Joni Mitchell, la reina sin corona del soft rock

Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |


Con el calor sofocante que se había sentido en días anteriores, me fue imposible no acordarme de mi bella Mérida o de Campeche, ciudades donde afortunadamente estuve paseando a finales del año pasado y que me regalaron una de las estancias más bonitas, placenteras y tranquilas que he tenido en toda mi vida, sin exagerar. No sé si me dejé llevar por la pasividad de dichas ciudades pero, me fue muy sencillo sintonizar y escuchar soft rock setentero y ochentero durante TODO el día. Sí, toooodo el día o bueno, por lo menos cuando estaba en los cuartos de hotel. Es una verdadera lástima que la estación ‘Soft Rock Classics’ de TuneIn Radio ya no exista porque era mi predilecta y a la vez, una especie de ‘maestra’ en el tema de dicho género musical, ya que hay artistas y canciones que de plano no identificaba del todo y que ahora, se han vuelto eternas indispensables en mis playlist. Me pasó varias veces con ‘California’ de la canadiense Joni Mitchell y que forma parte del álbum más exitoso de la cantante. La primera vez que escuché la canción, olvidé fijarme quién la interpretaba por lo mucho que la estaba disfrutando; luego, una vez que supe quién era, sentí como si auténticamente estuviera en una playa, disfrutando del rico solecito y el sonido del mar, una sensación que pocos artistas logran en mí y que creo es lo que hace tan fantástica a Joni por sobre todos los demás.




Roberta Joan Anderson, nace un 7 de noviembre de 1943 en Alberta, Canadá. Hija de unos padres amorosos que le inculcan el amor por la literatura y la música desde muy temprana edad, Roberta ve marcada su niñez por la polio que contrajo a los 9 años pero que de alguna manera le ayudó a decidir –postrada largos meses en la cama de un hospital- que quería convertirse en cantante o en bailarina y dirigir toda su atención hacia el arte. En realidad nunca fue una buena estudiante y su historial escolar no es muy interesante que digamos, salvo porque abandonó varias veces el colegio y anduvo de pandillera junto con otros adolescentes. Mientras todo esto sucedía, nunca hizo a la música de lado y comenzó a tomar clases de ukulele y posteriormente, aprendió a tocar la guitarra ¡SOLA! Debido a que la polio había dejado estragos en sus articulaciones (sobre todo los dedos de las manos), tuvo que aprender de manera diferente y a inventarse nuevas melodías de acuerdo a sus posibilidades motrices.



Comienza a componer algunas canciones por su cuenta y a interpretarlas con amigos en reuniones bastante informales; después, se anima a ir un poco más lejos y empieza a trabajar en el club ‘Saskatoon’ que era exclusivamente de jazz pero, no dudó en incorporar a su repertorio canciones de Édith Piaf y Miles Davis (esa Joni es de las mías). Comienza a acercarse más al sonido folk y a juntarse con poetas y artistas diversos que caracterizarían sus primeros trabajos de manera muy tajante y positiva. Se presenta a la vez en algunas estaciones de radio locales, trabaja en cafeterías, hoteles, algunos clubes nocturnos siempre anteponiendo la libertad creativa que éstos le ofrecían. Se independiza de sus padres y se va a vivir a Toronto con su entonces novio Brad MacMath quien, tras meses de una intensa relación, la abandona estando embarazada de 3 meses y la deja en bancarrota, viviendo en un lugar bastante deplorable y en pleno invierno. A Joni no le queda más remedio que dar a su hija Kelly Dale Anderson en adopción, una decisión que la deja un tanto traumatizada y que sin duda, influenciaría profundamente en sus letras y en su música. Toda esta experiencia, la mantuvo en total secreto durante décadas sin siquiera mencionarlo a sus familiares y amigos y es hasta 1997 –cuando ya era reconocida mundialmente-, que decide abrirse y emprender la búsqueda de su hija con quien actualmente tiene una relación, a veces distante, a veces muy cercana. Joni ha dicho que, cuando se enteró del embarazo, la ilegalidad del aborto y de la píldora del día después aunado a lo mal visto que era que una mujer soltera tuviera un hijo en aquella época, la orillaron a llevar el embarazo con total discreción.




Tan sólo un par de semanas después de haber parido a su hija y por ende darla en adopción, Joni ya estaba de vuelta en el trabajo, interpretando con orgullo material 100% auténtico. Encuentra trabajo fijo en el club Penny Farthing, un club de folk que abría sus puertas a nuevos y jóvenes talentos. Es aquí que conoce a su primera marido Chuck Mitchell, un cantante de folk estadounidense en asenso quien queda bastante impresionado con el talento de esta joven y bonita cantante, a la que de inmediato convence de ir a Estados Unidos y trabajar con él en varios lugares donde él ya estaba semi-posicionado. Cuentan por ahí, que se casaron a las 36 horas de haberse conocido pero, no sé qué tan cierta sea esa historia, la verdad. Lo cierto es que lo hicieron oficialmente en junio de 1965 en Michigan. Mientras trabajan y consiguen una fama bastante local, Joni nunca deja de escribir y componer su propio material incluso para otros artistas como Judy Collins o Tom Rush, ambos cantantes de folk. Pasan así dos años y el matrimonio Chuck-Joni se termina, aunque ella nunca dejó de usar el apellido de su exmarido, lo cual a mí no me parece en lo absoluto pero la entiendo, su nombre artístico para ese entonces ya era ‘Joni Mitchell’ y es complicado cambiarlo, lo hemos visto con otras artistas. Es aquí cuando una muy independiente Joni, decide marcharse a Nueva York y probar los manjares que tanto ofrece la ‘Gran Manzana’.

En uno de sus ya recurrentes toquines, la escucha David Crosby, cantautor de rock y folk muy popular en la década de los 70s, quien decide llevársela a Los Ángeles y la introdujo con amigos, representantes y dueños de disqueras. Así es como en 1967 graba su primer álbum ‘Song To A Seagull’ que es publicado un año después. Las canciones ‘Chelsea Morning’, ‘Now’ y ‘Both Sides’ son las más populares de su material debut, recibiendo excelentes críticas y ganándose rápidamente fans y más fans. De manera consecutiva, graba los álbumes ‘Clouds’ –que le regala su primera nominación al Grammy- y ‘Ladies Of The Canyon’. Aquí es cuando Joni comienza a experimentar con varios sonidos sin alejarse de sus influencias folk; añade algo de pop, rock, piano, percusiones y se divierte haciéndolo con la gente adecuada. Su fama crece y crece y se convierte en un auténtico símbolo feminista en el mundo del folk y del soft rock.




Del álbum ‘Ladies Of The Canyon’ la canción más representativa sin duda alguna, es ‘Big Yellow Taxi’ que, acá entre nos, había escuchado TODA mi vida y jamás imaginé que su creadora fuera Joni Mitchell. Me da algo de pena, y a la vez no porque seguro a todos nos ha pasado. Yo la había escuchado con Counting Crows y Vanessa Carlton, con Amy Grant y con otra bola de artistas. Pero, ahora que lo pienso, me quedo totalmente con la versión original porque además, está súper adelantada a su época y me encanta. La letra es llegadora, interesante y las propuestas vocales que hace Joni son una delicia.




Comienzan las giras, conciertos agotados, apariciones en radio y TV y con todo y eso, Joni nunca deja de componer cosas nuevas, así es como logra su álbum más exitoso titulado ‘Blue’ en 1971, que sin dudarlo, contiene varias de mis canciones favoritas y que curiosamente lo eran antes de enterarme que son de la autoría de Mitchell. De nuevo, mi amor por Joni existía sin siquiera saberlo. Hablo de canciones como ‘River’, que con los años se ha vuelto un himno navideño y que me fascina en la voz de Idina Menzel. También están ‘California’ (como bien ya les había dicho), ‘A Case Of You’, ‘Blue’ y ‘Carey’. Como dirían algunos críticos, sus letras son verdadera poesía, reflejo de la situación social, política y cultural que vivía en plena década de los 70s.




Tres años más tarde, graba otro gran álbum ‘Court and Spark’ en donde coquetea bastante con el jazz y que marca el inicio de su periodo más experimental; dicho álbum contiene mi canción favorita de Mitchell de toda la vida y que amo escucharla todos los días porque me pone de excelente humor: ‘Help Me’, una baladita bastante tierna y que nos remota a esos días en que uno se sentía/siente enamorado hasta los huesos. El álbum contiene además los éxitos ‘Free Man In Paris’, ‘Down To You’ y ‘Twisted’, todas con música y letras hermosas, alejadas de su ya particular sello folk.




He de confesar que aún no me he adentrado a escuchar la música de Joni después de estos álbumes, así que no me siento con la ética suficiente como para escribir sobre ello. Más bien, me gustaría darme la oportunidad de escucharla y darles mi honesta opinión al respecto posteriormente. Lo que sí he leído es que, le dio mucho por experimentar con sonidos bien locos y nunca quiso seguir una misma línea, sino al contrario, siempre buscó cosas nuevas, aliarse con personas creativas y que le enseñaran cosas nuevas y por ende, sus siguientes álbumes tuvieron muchos altibajos; por momentos eran muy buenos y exitosos, y por otro lado eran rechazados y sumamente criticados. Supongo que los fans y los críticos, estamos acostumbrados a consumir un mismo estilo en nuestros artistas favoritos y nos dan miedos los cambios.




Quisiera terminar mi artículo platicándoles acerca de la canción más icónica de Joni Mitchell y que contiene una anécdota bastante curiosa. La canción es ‘Woodstock’ inspirada obviamente en el festival del ’69 y al cual Joni no asistió por consejo de su entonces manager. La escribió en un cuarto de hotel en Nueva York inspirada por lo que veía y oía en la televisión y en conversaciones ajenas. Su amigo David Crosby dijo alguna vez que, a pesar de no haber estado presente, Joni supo captar la verdadera esencia del festival mucho más que cualquiera de los asistentes. La interpretó por primera vez tan sólo un mes después del festival e instantáneamente se convirtió en el himno que todos estaban anhelando. A pesar de todo ello, Joni jamás se ha considerado parte de la contracultura generada por los ‘baby boomers’ de la época, es más, hasta los rechaza. Pregúntenme qué opina de Bob Dylan, por ejemplo…




Para mí ha sido un placer a medias el escuchar a Joni porque desconozco su verdadera evolución musical y desconozco mucho de lo que ha hecho actualmente. Sé que habrá quienes me digan “es que siento que cortaste el artículo muy feo” pero, así es esto. Realmente estoy muy enamorada y asombrada de la Joni Mitchell de los 60s y 70s y adoro lo que me hacen sentir sus canciones. Siempre me provocan darme una escapada por ahí, a mi lugar boscoso favorito en Puebla y olvidarme de mis problemas existenciales con tan solo escuchar una buena playlist de Mitchell. Cuando lo haga, les aviso.




La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!


9 libros para -intentar- entender la política en México


El proceso electoral en nuestro país ha polarizado a la sociedad como nunca antes. Mucha información, memes, dimes y diretes por doquier pero poca sustancia para tomar una decisión que podría cambiar el futuro de la república y de América Latina.

A pocos días de la jornada electoral conviene darle una revisada a la historia política de México para entender un poco qué es lo que nos ha pasado como país y quiénes son los responsables que nos han llevado hasta donde nos encontramos -y a qué precio-.

El equipo de Bookmate nos ha facilitado una serie de libros para consultar y -tratar de- entender cómo funciona nuestro sistema político -si es que funciona-. Todos estos textos los puedes leer directamente desde su plataforma.

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1. La pendejísima historia de las elecciones en México

Antonio Garci nos deleita con una crónica delirante de cómo hemos elegido a nuestros gobernantes en México a lo largo de los años. Nada queda fuera: desde el triunfo de Guadalupe Victoria hasta la caída del sistema en 1988, desde el agandalle de Santa Anna hasta la bienamada Foxilandia, Garci nos ofrece una guía inteligente y ácida para entender cómo se hace política a la mexicana y concluir que, al final, eso de la democracia no es lo nuestro.  Leer...

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2. Política y corrupción

Desde la privilegiada visión de un ex funcionario público, Macedonio Tamez Guajardo ofrece un testimonio de la situación que vive México en materia de seguridad e impartición de justicia. En este contexto, el autor destaca que los grandes problemas del país se deben a la falta de una sólida cultura de la legalidad, la corrupción, la indolencia y la pérdida colectiva de la moral. Leer...


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3. Operación Los Pinos

En un mitin en el Ángel de la Independencia, y de frente a la Embajada Americana, el candidato a la presidencia de México, doctor Jordi Román —quien va adelante en las encuestas—, resucita el nacionalismo mexicano: en carta al presidente de Estados Unidos le advierte que, al asumir la presidencia de la República, lo primero que hará será retirar al Ejército de la guerra contra el narco y permitirá el libre paso de las drogas por el territorio nacional; siempre y cuando “los señores” que se dedican a este “comercio” no cometan actos delictivos, porque “ya nos cansamos de poner los muertos para que los americanos se llenen de dólares los bolsillos”.

En esta novela de ficción política, en el año 2006 se crea un nuevo partido “ciudadano” que dirige la llamada Operación Los Pinos, que consiste en una estrategia para que el Partido Acción Nacional deje la presidencia de la República.

Para que su candidato triunfe no sólo intimidan y chantajean, sino que compran encuestas, intelectuales, analistas políticos, periodistas, académicos y defensores de derechos humanos. Se forma un ejército a sueldo que se apresta a tomar Los Pinos.
Su victoria es inminente. Sin embargo… Leer...


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4. Nación criminal

El Zarco y Los bandidos de Río Frío en el siglo XIX, los narcocorridos y el tortilla western de los hermanos Almada en el XX, y más recientemente la literatura, la plástica y la cinematografía de creadores como Élmer Mendoza, Luis Estrada y Teresa Margolles develan el sentido y la función social del crimen en México. A diferencia de autores como Fuentes, Revueltas y Paz, para quienes la violencia y lo terrible expresan cierta esencia de lo mexicano, Héctor Domínguez Ruvalcaba sostiene que la criminalidad ha de interpretarse a partir de la incompetencia del Estado y como forma de control social. Pone así al descubierto un México donde las leyes son irrealizables desde la invención misma del país, y donde la criminalidad constituye a la vez rebelión y contención social. He aquí un mundo donde el crimen se imprime en figuras de masculinidad, en cuerpos rotos, en muertos anónimos y excluidos de la memoria, en feminicidios y otras violencias de género. Un mundo que narrativiza la corporeidad de la violencia. Leer...


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5. México 2020

Hace casi 20 años, Rossana Fuentes Berain se preguntó por primera vez cómo llegaría México al año 2020; cuál sería su rostro económico, social y urbano en esa fecha. En este libro, la periodista y académica evalúa las cuatro opciones de futuro que propuso entonces y advierte que hoy se han reducido a dos, que estamos ante un “volado histórico”: o encontramos una manera de ejecutar las reformas estructurales y sumarnos a la revolución digital evitando la corrupción, con lo que México llegaría a 2020 convertido en un país moderno, productivo y más igualitario, o fracasamos en ese intento y lo hará sumergido en la violencia y la informalidad. La moneda está en el aire; estas páginas te ayudarán a interpretar (no adivinar) de qué cara será más probable que caiga, y a diseñar un plan de acción personal en función de ese contexto, para que te construyas el mejor futuro posible. Leer...                   

Imagen relacionada6. Pensiones en México 

México ha engendrado una bomba de tiempo por las pensiones públicas, cuya insolvencia puede poner en jaque a las finanzas de los tres niveles de gobierno esta década. El estudio, soportado en datos oficiales y valuaciones actuariales, nos recuerda que la deuda por pensiones ya rebasa el 100% del Producto Interno Bruto, lo que representa más de tres veces la deuda pública total y más de diez veces la base fiscal del país.

El autor propone detalladamente «un replanteamiento fundamental de la seguridad social hacia un sistema de derechos universales, complementado con sistemas de reparto o de contribución definida fondeados por patrones y trabajadores». Lo anterior, bajo la premisa fundamental que «los déficit pensionarios son responsabilidad de los patrones públicos y sus trabajadores, no de los contribuyentes». Vásquez Colmenares -experto en seguridad social y pensiones- habla del tema sin tapujos buscando contribuir a desactivar este enorme desequilibrio y evitar para México un desenlace trágico como el que se vive hoy en varios países de Europa. Resolver el tema de las pensiones es un reto donde, o todos ponemos… o todos perdemos. Leer...




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7. La nueva tragedia de México: la reforma energética

La madrugada del 11 de diciembre de 2013, el gobierno de Enrique Peña Nieto —con el voto de los senadores del PRI, de sus aliados del PAN y otros partidos— consumó, de manera apresurada, una reforma constitucional que se traduce en uno de los mayores despojos de los bienes de la nación.

A partir de este hecho, Dolores Padierna ofrece una radiografía del principal proyecto de Peña Nieto como presidente, al mismo tiempo que advierte que este modelo, además de incrementar los niveles de pobreza y desigualdad entre los mexicanos, ha colocado a nuestro país en una situación de vulnerabilidad, no sólo en materia energética, sino en gobernabilidad, sustentabilidad ambiental y seguridad nacional.

Sin ninguna concesión, la autora aporta elementos fundamentales para la reanudación de un debate impostergable, en el que la ciudadanía no puede quedar al margen. Leer...


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8. El libro negro de la izquierda mexicana

¿Qué define a la izquierda mexicana reciente? ¿Rosario Robles entregando las llaves de la Ciudad de México a Fidel Castro? ¿Andrés Manuel López Obrador tomando Reforma durante meses en 2006? ¿Los grotescos episodios protagonizados por personajes como Juanito, Ponce o Bejarano? ¿La derrota de la inteligencia frente a la ideología que sufren algunos furibundos militantes del gremio intelectual, al aplaudir sin matices al caudillo –léase subcomandante o candidato presidencial– en turno? Pareciera que esta corriente política –que se supone considera fundamental el pensamiento crítico y libertario– es incapaz de efectuar una revisión de conciencia profunda y comprometida. El libro que tiene entre las manos esboza una biografía de la izquierda: un retrato de familia donde sus ilustres miembros, de un modo u otro, se han esmerado por aportar algún escándalo al anecdotario familiar. En el camino dejaron sin opciones de voto a muchos ciudadanos convencidos de que una izquierda razonable puede y debe gobernar este país… pase y deprímase un poco. Si puede, diviértase también. Leer...


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9. El poder en el Trópico


Ya sabemos que el medio físico no es determinante de los procesos políticos y sociales, pero tengamos presente que en esta porción del territorio del país, lo más tropical de México, los ríos se desbordan, el cielo es proclive a la tempestad, los verdes se amotinan y el calor de la primavera o la ardiente canícula encienden las pasiones de los hombres y hacen brotar con facilidad la ruda franqueza… Leer...





Con información de Alejandra Arévalo
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7NN: Levántate, no tienes los huesos rotos

Levántate, no tienes los huesos rotos
Por René López


«Busquemos una joven virgen que lo
atienda y lo cuide, mi señor;
dormirá en sus brazos y le quitará el frío»
Reyes 1:1

No despiertes; me doy una orden que no voy a atender: no despiertes. El clip continúa y yo despierto. Dentro del video, la otra yo ve al anciano muerto y grita. Mientras observo, fuera, también yo grito. En la última semana he visto ciento cincuenta veces al anciano tomar un té, desnudarse y quedarse dormido hasta la muerte, a un lado mío. Tengo la grabación porque quería saber qué pasaba mientras yo dormía.

De manera regular iba a casa de Sara; ella me daba un té para dormir por varias horas.  Mientras duermo, hombres, ancianos casi todos, intentan suplir su incapacidad sexual con fantasías. A cambio pagan la factura de mi celular, dos entradas al mes para un restaurante lujoso y un exclusivo spa de su propiedad. El dinero que recibo es aparte, depende de las personas que atienda. Casi siempre es más dinero del necesario para pasar muy bien el mes.

El contrato no restringe nada, pueden hacerme lo que sea, salvo penetrarme. Pueden lamerme, escupirme o venir a morir  envenenados a mi lado y pagar por ello.

No lo sabía, por eso compré la cámara miniatura.

Al día siguiente vinieron a mi departamento a recordarme el acuerdo de confidencialidad que teníamos. Yo puedo decir nada sobre el hombre envenenado.

Trato de olvidarlo y seguir yendo a la universidad. Pero mi celular timbra. Timbra y lo  silencio. Timbra aunque lo ignoro. Timbra y, cuando contesto, es ella. Ya no quiero ir de nuevo a tu casa, Sara. Te entiendo, Lucy, no voy a llamar en un tiempo, descansa.

Pero tengo miedo. Por las noches veo automóviles  que me siguen de regreso desde la estación del subterráneo. Dos noches seguidas un hombre de chaqueta café va detrás de mí,  intenta hacerse el disimulado y cometo el error que me pone en donde estoy. Marco el número de Sara y le digo que deje de molestarme. Intenta defenderse, no sabe de lo que hablo. ¿Y los automóviles, y el tipo de la chaqueta?. Sigue sin entenderme; entonces le digo del video, si continúa su acoso lo haré público. Me grita, sabe donde vivo, no me estaba siguiendo pero ahora no se detendrá hasta tenerme a mí y al puto video, luego cuelga.

Me quedo quieta, pensando al borde de la cama. Tocan la puerta, mi sangre abandona mi cara y siento una palidez dolorosa que marea. Corro al baño en puntas. Si recuerdo que estoy viva es sólo por el dolor al golpearme con el lavamanos. Se hace un silencio profundo, escucho caer el agua en el depósito del escusado. Desde afuera me gritan. Es la encargada de cobrar la renta, no estará la próxima semana pero puedo depositar en una cuenta de banco.

***
Teniendo a las personas indicadas puedes encontrar a quien sea. Me imagino que Sara tendrá a cualquiera de los ancianos a su disposición, pero no creo que sean las personas precisas para encontrarme. Ni yo sé dónde estoy. Busco alguna noticia que hable del hombre en casa de Sara, no hay nada. Nada.

Debo calmarme, hacer una lista de lugares en donde esconderme. No debo ir con amigos o familiares. Aunque quisiera, mis familiares no me hospedarían y mi lista de amigos es inexistente. Descarto la posibilidad de un hotel, ya no es fácil registrarse con un nombre falso. ¿Se encuentra bien, señorita?, me dice el camarero del café. Sí, sólo mis exámenes, respondo intentando justificar mis lágrimas  y todas las hojas en la mesa. Me trae un té. Es un regalo, para que termine pronto. Espero terminar pronto.

CouchSurfing, plataforma de hospedaje gratuito. Busco desde el celular. Me arroja varios sitios, en casi todos tienes que registrarte y mostrar credenciales. Finalmente descubro uno que es más amable con las restricciones, dice en su página principal:  “un esfuerzo de buena voluntad en contra de empresas que hacen negocios con la colaboración”. Qué estupidez. Yo sólo busco un lugar más o menos seguro y lejos de mis rumbos usuales.

Mi anfitrión es un tipo flaco, huele a tabaco, tiene libretas y papeles tirados por todo el diminuto cuarto. Me preparó un futón, él no dormirá acá, tiene una reunión con amigos, pero puedo sentirme en casa. No, gracias, le contesto en mi mente y me siento a esperar a que se vaya para  acostarme. No duermo, siento que estoy olvidando algo, siento que Sara o algún tipo contratado por ella estará esperándome afuera para cuando salga, o que al doblar la esquina los voy a encontrar. Va a ser fácil para ellos, aún recuerdo algunos movimientos de kick boxing, pero ocho años sin entrenar son demasiados.

Logro empezar a soñar. Dentro del sueño estoy dormida en la casa de Sara, pero el cuarto no está; todo lo que nos rodea es una nube color esmeralda, me levanto, estoy gritando, siento el esfuerzo pero no se escucha nada. De pronto, el anciano muerto se despierta y me voltea a ver. Le faltan pequeños pedazos de piel, alcanzo a ver larvas blancas en algunas partes de su rostro. Me toma de la cara y mete su lengua a mi boca. Intento despertar, pero sigue aquí conmigo, siento su peso sobre mi pecho y no me puedo despertar. Lloro, siento mis lágrimas correr. Intento hablar pero no puedo porque tiene su lengua hurgando mi boca. Abro los ojos y el tipo flaco está sobre mí, no tiene camisa, está borracho y dice cosas que no logro entender. Lo empujo y cae, lo pateo en el suelo. Cojo mi mochila y me largo, sin más trámite. Salvo en la casa de Sara, nunca duermo desnuda en las casas ajenas.

***
Regreso por donde llegué. Ya no me siento perseguida, pero sí perdida . Me dirijo al café. Está a punto de amanecer, así que espero sentada en la banqueta a que abran. Me despierta el mesero, levanta la cortina, me hace pasar y prepara la mesa más próxima a la ventana, me sirve dos panes con mermelada y café.

No hablo nada mientras como, él no dice nada. A veces, cuando termina de limpiar algo, se sienta conmigo y me observa. Está para cualquier cosa que necesite, dice.

Se levanta para atender a los clientes que comienzan a llegar, siento sus miradas en mí, como si supieran que huyo, como si supieran algo y fueran parte de un grupo organizado por Sara. Una anciana me voltea a ver y me recuerda a mi abuela. La señora que espera un desayuno y su pequeña hija me recuerdan a mi madre y a mi hermana. Al anciano de traje no lo puedo relacionar con nadie, pero es el que más me parece conocido. Comienzo a sentirme mal. Siento una mueca que mi cara hizo por sí misma: es el muerto, me sonríe. El mesero sirve café en la mesa de junto. No me puedo parar y llegar al anciano. Lo cojo de la camisa. Voltea y en el movimiento, con el brazo que sostiene la cafetera, me noquea. Despierto, algunas personas están cerca, el mesero trae un trapo mojado que me pone en la cabeza. El anciano muerto ya no está, vuelvo a cerrar los ojos.

***

Las paredes hablan, las mesas, los sillones; cualquier decorado dice quién es la persona que vive en el espacio en el que estás. Es muy identificable la presencia o la ausencia de un florero, un cuadro o alguna pintura. A veces engañan, claro, a veces pensarías que una buena persona vive en una casa acogedora. Casi siempre es fácil saber de las personas por sus hogares.

Así comienzo a entender al mesero, Tel Fitt se llama, es hijo de inmigrantes angoleños, él ya es de acá, supongo. Comparte casa con otras dos personas, uno trabaja y el otro estudia, ambos están fuera de la ciudad ahora. Dividen el alquiler, de otro modo no podría tener una habitación decente. Que me lo digan a mí, también fui mesera.

Puedes quedarte acá, el café está a un par de cuadras, recuerdas por dónde llegar ¿cierto? Creo, le contesto.

Observo un pequeño cuadro en un portarretratos, es un atardecer: rojos y naranjas en el cielo, los árboles están pintados con negros. De ahí debe venir Tel, pienso.

Por la noche, cuando regresa del café, horas después, ya sé casi todo de él. Basta algo de plática para darme cuenta que mis apuestas son ciertas. Sé que estudió arte y no pudo concluir.

Hay una dedicación profunda cuando hace cualquier cosa: prepara comida, lo que plasma en un cuadro, una figura de cerámica o la atención que pone en mí. Es como si hiciera todo con una fuerza vital que envidio.

Puedo definir precisión cuando él pregunta. Sus preguntas están a la mitad; no es intrusivo, pero me hace sentir confiada para dejarle entrar a una parte de mí. Escucha con atención, hablar con él es como pensar cosas en voz alta, cada vez con más claridad. Comienzo a decirle el embrollo en el que estoy, le hablo de Sara y del muerto, incluso le menciono que dudo un poco de él por mi última experiencia con el flaco asqueroso. Sonríe un poco, me dice que es normal, pero vale más la pena confiar en los otros.

A la hora de dormir me dice que duerma en su habitación, él puede dormir en la cama de alguno de sus compañeros. Quiero dormir con él, abrazarlo y sentir que ésta es mi casa y que no tengo que esconderme más, quiero verlo dormido y saber que mientras yo duerma él sólo estará ahí para mí. Pero es mejor dormir sola. De cualquier modo cierro con seguro la puerta y duermo vestida, aunque me quito el brassier y los zapatos.

Duermo reconciliándome con la cama. Duermo y me imagino que la cama vuelve a ser un sitio para esconderse. Si pongo mi cabeza debajo de la sábana nada puede pasarme porque es un campo de protección contra Sara y contra el mal del mundo. Comienza a haber ruido, como alguien afuera tirando platos, como mis padres discutiendo. Despierto y me mantengo con la cabeza debajo de la sábana, el ruido desaparece por un instante, todo es callado y suave, las cosas van bien, estoy tranquila.

Recuerdo que no estoy en casa. Salgo de la cama y en la sala veo a Tel en el suelo, y a varias personas en la habitación; uno de ellos revisa el cuello de Tel, otro está detrás de un hombre. Un hombre que sostiene mi teléfono, un hombre que se supone está muerto.

Te doy miedo, dice, más que un señalamiento es una orden. Me quedo callada. Sara me dijo que te escondías, pero ella tiene rastreada tu línea, ella la paga. ¿Cómo mierdas puede estar acá? Puedes hacer lo que sea con el video, me da igual. Por favor caballeros, salgan. Vinieron por si había problemas con el negro.

Mi cara vuelve a moverse sin mi permiso, tengo miedo y no sé qué está pasando. Los tipos salen y el anciano se sienta en el sillón, mira hacia arriba, parece complacido. Sabes, me dice, a algunos nos gusta mucho ver el miedo. Qué hermosa eres cuando tienes miedo.

Entonces me enciendo, un ardor desde la boca de mi estómago sube y mi cabeza explota, no sé en qué momento me pongo encima de él. Lo golpeo. Su cara comienza a desaparecer es como esculpir un cadáver. Mis brazos, no me obedecen, hacen con el anciano lo que ellos quieren. Ya no se mueve ni lucha contra mi cuando suena el teléfono. Es Sara.

-Lucy ¿Ya está contigo el señor Ellison?
- …
- ¿Lucy?
- ...
- Discúlpanos el mal rato que pudimos hacerte pasar, Gerald insistió en seguirte, no podíamos decirte, él quería ver tu miedo. No es nada personal. De verdad...
- …
- Cuando puedas pasa a mi casa para pagar tus honorarios, tres veces lo que recibes regularmente, creo que lo vale.


Sara cuelga, aprieto el celular y con la mano cerrada golpeo de nuevo a Gerald Ellison, si no tenía los huesos rotos, ahora sí.




Siete Nuevos Narradores

Editorial

Nos gusta tomar letras para formar palabras, aunque no despreciamos el agua, la leche, cerveza, güisqui o bebernos alguna que otra idea para ir alimentando nuestras historias.

Nos gusta escribir lo que vemos, pensamos, sentimos. Intentamos ser fieles a nosotros mismos, aunque de pronto nos traicionamos y somos más fieles a nuestras inquietudes, nuestros vicios, nuestros miedos, nuestras certidumbres y nuestras dudas, de ahí nacen nuestras historias.

Hijos de nuestro tiempo, apostamos al ciberespacio y nos subimos a la revista Sputnik 2 (junto con Laika) para poner en órbita nuestras letras. Pase, léanos, quizá se reconozca en alguno de nuestros textos. Recomiéndenos si pasa un buen rato leyendo, sino escriba para decirnos lo malos que somos. Apostamos a divertirnos, generar nuestra propuesta literaria para que sepan que aquí estamos y derramaremos letras e historias desde Aguascalientes.

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7NN: Códigos de convivencia

Códigos de convivencia 
Por Mauricio Caballero 

No sé cómo empezar, porque me cae de madre que está cabrón tío. Al chile le digo, sé que ya estoy muerto y me cago de pinche miedo, pero quiero que entienda el porqué lo hice. 

Recordará que hace muchos años cuando estaba por acá, la vida estaba cabrona. Que mi primo y yo éramos unos huercos como de doce años, que usted no encontraba chamba y decidió irse a la capirucha, que para que les vaya mejor, ¿lo recuerda? Pues ahí qué le cuento, ya sabe bien que al inicio estuvo difícil, pero que después a mi primo, gracias a usté, le fue chido acá, con sus envíos de lana, sus regalos y esas cosas. Acá el primo bien chido nos comenzó a pichar cosas, la cheve, el pisto, las morras, se compró una troca y dábamos el roll. 

Al chile no sabíamos en qué andaba metido usté, pero ya después nos lo imaginamos. A mi primo se le hizo fácil y se metió a esos bisnes, yo le dije que ya tenía feria de usté, que pa qué chingao se metía en esas cosas. Pero pues quiso más, y le entró a lo mismo. 

Le va a sonar a guasa, pero esto es neto tío, por favor aguante. Recuerda que cuando vivía acá en Tijuana, una vez vimos una movie de esas viejitas mexicanas, se llamaba El esqueleto de la señora Morales, ¿lo recuerda? 

¡No tío!, espérese, aguante, puta madre, aguante tío. 

¿Recuerda al vato ese de la peli, el que siempre se la pasaba contento? Pues algo así le pasó al primo. Ya dentro de ese jale fue cuando empezó a portarse bien culo, se le subió al muy perro, se sentía el muy cabrón y el más chingón del barrio. Y ahí andaba paseándose, todo feliz por las calles, por la plaza o de visita en mi casa. En la peli el vato lo hacía porque así era, era todo feliz, pero acá no tío, el primo lo hacía para chingarme, sí, pa joderme, para restregarme que él tenía lana y yo no. Mi madre lo quería mucho, lo dejaba pasar a la casa y lo consentía, él le dejaba dinero y cosa pa la casa. El muy cabrón decía que lo hacía porque quería mucho a mi ma. Y luego ella me echaba en cara frente a él, que él parecía más hijo que yo, ¡que yo tío!, yo que soy su hijo de verdad. Cómo me chingaba eso. Y el primo, muy sonriente, muy feliz. Perdón tío, pero pinche primo, si en realidad era bien culero, se la bañaba con todos, con todos tío. 

Chingado, tío, que no, que no es guasa, escúcheme. 

Y pa fregar más, le empezó a tirar carro a mí hermana, y claro, ahí sí le bajo de humos, después de que no me pelaba el muy culo, ahora llegaba como el gran amigo, y yo de pinche pendejo que le creí. El muy cabrón comenzó a venir a la casa más seguido, a cada rato cambiaba de troca, llegaba con buena feria, su buchanas y las rolas a todo lo que daba. Me comenzó a platicar de sus cosas, me enseñó su fusca, su cuerno. Me decía que le entrara al negocio y yo la neta me sordeaba. Pero usté sabe que la vida está bien cabrona, sabía de la situación en mi casa y de mi jefa. Y pos le entré, me tragué mi pinche orgullo y le entré. Pensé, que si ahora era yo quien llevaba cosas a casa, mi jefa iba a dejar de estar chingando con que no era un buen hijo. 

Pinche vida tío, pinche perra vida. Al chile es lo más perro que he hecho, pero en este pinche pueblo no se puede hacer otra cosa, y sé que sigo siendo chavo y pude haber intentado otra cosa, ¡pero cabrón!, en este jale me hice de feria muy rápido. Le pude dar más cosas a mi jefa, le pude ayudar con sus tratamientos. Ver a mi jefecita recuperarse, es lo que me daba fuerzas para aguantar todo este pinche desmadre. Verla caminar, sentirse mejor, verla sonreír tío, ¡sonreír! Pinche vida loca, la acomodé en una mejor casa, con más espacio, ya no hacía falta comida, le pude pagar la prepa a mi hermana. 

Puta madre tío… sé que está muy encabronado por todo esto, pero quiero que sepa porqué lo hice. 

¿Recuerda que le tiraba carro a mi hermana? Tío, pos yo no supe por qué pinches hizo eso el muy culo. 

No, tío, no, puta madre, mi dedo, aguante tío, le digo, le digo. 

Se chingó a mi hermana tío, se la chingó, ella no quería y a él le valió madres, llegó a la casa sabiendo que yo no estaba, llegó bien pedo, encerró a mi jefa en un cuarto y se fue a otro con mi hermana, ella no quería, no quería. Puta madre tío, es mi familia, ¿por qué no se fue con otra morra, por qué no agarró a alguna de la calle? Si ya lo había hecho antes. 

Y él, como si nada, ese mismo día muy sonriente me lo dijo en la cara, frente a los compas del cártel, pinche puto culo. 

Tío, no, aguante, no ya no, pare, pare. 

Tío, yo no pude hacer nada, yo no sé cómo sean allá con usté, pero acá, nuestro pinche código es muy cabrón, él ya estaba en los altos rangos y yo como apenas empezaba, pos no podía hacer nada, solo callar, ¿usté sabe lo culero que se siente eso?, pinche impunidad. Y seguro sabe que ya dentro no hay forma de salirse, así que no me quedaba de otra, mas que callar y aguantar vara. Luego de eso ya dejó de ir a la casa, pero yo lo seguía viendo en el jale, tan feliz el puto. Mi hermana tuvo un niño y a él le valió madres. 

No sabe la sorpresa y gusto que me dio cuando me enteré que se había cambiado de bando. Usté sabe cómo es esto, le pusieron precio a su cabeza y pos los compas luego luego me avisaron. Era el momento de vengar a mi hermana, es mi familia, comprenda. 

No tío aguante, espere, tío, no. Se lo juro, yo no hice eso chingao, no fui yo, pinche tío, no. 

Se lo juro, que yo no hice eso, ya cuando di con él, yo solo le di un tiro en la cabeza, se lo juro, por mi madre, por mi hermana, yo solo hice eso. 

Tío no, chingada madre, no, pare, aguante. 

Yo, yo no sabía, fueron mis compas, yo no, fueron ellos, yo no sabía, ellos le dieron el cuerpo al pozolero, yo no sabía nada de eso. 

Tío, aguante, aguante. 

Yo que chingaos iba a saber que el primo se cambió a su bando, con usté, y que usté se iba a enterar. Pero así es la perra vida, sigue estando bien cabrona. Yo sé que ya estoy muerto tío, lo sé. Solo aguante, apiádese, ya le di mis razones. 

Sé que ustedes son bien sanguinarios, pero por favor tío, solo le pido, por mi jefecita, por su sobrinito, le pido, le ruego, que no me haga lo que le hicieron a la doña de la peli esa. No me haga lo que le hicieron a la señora Morales. 


Marzo 2018




Siete Nuevos Narradores
Editorial

Nos gusta tomar letras para formar palabras, aunque no despreciamos el agua, la leche, cerveza, güisqui o bebernos alguna que otra idea para ir alimentando nuestras historias.

Nos gusta escribir lo que vemos, pensamos, sentimos. Intentamos ser fieles a nosotros mismos, aunque de pronto nos traicionamos y somos más fieles a nuestras inquietudes, nuestros vicios, nuestros miedos, nuestras certidumbres y nuestras dudas, de ahí nacen nuestras historias.

Hijos de nuestro tiempo, apostamos al ciberespacio y nos subimos a la revista Sputnik 2 (junto con Laika) para poner en órbita nuestras letras. Pase, léanos, quizá se reconozca en alguno de nuestros textos. Recomiéndenos si pasa un buen rato leyendo, sino escriba para decirnos lo malos que somos. Apostamos a divertirnos, generar nuestra propuesta literaria para que sepan que aquí estamos y derramaremos letras e historias desde Aguascalientes.

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7NN: El Océano

El Océano 
Por Quetzalli Aquino


Cerró la puerta tras ella. 

Detrás de esa puerta había comida fría, promesas rotas y gritos que aún rebotaban en las paredes. Aquella casa era la obra negra de un hogar. Una pecera que le quedaba chica. 



Echó un último vistazo a la fachada. La pintura desgastada y el óxido en las ventanas parecían pedirle que se quedara. Pero no lo haría. Nunca volvería. 



El océano era grande y ella también.



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7NN: El violinista

El violinista 
Isaías García

Se escuchaban aplausos en todo el auditorio mientras se abría el telón, la sonrisa perfecta ante el éxito de un hombre que era reconocido por los ahí presentes, una melodía resonaba vigorosamente y aquel concertista arrancó con gran maestría el espectáculo, alegremente movía de lado a lado el arco que sostenía en su mano derecha, las luces daban brillo a su traje oscuro y al peinado perfecto que mostraba magistral belleza. 

Al término del concierto Jan se dirigió hacia su camerino, en la entrada había un ramo de rosas decorado con un moño color dorado, una nota en la cual estaba escrita una dirección y hora, aquella era la cuarta de la semana, un lugar especificado y sin remitente. La curiosidad se apoderaba de aquel hombre, nacía la curiosidad de saber quién era su admirador secreto pero cierta inquietud provocaba pánico de sólo pensar que se encontraría a lo inesperado, sin importarle su sentir se encaminó al lugar acordado. Al encender un cigarrillo era como aumentar el ego, jugaba con el humo con aires de grandeza, altanero y burlesco mientras imaginaba a una mujer hermosa de grandes pechos a la cual llevaría a un cuarto de hotel. Pasó por un callejón de la ciudad, los maullidos de los gatos producían un ruido ensordecedor provocándole preocupación y un presentimiento extraño. El miedo se apoderó de sus sentidos, sintió que alguien lo perseguía, creía que había alguien detrás de él, aceleró el paso, tiró la colilla del cigarro y a su vez limpiaba el sudor de su frente, las manos le temblaban y sentía no avanzar. De un parpadeo a otro, se encontró en el lugar descrito en la nota, había avanzado quince cuadras sin haberse dado cuenta. 

Aquel lugar era un restaurante fino, las puertas eran de cristal que permitían una visión más precisa de cada rincón, personas elegantes y bien parecidas, un lujoso establecimiento para gente de alcurnia. 

Por algunos minutos Jan dudaba en entrar, mientras esperaba sentía un hueco en el estómago, una presión en su pecho y las ganas de huir de ahí. Al entrar lo atendió un mesero de nombre Alfred, lo condujo hacia una mesa y le entregó una carta del menú del día. Pasaron 20 minutos y no llegaba la persona que lo citó en aquel sitio. Enojado se levantó encaminándose a la salida, algo acaparó su atención, detrás de las puertas un hombre desaliñado, gabardina, playera, zapatos y pantalones rotos, desgastados y sucios; su cara, cabello y manos se veían grasientos por la mugre, con una mirada triste dirigida hacia él, sus ojos lo veían con lastima y tristeza, aquel sujeto sostenía en su mano derecha un pequeño baúl y en la izquierda un violín viejo, Jan quedó impactado, sentía pena, señaló en darle una moneda, al buscar en su bolsillo se percató que el pantalón era el mismo que de aquel vagabundo, sus manos tenían mugre, sus zapatos se veían cenizos y con agujeros, miró las paredes del lugar y a las personas, el sitio se transformaba en una cantina de mala muerte, fue cuando comprendió que aquel ser era su reflejo, respiró aquel olor a sueños rotos y así dejó caer sus ilusiones cristalizadas en una lágrima, esa situación era tan triste como el escuchar un violín desafinado que emite sonidos discordantes abriendo paso a los crueles sueños frustrados.



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7NN: El protagonista

El protagonista 
Por Sergio Martínez


¡Esto es un secuestro! Me sacó de la pantalla jalándome de las solapas de la gabardina y me metió a la fuerza al papel y a la tinta, que lo sepa el lector. Ahora quiere que siga al pie de la letra sus indicaciones, ¡se le va la pinza! Un policía no obedece órdenes de nadie, menos Jaime Peña, ¡me piro de aquí! No me arrepiento de nada, todo fue calculado fríamente, de alguna manera me tenía que vengar… fueron los causantes del accidente y aún así nos dejaron abandonados con mi mujer seriamente herida… ¿Qué no cuente al lector eso?, ¡tú no me vas a decir qué contar, pringado! Si ya estoy acá, aprovecharé la ocasión. Eso. Lo que me movió fue el dolor de perder a mi esposa, ver paralizada de miedo a mi hija, suplicar ayuda y verlos huir velozmente. Las cosas se hicieron en silencio, lo del robo del cuerpo principalmente, todo salió a la perfección. El crimen no lo cometí yo, mi mano solo movió la cuna, las apasionadas apetencias físicas del señor Ulloa fueron el motor de todo. No, no, no. No me harás hacer o decir lo que quieres, aunque me piques los ojos con la pluma, me cierres la boca con la goma. 

Tenía un motivo para hacer lo que hice. Venganza dicen algunos, justicia lo llamo yo. No, no, no; no dejaré que tus letras sean los hilos que me muevan, que tus ideas me conduzcan como marioneta, me resisto a ser tu personaje, ¡flipas! No seré un gilipollas al que gobiernas por medio de tus letras. No me volveré el superpolicía fantasma que construiste en tu cabeza y venga los crímenes de tu sociedad, soy de verdad y habito en la película que protagonizo. A tomar por el culo, escritor cagatintas, el inspector Jaime Peña no obedece instrucciones de nadie.



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7NN: El milagro de Merceditas

El milagro de Merceditas
María Santos


Llevaba años escuchando lo mismo y aconsejando lo mismo. Todo en ese pueblo era predecible. Deseaba que por lo menos una persona se atreviera a confesarme alguna de sus perversiones. No tenía que verme a los ojos, el confesionario ofrecía muchas ventajas, pero se había convertido en un lugar infructuoso. Sin embargo, cierta tarde llegó un hombre. Si lo juzgara por la voz, diría que tenía más de 60 años. Me confesó que hace mucho tiempo participó en una orgía donde tuvo relaciones con mujeres y hombres. Nadie en el pueblo me había hecho una confesión de ese tipo. Le dije que se fuera tranquilo, pero él seguía hincado. Quizá se desconcertó con mi respuesta. Antes de levantarse me preguntó cuál era su penitencia, le respondí que su sinceridad lo había absuelto. 


Después de dos semanas ese hombre volvió a la capilla. Me confesó que hace muchos años se fue a California donde trabajó como actor pornográfico y consumió drogas; a sus familiares les dijo que trabajaba pizcando chícharos y su mayor conflicto era seguir cargando esa mentira. Le dije: - Acuérdate, el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra, pero si lo que realmente te libera es decírselos, adelante. Luego le pregunté: - ¿Sigues consumiendo drogas? Me respondió que no. Me quedé pensativo, le dije que su historia me había recordado un filme que vi hace muchos años, Boogie Nights. Al instante él me preguntó casi aseverando ¿Oiga Padre, esa película viene en un estuche que dice El Milagro de Merceditas, verdad? Me quedé pasmado, ¡cómo era posible que supiera eso! Enseguida añadió: - Lo que pasa es que yo trabajo en una tapicería y hace unos días llevaron un sofá de la Sacristía que estoy por terminar. Cuando quité el cuero vi que adentro había varios DVD´s, entre ellos Boogie Nights


Cuando escuché eso, no creía semejante casualidad. Le comenté que en nuestra diócesis eran muy rigurosos y algunos sacerdotes teníamos que recurrir a eso. Antes de pedírselo, él me dijo que sería discreto y que vería la película.



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7NN: Letras de Dennise Rodríguez


Denisse Rodríguez


H- S A- M 


Hay instrucciones para todo, hasta instrucciones para subir una escalera, pero menos para olvidar.

Y, sé entonces que ahora existen dos pieles, una que se llama memoria y otra que sostiene mis huesos. Pero hoy no tengo memoria y no estoy en coma. 

Espacios en blanco ahora habitan en ella y es así como escribe un muerto después de eslabones de lágrimas, después de lugares, personas, cosas que me sacuden tu ausencia, después del hoyo negro en el que me convierto 

Donde todo nuestro tiempo juntos, ahora son diez minutos y es ahora lo que más veo, que al cielo desnudo, con mi ojos abiertos y cerrados y eso es algo aterrador, aunque vayan acompañados de la misma canción al subirme a un carrusel viejo que construimos, donde solo aparecen billetes de recuerdos que no tiene valor, solo para nosotros dos. Donde al final se resbala en mi todo lo que fui ayer. Donde al final de la carrera nadie llega a la misma meta. Suena a tragedía. But all my tears have been drowned. 


Somos caníbales, empezamos la guerra disparando de nuestras bocas, besos. 

Somos caníbales al creer que una persona es amor y consumirlo hasta los huesos. 

¡Vaya traición, vaya sermón… que decepción! 


Escucharé mejor ahora la canción del elevador donde ya no hay estación ni locomoción de los dos, pero sin antes decir adiós. Me lo enseñaron a decir, pero no a sentir el adiós. Adiós, adiós.



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