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En tren o en avión, según Charly García

Por Rodolfo Popoca | Charly García es uno de los dos o tres roqueros latinoamericanos más grandes que han existido.

08 julio 2015

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El banquete de los pordioseros | Por Rodolfo Popoca Perches |


No sé cómo empezar; déjame ver si puedo ordenar mis ideas y darles claridad y una adecuada fluidez, porque estarás de acuerdo conmigo, estimado invitado al banquete de esta semana, las ideas deben fluir libremente pero en orden, y lo que me pasa en realidad es que tengo una especie de tsunami en mi mente y las ideas corren de un lado para otro sin el más mínimo intento de un ordenado razonamiento lógico. Pero veamos, la idea es establecer un paralelismo entre dos circunstancias que a primera vista pueden parecer ajenas una a otra, pero al mismo tiempo reconciliables en este contexto, es decir, la diferencia que puede existir entre transportarse en tren o en avión, con la identidad y perfil de dos generaciones distintas. Me imagino que debes estar pensando que estoy medio loco, probablemente lo esté, pero permíteme explicarme, al menos lo intentaré, para empezar te diré algo, todo esto es culpa de Charly García, sí, el roquero argentino que en los años setentas integró un verdadero portento del rock en América Latina, un dueto con Nito Mestre llamado Sui Generis, que por ahí algunos temerarios han calificado como Los Beatles latinoamericanos, ya ves, existe una incomprensible, incomprensible al menos para quien esto escribe, tendencia de comparar todo tipo de manifestación artística destacada con Los Beatles, incluso en la literatura algunos despistados hablan de Los Beatles de las letras de América Latina y en este tópico se mencionan a Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar. No sé, puede ser divertido, aunque a mí me parece arriesgado por no ser esto más que un vulgar gancho publicitario, como suelen ser todos los ganchos publicitarios. Calificar de Beatles a todo proyecto exitoso pone en riesgo, incluso, la honestidad del concepto “Beatles”, pero en fin, permíteme volver al tema. 


Quiero decirte algo, es una confesión a manera de declaración de principios: para tu servidor, Charly García es uno de los dos o tres roqueros latinoamericanos más grandes que han existido, y no hace mucho, escuchando el disco Confesiones de Invierno, producción de 1973 de Sui Generis, por Dios qué discazo, y que cuenta con la colaboración de otros gigantes del rock argentino como León Gieco y David Lebón, me quedé pensando después de escuchar la canción “Bienvenidos al tren”, composición del señor Charly García, en una canción mucho más reciente del mismo rocanrolero argentino, se llama “No voy en tren”, este tema musical es del álbum Parte de la religión de 1987. Simplemente me llamó la atención que este mismo músico multiinstrumentista dijera a mediados de los años setentas: “Bienvenidos al tren, pueden venir cuantos quieran que serán tratados bien”, y más o menos una década después, el mismo Charly García dice: “No voy en tren, voy en avión, no necesito a nadie alrededor”, es decir, no sólo cambia de medio de transporte, se baja del tren y se sube al avión, sino que además reniega de la compañía que antes apreciaba y de la que aparentemente se sentía complacido. 


Me quedé pensando en que sin duda esto tiene que ver con el espíritu de la época en que cada una de las mencionadas canciones fue concebida en un contexto social muy diferente, y estarás de acuerdo conmigo, estimado invitado al banquete de este viernes, que la música, y en general el arte en cualquiera de sus lenguajes y expresiones, es el pulso de su realidad contextual, es como un medidor de la generación que lo vio nacer.

Así, de esta manera las dos canciones a las que me refiero en este banquete obedecen a realidades completamente diferentes, es mudarse del plural al singular, de la colectividad, del “nosotros” imperante en los sesentas y setentas, a la individualidad, del “yo” de los años ochenta. 


Charly García, más que Nito Mestre, sin ánimos de quitarle crédito a su trabajo, ha representado a por lo menos tres generaciones en el rock latinoamericano y me parece, salvo tu mejor opinión, que en diferentes momentos y de diferentes formas, e incluso desde diferentes trincheras, ha jugado el arriesgado y comprometido rol protagónico de ser el portavoz de su generación. En 1973, todavía con el dulzón sabor de las flores en el cabello, el amor y la paz, todavía con el ánimo de la colectividad, García habla con este despreocupado y nada egoísta ánimo que encontramos en Sui Generis, particularmente en el disco Confesiones de Invierno, que por cierto tiene canciones de muy fina manufactura, como “Un hada, un cisne”, de deliciosos toques de jazz, “Rasguña las piedras”, “Cuando ya me empiece a quedar solo”, “Confesiones de invierno” y a la que me estoy ahora refiriendo, “Bienvenidos al tren”, me llama la atención su discurso, allá, en 1973 era diametralmente opuesto al de la década de los ochenta, claro, nos estamos refiriendo a realidades completamente distintas; en Argentina y varios países del cono sur se vivían, se sufrían, las atrocidades de las dictaduras. Además “Bienvenidos al tren” la escribió dentro del contexto de una agrupación, aunque indiscutiblemente él es el autor de la canción. “No voy en tren”, por otro lado, ya es una producción solista, llama la atención, ¿no te parece? 


Veo esta situación desde la perspectiva de la música, particularmente del rock, finalmente este es el horizonte de esta columna, pero con toda seguridad el arte, en todas sus formas, es el espejo fiel, el pulso de nuestras generaciones.

rodolfo_popoca@hotmail.com

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