y escasos diálogos, Nolan hace lo usual en sus películas: generar una sensación de asfixia en el espectador, de tensión permanente, de que algo tan determinante está por ocurrir y que no hay marcha atrás. Y toda esa tensión está elevada por la incesante banda sonora compuesta por Hans Zimmer, su habitual cómplice musical.

"Dunkerque es una película de guerra sin sangre derramada ni cuerpos desmembrados. Nolan prefiere quedarse con lo esencial y en la guerra eso es el miedo a morir".


Hay dos temas que predominan en el cine de Nolan y que también están en Dunkerque: el tiempo alterado y los estados de la mente. Los vemos visto en Amnesia (Memento), esa historia contada de adelante hacia atrás acerca de un hombre que no puede recordar lo inmediato; en El Origen (Inception) cuando el personaje de Leonardo Di Caprio se encarga de sembrar en la mente de las personas una idea que les haga cambiar su actitud cuando despierten, y también en Interestelar, en el viaje del astronauta para trascender su propia historia, tiempo y lugar. Pero también en la trilogía de Batman cuando cada uno de sus enemigos -Ra's al Ghul, Joker, Bane- no tratan solo de derrotarlo físicamente sino de quebrar sus emociones y de cuestionar cuál es el camino correcto del héroe.

Christopher Nolan construye su puesta en escena alrededor de un estado mental, de una decisión: la del joven soldado que intenta escapar a cómo de lugar de la playa; al del padre de familia que decide cumplir con su deber ciudadano, de buen inglés, y conducir su pequeño bote hacia los orillas de la guerra aunque la sensatez le podría decir que no lo haga; y la del piloto que debe cumplir con su misión aunque tenga el combustible limitado y todo en su contra.


"Lo esencial en la guerra también es la solidaridad. Uno podría pensar que durante la batalla lo natural es primero querer salvarse a uno mismo, pero Nolan expone la evacuación de Dunkerque como un logro colectivo de héroes anónimos".


Dunkerque es una película de guerra sin sangre derramada ni cuerpos desmembrados. Nolan prefiere quedarse con lo esencial y en la guerra eso es el miedo a morir. Es una cinta sensorial, concentrada en las reacciones humanas frente al peligro, por eso están en primer plano los gestos de los soldados luego de una explosión, la respiración acelerada de quienes escapan de los disparos, los ojos del piloto enfrentados al horror. Es el lenguaje cinematográfico en toda su amplitud de significados y posibilidades.

Pero lo esencial en la guerra también es la solidaridad. Uno podría pensar que durante la batalla lo natural es primero querer salvarse a uno mismo, pero Nolan expone la evacuación de Dunkerque como un logro colectivo de héroes anónimos. Cuando alguien estira una mano hay otro quien la toma. Para el director inglés es inseparable el salvado de quién lo salva.

Dunkerque es técnicamente magistral. Pero también es demasiado calculada. Seguramente varias de sus secuencias serán analizadas en clases de edición y estudiadas en el futuro en talleres de cine, pero uno extraña en varios pasajes algo que rompa con ese ritmo tan mecánico y tan aparentemente perfecto como el avance de las agujas de un reloj.


- Puntuación: 4 / 5

- ¿Qué esperar? Un cinta concentrada en explorar la sobrevivencia en tiempos de guerra. Para fanáticos del cine de Christopher Nolan y quienes buscan una experiencia distinta al ver películas de guerra.

Los “Rayos y Relámpagos” de Sergio Martínez



Círculo de Lectura | Por Juan Francisco Pizaña Morones |
Agradezco enormemente a Sergio el que me haya invitado a comentar y presentar su libro de cuentos RAYOS Y RELÁMPAGOS. Nos une, además del vínculo de laborar en la misma institución el placer, alejado de cualquier reconcomio distractor, de compartir nuestra pasión por la lectura, la narrativa, y en consecuencia de la búsqueda de plasmar, en este caso el relato, el cuento como género, nuestra propia visión del mundo a través de la escritura.

De inicio puedo decir, que el libro que ahora nos convoca es desde el contenido de los relatos que lo conforman, la sinestesia de un paroxismo escritural, esto es que su conformación confluye la capacidad de Sergio para plasmas en el espacio breve de una o pocas cuartillas, lo numinoso de la realidad, esto es que a partir de la palabra escrita, logra transgredir los límites de lo factual para ir más allá, el prodigio de hacernos vivir la historia contada.

Sus cuentos rezuman desde lo cotidiano esa esperpéntica, por maleable y exótica realidad de las acciones que fácilmente encasillamos como intrascendentes, que a fuerza de una aparente irrelevancia adquieren el ambiguo matiz de una historia que de tan trivial merece ser contada.

Digo ambigua, porque es obvio que la mayoría de nuestras acciones no resultan trascendentes ni interesantes para ser contadas, por ejemplo: recordar el juego de canicas con los cuates del barrio, o el impacto noticioso de la muerte de un ídolo popular, o el testimonio de un expediente ministerial de un conflicto entre particulares, o el juego de futbol entre equipos contrarios para disputar un campeonato, o el compañero de aula que es el cerebrito –o como ahora les llaman en nefando anglicismo nerd-, y que además hace magia para apantallar a sus compañeros y conquistar a las nenas guapas del salón, o la señora viuda de aburrida vida que diariamente va a misa hasta que le acaece el milagro, o el sujeto que fastidiado saca a su perro a pasear porque no lo deja dormir. Hago esta constreñida reseña de hechos, porque varios de los cuentos del libro provienen de esta temática simple, pero que a fuer de la capacidad de Sergio para materializar con habilidad narrativa sus relatos, adquieren carta de vigencia, que en literatura abarca el reino feraz de las posibilidades.

Sus cuentos destacan por su brevedad, por eso nos miran, se asoman desde su inteligible llaneza y en un descuido se nos escapan por la puerta secreta de lo irreal; por tanto hay que estar atentos si se quiere sostenerlos en la mirada de la lógica cotidiana, trastocada por el poder de la palabra, antes que aleteen en la noche de los sueños furtivos, utilizo esta forzada analogía porque después de leer sus cuentos, sus relatos tienen la virtud de mutar, traslapan la realidad objetiva hasta volver verosímil lo inverosímil, su registro narrativo navega entre lo verídico y secrecial, entre el linde y el sendero, y con mayestática certeza entre lo imaginado y lo vivido.

Los cuentos de Sergio Martínez se nutren, como una especie de generosa revelación (Borges dixit) del caos que va a ocurrir, de un silente artilugio de la memoria, que escarba desde el lenguaje claro, barrial, campirano, sin el recurso atingente de la metáfora distractora, en la historia misma del personaje cotidiano.

En algunos de sus cuentos permea para bien, ese guiño intertextual de sus lecturas, autores, filias narrativas, afinidades electivas, deliquios cinematográficos, que imbrican la causalidad de sus relatos. No es gratuito que el personaje del cuento La Reina de la Actuación, se llame Glenda, y que haya sido tan querida por su público, como en el cuento de Cortázar, hasta ser olvidada por la memoria de quienes desde el cine la idolatraron.


CHIRAS PELAS

Como en el cuento de CHIRAS PELAS, la memoria de la infancia, devenida cariz de pérdidas y ganancias infatuadas por el recurso prodigioso de un referente de un juego popular, imbrica la sana venganza de recuperar el pasado, desde la narración en contubernio del desquite, por el robo de un tesoro, las canicas, por parte del amigo que no sabe perder, con la confrontación belicosa y punitiva, ya desde la adultez, de un combate de box, donde se salda a punta de golpes legales, ese medrado lejano infortunio – al estilo de Pichicuaz y Cupertino, del genial Chava Flores-, de vengarse con el cuate ventajoso y gandaya.

1 WEST 72 STREET

Un buen escritor, además de saber utilizar los recursos que la retórica brinda, debe tener buen oído, excelente memoria, un bagaje cultural amplio que se nutra de la cultura popular y la alta cultura, cine, radio, tv., música y sobre todo bastantes lecturas. Además tener intuición y visión para darle fuerza y consistencia a sus historias y a los personajes que en ella transitan.

En Sergio, estos requisitos en buena medida conforman el cariz de sus relatos. Es el valor añadido que rezuma su escritura.

Como ejemplo, en el cuento 1 WEST 72 STREET, hace alarde de una noticia, un hecho que impactó el mundo de la música a principio de los años 80´s del siglo pasado, el asesinato afuera del edificio Dakota, frente a Central Park en Nueva York, de John Lennon, a manos –o balas mejor dicho-, de un fanático suyo -Chapman-, después de firmarle un autógrafo.

Lo interesante del relato de Sergio es que en apenas un par de cuartillas hace alarde de darle voz a varios personajes para narrar el suceso, incluso con encomiable economía de medios y recursos literarios y desde la voz impersonal de un narrador diegético, en fina prosodia, para vivificar lo inmaterial de una bala, como observador contumaz para cerrar el relato.

EXPEDIENTE

Para la gran mayoría de los que amamos la literatura, esta no es una profesión, sino una vocación, y por formación, de algo hay que vivir, con Sergio y conmigo esto sucede. Vinculados a carreras de las ciencias sociales y humanidades, hemos decantado nuestro interés por la literatura, a partir de nuestras respectivas profesiones.

Sergio es Licenciado en Bibliotecología y a partir de esta formación, revisar, ordenas, sistematizar archivos y expedientes, ha sabido, rara y expedita virtud, abrevar, saber ver más allá de los simples papeles y documentos archivador para de ellos extraer y conformar historias.

Intuyo que el cuento EXPEDIENTE proviene de esa capacidad. Al leerlo me llevó a recordar la frase de Adolfo Bioy Casares que lúcidamente afirmaba: 

Quien no recuerda como habla la gente ¿puede escribir diálogos? Por eso en este relato rezuma con un lenguaje coloquial y campirano, bien logrado, la historia fatídica de una ludopatía, desde el referente rural que lleva a los personajes al límite de sus intenciones por perder o poseer bienes al repelús de una baraja. 

La historia está contada desde el expediente ministerial de una denuncia de despojo, lo que le da un valor añadido, atípico de registro narrativo.

SEGUNDA ESCENA

La narrativa de ficción corta, tiene, dentro del espacio exigido y sucinto de unas pocas cuartillas o líneas, cuando está bien lograda, la conducente cualidad de constreñir atmosferas, algunas veces paradojales, como un relente de voces y acciones atemperadas, en lo más concentrado y nutricio de lo narrado, la carne de la historia pues, asimismo, los finales contradictorios, discordantes son el recurso formal en este género, que da sentido al entramado delo que se quiere contar.

Es innegable realidad que la violencia que cotidianamente se vive en el país, es reflejo contumaz de una disociación entre la moral pública y la ética personal, la violencia corporativa del crimen organizado recala en la brutalidad inherente a las acciones delictivas de quienes trafican con sustancias prohibidas, influencias o armas.

Esto ha vuelto receptiva, la tendencia a realzar una modalidad narrativa, identificada como narcoliteratura, o en un enfoque más conducente dentro del canon, novela negra o cine negro.

En el cuento SEGUNDA ESCENA se presenta un interesante manejo de referentes modales de este enfoque narrativo, intertextual, paródico, agresivo, subliminal y disuasivo, al estilo de una narco mensaje, de la acentuada violencia que rebasa el entorno físico y recala, explota en la venganza y las accione brutales. Uno no puede dejar de sentir como el protagonista, que la vida pende de decir o no la verdad, de no rajarse para no denunciar, de soportar la infausta tortura física hasta el límite de sus fuerzas en la contención del sufrimiento, hasta que el director diga corte y sea necesario repetir la escena por un mal audio.

En entretejimiento de géneros, y un acertado final da al relato la virtuosa sentencia de subvertir el drama en irónica sublimación de vivir visualmente lo narrado.

LA TRAICIÓN Y LA TRAMPA

La narrativa de Sergio se caracteriza por narrar desde una perspectiva diegética, mucho de lo que pudo acontecer o aconteció desde un perfil eminentemente evocativo en esos juegos arbitrarios de la memoria, en nuestra lejana infancia o juventud, que por virtud de su pluma se vuelve rediviva, es decir, quién no recuerda esos momentos álgidos donde un juego de canicas representaba más que quedarse con las canicas, caicos, ágatas del otro; o esos torneos futboleros del barrio donde se disputaba más que el honor del triunfo, el reconocimiento social y hasta la novia que optaba consecuente con formalizar su relación con el ganador a despecho del otro.

Lo cautivante de los cuentos de Sergio en esta modalidad de contar lo que vivencialmente es parte del atingente, lejano pasado, pero por virtud de la escritura actualizado, que no termina de irse porque está fijo en lo recóndito de una memoria enamorada, algo así como una añoranza del porvenir por recuperar el tiempo perdido en la oquedad idealizada de una infancia o juventud enclavada en la magia de unos hechos probablemente banales, pero que marcaron con su impronta, como al acusar a unos tachones, tacos o zapatos de futbol, prestados por el mejor amigo en aparente mala fe, además miembro del equipo contrario, para que fallara el penalti que lo consagraría. Esto al ser bien contado atrapa del tiempo para fijarlo en el texto el cariz de lo nutricio de los recuerdos delineadores de nuestra personalidad.

MAGIA PURA

La magia de una narración es traslapar la historia, aunque esta sea inverosímil, al terreno de lo verosímil, por eso los buenos escritores cautivan y subyugan, porque saben que las palabras adquieren un aura de legitimidad que trasciende lo irreal imaginario en lo verídico soñado o atestiguado.

En el cuento MAGIA PURA se inserta esa visión teleológica de la juventud clamando presencia con lo factible de saber captar la atención de nuestros congéneres generacionales, una especie de nigromante que desde la magia genera su propia ubicua despedida, después de aprovechar sus habilidades catalépticas y cometer un atraco de una gran fortuna a un banco.

La magia del relato insisto, consiste en hacernos creer y vivir que es real el hecho de sujetar lo impredecible al ámbito de lo factible.

AT 756 B

Una de las virtudes de un buen cuento corto, es además de la simplicidad, crear una perspectiva diferente o única. Su propósito es ver el mundo desde otro ángulo (Violeta Rojo).

En el cuento AT 756 B se presenta con claridad este recurso. En una anécdota comprimida se estiliza la facultad de presentarnos, cercano a una parodia moral, la transgresión epigonal de un individuo que invoca el demonio, al maligno, para a cambio de su alma solicitar un único deseo; esto no tiene nada de particular a nivel de relato, dentro del enfoque judeo-cristiano que nos rige, en casi todas la épocas han existido relatos de este tipo, mefistofélicos, fáustico con un carácter moralizante, aleccionador, pero Sergio con el hábil recurso de la elipsis trastoca el enfoque para que quien hace el pedimento se convierta por varios años en el diablo mismo, una especie de inversión de roles, lo que conlleva vivir diversos avatares y exigencias. El final, no lo voy a decir aquí, delinea, dentro de una lógica trastocada una de las más interesantes modalidades del relato corto: el carácter protéico, que obligadamente nos involucra como lectores en la historia, dentro de un contexto sorpresivo, que ironiza con nuestra idea de lo que representa o significa la maldad.

TOMITA

El cuento TOMITA focaliza un recurso esencial, dentro del relato corto, de una situación cotidiana, en apariencia irrelevante, como es la vida de una viuda y su involucramiento en los oficios de la iglesia, a falta de atención de hijos y hogar, semianalfabeta y con la convicción de que su servicio a la iglesia y en consecuencia a Dios, en elemental ministerio le traerá la paz de las buenas acciones, lo que nos lleva al final a identificar a partir de una lógica cuasi inmanente y desviada de generar un absurdo, que reconcilia el relato con la santificación de la voluntad personal, el trasunto de una corporalidad devenida inmaterial a partir de la fe, y que describe con los alcances de un referente literario la cotidianidad de algo cercano a una hierofanía de las creencias religiosas.

Finalmente, a manera de conclusión, le podría reclamar en afectivo aserto, claro, un prólogo breve, un escolio que dé cuenta, cual prolegómeno escritural, quién es Sergio Martínez, qué nos quiso compartir desde su ficción narrativa, de su visión temporal de historias que exigen nuestra participación como lectores, plasmadas y vertidas desde la entraña de su pluma. Pero eso es pura especulación, lo que importa es leerlo, saborear sus relatos, saber que allí, entre esas páginas de centellante admonición, entre rayos y relámpagos de palabras, está la savia elemental de sus cuentos cortos.

Miles Davis, el gigante del jazz


Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |

 
Si algo he aprendido en estos dos años y medio de escribir sobre jazz en Sputnik, es que hay figuras emblemáticas que forman parte obligatoria de la evolución de este género musical e incluso de su nacimiento más comercial; personajes de los que ya escrito anteriormente, como Duke Ellington, Louis Armstrong, Billy Holiday… y otros que aún me faltan abordar, como John Coltrane, Charlie Parker, Dave Brubeck y que espero hacerlo sin falta en artículos próximos. Pero, uno de los músicos más excéntricos y que más aportes hizo al jazz en sus 50 años de carrera, fue el trompetista por excelencia: Miles Davis. Me parece que debo añadirle un ‘FUCKIN’ entre su nombre y apellido porque realmente fue un fenómeno musical y se merece todo nuestro respeto y admiración posibles.

¿Mi primer acercamiento a la música de Miles Davis? A mis tiernos e inocentes 10 años. Lo recuerdo perfectamente ya que es una anécdota bastante hollywoodense: es gracias a la película ‘Runaway Bride’ (sí, la de Julia Roberts y Richard Gere) que escuché por primera vez ‘It Never Entered My Mind’ y la verdad es que me dejó bastante boquiabierta, más allá del hecho de que forma parte importante dentro de la trama la película. Esa trompeta no es común… ni la trompeta, ni el piano, ni la suave batería. Y déjenme decirles que me llevé una inesperada y rara sorpresa hace apenas un par de meses cuando supe que ni siquiera es autoría de Miles, pero definitivamente, su versión es la mejor de todas; he escuchado la misma canción con Sinatra o con Ella Fitzgerald y NO es lo mismo. Me parece que lo que logra Miles es una joya: no necesitamos de una sola palabra, la trompeta nos lo dice y nos lo transmite todo. Eso es justamente lo que tanto lo caracterizó y por lo que es tan increíble aún en pleno Siglo XXI.




Me da gusto haberme tomado mi tiempo para animarme a escribir sobre Davis porque me dio la oportunidad de empaparme aún más de su vida y de sus tantísimos logros; vi documentales, entrevistas, leí varias biografías y hasta anécdotas muy personales que en definitiva ayudaron a ‘moldearme’ una idea mucho más cool de este jazzista al que le chocaba que lo clasificaran como tal… ‘mejor llámenme músico’ decía en repetidas ocasiones. ¿Pero cuál era ese afán Miles? Si tú prácticamente hiciste al jazz lo que es ahora… en fin. Esa enorme capacidad evolutiva que poseía, la tuvieron pocos de sus contemporáneos para ser franca y su indudable talento, dejó imborrables huellas en el bebop (al que le costó trabajo adaptarse), el cool jazz, jazz fusión, modal jazz y jazz rock. Sé justo lo que están pensando… ¿en serio existen tantos estilos de jazz? Créanme, son reales y faltan un montón. Imagínense la capacidad bestial que tuvo Davis de sumergirse en estas variantes con toda la premeditación de no estancarse y dejar fluir su creatividad cada que se sentía inspirado por algo o alguien. Se me ocurre un ejemplo bastante claro: cuando Miles vio tocar a Jimi Hendrix en algún festival y se quedó anonadado con la capacidad del guitarrista y buscó rápidamente hacer lo mismo, hipnotizar a todo un público de 10 mil espectadores pero, con su ‘humilde’ trompeta. Para no hacerles el cuento más largo, lo logró y con bastante éxito. Si no me creen, chéquense el álbum ‘Bitches Brew’ de 1970 y deléitense con un par de melodías bien psicodélicas y muy awesome, dignas representantes de la época.

Pues bien, la historia de Miles Dewey Davis, comienza en Illinois por allá de 1926.; proveniente de una familia de clase media, se puede decir que el buen Davis tuvo una infancia bastante ‘normal’ plagada de buena música y de una estabilidad económica que no gozaron muchos de los artistas sobre los que he hablado anteriormente. Su papá, un dentista con renombre y su mamá, una violinista y maestra de música, lo impulsaron en todo momento a escuchar y apreciar la música del momento; no tardó mucho tiempo en recibir su primera trompeta y tomar clases particulares con Elwood Buchanan, un trompetista de jazz bastante conocido y al que le debemos el estilo tan particular de Miles frente a dicho instrumento; como yo no sé de tecnicismos ni de musicología, lo único que puedo platicarles es que este señorón fue quien impulsó a Miles a tocar SIN ‘vibrato’ y el resultado, son las miles y miles de piezas que Davis compuso con tantísimo éxito. A los 13 años, estaba ganando la bonita cantidad de 85 dólares a la semana, al tocar en bandas locales y por alguna que otra competencia de música. A regañadientes, terminó su high school, y digo a regañadientes porque mientras ‘estudiaba’ ya pertenecía a varias bandas e incluso era el director de muchas de ellas y obviamente el estudio, no formaba parte de sus planes.

Es a los 18 años que, como por arte de magia, llega de gira a St. Louis la banda de Billy Eckstine (sí, el mismo descubrió a la Vaughan), conformada por (chequen esto): Charlie Parker, Art Blakey y Dizzy Gillespie. O sea… ¡NO INVENTEN! Ya sé que ya he hablado de eso anteriormente y ya sé que siempre digo lo mismo, pero en verdad se me enchina la piel de pensar que todos estos genios (porque no son otra cosa), convergieron en un mismo tiempo y espacio y que eran amigos, colegas, se inspiraban y retaban al mismo tiempo y que juntos crearon música maravillosa. Son leyendas, carajamadre LE-YEN-DAS. Me pregunto a quiénes consideraremos como leyendas dentro de unos 60 años… chale. Bueno… volviendo a los inicios triunfales de Miles, lo invitan para sustituir a un enfermo Buddy Anderson y prácticamente, el resto es historia. Se va de gira con la banda, no sin antes embarazar a su novia de la prepa y comenzar una de sus relaciones personales más tormentosas porque vaya que Miles Davis era bastante hijo de puta. Ya les contaré más adelante por qué.

Cuando se junta con todos estos astros del jazz, Miles se da cuenta que indudablemente tiene que estar, vivir y respirar Nueva York, por lo que se muda junto con su novia e hija al mismo edificio donde vivía Charlie Parker (siguen los hechos impresionantemente random) y, después de una brillante audición en la ‘Juilliard School’ (el conservatorio de artes más importante de Nueva York y de Estados Unidos, creo…), comienza a trabajar en distintos bares y se codea con lo mejor del jazz en la épica Calle 52. Luego de tres semestres de dura teoría en Juilliard, abandona los estudios con el apoyo de su padre y se dedica exclusivamente a forjar su carrera, haciéndola de trompetista freelance para varias bandas y grabando uno que otro disco al lado de sus incondicionales. Es aquí cuando comienza a experimentar con el bebop y básicamente crea el cool jazz junto con otros músicos a quienes no les convencía del todo el rumbo que estaba tomando el jazz en esos momentos. Lo que buscaban era lograr sonidos similares a la voz humana a través de composiciones cuidadas y que pudieran a la vez, ayudar a que las improvisaciones fueran melódicas y relajadas. Basta con escuchar piezas como ‘Deception’ o ‘Moon Dreams’ para comprender un poco lo que intento explicar.




Para no hacerles el cuento muy largo, porque la vida de Miles Davis tiene demasiados altibajos, es a inicios de los años 50 que se ve envuelto en un torbellino de emociones y vivencias contradictorias: viaja por primera vez a París al ‘Festival Internacional de Jazz’, donde queda impactado con la gente y con sus consumos culturales. Le asombra lo bien que trataban a los negros en la capital francesa, muy por el contrario de su país. Es aquí cuando los blancos le dejan de caer tan mal y deduce que también estaban haciendo buenos aportes al jazz. Regresa a Estados Unidos sintiéndose bastante descolorado y plenamente enamorado de Juliette Grecó, cantante y actriz francesa con quien vivió varios años de romance... de ese tipo de romance bastante conflictivo, pero bueno... Trata a toda costa de reinventarse y de reinventar su estilo pero desafortunadamente, su fuerte adicción a la heroína y al alcohol, hace que viva una década bastante tormentosa. No daba el 100% ni en sus conciertos, ni en sus grabaciones y mucho menos en sus composiciones; se convirtió en un obsesionado del box y su salud era bastante deplorable. Era sumamente violento con sus mujeres e incluso con las prostitutas que frecuentaba; tuvo más hijos a los que obviamente no veía ni mantenía y su carácter y temperamento eran insufribles. En fin. Es entonces que decide regresar a casa de su padre y, literalmente encerrase hasta que los efectos de la heroína dejaran de hacer tantos estragos en su mente y en su cuerpo.

Tras varios discos y éxitos medianos, junta a su banda compuesta por un sexteto de estrellas (incluyéndolo): Bill Evans, John Coltrane (o sea), Jimmy Cobb, Paul Chambers y Julian Adderley y es en 1959 cuando graban 'Kind Of Blue' el disco que revolucionaría POR COMPLETO al jazz y pasaría a ser la leyenda por excelencia. Hasta la fecha es el álbum más vendido de jazz en la historia y cuyos aportes, han influenciado a muchos géneros musicales. Dicen por ahí que prácticamente se grabó en dos días y que las composiciones de Miles estaban hechas en garabatos de hojas rotas pero que la sinergia entre los músicos, los productores y los ingenieros de audio fue sublime. A Miles se le conoció en años posteriores por ser un exagerado perfeccionista que repetía y repetía las grabaciones hasta que estuviera plenamente satisfecho pero, aquí no... Aquí estamos escuchando la primera y única grabación, gozando de varias improvisaciones. MAGNÁNIMO. Cuando tengan la oportunidad, escúchenlo... es de otro mundo. Los expertos aseguran que ‘So What’ tiene uno de los mejores intros en la historia de la música –que casualmente es la primera canción del disco- y que su título, la describe bastante bien: comienza dejándonos bastante confundidos con lo que estamos escuchando y no sabemos muy bien hacia dónde nos dirige... Después comienza la trompeta de Miles, un platillo estridente de Cobb en el minuto 1:32 y lo que sigue, es maravilloso. La traigo pegada desde hace días y bueno... podría escucharla todo el tiempo sin problemas y descubriendo en cada ocasión, detalles nuevos. 'Kind Of Blue' hace referencia no nada más a la influencia que obtuvo del blues, sino también al estado anímico de Miles… algo triste. Otras piezas del álbum, también son reflejo de ello, como ‘Blue In Green’ y ‘All Blues’. Además, el disco está compuesto de 5 canciones… ¡tan sólo 5 canciones son las que alborotaron al jazz en 1959! Pff…




Pues justo aquí  es cuando su fama se desborda y comienza esta lucha interna por no repetir lo que había venido haciendo; esa fue su obsesión y al mismo tiempo su trauma. Con decirles que en sus conciertos o apariciones, se negaba rotundamente a interpretar sus éxitos porque insistía en que eso era cosa del pasado y que mejor disfrutaran las genialidades que componía en el presente. Grabó un total de 50 álbumes de estudio, 36 álbumes en vivo, 35 álbumes compilatorios, 4 soundtracks, 57 singles y 3 álbumes de remix (¡gracias Wikipedia!) todos con buen éxito y críticas constructivas y destructivas. Había fans que lo aborrecían y maldecían esta necedad evolutiva y de experimentación y otros, que se lo agradecían porque sentían que iban creciendo a la par que Miles. Y siguió con las drogas, con la mala alimentación y si ustedes ven alguna de sus fotografías finales, parece un Miles de 80 años y no uno de 65. Imagínense también lo difícil que debió haber sido el perder a tus amigos, por las drogas, por cáncer… por lo que fuera. Era gente con la que creciste e inevitablemente hizo que Miles fuera una persona excesivamente reservada, grosera y demás… aunque ojo, no es justificable.

Aunado a ello (y es la parte que detesto de Miles), era un misógino de lo peor, celoso, controlador y con una ligera ninfomanía que afectó sus relaciones con la bailarina Frances Davis y con otros amoríos que tuvo por ahí, hasta que en 1981 por fin hubo una mujer que lo aguantara, la santa Cicely Tyson. Con la que siempre tuvo una relación ‘estable’ fue con su trompeta, esa que lo llevó a recorrer el mundo y que le aguantaba todos y cada uno de sus desplantes. Acá entre nos y como dato bien extra, les digo que me considero fan de su imagen y de su estilo por allá de los años 50s: sólo eran necesarios un buen traje y unas gafas bien awesome.  

Para algunos críticos, el escuchar y que te guste Miles Davis, es de lo más mainstream que tiene el jazz. Pero mainstream o no, Davis es simplemente un gigante que, con sus sublimes composiciones, arrasó y aplastó a cualquiera que gustase hablar mal de él y de su música nada más porque sí. Reitero mi admiración por este músico que seguramente estará vigente por toda una eternidad. ¡Ah! Y recién me entero que hay una película que se llama ‘Miles Ahead’ con Don Cheadle y Ewan McGregor. Corro a verla…



La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!

 

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