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Letrinas: Octubre enterrado en el Tíbet

Fue en ese momento en el que caí en la cuenta; había perdido octubre.

26 agosto 2015

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Derivas Situacionalistas | Por Liliana Chávez |


Miro las luces desfilar a través de la ventana, creando vórtices dentro de los que el color se diluye y el lenguaje se escurre, se desfragmenta en pensamientos que suenan como tonos abstractos, transparentes como agua.

Fue en ese momento en el que caí en la cuenta; había perdido octubre.

Después de esa impresión, no pasó mucho tiempo para que los objetos comenzaran a deshilvanarse. La palabra “Silla” se quedó sin “L”. En un intento por evitar que los objetos se fueran diluyendo en la atmósfera, agregaba sobre ellos post-it con su nombre escrito en tinta azul.

La casa entera se llenó de papeles amarillos, símbolos y zumbidos.

Aquellos papeles hacían recordar una estructura en algún tiempo existente, un lenguaje que se volvía a mal formar al repetir en voz alta el nombre de algún objeto, éste aparentaba volver de donde se había fugado; sólo para poco, ya que con los días venideros se le veía opaco y decidía marcharse hacia aquel apartado de la realidad que yo desconocía.

En lugar del objeto fugado quedaba la huella blanca, la impresión de la nada. Que se fue expandiendo por el suelo, cuanto tocaba comenzaba a desvanecerse.
Todo se iba hacia donde octubre había quedado preso.

Al quedar yo envuelta en la nada blanca, al ver mi propio vacío, me di cuenta de que en realidad las cosas no habían desaparecido. Todo permaneció en su sitio. Era yo la que se había marchado.
Ya sin nada a lo que poder aferrarme, pude entonces encontrar el rincón donde octubre se hallaba. 


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La autora: Pensadora, fotógrafa, programadora y pintora empírica, a veces arquitecta. 

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