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“Mente implacable”: Los gruñidos del protagonista

Criminal: lo que inicia como un thriller, mezclado con toques de ciencia ficción, termina por diluirse en un drama de acción.

09 agosto 2016

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Cinetiketas | Por Jaime López |


Tomemos como cierta la primera parte de la premisa: los recuerdos de un agente de la CIA (¿o del FBI?, a estas alturas da igual), caído en misión, son trasladados al cerebro de un tipo que, aparentemente, “no siente nada”, y cuyo lóbulo frontal es tierra fértil para la implantación de células de la memoria. El objetivo es recuperar las últimas experiencias vividas por el agente fallecido, para así encontrar a un hacker holandés que amenaza con crear un caos en los sistemas de armamento de Estados Unidos.

Lo anterior, sumado a un prometedor elenco, sonaba llamativo y hasta convincente, incluso con un Kevin Costner a la cabeza. Sin embargo, la historia se va desmoronando poco a poco, y lo que inicia como un thriller, mezclado con toques de ciencia ficción, termina por diluirse en un drama de acción hueco, forzado, predecible y demasiado inverosímil. Con un cuadro de actores sumamente desaprovechados y un Costner emitiendo bufidos durante casi todo el metraje.

Pareciera que el otrora galán de “El Guardaespaldas” no supo comprender lo que significaba  crear a un ente sin sensibilidad alguna (¿o será culpa del director?). Su manía por gruñir para no demostrar sentimiento alguno raya en el humor involuntario. Hasta Clint Eastwood es más natural en su estado primigenio, ya no se diga con sus personajes de gestos adustos.

Lo rescatable: algunas secuencias de acción, con una buena atención en los detalles y mucho cuidado en la producción. También lo es la participación especial de Ryan Reynolds, quien desde “Deadpool” trae consigo una buena racha. En “Mente implacable” o “Criminal”, Reynolds demuestra un nuevo rango actoral, a pesar de sólo aparecer quince minutos. 

Lo más triste de todo es que se malgaste la figura de dos buenos actores, el versátil Gary Oldman y el prestigiado Tommy Lee Jones. La culpa no es de estos últimos, sino de un guión plagado de caracteres unidimensionales y poco trascendentales. El peor de todos es Jordi  Mollá, que ha ejecutado el mismo rol ya en muchas ocasiones, un terrorista estereotipado con mala pronunciación del “inglish”.


¿Y el desenlace? No sé si es peor o igual de ridículo que la escena de la actriz que sale ilesa de una explosión, y se observa en su rostro un pésimo maquillaje, el cual pretende hacernos creer que ha sufrido cierta cantidad de quemaduras. Quemada es la que se dieron mis retinas con esta fútil película.     
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