Goodnight Mommy: El miedo a la naturaleza humana


Por David Hernández | 



El miedo es parte de nuestra cotidianidad, nos acompaña como una sombra indisociable toda la vida, es tan vital como la vida misma. Sin embargo el cine de terror se ha dedicado a explorar situaciones poco comunes, aquellas en las que la violencia explícita es protagonista; asesinos seriales, fenómenos sobrenaturales, sociedades secretas etcétera y solo un puñado de películas se han dedicado a explorar los miedos cotidianos, que muchas veces son más cercanos a nosotros.

Goodnight mommy es la historia de una madre que vive con sus dos hijos en una casa apartada del bullicio citadino, dedicados a existir entre la naturaleza, la trama parece ser la relación que ellos tejen día a día, los juegos de los niños, el viento sonando en la ventana, los llamados a comer, las noches en pijama, todo esto, mientras la mamá pasa la mayor parte de su tiempo preocupada por su aspecto físico, particularmente en una cicatriz de la que no sabemos nada, las días transcurren y la relación de la madre con sus hijos parece complicarse cada vez más. 

Sin saber cuál es el problema de la historia, la fotografía nos va sumergiendo en una belleza tranquilizadora e inquietante, la naturaleza es retratada de dos maneras: dentro y fuera de ella. Afuera se encuentra: el viento, el lago, la hierba, los animales, la lluvia, su ruido, adentro: la madre y sus dos hijos parecen tener cierta complicidad con el comportamiento de la naturaleza de afuera, parecen obedecer los comportamientos instintivos de los animales, pero complicados por el concepto de familia. Los niños pasan la mayor parte del día afuera entre la naturaleza, tal vez sean la parte más salvaje de la humanidad. 

Todo parece estar en calma y en equilibrio hasta que la relación de la madre con los hijos comienza a enrarecerse, sin entender lo que sucede comenzamos a caer en la trampa que la película nos ha tendido, más que pensar, comenzamos a sentir cosas que nos alterar, que nos confunden y nos hacen sentir que estamos perdidos, en esa casa solitaria en medio de la nada.

Es en este punto en que la película funciona, porque las situaciones que nos son planteadas, son de alguna manera conocidas, tienen que ver con la naturaleza del ser humano. Sentimos empatía por la madre que está lastimada, y a la vez sentimos simpatía por los niños que solo juegan y reinventan sus propios mundos y sus reglas.

Las herramientas que utilizan los directores: Severin Fiala y Veronika Franz están muy bien planteadas y logradas, el contraste que existe entre la pasividad de la naturaleza con la relación intensa entre los personajes es inquietante. La fotografía es de una belleza inaudita, la música es muy discreta en su énfasis que parece como salida de la misma naturaleza. El cuerpo actoral está muy bien dirigido, las actuaciones son sobrias y naturales y en el contexto en el que se presentan resultan completamente creíbles y aterradoras.

Goodnight Mommy nos va tejiendo una telaraña cinematográfica, en la que poco a poco vamos cayendo, nos vamos enredado sin saberlo y cuando tomamos conciencia de lo que está pasando ya es demasiado tarde, la historia ha llegado a un punto en el que los acontecimientos son inevitables, una sensación de impotencia invade nuestros cuerpos, una serie de sensaciones comienzan un andar sin freno, el terror ha llegado a la puerta de la casa.

Sin temor a exagerar esta cinta aprendió de los elementos que forman a “The Shining” de Stanley Kubrick, los ha deconstruido y se ha apropiado de ellos para colocarlos encima de la tradición de cine europeo, tratando temas de la condición humana como Michael Haneke y a manera naturalista como Ulrich Seidl, quien es parte de la producción de esta película. 

Como buena película de terror, no solo nos hace sentir emociones intensas y desagradables, sino que al salir de la sala nos vamos con una sensación triste y reflexiva a cerca de las relaciones humanas, en este caso las que tenemos con nuestra madre o nuestros hijos, sobre nuestras capacidades para sobreponernos a accidentes trágicos e inesperados, que ponen a prueba nuestra capacidad de entendimiento. Pero quizá lo que nos perturba más es no poder explicar a los niños cómo funciona la naturaleza humana.




Dulces sueños mamá

(Goodnight Mommy, Austria, 2014)

Dirige: Severin Fiala, Veronika Franz

Actúan: Susanne Wuest, Elias Schwarz, Lukas Schwarz, Elfriede Schatz

Guión: Veronika Franz, Severin Fiala

Fotografía: Martin Gschlacht

Duración: 99 min.

A la memoria de Scott Weiland



Venga y le cuento | Por Tuto Flórez |  



Una reducción simplista sobre una creación artística ajena, sería decir que trata de esto o aquello, pero al margen de la interpretación subjetiva sobre contenidos objetivos; hay que reconocer la existencia, como diría Carl Jung, de un inconsciente colectivo que nos atraviesa, que cruza y conecta a toda la humanidad en tanto que especie por igual.

Ha muerto un músico, que al margen del mainstream, desarrolló un estilo particular, que ya hacia los años 90, sonaba peculiar, que producía cierto desgarro en el alma, al comprender más allá de las letras y melodías, que se trataba de un canto a la vida, de un canto por recuperar, aquello que se había perdido en el tiempo.

Scott Weiland fallece, pero su música, su voz, queda grabada, queda impregnada no sólo para futuras generaciones y melómanos consumados. Su composición, su creación perdurará, como afirman los místicos, más allá de los entramados analógicos o digitales, en dimensiones desconocidas para los mortales. Se conecta Weiland, a esa tropa de músicos que parten al otro lado, pero que establecen un puente o punto de conexión entre el mundo de los que viven y de aquellos que se han ido. 

Weiland no sonaba melancólico, sus letras no reflejaban necesariamente el estado de su alma, el sólo pedía comprender a través de su música, la posibilidad de conectarnos a algo más real e imperecedero, música, con sonidos vibrantes, equiparados de una voz única, se fundían para crear el efecto del llamado. Un llamado para volcar nuestros pasados sobre una memoria que ha caído en el olvido, de saber que somos y hacia dónde vamos. Sus letras, sus sonidos y su voz, se amalgaman ahora, en un registro que es etéreo o más bien invisible al ojo humano, pero que está ahí, presente y atento, para quien lo quiera disfrutar. Su trabajo se ha inmortalizado a través de los múltiples pliegues que contienen este espacio que habitamos y este tiempo que vivimos.

Dos canciones, con dos formatos muy distintos, pero que remiten un mismo horizonte:

The Last Fight





Fall To Pieces





Tal como lo narraba líricamente, el propio Weiland, cada vez que interpretaba The Last Figth: 

“Everyone is sick of caring
No silver lining on the cloud that covers you
Let it pour and soak you through
No hunted desperation
so sit and wait for death
And play it takes you soon
The addiction's taking you” 


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El autor: Tuto Flórez, nacido en el departamento de Santander, en la caótica y convulsionada, pero hermosa tierra del suramericano país llamado Colombia. Melómano consumado, amante del rock, de la música hecha con sentido, sobre todo de los años noventa y la cultura underground. Cinéfilo por convicción. Crecí entre los textos, de Henry Miller, Charles Bukowski, Allan Stewart Königsberg más conocido como Woody Allen, H. P: Lovecraft y Allen Ginsberg. tuto201333

Una vuelta al Post-Punk Revival


Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García |



@JoseAlberto_GP


Hoy vamos a repasar uno de mis géneros (o movimientos o etapas) preferido, el Post-Punk Revival. Es relativamente nuevo (se desarrolló en la década de los 2000), pero ya contamos con la suficiente perspectiva temporal como para analizar qué ocurrió, por qué ocurrió y qué fue de los grupos que le dieron vida.

El año pasado, Franz Ferdinand dieron un concierto en un festival de mi ciudad (Málaga, España). Al llegar, descubrí que riadas de jóvenes salían del recinto tras el concierto anterior. Andaba extrañado y cuando comenzó el concierto, miré a mi alrededor y todos los que habían quedado rondaban o superaban los treinta años, de hecho diría que yo era el más joven hasta donde me alcazaba la vista. En ese preciso instante, además de sentirme viejo, comprendí que el Post-Punk Revival, el movimiento por mí tan venerado, era ya parte de un tiempo que había pasado.

Bueno expliquemos un poco más. El Post-Punk Revival, surge de la mezcla del Garage Rock, Punk y Post-Punk (60’s-70’s) junto con el rock alternativo de los 90’s e incluso, para muchos, se aproxima más al indie. Comienza a gestarse a finales de los 90 y principios de este siglo en Estados Unidos y Reino Unido, sobre todo. A menudo es un género un poco ecléctico y sirve de “cajón de sastre” para englobar bandas de la misma época pero con notables diferencias. De hecho, en muchos casos los sonidos más ‘punk’ quedan muy diluidos, siendo visto por muchos simplemente como Rock Alternativo.


En cuanto a la estética, se elimina el aspecto “sucio” del rock de los noventas o las ropas rotas de inicios del punk o los cortes de pelo tipo “Beatles”, pero tampoco se adoptan pelucas, maquillajes, brillantinas y demás. Es decir, un estilo bastante neutro. Son como punks después de una ducha y una compra de trajes. Por supuesto, hay algunas excepciones. El vocalista de Arctic Monkeys estuvo durante años con el pelo tipo Beatles y el de The Killers usa chaquetas con brillante y se maquilla. Dado que bandas de todo el mundo se unieron a este movimiento con diferentes referencias y estética, la unidad como género del Post Punk Revival ha sido muy disputada.


Repasemos las principales escenas:

Reino Unido

Una de las bandas que más destacadas es Franz Ferdinand. Su homónimo álbum debut publicado en 2004, es un antes y un después. Considerado por muchos el mejor álbum de la década y, desde luego, una de las joyas atemporales del género. Su rock popero, bailable y cargado de riffs se convirtió en un cóctel explosivo junto a la escandalosa ambigüedad sexual del vocalista, Alex Kapranos, escocés de origen griego que, tras estudiar nada menos que teología, fundó ya a sus treinta años esta banda que cambiaría tanto su vida.

Tras otro álbum en la misma línea, sorprendió a todos en 2009 (en plena decadencia del género) con un disco cargado de sintetizadores. Un buen disco que, sin embargo, fue recibido de forma dispar por la crítica. En 2013 volvieron a sus orígenes con otro álbum que demostraba que las bandas surgidas hace una década, podían todavía dar muy buenos materiales.


Algo así le pasó a Arctic Monkeys, otro gran exponente del género. Que tras alguna etapa en horas bajas, volvió también en 2013 con un discazo como ‘AM’. Aunque sus fans más puristas no dudan en clasificarlo como un intento desesperado de agradar a las masas, perdiendo algo de su esencia e imitando mucho a algunas otras bandas. ‘Whatever People Say I Am, That's What I'm Not’ (2006), fue el álbum debut más rápidamente vendido de la historia británica.

En otro grupo encontramos a Editors (con sonidos más dark), Kaiser Chiefs (más BritPop), Kasabian (al estilo Franz Ferdinand) o The Rakes (con letras hilarantes y ritmos divertidísimos).

The Fratellis y The Libertines forman otra rama del estilo. Sobre todo los últimos consiguieron crear un ‘shock’ en la escena musical, trayendo un punk actualizado que nadie esperaba.


Estados Unidos

Allí surgió, antes incluso que The Libertines, The Strokes. Su álbum debut ‘Is this it’ (2001), embrujó a la crítica, llegando a llamarles “Los salvadores del rock”.

Hubo un énfasis en la autenticidad del rock como respuesta a los fenómenos comerciales promovidos por la MTV como el Nu-Metal, el Hip Hop y bandas posteriores al Britpop algo blandas. “New rock revolution” o “Rock is back!” fueron otros titulares de la época cuando estas bandas comenzaban a despuntar desde las escenas locales hasta las lista de ventas.

The Killers consiguieron convertirse en una máquina de ‘hits’. Letras indagando en la ambigüedad sexual, riffs, estribillos potentes, sintetizadores… una mezcla explosiva.

Y, como todo lo que sube, baja, a partir de 2007 comenzó a desvanecerse todo. El rock cada vez va quedando más de lado y, a partir de 2010, se empezaron a imponer las bandas ‘Indie’. Pero todo esto es parte de otra historia de la que quizá podamos hablar dentro de diez años.



8 críticas breves de cine (o que pretendían serlo)


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |



Por medio de historias cortas, medianas y largas, el celuloide nos permite conocer las diversas maneras de concebir al mundo. A continuación, una lista de opiniones sobre largometrajes y cortos que un servidor ha podido atestiguar durante los últimos días.

1.- “El  principito”. Cine animado que adapta acertadamente uno de las obras literarias infantiles más populares a nivel mundial. La introducción es por demás interesante. Una familia mecanizada y una sociedad “atada” a sus mundanas rutinas, que nos evoca algo de la crítica social contenida en el clásico cinematográfico “Tiempos modernos”, de Charles Chaplin. Son pruebas de esto las maquetas y la dirección de arte que se hace de los cuadrantes del vecindario en donde vive la protagonista.

 
Por otro lado, se respeta la esencia general de la novela de Antoine de Saint-Exupéry, al recordarnos que seguimos insertos en un mundo donde el adulto ha olvidado las virtudes de la infancia, para perderse entre los vicios de la “madurez humana”: egoísmo, soledad, ambición material y búsqueda de la fama y del aplauso adulador e hipócrita. La animación es de primer nivel (colorida y al servicio de la historia), ya que mezcla sabiamente los diseños 2D con la técnica del stopmotion y la tecnología en tercera dimensión. Reconocimiento aparte merecen la decisión de haber ido más allá, de no quedarse únicamente en la estricta adaptación, lo cual se refleja en el mayor desarrollo de los personajes hombres con los que se “topa” el “Principito”, así como haber incluido en la banda sonora la melodía francesa titulada “Suis-moi” (¨”Soy yo”), interpretada por Camille. 

2.- “Los juegos del hambre: Sinsajo, Parte II”.  Episodio que marca el cierre de las adaptaciones a la gran pantalla de una de las sagas juveniles más exitosas de los últimos tiempos. Jennifer Lawrence  finiquita de manera convincente la interpretación de la valerosa arquera Katniss Everdeen (atención a una escena en la que el personaje mencionado interactúa con el gato de su hermana, misma que confirma su aguerrido carácter histriónico). Esta nueva entrega, también dirigida por Francis Lawrence, posee más acción que su predecesora (que recibió muchas críticas por ser más sobria), pero sin excederse, sólo la necesaria, sin caer en escenas repletas de explosiones y batallas gratuitas. Asimismo, existe un apunte interesante sobre la corrupción de algunos líderes mundiales, incluyendo los de las oposiciones. El diseño de producción y los efectos visuales son aceptables; ya no sorprenden del todo. Su error más perceptible es no ocultar adecudamente la digitalización del personaje de Philip Seymour Hoffman. Una cinta dominguera que entretiene; buena a secas. 


3.- “Un ilustre desconocido”. Séptimo arte de origen francés que nos trae una especie de thriller, una propuesta que reflexiona respecto a la búsqueda de una identidad y actividad que  en verdad llenen la vida inerte, gris de un tipo de edad madura. El monólogo inicial pregona “42 años de no existencia...”, en la voz de un agente inmobiliario desencantado de su camino vital. La premisa es por demás atractiva (¿Quién no ha querido alguna vez tener  la vida de otro?) y se intenta desarrollar ágilmente, aunque a veces cae en ciertas trampas (el guión deja algunos cabos sueltos, para que así pueda fluir en algunos aspectos hasta su conclusión). No mencionaré éstos por tratarse de spoilers. Eso sí, la actuación de Mathieu Kassovitz (“Amélie”) es espectacular y el  monólogo final del texto es sublime. No dudo que pronto tenga su remake hollywoodense. Esta película es dirigida por Matthieu Delaporte y fue exhibida en el 19o Tour de Cine Francés en nuestro país.


4.- “T-Rex”.  Ernesto Martínez Bucio dirige y escribe el relato de un hombre que se dedica al diseño de figuras de dinosaurios y que, por accidente, con una uña del pie, rasguña a su novia. Ésta se enoja y la “caja de pandora” se destapa. Cortometraje mexicano que, a primera vista, se percibe muy simple, pero que en el fondo se trata de una radiografía inteligente y concisa sobre el desgaste experimentado en una relación de pareja. La fotografía blanco y negro no es otra cosa que una acertada alegoría del estado  agónico en el que se encuentra la dupla protagonista; el “T-Rex” del título hace referencia a  una especie (la relación en cuestión) en peligro de extinción.


 5.- “Tome la pistola y empiece a despachar”.  Dirigido por Eduardo Sabugal y filmado en Puebla, el cortometraje en comento muestra a un vendedor de pirotecnia (Gustavo Sánchez Parra), quien durante la noche del 15 de septiembre se encuentra cargando gas, para su camioneta, en una solitaria estación. En cuestión de minutos, dicho vendedor se verá involucrado en un inesperado acto de violencia ocurrido al interior de una tienda de autoservicio. En un principio la historia genera buenas expectativas,  por su tono solemne y misterioso, pero al poco rato se percibe como una premisa anecdótica que hace mal uso del humor negro. ¿Violencia genera violencia? Lo más seguro es que sí,  pero esta crítica intrínseca en la propuesta de Sabugal se presenta de manera deficiente, sin solidez, no bien fundamentada, con una resolución que raya en lo ridículo. Algo falta y algunos actores están sobreactuados (el cajero y el asaltante). Lo más recomendable son los valores de producción (fotografía y el scouting de las locaciones) y la cumplidora actuación de Sánchez Parra.

6.- “Cuarto de hotel”. Alejandro Zuno escribe y dirige un argumento que versa sobre el encuentro entre dos personas que dialogan acerca de la identidad sexual. Oscar Olivares (mexicano, nominado por la serie “Capadocia” al Emmy internacional como Mejor Actor) coprotagoniza junto con Viviana Rojo este cortometraje exhibido en la décima novena edición del Tour de Cine Francés. En un año de propuestas de gran calado como “Carmín Tropical” y “Estrellas solitarias”, “Cuarto de hotel” no ofrece nada nuevo bajo el sol de la diversidad sexual. Quizá lo que lo distingue es la honestidad interpretativa de sus actores (palomita para una “Diana” que se confiesa más psicóloga que trabajadora sexual) y los admirables esfuerzos en seguir contando historias sobre las cuestiones transgénero y transexual.
7.- “Dulces sueños, mamá”. Se podría resumir como una mezcla entre “El sexto sentido”, de M. Night Shyamalan;  “El orfanato”, de Juan Antonio Bayona, y;  la violencia física de varias películas realizadas por el cineasta Michael Haneke. También se trata de una sofisticada historia de horror, proveniente de latitudes austriacas, que dignifica el género de suspenso y del terror piscológico. “Lukas” y “Elías” son dos gemelos que aguardan el regreso de su madre, quien acaba de realizarse una cirugía en su rostro. Ambos juegan en las periferias de su casa, rodeada de escenarios o locaciones que representan soledad y        agobio. Los consanguíneos en cuestión, preocupados por las actitudes de su mamá, intentan descubrir el misterio detrás del nuevo comportamiento de su progenitora. Lo que inicia como un sombrío estudio de personajes termina revelándose como una tenebrosa narración de tragedias familiares, aderezada con intensos momentos de violencia gore. Fotografía, actuaciones y dirección son impecables. Lástima de una escena poco creíble en la que se ven inmiscuidos unos señores de la  Cruz Roja.
    


8.- “En el corazón del mar”. Chris Hemsworth (el otrora “Thor”) protagoniza el cuento que, supuestamente, inspiró el mito de “Moby Dick”, novela escrita por el estadounidense Herman Melville (aquí interpretado por Ben Wishaw). El resultado es una entretenida cinta de acción y aventura, dirigida por el errático Ron Howard, la cual sobresale en sus aspectos técnicos. La mezcla de sonido es fastuosa: lluvia; olas del mar; la intensidad de las borrascas; las pisadas de los tripulantes sobre la tarima del barco ballenero “Essex” y; los amarres hechos a las cuerdas que sostienen las velas son combinadas, de forma pulcra y admirable, con los diálogos y la música (score). Los efectos visuales y el diseño de producción nos adentran en   vistosos ambientes marítimos, en donde los hombres son unos visitantes o húespedes rechazados por los dueños de la naturaleza naútica. El maquillaje es soberbio (probable nominación al premio Oscar). Quizá su principal falla radica en un guión poco arriesgado, el cual cae en algunos lugares comunes de películas de este tipo (“Life of Pi”, “Náufrago”, “Capitán de mar y guerra...”; por ejemplo) y que, muy en el estilo de “Rescatando al soldado Ryan”, coloca como cronista del relato a un testigo secundario que no pudo haber estado presente en todo lo contado. Sin embargo, se trata de un metraje que no pierde el interés del espectador;  se encuentra bien producido y tiene un par de escenas conmovedoras (cortesía del irlandés Brendan Gleeson y de la ballena blanca).                

“Amy”: Cuando el cine y la música se encuentran


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


Ahí está ella, grabada en un video familiar casero junto con sus dos mejores amigas, sonríe, saborea despreocupadamente una paleta y entona una melodía, con su voz grave, sin imaginar que la música se convertiría en una de las partes determinantes de su existencia: su alfa y su omega; su vehículo de escape o catarsis; su éxito y su legado. La fama fue un desafortunado agregado, una “hermana bastarda” que envidiaba su talento y  que fue alimentada, primordialmente, por el periodismo amarillista. 

Con una narrativa eficaz, la cual utiliza un buen montaje del found footage, que se vuelve un exquisito elemento que otorga coherencia, buen ritmo y profundidad a su nuevo filme, “Amy”, el director británico de origen indio, Asif Kapadia (“Senna”), nos lleva a conocer a la cantante y compositora Amy Winehouse más allá de los reflectores y de la prensa sensacionalista. Se puede percibir a la fallecida intérprete en sus momentos más ordinarios, dando cuenta de sus anhelos, inseguridades y del amor-codependencia hacia sus dos verdugos.  

Con 8.4 millones de dólares obtenidos en la taquilla estadounidense-canadiense y otros 13 millones de “billetes verdes” provenientes del resto del mundo (más de 5 cortesía del Reino Unido), y al ser reconocido por la Asociación Internacional de Documentalistas (IDA) como de los mejores metrajes de no ficción del presente año, “Amy” se erige como uno de los documentales más exitosos de los últimos años

Kapadia tiene el buen tino de evitar, casi en su totalidad, las “caras parlantes”. De esta manera, se inclina por un relato basado en las voces omnipresentes de los padres, el esposo, los amigos, los managers y los conocidos de la contraalto británica; voces que acompaña con imágenes inéditas o poco conocidas propias de entrevistas, presentaciones menos famosas y conversaciones tras bambalinas de la otrora fan de Tony Bennett.

Es así que “Amy” genera una conexión inmediata con el espectador, debido a que se percibe como un testimonio de vida íntimo, honesto y cotidiano (obvio, su éxito no es algo que le ocurre a cualquiera, pero la gran mayoría sí hemos tenido que lidiar con problemas de familia y traiciones de pareja).

 We only said good-bye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to...
I go back to us


Otro plus de la película en comento consiste en la posibilidad de contemplar y comprender mejor el proceso creativo del arte de Winehouse. Esto nos permite descubrir las razones que germinaron las letras poderosas de canciones tales como “Stronger than me”, “Back to black” y “Rehab”, mismas que nos revelan el universo emocional  de la artista inglesa (padres divorciados e indiferentes ante el actuar de su retoño; un progenitor que niega los problemas de adicción de su hija y; un marido oportunista y autodestructivo).

Luego entonces, “Amy” se afianza como una pieza digna e imperdible de verse... y de escucharse. Ella no dijo adiós. Ella no ha muerto cientos de veces. Ella sigue viva y cantando a través de millones. Ella se reencontró consigo misma... y se quedó para siempre entre la fuerza del soul y el prodigio de su voz epidérmica.
       

Dover: el salto mortal del grunge al electro pop


Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García |







¿Quiénes son?

Dover son las hermanas Cristina y Amparo Llanos, el baterista Jesús Antúnez y el bajista Samuel Titos. Surgieron en 1992 en España, habiendo grabado todos sus discos en inglés. Aparecen en pleno apogeo del grunge estadounidense y se convirtieron en uno de los máximos exponentes del rock de la época en España.

¿Estilo?

Rock, Grunge (y Electro Pop en alguna etapa).

¿Álbumes?

Sister’ (1995) y ‘Devil Came to Me’ (1997): Es con este segundo álbum cuando se convierten en una referencia del rock español. Temas como ‘Serenade’, ‘Judas’ o ‘Devil Came to Me’ se convirtieron en himnos de una generación.


Late at night’ (1999), ‘I Was Dead For 7 Weeks In The City Of Angels’ (2001) y ‘The Flame’ (2003): siguen una línea continuista en cuanto al rock que ellos venían haciendo. En estos discos no encontramos “hitazos” que hayan marcado su discografía, pero no hay que subestimarlos, ya que son álbumes repletos de buenas canciones y bien cohesionados. Con el único inconveniente de la poca evolución en el sonido (mientras los años iban pasando, el grunge moría y las tendencias cambiaban), pero si no se persigue el éxito, sino hacer tu sonido, entonces la idea no es tan mala.

Follow The City Lights’ (2006): Con este disco vendieron 130 mil copias, un número no demasiado alto, pero sí supuso un éxito masivo en cuanto a la exposición en el ambiente “comercial”. Ganaron premios, hicieron mil entrevistas y dieron decenas de conciertos, pero un aspecto importante defraudó a sus fans de siempre: el grupo giró, por completo y sin previo aviso, desde el rock de garaje hasta el pop electrónico más comercial de la época. Una completa controversia.

I KaKené’ (2010): Supuso un fracaso comercial rotundo al que se sumó una espaciada gira de menos de doce conciertos entre 2010 y 2012. El grupo volvía a dar un cambio brusco a su estilo, esta vez con ritmos africanos.

En 2013, empezando el 8 de marzo en la Sala Sol de Madrid con las entradas agotadas a más de tres meses del concierto, dio inicio una gira en la que tocarían los temas de ‘Devil Came to Me’. A partir de esa fecha, empezaron a actuar por las salas más emblemáticas de toda España, llegando a vender todas las entradas en la mayoría de sus actuaciones.

Complications’ (2015): Un retorno a la etapa rock. Un álbum correcto y equilibrado.

Te gustará si te gusta…

Nirvana, Alice in Chains, Pearl Jam, FooFighters…

¿Cómo les descubrí?

En España es bastante difícil no conocerlos. Cuando les comencé a seguir la pista (y yo diría que también descubrir) fue en 2006 con su álbum de pop electrónico. En aquel momento, me pareció un buen disco y aún me lo parece, aunque quizá hoy no me hubiese fijado en ellos. Después me desligué por completo de lo comercial y, para colmo, sacaron aquel disco ‘I KaKené’ (2010) por lo que el grupo dejó de interesarme por completo. Conocía algunos de sus éxitos más sonados de su etapa rock, pero no fue hasta hace unos tres o cuatro que me metí de lleno en todos sus álbumes y, por fin, disfruto de su rock, que es estupendo.

Sus redes sociales oficiales son:



Victoria: El encuentro de una noche con el cine


Por David Hernández |


Cuando decidimos entablar una conversación con un desconocido nos adentramos en terreno inexplorado, a cada momento vamos descubriendo cosas que nos sorprenden o desagradan, por un momento nuestros mundos se entrelazan creando una realidad única y compartida. Dependerá de la satisfacción o el desagrado el querer volver a pasar tiempo con esa persona, pero el momento del primer encuentro siempre será memorable.

El punto de partida es una fiesta de música electrónica fiel a la tradición berlinesa, en ese lugar lleno de gente, olores, sustancias y colores, somos testigos de cómo una cámara es introducida en el ambiente y comienza a seguir a una chica llamada Victoria. Nuestra protagonista sale de la fiesta y se aventura en una noche no contemplada, llena de nuevas experiencias y sensaciones intensas, siempre con la cámara siguiéndola, documentando todo lo acontecido, todo en un solo plano secuencia.

El gesto técnico de una sola toma no es un capricho del director, sino un recurso necesario para el objetivo de la película, no podemos permanecer indiferentes a la noche de Victoria, en cada paso que da, conocemos un poco más de ella y queremos seguir conociéndola hasta sus últimas consecuencias. Un interés voyerista nos domina por completo y nos impide pestañar durante los más de 120 minutos que dura la cinta.

La película nos recuerda inmediatamente a Banda aparte (Jean-LucGodard, 1964) casi son los mismos personajes en una situación similar, pero en un contexto completamente diferente, tal vez los motores que mueven a la juventud siempre serán los mismos pero los alrededores siempre estarán determinados por el tiempo que corre, los jóvenes se parecen siempre a sus tiempos.

Si la película de Godard fue vanguardista en su tiempo, ésta también lo es para el nuestro, y es que la tecnología ha logrado la fabricación de cámaras cada vez más pequeñas que abren una nueva posibilidad a jóvenes cineastas dispuestos a experimentar, a modificar las reglas del cine, a cambiar la edición vista como la yuxtaposición de planos, y a verla como una manera de corregir el color o el sonido, para lograr la gama de sensaciones que el espectador espera. No solo es el concepto de edición con el que se experimenta, también es la manera de dirigir a los actores, buscar y encontrar un lugar a la improvisación, encontrar una manera de ejecutar cada escena como una danza en perfecta sincronía, una forma personal de reinventar las reglas y jugar con ellas, Victoria es una manera excepcional de utilizar la tecnología.

Una gran película, que resulta tan vanguardista como en su tiempo lo fue la de Godard, una gran experiencia cinematográfica que nos ofrece toda una gama de sensaciones intensas y nos impiden parpadear un solo momento, una gran enseñanza para casi todas las películas hollywoodenses que pretenden emocionarnos y sólo logran aburrirnos, sin duda una de las mejores películas que me ha tocado ver en este año y que por fortuna sigue en la Cineteca Nacional



Victoria

(Alemania, 2015)

Dirige: Sebastian Schipper

Actúan: Laia Costa, Frederick Lau y Franz Rogowski

Guión: Sebastian Schipper, Olivia Neergaard-Holm y Eike Frederik Schulz 

Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen

Duración: 138 min.

Discos: El sol que cae sobre Half Moon Run


Por Ana M. |


“El tiempo se reacomoda en pequeñas líneas que yo dibujé para no pueda descubrir lo que pasa.”

Esa es una de las líneas de la canción “I Can't Figure Out What's Going On”. La primera canción en el nuevo álbum de estudio de Half Moon Run, banda canadiense que parece salida de la nada. 


Los originarios de Montreal lanzaron su segundo LP titulado “Sun Leans On Me" hace pocas semanas. El álbum está compuesto por 13 rolas que van de la melancolía a la deseperanza, pero sin dejar de recurrir a algunas secuencias que nos invitan a olvidarnos de todo y bailar; canciones como “Turn Your Love” (single) o “Consider Your Self.”Ambas con un ritmo pegadizo y bastante roquero al igual que “Full Circle”o “Call me in the Afternoon”del álbum anterior.



Asimismo cuenta con rolas más tranquilas como “The Debt”, que nos remonta un a los ritmos del álbum “Dark Eyes”. Otra canción que vale la pena escuchar es “Trust”, más movida y una buena recomendación para incluirla en nuestro setlist de fiesta. Es una mezcla curiosa de algo que se pierde entre “Let It Happen” de Tame Impala y “Lisztomania” de Phoenix.


Frases como “No viviré de esta forma, aunque de cierta forma quiero” o “Siempre decías que el diablo puede cuidar, que estás perdido y no puedes ser encontrado” marcan por completo el discurso lírico de la producción discográfica, y en general el estilo que caracteriza las canciones de esta banda. El álbum habla de pérdida, confusión y el eventual reencuentro con aquello que se creía perdido.


Definitivamente Half Moon Run no decepciona con este disco que vale la pena escuchar de principio a fin.

Letrinas: El invasor de sueños


Pirotecnia Verbal | Por Tuto Flórez |



Viernes 13 de noviembre del año 2020, trato de correr por el pasillo del apartamento, pero siento como si todo el cuerpo se hubiese vuelto exageradamente pesado, intento saltar para llegar hasta la ventana y de repente todo el piso sobre mis pies comienza a ondular. Es muy extraño, pero todo el lugar ha adquirido una apariencia acuosa, las paredes, los cuadros sobre las paredes, el reloj del pasillo y hasta los bordes de cada puerta han comenzado a derretirse.


Se escucha un fuerte sonido y al acercarme a la ventana que da hacia la calle, sólo puedo observar bolas gigantescas de fuego que atraviesan los cielos, estoy en un piso alto, tan alto, que al observar hacia abajo, mi vista se pierde sin llegar a poder visualizar suelo firme, ¿en dónde estoy? ¿qué es este lugar? ¿y esos sonidos?

Carter, Carter… Carter; se te hace tarde, es la casera del viejo edificio que ahora recuerdo perfectamente sólo tiene cuatro pisos y el cual yo habito. Específicamente vivo en un segundo piso.  Mi nombre es Carter Branch y soy un simple diseñador gráfico, trabajo para la compañía Talladega Sports y hoy 12 de noviembre me encuentro en el año 2015, todo esto lo sé, porque verifico en el reloj digital que reposa junto a la mesa de la cama. Un sueño, siempre tengo el mismo sueño, desde hace ya tres años, no sé si se trata del final de algo, si es el apocalipsis, pero sueño exactamente lo mismo. 

Siempre el mismo sueño, hasta que soy arrancado con fuerza de ese extraño mundo onírico que suelo habitar. Es un sueño recurrente de tono dramático y apocalíptico, pero nadie más lo sabe. Algo curioso es que en el sueño, siempre una voz me llama, una voz que parece provenir de uno de los cuartos de aquel extraño departamento, pero justo cuando voy a averiguar de qué se trata me despierto. No sé por qué, ha aumentado la cantidad de veces que tengo el mismo sueño, sobre todo en lo corrido de este último año. 


Pero acaso podría ser una advertencia, en cuyo caso, ¿advertencia de qué o para qué?

Visito una página de internet cuyo título resulta macabro, en donde en letras góticas mayúsculas se lee perfectamente: "ANTES DEL FIN"; la página más que un blog de teorías conspirativas, sólo enlaza noticias de medios oficiales y alternativos, cúmulos y cúmulos de datos, de información y contra información, que es cruzada y gestionada y presentada en notas breves, como si de señales del final de la existencia humana se tratase. Esas notas, lo que reflejan son señales de los tiempos en que nos hallamos, no hay nada allí que realmente no este aconteciendo y esto es lo que más me perturba.

Crisis financiera global, desplome bursátil, proliferación de grupos terroristas, tensión geopolítica, alardes de un conflicto bélico de proporciones mundiales, donde las potencias globales y las potencias regionales se alían para aniquilarse unos a otros. Descomposición social, local, regional y mundial, donde el epítome de su expresión es la intolerancia, el racismo, el clasismo, el irrespeto al pluralismo y la diferencia que encarna cada individuo. Me declaro laico a mis 33 años, pero aún así, a veces cuestiono la ausencia de una entidad suprema, que redireccione el curso de acción que está tomando el mundo. Estamos en un punto de no retorno, donde la insensibilidad por todos esos temas se torna criminal, el odio, la indiferencia y la apatía, son la marca de la bestia. Pero no de una bestia en abstracto, de una bestia que sirve como mito fundacional a religiones monoteístas, sino más bien, hablo de la bestia que cada uno de nosotros llevamos dentro, del mal que encarnamos y que nos empeñamos en no desechar.

Acaso será que mis sueños, se han convertido en una suerte de revelaciones, estaré llegando a un estado de psicosis. Como quiera que sea hoy es sábado, son las 11 y 33 pm y me he obligado a no despertarme. Alisto un frasco de somníferos, me asomo por la ventana, de mi pequeño departamento, todo luce en calma. 


Una extraña calma...

Viernes 13 de noviembre del año 2020,(estoy observando de nuevo el almanaque que esta frente a la pared derecha, de este apartamento soñado) trato de correr por el pasillo del apartamento, de nuevo la sensación de pesadez, intento saltar para llegar hasta la ventana y de repente todo el piso sobre mis pies comienza a ondular. Es muy extraño, pero todo el lugar ha adquirido una apariencia acuosa, las paredes, los cuadros sobre las paredes, el reloj del pasillo y hasta los bordes de cada puerta han comenzado a derretirse.
Se escucha un fuerte sonido y al acercarme a la ventana sólo puedo observar bolas gigantescas de fuego que atraviesan los cielos, estoy en un piso alto, tan alto, que al observar hacia abajo, mi vista se pierde sin llegar a poder visualizar suelo firme, ¿en dónde estoy? ¿qué es este lugar? ¿y esos sonidos?

Carter, Carter... Carter, esta vez soy consciente, estoy de nuevo soñando, ahora sé que estoy soñando no tengo duda de ello, observo mis manos con total claridad por primera vez. Se cuela entonces, la voz desde uno de los cuartos, llamándome de nuevo por mi nombre,  Carter, Carter... Carter.


Me devuelvo por el pasillo, hasta que me encuentro con el último cuarto, giro lentamente la perilla de la puerta y me quedo paralizado. Sobre una silla, sentado estoy yo, soy yo mismo. Es una réplica exacta de quien soy. Mi doble hace un ademan con la mano y me pide que cierre la puerta y me siente frente a él.

¿Quién eres? Yo soy Carter Branch, contesta asertivo el doble. Le miró fijamente, empiezo a preocuparme, no sé cómo explicarlo, pero quien considero que es un doble, luce no sólo exactamente igual a mí en cada pequeño detalle, sino que además, se ve y se percibe mucho más real que yo. Debe ser, porque estoy en sus dominios. No es ese mi mundo, allí no pertenezco. Entonces ocurre lo impensado, como si de un telepata se tratase, me dice directamente, sin articular palabra o gesto alguno:

Ya deja de invadir mis sueños. Me quedo petrificado y siento como las gotas de sudor empiezan a inundar mi cuerpo, trato de replicar algo, pero no puedo. El doble me mira y lentamente me explica: esto no es un sueño. Yo soy real y tú solo una copia, un invasor de sueños. Tu mundo no existe es irreal, y este lugar, este tiempo y este momento son todo lo que tengo, estamos en el año 2020 y justo hoy 13 de noviembre, se ha desatado un nueva guerra mundial. No sé si será el final, pero esto se ha convertido en mi realidad. Eres tú quien entra a mi mundo, cuando me acuesto cada noche y me prometes un pasado o un presente (2015), donde todo es diferente, donde la guerra es sólo una posibilidad que a veces pareciera un tanto lejana. Por eso te he permitido vivir tanto tiempo a través de mis propios sueños. Pero hoy esto llega a su final. Adiós invasor de sueños. Hoy muero y con mi deceso tu final es inevitable.


Nunca más, despierto…


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El autor: Tuto Flórez, nacido en el departamento de Santander, en la caótica y convulsionada, pero hermosa tierra del suramericano país llamado Colombia. Melómano consumado, amante del rock, de la música hecha con sentido, sobre todo de los años noventa y la cultura underground. Cinéfilo por convicción. Crecí entre los textos, de Henry Miller, Charles Bukowski, Allan Stewart Königsberg más conocido como Woody Allen, H. P: Lovecraft y Allen Ginsberg. @tuto201333

Los claroscuros de “Puente de Espías”, “La Cumbre Escarlata” y “Spectre”

Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |
 


La debíamos. Steven Spielberg, Guillermo del Toro y Sam Mendes -tres realizadores consagrados dentro de la voraz industria de Hollywood- estrenaron a finales de octubre y principios de noviembre sus más recientes obras. Directores que crean altas expectativas cuando se anuncian sus nuevos proyectos, lo que de inmediato se vuelve un riesgo, ya que surge la marcada posibilidad de que, finalmente, decepcionen a muchos. Sin embargo, intentaremos hacer una revisión neutral a cada uno de sus filmes, mencionando los elementos que otorgan luz y sombra a los mismos.   

“Puente de espías”
Lo mejor: Su primera hora de metraje. Un arranque elegante que intriga y se contrapone al sello meloso-blockbustero que acostumbra Spielberg. Una primera parte sin score, con pocos diálogos y que nos presenta a un extraordinario personaje ruso llamado “Rudolf Abel”, interpretado brillantemente por el británico Mark Rylance, quien con gracia, cabalidad y habilidad luce en cada una de sus escenas y nos lleva a presenciar el juicio al cual se ve sometido, por parte de un tribunal estadounidense, al ser acusado de traición a la patria y espionaje. La calidad del diseño de producción, junto con la vistosa fotografía de Janusz Kaminski, son otros dos aspectos que destacan de esta cinta.

Lo peor: "Puente de espías" es un film engañoso. En su primera hora parece que estamos ante una historia autocrítica y nada complaciente con el patrioterismo gringo, pero todo se desmorona a partir del segundo y tercer actos. Spielberg no logra escapar de un ferviente nacionalismo (aunque muy bien disfrazado con un discurso plural y democrático) ni de un score maniqueísta y convencional (responsabilidad de Thomas Newman). Ya no es creíble ese "rollo" de que el gobierno de los Estados Unidos no tortura de ninguna forma a los espías de otros países o a los traidores y que sólo lo hacen otras naciones (se hace una directa referencia a Rusia). El guión escrito por los hermanos Coen y Matt Charman se torna tedioso, tramposo y lleno de lugares comunes. Se alarga más de la cuenta y se cae en la típica fórmula engrandecedora del mito del “héroe blanco norteamericano”. 


“La Cumbre Escarlata”
Lo mejor: Primero, Jessica Chastain y su retorcida personificación de “Lucille Sharpe”. Se nota a leguas que la actriz pelirroja (aquí con cabello castaño oscuro y ojos azules) se divirtió con los exabruptos de su rol y con la escena final donde enfrenta a la protagonista del nuevo filme coescrito y dirigido por Del Toro. Segundo, los efectos visuales que acentúan la violencia gore que pocas veces, o nunca, se le había visto al realizador tapatío. Tercero, el increíble diseño de arte sumado al majestuoso vestuario y a los primeros treinta minutos de texto de la película.


Lo peor:  Un guión lleno de contradicciones e incoherencias. No critico los homenajes que Del Toro pretende realizar a las historias del cine de terror gótico o de bajo presupuesto, lo que evidencio es la falta de consistencia en el desarrollo de los personajes centrales, como el de “Edith” (interpretado por Mia Wasikowska), ya que al principio se le esboza como una feminista liberal que detesta a los hijos de los burgueses, y termina diseñada como una enamorada abnegada que suspira desde la primera ocasión en que conoce a “Thomas Sharpe” (Tom Hiddleston). Asimismo, las secuencias en que algunos seres caen desde las escaleras o son apuñalados y enseguida, como si nada, siguen caminando, caen en el humor involuntario. No es un ataque a las fórmulas del cine de antes, sino una recomendación para no quedarse únicamente en el homenaje. Hay que renovar las viejas fórmulas de las películas de horror.     


“Spectre”
Lo mejor: Un Daniel Craig que se siente muy cómodo en el “traje” del espía cinematográfico más popular del mundo. Un cuadro de actores de soporte que sobresalen por su estatus de calidad comprobada y que una vez más dan vida al conocido universo del agente “James Bond” (Ralph Fiennes como “M”; Ben Whishaw como “Q” y; Naomie Harris como  “Moneypenny”). Y un filme que a pesar de sus 148 minutos de duración no aburre y se nota bien producido. 


Lo peor:  La más reciente entrega del agente Bond se centra mucho en la acción, dejando en segundo plano el desarrollo emocional de la trama principal y su villano es el más débil de toda la franquicia protagonizada por Daniel Craig. Christoph Waltz ya luce encasillado y sólo sustituye un “bingo” de su “Hans Landa” por un “cucú” de su “Blofeld”. Además, las motivaciones por las que se convierte en malvado suenan pueriles, telenoveleras y poco creíbles. Cuestión aparte es que el libreto de “Spectre” desarrolla la premisa más endeble y común de las correspondientes a la renovada y oscura tetralogía protagonizada por el inglés Craig. Está bien que se pretenda rendir tributo a varios de los elementos de las películas pasadas, pero se da al traste con ese tono sombrío e hiperrealista que ha inyectado nuevos bríos a la saga del 007.  También es ridícula la forma en cómo desaparece el personaje de “Mr. Hinx” (Dave Bautista), la cual en lugar de generar gracia da pena ajena.
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