"Good boy" es una película de bajo presupuesto que ha llamado la atención de las y los cinéfilos por contar una historia de terror desde la perspectiva de un lomito de carne y hueso, es decir, un perro que no está generado con efectos visuales ni con Inteligencia Artificial (IA).
Lo anterior es de destacarse, sobre todo, en el marco de las leyes actuales que rigen la industria fílmica, las cuales prohiben maltratar animales reales en sus producciones.
En ese sentido, el autor de "Good boy" y dueño del estelar, Ben Leonberg, ha explicado que solo filmaba tres horas al día y en sets controlados, lo que hace suponer que su objetivo era no estresar a su mascota.
Con menos de un millón de dólares de presupuesto, la principal fortaleza de la historia radica justamente en las reacciones de su peludo protagonista.
Ello debido a que dichas reacciones dotan a la película de una gran autenticidad y porque, obviamente, causan una empatía a flor de piel en la audiencia.
El filme comienza con el dueño de "Indy" mudándose a una granja familiar supuestamente embrujada y en donde el ser sintiente comienza a percibir energías extrañas.
Lo que sigue es una serie de emplazamientos de cámara bien resueltos para percibir las reacciones del lomito, que indudablemente son la mayor atracción de la película.
Así, sus miradas, ladridos y llantos elevan la premisa del argumento, uno que tiene el defecto de caer en algunos lugares comunes del género como incluir varios "jumpscare".
Un "jumpscare" es la aparición abrupta de un rostro o figura tétrica, así como la utilización de un sonido fuerte, que tienen la finalidad de causar mayor tensión en los espectadores.
En el caso de "Good boy" se puede identificar un constante uso de ese tipo de recursos, que desafortunadamente le restan profundidad a la premisa.
Además, la película apenas dura 75 minutos, pero por momentos se siente como una historia larga y pesada, lo que evidencia su irregular ejecución.
No obstante, "Good boy" es dueña de una cuidada paleta fotográfica, en donde se trata de evitar darle foco a los rostros de los seres humanos que aparecen en el relato.
Eso último se agradece infinitamente, porque logran que la propuesta se sienta profesional y bien planeada. También resulta admirable que el filme trata de ser lo más artesanal posible.
En cuanto a su discurso, es plausible que el terror solo es un pretexto para hablar sobre los duelos o la pérdida de un ser querido. Ojo a la última secuencia de la película, que también es otra de las grandes virtudes de la misma.
Al final, "Good boy" es recomendable en términos generales, que sí pone nerviosa a la audiencia por varios momentos, pero tampoco es la propuesta más sublime de este año.
