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“Los bañistas”: La sutileza hecha buen cine

“Los bañistas” nos introduce al mundo nihilista de “Flavia” (la propia Sofía Espinosa), un ser inconsciente y vacío con una existencia zombie, que sobrevive a la huelga de su escuela y el divorcio de sus padres.

06 noviembre 2015

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 Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |



El dífícil arte de la sencillez. Producir una historia cinematográfica, en apariencia sencilla, en ocasiones, puede resultar contraproducente, ya que puede salir algo plano o profundamente monótono. No es el caso de “Los bañistas”,  la ópera prima de Max Zunino, quien también es uno de los autores del guión de la misma, junto con Sofía Espinosa, la talentosa protagonista de “Gloria” y una de las actrices nacionales emergentes que no hay que perder de vista.

“Los bañistas” es un filme de muchas capas, una de aquellas cintas que Eugenio Caballero -el reconocido Diseñador de Arte del “Laberinto del Fauno”- denomina películas “cebolla”. Hay que estar atentos para encontrar las diversas lecturas que posee. “Los bañistas” nos introduce al mundo nihilista de “Flavia” (la propia Sofía Espinosa), un ser inconsciente y vacío con una existencia zombie, que sobrevive a la huelga de su escuela y el divorcio de sus padres. Es una sonámbula de tiempo completo, la cual se desenvuelve en una cotidianidad regida por la arrogancia, el ocio y  el “desmadre” convenenciero. Por azares de la vida (y de una caprichosa economía mexicana), “Flavia” tiene que convivir con su vecino “Martín” (Juan Carlos Colombo), un introvertido y antisocial sexagenario que no la mira con “buenos ojos” por ciertas previas circunstancias que se han dado entre ambos.

Es así como entramos en un mundo de dispares: la joven y el anciano; la imprudente que actúa sin pensar y el ser contenido que evita los problemas (de hecho, evita casi todo); la chica con un futuro incierto y el veterano con un pasado escondido. Pero “Los bañistas” va más allá. El argumento de Zunino y Espinosa añade al universo de “Flavia” y “Martin” un conjunto de huelguistas que le otorgan mayor riqueza al relato. “Los bañistas” son quienes le dan sentido a las vidas de los protagonistas. Al llenar el baño de la casa de “Martin”, los “parados” también llenan un hueco de los “normales” trajinares de los opuestos protagónicos.

Ahora bien, “Los bañistas” aborda los claroscuros de las huelgas estudiantiles; también muestra, de una manera no totalmente abierta,  las represiones a la ciudadanía así como los anhelos estancados de una generación “atemporal” (podría ser cualquier generación de los últimos 30 años que haya sufrido una crisis ecónomica). Igualmente, se habla de la cultura del desempleo y de un sistema fascista que desprecia el esfuerzo de las y los viejos.

A través de la lente de Dariela Ludlow, percibimos un filme repleto de exquisitos detalles: un plano fijo, el cual privilegia el sonido de una melodía, mientras  que al mismo tiempo, al fondo, observamos un burócrata “trajeado” que le notifica a “Martín” el cierre de su “changarro”; un “huelguista” muy delgado que durante su espera, se “clava” con una conversación ajena o; un microondas que interrumpe inoportunamente el “flechazo” entre dos jóvenes. Las coreografías del cast, la sencilla dirección de arte y el trabajo de los extras son indudablemente destacables. 

Finalmente, las actuaciones del elenco principal hacen de “Los bañistas” una grandiosa recomendación. Juan Carlos Colombo, en una actuación que nos recuerda su intervención en “Más que a nada en el mundo”, personifica de forma muy sobria a un discreto y herido “Martín”, mientras que la “Flavia” de Sofía Espinosa puede “caer gorda” entre el público por su convincente y entregada interpretación de un ser egoísta. Mención aparte merece Harold Torres, un magnífico complemento que agrega carisma a la historia. Una pequeña “joya” que brilla, principalmente, por su sencillez y adecuado manejo de las sutilezas. 

 
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