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Frankie Valli: demasiado bueno para ser verdad

Radiografía de Francesco Stephen Castelluccio, que posteriormente sería conocido mundialmente como Frankie Valli.

18 abril 2016

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Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


Si han seguido alguno de mis artículos aquí en Sputnik, sabrán entre otras cosas, que soy una fiel amante de los musicales y que mucho de mi bucket list tiene que ver con aparecer en uno. La cuestión aquí es que, hace un par de meses (o años, ya no calculo bien), vi la película del que se convertiría en uno de mis musicales favoritos y que sin duda me gustaría muchísimo más verlo en vivo: “Jersey Boys”, que trata sobre el ascenso a la fama de nada más y nada menos que del gran Frankie Valli y los Four Seasons. Con toda honestidad puedo asegurarles que en algún momento de sus vidas, han escuchado al menos una canción de Frankie, ya sea como solista o estando en el grupo. Yo tengo que agradecerle al maravilloso Heath Ledger (¡se te extraña Heath!) y a la película “10 things I hate about you” el saberme de memoria la canción icónica de Frankie: “Can’t take my eyes off you”. ¿Ven? Mi afirmación es correcta: todos hemos escuchado alguna canción de Valli. Este exitazo de 1967, que ha sido “covereado” por más de 200 artistas (siendo el de Engelbert Humperdinck uno de mis favoritos), le dio a Frankie fama internacional, su primer hit como solista, la consolidación artística tras unos 16 años de trabajo como cantante y muchas otras satisfacciones. ¿Ustedes se saben esa canción? Les apuesto a que sí. Yo me puse la “ardua” tarea de aprendérmela de memoria a los 12 años, cuando vi por primera vez la película que les mencioné hace rato. Quise memorizarla porque para mí (y para muchas otras) la canción forma parte importantísima de la película, siendo una de las mejores escenas y uno de los momentos más románticos y medio cursis de las películas adolescentes de la época, al ser el momento cumbre entre Patrick y Kat –los protagonistas- y al imponernos falsas esperanzas al imaginar que ese mismo gesto tan lindo podía sucedernos por lo menos alguna vez en la vida.



Francesco Stephen Castelluccio, que posteriormente sería conocido mundialmente como Frankie Valli, nació un 3 de mayo de 1934 en Nueva Jersey, en una familia demasiado italiana, diría yo. Su pasión por la música se lo inculca básicamente su madre Mary, al introducirlo al jazz, al doo-wop y al soul, y al llevarlo a la corta edad de 7 años a un concierto de mi amado Sinatra en el Paramount Theater en Nueva York; imagínense lo que sintió Frankie, que de por sí ya tenía inquietud por la música y el mundo del espectáculo al escuchar en la radio a varios cantantes tales como Little Jimmy Scott y Dinah Washington, aprendiéndose sus canciones e imitando sus estilos. Según algunas biografías, el concierto de Sinatra fue el preciso momento en el que decidió convertirse en cantante y, como su mamá también quería que lo fuera, consiguió que la cantante texana de country Jean Valley, se convirtiera en su mentora y coach vocal, puliendo su característica voz de falsetto y haciéndola el sello personal que lo distinguiría durante toda su carrera musical. Además, ahora que lo pienso, qué increíble coincidencia que Frankie se llame igual que su ídolo, ¿no creen?

Estoy segura que pueden imaginarse a grandes rasgos cómo fueron la infancia y adolescencia de Frankie, viviendo en Jersey en los años 50, en barrios con un gran número de familias provenientes de distintos países (factor que supuestamente lo influenció bastante), pero sobre todo, familias italianas católicas medio recalcitrantes. Valli recuerda que cuando vivían en Newark, lo hicieron en un departamento bastante feo y que carecían de servicios como agua y calefacción, pero luego se mudaron a Stephen Crane Village y todo eso cambió; a pesar de vivir en un apartamento modesto, tenían otro tipo de comodidades y lujos que hacían creer a Frankie que eran ricos. Cuando empezó su pubertad, solía cantar con varios amigos en la esquina de su casa, en el parque, en los pasillos de la escuela y muy particularmente, debajo de puentes o en el baño del colegio con el fin de escuchar su propio eco y analizar mejor su propia voz, un excelente tip para cantantes principiantes.

Pasaron un par de años y, una vez que consiguieron ciertas capacidades vocales, su coach Jean lo llevó a conocer a un par de productores musicales, introduciéndolo como su hermano menor. Uno de esos productores llamado Paul Kapp, quiso contratarlo de inmediato y empezar a trabajar en un álbum solista, pero como Frankie era menor de edad y la entrevista fue en Manhattan, era una obligación que sus padres firmaran documentos autorizando aquella situación. Cuando Kapp notó el nerviosismo de Jean y de Frankie, dedujo que ambos no eran hermanos y descubrió que su verdadero apellido era Castelluccio; Kapp le dijo que era demasiado étnico y que lo mejor era cambiarlo por algo mucho más artístico, por lo que el apellido de Jean, “Valley”, se le quedó y posteriormente nada más cambió la forma de escribirlo a “Valli”, lo cual no le molestó a Frankie porque de todas maneras sonaba bastante italiano.

Después de esta mini desilusión, conoce a sus futuros colegas y dolores de cabeza: Tommy DeVito, su hermano Nicky y Nick Massi, que habían escuchado hablar sobre el talento de Frankie y quisieron invitarlo a formar parte de su grupo musical llamado “The Variety Trio”. Básicamente lo que hacían era presentarse en clubes nocturnos y medio posicionarse en el área de Nueva Jersey, mientras trabajaban de otras cosas durante las mañanas para poder mantenerse. Valli era barbero, pintor, constructor y florista, y por las noches, buscaba ser más grande que Sinatra. Nicky DeVito abandona el grupo, que ahora se llamaba “The Four Lovers” y, gracias a la supuesta intervención de un Joe Pesci de 16 años, entra Bob Gaudio que, junto con Frankie, se volverían las piezas clave de los Four Seasons. El cambio de nombre es tal y como nos lo cuenta la película “Jersey Boys”: después de una audición fallida, el grupo se encontraba frente a un boliche que se llamaba “Four Seasons” y pues… a los muchachos les gustó cómo sonaba. De 1950 a 1960 aproximadamente, el grupo se dedicaba a presentarse en más bares y a buscar contratos con cualquier disquera que estuviera interesada, al mismo tiempo en el que trataban de llevar un perfil “bajo”. Y digo trataban porque se sabe que eran chicos medio problemáticos al entrar y salir constantemente de la cárcel y estar relacionados con alguno que otro mafioso de Jersey; vuelvo a citar a “Jersey Boys” y a varias biografías de los Four Seasons que dicen que el más problemático de todos era Tommy, que en la película, está interpretado por el guapísimo y talentoso Vincent Piazza (¡en serio es divino! Nada más chequen su sonrisa o el acento italiano que hace).

A inicios de los 60, comienzan a trabajar con el productor Bob Crewe, que junto con el talento de Gaudio (que por cierto produjo varios discos de mi Neil Diamond), fueron los responsables de escribir los más grandes éxitos de los Four Seasons y de Valli como solista. Pero antes de que esto sucediera y mientras buscaban el tal anhelado “sonido” que los hiciera diferentes de otros grupos, tuvieron que hacerla de coristas para otros solistas y grupos, aunque la voz tan característica de Frankie sobresalía demasiado. Después de un tiempo así, Gaudio escribe en tan sólo 15 minutos la canción que los posicionaría como uno de los mejores grupos dentro de la escena musical estadounidense cuando la invasión inglesa estaba a punto de empezar: “Sherry”. Acabo de ponerla y la verdad es que es una canción muy clásica de la época: poca letra, poca duración, buena y pegajosa melodía, la perfecta combinación de voces graves y agudas en un cuartero bastante armonioso. En sí, las canciones de los Four Seasons son demasiado parecidas; ojo, no estoy diciendo que sean malas o algo por estilo, en realidad me encantan y a cualquiera transportan a la década de los años 50/60 y por supuesto reconozco que a pesar de su simpleza, sin duda influyeron a otras generaciones de músicos y cantantes. A “Sherry”, le siguieron “Big Girls Don’t Cry”, “Walk like a man”, “Candy girl”, “Ain’t that a shame”, “Stay”, “Ronnie”, “Working my way back to you” y “Rag Doll”. Lo que me parece genial es que, como no necesitaban demasiada producción y eran chicos bastante guapitos, las presentaciones de los Four Seasons únicamente se basaban en 1) ellos tocando sus instrumentos y 2) bailando coreografías (que actualmente son medio ñoñas pero a mí me gustan bastante) dignas de la época; eso enloquecía a cualquier chica, literalmente.



Mientras el éxito del grupo crecía, también lo hacían sus problemas personales; supuestamente Tommy le debía muchísimo dinero a la mafia, Frankie ya casado y con hijos sentía que no les prestaba nada de atención, Nick sintiéndose medio rechazado y Bob descubriendo que lo suyo era escribir y producir. Aquí se da el fenómeno que todos conocemos y que ha desintegrado a bandas buenísimas y por lo tanto, ha roto muchos de nuestros corazones: que el solista tiene mucha más fama que el resto del grupo. Se dice que la historia de Frankie como solista, estando aún dentro de los Four Seasons, es una de las primeras que se da en el mundo de la música actual; alcanzó éxitos estando afuera y adentro. El grupo salía a agotadoras giras que dieron mucho de qué hablar: supuestamente la única vez que Frankie ha sido arrestado fue por no pagar la habitación de un hotel. A finales de la década de los 60, Tommy y Nick –o sea, la mitad del grupo- decidieron salirse y por lo tanto, hubo que contratar a otros cantantes y músicos. Si ustedes entran a la página de Wikipedia de los Four Seasons, se encontrarán con la inimaginable cantidad de músicos y cantantes que han formado parte del grupo desde sus inicios hasta la actualidad, y que el único que ha permanecido vigente es mi querido y perseverante Francesco.

Hay tres canciones de Valli con y sin los Four Seasons que son mis eternas favoritas y que fueron grabadas en la década de los 70, siendo notoria no sólo la evolución musical (medio disco), sino la del propio Frankie: “Who loves you”, “December 1963 (Oh what a night)” y “My eyes adored you”. Tanto me gustan estas canciones que hasta las tengo descargadas en mi celular, se los juro por mi mamá que está sentada justo atrás de mí. Las primeras dos, tienen esa enorme cualidad de poner de buen humor a cualquiera y hasta de ponernos a bailar en el asiento más incómodo que tengamos. Con decirles que en la película, hasta el mismísimo Christopher Walken baila la más simple de las coreografías al ritmo de “oh what a night…” y es la cosa más cagada del mundo. La tercera canción que les mencioné es bastante tierna; en “Jersey Boys”, la utilizan en una escena bastante dramática, donde la hija de Frankie llamada Francine, muere. No me vengan con sus reclamos por spoilers o algo por el estilo, porque pasó en la vida real: Valli perdió a su hija adoptiva y a su hija biológica en 1980 a pocos meses de distancia, una verdadera tragedia.






La vida de Frankie, si bien ha tenido sus altibajos, nos ha regalado excelentes canciones y por lo tanto, un sinfín de buenos momentos. Lo que dicen en la película y en el musical, es que Valli tuvo que trabajar muchísimos años para pagar la deuda de Tommy DeVito y que la mafia pudiera dejarlos en paz. Aquí entre nos, no sé qué tan verídica sea esta historia, pero lo que sí sé, es que Frankie sigue re vigente, grabando discos, dando conciertos, entrevistas, actuando y enriqueciéndose gracias a los derechos de “Jersey Boys”. Por lo tanto, hay que reconocer que supo adaptarse bien a las cinco décadas de evolución musical que le han tocado vivir. ¿Han visto la película “Grease”? Sí, ese encantador musical donde aparece un jovencísimo John Travolta y una Olivia Newton John pre-botox. Pues mi buen Frankie es el encargado de interpretar la canción principal de la película que obviamente se titula “Grease”… “Grease is the time, is the place, is the motion… Grease is the way we are feeling”. Pues yo toda mi vida viví engañada pensando que la cantaban los Bee Gees y no, la canta Frankie Valli. Creo que esa es una de las cualidades que tiene Frankie, que aún a sus 81 años (a punto de cumplir los 82) puede sacar de onda a más de uno e impresionarnos al saber que esas grandes canciones que han sabido permanecer vigentes, en realidad son suyas, porque aunque no las haya escrito él y tengan miles de covers, vaya que supo cómo apoderarse de ellas imponiéndoles su tan característica voz. Gracias por tanto Frankie, se te querrá siempre. 

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La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!


 
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