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De Minions y Exterminadores: ¿jugando con los tiempos o con nuestros tiempos?

Cinetiketas al 2x1 | Nuestra reseña de Minions y Terminator: Génesis para este fin de semana.

17 julio 2015

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Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


Unos populares seres amarillos, que no son los “Simpsons”, presentan su propia película. Me refiero a los bajitos, pelones y regordetes Minions, famosos por su adorable simpatía emanada en las exitosas cintas de animación de “Mi villano favorito” (“Despicable Me”), de los estudios Illumination Entertainment. Debutan como protagonistas en una precuela, la cual juega con algunos tiempos significativos de la historia de la humanidad, pretendiendo resolver las dudas acerca de su origen y supervivencia. ¿El resultado? Depende de las expectativas y exigencias de cada cinéfilo. 

“Minions” opta por la comedia simple y física, al estilo “capulinesco”, para intentar generar, a través de las torpezas de sus tres protagonistas, diversas carcajadas. Dicho objetivo funciona, adecuadamente, para los niños más pequeños pero, muy probablemente, no ocurre lo mismo con el público más adulto. Además, el uso de un narrador omnisciente, al principio y final de la historia, le estorba. Hace redundante lo que se observa y evita que la obra se aprecie naturalmente. La omisión de la voz en off  hubiera permitido que el prólogo de los “Minions” se elevará a categoría de arte, como algunas películas silentes con protagonistas inaudibles, permitiendo que el espectador desarrollara un diálogo más íntimo y activo con el largometraje señalado. También hubo escaso desarrollo, por parte de los guionistas, del personaje de Scarlet Overkill, al cual le atribuyeron unidimensionales y superfluas motivaciones. Overkill no está a la altura de los trasfondos emocionales de Gru y, por lo tanto, no se convierte en una villana memorable (ni favorita). 

Respecto a los “famosos” que doblaron al español a los villanos centrales, no los considero como las personas más óptimas para haberlo realizado, ya que, en diversos momentos, sentí que escuchaba las inflexiones gritonas de Marimar o los tonos forzados del Hércules animado gracias a las voces sin novedad de la cantante mexicana Thalía y del ex muñeco de papel, Ricky Martin, respectivamente. Sin embargo, el resto de los actores de doblaje cumplen con sus diferentes roles o participaciones.

Eso sí, la producción de los peculiares personajes amarillentos destaca en dos rubros en particular: primero, lo vívido en la animación de los cuerpos de los Minions, a quienes se les puede percibir la detallada recreación de sus texturas, sobre todo en una secuencia que involucra agua y, en segundo lugar, algunos guiños y chistes relacionados con la cultura popular británica, como presentar a la reina de Inglaterra como un ser desparpajado o referirse, en tono de broma, a figuras emblemáticas como los Beatles o el Monty Python. Sin embargo, “Minions” termina por ser un episodio anecdótico dentro del  universo de “Mi villano favorito”, que no consigue igualar el discurso y profundidad de la primera cinta (en la cual conocimos a los extraños seres amarillos), ni la gracia refrescante de la segunda parte (en donde terminamos por enamorarnos de dichos personajes chaparritos enfundados en su diminuto overol de mezclilla). Funciona como mediano vehículo de entretenimiento, si lo que se busca es algo simple y sin complejidades, pero no tiene casi nada para desafiar seriamente a “Inside Out”, en la categoría de animación, en las próximas premiaciones. 


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Un ojo rojo que se niega a obedecer la orden de autoexterminarse


A tres décadas de su creación, y con cuatro películas en su haber (la presente sería la quinta), el Terminator de Arnold Schwarzenegger vuelve a resurgir vía “Génesis”, dirigido por Alan Taylor (“Thor: The dark world”) y acompañado por los nuevos Sarah Connor, Kyle Reese y John  Connor. ¿Emocionante o condenable? A pesar de que el trailer parecía sentenciar negativamente a la cinta y, en apariencia, hacía predecible la nueva aventura del T-800, el más reciente film exterminador no es tan malo. Eso sí, todo hueco en la trama se resuelve con la justificación de los múltiples viajes en el tiempo.

El desarrollo del guión de Terminator: Génesis puede dividirse en tres actos fáciles de identificar: en el primero se recrea, calca y sintetiza lo exhibido en Terminator y Terminator 2: El día del juicio final; en el segundo, se otorga un par de giros a la franquicia, lo que la hace más interesante y; finalmente, en el tercer acto, se elige presentar secuencias plagadas de explosiones, persecuciones y efectos digitales. Todo con una buena producción de respaldo y un ritmo suficientemente entretenido.

Se agradece los homenajes a las primeras cintas y el hecho de explicar algunos recovecos en el argumento original de James Cameron, como la manera en la que evoluciona Skynet. También es atinado, aunque no se profundiza en ello, las pinceladas que hacen referencia a la forma en que los humanos están siendo condenados por las máquinas (¿te dice algo Facebook o la alta dependencia a tu celular?) y a un discurso sobre el rechazo de lo viejo únicamente por esa característica, su longevidad, sin tomarse la molestia de cerciorarse de su funcionalidad o utilidad vigentes.



Lo reprochable a la presente obra es la serie de características que se le ha otorgado al rol de John Connor desde Terminator: Salvation, relegándolo a un segundo plano, sumado a un final efectista, blockbustero y ciertamente débil. Por su parte, la actriz británica, Emilia Clarke, se esfuerza por erigir una Sarah Connor digna pero carece de esos bríos y empoderamiento que distinguían al personaje interpretado por Linda Hamilton. Sin embargo, no lo hace mal, borda su papel con una aceptable vulnerabilidad. El que sí se siente desperdiciado es el reciente ganador del Oscar, J.K. Simmons.

En resumen, el nuevo exterminador de 2015 parece no jugar tanto con el tiempo y la inversión monetaria de quien se acerque a verlo. Goza de buen ritmo aunque su discurso tecnofóbico no permea tanto como el del film de culto de 1991. Aún hace falta esa secuela que iguale el equilibrio entre forma y fondo visto en T2: Judgment Day.
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