La dupla ‘triple threat’ masculina del viejo Hollywood



Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |



Pues... no me gusta mucho la idea de haber cerrado mi artículo anterior como con una especie de presagio pero, ¡vaya la manera en cómo inició el 2017 en mi bello México! Y aunque uno quiera o intente ser positivo, es imposible hacerlo ante tanta, tanta injusticia. Así que, les propongo algo: cada que quieran alejarse de tanta mierda que pasa en el mundo y busquen alguna distracción, usen a mi columna aquí en Sputnik como un pequeño medio de escape porque aceptémoslo, a todos nos gusta 'escapar' de las cosas de vez en cuando y que mejor hacerlo que a través de la música. Y ojo, dije 'distraerse', mas no cegarse. Es responsabilidad de cada uno estar bien informados. Con esta pequeña introducción e invitación medio cursi, les doy la bienvenida a mi artículo 25 y a mi mes favorito del año (ya sabrán por qué). 

Fue exactamente en Navidad, antes de leer la noticia de la muerte de George Michael, que mi tío Armando -con un gusto musical impecable- me sugirió hacer una especie de recuento sobre algunas artistas de los años 50s, extraordinarias mujeres que, como verdaderas profesionales, sabían cantar, bailar, actuar y hasta en ocasiones, tocar uno o más instrumentos. Obviamente haré esa lista, pero la escribiré el próximo mes, como un regalo de cumpleaños para mi tío, por lo que decidí comenzar con estos dos talentosos caballeros conocidos por formar parte de la 'triple threat' hollywoodense. Aunado a la excelente idea de mi tío, está el ruido impresionante que ha generado la película "La La Land" protagonizada por Emma Stone y Ryan Gosling, dos actorazos de nuestra generación (no me lo van a negar) y dirigida por Damien Chazelle quien fue la mente brillante detrás de "Whiplash" y quien decidió filmar la ahora aclamada película en CinemaScope. Pfff... con esos talentos es evidente que la película es buenísima. No, no he tenido el placer de verla porque aquí en México alguien (y con alguien me refiero a algún tarado o tarada) se le ocurrió la brillantísima idea de estrenarla hasta el 17 de febrero aunque en Estados Unidos esté en cines desde diciembre y en los festivales desde hace más tiempo. Los que me conocen saben las ansias exorbitantes que tengo de verla y las veces que la he buscado en Internet a ver si un alma caritativa ya se le ocurrió 'subirla' pero no, aún no.

Lo que he escuchado y leído en incontables ocasiones es que "La La Land" es un claro homenaje a esas películas musicales de la MGM por ahí de los años 40s o 50s, en donde no importaba demasiado la historia de la película en sí -por eso la existencia de casi cientos de películas en un sólo año- sino más bien, toda la parte artística, regalándonos enormes leyendas y por supuesto grandiosos films. Recién escuché a Rafa Sarmiento decir que, a pesar de ser una historia bastante recurrente, es la propuesta audiovisual lo que tanto ha impactado en "La La Land"; eso y que tanto Stone como Gosling impresionan con su talento y particular 'triple threat'.  Con decirles que Ryan (mi amigo... ¡ay ajá!) aprendió a tocar el piano en tan sólo tres meses y se echa unos solos de jazz en piano buenérrimos, una petición muy maquiavélica del director; a la vez, tuvo que aprenderse varias y complicadas coreografías y por supuesto, cantar "City of Stars" con harrrta melancolía. En fin, si no les quedó claro que quiero ir a ver la muy mainstream "La La Land"... ¡QUIERO VER "LA LA LAND" YA! 

Me tardé varios días en decidir quiénes serían los artistas que formarían parte de esta lista 'triple threat' masculina y no es broma, le pregunté varias veces a mis papás y a mi hermana a ver si podía encontrar más variedad. Anduve revisando vídeos, listas de musicales, registros de la MGM y me topé con la conclusión de que, en realidad, son muchas más las mujeres icónicas que constantemente aparecían en dichos musicales, muy por encima de los hombres. Claro, podemos recordar a actores/bailarines/cantantes como él mismo Frank Sinatra, Donald O’Connor (que en un inicio formaba parte de esta lista pero por razones de tiempo ya no pude incluirlo), Elvis Presley, Bing Crosby (que nunca bailó taaanto ni taaaan bien), Mickey Rooney y su dupla tan exitosa con Judy Garland, Bob Hope y sus múltiples "Road to..." al lado de Crosby y ya, por ahí de la mitad de los 60s, Dick Van Dyke. Pero, si hubo un dúo que indudablemente inundó las pantallas cinematográficas en los 30s, 40s y 50s amenazando a todo aquel novato que quería pertenecer a Hollywood, fueron Gene Kelly y Fred Astaire poseedores de un talento indescriptible. Me complace enormemente poder platicarles de manera muy breve sobre el enorme legado que dejaron estos dos artistas, así que, a lo que nos truje Chencha. 

1. Gene Kelly 


"Si Fred Astaire es el Cary Grant de los musicales,
yo soy el Marlon Brando"-Gene Kelly-

Siento que la primer vía para enamorarnos rotundamente de Gene, es a través de su enorme, carismática y genuina sonrisa (aunado a su bellísimo rostro, eh). Por otro lado, está su increíble talento y energía que, según decían, contagiaba a todos en el set y hacía que los cantantes, actores y bailarines, se esforzaran el doble o el triple tratando de llenar sus expectativas tan disciplinadas. Gene no sólo fue actor, cantante y un excelente bailarín, sino que también incursionó como productor y director de varias películas y programas de televisión, pero sobre todo, se le reconoce su trabajo como coreógrafo y la forma en cómo cambió el lenguaje audiovisual de las películas a través de la danza, con encuadres y técnicas muy particulares. Por ello es que algunos críticos coinciden en que no sólo forma parte de la famosa 'triple amenaza’, sino que la define.

'Maricones' era una de las palabras que más escuchaban su hermano James y él cuando su madre los enlistó en clases de danza con tan sólo 8 años de edad, eso y unos buenos golpes de parte de sus cariñosos vecinos. Kelly era un buen estudiante a quien le encantaba el baseball, llegando a considerarlo como una carrera profesional y que más tarde, le ayudaría a tener un estilo atlético particular en sus rutinas de baile. No pudo completar sus estudios en periodismo debido al Crack del 29, así que se puso a inventar coreografías con su hermano y ayudar a su familia económicamente participando en shows de talento y trabajando en clubes nocturnos. De eso se trató la vida de Gene: un constante trabajo. Sus padres abrieron una academia de danza en el '32 y Gene fungía como uno de los maestros; después de tratar de estudiar economía y leyes, lo deja todo por la danza, aunque posteriormente lo desanimó un poco al ser una disciplina muy desproporcionada: demasiadas mujeres, muy pocos hombres y una alta tasa de deserción por parte de las alumnas a los 16 años. Yo creo que por eso se impuso el reto de que las películas y los musicales, retrataran de una manera distinta a los bailarines masculinos. Es aquí cuando se muda a Nueva York y llega su gran oportunidad en Broadway.

Inició como un bailarín más en el musical de Cole Porter ‘Leave it to me!’ de 1938. Imagínense... Cole y Gene juntos... ¡qué maravilla! Me emociona demasiado pensar que estos genios estuvieron en algún momento de sus vidas compartiendo un escenario, aunque Gene haya sido tan sólo un extra. Después llegaron otros musicales, ‘The Time of Your Life’, ‘Pal Joey’ y el productor de cine David O. Selznick lo descubre cuando asistió a una de sus presentaciones. No creo que haya sido muy común que tu gran oportunidad en Hollywood haya sido al lado de la multifacética y problemática Judy Garland, pero Gene era un tipo con suerte. Su primera película fue ‘For Me And My Gal’ en 1942 y se volvió rápidamente el diamante de la MGM, pisando los talones del ya posicionado Fred Astaire. Rápidamente llegaron otras películas y oportunidades para ser coreógrafo y director de las mismas, como ‘Cover Gilr’, ‘Summer Stock’, ‘An American In Paris’ y por supuesto, ‘Anchors Aweigh’ al lado de Sinatra. ¿Recuerdan la rutina en los dormitorios? Pues al parecer la supera en popularidad la que hizo junto a Jerry de la famosa caricatura ‘Tom & Jerry’, dando un inesperado giro a las películas que juntan la animación con la filmación en vivo. Tanto ha sido su reconocimiento que mi alma gemela, Seth MacFarlane la parodió en ‘Family Guy’. Les dejo la versión original:




Pues bueno, Gene decidió romper algunos esquemas utilizando elementos de utilería a sus magníficas rutinas: trozos de periódico, un trapeador, mesas, sillas, velas y una icónica sombrilla. Lo hace ver tan simple y effortless. Un rasgo muy característico, pero que no había comprendido hasta que lo leí y escuche, es que Kelly prefería usar atuendos pegados que resaltaran su cuerpo esbelto y atlético y que le permitía tener mucha más fluidez en sus movimientos; claro, cuando el vestuario lo requería, podía portar cualquier traje con muchísima elegancia.  

Y ni hablar de su canto... una clara ramificación de su voz hablada; poseedor de una dicción casi perfecta, tenía una característica voz que incluso a mí me desconcierta. En un vídeo de Christopher Walken en donde nos habla de su admiración por Gene, menciona una frase que se quedará por siempre y para siempre atorada en la cabeza y que define con demasiada precisión la riqueza de los musicales: "[…] hay una característica cuando se hace un musical: cantas cuando ya no tienes qué decir... bailas cuando ya no puedes caminar. Una cosa es la extensión de la otra". Atravesó mi gélido corazoncito, se los juro.

Obviamente, y para cerrar a este maravilloso artista, su gran legado fue, es y será por siempre la película de 1952 ‘Singin’ In The Rain’, sin duda uno de mis musicales favoritos, protagonizada por la recién fallecida Debbie Reynolds y por Donald O’Connor. Un trío que dejó boquiabierta a toda una industria y que puso la barra demasiado alta para otros artistas de la época. Uno disfruta enormemente la rutina de Kelly bajo la lluvia y nos hace pensar que justo debe uno sentirse así cuando está enamorado. Long live King Kelly!





2. Fred Astaire


“Either the camera will dance or I will”-Fred Astaire-

Si hay 3 cosas que pueden distinguir a Fred Astaire por sobre cualquier otro artista son: la perfección con la que marcaba cada paso de sus coreografías, su estilo impecable para vestir y su suave voz. Tap, jazz, vals, tango y otros bailes de salón, Fred los dominaba a todos y con excesiva naturalidad. No es de sorprenderme que aún, a sus 58 años, estuviera bailando y cantando al lado de Audrey Hepburn en la parisina película ‘Funny Face’; imperdible una bellísima escena cuando su personaje le canta a Audrey, ‘Funny Face’ y aunque la diferencia de edades es medio abismal, hay una apreciable química gracias a esa misma elegancia que tanto los caracterizó a ambos en sus carreras.

La vida profesional de Frederick Austerlitz comenzó a muy corta edad, cuando su madre vio en su hija Adele y en Fred la minita de oro, ya que ambos mostraron grandes habilidades en la danza desde muy pequeños por lo que de inmediato los inscribió a las mejores escuelas de arte y comenzaron a formar un show de hermanos de estilo vodevil, muy común a inicios del Siglo XX. Uno complementaba al otro: Fred tenía la técnica perfecta, mientras Adele era más extrovertida. Tuvieron bastante éxito, siendo la pareja ‘it’ de Broadway, en shows como ‘The Passing Show’, ‘Lady, Be Good’ y la misma ‘Funny Face’. Sin embargo, su hermana decidió terminar la relación laboral entre ambos en 1932 cuando se casa y Fred queda bastante angustiado y mortificado, así que se va a Londres a protagonizar el musical de Cole Porter (ese Cole… conoció a todos mis artistas favoritos, creo) ‘The Gay Divorcee’ y por primera vez, Astaire interpreta una de las piezas que formará parte de su repertorio favorito tanto en el baile, como en el canto: ‘Night and Day’. Porque déjenme decirle, que mi querido Fred fue el encargado de hacer famosas muchas de las canciones del “Great American Songbook”, como ‘Cheek to Cheek’, ‘The Way You Look Tonight’ y ‘One For My Baby’, todas incluidas en las películas que protagonizó.

Posterior a su carrera en Broadway, decide intentarlo en Hollywood haciendo varias pruebas a cámara sin ningún éxito. Personas involucradas en la industria mencionan que el mismo productor que descubrió a Gene Kelly, dijo esto después de ver a una audición de Astaire: "Me siento incierto acerca de este hombre, porque a pesar de esas grandes orejas y quijada pronunciada, sabe bailar bien" y fue así como los productores deciden darle una oportunidad en el cine… qué novatos eh.

Su segunda película 'Flying to Rio' fue la razón por la que se catapultó a la fama opacando por completo a Dolores del Río y Gene Raymond como protagonistas y encontró a su gran pareja de baile, la mujer con la que revolucionaría los musicales y que hasta el día de hoy, el legado de ambos sigue presente en los corazones de muchos artistas polifacéticos: Ginger Rogers. Con Ginger filmaría un total de 10 películas, haciéndolos la pareja más codiciada de todo Hollywood; su química como actores, cantantes y bailarines era asombrosamente palpable. Fred alguna vez dijo que en efecto, cuando la conoció "Ginger nunca había bailado con una pareja anteriormente. Ella lo fingió muchísimo. No sabía hacer claqué y no sabía hacer esto y aquello... pero Ginger tenía estilo y talento y lo mejoró mientras le acompañaba. Lo entendió tanto que después de un tiempo cualquiera que bailaba conmigo me parecía mal." A pesar de que Fred estaba muy negado a iniciar otro 'dúo dinámico' y quedarse con una sola pareja (por lo vivido anteriormente con su hermana) la insistencia del público y la productora hicieron tal presión que Astaire accedió y filmó algunas de las películas más preciadas de Hollywood, como ‘Top Hat’, ‘Swing Time’, ‘Shall We Dance’, ‘Follow The Fleet’, ‘Roberta’ y ‘Carefree’.





Así como Kelly, a Fred se le reconocen 2 grandes logros en el cine: el primero, el grabar preferentemente en una sola toma, toda una secuencia de baile a plano abierto, permitiéndonos ver a la pareja de bailarines por completo; segundo, el que una rutina de baile tenía que estar forzosamente integrada a la historia de la película, es decir, que no fuera una escena extra, sino parte del mismo desarrollo de los personajes, del guion y los diálogos. Para algunos pueden sonar logros bastante comunes, pero recordemos que estamos hablando de los años 30s y que en verdad, Astaire fue el pionero en muchas cosas, incluida la moda masculina.

Más o menos, a mediados de los años 40s decide “retirarse” pero no le duraría mucho tiempo, porque en 1948 la MGM lo contrata para hacer otro número grande de películas –algunas con éxitos medianos- que formarían parte de ese increíble repertorio, haciendo pareja con Rita Hayworth, Vera-Ellen, Cyd Charisse y Jane Powell. Recién vi con mi mamá y hermana la muy popular ‘Royal Wedding’ de 1951 en donde literalmente, hablaban de la boda real entre la ahora reina Isabel y el duque de Edimburgo. Recién vi la película con mi mamá y con mi hermana y tengo que confesarles, con mucho pesar, que me aburrió un poco… siento que había cosas innecesarias pero en general, hay una escena que me impactó muchísimo y me hizo pensar de inmediato que seguramente influyó al buen Christopher Nolan y su maravillosa ‘Inception’: la escena donde el enamorado Tom Bowen (o sea, Fred) baila en toda una habitación (techo y paredes incluidas) interpretando la canción ‘You’re All The World To Me’, haciendo una de las escenas más difíciles y memorables en la historia del cine actual. Y pensar que fue hecha para un musical y no para una película de acción… ¿la han visto? Pues aquí se las dejo:





A finales de los años 50s, los musicales dejaron de ser populares en el cine y se buscaba otro tipo de guiones e historias, por lo que las carreras de muchos artistas se vieron gravemente perjudicadas. Sin embargo Fred y Gene, siguieron trabajando de manera constante en la televisión o en otro tipo de producciones que incluyeran esos elementos por lo que tanto trabajaron durante tanto tiempo. Dos artistas que indiscutiblemente revolucionaron la manera de ver y hacer películas musicales y que definen la ‘triple theat’ hollywoodense; son íconos para cualquier actor, cantante o bailarín (o fanático, como una servidora).

Espero haberlos dejado con ganas de ver sus películas, yo prometo que trataré de verlas TODAS (no de corrido, obviamente) porque es un honor y un placer disfrutar el trabajo de este par. Sólo colaboraron en dos ocasiones en sus años dorados en Hollywood y una de ellas, es esta escena de la película Ziegfeld Follies’ de 1946, en donde ambos montaron la coreografía de la canción cómica ‘The Babbitt And The Bromide’.





La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!


Letrinas: Déjame u ódiame



Los blancos pensamientos de las luces | Por Gabriela Jackman Bolaños |


Esta es la historia que casi pudo ser nuestra, pero quedo a medias porque no tenías visión  del mundo.
Pretendiendo ser perfecto, aunque eras menos que eso. Si pensaste que esto sería utópico, por favor no intentes regresar.

Déjame u ódiame

No importa que es lo que quieras de mí, ni pienses que continuaré siendo un fantasma. De cualquier manera no sabes amar, pues no tienes la menor idea de lo que es.

Jamás te pedí un idilio complicado, porque lo único que necesitaba se fue; en las noches estoy en mi habitación buscando a la persona que antes solías ser.

Ve, encuentra a la siguiente, yo me rebelaré contra ti. Vive disperso, mientras el tiempo  se te resbala entre los dedos.

Déjame u ódiame

Un día estarás solo, rogando ser alguien, espero que  al mirarte al espejo te arrepientas de  las mil y un mentiras que has dicho.

Déjame u ódiame

No te extrañaré, y si me buscas, la respuesta seguirá siendo no ya que nunca te pedí que fueses mío.

Letrinas: Connecticut


Por Eusebio Ruvalcaba | 

Connecticut


Mi tío George purga una condena de cadena perpetua en Connecticut. Por un tris se salvó de la pena máxima. Es un criminal. Y todos en casa lo detestamos. Ni siquiera podemos pronunciar su nombre; excepto mi papá, que es su hermano.

Mi tío George no se llama George sino Germán, y, como mi padre, también es negro. Para muchos, un negro nacido en Veracruz puede considerarse algo perfectamente normal, pero ni hablar que mi tío George, hasta donde recuerdo, tenía algo como de tránsfuga, como que no era de ninguna parte, ni de Veracruz, ni del Caribe, ni de África. Ni siquiera de Estados Unidos.

País al que decididamente se marchó en busca de mejor suerte. Todos —aun yo, que era un chiquillo— le aconsejamos que no hiciera eso. Que en Estados Unidos le iba a ser imposible conseguir trabajo, o destacar en lo que fuera —él quería ser piloto comercial— por su calidad de negro, y por su falta de educación escolar pues con dificultades había cursado la educación básica.

Pero él insistió en que no, que el destino no le podía jugar una mala pasada. Y aun sin cumplir los 18 años, se fue de espalda mojada. Era muy audaz, y logró librarse de un coyote que lo quería pasar a cambio de 5 mil dólares. La verdad no sé cómo le habrá hecho, pero en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en el otro lado. Y a pesar de tener ofertas de trabajo en la industria de la construcción en el estado de Nevada, una fuerza inexplicable guió su camino y decidió no detenerse hasta Nueva York. Algo tenía esta ciudad que lo atraía poderosamente.

Pronto consiguió trabajo como taxista. Es increíble la facilidad que otorgan los gringos para que un ilegal consiga manutención, o, dicho de otro modo, es inaudito el grado de corrupción entre los patrones estadounidenses. Según supimos, en el sitio de taxis les bastó con que supiera manejar. Ya con 18 años, sus gastos como alimentación y techo se los pagaba el dueño del negocio. Pero mi tío George —admitamos que se llama así— no era la excepción; otros que estaban en la misma situación recibían las mismas canonjías. En un sitio que le daba trabajo a 200 taxis, sucedían las cosas más insólitas, recuerdo que escribió en una de las escasas cartas que llegaron a nuestras manos.

Y así hubiera seguido hasta el final de los tiempos, pero se hizo amigo de un joven neoyorkino de nombre Hal. Y cuando digo amigo, lo que quiero decir es amigo de verdad. Hijo de un oficial del ejército de los Estados Unidos, y de un ama de casa a la usanza yanqui, Hal pasaba tantas horas solo que poco a poco compartió su tiempo libre con George. Al punto de que las mejores horas del día las pasaba jugando videos con George.

Pero algo aconteció que cambió el curso de las cosas. En cierta ocasión en que George se encontraba jugando en la recámara de Hal —quien en esos momentos se había ido a recoger unos documentos a la escuela—, decidió ir a la cocina por un vaso de agua. Enorme fue su sorpresa cuando descubrió a la madre de su amigo en ropa interior apenas disimulada por una bata entreabierta. Los dos se miraron estupefactos. Ambos tuvieron la intención de dar un paso atrás, como si de ese modo se pudiera pulverizar la impresión; pero ninguno lo hizo, al contrario, dieron un paso adelante.

Aquel encuentro fue decisivo. La experiencia se repitió incontables veces. A la menor oportunidad, y aprovechando que Bennett, el marido de Jenny y madre de Hal, estaba en Irak y viajaba a Estados Unidos una semana cada seis meses, George encontraba el modo de entrar a la casa y hacerle el amor a aquella mujer —por cierto de melena rubia y de ojos tan azules como expresivos.

Ya con un inglés fluido que le permitía expresarle a Jenny lo que sentía por ella, George empezó a fallar en su trabajo. Fue conminado a enderezarse pero las palabras de su patrón —quien le tenía buena fe— le entraron por un oído y le salieron por el otro. Ya sin contar con el menor ingreso, se mudó al cuarto de la servidumbre de la casa de Hal —quien, hay que decirlo, no sospechaba nada del romance que estaban teniendo su amigo y su madre.

Y aunque querían descararse más allá de lo permitido, George lograba detenerse a tiempo; tal vez por un prurito de decencia que le había sido inculcado desde niño, no se atrevía a rebasar ciertos límites. Pero cuando Bennett anunció su llegada, la situación se complicó. George no quiso dejar la casa, y finalmente le aseguró al marido que si estaba ahí era por la generosidad de Hal —que en serio estaba convencido, manipulado por George y por su mamá, de que él era el causante directo de la estadía del negro en su casa.

Bennett empezó a sospechar. Aquel hombre era casi 20 años más joven que su esposa, mexicano, ilegal y negro; menos le pareció correcto que no trabajara. Ese bueno para nada vive a mis costillas. Sus ochenta kilos los debería gastar trabajando, le reclamó a Jenny, quien a su vez lo defendía con el argumento de que estaban fomentando en Hal la clemencia, y que ellos mismos como matrimonio estaban haciendo una obra de caridad. Que eran buenos cristianos y que Dios los compensaría.

Aquella noche, Bennett metió su auto al garage. Y apenas se apeó, una daga de 30 centímetros le atravesó el bulbo raquídeo y le salió por la garganta, provocándole una muerte instantánea. Enseguida y con la ayuda de Jenny lo metieron a la cajuela y arrojaron el auto a una presa cercana.

Su propio hijo denunció la desaparición de su padre, y la policía investigó. No se necesitaba ser un genio para incriminar a George, quien se delató por un nerviosismo incontrolable. Confesó todo, y, como era de esperarse, inculpó a su amada.

El juicio no duró más de una semana.

Mi padre estuvo presente, y nos trajo los diarios donde habían aparecido las noticias. Fue un verdadero escándalo. Con voz de ultratumba, dijo que su hermano se lo había merecido, y que lo más triste en el juicio fue la presencia de Hal, aquel hijo en quien pareció recaer toda la culpa. A su madre también la condenaron a cadena perpetua.

—¿Por qué en Connecticut? —le pregunté.

Me respondió que no sabía.



El Autor: Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música.

#Top: Las mejores rolas de Franz Ferdinand


Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García | 


Franz Ferdinand reventó la escena a mediados de la década pasada con su homónimo álbum debut. Y no es para menos, un discazo de 10, todas las canciones pudieron haber sido single sin ningún problema. Marcaron a una generación y a un movimiento –el post punk revival-. Un rock actualizado, más popero, y mucho menos aburrido que el de los hermanos Gallagher. Vamos a repasar con qué canciones consiguieron ser recordados como, quizá, la principal banda británica de su estilo.

1. Take me out

El temazo icónico por excelencia de la banda



2. Do you want to

Y este es el himno en todos sus conciertos, el momento más esperado



3. Ulysses

Tras cuatro años de silencio, volvieron a lo grande en 2009 con su tercer álbum con esta canción como carta de presentación que se hizo viral instantáneamente gracias a su peculiar sonido, a lo pegadizo de su estribillo y a su tema: habla de drogarse.



4. This fire
5. Evil Eye
6. This Boy

Tres temas muy enérgicos. ‘Evil Eye’ es quizá la mayor joya de su último álbum, de 2013.



7. Live Alone
8. Bullet
9. Michael

Con ‘Live alone’ se ponen más tranquilos y románticos. Y con ‘Michael’ explotan un tema que ha dado mucho a esta banda: las diferentes orientaciones sexuales. Y muestra de ello es el vídeo de esta canción. Eso sí, una vez consolidaron su éxito, poco más han vuelto explotar aquella ambigüedad sexual que resaltaba su vocalista.



10. Walk Away
11. Twilight Omens
12. The Universe Expanded
13. Auf Achse

Estas canciones recogen sonidos más introspectivos, en la mayoría de casos tirando de sintetizadores.

14. Love Illumination
15. Erdbeer Mund

Este último tema, no recogido en ninguno de sus álbumes, nos dejó este divertido vídeo:



Sus redes sociales oficiales son:

Facebook: https://www.facebook.com/officialfranzferdinand
Twitter: https://twitter.com/franz_ferdinand
Web: www.franzferdinand.com/

Os recomiendo encarecidamente el Twitter personal del vocalista, Alex Kapranos: https://twitter.com/alkapranos Se mete a comentar un poco de todo, y tiene un particular sentido del humor.

Carrie Fisher: más allá de la galaxia


Cinema Coyote | Por Alejandro Carrillo |



Las últimas horas de 2016 se llevaron a una de las figuras más entrañables del cine y la cultura pop. La magnífica Carrie Fisher, mundialmente conocida por personificar a la Princesa Leia, dejó un gran vacío en la galaxia y en los millones de seguidores de la saga más famosa de la historia. Tristemente unas horas después de su deceso también se dio a conocer la muerte de su madre, Debbie Reynolds, quien también fuera actriz.

A manera de homenaje les presentamos algunos datos extra de la vida de Carrie Fisher, más allá del personaje y la investidura de Leia Organa. Que la fuerza te acompañe, princesa.



1. El cine lejos de la galaxia

Aunque en su filmografía aparecen más de 50 títulos, ninguno le dio tanta fama como la primera trilogía de Star Wars. Su primera aparición la hizo como actriz secundaria en la comedia Shampoo (1975). Dicha cinta logró obtener cuatro nominaciones de la Academia y catapultó de inmediato la carrera de la joven Carrie Fisher, quien tan sólo dos años después ya estaría filmando Episode IV: A New Hope (1977) de la mano de George Lucas.



En 1986 la actriz tuvo la oportunidad de trabajar bajo la dirección de Woody Allen en la aclamada cinta Hannah and Her sisters, ganadora de tres Óscares, incluyendo Mejor Guion.

Lejos de los trabajos ya señalados, su carrera actoral se limitó a papeles secundarios en algunas cintas de renombre como When Harry Met Sally... (1989) y series de televisión como Smalville, The Big Bang Theory, Sex and the City y Family Guy; además de su aparición en las secuelas de Star Wars.



2. Su faceta como escritora

Tras el inminente declive de su paso tras las cámaras, Carrie Fisher se dedicó a escribir paralelamente a la actuación. Publicó la autobiografía "Postcards from the Edge" que en 1990 sería llevada al cine por el director Mike Nichols (Fisher se encargó de hacer la adaptación del guion que fue nominado a los Premios BAFTA).

Probó como novelista con dos títulos: Surrender the Pink y Delusions of Grandma; además siguió colaborando como guionista en diversos trabajos fílmicos, uno de ellos fue la serie These Old Broads, protagonizada por su madre -Debbie Reynolds- en 2001.


Publicó también la novela biográfica Wishful Drinking (2009) en donde narra algunos pasajes de su vida dentro y fuera del cine, problemas personales y anécdotas poco conocidas alrededor del universo Star Wars. 

George vino el primer día de rodaje y echó un vistazo a mi vestido, tras lo que me dijo "No puedes llevar sujetador bajo ese vestido", algo a lo que respondí "De acuerdo, veamos, ¿Por qué?" y él respondió "Porque... No hay ropa interior en el espacio."

Su última obra The Princess Diarist (2016) narra una serie de memorias reveladoras e hilarantes de su vida alrededor del personaje de la Princesa Leia. Fue durante la promoción de este libro cuando Carrie sufrió un ataque al corazón a bordo de un avión y días después su cuerpo dejaría de existir en un hospital de Los Ángeles.



3. El amorío con Han Solo y la cocaína

Durante los ochenta, el exceso de drogas y alcohol desencadenaron en Carrie severos problemas de depresión y trastorno bipolar. La adicción a la cocaína y a los antidepresivos se reflejó en la poca calidad de sus actuaciones en algunas películas e incluso confesó que sobrevivió a una sobredosis y a un largo proceso de desintoxicación. 

Poco a poco me di cuenta de que estaba usando las drogas un poco más que otras personas y que estaba perdiendo mi control sobre ellas.(...) Le di tanto a la cocaína en Star Wars que incluso John Belushi me dijo que tenía un problema

También narra en su último libro que durante el rodaje de Star Wars en 1976 sostuvo un amorío de varios meses con Harrison Ford -quien en ese entonces estaba casado con su primera esposa-. Leia tenía 21 años y Han Solo 35.



4. La hija y el perro

Billie Lourd, la hija de Carrie, es conocida por su papel como "Chanel #3" en la serie Scream Queens. Además fue considerada para tomar el papel de la joven Princesa Leia durante los flahsbacks de The Force Awakens (2015) aunque al final terminaría personificando a la Teniente Connix -que también tiene participación en el Episodio VIII-.


La mascota de Carrie Fisher es un bulldog francés llamado "Gary" que tiene su propia cuenta de tuiter (@Gary_TheDog) y que seguía a la actriz a todos lados a pesar de la apretada agenda. Sin duda uno de los seres que más han resentido la tragedia.


 5. Episodios VIII y IX 

Como consuelo y a manera de despedida, los fans de Star Wars pudimos ver a Carrie Fisher por última vez en su mítico papel de Leia Organa en los Episodios VIII y IX de la saga.

Para esta última entrega y gracias a los extras disponibles en la edición de El despertar de la fuerza, podemos ver ocho minutos de metraje con Carrie Fisher que no se utilizaron anteriormente. Momentos en que Leia es maestra de Rey y es evidente que los diálogos parecen un tanto forzados y no corresponden a la trama de El ascenso de Skywalker.

La intención de JJ Abrams era honrar el legado de Carrie Fisher, evitando a toda costa recrear el personaje por computadora y mucho menos hacer uso de otra actriz para interpretarlo.

 Te extrañaremos, Carrie, ya eres una con la fuerza.

12 canciones, 12 artistas, 12 clichés navideños que querrás poner en tu playlist

Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |
 
 ñ. 

Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


Ya sé que tal vez parezco viejita insistente cuando digo una y otra vez que el tiempo está pasando rapidísimo, pero es muy cierto. Hemos llegado nuevamente a diciembre y parece que fue ayer cuando escribía sobre Frank Sinatra y su 'cumpleaños' número 100. Pues bien, decidí cambiar un poquito las cosas (como les dije en mi artículo anterior) y hacer una especie de "Top 12" de canciones navideñas interpretadas por 12 artistas sobre los que les he hablado a lo largo de casi dos años (¿ven? ni yo me creo que tan sólo falte un mes para cumplir dos años colaborando con la revista). Dicho recuento viene bastante bien con el fin de año porque aceptémoslo, es la época perfecta para recordar y hacer listas interminables de las mejores o peores cosas que pasaron en el año, de ahí vienen los clichés que menciono en el título. 

Independientemente de si nos gusta o no (que a mí me gusta y mucho), las fiestas decembrinas vienen acompañadas de un soundtrack que se ha vuelto casi obligatorio escuchar; las canciones que lo componen han sido interpretadas por un montón de artistas diferentes, desde los más comerciales hasta los más independientes, ya que pareciera que es un éxito asegurado sacar un álbum navideño y que las disqueras nos animen/obliguen a escuchar "Jingle Bells" en cuatro mil versiones diferentes. Pues me di a la tarea de investigar un poco y da la casualidad –o destino, ese del que tanto hablé en mis primeros textos para la revista- que prácticamente todos los artistas de los que he hablado aquí en Sputnik han sacado un álbum o singles navideños, y obviamente no podía dejar escapar la oportunidad de escribir algo al respecto. Todas estas canciones tienen el toque característico del artista que la interpreta, por lo que a mi parecer, son opciones peculiares e interesantes para escuchar en diciembre, así que les comparto mi playlist navideño imperdible de hoy en adelante:

1.    Ella Fitzgerald – ‘The Secret of Christmas’

Quise empezar con Ella porque, además de ser una de mis cantantes favoritas, siempre tendrá un lugarcito muy especial en mi corazón al ser la primera artista que reseñé aquí en Sputnik, así que... honor a quien honor merece. Esta canción, escrita por los talentosos letristas Sammy Cahn y Jimmy Van Heusen, fue compuesta exclusivamente para Bing Crosby (prometo escribir sobre él muy prontito) para la película “Say One For Me” de 1959. Ella no quiso quedarse atrás y grabó la misma canción, en el mismo año para su álbum navideño "Ella Wishes You A Swinging Christmas". Aww... un título que me fascina. Si ustedes tienden a ponerse un poquito melancólicos en estas fechas, pues ‘The Secret of Christmas’ es la perfecta canción para ustedes, no sólo por la voz e interpretación tan perfecta y singular de Ella, sino también por la letra tan rompe madre que tiene, que incluso nos alecciona a ser congruentes los 365/66 días del año. ¿Quieren saber cuál es el secreto de Navidad? Escúchenla, léanla y lo descubrirán. 




2.    Seth MacFarlane – ‘What Are You Doing New Year's Eve?’

Créanme cuando les digo que me quedaría en shock total si Seth MacFarlane llegara a preguntarme “¿qué harás la víspera de Año Nuevo?”… me quedaría muda o contestaría pura estupidez (me inclino más por esto último). De todas formas, y desconfiando totalmente de mi reacción hipotética, tengo los dedos cruzados para que eso suceda algún día… ¡JA-JA! Esta canción de 1947, fue escrita por Frank Loesser cuyos éxitos residieron más que nada en Broadway. Ha sido ‘covereada’ por muchos, muchos artistas incluidos varios de mis favoritos; ustedes nombren un (a) cantante y seguramente ha hecho su propia rendition de esta canción. Hasta Rod Stewart decidió hacer su propia versión “virtual” al lado de Ella Fitzgerald en 2012. La versión de Seth está incluida en su álbum navideño del 2014 titulado ‘Holiday for Swing’, en el que trató de no interpretar las mismas canciones de siempre pero, resulta que las más populares del disco son esas… las mismas de siempre. Sin embargo, el álbum es una verdadera joya, muy al estilo de MacFarlane y de las big band orchestra de los años 40 o 50’s, con un poco de jazz y swing. Muchos aplausos para mi Seth y por fis, por fis, alguien apiádese y regálenme este CD que tanto quiero.




3.    Nat King Cole – ‘The Little Boy That Santa Claus Forgot’

No les miento, ese es el tema de la canción: un pequeño al que Santa no le trajo NA-DA porque se “olvidó” de él y tiene que conformarse con sus juguetes viejos mientras ve a otras niñas y niños jugar con sus nuevos toys. Voy a contarles las dos razones particulares por las que decidí seleccionarla para este Top 12: 1) porque Nat la interpreta excelentemente bien y no da la pinta de ser TAAAN tristona y 2) porque habla sobre un tema demasiado crudo. Si algo hace especial nuestra infancia, son los recuerdos navideños que tendremos (suena cursi, pero es cierto) y gran parte de ello se debe a que nos maravillamos con los regalos que recibimos, en su mayoría juguetes (les presumo que en alguna ocasión, mi hermana y yo llegamos a casa con bolsas de basura repletas de juguetes nuevos). Ahora, si queremos ponernos bien reflexivos y hasta extremistas, ¿qué pasa con todos aquellos pequeños cuyos papás no tienen los suficientes recursos o, simplemente no tienen papás que les regalen preciados juguetes? Así de frío, así de real, y tal cual nos lo dice la canción: “I’m so sorry for that laddie, he hasn’t got a daddy… the little boy that Santa Claus forgot”. Agarren unos Kleenex si es que los necesitan.





4.    The Carpenters - 'Merry Christmas Darling'

No podía faltar la dulce e inigualable voz de Karen Carpenter en esta lista. Me gusta recordar que desde muy pequeña conocí y "conviví" con esta canción en épocas navideñas, porque formaba parte de un cassette (sí, ¡un CASSETTE!) de Navidad que nos regaló mi tía que vive en Estados Unidos. Obviamente es una canción tierna y melancólica (acabo de decidir que melancólica será la palabra clave en este artículo) que nos habla sobre el anhelo de tener a esa persona a nuestro lado en Navidad, esa persona que se alejó o que decidimos alejar: un amigo, un familiar, un ex novio (a) o simplemente alguien que falleció. Richard Carpenter compuso la música y Frank Looper escribió la letra, cada uno cuando tenía 19 años y sin conocerse. Inmediatamente fue un éxito total en las listas navideñas de popularidad por años consecutivos, tanto así que en 1978 la remasterizaron y la incluyeron en su primer álbum navideño “Christmas Portrait”. Hay quienes afirman que es una de las mejores canciones del dúo familiar, así que disfrútenla mucho (el video no se ve tan nítido, pero la canción se escucha perfecta).




5.    Elvis Presley – ‘If Every Day Was Like Christmas’

Tal vez para muchos la canción navideña más famosa de Elvis es ‘Blue Christmas’, pero a mí me gusta más ‘If Every Day Was Like Christmas’, que fue escrita por Red West y grabada como single en 1966. Para ese entonces, Elvis ya había sacado su primer álbum de Navidad 9 años atrás, pero decidieron irlo actualizando en años posteriores, por lo que incluyeron esta canción y quitaron otras que no habían pegado tanto. La canción suena mucho al Elvis de finales de los 60’s y nos habla sobre el mundo verdaderamente armónico en el que podríamos vivir de ser todos los días Navidad, lo cual niego If Every Day Was Like Christmas’completamente porque siempre son días carrereados y días en los que desafortunadamente la gente saca lo peor de sí y nadie me lo va a negar (ojo, no digo que tooodas las personas, pero sí una gran mayoría, tan sólo basta ir al supermercado para darse cuenta). Por eso esta canción será hoy y siempre un chiste local entre mi familia y yo. Pero, independientemente de si estoy de acuerdo o no con la letra, me gusta mucho la melodía y sobre todo la voz de Elvis.




6.    Frank Sinatra – ‘Santa Claus Is Coming To Town’

Quién mejor que Sinatra para decirnos que hay un dude que nos anda vigilando, que sabe lo que hacemos, a qué hora nos dormimos y despertamos, y si es que nos hemos portado bien en el año o no. Siempre había pensado que, la persona que escribió y compuso esta canción, seguramente tendría la vida resuelta de inmediato porque la he escuchado con cualquier cantidad de artistas diferentes y por lo tanto, sus ganancias económicas serías estratosféricas. Y ahora que ya investigué, resulta que fue hace 82 años cuando se escuchó por primera vez en el show de radio de Eddie Cantor y los responsables de que exista fueron los letristas John Frederick Coots y Haven Gillespie. No sé si se hicieron ricos o no, pero se lo tenían merecido. Si Frank no cantara las palabras “Santa Claus”, podría pasar por una de sus clásicas canciones, llenas de mucho swing y excelente dicción. En toda su vida, Sinatra grabó cuatro álbumes de Navidad y dos fueron producidos después de su muerte, recopilando sólo las mejores canciones. ¿Ya ven? Hasta Frank le entró al espíritu navideño, ¿ustedes por qué diablos no?




7.    Barbra Streisand – ‘Grown-Up Christmas List’

Un poquito de Barbra tenía que estar en nuestra playlist. A lo largo de su carrera, la diva de divas ha grabado dos álbumes navideños, uno en 1967 y otro en el 2001. Esta canción digamos que es bastante actual, tan sólo tiene 26 añitos de existir; se trata básicamente de hacer a un lado a nuestro "niño interior" y pedir cosas adultas realmente importantes y significativas como el cese de las guerras. Obviamente Barbra la interpreta como si estuviéramos viendo un musical, lo cual siempre ha sido su fuerte y por esa razón tan simple es que me gusta bastante. Momento de confesión: esta canción la escuche primero en español y con la voz de “Luismi”... les doy chance a que me juzguen, pero sólo un poquito.




8.    Rod Stewart – ‘Have Yourself A Merry Little Christmas’

Una de mis canciones navideñas predilectas, siempre será ‘Have Yourself A Merry Little Christmas’, pero esta versión en particular de mi buen amigo... perdón, de Sir Rod Stewart, es una delicia. La canción fue escrita por Hugh Martin y Ralph Blane para el musical “Meet Me In St. Louis” en 1944, protagonizado por Judy Garland, pero a lo largo de varios años (e incluso cuando estaban grabando la película) la letra sufrió algunas modificaciones, por peticiones de artistas como el mismísimo Sinatra, haciendo la canción mucho menos triste. En 2007 fue rankeada como la tercera canción navideña más grabada de toda la historia, así que podemos darnos una buena idea de lo popular que es. Hay un término, que en realidad nunca supe con exactitud qué decía o qué significa… hasta ahora. La canción nos dice: "Have yourself a Merry little Christmas, make the Yuletide gay". Para no hacerles el cuento muy largo, Yuletide es un término arcaico que se usa para referirse a los 12 días religiosos que celebraban los europeos del norte hace cientos de años y que actualmente se traduce como "Christmas time" (tiempo de Navidad) y gay, se define como feliz (qué bonita definición). O sea, la canción dice que hagas tu Navidad feliz, punto final. Si les gusta esta versión, me encargaré de decírselo personalmente a Rod ahora que lo vea en marzo... porque sí, tendré la ENORME dicha de asistir a su concierto, ya con eso el 2017 pinta bastante bien.




9.    Tony Bennett – ‘I’ll Be Home For Christmas’

Las distintas versiones que se han hecho sobre esta canción a lo largo del tiempo, casi siempre son más melancólicas o con melodías más solemnes y es que yo desconocía que la letra trata sobre un soldado de la Segunda Guerra Mundial quien escribe a su familia anunciando que llegará a casa está Navidad y que espera encontrarlos de buen humor, con muchos regalos debajo del árbol y así... pero termina diciendo: "I'll be home for Christmas if only in my dreams". ¡O sea que no vendrá! ¡Sólo se lo estaba imaginando! ¡No regresará a Navidad! ¡No verá a su familia! ¡Qué tragedia! Se quedará varado en plena guerra y añorando estar con los suyos. Me llegó directo al corazón. De todos modos, la versión a cargo de mi buen amigo Tony, hace que se nos olvide la temática real de la canción y por el contrario, hasta nos pone de buen humor con su particular jazz. Decidió incluirla en su álbum “Snowfall: The Tony Bennett Christmas Album” en 1968. Gracias a la inigualable voz de Bing Crosby, 'I'll Be Home For Christmas" fue un éxito en 1943 y puedo afirmarles que lo es hasta la fecha. 




10. Billie Holiday – ‘I Got My Love To Keep Me Warm’

Tengo algo que confesarles: primero había seleccionado a Carole King con esta canción pero, no me gustó mucho el álbum navideño de Carole. Y no es nada en contra de ella, pero siento que muchas canciones no vienen al caso con su estilo musical tan increíble, juro que hay una que hasta parece salsa y miren que a mí me gusta la salsa pero… ¿salsa en Carole King? Pues como que no. Por lo tanto, la única canción que realmente me agradó fue esta que elegí, escrita por el compositor Irving Berlin en 1937 y que forma parte del musical “On The Avenue” del mismo año. Pero entonces, supe que Billie (junto con otros millones de artistas) había hecho su propia rendition, la escuché y pfff… se lleva de calle a la versión de Carole. Y es que Billie es Billie, su voz transformó por completo la canción. Y a pesar de no ser estrictamente una canción navideña y ni tener una letra que hable de la temporada, la fueron haciendo parte de ese soundtrack navideño obligatorio del que mencioné al inicio del artículo. Gracias Billie por esta increíble interpretación, me dejó la piel chinita.    




11. Neil Diamond – ‘O Holy Night’

Te miro un poquito con ojos ‘juzgadores’ mi Neil porque ¿qué onda de estar grabando álbumes de Navidad cuando eres claramente judío? Pero bueno, no etiquetaré a nadie y dejaré que cada quién haga lo que se le antoje, más cuando se trata de hacer buena música. Diamond grabó su primer álbum de Navidad en 1992 y fue un exitazo, tanto así, que justo en estos momentos anda en la promoción de su segundo álbum navideño titulado “Acoustic Christmas”, con toques más folk y obviamente acústicos. En ambos incluyó el villancico ‘O Holy Night’, escrito en 1847 por Adolphe Adam, un músico y compositor francés que se inspiró en el poema  "Minuit, chrétiens" y que habla sobre la noche en que Jesús nació. Les dejo la versión más reciente y acústica que, a pesar de todo, tiene el característico soft-rock de Neil. Que no se les olvide que este hombre tiene 75 años y aún canta MUY bien y tiene ganas de seguir trabajado. Yo tengo 48 años menos y a veces me doy por vencida, se los prometo.




12. Billy Joel y Johnny Mathis – ‘The Christmas Song’

De este Top 12, mi querido Johnny es el que se lleva el trofeo al artista con más álbumes de Navidad, sumando un total de 7 en sus más de 50 años de carrera, aplausos ensordecedores para Mathis. Qué linda casualidad encontrarme con este dueto entre Billy y Johnny –que desconocía por completo- contenido en el álbum del 2013 “Sending You A Little Christmas” de Mathis. Escrita por Bob Wells y Mel Tormé en pleno verano de 1945, es hasta estos días la canción más covereada de la historia, el himno gringo navideño por excelencia, siendo el primero en haberla grabado fue mi estimado Nat King Cole. Qué chula es la historia de la música, me cae. La voz melodiosa de Johnny con la voz rockera de Billy, la hacen una versión contrastante, interesante y muy buena. 




Se acaba este 2016 repleto de contrastes. Gracias a mi querida y adorada Revista Sputnik por confiar en mí y en mis textos (aún con sus fe de erratas) y por dar el espacio a muchos como yo, ansiosos por compartir un poquito de nuestros gustos y aficiones, rompiendo la monotonía que hay en otros medios.


He escuchado en muchas partes que el 2017 es un año con aún más incertidumbre y que pinta muy difícil, pero… tratemos de ser entusiastas y positivos (y miren que yo soy bien negativa); tratemos de respetarnos y maravillarnos aún con la cotidianidad que nos regala la vida. Cuídense mucho y felices fiestas. Confío en que el próximo año seguiré pidiéndoles que me llamen anticuada, por favor.



La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!

Letrinas: Introspectiva

Por Gabriela Jackman Bolaños | 



La resolana entraba en la habitación sin techo, los tenues pero reconfortantes rayos de sol se propagaban disimuladamente por el follaje formando finos delineados en las hojas y el grueso tronco. Otros se escurrían velozmente hasta llegar a nosotros.

El estupor de sus mejillas tal vez para el ojo de un mortal ordinario, sencillamente era imperceptible, pero él desde distintos ángulos hallaba algo complejamente enigmático, sin aparente explicación.

Cuando lo conocí, ese primer día donde sucumbía nerviosamente por no saber cómo confrontarlo; el tiempo interrumpió su curso, ni ocurrieron toda esa clase de coyunturas cíclicas, sin sentido que a menudo nos rellenan todos los espacios entre páginas y parpadeos.

Continuamente lo contemplaba pues me proporcionaba ese rotundo placer cognitivo.

Para completar la escena a lo lejos un ave emitía su canto, en silencio recostado a mi lado en la hierba etéreamente humedecida me decía más con pensamientos que con absurdas palabras, este lenguaje era genuino sin códigos, absolutamente exquisito.

Si lo percibía, tal vez no mostraba deseos de compartirlo; entonces… tendría que inventar cierta manera de hacerlo discernir, cuantas cosas podía realizar por él, incluso lo considerado imposible se tornaba en un vil paralelismo maquinado por la humanidad.

En un principio me propuse que algún día, quizá no en ese preciso instante lograría captar su atención sutilmente, sin esfuerzo sobrehumano. Esperé, perecí incontables ocasiones interiormente, abusé imperativamente del pecado de la envidia disfrazada de gran camaradería con aquella mujer, cual nombre significa: dulce como la miel.

Mi imaginación surcó como velero en destinos no meramente desconocidos, creo que la definición correcta sería inconclusos o inciertos.

Podrás tener la ingeniosidad de subestimarme en uno y mil modos, sin embargo ésta fémina te sorprenderá por todo lo que conoce y desconoce. Lluvia de abril transformada en constante tempestad, que no abandona la esperanza y persevera.

¿Pelearé? Me cuestiono a mí misma. La respuesta es sí, con toda mi energía, correré el riesgo también de caer, aunque recobraré mi fuego abrasador, arrasando con todo aquello que impida concluir con mi ideal.

Al inicio fue un gran tren donde el subconsciente jalaba insistentemente la palanca de emergencia en la siguiente parada, ahora es el turno del llegar al final de la vía. Querer suena poco egoísta, empero espero que el camino sea un colega azaroso, mantendré firme la voluntad porque es navegante en un océano de perjuicios y falsedades.

Contigo desnudo mis verdades, te dibujaré lo que la mente indique, no te dejo la irónica llave para acceder al músculo latente titulado corazón, pues es inexistente.

Aclararé hasta concluir varios puntos medulares, acerca de la objetividad del amor. Me lo he formulado como aquellas integrales que tanto te gusta resolver. Es una mera invención ese continuo enunciado “Rompiste mi corazón”. Acaso te has imaginado el insoportable dolor físico al que seriamos sometidos u observarlo gráficamente hecho pedazos.

En fin, creo que he divagado demasiado del mensaje original. Trato de ser sensata afirmando la presencia de millones de peces en el mar y muchas veces ambicionamos con conocerlos a todos súbitamente, lo que intento mostrarte sin trivialidades es mi incontrolable necesidad de evadir consignas, averiguar lo ilimitado y desentrañar a tan misterioso personaje como lo es el guerrero que hay en ti.

Ratificaré que definitivamente no existe una eternidad para alternar lo suficiente con una persona. La brújula conducirá mis puntos cardinales aérea, terrestre, submarina y por qué no subterráneamente hasta el centro del planeta.

Cae el día acompañado de la noche, diversos autobuses con asientos azules, verdes, amarillos y naranjas en la misma ruta cruzando la avenida a cuatro centenas en los ríos buscados para ser encontrados.

Decides correr mientras los demás caminan, dominas el éxito que te fue infundado para convertirte en ganador sobresaliente de cualquier frontera y es por eso que pierdo el punto, mi mirada se defiende tal como la roca para no ser arrastrada por las olas furiosas.

Si me abandona la cordura, no te culpes, si bien, cierto es mencionar el elixir embelesador derramado codiciosa e intencionadamente en mis labios esperando afanosamente un ósculo.

Desde mi cielo te espío a través de pestañas, sólo para tus ojos una lágrima caerá del paraíso, hasta que lo abras finalmente, cuando el propio subsistir ceda a ser un suspiro y así sea el destino o la fatalidad si tú lo prefieres lo que nos ha juntado; yo permitiré que este momento pase sin decirte lo profundamente que ha afectado lo más esencial de mi existencia.

Letrinas: Esta no es una historia de tribuna


El Reino de las Bestias | Por Mariana Quezada |


Querido Penrose:

He sobrevivido al impacto del transbordador Edén XII en el que viajábamos, de alguna forma tras el paso de tantos despertares a bordo y tantas salidas al exterior de él como técnico de reparación y exploración del equipo F-XXI, mis pulmones se adaptaron a la combustión de metales pesados y gases en el espacio exterior en lugar de oxígeno, el cual siempre se nos dijo era indispensable para nuestra supervivencia. Yo me encontraba fuera de nuestro hogar de metal cuanto todo ocurrió. Tras el impacto del transbordador en aquel agujero negro que te arranco a ti y a todo de este universo, salí volando inconsciente a una estrella roja con una extraña atmósfera donde encontré tus cartas sobre el viaje y tuve a bien leerlas para esperar mi final, igual que el de todo lo demás.


No sé cuántas veces tuve que leer, ni cuanto estuve ahí sentada imaginando tu vida y la mía si nos hubiésemos conocido aún en la Tierra. Te imaginé pelirrojo -porque una mente tan osada para escribir esas cartas, debía tener la apariencia genéticamente menos probable entre la raza humana- de piel blanca y con una barba que te crecería a partir de los dieciocho y una imagen conservadora típica de la sexta década del siglo XX atrapada en el XXI.


Yo sería una joven alocada con algún interés intelectual y tendría la mata teñida de rojo rubí, y haciendo una analogía con mi actual condición en este lugar, me imaginé también sola, aunque aquella chica en vez de encontrarse con estas cartas viejas que me han hecho compañía… se encontraba contigo.


Es probable que por nuestros genios, nos hubiese sido imposible congeniar antes de los diecinueve quizás los veinte, pero estoy segura de que lo haríamos tal vez en una casa de huéspedes donde viviríamos juntos o en una fiesta donde te colgarías con los pies de un saco de box. Se me antoja haberte conocido cuando fuimos jóvenes y haber disfrutado de los clichés de una vida social sin las complicadas reglas del transbordador que se podía disfrutar en la Tierra hacía tanto.


Sin más que el espacio que observar me permití buscarte en él, y te encontré como mi mejor amigo, en un universo donde no eras digno de morir en un periódico amarillista donde aparecen los desdichados con mala suerte, tú mereces permanecer vivo entre la vorágine de este universo y todos los demás que fueron tangentes a ti con solo una caricia caprichosa del destino, ese mismo que no te arranco de mí, sino que te trajo a mi lado para compartir tantas noches de pláticas incesantes en las que me hacías sentir una persona interesante al permitirme saber qué cruzaba por tu mente y preguntarte qué  pasaba por la mía.


Si pudiese imaginarte, habrías sido mi mejor amigo. Y te imagino bajando las escaleras de la casa de tu madre con un pantalón atirantado y la barba bien peinada, bailando en un antro solos tras correr entre la noche y la gente hasta que la banda de rock nos nombrara las estrellas y se convirtiera en un espectador. Nos imagino a ti y a mí entrando juntos a la universidad, haciendo arte en algún medio visual, te imagino viejo y lleno de vida escribiendo aún tus cartas que hubiesen sido leídas por la humanidad entera, imagino que estamos cuando somos niños, cuando somos jóvenes, cuando vivimos solos y cuando encontramos el amor, donde mis hijos te dirán tío y lloraríamos el día de nuestras bodas, como se llora de alegría por un hermano, por un amigo, por alguien como nosotros, que cruzaremos un número infinito de universos para que sea así. Te imagino para asegurarme de que en algún momento del tiempo y el espacio será verdad que existas toda la vida conmigo. Porque habría sido un placer conocerte.


Tomo el papel y lo guardo en mi bolsillo para escribir después. El aire es denso y algo asfixiante levanto la cabeza para ver las estrellas y galaxias que desaparecen en el agujero negro y entran a otra dimensión. Aquí estaré por un tiempo, a mi atmósfera le quedan suficientes nutrientes y aire para imaginarlo todo, para ver algunos universos crearse y desaparecer,  observándolo todo.


Algo flota bajo la ausencia de gravedad a unos cuantos metros sobre mí, me empujó hacia adelante y consigo alcanzar esa llave de entre las cosas que aparecen algunas veces flotando en el universo, la tomo entre mis manos y me imagino que esta llave que en algún momento compartirá conmigo la muerte y vida de muchos universos, que abrió puertas y navego en el espacio… estará ahí, cuando nos volvamos a ver.


         Querido Penrose: Será un placer conocerle


Tomo la libreta de notas técnicas que sobrevivió en mi bolsillo y lanzo las hojas al cielo creando una pieza más que forme parte del tiempo igual que yo.



Esta no es una historia de tribuna. Es la historia de un héroe de la postmodernidad.

Letrinas: La otra Alicia



Por Gabriela Jackman Bolaños | 

LA OTRA ALICIA 




CINCO PASOS, UN TROPIEZO

LO VUELVO A INTENTAR.

EN LA NADA TODO SURGE,

COMIENZO A PENSAR QUE

ES COMPLEJO, EL REFLEJO

DE NUESTRO ESPEJO.

NO ERES TÚ NI SOY YO.

ILUSIÓN, ABDUCCIÓN,

VOY PERDIENDO EL TIEMPO

EN EL ESPACIO, VOLANDO BAJO

DESDE EL MISMO CUARTO.

ELLA ES YO, EN LA ESCALERA

DE ESPIRAL GUIANDO HACIA EL PORTAL,

DONDE SOPLE LUCES Y SEA LA OTRA ALICIA.

LO QUE NO ES, DEBER SER

Y AL REVÉS PUEDAS VER

PINTADO EN UN BARCO DE PAPEL,

EMPEZÓ MAÑANA PERO AYER

SE VA A ACABAR, ESTE MUNDO

DE LA OTRA ALICIA.



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