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Gerardo Bloomerfield: Una vida entre las tumbas

Un paseo por la vida del escritor Gerardo Bloomerfield, en su faceta como sepulturero.

26 enero 2018

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Entrevista | Por Jorge Espinosa


Entre los tranquilos sonidos de la tarde, aflorando los recuerdos de toda una vida, de cuando alumbraba las tumbas, con la tenue luz  su linterna. Aquel hombre que ha caminado por los camposantos de su natal Montevideo, se prepara para una inusual entrevista que jamás hubiera esperado tener.

Atardecía en Montevideo y con ello daba inicio a las preguntas que traerían a la vida historias que muy pocos han de conocer. De tono tranquilo y paciente se dispuso a contestar las preguntas que le habrían  de recordar su pasado.


Los pasos de su padre

La primera pregunta estaba cargada de nostálgicos recuerdos sobre su padre, del que heredó la profesión de sepulturero.  Recordó, cómo desde temprana edad se encontraba al lado de su padre jugando, entre la tierra del cementerio, para años después  terminar ayudándole a ganarse la vida entre los muertos, habló sobre el primer cementerio que recuerda, siendo  de la cooperativa de Salud Pública, por lo que a su viejo se le conocía como “Salud Pública”.

Las siguientes preguntas le recordaron aquellos tiempos, en que buscó seguir los pasos de su padre, yendo al cementerio diariamente después de la escuela. Señaló que al llegar la adolescencia, lo que comenzó como simple ayuda se transformó en un trabajo.

Este oficio lo encontraba interesante, porque en los cementerios siempre se encontraba algo que hacer; ya sea limpiando las tumbas y los nichos o en los talleres de grabado de placas, relacionado con lo anterior, comentó que su primer trabajo formal fue en el panteón de la Corte Electoral de Uruguay, al que recuerda cariñosamente por su excelente ambiente laboral y las amistades que llego a cultivar durante ese periodo.

Al preguntarle sobre su primera vez como sepulturero, respondió que venía a su mente su estancia en el inconcluso panteón de Previsión, en el que nadie se animaba a quedarse  de sereno por las noches, debido a la carencia de servicios. A lo que su padre muy animado les comento a los arquitectos de la obra.

-¡Mira, mi botija se anima!

Recuerda aquella noche en la que  acompañado de mates se encontraba componiendo y escribiendo en el cementerio, siéndole aquella noche lo más natural del mundo, ya que se había jugado y criado entre las tumbas.


Los deberes del sepulturero

Al abordar la pregunta sobre en qué consiste la profesión de sepulturero, comenzó a explicar  lo mal entendido que está, ya que es muy común que esta palabra se interprete como “aquel individuo que toma una pala, cava un agujero y entierra a la gente”.  Comenzó a explicar que no sólo tiene que ver con enterrar los cuerpos, sino con limpiar las tumbas; revisar los trámites funerarios; registrar los cuerpos que salen y entran en un “libro de los muertos”; reducir los cuerpos que llevan cierto tiempo para colocarlos en una urna.  Adicionalmente, comentó que otro de los deberes de un sepulturero en ocasiones es hacer de psicólogo, en todos estos años que desempeño la profesión, es un  hecho que ante el dolor de la gente uno va aprendiendo a escucharlos para poder aliviar un poco su dolor; pero hay que ser muy cuidadosos con lo que se le dice a la gente, no puedes llegar y decirles -Mira, está en un lugar mejor-. Porque si llegas a decir algo mal, en vez de animar puedes causar mucho más dolor del que ya tienen.

Prosiguiendo sobre los deberes de un sepulturero,  se tocó el tema sobre lo más escabroso que llegue a ocurrir al tratar con los cuerpos, siendo la primera cosa de estas, el olor que expiden. Ya que al trabajar entre los muertos uno termina acostumbrándose a su aroma. Para explicarlo, nos explica que es como los que trabajan con gas, se acostumbran al olor al punto de no molestarles, el sepulturero se acostumbra a la fetidez de la carne humana podrida; ya que en los panteones este hedor se encuentra  impregnado. Bloomerfield, afirma que este aroma puede definirse como dulce y nauseabundo; siendo   lo más cercano que uno pudiera experimentar la fetidez es el comer un pedazo de carne podrida con azúcar; describiendo más a detalle que el aroma dulce es lo que vuelve más vomitivo este olor.  A lo que comenta en su experiencia personal, que antes de entrar a su casa tenía que quitarse el uniforme de trabajo y meterlo en una bolsa de plástico, al meterse a bañar recuerda aquella fuerte pestilencia que provenía del uniforme.

A lo que añadió, que existen situaciones con las que resulta difícil tratar con un cuerpo, entre las que destaco los casos en que los cuerpos se momifican, si bien nadie tiene una explicación certera de porque ocurre esto, se han llegado a señalar como posibles responsables la humedad, la medicación, la quimioterapia,  a lo que afirmo que después de tantos casos que vio nadie tiene una explicación real de porque ocurre esto.  Continuó contando que, el caso verdaderamente difícil de tratar son los llamados “súper tamaños” estos son cuerpos de personas de 200 kilos o más, así como personas demasiado altas. 

En estos casos, se debía de realizar procedimientos que no le resultarían muy agradables a los familiares del occiso. Puntualizó que uno de los trabajos más duros que pudo enfrentar, es fungir de carnicero al cortar alguna extremidad para ajustar los cuerpos a los nichos o mutilar los cuerpos para poderlos colocarlos  en las urnas.




Experiencias extrañas en el cementerio

Una de las preguntas que le pareció más interesante a Bloomerfield, fue la referente a los fenómenos paranormales que han sido reportados en los cementerios, a lo que sostuvo que realmente, es raro que pasen ahí. Argumentó que es más común que los fantasmas, espíritus u otro tipo de entidades se manifiestan en lugares donde han ocurrido muchos asesinatos, ya que en realidad muy poca gente a muerto en los cementerios, esto les ha ganado la consideración de “tierra santa” llegando a mencionar este detalle en el cuento “Suicidarse en el cementerio”.  En su experiencia personal comenta que las experiencias aterradoras que han vivido en los cementerios están relacionados a seres vivos tales como ratas, comadrejas, cucarachas, delincuentes y saqueadores de tumbas.

Comenzó a relatar sobre el aullido de los perros en viernes santo, fenómeno en el cual los perros aullaban como poseídos en la madrugada del jueves previa a viernes santo, nos explica que según una leyenda que cuentan los coraceros y funcionarios de cementerio estos perros le dan la bienvenida al diablo, el día previo a que matara a Cristo. Prosiguió con la segunda experiencia en la que narra cómo es que una noche en la que disfrutaba de la película “De origen desconocido”, en la que un hombre se encuentra atrapado junto a una aterradora rata gigante. Pasando la película salió junto con su perra ovejera alemana a recorrer el cementerio, confiesa que se encontraba muy sugestionado y que temía que la rata pudiera aparecer. Repentinamente, notó que su fiel macota comenzó a ladrarle a una enorme figura gris que se encontraba posada sobre los límites con el panteón Graf Spee. En esos instantes encadenó a la perra y se acercó a aquella cosa pensado que se trataba de un gato, al acariciar esa cosa, esta se dio la vuelta y vio que se trataba de una comadreja, la cual soltó un grito furioso y enseño su afilada dentadura, a lo que resaltó que de por sí es aterradora la dentadura de una comadreja, uno debe de temerles porque te pueden arrancar un dedo con una facilidad asombrosa.

Su última historia fue acerca de cuándo le tocó participar en un fuego cruzado con delincuentes, que merodeaban los alrededores, llegando a ser herido en una pierna. Explicó, que a los alrededores de los cementerios uruguayos se encuentran los barrios muy conflictivos tales como son el “Cuarenta semanas” y “El palomares”.


Un legado a seguir

Para concluir la entrevista se abordó cómo es que estas vivencias en el cementerio influenciaron en su carrera de escritor, Bloomerfield afirmo que desde antes de trabajar ahí, ya escribía, por lo que realmente no fue la influencia para escribir este generó. Señalo que quiso escribir horror porque era un género que le producía una catarsis al terminar de leer libros de terror, así como leer autores como Edgar Alan Poe, Robert Bloch y Horacio Quiroga; señalando a este último como la mayor influencia, al tratarse de un autor proveniente de Uruguay y el único del género de horror durante su adolescencia . Destaca que en 1997 cuando salió su primer libro “Dormirás con las luces encendidas”, le dedicó el libro a Quiroga,  por lo que define que el escribir horror es una manera de rescatar un género muy importante, del que Uruguay le dio al mundo a uno de sus más grandes genios.

Bloomerfield concluye que su intención era rescatar el legado de Quiroga y más allá de que haya gente que no le guste lo que escriba, su verdadera intención era provocar y motivar a la gente a escribir. Aclarando, que nunca le ha molestado que hubiera autores que escribieran mejor que él, porque su propósito era revivir el género del horror;  señalando que es un placer entrar a  las librerías uruguayas y encontrarlas  repletas de libros de autores latinos, mirar un ciclo de televisión dedicado al misterio y al horror dirigido por su colega Guillermo Lockhart, reconocer el trabajo de un escritor venezolano que publica libros de humor negro y fantasía como en el caso de Dross; así como admirar el regreso del horror latinoamericano, por lo que considera que el horror ha regresado no solamente en los libros, sino en cine y la televisión.


Como comentario final, afirmó que la mayor influencia del cementerio fue la calma y el silencio que se puede experimentar, señalando que un silencio tal, que es posible escuchar cuando una mosca se posa sobre los vidrios de una oficina.



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