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“Una más para el camino”, un abrazo de Fernando Marlo para soportar la vida


Entrevista por Iván Gutiérrez | Fotos: cortesía del artista


En lo personal, no sé qué sería de mí sin la música real, la que viene de heridas reales, de sentimientos vividos en sangre y hueso, de esa poesía sonora que nos recuerda que sí: la vida vale la pena ser vivida por esos destellos de belleza. Por lo general, mucha de esta música no llega a las masas, y por el contrario, se esconde en ese lugar llamado “el underground”. La ventaja de habitar este subterráneo sonoro es que ahí existen joyas impresionantes de música real, por ejemplo, el nuevo EP de Fernando Marlo“Una Más Para el Camino”. 

En una entrega de 6 canciones nuevas este compositor regiomontano lleva el sonido del folk mexicano a uno de sus picos más excelsos, demostrando que la música no está muerta, sólo está echándose un par de tragos en alguna cantina olvidada por Dios mientras la humanidad sigue aferrándose a su autodestrucción. Con ustedes, una conversación con Fernando Marlo, autor, poeta, amigo y hermano de canciones que nos mantienen vivos. 

***

Iván: Fernando, queremos saber todo sobre tu nuevo EP, ¿cuándo fue que lo compusiste? ¿por qué salen estas canciones juntas y no separadas? ¿por qué se llama así?

Fernando: Las canciones de “Una Más para el Camino” las compuse en diferentes momentos de mi vida… hay canciones como “Bella Mujer” y “Canción para un migrante” que ya tenía ganas de publicar, pero no las inclui en el primer álbum (Canciones desde el Sauce) porque sentí que eran conceptos diferentes, y mi idea era hacer un álbum que fuera más coherente entre sus canciones. Otras composiciones las terminé después, hace un año compuse “No me gusta quien soy” y “Morí en silencio”, esas salieron en la primera gira que hice para promocionar “Canciones desde el Sauce”. 

Me ha pasado algo muy curioso, que siempre en los álbums queda una canción que no estaba planeada, en el primero fue “Pajarillo”, y en esta fue la de “Abrazo de aguamiel” esa fue la última que compuse y terminamos por incluirla como un bonus track, es una canción muy bonita que merecía ser contada.

La idea era hacer un EP que fuera muy cantinero, con canciones de nostalgia y tristeza, y bueno sobre el nombre del EP,  “Una más para el camino” es la forma en como se despiden mis amigos, al momento de terminar una peda o reunión; tengo un amigo que se llama David que toca conmigo, y antes de despedirnos siempre decimos “vamos a echarnos una última para el camino”, ya sea una cerveza o un cigarro. Me gusta mucho esa forma de despedirse porque nunca sabes si lo vas a volver a ver, entonces brindar por última vez con esas personas me gusta mucho, siento que eso transmite la esencia del EP.

I: ¿Cómo llegaste a esa sensación musical tan pura con la que representas el amor en “Bella Mujer”? Se siente en los instrumentos, los coros y violines... en el piano increíble.

F: La mayoría de mis canciones hablan de tristeza, nostalgia, son muy melancólicas, entonces sentí que si hablaba del amor quería hacerlo de forma peculiar y siendo sincero, sin mostrarme tan cursi… "Bella Mujer" termina siendo el romance completo, es una historia fragmentada con base a la forma en como mis papás se conocieron, está inspirada en su historia… la verdad no he tenido muy buena suerte en cosas del amor, no me considero que haga muchas canciones de amor, tampoco se me da muy fácil, pero quería contar esa parte de la historia más bonita de amor que yo conozco, que es la de mis papás.

I: ¿Tú estuviste a cargo de los arreglos en el EP? 

F: Cada quien hizo lo suyo, en el EP participaron muchos músicos. La producción la hizo  Fernando Galindo, mientras que Choco Maldito estuvo en el bajo, Silvio Alberto en el piano, en el chelo Jonathan Galvan (ya habíamos trabajado juntos en el primer álbum). En coros volvió a participar Isabel Montoya con la dulzura de su voz, ya que me gusta mucho su profundidad… la forma en que transmite y cómo siente la canción.

Me tocó a mí componer letra y armonía, pero cada uno de los músicos fue agregando su propio granito de arena y la verdad me gustó mucho hacerlo así porque se lo tomaron muy en serio, se metieron mucho en la canción, de subirse arriba de ella y hacerla suya, pienso que es muy bonito cuando le das esa libertad a los músicos de expresarse en la canción. 

En el último tema, “Abrazo de Aguamiel”, Efraín de la Rocha (Niño Van), se aventó toda la instrumentalización, grabó bajos, guitarras, hizo coros, y la batería la grabó Sebastian Fragoso; creo que tuve la suerte de coincidir con grandes músicos, muy talentosos, que me permitieron contar con ellos para darle color a las canciones.  

I: “Abrazo de Aguamiel”es una gran canción, ¿de donde surgió? Siento como si estuviera escuchando justo un canto campesino, pero contemporáneo… ¿Cuéntanos, quiénes son Bacilio y Arturo Gómez?

F: En el estado de Hidalgo hay un lugar que se llama La Pila… toda la comunidad se llama Azoyatla, y ahí hay un lugar que se llama Escuelita Arturo Gómez Moedano. Tuve la fortuna de conocerlos, y en cada vuelta a CDMX iba a visitarlos: me hospedaron, me hicieron parte de la familia, y en el transcurso de esa calidez que tuvieron conmigo, conocí lo que hacían, que era promover la cultura del maguey, su cuidado, la producción del pulque y todas las tradiciones a su alrededor, lo que se obtiene del maguey, del maíz, que ellos siembran, y se me hizo muy bonito porque es una escuelita que busca enriquecer a los campesinos de la comunidad brindándoles una educación para que puedan aprovechar mejores sus tierras, producir mejor el maguey, 

Para producir el pulque hay que cuidar por años el maguey, para que te salga el aguamiel y ya luego el pulque, momento en el que el maguey tiene que morir. Es toda una experiencia de vida muy bonita, y lo que hacen ahí se me hizo muy merecedor de poderlo contar: lo que ocurre ahí es una historia que merece ser contada.

Hablando un poco de Arturo Gómez, impulsó mucho el arte, el trabajo de la tierra, tenían algo que se llama Los Tamuines, un tipo de moneda local que implementaron en la comunidad con la que podías ir a comprar maíz o frijol a tu vecino, era algo muy hermoso porque el Tamuin no estaba respaldado por petróleo ni oro ni nada, sino por horas de trabajo, entonces los campesinos solo por trabajar y producir tantos costales de frijol, tenían derecho a tantos Tamuines, y ellos conservaban su producción pero también obtenían estos Tamuines y podían usarlos para pagar. 

Fue tanto el impacto que el Banco Nacional de México los persiguió y hubo todo un proceso, un juicio, sobre esta historia, porque pensaban que era un lavado de dinero, pero en verdad era una moneda respaldada por trabajo, se me hizo muy impresionante, y Arturo Gómez formó parte de esto, él murió en la Pandemia, fue algo muy duro, yo conocí la escuelita hace un año y medio, y pude escuchar la historia de Israel Garnica —el fundador y mejor amigo de Arturo—, conocer los motivos de la fundación de la escuela, verlo levantarse temprano y trabajar hasta tarde… entonces una de las fechas de la gira ahí la cerramos, y parte del público era la familia de Arturo, y aunque no tuve el gusto de conocerlo, se que fue una gran persona, todo el pueblo habla de él y de Basilio, un gran pulquero al que le decían Juan, a quien también nombramos en la canción. Es una canción de ofrenda, una pequeña contribución a la grandeza de lo que hacen.


I: Platícanos de tus influencias, sé que te gusta mucho Lázaro Cristóbal, Iván García… se siente en la vibra de desdicha encantadora de tus canciones 

F: Lazaro para mí es uno de los referentes, Iván García también, ambos tienen letras increíbles y sólidas, la forma en que transmiten… creo que también tengo mucha influencia de Nacho Vegas. Este EP lo quise hacer muy apegado al folk y la onda cantinera, y pues estos personajes también tienen mucho de esto, también por Juan Cirerol, que tiene letras muy buenas… y he ido conociendo músicos de folk que me gusta mucho, por ejemplo, una de las canciones que tengo “Morí en silencio” está completamente influenciada por la canción de Ay Gregorio! “Prefiero Mentirme Otra Vez”. Creo que la vida te va poniendo con las personas correctas, vas conociendo proyectos más sólidos y todo eso inspira, es como decir yo también quiero hacer canciones que tengan trasfondo. 

Una de las razones por las que pude hacer el EP fue por la colaboración con Niño Van en la canción “¿Y tú qué harías?”, un bolero, al haberlo hecho me hizo agarrar más confianza para hacer “Bella Mujer”, que termina siendo un bolero romántico. 

I: “Cancion para un migrante” es increíblemente dura… una realidad que vivimos en la frontera, donde la gente va a buscar un mejor futuro y termina siendo asesinada… 

F: Me impactó mucho ver las caravanas de la gente migrando hace años. Poco a poco la ciudad de Monterrey se fue llenando de gente de Honduras, Venezuela, El Salvador, Haití, y en este peregrinar, por alguna razón nos encontrábamos en el camino, y terminé conectando con esas personas. Al momento que me contaban sus historias y lo que tuvieron que pasar para llegar aquí se me hacía muy impactante, la canción está dedicada a una amiga que es de Venezuela, ella tuvo que migrar y estando acá perdió a su papá, que se quedó en Venezuela y murió por falta de un medicamento que acá es muy accesible, murió de una infección, y la impotencia de ella, por no poder hacer nada, no poderlo ayudar ni tener la posibilidad de despedirse de su papá, esas historias son muy duras, entonces la canción es con mucho respeto, busca hacernos reflexionar sobre que todos somos iguales y que todos somos migrantes potenciales, y podríamos vivir una historia igual de dura que la de ellos, entonces es eso, hablar con honestidad brutal lo que representa la migración para muchas personas, que luego van por el sueño americano y mueren en el desierto, es horrible… por un balazo en la cabeza, como dice la canción, es una realidad que pasa mucha gente. 

I: "No me gusta quien soy", me parece una hermosa oda a la soledad, me siento en tu vida ahí, viéndote despertar ojeroso y empezando otro día de mierda, un trago de la noche anterior por ahí, con cierto autodesprecio también…

F: Es la canción que más me identifica como persona del EP, muchas veces me da esa sensación de no estar cómodo con quien soy, de no sentirme orgulloso de los errores que he cometido, de levantarte y que te cueste verte en el espejo, creo que nos puede llegar a pasar a muchos, a veces me da por cuestionarme si realmente estoy haciendo lo que quiero, si estoy cómodo siendo como soy, es… como la canción espejo, me muestro tal cual soy, creo que lo necesitaba, era un medicamento para mí, mostrar esa parte honesta, ser brutalmente honesto y decir “me estoy quedando sin amigos y no me gusta quien estoy siendo”, esta onda de a veces sentirte tan vacío y tan solo, creo que es lo que hace la canción tome mucho sentido. 

I: “Dónde estás mamá” la sentí como un folk con toques country-rock y coros hasta como de gospel… ¿Cómo llegaste a ese sonido?

F: Es una obra con Isabel, que sabe darle al punto. “Dónde estás mamá es una canción que compuse para mi papá cuando murió mi abuela, yo lo escuchaba llorar en el baño y decir “dónde estás mamá”, a mí me impactaba ver que mi papá no lloraba frente a nosotros y que se encerraba en el baño… la compuse en el 2014 y no había tenido oportunidad de sacarla. Ahora que murió mi mamá… pues se me hizo muy loco porque terminó siendo una canción para mí, terminó siendo una especie de cura para estos sentimientos de tristeza, y nada, salió el 2 de noviembre y fue una ofrenda para el altar de mi madre. 

I: ¿Algunas palabras finales que quieras compartir con los lectores y escuchas? 

F: Espero que con este EP sientan un abrazo de aguamiel con alguna de las canciones, creo que las canciones llegan en el momento en que tiene que llegar, se descubren cuando se tienen que descubrir, ojalá que sirva para abrazar el alma de quien lo necesite en ese momento. De mi parte tienen toda la honestidad y la calidez que a veces no se encuentra en otro lado, en estas canciones ahí les estamos regalando un soporte a la vida. 

Regina Blandón, "Prima Facie" y el teatro como herramienta para hablar de temas incómodos


Cinetiketas | Jaime López


"El teatro enciende la empatía y creo que es un gran método que sirve para hablar de cosas que incomodan, pero que tienen que hablarse", dijo la actriz Regina Blandón al ser entrevistada por la obra "Prima Facie", la cual se presentará el 3 y 4 de diciembre en Puebla, en el Teatro Principal.


Escrita por Suzie Miller y dirigida en su versión mexicana por Camilla Brett, la propuesta en cuestión sigue a una abogada que, después de defender a distintos agresores sexuales, se da cuenta de la impunidad del sistema justicia al ser ella víctima de un delito de ese tipo.

Regina señaló a Revista Sputnik que "Prima Facie" es un monólogo desafiante, que sacude a la audiencia, no solo por el tema que aborda, sino también porque la hace atravesar por distintas emociones.

"Ha sido un viraje muy brutal, muy doloroso también, porque claro que toca fibras muy sensibles y muy oscuras", manifestó al mismo tiempo de detallar que el montaje le representa un gran cansancio físico y emocional.

Sostuvo que es imposible no identificarse con la protagonista o personaja del montaje, "Tessa" debido a que el texto es muy epidérmico y está muy bien escrito.

Agregó que "Prima Facie" ayuda a no ver a las víctimas de agresiones sexuales únicamente como cifras, sino que permite observarlas como seres humanos y ponerles un alma.

Y sostuvo que también concientiza a los hombres acerca de la importancia del consentimiento, es decir, de no obligar a las mujeres a tener relaciones sexuales con ellos.



Acerca de si el texto cuestiona el sistema de justicia, respondió que sí y mencionó que la víctima siempre sale perdiendo en todos los lugares del mundo, sin importar que haya sido agredida en México o en cualquier otro país.

En ese sentido, habló de los altos índices de impunidad que hay en materia de delitos sexuales, pues la mayoría de los casos no llegan a un juicio y esto ocasiona que muchas mujeres decidan no interponer ninguna denuncia.

Por otro lado, Regina señaló que "Prima Facie" resuena mucho en el público nacional debido a que en el país una de cada tres mujeres ha sufrido una agresión sexual.

En cuanto a la parte más difícil de habitar su personaje, indicó que la frialdad con la que "Tessa" defiende a agresores sexuales al principio del texto o del montaje.

Las entradas para "Prima Facie" pueden consultarse en la página oficial de Súperboletos, en donde hay localidades desde 529 pesos por persona.



“Casi lo confundo con mi hogar”: una conversación con Jesús Ernesto Guevara


En 2024, la Editorial Agujero de Gusano publicó Casi lo confundo con mi hogar, el primer libro del joven autor bajacaliforniano Jesús Ernesto Guevara. Desde entonces, la obra ha rondado ferias, presentaciones y las manos de lectores que, a lo largo del país, apuestan por la literatura emergente nacional.

“Un drag por accidente, la despedida recurrente entre un abuelo y su nieto, parejas improbables, una intervención vudú contra la violencia de género… en los cuentos de «Casi lo confundo con mi hogar» hay una profunda exploración de las relaciones humanas con especial énfasis en la familia y una visión desde las nuevas masculinidades para lo referente a padres e hijos. En este, su primer libro, Jesús Ernesto Guevara transmite el desconcierto y los anhelos contradictorios de la existencia, narrando con humor e ironía las sutilezas de la vida cotidiana y, con una ternura casi lírica, las terribles violencias que laten detrás de todo aquello tocado por los hombres”. Elma Correa

Si aún no te adentras en sus páginas, este es un gran momento para hacerlo. Casi lo confundo con mi hogar es una invitación a mirar de cerca la intimidad, el desconcierto y la contradicción que acompañan el tránsito hacia la adultez. Sus cuentos dialogan con la memoria, el afecto, la identidad y las nuevas masculinidades con una frescura que lo convierte en una lectura imprescindible de la literatura joven del norte del país.

Con este debut, Guevara se suma a una generación que redefine los afectos, la memoria y los vínculos desde una sensibilidad personalísima. A propósito del libro y del camino que lo trajo hasta aquí, conversamos con él.

***

Para comenzar, cuéntanos un poco de ti. ¿Quién eres y por qué escribes?

Me llamo Ernesto Guevara (sí, como el Ché; no, el libro no es propaganda comunista). Vivo en Mexicali, Baja California, y escribo porque es una actividad profundamente lúdica: se siente como jugar. Cuando somos niñxs, inventamos canciones, imaginamos historias, damos personalidad a los juguetes. La creatividad es natural, pero al crecer el miedo a “no ser lo suficientemente buenxs” nos paraliza. Para mí, escribir es escuchar a ese niño que sigue adentro, ansioso por contar historias.

También disfruto la parte de la escritura que sucede lejos del teclado: lo que va antes y lo que viene después. Antes, investigo para que la ficción se sienta verosímil; para este libro leí sobre brujería vudú, arte drag, cultura pop de los sesenta y más temas que me intrigaban. Escribir es otra forma de aprender.

Después viene la comunidad. Aunque se piensa en quien escribe como alguien aislado, para mí el oficio también es colectivo. Sí, prefiero encerrarme a escribir, pero luego comparto mis textos con mis compañerxs de talleres. Aprecio su retroalimentación y disfruto leer lo que ellxs hacen. La escritura me ha abierto puertas que no hubiera imaginado y me ha permitido aprender de autoras y autores a quienes admiro profundamente.


Háblanos de tus influencias literarias y del origen de este libro.

Cuando empecé a tomar cursos de escritura creativa leía a autores estadounidenses como Raymond Carver y J. D. Salinger. Su informalidad y su capacidad para retratar lo cotidiano con profundidad marcaron mi manera de escribir. Me fascinaba que sus historias le podían pasar a cualquiera.

También me han influido cuentistas argentinas contemporáneas como Samanta Schweblin, Mariana Enríquez y Camila Sosa Villada.

Más recientemente, los talleres a los que he asistido han sido cruciales. Este libro nació en los cursos de la Dra. Elma Correa durante la pandemia. Fue invaluable escuchar y aprender de escritoras y escritores como Ana Fuente, Liliana López, Priscila Rosas, Samanta Galán, Gilberto Cornejo, Samantha Arenas y Michelle Annel Peña. Con ellxs he encontrado una comunidad de la que me enorgullece formar parte.


¿Cuál es el hilo conductor de los cuentos de Casi lo confundo con mi hogar?

Son relatos que pueden inscribirse en el género del coming-of-age. Mis personajes enfrentan emociones que los obligan a crecer y a tomar decisiones para escapar de la “jaula” en la que se encuentran, a veces por elección propia y otras porque alguien más los puso ahí.


¿De dónde surge el título del libro?

El título proviene de una frase de la canción “Cuarteles de invierno” de Vetusta Morla: “Fue tan largo el duelo que al final casi lo confundo con mi hogar”. Elegí usarla incompleta por dos razones: porque la frase entera sería un título larguísimo y porque, recortada, se vuelve más precisa.

En los cuentos no siempre es un duelo lo que se confunde con lo permanente. Puede ser una despedida repetida, la angustia de expectativas incumplidas o un lugar donde no se nos valora. Quise capturar esa sensación de permanencia involuntaria.


¿Cómo conjugas elementos de la cultura popular con historias tan íntimas y singulares?

Las referencias pop ayudan a situar a los personajes en un tiempo, un espacio y un ambiente específicos. Creo que la música, el cine y los libros que consumimos revelan mucho de nosotrxs. Por eso, al construir a un personaje me pregunto qué ve, qué lee y qué escucha: estos detalles lo vuelven más humano.

Antes de escribir una historia necesito conocer a quien la protagoniza; solo así su comportamiento se siente natural y verosímil. Ojalá lo haya logrado con estas siete historias: será labor de lxs lectores juzgarlo.


¿Cuál es la importancia de las editoriales independientes en el panorama literario nacional?

Hace poco abrí Letrinas del Cosmódromo, también de Editorial Agujero de Gusano, y me encontré con esta frase:

“Esta obra fue posible gracias al apoyo de colaboradores, artistas, creadores y la tripulación de Revista Sputnik, y NO por la buena voluntad de funcionarios, gobierno o instituto cultural alguno.”

Los cuentos de esa antología son de gran calidad. Habría sido una pena que no llegaran al papel por culpa de la burocracia. Eso es lo que permiten las editoriales independientes: libertad creativa, procesos ágiles y la posibilidad de que nuevas voces encuentren un camino. Estoy muy agradecido con Revista Sputnik y con Agujero de Gusano por confiar en mi trabajo y publicar mi primer libro.


¿Cuánto de tu vida está presente en estas historias?

Antes me incomodaba que mi vida se filtrara en los cuentos; ahora lo acepto más, aunque trato de disfrazarla. En este libro varía entre historia e historia. La primera, por ejemplo, está inspirada en mis experiencias conviviendo con mi abuelo, quien padecía Alzheimer.

La frontera y el norte también atraviesan el libro, y siento que están cada vez más presentes en mi escritura. Hay cuentos que no toman prestadas personas o lugares de mi vida, pero sí emociones muy íntimas.

Creo que puedo escribir sobre lo ajeno si investigo lo suficiente, pero la escritura es más poderosa cuando habla de lo que uno siente. Puedo narrar un ataque epiléptico sin haberlo vivido, pero describir un golpe de calor es más convincente cuando vives en la ciudad más caliente del mundo.

Martin Scorsese dijo: “Lo más personal es lo más creativo.” Coincido plenamente.


Además del libro, ¿dónde podemos leer más de tu trabajo?

He publicado cuento en revistas físicas y digitales como ERRR Magazine, Marabunta y Pez Banana. Este año aparecieron dos antologías con textos míos: Extrañamientos, que reúne cuentos nacidos en un taller, y Raras e inquietas, una colección inspirada en la obra de María Daniela y su Sonido Láser.

*Puedes conseguir el libro Casi lo confundo con mi hogar en este link.

Andrea Pizarro y su 'Manual del nuevo hidrocálido': instrucciones para sobrevivir al progreso inmobiliario

 

Reyes Rojas


Aguascalientes es la tierra de la gente buena, o al menos eso se dice desde que los alientos de la Guerra Fría, en 1949, llevaron a la administración en turno a que incluso un estado que no aportaba más del 1 por ciento del PIB nacional, tomara partido frente a la “amenaza comunista”. “Gente Buena” en ese entonces significaba ser católico y admirador del libre mercado.

¿Qué tan vigente será, hoy en día, dicha expresión? Esta pregunta es la que se hace la artista visual y escritora Andrea Pizarro. A partir de esta pregunta surge su Manual para el nuevo hidrocálido.

Pizarro no redacta un folleto turístico. Levanta un manual de supervivencia urbana con tipografías retro y consignas que invitan a “dirigirse a las torres”, expresión que hace alusión al crecimiento o boom vertical que tanto se vende como parte del supuesto y exitoso desarrollo del llamado Gigante de México.

Su Manual observa el centro de Aguascalientes, retrata la vivienda abandonada y parodia el lenguaje que promete plusvalía garantizada. El resultado no sermonea. Instruye con ironía.

Me pregunté qué tanta vivienda abandonada existía”, dice Pizarro durante la entrevista.

La pregunta guía el proyecto y sostiene el humor negro de los afiches, que exhortan a identificar al enemigo en los jóvenes con pensamiento crítico y sin posibilidad real de adquirir una vivienda digna. El enemigo no llega del exterior. Habita las políticas que celebran nuevas torres mientras calles rotas y multifamiliares cumplen cuarenta años en deterioro.

¿De dónde sale este manual?

Andrea Pizarro camina su ciudad, la estudia, recorre el primer cuadro y reconoce dos detonantes. Primero, la memoria ferroviaria y un pasado que imaginó progreso a toda máquina. Segundo, el dato duro: el INEGI reporta que, en 2020, había 70 mil viviendas deshabitadas en Aguascalientes. Ella añade un cálculo que circula en la conversación pública tras el caso La Pona:

Creo que al menos hay 100 mil viviendas abandonadas”.

Pizarro no presume certezas. Confirma en fuentes oficiales y levanta alertas visuales. El INEGI aparece como brújula.

La artista planea una siguiente entrega centrada en datos y cartografías. Por ahora articula señales: anuncios que prohíben estacionarse “ni por un minuto”, puertas selladas, fachadas que exigen atención. Los fantasmas urbanos no nacen del mito. Nacen de una red de servicios que se deteriora.

El manual no demoniza la altura.

Andrea lo aclara: Apoyo la vivienda vertical bien pensada”.

Su crítica apunta a torres que funcionan como oasis privados y separan barrios con muros y amenidades encapsuladas. Ese modelo densifica sin tejido y multiplica inseguridad, plagas y focos de infección en el entorno inmediato.

El lenguaje gráfico desarma esa promesa. En una lámina aparece un caballero con sombrero que apunta al lector:  “¡Hidrocálido! Es hora de salir a construir”.

En otra, dos jóvenes reciben la etiqueta de “promotores del reuso” por querer habitar lo existente. Con humor muestra la lógica del mercado: construir, vender, mantener vacía la propiedad para que la demanda nunca muera.

 

Esa lógica gana eco en discursos empresariales y académicos que hoy dominan la conversación regional. Hablan de eficiencia del suelo, densificación inteligente y ciudades de 15 minutos. Prometen plusvalía, liquidez y preventa como vehículo. Señalan que la gente ya no quiere vivir lejos y enfatizan que la verticalidad acerca servicios, oficinas y parques. Plantean tasas y seguridad como variables decisivas. El manual no discute los conceptos. Los interroga desde los vacíos que deja el entusiasmo.


Lo que dicen los números y lo que muestran las calles

El auge inmobiliario local no se entiende sin migración y empleo industrial. Distintas fuentes del sector insisten en una demanda creciente de vivienda; algunas incluso calculan más de 200 mil llegadas anuales a la entidad y proyectan una proporción 70/30 entre vivienda horizontal y vertical dentro del Tercer Anillo. El relato inmobiliario añade cinco argumentos recurrentes:

      Crecimiento del PIB de la construcción

      Protección contra la inflación

      Tasas en descenso

      Inversión extranjera al alza

      Estabilidad frente a la incertidumbre.

El Manual del nuevo hidrocálido coloca estos mensajes junto a escenas del centro histórico. En una página, la leyenda “Atención, ciudadano obediente” se sobrepone a la imagen de un inmueble sostenido con puntales, donde “hogares huecos” y “vagabundos en modo decorativo” conforman el panorama.

En otra página, un cuestionario pregunta: “¿Permanece encadenado al glorioso pasado que lo hunde?”. Andrea rehúye el choque frontal. Yuxtapone la promesa con la otra ciudad con preguntas que podría hacerse cualquier aguascalentense el día que el cura lo manda a rezar un padre nuestro:

El manual adopta el lenguaje comercial típico del curso express que ofrecen supervivencia y plusvalía garantizada mientras invitan a mantenerse alerta y evitar el mal gusto. La artista escribe con afiches, sellos falsos y logos de constructoras fantasma. La ironía funciona como antídoto contra la normalización.


Verticalidad sin burbuja: la propuesta detrás de la sátira

La propuesta de Pizarro no cancela la vivienda en altura. Redirige la conversación. Andrea es una aficionada, una experta autodidacta en cuestiones de urbanismo y arquitectura, y como tal propone usar primero lo construido, rehabilitar multifamiliares y casas del primer anillo, y después densificar con criterios claros: conectividad, movilidad activa, agua suficiente y mezcla de usos.

Ella pide espacios que integren colonias, no moles cerradas que bloqueen el barrio contiguo. El manual exhibe costos de no actuar. El abandono trae inseguridad, adicciones y trámites olvidados.

El manual recurre al detalle mínimo para mostrar esos costos: un letrero que amenaza con “se ponchan llantas”, una puerta con la marca “ni por 1 minuto”, un asiento público con el escudo local frente a un edificio descascarado. La composición sugiere una ciudad que mira hacia arriba y no mira sus cimientos.

Además, Pizarro recuerda la dimensión comunitaria.

Perdimos rituales”, explica. “Ya no organizamos posadas, rosarios ni redes vecinales”.

Ella admite que vive en un complejo y no conoce a todos sus vecinos. Esa confesión no moraliza. Dibuja un déficit relacional que la verticalidad podría agravar o reparar, según el diseño y la gestión.


Datos, archivo y ciudad vivida: el manual que viene

La autora no deja el manual como pieza única.

Quiero dividirlo en varias partes”, anticipa.

La próxima entrega exploraría bases de datos, mapas y series históricas. También quisiera construir un archivo urbano que hable de ex haciendas demolidas, cines cerrados o edificios públicos con arquitectura prehispánica reinterpretada. Ella valora ese patrimonio moderno y propone una lectura sin nostalgia.

El proyecto crece como diario de campo. Cada casa descubierta suma una página. Cada historia barrial abre un pie de foto.

“Me parece agradable hacer de mi vida aquí un proyecto”, dice.

La frase resume la metodología: caminar, escuchar, fotografiar y cruzar esas observaciones con estadística pública.


Entre el eslogan y la política del suelo

La conversación local impulsa la verticalización como solución a la escasez de tierra. Los manuales corporativos promueven preventa, amenidades y rentas institucionales. Las escuelas privadas actualizan programas para formar a la nueva mano de obra que construye en altura. La narrativa enfatiza eficiencia y sostenibilidad.

El Manual para el nuevo hidrocálido no invalida esa agenda. La complementa con una condición previa: habitar lo existente. Rehabilitar lo vacío reduce demoliciones, rescate de arbolado y huella hídrica. Y, sobre todo, teje comunidad donde hoy predomina la puerta cerrada.

Quiero entender mejor la ciudad”, insiste Andrea.

En el Manual el lector no recibe órdenes. Encuentra instrucciones que dudan. La ciudad ofrece promesas de velocidad y torres con vista. El centro reclama mantenimiento, política de vivienda y cuidado básico. Entre ambos extremos, la ironía de Pizarro abre espacio para una agenda mínima: contar las viviendas vacías, priorizar su rescate y diseñar verticalidad con barrio.

Andrea Pizarro elige la risa incómoda para reencuadrar la conversación. El manual, entonces, funciona como espejo portátil. Quien lo abre lee consignas y, al mismo tiempo, mira las calles que esas consignas ordenan olvidar.

El Manual para el nuevo hidrocálido puede consultarse en las redes de Andrea Pìzarro y de Neo Nada Estudio, un taller de producción arquitectónica arte y diseño con sede en Guanajuato.

 


 

Andrea Arellano Pizarro (Durango, 1998) es escritora y artista visual. Reside en Aguascalientes desde 2022, año en que publicó su primer poemario es posible amueblar una infancia, presentado en espacios como el CIELA y el Museo de Arte Contemporáneo de Durango. Su escritura dialoga constantemente con la arquitectura y las artes visuales, campos en los que también se ha formado.

Rosario de casas: la apuesta por la jardinería del Museo Escárcega


Por Reyes Rojas | Fotos: Diego Ramírez


“¿Hay algún otro goce, salvo la jardinería, que pida tanto y dé tanto? No conozco otro excepto, quizá, la escritura de un poema. Son muy parecidos, incluso en la cantidad de desperdicio que hay que aceptar en aras a un casual y raro goce, en el caso de que se consiga. [...] La jardinería es una de las recompensas de la madurez, cuando la persona está preparada para una pasión impersonal, una pasión que exige paciencia, una aguda conciencia del mundo fuera de uno mismo y el poder para seguir creciendo a pesar de la sequía o la cruda nevada, hacia esos momentos de puro goce en que todos los fracasos se olvidan y florece el ciruelo.

May  Sarton


Museo Escárcega es un laberinto gozoso. Caminarlo por primera vez es casi un sueño lyncheano de portezuelas y pasillos insospechados. Único en su arquitectura, en su colección y los en motivos de su creación, su sola existencia es una prueba viviente (porque es verdad que este museo respira) de la paciencia y la pasión impersonal que menciona Sarton al comparar la jardinería con la hechura de un poema. 

El museo, se encuentra en Ezequiel A. Chávez 311, en el histórico Barrio de la Purísima. Este espacio cultural independiente, fundado y sostenido por el ingeniero Eduardo Escárcega, alberga una destacada colección de arte gráfico mexicano que el ingeniero y empresario Eduardo Escárcega, ha reunido por más de cuarenta años.  El edificio ha funcionado también como taller, foro y punto de encuentro para la creación y la memoria.

Todo empezó cuando Escárcega, su fundador, era estudiante de ingeniería en la UNAM. Ahí, por obligación, cursó una materia humanística en la Facultad de Filosofía que lo introdujo al mundo del arte, la literatura y algo más profundo: una manera de vivir.

“En la UNAM me tocó arte y literatura. Me sobrecogió todo lo relacionado con la creación, la palabra, el lenguaje. Ahí entendí que el arte toca el alma.”

A la par, ya trabajaba. Con sus primeros sueldos, se iba a la Zona Rosa de los años 70, visitaba galerías y preguntaba si podía comprar obras en abonos. Algunas veces le decían que sí. Las iba guardando en un cuartito de azotea que usaba como bodega. No pensaba en colgarlas en su sala. Su plan era mostrarlas algún día.

“Jamás pensé en tenerlas sólo para mí. Siempre imaginé compartirlas. Quería que tocaran el corazón de otros.”


Lo que crece despacio echa raíz

Hoy, el museo tiene 18 salas y más de dos mil piezas de arte mexicano, sobre todo gráfica. Muchas obras son de artistas cercanos al propio Escárcega, como Rafael Zepeda, Gabriel Macotela, Luis Filcer y Octavio Bajonero. Otras forman parte de una colección de hidrocálidos e hidrocálidas que celebra el arte local.

“Me interesa que los jóvenes reconozcan a quienes dieron todo por Aguascalientes. Que sepan quién fue Paloma Müller, por ejemplo, que conozcan su esencia y la de sus padres.”

El museo se construyó poco a poco. Primero compró una casa vieja. Luego otra justo a un lado, y así continuó durante los años, hasta armar el rosario de casas que lo conforma.

“Muchos me preguntaban cómo hice todo desde la nada. Y les digo lo mismo que decía Ernesto Sábato: unos creen que fue suerte, otros chiripada. ¿Tú crees en milagros? Yo sí.”

A diferencia de muchos proyectos culturales que buscan financiamiento institucional desde el inicio, Escárcega decidió levantar el museo de manera completamente independiente. No por falta de confianza en las instituciones, sino por una apuesta clara por la autonomía creativa. Según cuenta, ese camino permitió tomar decisiones sin presiones externas y mantener una visión personal del proyecto, cuidando cada detalle desde la restauración de las casas hasta la curaduría de cada sala. Aun así, no se aisló: colabora con museos públicos, presta obra y está totalmente abierto a convenios. Pero el control, como en un jardín cuidado a mano, nunca lo abandona.


Un taller, un foro y un camioncito

Además de las salas de exhibición, el museo tiene un taller gráfico con prensas y litografía. Antes de la pandemia, Escárcega invitaba a un artista al año para crear ahí durante 15 días o más.

También hizo un pequeño foro escénico pensado para obras teatro, música y performance.

“Hoy está en pausa, pero pronto volverá a la actividad”, comenta el ingeniero.

Una de las iniciativas más queridas del museo ha sido el camioncito, que servía para traer niños de colonias lejanas al centro de la ciudad. En el museo, los recibían recitales, charlas y actividades sobre arte.

Escárcega no mide su trabajo por el impacto inmediato. Prefiere seguir sembrando sin esperar. Dice que el museo es como un sembrador: reparte semillas y no mira atrás. Algunas no germinan. Otras florecen.

“Queríamos que vieran que ellos también podían tocar un instrumento, que podían hacer arte. Era todo. Esa semilla basta.”


Del trabajo técnico a la acción cultural

Aunque pueda parecer extraño, para Eduardo Escárcega dirigir una empresa y construir un museo tienen más en común de lo que uno pensaría. En ambos casos se requiere visión de largo plazo, atención al detalle, cuidado de los recursos y, sobre todo, una ética de trabajo basada en la responsabilidad con los otros. Su empresa, SIICA, dedicada a la seguridad industrial, fue fundada con los mismos principios con los que levantó el museo: servicio, compromiso y búsqueda constante de calidad.

Escárcega no ve al arte como algo ajeno a su formación técnica, sino como un componente esencial para desarrollar sensibilidad, incluso en los contextos más duros o estructurados. Para él, un ingeniero que escucha buena música, que ha leído poesía o que ha contemplado una buena obra, tomará decisiones con mayor conciencia, no sólo técnica sino también humana.

Con el museo, ha demostrado que el trabajo empresarial también puede traducirse en una acción cultural, si está guiado por valores claros. La gestión, la planeación y la administración —habitualmente vistas como herramientas secas— pueden volverse aliadas del arte cuando se aplican con inteligencia y sensibilidad. En este caso, no solamente para producir utilidades, sino para proteger y compartir belleza, historia y memoria.

En tiempos donde la administración pública parece mirar con total indiferencia a la cultura local —dejando museos sin presupuesto o en total abandono, bibliotecas vacías, artistas sin espacios y acceso sesgado a centros culturales—, iniciativas como el Museo Escárcega demuestran que aún es posible cultivar sin esperar a que el Estado riegue. Que la cultura florezca en la iniciativa privada, en lo íntimo, en lo afectivo, no exime a los gobiernos de su responsabilidad, pero sí señala con claridad que, incluso ante la aridez más rígida, diríamos volviendo a May Sarton, hay quienes siguen haciendo jardinería.

 


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