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Letrinas: El milagro mexicano

El mismísimo presidente de la república dio la noticia y en cadena nacional se dio un jale para exhortar a la población a tomar medidas.

18 marzo 2020

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Delirium Tremens | Por Alejandro Carrillo


Tras meses de vanos esfuerzos para detener la pandemia, nadie imaginó que el milagro viniera del tercer mundo. Los ojos de todos los gobiernos, organizaciones y farmacéuticas miraban estupefactos a los especialistas mexicanos que anunciaban que, siempre sí, la cocaína curaba el virus. 

Uno de los desahuciados en el INER se dio un pase a escondidas para bien morir y la recuperación fue evidente. Rápidamente se hicieron más pruebas con los casos más graves y ¡eureka!

El mismísimo presidente de la república dio la noticia y en cadena nacional se dio un jale para exhortar a la población a tomar medidas. Los músicos dejaron de hacer conciertos en streaming para en su lugar hacer tutoriales de consumo responsable y los literatos empezaron a recomendar dealers y bares en vez de libros y autores. San Lázaro fue uno de los primeros recintos libres de virus, el Canal del Congreso televisaba en directo las sesiones de los diputados y senadores esnifando largas rayas de coca frente a sus curules. Otro día en la oficina.

Los grandes cárteles de la droga firmaron una amnistía y en un acto de humanidad se comprometieron a poner sus servicios y productos al alcance de la población. Por la madrugada aparecían camiones repletos de mercancía frente a los centros de salud con narcomensajes diversos: GOBIERNO Y PUEBLO DE MÉXICO: DE ESTA SALIMOS JUNTOS COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS. Y cosas por el estilo. 

La SEMAR atesoraba “la medicina” y la Secretaría de Salud la distribuía de forma eficiente y gratuita. Filas interminables en las clínicas del IMSS de todo el país para administrar la cura a millones de mexicanos que entraban incrédulos a los consultorios y salían atarantados manoseándose la nariz con desesperación.

La Naciones Unidas enviaron a cientos de cascos azules por el polvo maravilloso en aviones inmensos de carga que aterrizaban y despegaban de nuestras principales pistas clandestinas en Sinaloa, Tijuana y Juárez. Poco a poco la curva epidemiológica se estabilizó a nivel mundial, la ONU nombró a Diego Armando Maradona como embajador de buena voluntad y así el milagro mexicano llegó hasta el último rincón para aliviar al último infectado.

Ese año el país creció 67 por ciento.
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