Umberto Eco: el novelista, el lector, el defensor del libro impreso


Revista Ñ traduce una entrevista con Umberto Eco publicada en The Guardian, en la que habla de su trabajo como académico, novelista, defensor apasionado del libro impreso, pero entusiasta, también, al menos como viajero, de los dispositivos electrónicos de lectura (en su caso un iPad).


El nombre de la rosa hizo famoso a Eco como novelista, pero también resultó difícil superarla. “A veces digo que odio El nombre de la rosa porque los libros siguientes probablemente fueron mejores”, admite. “Pero les pasa a muchos escritores. Gabriel García Márquez podrá escribir 50 libros, pero siempre será recordado por Cien años de soledad. Cada vez que publico una nueva novela, crecen las ventas de El nombre de la rosa. ¿Cuál es la reacción? Ah, un nuevo libro de Eco. Pero nunca leí El nombre de la rosa, que, por otra parte, es más barato porque está en rústica”. Se ríe, como suele hacerlo con frecuencia. La gran virtud de Eco es que es un intelectual que no se toma demasiado en serio. La vida, como la ficción, es un juego maravilloso.

Dicen, aunque es poco probable, que en una ocasión calificó a la película El nombre de la rosa de travesti. El solamente afirma que un filme no puede hacer todo lo que hace un libro. “Un libro como éste es un sándwich con pavo, salame, tomate, queso, lechuga. Y la película está obligada a elegir solamente la lechuga o el queso, eliminando todo lo demás –el lado teológico, el lado político. Es una linda película. Me dijeron que una chica entró en una librería y al verlo dijo: ‘Ay, ya hicieron el libro’”. Más risas.

El nombre de la rosa vendió –y sigue vendiendo– a paladas. Lo hizo rico, famoso, solicitado. Pero él optó por seguir enseñando en la Universidad de Bolonia y mantener su trabajo académico. Su bibliografía de obras de ensayo sobre lengua, cultura y creencia es vasta e imponente. Oculto detrás de Eco el novelista y Eco el presentador de televisión hay un filósofo y un crítico literario serio. Se ha dicho con frecuencia que construye sus novelas a partir de otros libros. El cementerio de Praga analiza las novelas del siglo XIX que fueron plagiadas en los Protocolos, y está estructurada como tal. Alexandre Dumas es el espíritu guía –sobre todo su novela Joseph Balsamo– y la inter-textualidad el nombre del juego de la ficción de Eco.

Adora los libros desde la infancia; creció en la ciudad de Alessandria en el norte de Italia con padres “pequeño burgueses” no muy lectores pero sí tenía una abuela a la que le encantaba leer. Leía con voracidad y sigue haciéndolo. Sus dos bibliotecas, en las casas que comparte con su mujer alemana Renate Ramge en Milán y Rimini, contienen 50.000 libros, entre éstos 1.200 títulos raros.

A los libros los llama “corredores de la mente” y recientemente co-escribió una extensa carta de amor al texto impreso llamada Este no es el fin del libro. Pero eso no lo convierte en un contrarrevolucionario digital. De hecho, para no tener que cargar un bolso lleno de libros, en este viaje trajo un iPad con 30 títulos cargados. Está convencido, no obstante, de su afirmación de que no estamos ante el fin del libro. Los dispositivos de lectura sirven para viajes largos y tienen ventajas en el caso de libros de referencia, pero los lectores comprometidos siempre ansían el carácter físico –“No sólo Peter Pan sino mi Peter Pan”.

El hecho de que pueda adaptarse a todo, desde los manuscritos iluminados hasta el iPad es lógico. Es optimista, ecléctico, eternamente joven, interesado en todo, tanto en debatir sobre rabanitos en su casa como sobre Proust. Le pregunto cómo será recordado –¿como novelista, crítico o erudito? “Se lo dejo a usted”, dice. “En general, un novelista tiene una vida más duradera que un académico, salvo que uno sea Immanuel Kant o John Locke. Pensadores ilustres de hace 50 años ya fueron olvidados”. ¿Está resignado entonces a que lo recuerden por El nombre de la rosa antes que por su contribución a la semiótica? “Al principio, tenía la impresión de que mis novelas no tenían nada que ver con mis inquietudes académicas”, dice. “Después descubrí que los críticos encontraban muchas conexiones y los editores de la Biblioteca de Filósofos Vivos decidieron que mis novelas debían ser tenidas en cuenta como un aporte filosófico. Entonces me rindo. Acepto la idea de que coinciden. No soy esquizofrénico”

Noche y día, Cole Porter es el único


Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


Y sí, así como si nada, llega ya el mes de febrero a nuestras vidas y con él mi artículo número catorce en Sputnik. La verdad es que, en esta ocasión, me dejé llevar por el lado romántico del mes (por no decir cursi) y decidí hablar sobre uno de los compositores norteamericanos más importantes del Siglo XX y autor de algunas de las mejores canciones que he tenido el placer de escuchar: Cole Porter. Voy a ser muy sincera con ustedes: la verdad es que supe de la existencia de Porter hace apenas unos 5 años, gracias a la película “Midnight in Paris” de Woody Allen. Digo, la mayoría de sus canciones las he escuchado toda mi vida, pero no tenía idea que él las había escrito/compuesto; y es que sus canciones han tenido tantos y tantos covers por miles de artistas maravillosos, que les apuesto a que más de uno está o estaba en la misma situación que yo. Afortunadamente, las cosas llegan en el momento preciso en el que tienen que llegar, y a mí me llegó Cole Porter justo cuando empezaba a obsesionarme con la Era del Jazz.

Hace un par de semanas, cuando me di a la tarea de investigar más sobre Porter, me di cuenta que su historia es igual de fascinante que sus canciones y que incluso, existen dos películas totalmente opuestas acerca de su biografía: la primera, "Night and Day" protagonizada por Cary Grant, hace un intento fallido por retratar la vida de Cole, y digo fallido porque quisieron interpretarla de manera muy, muy blanca, pura y sutil. Basta con decirles que de plano, hicieron a un lado el tema de su notoria y bien sabida homosexualidad; por supuesto se entiende que al ser una película de 1946, era un tema que simplemente no tenía cabida y era imposible de expresar. En la segunda película, "De-lovely" estelarizada por Kevin Kline y Ashley Judd, sí se aborda ampliamente su orientación sexual y la verdadera relación que tuvo con su esposa, por lo tanto la película se hace más “real” por así decirlo. Yo, una amante fiel de los musicales, no me iba a quedar con las ganas de ver esta película del 2004, más porque al buscar información de ésta, descubrí que el soundtrack cuenta con colaboraciones de artistas como Alanis Morissette, Robbie Williams, Diana Krall, Sheryl Crow, Elvis Costello, entre muchos otros y que incluso, tienen apariciones breves dentro de la película. Les puedo confirmar que esto es cierto y que además son una delicia. Aunque llega un punto en el que la película se alarga bastante sin necesidad alguna de hacerlo, creo que en general nos da una idea de quién era realmente Cole Porter y que su legado musical es espectacular, así que si están de humor para un musical de dos horas, se las recomiendo bastante.

De las primeras cosas que me dejaron prácticamente estupefacta –y sin afán de ser repetitiva-, es el hecho de que canciones como "I've got you under my skin", “I love Paris”, “I got a kick out of you”, “Anything goes” (que es el título y la canción principal de un musical famosísimo), “Ev’ry time we say goodbye” (que su versión en la voz de Rod Stewart es mi favorita) y obviamente “Night and Day”, fueron todas escritas por este genio llamado Cole Porter. Les juro que no tiene mucho tiempo que me enteré de todo eso y en verdad me quedé con la boca abierta, no sólo porque todas forman parte de mi repertorio personal de canciones favoritas, sino que me asombra el hecho de que todas éstas permitieron (y permiten hasta la fecha), ser una especie de leitmotiv de artistas como Sinatra o Ella Fitzgerald, gracias al arreglo, al estilo, a la voz y a la interpretación que realizaron en cada una de ellas. Todo este “descubrimiento”, por así decirlo, me permite reflexionar una vez más sobre la encantadora época de los roaring twenties en Estados Unidos y todo lo maravilloso que se desprende de ella.



Creo que las canciones que les mencioné arriba, son suficientes como para que uno se inspire a escribir sobre Porter, ¿no creen? Así que, vayamos al grano. Cole nace en Indiana por ahí de 1891, hijo de una mamá con mucha personalidad y sobre todo, con mucho dinero. Era nieto de J.O Cole, conocido por ser el hombre más rico de toda Indiana y que, dicen los rumores, fue la primera persona en Estados Unidos en atropellar y matar a una persona. El caso es que la riqueza tanto de su abuelo, como la de su mamá, le permitió a Cole vivir muy cómodamente y tomar la decisión de irse a vivir a París una vez terminados sus estudios universitarios. Yo no sé, pero no dejará de asombrarme la facilidad que tenían todos estos personajes de dejarlo todo y al otro día estar en la Riviera Francesa, poniendo de moda el tirarse a la playa a tomar el sol. En fin. El amor por la música se lo inculca a su madre, que a muy corta edad, lo anima/obliga a tomar clases de piano y de violín, y le ayuda a escribir su primera operetta a la tierna edad de 10 años; su padre era un muy buen cantante y pianista, pero su personalidad tímida y reservada, lo hizo ser un cero a la izquierda en la vida de su hijo y por lo tanto, tuvieron una relación muy distante.

Porter era muy buen estudiante, ganándose varios reconocimientos y sobre todo, popularidad entre sus compañeros, lo que le forjó una personalidad muy liviana, bromista y alegre que lo caracterizaría durante toda su vida; le gustaba la atención que recibía y eso le incitó a convertirse en el gran Cole Porter. Estudió en Yale y en Harvard, y durante su estadía en tan prestigiosos institutos educativos, escribió más de 300 canciones, perteneció al “Glee Club”, se escapaba de vez en cuando para disfrutar de la vida nocturna de Nueva York y escribió algunos “himnos” que se entonan hasta la fecha durante las actividades deportivas de la universidad. Como verán, era una persona sumamente activa que no dejó por ningún motivo su verdadera pasión: la música, tanto así que cuando entró a la Escuela de Leyes en Harvard, discretamente se cambió a la Facultad de Música de la misma institución, sin avisarle a su abuelo (quien me imagino era el que pagaba dichos estudios). Nice move! A pesar de que no he leído mucha información acerca de la transición de Porter de estudiante a compositor de Broadway, se sabe que su primera canción exitosa fue “Esmeralda” en el musical “Hands Up” y después se aventuró a producir su propio musical llamado “See America First”, que rápidamente se convirtió en un fracaso.    

Supongo que el suceso anterior y la incorporación de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial, lo desanimó bastante. Bueno, digo “desanimó” porque tomó la decisión de abandonar su país e ir corriendo a París a servir en la Legión Extranjera Francesa, que permite a extranjeros voluntarios, formar parte de esta unidad del ejército Francés. Algo bien interesante es que, hay personas que aseguran que Porter sí perteneció y sirvió en dicha Legión, pero hay otros que afirman que únicamente se enlistó y huyó, decidido a vivir y disfrutar plenamente de la excitante vida parisina, participando y organizando un sinfín de fiestas durante este periodo. Sinceramente, no creo que lleguemos a saber la verdad, pero lo que sí sabemos es que una vez terminada la guerra, se instaló en un apartamento de lujo y su vida social era insaciable. Seguían las fiestas extravagantes, con mucho alcohol, mucha droga, mucho sexo (hetero y homosexual) y mucha, mucha música. Es en una de estas fiestas alocadas, en donde conoce a su futura esposa y quien fungiría como mejor amiga y principal tapón a sus “indiscreciones sexuales”: Linda Lee Thomas. Obviamente era una mujer muy hermosa, con muuuucho dinero y cuyo principal objetivo era olvidarse de su recién ex marido, que según las lecturas que he hecho, era una persona muy abusiva y violenta con Linda, por lo que encontró en el tierno y cariñoso Porter, al perfecto compañero de vida. Ambos hicieron a un lado el hecho de que ella era 8 años mayor que él y se casaron cuanto antes; su estatus social incrementó y eran la power couple del momento, alternando su vivienda entre Paris y la extraordinaria Venecia. ¿Así quién no iba a inspirarse a escribir canciones? Hasta yo lo haría. Y chequen que dije escribir, mas no cantar; igual dicen por ahí que la voz de Porter era bastante limitada, por no decir bastante fea. Ni modo, algunos tenemos un sólo don y es mejor restringirnos a él.

Linda ayudaría a Porter, no sólo en su vida personal, sino también en la profesional, llevándole a los mejores maestros y mentores musicales para tomar clases particulares y animándolo a enlistarse en la Schola Cantorum en Paris, con el fin de estudiar orquestación. Por supuesto no dejó de escribir canciones; ganaba algunas comisiones importantes al venderlas para shows musicales, de comedia y hasta ballets, pero con un éxito bastante moderado y hasta de bajo perfil. Creo que Cole pasó por ese dilema que todos en algún momento hemos pasado, de no saber si realmente somos buenos en lo que nos gusta o no. Me agrada la idea de pensar que se cuestionó el por qué la tan buena respuesta de sus canciones en fiestas privadas y la nula respuesta a nivel masivo.  Hablando de sus canciones, se puede notar (y casi, casi palpar) su evolución como escritor en sus 47 años de carrera; no me van a dejar mentir cuando les digo que en sus inicios, sus letras eran bastante simples, muy pícaras y hasta medio bobas. Ojo, no estoy diciendo que eso esté mal o que no me guste, pero es la verdad. Aunque por supuesto, estas mismas canciones que actualmente yo catalogo como medias bobas, fueron tremendos éxitos fuera y dentro de los musicales que escribió, como por ejemplo “You got that thing”. Con el paso de los años, su capacidad y calidad como letrista incrementó bastante y el resultado son canciones como “What is this thing called love?”, “You’re Sensational” o “At long last love”. Lo cierto es que Linda siempre estuvo ahí para animarlo a seguir componiendo melodías y canciones pegajosas y él le hacía creer que la mayoría estaban inspiradas en ella.



Para variar, su ascenso a la fama fue igual de rápido que el de muchos otros artistas sobre los que he escrito, y en 1928 se le presenta la oportunidad de regresar a Broadway y poner en marcha un musical ambicioso llamado “Paris” protagonizado por la estrella del momento Irene Bordoni. Y quién mejor que Porter para ilustrar tan apasionante ciudad, por lo que su vida en Europa termina y se adentra al mundo del showbiz teatral estadounidense. Por lo que cuentan en la película biográfica que les platiqué, Cole era bastante perfeccionista y le gustaba meter su cuchara en cada uno de los aspectos que se necesitan para montar un musical, tarea nada fácil pero que le ganó el respeto y reconocimiento de sus colegas. Sus musicales más exitosos fueron “Kiss me, Kate”, “Fifty Million Frenchmen”, “DuBarry was a Lady”, “Gay Divorce” (que sigo sin saber la traducción exacta de “gay” en aquel entonces) y “Can-Can” que le valieron un montón de reconocimientos y experiencia. Tanto fue su éxito que Hollywood no tardó en telefonear y solicitarlo para escribir canciones de las películas que se estuvieran produciendo en esos momentos. Gracias a la insistencia de Linda –que al parecer estaba ya cansada de sus imparables relaciones extramaritales- lo convence para aceptar su nuevo trabajo y ambos se marchan a Los Ángeles para seguir haciendo más y más dinero.

Pareceré ignorante pero, hasta hace apenas unos meses, pensaba que "True Love" era en realidad una canción de ¡Elton John! y por supuesto, ni al caso. Esa canción la escribió Cole para la película "High Society" protagonizada por Sinatra, Bing Crosby, Louis Armstrong y la hermosísima y delgadísima Grace Kelly, y le valió una muy merecida nominación al Oscar; se podrán imaginar entonces que le fue bastante bien en Hollywood. Me emociona saber y darme cuenta que, todos estos artistas de los que he hablado en mis artículos anteriores, van relacionándose entre sí en sus diferentes etapas. Y como nota para mí misma: ¡tienes que ver YA la bendita película!

En 1937 ocurre un hecho que le cambia la vida por completo: sufre un terrible accidente, en donde su caballo literalmente le cae encima y prácticamente le destroza ambas piernas. El diagnóstico era muy malo y los doctores recomendaban amputar ambas piernas, a lo que Linda y la mamá de Cole se rehusaron completamente. Imagínense la tragedia… simplemente ya no podría tocar el piano nunca más, su primer y único instrumento para componer. Esa decisión le trajo a Porter dolores terribles durante el resto de su vida, la dificultad de caminar, un cambio de actitud y aproximadamente 34 operaciones quirúrgicas. Es hasta 1958, seguido de la muerte de su madre y de la misma Linda, que su pierna derecha no aguanta más y tiene que ser amputada. Es a partir de este momento, cuando Cole Porter no vuelve a escribir una sola canción y permaneció los siguientes últimos seis años de su vida, recluido por decisión propia en su apartamento de Nueva York.

Sí, hubo mucho drama en la vida de Porter, así como en cualquiera de los musicales o canciones que escribió. Pero también es bueno recordar y reconocer que, ese personaje de ojos muy saltones, escribió canciones lindas, románticas y coquetas como “Let’s do it, let’s fall in love”, “Easy to love”, “It’s De-lovely” y “Let’s Misbehave”. Cole Porter formó parte importantísima de una época maravillosa y que tanto me encanta, en donde personajes como los Fitzgeralds o los Murphys, se sentaban plácidamente a escucharlo. Me gusta pensar que hago exactamente lo mismo, sólo que unos 90 años después. Haré changuitos para poder, algún día, cantarle a alguien a todo pulmón “…night and day, you are the one”. 

“24 grados, 51 minutos. Latitud Norte”: La geografía del recuerdo.


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |



El joven cineasta Carlos Lenin Treviño, originario de Nuevo León y estudiante del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM, ahonda en una parte de su memoria emocional con su nuevo cortometraje denominado “24 grados, 51 minutos, Latitud Norte”, el cual describe el reencuentro efímero de “Ernesto” (Armando Hernández) con cuatro amigos de su infancia (“Pollo”, “Banche”, “Kiko” y “Lobo”), en el municipio de Linares, Nuevo León. 


El título de la obra de Lenin Treviño hace referencia a la coordenada específica en la que sucede el relato, que es la ubicación de la Presa Cerro Prieto, asentada en el municipio ya mencionado. Treviño edifica, mediante voces en off que ayudan a configurar introspección y aislamiento en el protagonista, un documento audiovisual lleno de nostalgia, al cual se le suma una serie de imágenes (cortesía de Diego Tenorio) repletas de texturas, tonalidades, enfoques selectivos, contraluces y planos generales, los cuales evocan pasajes de recuerdos caseros y seres borrosos que se han vuelto simples sombras para la existencia de “Ernesto”. Y como complemento a todo esto, la naturaleza del Cerro Prieto de Linares, una monumental e implacable observadora de su breve e insatisfactorio regreso. 


Con “24 grados, 51 minutos, Latitud Norte”, el realizador, guionista, editor y fotógrafo, Carlos Lenin Treviño, participará en la edición número 56 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, en Colombia; además, busca mayor difusión de su creación al también estar inscrito en el mercado de cortometrajes exhibidos en Cannes.



Cabe destacar que “(...) Latitud Norte” fue filmada en 16 milímetros, ya que su director deseaba experimentar con ese tipo de formato. Asimismo, se empleó una mezcla de actores profesionales y no actores. Armando Hernández (“Lejos del cielo”) lleva el rol protagónico, y está reforzado de apariciones especiales como las de Silverio Palacios y Moisés Arizmendi.


Lenin Treviño aclaró -en entrevista telefónica con este medio- que no tiene contemplado volver largometraje la obra en cuestión, sino más bien desarrollará un conjunto de historias centradas en cada uno de los personajes que aparecen a lo largo del argumento en turno: 


“Sí lo pensé en algún momento, porque el primer corte que yo tuve, que funcionaba realmente esta película, estaba durando alrededor de 46 minutos (...) Pero creo que más bien que lo que va a suceder -y en lo que estoy trabajando ahorita- es la adaptación de estos relatos, que surgieron en paralelo a Latitud Norte, para convertirlos en largometraje (...) Voy a contar ahora la historia del “Lobo”, de uno de los chicos que están allí, y en otra, voy a contar la historia del “Pollo”; desarrollar este universo de este complejo grupo de amigos”.

Respecto al menosprecio o poca valorización que siguen recibiendo los cortometrajes, Treviño mencionó que “se les sigue viendo como una especie de obra inconclusa o, por su nombre mismo, como algo más pequeño. No se le da la oportunidad de dialogar, ya que luego tienen muchísima búsqueda, tanto en la forma como en el fondo”. 




“(...) Latitud Norte” puede percibirse como una meditación sobre la camaradería extraviada y la inevitable llegada del olvido, consecuencia despiadada de la vida que continúa. Pero también puede verse como la respetable creación de un cineasta emergente, quien trata de abrirse un hueco dentro del competido universo de la filmografía nacional e internacional.

Peter Murphy -el rey de los vampiros- vuelve a México





El rey de los vampiros, el hombre delgado de prominentes pómulos y sangre pesada, el padrino del goth rock, el líder de Bauhaus; el gran Peter Murphy ha anunciado que en mayo próximo visitará nuestro país para dar un par de conciertos como parte de su gira mundial Stripped.

En esta ocasión, el genio británico pretende una serie de recitales más íntimos y en contacto con el público, por lo que presentará sus shows en foros de menor tamaño y con un setlist semi acústico que recorrerá las principales etapas de su carrera musical.

De momento no hay información adicional sobre el precio de los accesos, aunque las fechas confirmadas para México son las siguientes:


  • 5 de Mayo - Ciudad de México - Teatro Metropolitan
  • 6 de Mayo - Guadalajara - C3

“Soy lo que Bowie debería haber sido y lo que mucha gente quiere ser y no me importa realmente. Soy Jim Morrison, un Frank Sinatra, un poquito Scarlett O’Hara. Soy una gran variedad de colores. Mi héroe es Muhammad Ali. Me sumerjo en las aguas como un pato, soy demasiado rápido como para que me atrapen y siempre voy a estar guapo”, comentó en alguna ocasión el músico nacido en el Reino Unido.


Creed: El hijo de Apollo a la altura de la leyenda


Por Arman Luis para Criticologos |


Bien, el que me conoce sabe lo fanático que soy con las películas de Rocky. Con Creed podría decir que es buena aunque sea mala, pero no es el caso y al yo ser fanático de la franquicia podría ser lo contrario, ya que podría sentarme a comparar. Cuando leí que Ryan Coogler (Frutivale Station) iba a escribir y dirigir un Spin Off de Rocky, me pregunté qué tan buena idea tenía sobre un hijo de Apollo Creed, para que Stallone aceptara y que tan confiado se sentía Stallone con este joven director que sorprendió con “Frutivale Station” en Cannes. Pues al verla ya comprendí todo y es la sorpresa del año en todo los aspectos. 

“Creed” es más que un Spin Off de Rocky, es una película que pelea por sí sola logrando un verdadero knockout.

A diferencia de las películas de Rocky, la película nos presenta a Adonis Creed Johnson niño, en una cárcel juvenil. Mary Ann Creed, viuda de Apollo lo busca y ha sabiendas que este niño existe a base de una infidelidad ella se lo lleva y lo cría. Lo que no esperaba es que además de llevar la sangre de quien era su esposo, lleva esa mirada de “Eye Of The Tiger” y la voluntad de un guerrero y es donde a escondidas hace peleas clandestina en México. Al entender que ser un empresario no es su destino, decide buscar su camino con la ayuda de Rocky. Un hombre que sólo se dedica a atender su restaurante y no quiere saber más del boxeo. Cuando Rocky descubre que Adonis es hijo de su antiguo amigo y le revela quién gano aquella tercera pelea en secreto (Rocky 3) ambos crean un vínculo de familia. Rocky siente que le debe algo y acepta ser su entrenador, pero El Semental Italiano tiene que enfrentarse con un oponente mayor que Ivan Drago en Rocky 4: El Cáncer.

Ryan Coogler logra con su dirección un ambiente urbano y enseña otra cara de Filadelfia muy diferente a la que John G. Advilsen nos presentó en Rocky (1977). Michael B. Jordan, logra una muy buena interpretación y lleva la carga de la historia muy creíble. Tessa Thompson, logra ser un romance efectivo para el protagonista; no tiene la dulzura y timidez de Adrian, pero logra ser un eje importante para un confundido guerrero. Bien, lo que verdaderamente sorprende es Sly. Es nuestro Rocky, pero también un nuevo y maduro Balboa. El director logra darle un trasfondo diferente al personaje y un conflicto de lucha contra su enfermedad. Sí, no sólo yo lo digo, Sylvester Stallone, logró su segunda nominación al Oscar por el mismo personaje, pero ahora como “Supporting Actor”. (Fue nominado en 1977 por Rocky como Mejor Actor) al ofrecernos una interpretación diferente y única. Si le tienes cariño a este personaje, vas a llorar.

Ahora vamos a lo más importante de las películas de Rocky: las peleas. Ryan, logra emociones jamás vista al dejarnos entrar al ring y sentir cada golpe que se presenta. En la última pelea, logra un evento que pareciera que uno estuviera presente. Si conoces bien las películas -en especial Rocky 4-, verás muchas referencias en este montaje final. Con las tonadas clásicas de Bill Conti y la nueva música para “Creed” compuesta por Ludwig Göransson, logra emociones que nos ponen al borde del asiento, créanme.

Le otorgo el bien merecido y aprobado por el productor ejecutivo de Criticologos, Rafy Mediavilla, rating máximo de 5 nachos con extra queso (5/5) a “Creed” por ser una estimulante película que motiva las fibras de los sentimientos. Si eres fanático de la saga de Balboa, la vas a disfrutar al máximo, sino has visto ninguna, vas a querer ver todas.



Película: “Creed”.

Dirigida por: Ryan Coogler

Escrita por: Ryan Coogler, y Aaron Covington.

Producida por: Robert Chartoff, William Chartoff, Sylvester Stallone, Kevin King Templeton, David Winkler, y Irwin Winkler.

Protagonizada por: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, y Tessa Thompson.

Duración de: 127 minutos.

Desde Colombia, la revolución de Oscar Caballero


Venga y le cuento | Por Tuto Flórez |


Aunque suene paradójico, la buena música se hace desde las trincheras precisamente para traspasar los límites de aquellas murallas que separan, que segregan, que dividen al hombre y lo aíslan de sí mismo y de los demás. Cuando se trata de propuestas musicales emergentes, resulta imposible en pleno curso del siglo XXI, no prestar atención de una parte a lo que dicta el mainstream, en términos de contenidos, de lo que suena, de los one hits y de otra parte a esa nueva avalancha donde la escena indie gradualmente se va apoderando del ámbito musical (Colombia es entre otros muchos países latinoamericanos, un claro ejemplo de este fenómeno). Rock, pop, folk, son algunos de los casos puntuales, donde la independencia ha ganado terreno y en este sentido la libertad creativa del artista, también puede apreciarse en el vituperado Pop.

Cuando la trayectoria es amplia, el esfuerzo, el empeño y la honestidad al momento de componer son el vector de impulso para la carrera de un músico, es cuando vale la pena destacar el trabajo consciente de un productor, cantautor, intérprete y artista colombiano; hablamos pues, de Oscar Caballero, que desde el municipio de Piedecuesta en el departamento de Santander/Colombia, para el mundo; ha comenzado a gestar una revolución de amor, que ya está traspasando las fronteras de Colombia, para llegar a inundar de alegría y optimismo el corazón de miles y tal vez millones de personas, en países como Panamá, Chile, Paraguay, Brasil, y seguramente México, entre otros más. 

Revolución de Amor, es precisamente el título del primer sencillo, incluido en su segundo disco "El Caballero y la Revolución" el cual comenzó a producirse en el año 2014 y a la fecha, se halla en pleno proceso promocional. Esta revolución, forma parte de un proyecto musical liderado por el mismo Oscar Caballero, el cual busca unir y vincular artistas nacionales y locales dentro de Colombia, así como generar una red de artistas y músicos internacionales, que se sumen a la revolución de amor, que a fin de cuentas le apuesta a un proceso de transformación, de reconciliación y perdón, para una evolución personal, donde será el amor el ingrediente perfecto para crear una semilla de cambio en toda la sociedad, que tanto precisa sustituir odio por amor y aprender a perdonarse a sí misma y a los demás. Dentro de la discografía, del músico colombiano, que comenzó sus estudios de música en la ciudad de Bucaramanga y termino Ingeniería de Sonido y Producción Musical en la ciudad de Bogotá, en la "Escuela de Audio y Producción Fernando Sor" (2010), vale la pena destacar:

El álbum Señales Personales, cuyo productor fue Eder Lemus, donde podrán conocer un poco más acerca de este artista y su propuesta musical, a través de canciones como: Dime, Llegaste tú, Mujer bella, Juego entre sombras, Pasa el tiempo, Para amar, Nada cambia, Señales personales, Tiempo y No me digas que no


Como muy bien lo expone Oscar Caballero, la mejor forma de conocer a un verdadero artista, es a través de su compromiso social, el cual al final debe verse reflejado en su música, en su capacidad para contar historias con sentido al mundo. Por eso su trabajo más reciente El Caballero y La Revolución, cuya producción corre a cuenta de Keithg Morrison - Co Productor / Cantautor Oscar Caballero; resalta la apuesta musical, con la que Oscar, quiere llegar a millones de personas en todo el mundo. En este segundo trabajo musical, es que se encontraran con dos canciones que en esencia reflejan de manera excepcional, el sentido y percepción vital por parte de OC, al tiempo que las personas comienzan a dimensionar la revolución de amor que para el mundo se avecina.





Para todos aquellos que deseen saber más de este prometedor artista, hacer un seguimiento de su carrera y de su revolucionario proyecto musical, no duden en visitar su página web: http://www.oscarcaballeromusic.com/

Radiografía: The Vaccines


Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García |






¿Quiénes son?
The Vaccines está formado por Justin Young (vocalista y guitarra), Árni Hjörvar y Pete Robertson. Completa el cuarteto Freddie Cowan, hermano de uno de los componentes de The Horrors.

¿Estilo?
Están claramente encuadrados en el rock-indie, garage-rock y también se te antojará meterlo en el post-punk revival. De hecho, cuando empecé a escucharlos, creía estar ante una nueva generación de post-punk revival, pero con el paso de los años, veo que ninguna banda actual va por ese camino. Como ya dije hace poco, el post-punk revival está más que enterrado. Y esta década va a pasar sin que haya habido un movimiento que les suceda. No está siendo el siglo del rock, desde luego. Incluso dentro de esta banda asistimos a una decadencia, cada disco nuevo es peor que el anterior.

¿Álbumes?
-What did you expect from The Vaccines? (Columbia, 2011): si vas a escuchar algo de esta banda, que esa este álbum. Es más, no es necesario que escuches los demás. Es una joya atemporal, uno de los discos de la década y uno de los pocos donde no sobra absolutamente ninguna canción.



Empieza con la apabullantemente arrollada ‘Wreckin’ Bar’ que te transporta irremediablemente a cualquier bar londinense un viernes noche, quieres estar ahí. ‘If you wanna’ y ‘Post break-up sex’ se te meterán rápido en la cabeza con el ritmo frenético de guitarras presente en todo el álbum.  Fue precisamente con la demo de ‘If you wanna’ (la cual colgaron en YouTube) con la que consiguieron generar expectación. La revista Clash los alabó en un artículo y lograron agotar entradas en varios shows. A uno de esos, cuentan que asistió Alex Kapranos de Franz Ferdinand.

Caracteriza a este álbum ese sonido fresco, imperfecto, natural, que le da la sensación de no estar grabado fríamente en un estudio. Y es que sus limitaciones y frescura es lo que le dio a esta banda un toque diferente.

-Come of age (Columbia, 2012): un álbum mucho más calmado, con letras algo más existencialistas. Destacan ‘I always knew’, ‘Aftershave Ocean’ y ‘Teenage Icon’. No es un mal disco, pero pierden toda la frescura.

-English Graffiti (Columbia, 2015): comienza muy bien con ‘Handsome’: “lonely, bored and bad, thanks god I’m Handsome, so handsome”. Continúan con ‘Dream lover’ muy en la línea The Horrors. Más abajo, ‘20/20’ devuelve ritmo al álbum para perder fuelle con las pistas de la segunda parte.


¿Cómo les descubrí?
Si no recuerdo mal, fue una de las bandas que descubrí escuchando la extinta NME Radio. ¡Qué tiempos aquellos! Ahora no existe esta radio donde te encontrabas tantas joyas y, además, la NME va de mal en peor. Han pasado de ser una referencia en el mundo de la música a ser un magazine con “estilo, cine y música”. Llevando a su portada a Rihanna, o aún peor, Robert Pattinson. Sin comentarios.

Espero que con esta breve radiografía del artista te animes a seguirle los pasos, puedes mirar (y sobre todo escuchar) los videos que te adjunto a lo largo del artículo. Y, de paso, echar un ojo a sus redes sociales.

Sus redes sociales oficiales son:


“Los ocho más odiados”: ¿God bless the American Western y a Tarantino?

Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


Se pueden decir muchas cosas sobre Quentin Tarantino, pero la verdad es que cada una de sus historias posee ciertos diálogos, personajes o situaciones que resultan memorables, que quedan impresos -inevitable y permanentemente- en el ser del cinéfilo contemporáneo y, al mismo tiempo, vuelven extrañamente divertido el ir al cine.

En su más reciente cinta, Tarantino explora los terrenos del minimalismo dramático, combinando la estética y esencia del american western con su particular y famoso estilo: seres deleznables carentes de moral; “choros” (soliloquios o diálogos) alargados que culminan con una profunda reflexión o en una  inexorable sentencia de muerte; constantes planos en los cuales la cámara se coloca en una posición de contrapicada y; excesivos litros de sangre.  En otras palabras, estamos ante la presencia de los ingredientes que mejor le hacen digestión al otrora enfant terrible de Hollywood, quien a principios de los años noventa sorprendió a propios y extraños con sus “Perros de Reserva” y su “Pulp Fiction”.

Luego entonces, “The hateful eight” puede catalogarse como una “Reservoir dogs” del oeste norteamericano, aunque carece de la redondez y contundencia del texto y de los personajes de ésta última. La interpretación de Jennifer Jason Leigh (cuyo papel le valió estar nominada al Oscar como Mejor Actriz Secundaria) es fantástica, sobresale -entre un reparto ecléctico y numeroso- por sus apreciables inflexiones de voz y por su imponente personalidad. No es ocioso señalar que Leigh debería ganar algún premio, obtener un reconocimiento, simplemente por haber soportado que le arrojaran a la cara diversas clases de porquería.

En esta ocasión, Tarantino emplea una constante locación (“La mercería de Minnie”) para materializar más de la mitad de su guión, mismo que se encuentra fragmentado en seis capítulos; otro elemento que se ha vuelto común en sus filmes.  Sin embargo, “The hateful eight” no cuenta con la agudeza argumental de otras obras del director estadounidense en cuestión, aunque su premisa no es del todo fallida o desechable. Entretiene, a medias, pero entretiene.

A manera de un “Clue” cinematográfico, de bandidos y justicieros, Tarantino intenta montar una especie de épica “gringa” para exponer los “valores” fundacionales de una nación mermada por su intolerancia o latente discriminación racial. Por esta razón, para hablar sobre esos temas, hace uso de los servicios de su actor fetiche, el afroestadounidense Samuel L. Jackson, a quien le otorgó un rol más que digno y convincente.

Las fallas más notables del relato de Quentin Tarantino se relacionan con cuestiones como una inexplicable voz en off, que aparece a la mitad de la historia sin ninguna explicación lógica (a menos que Tarantino esté homenajeando a alguna de sus cintas favoritas), con lo que se le resta eficiencia al lenguaje cinematográfico; una banda sonora escueta, compuesta por el legendario músico italiano Ennio Morricone (famoso por no haber ganado -todavía- algún premio en competencia de la Academia) y; una serie de personajes que no están a la altura de los demás (Michael Madsen, Bruce Dern y James Parks se sienten desperdiciados). 

En contraposición,  “The hateful eight” o “Los ocho más odiados” puede ser rescatable por cuatro aspectos fundamentales: los personajes de “Daisy” (Jennifer Jason leigh), como ya se mencionó anteriormente, así como el de “Oswaldo Mobray” (interpretado por el británico Tim Roth); el ingenioso detalle de la carta de Lincoln; la fotografía homogénea, pulcra y estilizada de Robert Richardson y; la anécdota de la gran black cock


En resumen, insisto, no es la mejor película de Tarantino, tampoco de las peores. Le falta la brillantez argumental de “Perros de Reserva” y “Pulp Fiction”; la elegancia de “Jackie Brown”; el asombroso nivel técnico de “Kill Bill”, pero posee un discurso más hilvanado que “Bastardos sin gloria” y “Django sin cadenas”. Podría haberse ganado un nada odioso 8 de calificación.   

  

“The Revenant”: destino a la deriva


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |



Seguramente, muchos se me van a ir a la yugular por lo que voy a escribir. "The Revenant", el nuevo metraje del realizador mexicano Alejandro González Iñárritu (y el más ambicioso), no me parece el mejor logrado de su filmografía, ni tampoco el que contenga la mejor actuación de la carrera de DiCaprio. Eso NO significa que se trate de una producción mala. Técnicamente es una obra muy valiosa. La grabación del sonido directo; el diseño de arte; el maquillaje y; los efectos visuales constituyen una meritoria pieza de entretenimiento. De hecho, en esta ocasión es cuando Iñárritu recurrió más al CGI. En "Birdman" ya había coqueteado con ello, y aquí lo utiliza como parte medular de su creación. ¿La escena del oso? Impecable. Asimismo, es prodigioso el plano secuencia del primer enfrentamiento entre la tribu de los blancos y una de las comunidades nativas.
 "The Revenant" parece tener ecos del cine de Terrence Malick; de Werner Herzog; del producto de Kevin Costner denominado "Danza con lobos"; y hasta del hilo conductor emocional de "Gladiador" (por la forma en que se nos presenta a la familia del protagonista). La segunda mitad goza de un mejor ritmo que la primera parte. La fotografía de Emmanuel Lubezki es impresionante (le puede valer su tercer Oscar consecutivo); las contrapicadas y planos abiertos de la naturaleza, con luz no artificial, hacen que se admire la misma con  respeto, deleite y sensibilidad.

Aunque Tom Hardy está cumplidor, su personaje en distintas partes peca de mala dicción y parece evocar el timbre de voz empleado para su rol de "Bane" (en "The dark Knight rises"). Algo falta en la construcción de su identidad. Por momentos representa, de manera convincente, a un psicópata fanático religioso, pero en otros instantes luce acartonado y raya en el estereotipo del antagonista malvado que sólo se mueve por mundanos intereses. Hardy es uno de los cinco nominados a Mejor Actor de Reparto en la 88va. edición de los premios Oscar. Luego entonces, hubiera preferido ver en su lugar a Benicio del Toro, ya que éste posee un mejor papel en el filme "Sicario", el cual desarrolla de mucho mejor manera, con mayor cantidad de matices, y también funge como una especie de antagonista. Pero es cuestión de gustos.

La interpretación de DiCaprio es regular. No se puede negar que tiene buenos momentos, pero el control que hace de su cuerpo herido no luce natural, se le percibe muy mecanizado. A su arrastre de piernas le hace falta mayor vigor y un mejor “feeling”, por lo que su actuación no es epidérmica. Lo mismo pasa con su conmoción ante la pérdida de un ser querido; no alcanza ese estallido emocional que produzca la asunción plena del personaje.

El misticismo que Iñárritu intenta imprimirle a su relato no llega a cuajar del todo. En distintos momentos lo olvida. Quizás ésto último es el mejor resumen de la falla de la película: “The Revenant” es una obra de momentos, no es un todo sólido. La parte conceptual no está al mismo nivel que la parte visual. Varios de los temas abordados o referenciados (genocidio; lo pequeño que es el ser humano ante el universo) pudieron ser más profundizados, ser exhibidos de manera memorable, pero el director mexicano desperdicia la oportunidad y opta por dejarlos a la deriva, al igual que el cruel destino de su personaje central.

Concussion: Will Smith vs la NFL



Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


Llama la atención que la nueva película protagonizada por Will Smith -una de las estrellas afroestadounidenses más populares de Hollywood- no haya generado el “buzz” suficiente para ser tomada en cuenta tanto por la taquilla como por la crítica de su país.

En esta ocasión, la interpretación del actor proveniente de Filadelfia a duras penas logró un par de menciones en algunos círculos cinematográficos y una nominación a los Globos de Oro. Quizás esto último se deba al tema polémico que se toca en el film “Concussion” o “La verdad oculta” (según su bautizo latinoamericano), el cual narra la historia del médico africano Bennet Omalu, quien descubrió a partir de las investigaciones forenses una enfermedad que afecta exclusivamente a los jugadores de fútbol americano. Todo esto a causa de los constantes golpes que reciben durante los partidos. El hallazgo mencionado produjo de inmediato una reacción no grata entre los corporativos y grupos de doctores de la NFL, y desembocó en una campaña de desprestigios y amenazas en contra de Omalu.

Como se puede intuir, el argumento cuestiona al deporte más sagrado para la población de los Estados Unidos; aquel que privilegia el contacto fisico y que hace apología de cierto grado de violencia, aquel que también es un gran y redituable espectáculo; aquel que llega a convertirse en una religión. Por ende, objetarlo, criticarlo o debatirlo no es permisible para la mayoría de sus seguidores.

Justamente, el anterior punto es la mayor fortaleza de “Concussion”. El que aborde una arista poco conocida de uno de los deportes más llevados a las pantallas cinematográficas es algo que se agradece infinitamente. La segunda película dirigida por Peter Landesman (“Parkland”) se va desarrollando de manera interesante y amena y encuentra sus mayores virtudes en la interpretación de Will Smith y el trabajo de maquillaje.

La forma en que se introduce al personaje de Smith es acertada y nos devela a un tipo  inteligente, de métodos excéntricos, honesto y carismático. Además, Smith habla con un convincente acento extranjero, el de un hombre africano expresándose en inglés (algo que, por desgracia,  no será tan perceptible en las salas en las que la película sea exhibida doblada al español).

Hay que reconocer que Will Smith “pone toda la carne al asador” en su regreso a los largometrajes dramáticos de bajo presupuesto, y sostiene una historia que le otorga dos momentos inolvidables en su ya abultada trayectoria como histrión (atención con esa escena del hospital en que “Omalu” acompaña a su esposa).  

Sin embargo, “Concussion” no llega a ser una película redonda. Falla cuando incluye ciertos convencionalismos de los argumentos que versan sobre thrillers corporativos (por ejemplo, las llamadas telefónicas intimidatorias o el acecho de vehículos grises) y al desperdiciar parte de su elenco, el cual parece estar sólo de adorno (¿verdad, Luke Wilson?).

El crew de “Concussion” tiene nombres interesantes como Alec Baldwin, Albert Brooks, Eddie Marsan, David Morse (destacado en su actuación) o la actriz emergente Gugu Mbatha-Raw. En general, se trata de una cinta repleta de buen ritmo, con un protagónico fortísimo (que hace suspirar a más de una) y que intenta revelar uno de los elementos oscuros del deporte más visto por la sociedad gringa. Por último, tal vez el guión debió ser menos condescendiente con el espíritu del “american dream”, pero -insisto- se agradece que el tema del fútbol americano haya sido presentado desde otra línea argumental.

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