Manitas rojas de dulce: poemas de Antonio León

Por Antonio León | Foto: Nisuke Martínez

Para Ale Librada Torres Salcedo



cuatro breves poemas culeros

 

1.

me inscribí en el registro municipal

de imitadores de andrés pasavento

y los culeros dicen que no aparezco

 

2.

el poeta que te odia es el pokemon de

la poesía es un arma cargada de futuro

y escribe como en 1965

 

3.

he abandonado el chiste de

no tengo maestría

¡pero qué tal estría!

me lo vuelven a pedir

en las mesas de lectura de poesía

cada que alguien menciona las palabras

piedra

enhiesto

hojarasca

 

4.

este poema siempre no vino

estaba muy culero

 

 

el príncipe adam abre cuenta en grindr

 

podría llorar en menta y lavanda en el festival de los estereotipos

o anunciar la fiesta de compromiso

en que sólo admitiré fantasmas de mis primos muertos

o de los peones con que me revolqué

en cobertizos de fiestas patronales

 

podría anunciar el fin del reinado del padre que nunca sale en la foto

porque ser el rey de un tipo que usa mallas

o peor aún       ser su padre

es un ejercicio que ya no quiso llevar en vida

 

aunque nadie conoce el domicilio de ese muerto coronado como muela muerta

 

podría escribir un mejor perfil que

príncipe de buenas maneras

pasea a bordo de tigre pusilánime

 

gusta de llevar el corte de cabello bob del sastrecillo valiente

heredero de una piedra de lana sobre las piernas

y por enemigo tiene un costal de huesos

 

tela de hacer olas el muslo izquierdo que ya incluye cámara

por las noches el príncipe gusta de ir a un club leather

a jugar a los espadazos del fin del mundo mientras patea cabezas

y se reúne con un grupo de medusas a bufar sabroso

 

ninguna de esas historias

aparece en la descripción que antecede a la foto

de hijo blanco

del trono que tiene forma de galleta

 

el muslo izquierdo incluye dígitos de carne

 

llamadas hacia el fondo de la depresión

en castillos de dudosa medievalidad

 

 

calendario

 

vuelve a ser de día en el fuselaje

de la basura en voz alta

 

porque nadie lee sus derechos

como en antiguos concursos de poesía coral

en escuela pública

 

o una noche en que los pájaros

se fueron a dormir temprano o siempre

en el sur de una ciudad como ésta

que todo lo resuelve con más polvo

y nadie ha querido a un aspirante a vagón trizado

malo como una diabetes

pero enunciativo hasta el logro de amaneceres narrados

en primera persona

 

qué amarga es la forma en que

de origen

fueron dibujados

los aviones que calcinan durante el despegue

las voces bajan hasta el volumen cero

y otras posibilidades de la recta numérica

 

no hay lenguaje de señas que sea suficiente

morfemas como paletas manitas rojas de dulce

que adivinan la suerte

 

 

además de micrófono hay cosas que un desodorante roll on

no es

 

luis miguel está en la pantalla del pasado

otra vez su padre nos dijeron que un sátrapa de melismas pop

 

luis miguel cantaba hasta el cielo borrascoso de los jeans edoardos

también tenía un disfraz de corsario

 

en los bailes frente a la cámara que vienen

en la caja del lenocinio en minoría de edad

o la gracia que siempre se va

 

un rubiecito infame que se relamía los dedos frente a la bocina

alzaba el cuello en los agudos

un gallo con espolones hattori hanzo Steel

 

se trataba —creo— de una decisión importante y de no pensarlo más

voz en punta cabello húmedo en el rostro de principito perdido en

el desierto

 

no lo pienses más decídete

aun si unos niños revientan mascotas a golpes

y no sabes cómo rematar tus mentiras

 

nos preocupan las horas perdidas pero también nos gustan

las mesas de novedades editoriales

con libros que no podemos comprar

 

decídete no sigas en facebook o crowdfunding

nadie votará por ti niño mimado voz piara de ángeles

pelo lacio en pasta dura

muchacho de la crítica especializada

 

decídete poeta sin cursar el plan flexible

en letras hispánicas

decídete y haz la prueba del cáncer de próstata

y piensa en la raíz de todas las palabras

 

 

 

 

Antonio León es un poeta nacido en Ensenada, Baja California. Reside en Mexicali desde 2014, donde se desarrolla en distintos ámbitos de la promoción cultural universitaria. Es autor de los libros Caricia del velocímetro, Busque caballos negros en otra parte (pinosalados) y :ríos, dentro de la colección Ojo de Agua, editada por CETYS Universidad . En 2016 fue el ganador del Premio estatal de literatura (poesía) en Baja California, con el libro El Impala rojo. En 2018 fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico en la categoría Creadores con trayectoria. Consomé de Piraña, editado por Carruaje de pájaros y el Instituto Sinaloense de Cultura, es su libro más reciente.

Vaquero del mediodía: buscando al poeta ausente


Cinema Coyote | Por Alejandro Carrillo

@alexiliado


En el año 2008 se perdió el rastro de Samuel Noyola, uno de los poetas más inspirados de su generación de acuerdo con el mismo Octavio Paz, con quien llevó una relación fraternal, hasta la muerte del Nobel. Con el paso de los años la figura de Samuel Noyola se fue perdiendo entre la ansiedad, la depresión y las calles de la colonia Narvarte en la Ciudad de México.

Con la finalidad de esclarecer el caso, pero sobre todo de no olvidar el legado de Samuel Noyola en un país desmemoriado por naturaleza, el realizador Diego Enrique Osorno emprendió desde 2010 una investigación que fue documentando a lo largo de los años con pesquisas policiales, testimonios de amigos y enemigos, trabajo de campo, ciencia forense y hasta clarividencia. El resultado es un largometraje nominado al Ariel que narra la búsqueda infatigable de un poeta, pero sobre todo de un amigo entrañable.

La contracultura es una esencia y Noyola es contracultura. El siglo pasado le dio la espalda y el siglo XXI sería absolutamente intolerante con él.

Vaquero del mediodía es el mote que el infrarrealista Mario Santiago Papasquiaro le asignó a Noyola cuando lo conoció en el famoso Café La Habana, por su peculiar modo de vestir con botas y sombrero. El sobrenombre fue retomado por Diego Enrique Osorno para el documental que reúne todo tipo de personajes entre las calles y cantinas de la Ciudad de México, Monterrey y Nicaragua.

En Vaquero del mediodía (2019) encontramos un trabajo completo y complejo sobre la vida y obra del autor de Tequila con calavera (1993) quien además de poeta fue artista plástico, diseñador y guerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional; y que a pesar de su talento y su pluma prodigiosa, libraba una guerra contra sí mismo de la cual no pudo escaparse, aunque al final nos muestre que desaparecer también puede ser un acto poético al no encontrar alternativa.

Vaquero del mediodía (ya disponible en Netflix) es un material necesario y obligatorio para cualquier miembro de la comunidad literaria de nuestro país, y un esfuerzo pertinaz para rememorar a, quizá, uno de los últimos -perdone usted la palabrota- poetas malditos de este agujero llamado México.

El poeta no tiene lugar en la sociedad contemporánea. O nace rico, o se pone a trabajar en la burocracia cultural. Entonces o se suicida o se vuelve un estúpido. S. N.



Si tiene alguna información que pueda llevar al paradero de Samuel Noyola puede comunicarse con su familia a través de www.samuelnoyola.com

Vacunas contra la poesía: narrativa redentora desde Mexicali


La Secretaría de Cultura de Baja California a través del Fondo Editorial "La Rumorosa", ha publicado una nueva antología de cuento como parte de su colección dedicada a difundir las letras y el talento emergente de dicha entidad en materia literaria.

Vacunas contra la poesía reúne cuentos de que intentan salir del estereotipo: no quieren ser literatura del norte ni de la frontera, quieren ser literatura nada más, aunque sean del norte y también de la frontera; quieren ser una literatura que trascienda su circunstancia geopolítica

La escritora Elma Correa fue la encargada de coordinar la antología, producto de un taller literario impartido por la misma autora y que reúne los textos de Zulma Rodríguez, Hiram de la Peña, Karla Michelle Canett, Saúl Martínez, Zeth Arellano y Vladimir Galindo.

Aunque la edición impresa de “Vacunas contra la poesía. Antología de relato corto” está próxima a salir, ya podemos descargar sin costo alguno la versión digital de la obra desde este enlace para leer, disfrutar y difundir el extraordinario trabajo de estos autores fronterizos que llevan al perrito Cheems y a la perrita Laika como estandartes literarios.

Aquí hay seis opciones sobre uno de los motivos literarios que me resulta más entrañable: Laika, esa perrita a la que solo la literatura es capaz de dar otro destino o por lo menos de traer de vuelta un momento que, mientras ocurra la lectura, será imperecedero. —¿Por qué Laika? —Porque yo soy la profe.

Elma Correa

Iván García y Los Yonkis lanzan la canción «Cenicero»


La agrupación poblana de rock “Iván García y Los Yonkis” ha dado a conocer el lanzamiento de “Cenicero”, sencillo que representa el primer adelanto de su nuevo material discográfico titulado “Ciudad Soledad”. La canción estará disponible a través de todas las plataformas digitales y redes sociales de la banda a partir de este 6 de noviembre.

“Cenicero” también se encontrará en YouTube con un videoclip rodado en el Teatro Cholula Ciudad Sagrada de San Pedro Cholula. El sencillo en su formato audiovisual estuvo dirigido por Manuel Duarte de Overclocked Productions.

Por su parte, “Ciudad Soledad” se encumbra como el quinto álbum de estudio de la banda conformada actualmente por Iván García, Carlos Iván Carrillo, Jhu Camero y Alberto Ambriz; y es el trabajo de los difíciles meses de contingencia que todos hemos lidiado durante el año, pero que para la comunidad musical y artística de nuestro país ha representado un duro golpe no sólo en el ámbito social y productivo sino también en su modus vivendi.

Por lo anterior y con la finalidad de hacer frente a la difícil situación, el nuevo disco de “Iván García y Los Yonkis” se lanzará oficialmente el 1 de diciembre de 2020, únicamente en su formato físico, mismo que se podrá adquirir a través de las redes oficiales de la banda con envío a cualquier parte del territorio nacional.

“El álbum musicalmente será un homenaje a nuestros héroes del rock como Bob Dylan, Neil Young, Quique González y Tom Petty, entre otros. Letrística y conceptualmente va con dedicatoria a todos aquellos que se llevó la pandemia, a los que se quedan y a nuestra ciudad que se desoló durante semanas enteras”

Conformado por 13 composiciones de Iván García, “Ciudad Soledad” fue grabado, mezclado y masterizado en Casa Yonki y producido por el propio Carlos Iván Carrillo. El arte del disco corrió a cargo de Israel Díaz “Chk Dsg”; Santa María Récords colaboró en la producción ejecutiva de la nueva placa musical. 

De momento no hay una fecha definida para la publicación del material en las plataformas digitales.

Una de cal: un cuento de Luis Zapata

Ha partido el fascinante escritor, traductor y cineasta Luis Zapata, uno de los autores más prolíficos de la literatura homoerótica mexicana, conocido principalmente por el clásico "El vampiro de la colonia Roma" de 1978.

Compartimos este cuento del narrador guerrerense que incluso se llegó a adaptar en un cortometraje de 1982 dirigido por Edgardo Resendiz.


Una de cal

 Luis Zapata


¿QUE POR qué lo hice? Pues no le sabría decir correctamente el porqué. Nomás fue una necesidad ¿ve? No, no lo veía como algo malo, sino más bien como algo ¿cómo le diré? justo ¿no? algo que tenía que pasar a huevo, perdonando la expresión. Algo que tenía que empezar y seguir creciendo hasta que me detuvieran… pero no sé, a lo mejor otras gentes lo hacen por otros motivos. Es decir, para mí no era importante robar ¿ve? sino sólo emparejar las cosas.

¿Que cómo me decidí? Pues verá ¿Quiere que le cuente desde el principio, o sea lo que estaba haciendo yo antes de eso? Estaba trabajando en una fábrica de aparatos eléctricos ¿quiere que le diga el nombre? ¿no es necesario? Bueno, era un trabajo muy pesado; digo, se suponía que estábamos trabajando ocho horas, pero qué ocho horas; había días en que trabajábamos las veinticuatro horas del día; no le exagero, palabra, ¿qué caso tiene ahora exagerar? Bueno, nos pagaba horas extras, pero era una miseria; de por sí el sueldo era miserable. Como armador ¿ve usted? No era ni el salario mínimo. Yo no sé si la ley esté enterada de eso, pero el caso es que no nos pagaban ni el salario mínimo; aunque, lo que sea de cada quien, el patrón sí era buena gente con nosotros. No nos tenía asegurados, pero, si alguien se enfermaba, él pagaba de su bolsillo las consultas y las medicinas del doctor; inclusive si había que internar a alguien, pues no lo desamparaba ¿no? le daba una ayudadita, aunque, naturalmente, no le pagaba todos los gastos. Pero no era de eso de lo que estaba hablando ¿verdad? Le decía que trabajábamos muchísimas horas y en un ambiente muy aglomerado ¿no? lleno de gentes y el cuarto muy chico y el aire… casi no se podía respirar porque el cuarto no tenía ventanas y hacía mucho calor; pero… ese… bueno, los primeros días si estaba contento, porque ya llevaba mucho tiempo que no trabajaba y iba a buscar trabajo y en ningún lugar me daban ¿no? porque en todas partes le piden que la secundaria, que la preparatoria, que estudios comerciales, la primaria de perdis; yo, pos no había estudiado más que hasta cuarto y no tenía certificado de primaria; digo, eso si quiere usted conseguir un trabajo decente, que deje dinero, porque si no, está el campo ¿no? pero ¿quién cree que se va a ir al campo? No, el que llega aquí, pos como que ya se queda aquí de por vida, ya se acostumbró, ya tiene su familia o su ambiente, digamos. Los amigos, mi familia, pues sí me ayudaban, me daban a veces dinero, pero era vergonzoso ¿no? Digo, para mí.

¿Que cómo fue la primera vez? Pues le digo iba yo saliendo del trabajo y necesitaba dinero porque mi mujer acababa de perder un niño y estaba grave ¿no? de que la llevaran al hospital, y el patrón no me quería prestar porque decía que él sólo se responsabiliza de los accidentes que pasan en el trabajo, que lo demás ya no le… le tocaba; eso era ya nuestro cuento; si podíamos arreglarnos con lo que ganábamos, bien, y si nno, ni modo ¿no?

¿Qué me concrete a los hechos? Pos es que esos son los hechos, señor. Salí del trabajo ese día. Ya era tarde y tuve que caminar porque ya no había camiones e iba caminando por una calle grande y oscura. Estaba un coche estacionado ¿no? una pareja. Yo venía bien cansado, veía todo nublado; no nublado exactamente, pero algo así; como que no podía respirar bien; mareado, no había comido en todo el día, y yo siempre cargo mi navaja porque, allá en el barrio, usted sabe, nunca falta quien le busque a uno bronca. Estaban fajando, muy en lo oscurito, y que le toco en el cristal de la ventana. Él, bien trajeado, elegante, con corbata y todo, y ella, una muñeca, rubia, parecía artista, con sus pestañas  largas y bien pintada; demasiado pintada, diría yo. Se quedaron azorados. Han de haber pensado que era de la Judicial o algo así, digo, en el primer momento, porque ya después de que me vieron bien, ya no. Y que me dice él, el señor: qué quieres. Y yo: deme un cerillo ¿no? y ha de haber sospechado algo porque yo no traía cigarro en la boca ni nada, y que dice: lárgate, no tengo. Tratándome mal ¿no? Le digo: présteme su encendedor, caray, no sea ojete; y cuando le dije ojete se me quedó viendo de una manera muy rara, como enojado; no, más bien yo creo que era miedo; que me dice: no tengo, vete. Y encendió el motor, de seguro para irse ¿no? y que hago como que me voy. Entonces volvió a apagar el coche y quién sabe qué le dijo a la güera: estos quien sabe qué, y me dio más coraje ¿no? que me viera menos. No, pero no fue por eso. Entonces que voy y que agarro una piedra, grandota, deveras, no sé ni cómo me la aguanté, y que se la voy a estrellar en la ventanilla del carro; ni tiempo le di de que la arrancara. Rompió el cristal; le di con tanta fuerza, que hasta a él le pasó a tocar; le empezó a salir mucha sangre de la cabeza. La muchacha estaba rete asustada; él ya no se movía y ella estaba como muerta, sin poderse mover; después me empezó a gritar cosas ¿no? asesino, nomás así, cosas; de los puros nervios ni siquiera pensaba lo que decía o lo que debía de hacer, y que agarro y abro la puerta del carro y le doy tres puñaladas en el pecho a él y ella empezó a gritar pidiendo auxilio, ya no gritándome a mí; peor nadie venía  por la calle.

No, le digo que no sentí nada; digo ¿yo por qué había de odiarlo si no me había hecho nada directamente? Nomás veía como se hundía en su pecho la navaja, mientras ella gritaba, pero yo sin sentir nada. Sentía como que tenía que pasar eso, pues; y a ella no se le ocurrió abrir la portezuela, sino que nomás gritaba, y en ese momento sí pensé. Digo, sentí lástima por ella ¿no? tan bonita, tan güerita. Era muy blanca. Pero dije, o más bien razoné: si la dejo ir, al día siguiente ya estoy sentenciado, si no es que muerto ¿verdad? dependiendo de quién fuera el difunto ¿no? algún influyente o algo así, figúrese. Y ni modo, también a ella le tocó; manoteaba, me arañaba la cara, pero ya ve usted que el hombre es superior a la mujer, y no pudo contra mí. Al ratito estaba ahí los dos muertos, ella todavía movía una mano o un pie, pero ya sin respirar, y ya me iba, cuando me acuerdo de que se me había olvidado lo que quería. El dinero. Me regresé y lo que saqué de su cartera: ochocientos pesos. Yo me imaginaba que iba a traer más, pero no; nomás ochocientos pesos, que de todos modos ni sirvieron porque mi mujer se murió esa misma noche. Mientras yo me cargaba a esos dos, ella se moría, a la misma hora, según me dijeron después; pero sirvieron para pagar parte de los gastos del entierro. Sus papas y unos amigos acompletaron para para la caja y el servicio. Ese día no fui a trabajar, no me sentía con ánimo; no por lo que había hecho, sino por la muerte de mi señora, y mis hijos estuvieron chille y chille todo el día; ahorita ya están con sus abuelos, ellos los están cuidando, y yo ya sin poder hacer nada. Hasta al otro día fui a trabajar. El asunto ya había salido en el periódico y sentí no sé qué. No arrepentimiento, otra cosa. Luego vi que decía que ya andaban tras la pista del asesino y me dio risa. Para mí, las cosas seguían siendo iguales: el mismo trabajo, el mismo trato con los demás hombres que trabajaban allí, todo igual; ya no tenía nada de los ochocientos pesos. Otra cosa que me dio risa fue que en el periódico dijeron que habían robado dos mil quinientos pesos y el radio del coche, figúrese, el radio del coche; yo, con la apuración que tenía de largarme de ahí, iba a estar levándome el radio. De seguro lo agarró otro vivales que pasó por ahí, pues, según dicen, los descubrieron hasta  como a las seis de la mañana; a lo mejor uno mismo de los que hicieron la investigación ¿no cree? Ya después de haber hecho lo mismo varias veces, fíjese qué curioso, a todos los había matado de tres puñaladas en el pecho; digo, yo no las estaba contando en esos momentos, pero así fue. Y, le decía, después de haberlo hecho varias veces, me di cuenta de por qué lo hacía. Era como una especie de venganza ¿no? Como ya le dije, sentía que era algo que tenía que pasar, yo no me sentía criminal, como ponían en los periódicos, ni nada por el estilo… y… este…, algunas de las personas que tuve el gusto, bueno, no el gusto, se oye feo, ¿cómo le diré… la oportunidad; la oportunidad de asesinarlas, eran gentes que salían de un cabaré que quedaba cerca de donde  yo trabajo, o bueno, trabajaba, y siempre pasaba por ahí; gentes que tenían posibilidades económicas ¿no? Yo los veía salir de allí, bien borrachos, bien vestidos, bien contentos y siempre con buenas viejas con pieles y pelucas ¿no? y entonces pensaba que no era dinero, buenas viejas y todo y uno no tuviera nada. Que ellos estaban tirando el dinero que a nosotros nos hacía falta, que ya no encontraban la forma de malgastarlo, y sentía que no tenían derecho de seguir viviendo y entonces los seguía, y lo mismo; de tres puñaladas, como dijeron los periódicos. Sólo las dos primeras veces robé, pero ya después le juro que no toqué un pinche quinto; digo, no iba a ser un vulgar ladrón: solamente estaba haciendo justicia, según yo creo. Y, pues…

¿No quiere que le cuente cómo me agarraron? Tiene razón, ya lo sabe todo el mundo; salió en todos los periódicos, también. También salió todo lo que había robado en todas esas veces, pero no fue cierto; ya ve que los periódicos  inventan cosas para que se vendan más. De veras, yo sólo robé las dos primeras veces.

¿Que si me importa? ¿Qué? ¿Estar aquí? No. En este momento ya no me importa nada. Nada. Me siento como más tranquilo; siento que ya cumplí, en cierta forma, con lo que tenía que hacer. Tampoco me preocupa cuántos años voy a pasar aquí, y además… no sé cómo decirle; como que ya no soy el mismo Rubén de antes ¿sabe? hasta me he vuelto famoso y  esto empareja las cosas. Todos los periódicos han sacado un chorro de veces mi nombre y hasta fotografías. Está bien ¿no cree?

Ándele, sí. Que le vaya bien. Nomás no vaya a aumentarle nada ¿eh?

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