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El «Mal nacido», de Daniel Bravo

Por Chrys Sainos

Cuando leí por primera vez un poema de Daniel Bravo fue en una borrachera, una amiga sacó de su librero un plaquette gris con un diseño sencillo de un piecito muy cotorro y caótico. Así lo entendí yo.

-Lee "Pyro", me insistía con ansiedad de colegiala maldita o yonkie enamorada, no sé...

Con voz grave e impostada leí cada frase hasta llegar al brutal remate que parafraseando a la banda de Nashville; Kings of Leon sentenciaba "todo lo que quiero está muriendo lentamente o ya se ha ido"…Entonces el título del texto cobraba sentido. "¡Entendí la referencia!"

-Ah caray, pensé, tenía que leer el resto detenidamente pero ese no era el momento.

Algunos días después decidí leer el material literario, normalmente suelo ser una crítica brutal pues aprendí a entender la poesía desde las estructuras clásicas de la literatura española del siglo XVIII y hace mucho me alejé de la poesía contemporánea por salud mental.

No tenía muy altas expectativas.

El prólogo no ayudó mucho a mi motivación, creí que sería otro compendio de textos del típico poeta maldito estándar: alcohol, tetas y… ¿semen?

Y entonces "Martes" apareció.

Un texto limpio, una prosa fina y un dolor que cala porque lo sientes tuyo, "para no ser alimento de ratas"... ¡ya estábamos hablando de poesía de verdad!.

Daniel Bravo nos va llevando magistralmente de la mano entre la desolación que guardan las bolsas de basura llenas de recuerdos, preservativos usados y "llenos de mentiras" para emprender un viaje eterno que un "jueves" descansa de la carretera entre cervezas e insomnio, al "séptimo día" acepta su alcoholismo y nos regala las líneas más sabias, melancólicas y brutales como: "bebo porque elegí la manera en como quiero morir" o "recuerdo que en casa siempre nos iluminó la tristeza".

"Reacciones adversas" es para mí la joya de la corona.

Un texto mucho más trabajado, bien hecho, (hablando desde la lingüística y la rigidez académica que la literatura contemporánea generalmente desprecia) pero sobre todo doloroso, ácido y divertido. Dosis elevadas de fluoxetina y la ficción del mesías que salva a la humanidad con su semen sin lograr satisfacer a su mujer es simplemente un agasajo que nos recuerda la futilidad de la vida.

Cada texto, conforme te adentras en las treinta y dos páginas que componen el Mal nacido de Daniel Bravo es cada vez más incisivo, más intoxicante y más fino.

El poeta, en catorce textos nos lleva a recorrer la miseria de la soledad, el desamor y la vida que se asigna, así: arbitrariamente, al chingadazo y sin mayor opción al pobre malnacido que no tiene más arte que su viaje de vida aparentemente cotidiana pero dibujada de una forma tan bella y brutal que se antoja sufrir un poco más para ahogar tanta miseria en un trago de ron añejo.

*Dos textos de Daniel Bravo aparecen en la antología de relatos patibularios "La ciudad de los ahorcados", publicada por Editorial Agujero de Gusano en 2019.


***

Martes

Daniel Bravo

 

Puse tu recuerdo en una bolsa de plástico

Junto con preservativos usados llenos de mentiras

Latas de cerveza

Mis miedos

tu fantasma

Todo lo que cayó de la cama y se refugiaba debajo de ella

 

Los tiré en la esquina

dónde toda la calle deposita su basura

Encima piedras como un entierro

para que los perros no derramaran toda esa porquería sobre la acera

 

Para no ser alimento de ratas

Para que las moscas

sigan naciendo de la mierda

y no de nuestros restos.

Las olas rompen: poema-elegía a Allen Ginsberg

Por Lawrence Ferlinghetti


Allen Ginsberg se está muriendo
dicen los periódicos
los noticieros
Un gran poeta está muriendo
Pero su voz
no morirá Su voz está en la tierra
En Lower Manhattan
en su propia cama
está muriendo
No podemos
hacer nada
Está muriendo la muerte que todos mueren
Está muriendo la muerte que mueren los poetas
tiene un teléfono en la mano
y desde su cama en Lower Manhattan
llama a todos
Tarde en la noche
en todos los lugares del mundo
el teléfono suena
“Habla Allen”
dice la voz
“Habla Allen Ginsberg” Cuántas veces han escuchado esa voz
en todos estos grandes años
No tendría que decir “Ginsberg” En todo el mundo
en el mundo de los poetas
solamente hay un Allen
“Quería decirte” dice
Les dice lo que sucede
lo que se le viene
encima
La muerte la amante oscura
se le viene encima
Su voz viaja vía satélite
sobre la tierra
sobre el mar de Japón
donde un día él se alzó desnudo
tridente en mano
un hombre joven de barba negra
como un joven Neptuno
de pie en una playa de piedras
Hay marea alta y las aves marinas lloran
Las olas rompen contra él
y las aves marinas lloran
en la costa de San Francisco
Sopla un viento fuerte
hay olas enormes
azotando el Embarcadero
Allen está en el teléfono
su voz está en las olas
Yo leo un libro de poesía griega
en donde está el mar
y los caballos lloran
donde los caballos de Aquiles
lloran
aquí junto al mar
en San Francisco
donde las olas lloran
Hacen un sonido sibilante
profético
Allen
susurran
Allen


Letrinas: 3 poemitas de desamor para San Valentín

Por Angel Acecam


Enséñame

 

Enséñame a amar

como tú lo haces,

sin perderte en el

camino sinuoso

del dolor.

 

¿Cómo lo haces?

Quiero aprenderlo,

yo amo como tonto

con el alma y la

vida hirviendo,

 

pero siempre

me condeno al

hades del desamor,

ya no quiero morir

otra vez.

 

Enséñame a amar

un tanto sin alma,

un tanto de mentiras,

un tanto así,

como amas tú.

 

  

 ¿Qué hago?

 

Aquellos momentos

donde atiendes mis

pensamientos

se van consumiendo,

penas añejas

se alojan en

el hostal

de mi alma.

 

¿Volverá el desamor?

Seducido por los deseos

de tu presencia

te busco en mis infiernos,

solo encuentro demonios

que destrozan

mis afanes amorosos

¿Perderé tu amor?

 

Me asusta imaginar

mis caminos de aristas

como puntillas clavadas

en mis pies,

la zozobra

de no sentirte mas

me atormenta.

 

Atiende mi sombrío devenir

Dime ¿Cuánto tiempo me queda de vida?

Porque si te vas

moriré sin duda,

dime entonces;

¿Preparo el funeral o la cena?



Sin ti

 

En silencios te llamo

a gritos ahogados

por mi llanto,

 

mi cuarto

inundado esta

desde que te alejaste

así nada más,

 

tus risas

ya no se escucharán

pues las paredes vida

ya no tendrán,

 

esta casa

sin sueños

se torna

mas gris,

 

ya no tengo

más que decir,

adiós, solo

queda callar,

 

y reprimir

tu recuerdo

para no mencionarte

jamás.

 

  

 

Angel Acecam Cloneoser (Nicolás Romero, Estado de México, Marzo 1985) poeta arbitrario, amante de las albas y los ocasos, sus textos versan principalmente de la soledad, la muerte y el desamor, ha participado con poesía para revistas de Estados Unidos, España, Brasil, México y América Latina, sus textos han sido traducidos al ingles y portugués, actualmente cursa la maestría en tecnología educativa.

Manitas rojas de dulce: poemas de Antonio León

Por Antonio León | Foto: Nisuke Martínez

Para Ale Librada Torres Salcedo



cuatro breves poemas culeros

 

1.

me inscribí en el registro municipal

de imitadores de andrés pasavento

y los culeros dicen que no aparezco

 

2.

el poeta que te odia es el pokemon de

la poesía es un arma cargada de futuro

y escribe como en 1965

 

3.

he abandonado el chiste de

no tengo maestría

¡pero qué tal estría!

me lo vuelven a pedir

en las mesas de lectura de poesía

cada que alguien menciona las palabras

piedra

enhiesto

hojarasca

 

4.

este poema siempre no vino

estaba muy culero

 

 

el príncipe adam abre cuenta en grindr

 

podría llorar en menta y lavanda en el festival de los estereotipos

o anunciar la fiesta de compromiso

en que sólo admitiré fantasmas de mis primos muertos

o de los peones con que me revolqué

en cobertizos de fiestas patronales

 

podría anunciar el fin del reinado del padre que nunca sale en la foto

porque ser el rey de un tipo que usa mallas

o peor aún       ser su padre

es un ejercicio que ya no quiso llevar en vida

 

aunque nadie conoce el domicilio de ese muerto coronado como muela muerta

 

podría escribir un mejor perfil que

príncipe de buenas maneras

pasea a bordo de tigre pusilánime

 

gusta de llevar el corte de cabello bob del sastrecillo valiente

heredero de una piedra de lana sobre las piernas

y por enemigo tiene un costal de huesos

 

tela de hacer olas el muslo izquierdo que ya incluye cámara

por las noches el príncipe gusta de ir a un club leather

a jugar a los espadazos del fin del mundo mientras patea cabezas

y se reúne con un grupo de medusas a bufar sabroso

 

ninguna de esas historias

aparece en la descripción que antecede a la foto

de hijo blanco

del trono que tiene forma de galleta

 

el muslo izquierdo incluye dígitos de carne

 

llamadas hacia el fondo de la depresión

en castillos de dudosa medievalidad

 

 

calendario

 

vuelve a ser de día en el fuselaje

de la basura en voz alta

 

porque nadie lee sus derechos

como en antiguos concursos de poesía coral

en escuela pública

 

o una noche en que los pájaros

se fueron a dormir temprano o siempre

en el sur de una ciudad como ésta

que todo lo resuelve con más polvo

y nadie ha querido a un aspirante a vagón trizado

malo como una diabetes

pero enunciativo hasta el logro de amaneceres narrados

en primera persona

 

qué amarga es la forma en que

de origen

fueron dibujados

los aviones que calcinan durante el despegue

las voces bajan hasta el volumen cero

y otras posibilidades de la recta numérica

 

no hay lenguaje de señas que sea suficiente

morfemas como paletas manitas rojas de dulce

que adivinan la suerte

 

 

además de micrófono hay cosas que un desodorante roll on

no es

 

luis miguel está en la pantalla del pasado

otra vez su padre nos dijeron que un sátrapa de melismas pop

 

luis miguel cantaba hasta el cielo borrascoso de los jeans edoardos

también tenía un disfraz de corsario

 

en los bailes frente a la cámara que vienen

en la caja del lenocinio en minoría de edad

o la gracia que siempre se va

 

un rubiecito infame que se relamía los dedos frente a la bocina

alzaba el cuello en los agudos

un gallo con espolones hattori hanzo Steel

 

se trataba —creo— de una decisión importante y de no pensarlo más

voz en punta cabello húmedo en el rostro de principito perdido en

el desierto

 

no lo pienses más decídete

aun si unos niños revientan mascotas a golpes

y no sabes cómo rematar tus mentiras

 

nos preocupan las horas perdidas pero también nos gustan

las mesas de novedades editoriales

con libros que no podemos comprar

 

decídete no sigas en facebook o crowdfunding

nadie votará por ti niño mimado voz piara de ángeles

pelo lacio en pasta dura

muchacho de la crítica especializada

 

decídete poeta sin cursar el plan flexible

en letras hispánicas

decídete y haz la prueba del cáncer de próstata

y piensa en la raíz de todas las palabras

 

 

 

 

Antonio León es un poeta nacido en Ensenada, Baja California. Reside en Mexicali desde 2014, donde se desarrolla en distintos ámbitos de la promoción cultural universitaria. Es autor de los libros Caricia del velocímetro, Busque caballos negros en otra parte (pinosalados) y :ríos, dentro de la colección Ojo de Agua, editada por CETYS Universidad . En 2016 fue el ganador del Premio estatal de literatura (poesía) en Baja California, con el libro El Impala rojo. En 2018 fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico en la categoría Creadores con trayectoria. Consomé de Piraña, editado por Carruaje de pájaros y el Instituto Sinaloense de Cultura, es su libro más reciente.

Letrinas: 6 poemas de Angel Acecam


Silente


Que tu silencio
te bese los labios
con la dulzura
de los anónimos,
que te queme la piel
con un gélido viento invernal,
que te lleve tu amargo sino
al yermo donde habita medusa
entre miel,


¿A que sabe el destierro?
Ocultas tus amantes
en la cara oscura de tu alma
que se precipita al hades,
probaste las migajas que eros
dejaba en tu alcoba
pasada tu muerte
y así saciaste
tu hambre atroz,


hiciste cenizas a los deudos del nirvana
que moraban cerca de tus pupilas
y no fuiste capaz
de llorar tu tragedia,
un torbellino de inocuos demonios
los llevaran al desierto
de tu oprobio para perderlos
eternamente,


diestra mentirosa,
engañas a los ángeles
que se posan en tus cabellos
y les atas las alas con ellos
para entregarlos a los verdugos
que los devoran a prisa,


cosecharas las viandas
del apocalipsis donde
tu soledad hará de colchón
en los insomnios sobrados
de lágrimas ensangrentadas
que llorara tu alma,


y pasada una década
las llevaras al troje
de la casualidad
echando raíces de amargura,
y ahí, se convertirán en semillas
de locuaz tormento,
para ser sembradas en tu cuerpo,


las regaras entre estatuas
y abejas,
con tu llanto inmenso
para agonizar en ese yermo
que será tu cementerio.



Kúñu nuevo


De la nada apareces
entre el bullicio de los muertos
que añoran resucitar,
clandestina imitas
sus plegarias y los haces
participes de tu bondad,


¿De dónde vienes?


Tu primicia es cándido manjar
que entre idolatrías se posa
para amamantar a sus vástagos,
es tragicomedia que sale
a escena apenas pasada
la luz por sus cadenas,


inicia su ritual benigno
para saciar sus deseos
entre llanto y oscuridad,
le llaman con ahínco
y ella responde a su paso
sin tregua,


les dará el regalo o
les negara la dicha
según su sino,
abrirá las ventanas y dejará
pasar la aurora para mostrar
los escombros que volverá a edificar,


y después, cantará embriagada
la canción que hará germinar
el amor o la cólera,
es su menester amasar el tiempo
para dirimir los abrazos con la eternidad
tardía que sorda no le atiende,


y ahí sigue, entre la pira y la noria,
entre las cenizas y el agua, esperando
el milagro que traiga delante la luna o el sol,
esperando, siempre esperando
inicia la vida
y resucitan los muertos,


como testamento sempiterno escrito
con estrellas de tierra, agua y fuego
sacude los tedios del pasado o del hostil futuro,
y así llega presuroso o pausado,
envilecido o enamorado
el génesis inesperado.




Hora equivocada


Esta noche nada late,
no late el viento arrebatado
que arranca las flores del cerezo,
no laten los ladridos de los canes
en la terraza del carnicero,
esta noche nada baila,
no bailan las luces de la plaza
que acostumbran en el quiosco,
tampoco lo hace el viejo reloj
de la iglesia con la música del coro,


esta noche nada canta,
no canta el cucurri posado
en el pino que creció junto a mi casa,
ni las luciérnagas que vuelan alrededor
del camposanto como almas dulces
esta noche nada fluye,
no fluye la sangre de mi vida
que se escurre entre tus pies,
menos la inspiración del hades
que atormenta hasta llegada el alba,


esta noche nada llora,
no llora la mujer que busca a sus hijos
por donde nace el rio, ni el cielo con nubes cargadas
de lágrimas, esta noche nada duerme,
no duermen los párvulos cansados de tanto jugar,
mucho menos los caballos que no dejan de relinchar,
esta noche es diferente a otras, nació al meridiano,
y las aves de granja fueron a su gallinero
los borregos y los rumiantes a sus corrales,
pero la hora miente, es una noche prematura,


no es ensayo del tiempo,
es un dulce momento que atesora mi futuro,
azul cargando a cuestas la oscuridad
sin ser esclavo aun de su veleidad,
la noche se va así nada más y el sol
al meridiano vuelve a despertar,
todos salen de su hogar,
solo han pasado unos minutos quizá
y así, el eclipse se despide
porque en mucho tiempo no volverá.




¿Qué es la muerte?


¿Y qué es la muerte?
sino un polizón
atado al pecho de destino,
un druida que alienta
la vida a consumirse
entre tristezas, risas
y tragos de tequila.


Un bravío astado atravesando
un campo lleno de mirasoles para llegar
a un solitario yermo,
¿Qué es? Sino una milpa de zacate
abrazada por el fuego causado
por una luciérnaga que cayo
precipitada de un sueño.


Como no llamarle en los atroces
momentos que arrebujan los deseos
de echarse a sus brazos fríos, y así
aliviar un alma contrariada,
no es sino el final que el tecolote
canta en la morada del indio
como diría mi madre.


No es sino la inexorable casualidad
que enamoro el tiempo y convirtió
por su amor en testamento eterno,
no es sino la que alivia las penurias
de un terminal enfermo que sonriente
le da la bienvenida como un paliativo
beso que consume su aflicción.


no es sino la visita inesperada
que llega de día, noche o madrugada
a tus vitales para devorarlos,
no es más que un silencio
que se adhiere confundido a
las notas de la soledad
que la acoge al terminar tus días.


No es sino la amante eterna
esperando tus besos tibios
detrás del telón de tu tragicomedia,
y eso es la muerte, todo lo que lleva vida,
lo que sueñan y descubren la luna y el viento
tanta muerte en tantos días, de cementerios
y efímeros suspiros llenos de destrozados egos.




Medusa


Entre los infiernos de mi soledad
sueles esconderte,
apaciguando mis ganas de llamarte
me seduce el olvido
que se cuela entre
demonios,


¿Dónde aprendiste a jugar así?
Siento desfallecer
atado al sino moribundo
que borra Mis huellas
de tu áspera
piel blanca,


tú, miras detrás de satanás
tus sucios deseos convertirse
en mi dolorosa realidad,
¡Moriré! Sonríes tomándolo de la mano
mientras mis querubines tratan de levantarme
de mi lecho mortecino,


¿Escuchaste mis plegarias?
Cientos de bolseritos
tejieron un aposento par mi alma
con musgo y ocochal
para que duerma en la suavidad
de sus complacencias,


asi no llegara al hades
precipitada por tu desamor,
en la aurora los gallos cantaran
mi despedida, como un himno
que suena a lamento de la natural
tierra que hambrienta espera mi cuerpo,


polvo inunda las lágrimas de mis deudos
que ojerosos despiden los recuerdos
que gritan tregua al tiempo,
madera y cristal engalanan
mi despedida al aposento
de mis huesos,


sucios intentos fallidos
por volver a mí el génesis
que late en mi sepultura,
entre ellos habitas
medusa de mi eterna soledad
y te escondes para asesinarme.




Pintora

A Alfonsina Storni



Es preciso disipar la angustia
atorada en mi pecho
desde que te fuiste a colorear el mar,
divina pintora llevaste tus oleos
a la galería eterna,
ahí, dibujaras sus quimeras
que te pertenecieron desde la madrugada
de su primicia,
hasta el ocaso de tu soledad infinita
por un momento,


azul y verde llevas en tus pinceles
listos para dar vida a la suave piel
de tu amante eterno,
celosa no llevas café ni dorado,
aquellos que engalanarían
a su fiel compañera y lo harían
olvidarse de ti,
ella, que gloriosa sabe los secretos
que esconde desde su brillante manto
donde juegan las gaviotas,
hasta su alma en penumbra
que iluminan especies fluorescentes,


ella, a quien con cada ola que llega a la costa
busca besar prometiéndole retornar
esas caricias por la eternidad,
ella, a quien con paciencia le canta
a través de una sirena
esa embrujada melodía
que lo enamorara inevitablemente,
lirios y peces multicolor
son sus mensajeros que te arrebatan
esos dulces sueños de tenerlo solo para ti,


llegado el ocaso como peregrino
sonrojara su rostro y pasado este,
en compañía de la luna llena
subirá hasta tus labios con la marea
y solo ahí podrás besarle,
así, en tertulia hablarle de tus amores,
después, entre reflejos como luciérnagas
te arrojaras a sus brazos
sin importarte que así perecerás.
Pintora;
es preciso disipar esta angustia atorada en mi pecho
y hundirla en el mar.


   

Angel Acecam Cloneoser


 

Angel Acecam Cloneoser (Nicolás Romero, México, Marzo 1985) Es un hito enterrado profundo licenciado en administración, sus textos tratan principalmente de la muerte, la soledad, y el desamor, ha participado con poesía para las revistas, Nocturnario, Monolito, Engarce, Poetómanos, gaZeta, Ibídem, Letrantes, Primera Página, Collhibri, Tintasangre, Perro Negro de la Calle, también para editoriales como Elementum y Letras Rebeldes, así como en fanzines, actualmente cursa la maestría en tecnología educativa.

Condones, nazis y libros

La perla de Carla | Por Manuel del Pino | 



CONDONES

Dicen que el debate es “tortilla de patatas, con cebolla o sin cebolla”. Pero no, el auténtico debate es: ¿Con condón o sin condón?

Condones, preservativos, gomas, capuchones, chubasqueros.

Los tíos se piensan que nos gusta con condón, porque así te sientes protegida.

Pero no. Con condón siempre piensas: “¿Se romperá?”.

¿Te llegará un mes después, no la notificación de una multa de tráfico, sino del embarazo de un tío al que quizá ni siquiera conoces?

Así que, sin condón. Piel con piel. Más suave, auténtico, intenso.

¿Y quién te asegura que funcionará la simple marcha atrás?




EL “NAZI BUENO”.

Dicen que Albert Speer era el “nazi bueno”.

Claro. Sólo era el arquitecto de Hitler.

Y el ministro de armamento de Hitler.

Y quizá el “amiguito” de Hitler.

Quieren creer en la bondad del hombre como sea. Salvar a quien se pueda de la condena a muerte… que ellos aplicaban con tanta alegría.

Speer no participó en el holocausto. Era nazi, pero bueno.

Estaba siempre junto a Hitler, pero conservó su bondad como ser humano.

Porque el hombre es bueno por naturaleza.




LIBROS

Lo que no consiguió Hitler.

Lo que no consiguió Stalin.

Lo que no consiguió el fascismo.

Lo que no consiguió el comunismo.

Lo que no consiguió el capitalismo.

Lo que no consiguió la censura…

Lo ha conseguido Internet.

Acabar con los libros.

¡¡¡¡BRAVO!!!! Plas plas plas plas plas.









Manuel del Pino es licenciado en Filosofía y Letras (Univ. de Granada, 1994). Publicó diversos artículos y varios ensayos. XIV Premio de Ensayo Becerro de Bengoa con La sonrisa de la esfinge (Dip. de Álava, 2002). Olivas negras, novela policíaca, Ed. Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2012. Ha publicado relatos en las revistas digitales “Gibralfaro”, “Ariadna”, “Narrativas”, “Ánima Barda”, “Relatos Pulp”, “Palabras diversas” y “Entropía” (2012-13). Colaboró con la sección Aventuras de Lince en la revista “Arena y Cal”, Cádiz, 2012-14 y en el periódico digital “El Pulso”, de Madrid, con los relatos policíacos de “Carla” (2014-16). En 2017 participó en “Diario Siglo XXI” y en “Mundiario” con artículos breves. Ha publicado otras novelas en Amazon: Siniestra, Las aventuras de Víctor Lince, Carla. La conspiración de La Rosa Negra, Carla mortal, Carla y Shavi. 

La perla de Carla: estilo, vidas, escritores y mendigos

La perla de Carla | Por Manuel del Pino | 



ESTILO
Llevo los 30 años de mi vida intentando mil estilos.

Y al final, ESTO me sale “solo”.

“Solo”… tras 30 años de fracaso y desgracias, claro. Una larga y dura escuela que quizá no oses compartir. Desde luego no la recomiendo. UFFFFF.

No me sale por el cerebro, sino por las orejas o por el coño.

No lo busqué: ÉL me buscó a MÍ.

Quizá cambie mañana, o quizá ya nunca. No lo sé.

Y soy YO AHORA. Y no es nadie +++ (a no ser que intente plagiarlo).

Pero ESTO es lo que hay. Guste a 2 personas o a nadie.




VIDAS
Cuando un simpático político me engatusa por la tele, pienso:

¿Cómo es tu vida? ¿Cómo ha sido tu vida?

Cuéntamelo un poquito.

Para comparar con LA MÍA.

Seguro que es muy ilustrativa la comparación:

La SUERTE y la DESGRACIA.

Compárate conmigo, si te atreves.

Y luego me engatusas.




ESCRITORES

Me fascinan los escritores profesionales.

Novela histórica. Novela negra. Novela erótica. Poesía. Artículos.

BLA BLA BLA. 500 páginas. 800 páginas. 1000 páginas.

Grandes editoriales. Grandes premios. Grandes promociones.

Y son astutos. Si observas, hay muchos TEMITAS que NO tocan. Ponen muchísimo cuidado de no meterse en ningún charco.

Las injusticias del mundo les resbalan. El dolor de los desgraciados les deja fríos.

Tienen familia, propiedades, una carrera que perder.

Éxito. Fama. Dinero. DINERO DINERO DINERO.




MENDIGOS

Querido eterno e inevitable Mendigo:

Siempre que tomo una cerveza el sábado, tras una larga y dura semana de trabajo, te acercas a pedirme dinero. Me acosas como si yo fuera la Duquesa de Alba.

Si no te doy una moneda, me insultas. Si te la doy, me insultas también… Susurrando en tu idioma mientras te vas, con calculada maldad retorcida e impune.

Eso si no me robas de un tirón el móvil o el monedero o el bolso.

Muy bien. Y yo siempre me pregunto lo mismo:

El próximo lunes, cuando suene el despertador a las 7 de la mañana y vuelva mi calvario, ¿dónde estarás TÚ para echarme una mano a MÍ?






Manuel del Pino es licenciado en Filosofía y Letras (Univ. de Granada, 1994). Publicó diversos artículos y varios ensayos. XIV Premio de Ensayo Becerro de Bengoa con La sonrisa de la esfinge (Dip. de Álava, 2002). Olivas negras, novela policíaca, Ed. Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2012. Ha publicado relatos en las revistas digitales “Gibralfaro”, “Ariadna”, “Narrativas”, “Ánima Barda”, “Relatos Pulp”, “Palabras diversas” y “Entropía” (2012-13). Colaboró con la sección Aventuras de Lince en la revista “Arena y Cal”, Cádiz, 2012-14 y en el periódico digital “El Pulso”, de Madrid, con los relatos policíacos de “Carla” (2014-16). En 2017 participó en “Diario Siglo XXI” y en “Mundiario” con artículos breves. Ha publicado otras novelas en Amazon: Siniestra, Las aventuras de Víctor Lince, Carla. La conspiración de La Rosa Negra, Carla mortal, Carla y Shavi. 

7NN: R32

R32
Denisse Rodríguez


Salía todas las noches, no me fijaba en la hora. Esperaba a que el sol aterrizará en otro planeta que no fuera la tierra. Olvidaba la vieja banqueta y caminaba en medio de la tierra imaginaba que era arena con mis pies semidesnudos creyendo que el punto que me resguardaba, era un faro y que el malecón me esperaba. El olor de pescado abrazaba mis fosas nasales y el mar muerto asechaba mis poros. Deje los desechos en el tambo, me bañe del perfume de la basura. Y, en ese momento. Ya era yo, la nueva basura. 

Cuando llegue a casa, mi familia creía que ya había cumplido lo de siempre ( la, la, la, la). Pero de la basura nadie se deshace. Por lo tanto yo sustituirá y seria la nueva basura. Porque nadie sabía que era lo que había visto esa noche, ni porque razón yo no solo olía a basura, sino también me sentía como ella. 

El olor fétido del contendor le era ajeno y añejo. Les juro me resistí, pero al final caí y miré. Distinguí trozos de cuerpo humano. Yo creía que iba acompañado de mis alucinaciones del mar de todas de las noches. Pero ese mar sí estaba re-muerto. Fue más que onírico. Al día siguiente ocurrió lo mismo. Pero además de los trozos, había dedos. Pensé que le pertenecía al mismo cuerpo de ayer. Y, entonces desde aquel día no dejaron de aparecer los dedos. Siempre regresaba a casa, pero con un salmón bailando en mi cabeza, porque a eso, me olían ya todas las noches y el baile se lo debían a los dedos que derramaban sangre, buscando el nombre del culpable. Me preguntaba entonces si alguien sabía que salía a esas horas a dejar la basura. Y, sí “ese alguien” me jugaba chueco o me atormentaba de verdad, si era yo presa de ya de su paralelogramo formado de dedos. O simplemente si alguien más, era mi otra mente… 

Todas mis noches, encontraba algún trozo humano. Pero nunca encontré alguna cabeza. Trozos, trozos, dedos, dedos. Nadie me creyó, yo conté en total treinta y dos dedos, ¿Dónde estaban los ocho dedos faltantes y las tres cabezas? Me hacía creer que la cuarta víctima aún seguía vivía, a faltas de los demás dedos. 

Continuamente tenía el mismo sueño, en el que recorría el mismo camino de todas las noches. Ahí en el bote, donde mi mirada apuntaba en la azotea, y veía treinta y dos dedos colgados en los cables de la luz, como tendedero de mi patio. Y, cuando llegaba en la mera entrada de mi casa estaban las cabezas recostadas en la maceta, donde pendía de fuertes raíces, atadas de sus cabellos. Como un manojo de cabezas de ajos. Pero esas cabezas de ajos, no tenía ni un bonito put* ojo. Me despertaba al final el grito de pronto del cuarto tuerto que sentía que estaba en rito, antes de ser muerto, cuando yo atravesaba la puerta. 

Al siguiente día, más tarde me rehusé a tirar la basura, mi mente insistía ir a la azotea de mi casa, subí. Y, ahí, encontré los ocho dedos que describieron en el suelo la palabra S A L M O N. Sentí miedo por primera vez. Porque la única persona que sabía del salmón bailando en mi cabeza. Era yo. 

Ya en la prisión. Y, otra vez en la prisión de mi mente, escribí en los barrotes que solo se leía si pendías la cabeza como un pescado, treinta y dos y el porqué de mi acción. Que la verdad de mi nueva sensación de ser la nueva basura en la habitación del panteón de mi azotea, es decir mi cabeza. Dependía de esas cabezas cubiertas sin pena, que fingían que me veían ir al malecón, donde mi rutina pendía de sus vidas citadinas. Señalando al bote de basura con esos dedos que era yo la asesina y el próximo entierro a un forastero ciego.




Siete Nuevos Narradores

Editorial

Nos gusta tomar letras para formar palabras, aunque no despreciamos el agua, la leche, cerveza, güisqui o bebernos alguna que otra idea para ir alimentando nuestras historias.

Nos gusta escribir lo que vemos, pensamos, sentimos. Intentamos ser fieles a nosotros mismos, aunque de pronto nos traicionamos y somos más fieles a nuestras inquietudes, nuestros vicios, nuestros miedos, nuestras certidumbres y nuestras dudas, de ahí nacen nuestras historias.

Hijos de nuestro tiempo, apostamos al ciberespacio y nos subimos a la revista Sputnik 2 (junto con Laika) para poner en órbita nuestras letras. Pase, léanos, quizá se reconozca en alguno de nuestros textos. Recomiéndenos si pasa un buen rato leyendo, sino escriba para decirnos lo malos que somos. Apostamos a divertirnos, generar nuestra propuesta literaria para que sepan que aquí estamos y derramaremos letras e historias desde Aguascalientes.

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7NN: Letras de Dennise Rodríguez II



Denisse Rodríguez 



Aguascalientes

Vivo en Aguascalientes

Donde el agua carece

La tranquilidad, la adormece

Un buen lugar para suicidarse

Pero no, para ahogarse

Y, es que los problemas aquí, se hacen agua.

Porque se cree que no hay nada.



Enero

No he escrito nada, porque no he ido a la playa

Y, es que en el agua mis palabras nadan

Cuando en la tierra, solo se marchan



Colibrí

Nos acostumbramos a conversaciones huérfanas de sentido

Con el motor de un carro siempre encendido



Carretera

No entiendo a las palabras

Nunca me llaman

Solo me hablan cuando se les pega la gana

Para salir y darse la vuelta

En la carretera de mi pluma y mi papel que arañan.



Desvelo

No puedo dejar a la noche sola

Ya estuve con el sol y la edad



Amapola

Cubrí mi mente en amapola

La aparte de los negros espacios

De la harina que la arropa



Nihilismo

Aunque la alegría se aproxima a media noche

Prefiero dejarla en mi porche



Humano

No fumo

Soy humo mundano



Vorágine

Mareada de palabras sueltas

Que entre abiertas

Letras vuelan




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7NN: Letras de Dennise Rodríguez


Denisse Rodríguez



Libro

Un viejo amigo, que yo estimo. Ya no tiene ritmo.
Con sus letras tiesas, al creerse rompecabezas.
Que me enderezan de la cubierta de la jalea de la existencia.


Columpio

Así navego en la vida
Así me sostengo al fuego
Así creo al cero
Así me divierto y pierdo al muerto


Silencio

El silencio me molesto, me secuestro, me convirtió en la espiga de la nariz del árbol escondido de su raíz.


De tras

Las palabras me patean con sus mayúsculas, lloran acompañadas de sus comas, ríen con sus paréntesis ajenos y te perforan con sus puntos sin raíces.


Segunda llamada

La noche me llama, segunda llamada. Tengo que aclarar con la luna mi cara de angustia, perseguida por las avenidas descompuestas de luces que la miran por los coches.

  
Bon Appétit

En cada bocado te sostengo y no es halago. Tienes sabores extraños, eres lo que más hago en mi horario, te muevo con labios, y cuando trago, callo. Y ahí es cuando hablo, en cuentos extraños.


Luz

He intentado escribir de la luz, pero hablar de lo bueno, es poner arreglos. Cuando algo es bueno, no hay más, solo callar. Cuando algo es malo, hay todo por lo que hablar.


Mierda

No sé qué escribir, y piensan que escribir esta fácil como la mierda. Y,  es extraño, pero hay algo de razón en ella.  Siempre lo debes hacer, siempre está presente y siempre está al final de lo que pasa, pienses o sientas. Pero lamentablemente ahora estoy estreñida en mi mente.


Jaque mare

Ahogue al rey, así ya no hubo rastro de él.


Paredes

Sabanas que arropan mi cama, que cuando la noche no es larga, viajan a los costados y  se hacen llamar paredes que se rompen  con mi voz y se cogen al colchón.


Hermanos

Si el viento es el inquieto y el aire el quieto, ¿Quién es la madre  de los hermanos en velo?






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Letrinas: A lo que no vuelve



Por Amado Ademar

A lo que no vuelve

A Cristian Aguilar Galindo
            I
Recuerdo que los veranos te gustaban azules
e ibas a los fines de la tierra
y olvidabas el color de la lluvia
para ver si encontrabas una brasa de agua.

Y sacabas todo de ese color de niño
que empezaba en tus venas y terminaba
en mi garganta de ave sola.

Fue ayer, para no decir muchos años, lo que pasó
en el ancla de baja marea, una orfandad
que no quedó, de otra, hacerla beber,
llenándome, extendiéndome lo que fue, lo sucedido.

No me permitió mi propia cárcel enseñarte
lo que puede ser lo que siento en ti,
que más sincera y verdadera pudo
ser mi propia carencia de hombría.

El otro, el otro amor, yo soy el otro amor,
el lado oscuro de la siembra de tus
ímpetus sueños, el que siempre recibió
el aire transformado de algo que no tenía
nombre y queríamos los dos.

Se te olvidó que este sentimiento nació
               m u y   g r a n d e
y mi pecho se me inflaba de tranquilidad
al oír el murmullo de la hierba
que habías trabajado
–yo sabía de su felicidad danzante–
igual que un perro ve el atardecer
y siente que su hermano puede
aparecer en cualquier momento,
diciendo: escucha, he visto crecer
las gotas de la noche en la punta
de la espiga, la luz tenía un rostro,
uno que parecía un viento manso,
ahí hallé la serenidad de llevarme,
de volverte a ver.

La estación de a su lado
se encontraba a varias leguas
igual que un viaje que se repite,
igual que una primera memoria
sumergida y emergida.

Mi bien restante, azul era tu color
y no quisiste que dejara de ser pedestre.
Yo quería decirte
que estas ataduras nunca iban a pesar
y te llevarían a los lugares
donde nunca hubieras podido ir
solo.
Ahora que las estaciones pasan,
cuando uno no quiere que cambien,
se va perdiendo lo que un cielo
lleno de estrellas prometió ser un día.

           
          II
No tengo secretos, he dicho la verdad,
pocos sabrán lo que digo,
soy el único que sé
que a ti te gustaban que los veranos fueran azules
y este hombre cansado estuvo
dispuesto a ofrecer una vista en adamar.
Porque recuerda esta persona tuya,
que nunca fue azul en ninguna de sus partes,
que te agradaba su lírica voz
en aquellos fuegos bajos
llegando a ser otra nieve en el manto
                   oscuro
y estiraba su cuerpo, lo que más podía,
mientras lo besabas
y el mañana llegaba y venías con él.

            III
¿Qué puente lleva a ti?
Quiero descansar de la distancia
impuesta que no quedó de otra
dejarla en la entrada.

            IV
Se amontonó la caída de las hojas
en mi camino de saberme sin ti.
Entre luces solas está el verano,
que azul era su color,
uno que tomaba su forma en la silueta
de los altos bienes
como tres pulsaciones en respuesta
de este instrumento.
Pequeño albor mío, azul era una condena
porque el mar lo hallabas muy lejos
a pesar de estar en la orilla
de los recuerdos que brotan
en las rocas saladas, tus compañeras
de juego.

Pero el azulado verano no pudo andar
más de lo que debía y en el puerto,
con las gaviotas y pelícanos,
con la pesca de vez en cuando,
se sienta a embarbecer 
y me abraza en sus dos formas.
Dice adiós a esos pueblos,
aquellos encuentros con uno mismo
y con otro mismo,
se despide de las alturas de los árboles
sembradas en los corazones de los pequeños,
un retintín de pelota
en las tardes de quejumbrosos
rincones;
me echará de menos, yo igual,
solsticio de marcado azul.
Yo sé que tú le gustabas,
más en la distancia que hay del viento
al mar.




Amado Ademar. Lic. en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Fue becario de “Los signos en Rotación” Festival Interfaz–issste, Acapulco 2014, colaborador del suplemento cultural “Arteria” del periódico El sol de Tlaxcala, del fanzine La culpa. Un poema suyo está incluido en el mediometraje Retrato a nosotras mismas, Tlaxcala, México, 2014. Ha tomado talleres de creación poética. Ha participado en varios encuentros y lecturas de poesía. Tiene publicada la plaquette de poesía Hombre con complejo de soledad, El puente, 2015.
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