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Visita a un mundo feliz

Huxley logró anticiparse en espacio y tiempo a través de una narrativa que plantea no el mundo soñado, sino una distopía.

06 noviembre 2015

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Pirotecnia Verbal | Por Tuto Flórez |

¡Oh qué maravilla!
¡Cuántas criaturas bellas hay aquí!
¡Cuán bella es la humanidad! Oh mundo feliz,
en el que vive gente así.

Aldous Huxley



Es inevitable no cuestionar esta última afirmación: vivimos más y más felices en la época más metafísica que haya existido jamás. ¿Realmente estamos en un estado ideal, dentro de la existencia social humana?

Que acaso al hablar de la existencia de una metafísica supra-orgánica, no es dar rienda suelta a los postulados de la antropología cultural que defiende de manera enconada una especie de evolucionismo social. Asume entonces, el grueso de la población civil, que es merced a la tecnología que se ha producido el gradual desarrollo social, el cual fue facilitando la transición de las sociedades de estado primitivo, hacia entornos sociales civilizados con el pasar del tiempo. Si esto es así, entonces autores como Huxley, simplemente lograron anticiparse en espacio y tiempo a través de una narrativa que plantea no el mundo soñado, sino una distopía, que revela una especie de sueño (el sueño del desarrollo a expensas del mal llamado progreso tecnológico, de los avances e interacciones entre técnicas y teorías) o realidad suspendida, que a todas luces, es el punto en el que nos encontramos como especie y como civilización.

Cuando el grueso de la población, habla con cierta liberalidad sobre los aportes de la tecnología a la fecha, a este siglo, primero debería tratar de atisbar, que la tecnología que es empleada, usada y manipulada por la mayoría de personas, no es más que Tecnología Disruptiva, tecnología de mercado, de entretenimiento; cuyo problema de base no es tanto la obsolescencia programada, sino ante todo, su naturaleza aislante.

Algún analista social o más bien algún ingeniero social, ya planteó en relación con la tecnología y los riesgos derivados de esta, que por primera vez en la historia humana, estamos de manera ambivalente conectados y desconectados. Persuadidos por medios electrónicos, por dispositivos cuya función base pareciera ser el mero entretenimiento, nos interrelacionamos de forma abrupta, con medios tecnológicos, que no entendemos y no pretendemos comprender, nos basta sólo con usarlos.

Surge entonces la necesidad de cuestionar, de cuestionarnos a nosotros mismos, con el fin de saber, si: ¿realmente vivimos más felices? O sólo estamos a propósito de las esferas sociales, de los limitados círculos de lo cotidiano en los cuales trascurre la rutina de los días; inmersos en una burbuja social y de manera conexa conectadas a otros dentro de una gran burbuja artificial que permite el mantenimiento de la estructura social, merced a una cohesión colectiva, donde todos más o menos, vivimos el mismo sueño, nos hallamos inmersos en la ilusión del cambio, de la transición, de la evolución social, mientras somos entretenidos y maravillados con productos de ciclo corto. ¡Oh qué maravilla! Estamos tan cerca tan lejos, de nuestro añorado mundo feliz...


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El autor: Tuto Flórez, nacido en el departamento de Santander, en la caótica y convulsionada, pero hermosa tierra del suramericano país llamado Colombia. Melómano consumado, amante del rock, de la música hecha con sentido, sobre todo de los años noventa y la cultura underground. Cinéfilo por convicción. Crecí entre los textos, de Henry Miller, Charles Bukowski, Allan Stewart Königsberg más conocido como Woody Allen, H. P: Lovecraft y Allen Ginsberg. @tuto201333

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