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Cantinflas: Acá NO está el detalle, chatos (tampoco el buen cine)

“Cantinflas” decepciona casi en su totalidad. Se trata de una película producida por Televisa y, como casi todo lo realizado por esa empresa en el ámbito televisivo, la forma se impone sobre el fondo.

19 septiembre 2014

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Cinetiketas-
Por Jaime López Blanco-

“Cantinflas” decepciona casi en su totalidad. Se trata de una película producida por Televisa y, como casi todo lo realizado por esa empresa en el ámbito televisivo, la forma se impone sobre el fondo.

Protagonizada por el actor español Óscar Jaenada (“Camarón”, “Noviembre”) y dirigida por Sebastián del Amo (“El fantástico mundo de Juan Orol”), la cinta utiliza como pretexto la anécdota de cómo se trataba de levantar la gran producción estadounidense de 1956, “La vuelta al mundo en 80 días”, para relatarnos el encuentro entre el productor de aquella cinta, “Mike” Todd (acá interpretado por Michael Imperioli, de la serie estadounidense “Los Soprano”) y uno de sus protagonistas, el artista-comediante Mario Moreno “Cantinflas”, quien por esos años era ya un actor consagrado tanto en México como en Latinoamérica.

Ese es el primer error de la cinta; que se nos presenta una narrativa atropellada, desordenada y sin fuerza en su montaje. Una cosa es que “Cantinflas” hablara de cierta manera, particular y famosa, muy distintiva de él, pero no había que trasladar su caótico lenguaje al plano cinematográfico; es decir, la edición es “cantinflesca”, existe una sucesión de imágenes, escenas y secuencias, que aparentemente quieren contar algo, pero que realmente no dicen nada en el plano argumental, mucho menos en la gramática cinematográfica.

Por más que se nos quiera justificar alguna relación o similitud entre las dificultades que sufrió el productor “Mike” Todd, para levantar su proyecto profundamente ambicioso, con las dificultades que pasó Mario Moreno para consagrarse como artista del pueblo, el paralelismo se siente hueco y forzado.

La biografía y la historia se tornan anecdóticas y superficiales. Más parece una serie de cameos innecesarios de artistas del cine mexicano de aquella época, junto con la exhibición de datos o cosas que ya se sabían de la vida de Mario Moreno y su “Cantinflas”, que un verdadero intento de biopic. Eso sí, la producción parece de primer nivel aunque, una vez sentado en la butaca, tristemente uno se va dando cuenta que se trata de algo artificioso y acartonado; varias de las escenografías y gran parte del diseño de arte se percibe plástico, no natural, algo que si se percibía en la ópera prima de Sebastián del Amo, “El fantástico mundo de Juan Orol”.
Muchas veces se habla de los guiones y cintas "de encargo", y se sabe que no se debe esperar mucho de ellas, pero esta abusa de esas bajas expectativas. “Cantinflas, la película”, es un largometraje encargado por el “Canal de las estrellas” para obtener dinero y, lamentablemente, lo va a lograr (las salas casi llenas en su día de preestreno lo confirman). De paso, ya le hicieron más publicidad al ser la elegida para intentar representar a México en la próxima entrega del Oscar, dentro de la categoría de Mejor Película en Lengua Extranjera. Gran error: ni es una digna representante del cine hecho en nuestro país y, además, evidencia cierta ignorancia de parte de quienes la eligieron, ya que la realización posee en gran parte de su metraje escenas habladas en inglés, una de las restricciones para ser seleccionable en la mencionada categoría.

Algunos columnistas y medios nacionales destacan la interpretación de Óscar Jaenada como lo mejor de la película, pero ello tampoco me parece totalmente cierto. Aunque su caracterización -tanto física y emocional- del considerado El gran mimo de México no cae en la burda imitación, el acento español le traiciona cuando la hace de Mario Moreno, el actor o el ser humano. Además, hay que fijarse bien para ver que en diversas ocasiones no existió una buena dirección en su actuación, porque muchas veces no se diferencia la forma de hablar entre su “Cantinflas” y su Mario Moreno. 

Por otro lado, los momentos climáticos y dramáticos de la película llegan sin interés ni gracia. Aunque Ilse Salas hace cierto intento para que su Valentina Ivanova resalte en las escenas de lágrimas, su esfuerzo es en vano al complementar sus intervenciones con resoluciones de pena ajena. Por ejemplo, existe aquella secuencia en que Valentina Ivanova le confiesa a Mario Moreno que no puede tener hijos; ¿cuál es la reacción inmediata del personaje? Salir dizque enfurecido por las escaleras al patio de su casa, mirar al cielo y llorar mientras una lluvia digna de la ridiculez de las telenovelas históricas de Televisa cae sobre sus hombros. Una oda a la mediocridad argumental.

Lo más triste de todo es atestiguar que en la sala en que vi la película en cuestión, al final de la exhibición, una docena de asistentes aplaudieron a la misma. Un aplauso a la vulgaridad artística y a la ignorancia, legitimando el vicio de la narrativa televisiva y el desuso de la buena exigencia del cinéfilo mexicano. Era de esperarse; tonto uno por hacerle más grande el bolsillo a una productora que no le interesa en lo más mínimo venderte una buena historia sobre el “peladito” predilecto de México, y sí estafarte en todos los sentidos.
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