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Hablemos de Billie Holiday ahora que se ha ido

Hace tan sólo un par de días, se cumplieron 100 años del nacimiento de una de las grandes voces del jazz: Billie Holiday

16 abril 2015

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Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |



Hace tan sólo un par de días, se cumplieron 100 años del nacimiento de una de las grandes voces del jazz: Billie Holiday. Mi motivo principal para escribir sobre ella en esta ocasión, era con el afán de bajarle un poco a la testosterona a mi sección y de compartir la fuerte presencia e influencia de mujeres en el jazz, pero ahora que rectifico su fecha de nacimiento, me pregunto si no habrá de verdad una cuestión celestial de por medio (parecida a la que me sucedió con Nat King Cole) que me induce a escribir sobre cierto cantante o músico en una fecha específica. Tal vez son ellos los que se me están manifestando y personalmente me gustaría pensar que fuese así (aunque hasta ahora no he aprendido a leer bien ese tipo de mensajes).


La segunda o tercera ocasión que escuché hablar sobre Billie, fue porque mi querido Tony Bennett (otro de mis íntimos amigos) comentaba con gran pena la muerte de Amy Winehouse y que su voz era tan poderosa y maravillosa que fácilmente podía compararse con las voces de leyendas como Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Billie Holiday. He de confesar que en su momento, no le di mayor importancia al comentario, pero una vez que me decidí a escucharla, entendí exactamente qué es lo que intentaba decirnos Tony.


La voz de Eleanora Fagan Gough, cuyo nombre artístico fue Billie Holiday y posteriormente apodada "Lady Day", es realmente única y fácil de reconocer al ser rasposa, seductiva y melancólica, así que no hay de otra: su voz era inigualable. Puede notarse su prácticamente nula educación vocal pero eso es lo que más se disfruta y agradece de la cantante. Los grandes jazzistas y críticos musicales, insisten en que, a pesar de ello, fue una de las pioneras en crear una nueva forma de manipular el fraseo y tiempo de las canciones que interpretaba (si ya vieron la película "Whiplash", probablemente ya tengan una idea general de lo que es un tiempo o tempo en el jazz y estén traumados con esa palabra tanto como lo estoy yo). Su descubrimiento fue muy parecido al de Ella Fitzgerald: estaba cantando en un bar de Harlem llamado "Cover's" y, como por arte de magia, la oyó un productor de música que de inmediato pensó que estaba escuchando a una versión femenina de Louis Armstrong. Le fascinó, la contrató y pronto se encontró grabando canciones pop al estilo swing.


A pesar de todas esas virtudes que la hicieron una de las más reconocidas cantantes de jazz, la vida personal de Billie es una de las más tristes y desafortunadas que he leído, y créanme que no exagero. Con una mamá de tan sólo 13 años y un papá que rápidamente la abandonó, la pequeña tuvo que recibir y sufrir a muy corta edad, terribles golpes de la vida, como lo fueron vivir y ser educada por extraños, ser abusada sexualmente a los 10 años, abandonar la escuela, trabajar en un prostíbulo con el único afán de escuchar los discos de Louis Armstrong, prostituirse junto con su madre, ser encarcelada y todo esto a la edad de 14 años. El problema fue que estos eventos tan desafortunados, no terminaron ahí: una vez que ya era conocida como Billie Holiday, la adicción al opio, a la heroína y al alcohol, acabaron con su voz en sus últimos años de vida. Su selección de parejas, tampoco fue el más adecuado: se casó con sus "dealers" y que a la vez eran tipos violentos y abusivos, con ella y con su dinero. Terminó falleciendo en un hospital tras un edema pulmonar y fallos cardiorrespiratorios, además de padecer una severa cirrosis, todo esto mientras era arrestada por posesión ilegal de drogas y con tan sólo .70 dólares en su cuenta bancaria. Sinceramente, uno de los finales más trágicos para tan renombrada cantante.


Personalmente creo que hubo dos eventos que la marcaron: el primero, el racismo que vivía día tras día y que la llevó a interpretar una de sus canciones más representativas “Strange Fruit” derivada de un poema de Abel Meeropol sobre el caso de dos hombres afroamericanos que fueron linchados y colgados de un árbol por un crimen que no cometieron, y el segundo evento fue que la primera vez que la llevaron a juicio por posesión de narcóticos, le suspendieron la licencia para aparecer en cualquier bar, club o cabaret de Nueva York, lo cual redujo sus ganancias y la deprimió bastante.


A pesar de todo lo que ya les conté, propongo que dejemos un lado tan dramática historia, y nos dejemos llevar por ese par de gardenias que Billie solía usar como accesorio para su cabello, mientras escuchamos “Don’t explain”, “All of me”, “I’m a fool to want you” y “Gloomy Sunday”, ésta de preferencia en un domingo tranquilo, por supuesto. ¿Cuántas veces no habremos escuchado "The Way You Look Tonight"? Pero les aseguro que la versión de Billie Holiday es sin duda muy diferente a las demás: más alegre, más contagiosa, más auténtica.


Con este artículo, contradigo totalmente a su canción “Please don’t talk about me when I’m gone”, porque ¿cómo no hablar sobre Billie Holiday?



La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!
 
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