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Robocop a los tiros contra el neoliberalismo

Robocop no es solamente fierros y circuitos, es también un cacho del cadáver de Alex Murphy.

04 julio 2019

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Por Sebastián Marín 


Decir que Robocop de Verhoeven estrenada en 1987 es una crítica a la cara más salvaje del capitalismo puede provocar incredulidad. Los que la vimos por primera vez de chicos, allá lejos hace tiempo y en VHS que había que devolver rebobinado al videoclub, de seguro pasamos por alto que estábamos viendo un film que tomaba posición política. Y es natural que así sea, porque su director no pone en primer plano la historia de trabajadores desclasados, empleados abusados por sus patrones o luchas sindicales. Verhoeven no nos quiere aburrir tirándonos a la cara panfletos políticos; por eso nos cuenta la historia de un policía asesinado que vuelve a la vida convertido en un robot con ansias de venganza. Esa historia, así como la acabo de describir, es la que vimos de chicos, pero Verhoeven la tiene tan clara que mientras nos cuenta eso, tiene tiempo y espacio para incluir su crítica hacia el capitalismo salvaje neoliberal. 

La ciudad en donde pasa todo no está elegida al azar, y no, no es que le quedara cerca a Verhoeven ni a nadie del elenco. Si eligieron Detroit es porque supo ser el centro industrial de Estados Unidos, sede de Ford. Con la llegada de los gobiernos neoliberales se produjo una fuga de esas industrias a países del tercer mundo en donde podían pagar menos a los empleados y aumentar sus ganancias, mismas que ya eran millonarias, no vaya uno a pensar que se fueron porque se fundían. Pero por suerte en la película todo esto nadie lo dice, por suerte no aparece un tipo mendigando y diciendo que antes trabajaba para la Ford. 

Rápidamente la película nos mete dentro de la OCP, una empresa que acaba de hacerse cargo de la administración de la policía. Y pronto aparece Dick, un ejecutivo de alto rango que tiene una solución para hacer rentable esta inversión. Sí, la seguridad, como la salud y la educación, es una inversión y como tal debe dar ganancias. El buen negocio está donde uno lo halle, dice Dick en medio de aplausos. Más neoliberal échale un Chicago Boy

Para hacer rentable la inversión en seguridad, Dick presenta el ED209, un robot autónomo que trabaja veinticuatro horas sin cansarse ni distraerse; el sueño de cualquier patrón. Pero no le salen bien las cosas a Dick: en la demostración de cómo funciona, un ejecutivo termina reventado a balazos. 

Mientras algunos corren a ayudar, el presidente de la OCP mira a Dick y le dice: Dick, estoy muy decepcionado. ¿Y por qué está decepcionado el presidente? ¿Por qué acaban de matar a un empleado frente a sus ojos? ¿Por qué ese empleado ahora está reventado a balazos y seguro tiene familia que va a sufrir la pérdida? No, nada de eso, al empleado muerto, mierda. Lo que dice el presidente de la OCP es: Esto puede costarnos 50 millones solo en intereses. Ahí es cuando hace su aparición Bob, otro ejecutivo que ve en esa muerte una oportunidad para escalar en la empresa —sí, todos muy humanos—. Bob tiene un proyecto llamado Robocop que puede suplantar al fallido ED209.


Por supuesto que a Bob le aceptan el proyecto, porque sin Robocop no hay película. Pero Robocop no es solamente fierros y circuitos, es también un cacho del cadáver de Alex Murphy, un policía de Detroit. Alex es asesinado por unos ladrones de bancos que persigue hasta su guarida, una inmensa fábrica abandonada con tele y sillón incluido. El lugar que antes era ocupado por obreros ahora está ocupado por delincuentes. Y no de cualquier especie, sino recontraneoliberales. Cuando uno de los ladrones, de seguro primerizo, cuestiona el hecho de que roben bancos pero nunca se queden con el dinero, otro en donde la mentalidad neoliberal ha calado más hondo, le explica que roban dinero para comprar cocaína, para luego venderla y hacer más dinero; no hay mejor manera de robar que la libre empresa, concluye. 

A mitad de película uno de ellos entra en la casa de Bob y lo asesina, y descubrimos que estos trabajan como matones para Dick. Y en ese momento, la frase: el buen negocio esta donde uno lo halla, adquiere especial relevancia. Ya no importa que uno halle el negocio en inversiones en servicios públicos o en robos a bancos; la moralidad ya nada tiene que ver con las buenas inversiones. El ejecutivo Dick y los ladrones de bancos forman parte de una misma estructura jerárquica en donde rigen solo las ganancias. 

Si me permiten una buena elipsis, al final Robocop se termina vengando, porque recordemos que está película trata de un policía asesinado que vuelve a la vida convertido en robot. Muere Dick, mueren los ladrones que trabajaban para él, pero lo que no muere es la OCP, la empresa sigue a cargo de la seguridad. A poco de arrancar los créditos de la película de seguro ya estarán reemplazando a Dick como reemplazaron a los otros. A nadie le importa Dick, como tampoco importó Bob o importó ese que reventó a balazos el ED209. Lo único importante son las buenas inversiones. 

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