El rock mexicano debe renovarse: Juan Villoro


Para el escritor Juan Villoro, el rock en México vive un momento en el que necesita de la aparición de nuevos grupos, bandas que lo renueven. 

El autor de libros como “El disparo de Argón”, “El ojo en la nuca” o “La calavera de cristal”, y quien recientemente llevó sus cuentos a dicho género musical en el proyecto “Mientras nos dure el veinte”, junto con destacados músicos, dijo que todavía hay grupos de gran presencia como La Maldita Vecindad, Café Tacvba o Molotov. 

Sin embargo, insistió en entrevista con Notimex, “estamos esperando a que surjan bandas tan potentes como esas, pues hay mucha gente joven que tiene talento, pero como que en estos momentos hay un hueco”.

Aseguró que en el país existen estimulantes sociales, culturales, para que surjan esas nuevas propuestas musicales, y recordó que hace años el rock tenía un impacto diferente porque era una forma de vida.

Se trataba de una contracultura en la que los jóvenes se dejaban el pelo largo porque querían dar un mensaje, o se iban a la India, como lo hicieron The Beatles, añadió al aclarar que el rock no ha muerto.

Reconoció que antes también los músicos y jóvenes seguidores de este género se drogaban, y se refitió al grupo The Doors, el cual adoptó ese nombre a partir de un texto del escritor Aldous Huxley: “Las puertas de la percepción”.

Subrayó que entonces era una música generadora de nuevos comportamientos, si bien no hace mucho surgieron movimientos con ese sino como el Dark o el Grunge.

Juan Villoro participó con los cuentos de su libro “Tiempo transcurrido” en el proyecto “Mientras nos dure el veinte”, realizado a inicios de diciembre junto con músicos del grupo Caifanes como Diego Herrera, Federico Fong y Alfonso André, así como Javier Calderón.

Respecto a este suceso ocurrido en el Museo Universitario del Chopo, el escritor expuso que fue grabado como parte de un disco y que próximamente el Fondo de Cultura Económica lo lanzará al mercado.

El Hobbit y La Batalla de los Cinco Ejércitos: Del pan medieval a la palomera sustancial



Cinetiketas | Por Jaime López Blanco | 


He de confesar que con “La desolación del Smaug” llegué a pensar que al director neozelandés Peter Jackson le había ocurrido lo mismo que a Thorin, Escudo de Roble, uno de los personajes principales de su saga fantástica llamada “El Hobbit”; creí que Jackson se había obsesionado con el “oro”, descuidando cuestiones importantes, que le generaba seguir creando películas basadas en la literatura de J.R.R. Tolkien.

Afortunadamente,  parece ser que Peter Jackson también ingirió mucho Pan de Lembas (nombre que recibe el alimento ficticio de la novela de J.R.R. Tolkien, el cual hace que quien lo coma recupere sus fuerzas) y con la tercera parte de su  “Hobbit” logra rescatar la esencia épica de sus anteriores películas relacionadas con la Tierra Media.

Mientras que con su anterior cinta, “La desolación del Smaug”, Jackson había estropeado la dinámica de su narrativa con planos y secuencias alargados y aburridos - quizá con el propósito de seguir estirando su argumento cinematográfico – ahora, con “La batalla de los cinco ejércitos”,  se muestra más ágil y más entretenido. Se trata de la película con más acción física, y de menor duración, de todas las que ha hecho acerca de la Tierra Media de Tolkien.

Como de costumbre, el diseño de producción, el cual incluye arte, vestuario, maquillaje y locaciones, es de primer nivel; prevaleciendo los escenarios digitales sobre los naturales. Un poco más de equilibrio entre ambos elementos le hubiera sentado mejor, ya que le hubiera otorgado más naturalidad al film en cuestión. Sin embargo, los efectos visuales también son espectaculares, aunque logran destacar mejor en planos cerrados que en tomas sumamente abiertas. Mención aparte para la secuencia de la batalla sobre hielo, una atmósfera con la que Peter Jackson no había “jugado” y que resulta muy atractiva.

En cuestión del argumento, “La batalla de los cinco ejércitos” recupera las secuencias simbólicas y los diálogos que nos hablan sobre aquellos valores que han perecido con el paso del tiempo; que deben continuar en  nuestro mundo actual, tales como el amor y la solidaridad puros o la preferencia de un hogar sobre el dinero. Brillante la secuencia en donde elfos y enanos deben aliarse en batalla para enfrentar a un adversario en común, dejando de lado así, por un  momento, sus diferencias e intereses vanos y egoístas.

Respecto a los nuevos personajes de esta trilogía fantástica, sobresale la actriz Evangeline Lilly con su Tauriel, una elfa silvana que pelea y es más física que la elfa burguesa de Liv Tyler, de la trilogía de “El señor de los anillos”. Ya le hacía falta a la saga un personaje femenino poderoso que hiciera contrapeso a los hombres y al elfo Legolas de Orlando Bloom.


Martin Freeman sigue convenciendo con su Bilbo Bolsón, emanando valor, inteligencia y simpatía, mientras que la incursión de los personajes medievales de Cate Blanchett, Christopher Lee y Hugo Weaving sirve como un buen enlace con la saga del “Señor de los Anillos”.

Se trata de un cierre decoroso, digno, de una historia que intenta hablar sobre los valores extraviados de este nuestro mundo poco ficticio, donde la guerra y la codicia han desplazado a los valores comunitarios y de camaradería. El “oro” de Tolkien sólo es una alegoría a la falsa ideología, a los antivalores, que actualmente mueven a miles de masas y por los que se emprenden miles de guerras estúpidas, sin sentido alguno, y marcadamente crueles. Lástima que en nuestra realidad hayamos permitido que miles de señores oscuros se hayan apoderado de millones de conciencias y almas y que no exista, hasta el momento, una épica amalgama de diferentes ejércitos humanos, de diversas razas y virtudes, que peleen por el bien común y para revertir toda esa decadencia. Luego entonces, la más reciente cinta de Peter Jackson, “La batalla de los cinco ejércitos” pasa de ser una película meramente palomera a ser una narración simbólica y reflexiva, que se antoja y disfruta, un plato fuerte cinematográfico con más sustancia.


Letrinas: Sí, es el traje


Noche Suripanta | Por Hugo César Moreno |

Sí, es el traje


El personaje triste, esmirriado, bocabajeado con el cabello endurecido con gel para peinar, calzado de negro mal boleado, traje azul marino, corbata roja, amarilla o chillona, oliendo a brut y almohada, compañero de viaje en el metro o el camión, debería tener un sabor filial, casi militante, debería oler a compañero de cruzada. Sólo por el hecho de compartir el mismo fondo y tragar los mismos desperdicios. Me debería surgir la palabra camarada y escurrir una lágrima de comprensión: camarada, la liberación está próxima, la corbata, símbolo de la opresión que padeces, será quemada en el altar de la igualdad. 
 
De alguna manera somos iguales, de una manera muy culera, somos iguales, porque la igualdad es para los iguales, hay algunos más iguales que otros. Somos iguales por esa ciudadanía del vertedero. Por tanto, deberían estar dentro de las cosas que acepto. Pero no. Ese personaje de rasurado matutino, de pulcritud a medias, de gesto horrorizado frente a un niño con dulce en la mano a punto de joderle el trajecito barato y la factura de la tintorería, es una de las ciento cincuenta y siete cosas que más me cagan: el traje en conjunción con un pobretón que padece la vestimenta de los oficinistas oprimidos. Súper cagante. Lo peor es la ausencia de conciencia sobre su condición de esclavos. Portan el trajecito con aire de superioridad todavía más chacal que la marca pirata de la prenda. 
 
Me subo al camión, hallo un lugar junto a la ventana. Es un asiento mínimo, pero quepo bien solo. El pedo es que el espacio reducido junto a mí será usado por otro pasajero. No tengo suerte y se sienta un trajeado atormentado por los calores del verano. Se deja caer y con su cuerpo me invita a salir de la unidad por la ventanilla, pero me afianzo a mi lugar y opongo resistencia, órale culero, hágase pallá. Como no me muevo, voltea a verme con un dejo de molestia. Lo ignoro pero siento cómo me carcomen las ganas de arriarle un madrazo con el codo sobre su rostro sudoroso. Con gesto flemático sacude la pelusa de su saco corriente, se acomoda la corbata y mira mi ropa pandrosa (una playera de pearl jam y unos jeans grises con varias puestas encima), ojea hacia abajo para corroborar la pulcritud de sus zapatos, tienen manchas de pisotones marca metro y una ráfaga de frustración ensombrece su mirada, pero mis vans viejos y sucios lo hacen sentirse superior a mí. Pobre pendejo. Él tendrá que llegar a checar y pasarse ocho horas nalga en una oficina donde la secretaria dostrés buena le da picones sexuales, pero no le prestará aquellito por naco y pendejo y pobre. Pobrísimo pendejo, goza de una ilusión de superioridad clasial sólo porque lleva traje, a güevo, pero traje. No sé, imaginará que soy desempleado, vagabundo, jipster trasnochado, jipi perfumado o simple lumpen con cinco varos pal pasaje y ya dirá después el talón.
 
No es que me sienta superior a él. Me sé superior a él nomás por reconocer mi vitalidad mierdosa. Nomás por saberme superior al evitar el trajecito a toda costa. Hace mucho no uso uno, hace mucho no uso corbata y ya he olvidado cómo se hace el nudo. Hace poco, nomás por torturarme, intente hacer el nudo de la corbata. Fracasé miserablemente y me invadió un gusto a triunfo y contento que hacía meses no sentía.
 
           Es el traje en esa operación con el cuerpo lo que me caga. He visto cuerpos portando trajes caros y no son cagantes. Ahí la superioridad está definida por la clase social más que por el precio. La confabulación de elementos da otro resultado. En ese sentido, lo cagante son los jipijipster tránsfugas de clase que asumen en la pandrosidad una capacidad política para la transgresión. Pero eso es cagancia para otro momento.


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Hugo César Moreno Hernández (Ciudad de México, 1978). En 2003, con el Grupo Cultural Netamorfosis fundó la Revista Cultural Independiente El Chiquihuite. Ha publicado los libros Cuentos para acortar la esperanza (Netamorfosis, 2006); Cuentos porno para apornar la semana (2007, FETA-Conaculta); Cuentos cortos para acortar el domingo (2008, Cofradía de Coyotes-Netamorfosis) y Enseres de supervivencia (2011, Cofradía de Coyotes-Netamorfosis); el libro infantil Así aprendió a volar José (2009, Cofradía de Coyotes-IMC). Aparece en las antologías Abrevadero de dinosaurios, Ardiente coyotera, Perros melancólicos, El infierno es una caricia y Coyotes sin corazón. Fue becario del FOCAEM durante 2009 y actualmente imparte el taller de Poesía y Narrativa en el Faro de Indios Verdes.

Por qué no debemos 'superar' Ayotzinapa


Por Juan Pablo Proal |

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Es evidente que el gobierno está tembloroso: Echa perros y policías, calumnia, da la instrucción de golpear, detener e intimidar. No sabe cómo parar la crisis: Hizo que rodara la cabeza de Ángel Aguirre, quitó a Grupo Higa la concesión del tren México-Querétaro, y obligó a Angélica Rivera a dejar su mansión.

En un gesto torpe y desesperado, ayer el presidente dijo que deberíamos “superar este momento de dolor”. En realidad quiso decir que nos olvidemos de Ayotzinapa, regresemos a nuestras casas y sigamos  como si nada. Anhela que todo fuese como antes, cuando encabezaba esa promesa llamada “Mexican Moment”.

Al priismo le está resultando imposible mantener el control y la sumisión en un mundo dominado por las redes sociales y la información en tiempo real. Han querido trasladar los acarreados del siglo XX  a la era del Twiitter y Facebook; los resultados han sido bufonescos. No han entendido que son tiempos donde todo se ve, se graba y se difunde.

Hay una pizca de picardía en todo esto: La televisión pública mexicana sigue hablando maravillas del presidente, las estaciones de radio y la prensa primordialmente hacen lo mismo. Pareciera que el PRI la tiene fácil: gobiernos aliados, partidos de oposición súbditos, mayoría en las Cámaras… Aun así, Peña Nieto no es querido por seis de cada diez mexicanos (Reforma, 1 de diciembre de 2014).

Es evidente que un sector de la ciudadanía se informa por cuenta propia, no cree más en los medios tradicionales. El mismo que ha comenzado a documentar la corrupción o los abusos policiales y los exhibe viralmente; el que encuentra a sus desaparecidos por cuenta propia y se defiende con sus recursos. Que no se cree las actuaciones frente a cámara de la dupla Peña Nieto-Rivera.

Quisiera pensar que el caso Ayotzinapa le está enseñando a la sociedad a percatarse de que las cosas no cambiarán solo con una cadena de oración, ni con un fugaz golpe de éxtasis.

Resuena una pregunta: ¿Qué hacer? ¿Quién podrá encabezar la batalla? Se mencionan los nombres de Javier Sicilia, Daniel Giménez Cacho y o el sacerdote Alejandro Solalinde. Y al mismo tiempo hay un escepticismo que el subcomandante Moisés del EZLN resumió con claridad en un mensaje a los padres de los normalistas:  “Puede ser que quienes ahora se amontonan encima de ustedes para usarlos en beneficio propio, los abandonen y corran a otro lado a buscar otra moda, otro movimiento, otra movilización”.

Y ese es el deseo del gobierno de Peña Nieto: El olvido de Ayotzinapa.

La sociedad no debe olvidarse que 43 normalistas están desaparecidos gracias a una policía municipal aliada al crimen organizado y cobijada por el Ejército. Hacerlo sería pasar por alto lo que lo ocasionó.

No podemos olvidarnos de los nombres José Luis Abarca, Eduardo Bours, Juan Molinar Horcasitas, Fidel Herrera, Javier Duarte, Rafael Moreno Valle, Genaro García Luna, Humberto Moreira, Tomás Yarrington y Carlos Salinas de Gortari. Ni de la Guardería ABC, ni del Casino Royale, ni de Aguas Blancas, ni de los mineros muertos ni de nuestros 52 mil mexicanos desaparecidos.

Ni dejar de grabar a cada líder político que pague con dinero público su cuenta del prostíbulo, a cada hospital que permita que una indígena dé a luz en la calle o a cada policía que vulnere los derechos humanos de un civil.

El PRI anhela los tiempos donde podía controlar todo con una torta, una gorra y -si hacía falta-, una macana. Aún le tiene fe a esa vía, por eso ruega que dejemos en paz lo de Ayotzinapa.


 
@juanpabloproal Periodista, escritor. Publica en . Autor de los libros Voy a morir, la biografía de José Cruz (Lectorum) y Vivir en el cuerpo equivocado (UANL) 

La carta de Bukowski al hombre que le pagó por escribir


En esta carta, escrita a los 66 años, Charles Bukowski emprende una furiosa arenga en contra del carácter alienante del trabajo, con motivo del golpe de suerte que tuvo al encontrarse con un mecenas de la publicidad que le pagaba 100 dólares mensuales por dedicarse a escribir.


La condición existencial del trabajo es paradójica. Por un lado, el discurso de la normalidad dicta que es necesario trabajar para vivir, trabajar para ganar el dinero que nos permita sostener una vida, trabajar para emplear nuestro tiempo y nuestra energía en algo productivo. Pero, desde otra perspectiva, parece pertinente citar el título de la novela de Milan Kundera y decir que la vida está en otra parte. Si es cierto que el ser humano está llamado a realizarse, a ser más que los confines que lo limitan, quizá el trabajo no sea la mejor manera de conseguirlo.

A mediados de la década de 1980, Charles Bukowski se encaminaba ya a los 70 años. Para entonces era, irónicamente, un autor respetado, un escritor que de las márgenes del vagabundeo y la vida desenfrenada se asentó en el canon de la literatura estadounidense, no con plena comodidad, pero había ganado ese lugar y lo defendía con suficiencia.

A esa época pertenece la carta que ahora compartimos. Grosso modo, se trata de una disertación en torno al trabajo y sus consecuencias sobre el ser humano —así, casi filosóficamente. Bukowski eligió este tema porque el destinatario fue John Martin, publicista de Black Sparrow Press que en 1969 le hizo una proposición extraordinaria: le pagaría 100 dólares mensuales con tal de que Bukowski renunciara a su trabajo y se dedicara únicamente a escribir. Bukowski, que llevaba casi 15 años trabajando como cartero para el servicio postal de Estados Unidos, aceptó de inmediato y un par de años después entregó a Black Sparrow Press su primera novela: Post Office (traducida como Cartero en español).

¿Un golpe de suerte? Probablemente. Quizá tan importante como tener el talento suficiente para responder a eso. O, por lo menos, el deseo de hacerlo.



12 de agosto de 1986

Hola, John:

Gracias por la carta. A veces no duele tanto recordar de dónde venimos. Y tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que intentan escribir o hacer películas al respecto, no lo entienden bien. Lo llaman “De 9 a 5”. Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar.

Ya conoces mi viejo dicho: “La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores”.

Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo.

Cuando era joven no podía creer que la gente diera su vida a cambio de esas condiciones. Ahora que soy viejo sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sexo? ¿Por una televisión? ¿Por un automóvil a pagos fijos? ¿Por los niños? ¿Niños que harán justo las mismas cosas?

Desde siempre, cuando era bastante joven e iba de trabajo en trabajo, era suficientemente ingenuo para a veces decirle a mis compañeros: “¡Eh! El jefe podría venir en cualquier momento y echarnos, así como así, ¿no se dan cuenta?”.

Ellos lo único que hacían era mirarme. Les estaba ofreciendo algo que ellos no querían hacer entrar a su mente.

Ahora, en la industria, hay muchísimos despidos (acererías muertas, cambios técnicos y otras circunstancias en el lugar de trabajo). Los despidos son por cientos de miles y sus rostros son de sorpresa:

“Estuve aquí 35 años…”.

“No es justo…”.

“No sé qué hacer…”.

A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Yo podía verlo. ¿Por qué ellos no? Me di cuenta de que la banca del parque era igual de buena, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusiera allá? ¿Por qué esperar?

Escribí con asco en contra de todo ello. Fue un alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí: un “escritor profesional”. Pasados los primeros 50 años, he descubierto que hay otros ascos más allá del sistema.

Recuerdo que una vez, trabajando como empacador en una compañía de artículos de iluminación, uno de mis compañeros dijo de pronto: “¡Nunca seré libre!”.

Uno de los jefes caminaba por ahí (su nombre era Morrie) y soltó una carcajada deliciosa, disfrutando el hecho de que ese sujeto estuviera atrapado de por vida.

Así que la suerte de, finalmente, haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría creería en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente, y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará (sin importar qué tan lejos me haya ido) cómo llegué en medio del asesinato y la confusión y la pena hacia, al menos, una muerte generosa.

No haber desperdiciado por completo la vida parece ser un logro, al menos para mí.

Tu muchacho,

Hank



 

Letrinas: Horas hombre





















Horas hombre | Por Eusebio Ruvalcaba |

Esa noche terminé de lavar los trastes a las dos de la mañana. Una hora más tarde de lo acostumbrado. El patrón estaba en la puerta. Había colgado el letrero de cerrado, y por ende no se admitía el acceso a nadie más. Pero si no se movía de la entrada era un mero formalismo. Él, y nadie más que él, tenía que supervisar la salida de los empleados restantes. Ninguno podía cruzar el umbral si aún faltaba barrer un rincón, lavar un traste sucio o trapear el baño.

Pero no todo mundo estaba de acuerdo con eso. Toño Olguín, el más viejo de los empleados, un anciano de más de 70 años que se esmeraba en ser lo más puntilloso, hacía las cosas a su manera. Por ejemplo, fingía que sacudía pues apenas pasaba el trapo. O se limitaba a cambiar los ceniceros de una mesa a otra; acomodaba las sillas cuando en realidad las desacomodaba. Esto se repetía noche a noche. En total éramos seis empleados —siete con Toño Olguín—, y sin hablarlo habíamos establecido un pacto: protegerlo a él, manteniéndolo fuera del control del patrón. Que lo dejara en paz. Que engordara su soberbia a costa de nosotros. No de un pobre y miserable viejo.

Una cosa era cierta. Nunca habíamos visto tanta resistencia de parte de un anciano decrépito. Porque vaya que sí combinaba la astucia con la sobrevivencia. Todos sabíamos que requería su salario a costa de lo que fuera. Era un pobre diablo sin un centavo ahorrado —así nos lo había hecho saber—, vivía al día, pero mantenía muy en alto cierta rebeldía, cierto orgullo, cierta dignidad que hacía quedar en ridículo la prepotencia del patrón.

Aquella noche se le veía más entero que nunca. Había ido de una mesa a otra. Siempre en busca de satisfacer al cliente más severo. Él mismo se echaba la culpa cuando algo no salía lo mejor preparado de la cocina. A todos nos llamaba la atención su esmero. Hasta parecía un hombre más joven —o menos viejo, debería haber dicho.

Por fin llegó la hora del cierre. Lo primero que hacíamos los empleados —apenas el patrón ponía el letrero en la puerta— era quitarnos el mandil y la cachucha. Enseguida nos desplazábamos por todos los rincones del restaurante. Hasta portábamos un matamoscas eléctrico para matar a las cucarachas.

Toño Olguín hacía todo con una parsimonia envidiable. No tenía la menor prisa, ni mostraba una pizca de apresuramiento. Se nos quedaba viendo con la escoba en la mano, como diciendo por qué se tardan tanto. Y nos aguardaba hasta que pasábamos del sacudidor a la toalla. O sea hasta que dábamos por terminada la faena. Pero en su rostro había una suerte de tolerancia, que todos le agradecíamos. Porque parecía el verdadero patrón. Era él quien se quedaba en el marco de la puerta para vernos cumplir nuestras obligaciones. Y quien, en un momento dado, nos permitía salir. Lo hacía mientras el patrón lo observaba —y nos observaba a nosotros— movido por la curiosidad. Como si se preguntara: ¿y ahora qué diablos le pasó a este loco? Pero de sus labios no salía palabra alguna. Sólo lo veía. Y lo veía.

El tiempo se fue acortando. La jornada estaba cada vez más próxima a concluirse, y la cosa parecía haber llegado a su fin. Toño Olguín le daba el visto bueno a todo. O cuando menos eso creímos todos. Hasta que el patrón le dijo: Ahora le toca a usted sacar toda la basura y trapear la cocina. ¿Le gustó ser el patrón, no es cierto? Pues ahora le toca ser el último de los gatos.

Tenían más de 20 años de conocerse: el patrón y Toño Olguín. A nadie le constaba, pero se decía que habían sido amigos desde la infancia, en una vecindad de la colonia Obrera. Y que habían sido los mejores amigos, hasta que la fortuna —bien ganada— del padre del patrón lo había sacado de ese medio. Eso se decía. Que inclusive habían compartido más de una novia. Tal vez fuera cierto. Tal vez no.

Quizás algo quedaba en forma de resquemor. Imposible saber. Pero la voz de Toño Olguín se escuchó con un tono cavernario: “Acepta mi renuncia. No quiero un quinto de ti. No estoy dispuesto a sacar la basura ni a trapear la cocina. No es mi trabajo. Hazlo tú. Pinche güevón de mierda”. Todos nos quedamos helados. Toño Olguín quitó el seguro de la entrada, dio un paso hacia la calle. Y se desplomó.

Alguien se apiadó y llamó a la ambulancia.
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Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música. 
 
 

Estas son las 10 mejores fotografías de 2014, según TIME

La revista TIME seleccionó las mejores fotografías de 2014. Son imágenes que, por su contenido social, relevancia periodística y composición fotográfica son consideradas como la mejor representación de este año que concluye.

Aquí la recopilación: 



Whitney Curtis. Ferguson, Mo. Agosto 11, 2014.

La imagen tomada por Whitney Curtis, muestra a un hombre con los brazos en alto mientras que tres oficiales se acercan a él. A raíz de la muerte del joven Michael Brown a manos del policía Darren Wilson, los movimientos por la lucha de la igualdad racial en el suburbio de St. Louis y otras ciudades de Estados Unidos se han intensificado. Curtis tomó la fotografía el 11 de agosto cuando acudió a una de las manifestaciones tras la muerte del joven de 18 años. Ahí escuchó el sonido de latas de gas siendo lanzadas hacia donde se encontraba el joven fotografiado, Rashaad David, con un pequeño grupo. Curtis comenta que era evidente la tensión racial en St. Louis. "Me di la vuelta y me alejé del grupo para fotografiar la presencia policiaca, que había aumentado considerablemente desde la noche anterior. Algunos oficiales estaban en posición táctica sosteniendo sus armas (...) me tomó un momento darme cuenta que la policía me había disparado con una bala de goma".

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Daniel Berehulak. Monrobia, Liberia. Septiembre 5, 2014.

Con una de las epidemias más fuertes de los últimos tiempos, Berehulak se dio a la tarea de documentar a través de imágenes la situación que se vivía del ébola en Liberia. El trabajo fue realizado para el New York Times y pone en evidencia lo devastadora que puede llegar ser una enfermedad de su tipo. James Dorbor (8) luchaba contra la enfermedad mientras su padre trataba de darle algo de agua. Las horas pasaron y el niño comenzó a convulsionarse; la ayuda tardó 20 minutos en llegar. "Pienso en James convulsionándose y nadie que pudiera hacer algo, y después ver a un padre experimentar la muerte de su hijo que llegó abruptamente. ¿Qué si hubieran atendido a James antes? Esos recuerdos me persiguen al día de hoy".

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Ross McDonnell. Kiev, Ucrania. Enero 25, 2014.

Un año sumamente complicado para Ucrania, durante el cual McDonnell se encargó de documentar la violencia de dicho país a través de fotografía fija y en movimiento. Las imágenes muestran un país que se había tornado sumamente violento; en la foto se observa el hielo y fuego visto desde el interior de un camión. "El golpeteo de palos sobre metal es el único ruido que puedo recordar de ese sábado en la calle Hrushevskoho".

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Tomas van Houtryve. Lake Oroville, California. Noviembre 25, 2014.

Este fotógrafo ha estado trabajando en un proyecto acerca del impacto que no es visible de los ataques por drones americanos en tierras lejanas. Desde hace un año ha viajado de cosa a costa, tomado fotografías vistas desde el cielo. Con esto busca dar a conocer cómo la fotografía tiene cada vez más la función de arma (ya sea para espiar, detectar y matar) que el uso original como es el de retratar o utilizarla con fines artísticos o periodísticos. "¿Queremos ver a estas máquinas robóticas escaneándonos las caras (...) o queremos que documenten la belleza, monumentos históricos (...) como muchos fotógrafos humanos han hecho desde la invención de la cámara?".

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Massimo Sestini. Mar Mediterráneo. Junio 7, 2014.

El mes de junio, Sestini acompañó a una embarcación de la Armada Italiana en un recorrido que tenía la misión de rescatar a los migrantes que viajaban en las aguas peligrosas del Mediterráneo. La fotografía tomada en picada, muestra la desesperación y el riesgo que miles de personas del Este de África están dispuestas a pasar con tal de encontrar una vida mejor en Europa. "Había cientos de personas moviendo sus brazos, mirándonos y llamándonos. Podías ver su desesperación y luego su felicidad por ser salvados. No es algo que pase todos los días".

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Tyler Hicks. Gaza. Julio 16, 2014.

La fotografía de Hicks demuestra los conflictos bélicos que han acabado con la vida de miles en Medio Oriente. Se puede observar a un hombre que carga a una de las víctimas, mientras otra yace frente a él. El fotógrafo escuchó una explosión mientras estaba en su hotel, niños que se encontraban en el lugar corrieron hacia la playa. Mientras tanto Hicks corrió a tomar su cámara cuando otra bomba israelí fue lanzada. "Los niños estaban ahora muertos y yacían sin movimiento en la arena".

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Moises Saman. Montañas de Sinjar, Irak. Agosto 12, 2014.

Mientras Saman estaba en una misión de la revista TIME, para fotografiar la situación de los yazidis, miles de personas de la minoría religiosa quedaron atrapadas en la montaña Sinjar al Norte de Irak. Saman, junto con otros periodistas subieron a un helicóptero para documentar la ayuda. Con 39 personas a bordo, tras el rescate de unos cuantos, el helicóptero se estrelló. El piloto murió y muchos más resultaron heridos, sin embargo Saman continúo haciendo su trabajo.

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Nikita Dudnik, Novosibirsk, Rusia. Julio 12, 2014.

La imagen muestra el hielo durante una tormenta en Novosibirsk, Rusia. En la fotografía se observa cómo la gente busca salir rápido del agua cuando el hielo comienza a caer. El fotógrafo amateur, de tan sólo 20 años de edad, tomó la fotografía un día muy caluroso en Siberia. "Cuando llegamos ahí el clima tomó un cambió dramático, y cuando llegamos al agua, un viento muy extraño comenzó".

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Jérôme Sessini. Torez, Ucrania. Julio 17, 2014.

El accidente del vuelo 17 de Malaysia Airlines, fue uno de los sucesos que sorprendió e impactó a miles este año. En julio el fotógrafo de Magnum, Sessini, se encontró en la escena cuando presuntamente un avión militar había caído, en el camino supo que se trataba en realidad de un vuelo comercial. La imagen muestra la situación terrible en la que uno de los pasajeros aún se encontraba ajustado al asiento. Lo más cerca que el fotógrafo estuvo de la escena es la que se observa en la fotografía. "Estuve ahí con otros dos fotógrafos y en el camino de regreso al auto no hablamos. Era una escena muy difícil de procesar (...) Nada puede prepararte para una escena de ese tipo. Es una de las más violentas que he visto".


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Ellen DeGeneres. Hollywood, California. Marzo 2, 2014.

La famosa selfie, tomada durante la ceremonia de los Premios Óscar se convirtió en la fotografía más retuiteada de la historia. En tan sólo una hora había excedido el millón de retweets, alcanzando a la fecha más de 3.36 millones. Ellen comentó que la fotografía inició como una broma hacia la actriz Meryl Streep, y supuso que serían muchos más los actores que se integrarían por lo que le pediría a ésta que la tomará. Sin embargo fue el actor Bradely Cooper quien insistió en tomar la fotografía, logrando así la selfie más famosa de la historia.

Lou Reed entra al Salón de la Fama del Rock And Roll


El gran Lou Reed, padre del rock alternativo y líder de The Velvet Underground, y la banda de pop punk Green Day pasarán a integrar el selecto club de miembros del Salón de la Fama del Rock and Roll.

Además, la Rock and Roll Hall of Fame Foundation concedió en la tarde del martes el premio a la excelencia musical a Ringo Starr, el último Beatle en sumarse como solista, e incluyó también entre sus futuros integrantes al cantante de soul Bill Withers, The Paul Butterfield Blues Band, los rockeros Joan Jett and the Blackhearts y el cantante de blues Stevie Ray Vaughan con su banda, Double Trouble.

Los nuevos miembros del Salón de la Fama "encarnan el impacto del rock and roll en los últimos 50 años y que continúa hasta nuestros días", señala la fundación en un comunicado. Además, el quinteto de R&B The "5" Royales recibirá el galardón de influencia temprana.

Las nominaciones al Rock and Roll Hall of Fame las vota un gremio de 700 artistas, historiadores y miembros de la industria musical. Cualquier intérprete o banda puede ser elegido siempre y cuando hayan pasado 25 años desde la publicación de su primer disco. La ceremonia de ingreso de los nuevos miembros se celebrará en Cleveland el 18 de abril.

Lou Reed, Green Day, Stevie Ray Vaughan & Double Trouble, Joan Jett & The Blackhearts, Bill Withers y The Paul Butterfield Blues Band han sido los elegidos para ingresar en 2015 en el Rock and Roll Hall of Fame, el museo estadounidense dedicado al recuerdo y memoria de los artistas más influyentes del panorama musical. Además, Ringo Starr, baterista de los Beatles, recibirá el Premio a la Excelencia Musical, mientras que el grupo The 5 Royales será distinguido con el Early Influence Award. Las entradas para acceder a la ceremonia, que tendrá lugar el 18 de abril de 2015 en el Public Hall de Cleveland (Esados Unidos), se pondrán a la venta este jueves para el público general. Todos estos artistas cumplen con el requisito principal: llevar en activo al menos 25 añosTodos estos artistas cumplen ya con el requisito principal de llevar en activo al menos 25 años desde la publicación de su primer trabajo. De los inicialmente nominados, se han quedado fuera en esta ocasión (tras la votación del jurado y el público) Nine Inch Nails, Sting, The Smiths, Kraftwerk, Chic, The Marvelettes, The Spinner y War. En la pasada edición, Nirvana, Kiss, Peter Gabriel, Hall And Oates, Cat Stevens y Linda Ronstadt fueron los nuevos nombres que entraron a formar parte del Rock n' Roll Hall of Fame, en una ceremonia que tuvo lugar en el Barclays Center de Brooklyn (Nueva York). Ilustres como U2, AC/DC, Led Zeppelin, Ramones, Beatles, Rolling Stones, Bruce Springsteen, David Bowie, Metallica, R.E.M., Rolling Stones, Beach Boys, Guns n' Roses y Red Hot Chili Peppers, entre muchos otros, reciben con los brazos abiertos a los nuevos miembros de este Rock n' Roll Hall of Fame.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2326589/0/lou-reed/green-day/rock-and-roll-hall-of-fame/#xtor=AD-15&xts=467263
Quienes estuvieron nominados, pero se quedaron fuera en esta ocasión están, The Smiths, Nine Inch Nails, Chic, N.W.A, Sting y Kraftwerk.


La extraordinaria creatividad de Wes Anderson


Por Daniela Ramos García |


Esas veces que te acercas a un nuevo director de cine, deben ser de alguna forma inolvidables, así fue como me pasó con Wes Anderson. Y es que fui en un desorden filmográfico, para que acabara con dos de las producciones que más me han fascinado y sobre todo gracias a una persona muy especial.

Recuerdo tantas anécdotas con las películas de este director y es que la primera que vi fue en un cine en Madrid. Fue la única que estaba traducida al español y no doblada, como la mayoría de los films en ese país. Moonrise Kingdom (2012) no sólo destaca una realidad simple y gastada de Estados Unidos como son los exploradores, sino que la hace muy peculiar, no por nada en 2012 obtuvo una nominación al Óscar por Mejor Guión. Los personajes se centran en niños que experimentan sentimientos y situaciones como 'el primero amor' y los primeros acercamientos humanos; además de la diversión que gira en torno a estas situaciones, la película va tomando sentidos diversos por la grandiosa fotografía, los perfectos personajes y sobre todo la presencia de Bill Murray (como en todas las películas de este director, escritor y productor).

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La segunda película que vi después de dos años fue El gran hotel Budapest (2014), película que no sólo me enamoró por la historia y la fotografía, sino por la cocina y repostería que es tan notable en la cinta. Además hay una cantidad de coincidencias bizarras donde se ve una clara influencia de México, la literatura y la gastronomía. Esta comedia parte de una historia que al mismo tiempo contempla cajas literarias dentro de una misma -que es la película-, y no sólo te mantiene atento sino que te envuelve en toda la trama a partir del personaje de un legendario conserje del famoso hotel que conocerá a un trabajador que al igual posee una personalidad única. El robo de una pintura y la amañada fortuna de una familia rica y poderosa es lo que hace estallar esta historia.

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Por otra parte, The Life Aquatic (2004) fue la penúltima película de mi 2014 de este grandioso cineasta. La historia gira alrededor de Steve Zissou (Bill Murray), un director y productor de documentales de la vida salvaje que posee un gran buque y además, una flotilla que ha adoptado como familia: su esposa -que es el cerebro de la industria en altamar- y la aparición de un hijo desterrado. La belleza de esta producción está en cómo se cuenta la historia, la interpretación precisa de cada personaje y sobre todo, los elementos únicos que la caracterizan; como el submarino amarillo, los niños y la crítica hacia uno mismo.

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Finalmente disfruté una noche fría de diciembre junto al calor humano de Ade, Viaje a Darjeeling (2007), una película que se ha vuelto de mis favoritas en el mundo. La historia de tres hermanos, con personalidades tan diferentes en un viaje precisamente en el Darjeeling, un famoso tren en la India. La odisea desencadena una serie de circunstancias que los lleva a unificarlos como compañeros de vida, además de que aprenderán a comprenderse y sobre todo, a enfrentar el problema de su madre y la pérdida de su padre; situación que los marcó de por vida. Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman son los protagonistas de la historia que no sólo te enamorará por sus personajes tan peculiares, sino por ellos mismos como actores. A través de esta historia podrás recorrer una pequeña parte de la cultura hindú, los problemas de hermanos y sobre todo el valor de siempre estar cerca de los nuestros.





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La autora: Daniela es egresada de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha escrito desde hace 10 años en suplementos de música y cultura. Co-Editora en PueblaDos22 y medios electrónicos. Editora en Sexenio. Experiencia en Armenia, Colombia y España.

Poe, Lovecraft, Shelley y Stoker en una reunión desde el purgatorio



¿Se imaginan una reunión entre Edgar Allan Poe, Bram Stoker, Mary Shelley y H.P. Lovecraft, en la que cuentan historias que nunca han escrito? Pues ahí les va The Gathering, una película dirigida por Jon Keeyes que empezará a rodarse en mayo del 2015.

Sobre el proyecto, su director comenta en entrevista con Fangoria:
“Durante una noche de Halloween, el Diablo reúne en el purgatorioEdgar Allan Poe, Bram Stoker, Mary Shelley y H.P. Lovecraft para que presenten las mejores historias que nunca han contado. La idea es que, el que tenga la mejor historia, puede irse del purgatorio para siempre. Hemos tratado de darle un giro a la esencia de las historias por las que son conocidos. Así que Stoker cuenta una historia de un vampiro, pero no es sobre Drácula. El relato de H.P. Lovecraft es parecido a Re-Animator en la era Victoriana.”
El papel del Diablo es interpretado por Sean Pegg; el de Poe, por Jeffrey Combs; el de Lovecraft, por David Naughton y el de Bram Stoker, por Doug Bradley. ¿Les suenan estos actores?

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Jeffrey Combs en Re-Animator
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David Naughton en American Werewolf in London
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Doug Bradley en Hellraiser
 “Nos hemos acercado a la idea que cómo serían estos escritores, durante todos estos años posteriores a su muerte. Tienen una ligera sensibilidad a lo moderno, como si se hubieran mantenido al tanto de los cambios estando en el purgatorio, conservando sus personalidades y los matices que tendrían en la época que vivieron. Así que hay muchos dimes y diretes y rivalidad.”- Jon Keeyes para Fangoria.
The Gathering no sólo nos presenta una reunión entre grandes escritores, sino que ofrece un reparto con grandes intérpretes del cine de terror, que incluye figuras como Udo Kier, Clint Howard, Robert Englund, Lin Shaye, Ashley Laurence, Gunnar Hansen, Bill Moseley, Debbie Rochon y William Sadler.

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Robert Englund
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Gunnan Hanser
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Bill Moseley como Chop Top

Vía Morbidofest.com
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