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Letrinas: Al son que me toques bailo

23 julio 2014

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Tacones Lejanos-
Por La Tija-

"Vende caro tu amor, aventurera"

La música es una verdadera puta. Noche tras noche sale a las calles a buscar cliente para que la toque; la única condicionante es que el que se atreva a hacerlo lo haga con verdadera pasión, de ahí mi idea de que no cualquiera pueda tocarla o bailar con ella simplemente porque es, como dicen los que nada saben, un acto inherente al ser humano. Es cierto, muchas veces puede fingir, ¿pero quién no lo ha hecho con tal de conseguir algo parecido al deseo mientras vaga por la noche? Muchos tratan de tocarla sin éxito y otros con todos y sus años de pito fácil o preparación no logran hacerla llegar al orgasmo, al éxtasis de la pieza en donde lo único que hay que hacer es cerrar los ojos y disfrutar. A coger no te enseñan en las mejores escuelas y con la música pasa lo mismo. A veces se aprende mejor en los barecillos de quinta, en donde aprendes a tocar otras músicas menos importantes pero con sonidos igual de calientes y penetrantes que en refinadas escuelas donde sólo repites los movimientos para (pro)crear nuevas obras. Otras actuaciones, aunque buenas no son reconocidas como debieran, pero es que la música, puta y al mismo tiempo mujer, tiene buenas, malas noches y hasta amores prohibidos de arrabal que únicamente reconocerá bajo los efectos del alcohol y otras sustancias. La música es una puta internacional y por eso tampoco distingue nacionalidades así que lo mismo puede tocarla un ruso que un mexicano porque el lenguaje de la pasión es uno solo. La factura es cara, pero no hay un sólo hombre que después de haberla tenido pueda pasar el resto de la vida sin poseerla siempre. Pobres, porque muchos de esos son los que enloquecen y se pierden entre notas y malviajes pensando que la puta dejará su oficio para irse a sus brazos pero la música no sabe de dueños. Por eso, afortunado no es aquel que logra tocarla, sino el que escucha sus movimientos y una vez que logro sincronizarse con ella dedica sus noches, sus días y sus desvelos a su entera devoción.

Shala la la lá, shala la la lá….

Chelista de madrugada en el Parián. Foto: Alejandro Carrillo

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