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Letrinas: Introspectiva de un concierto lejano

La música envuelve los centenares de almas reunidas en ese viejo edificio cultural. Luces de colores bañan la silueta femenina que con etéreos sonidos hechiza a la multitud.

23 abril 2020

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Por Christian Sainos


Eran las 7:30 cuando subí al microbús; tuve que soportar durante el largo viaje (vivo bastante alejada de lo que llaman civilización) el delicado perfume de mi vecino de asiento, el cual podría jurar era mecánico, ¿por qué?, no sé, corazonadas… (aunque creo que el ácido hedor que emanaba de sus poros, la playera roída del PRI con manchas de grasa, salsa verde, frijoles y diesel me predispuso). Juro que trataba de no prestarle atención; ni a él, ni al par de señoritas sesentonas que venían comentando muy “disimuladamente” lo puta que me veía… que si “las medias de red” que si “en sus tiempos las muchachitas eran decentes”, que “si mi madre me viera…”

¿Si mi madre me viera?… me pregunto cómo hubiera sido. A veces, en mis fantasías, llego a casa y ella me espera feliz, me mira detenidamente, sugiere retocar mi maquillaje.

- El lipstick negro cuando comienza a desvanecerse ¡se ve fatal!

Y me presume el nuevo corset de vinil que una amigo suyo del Chopo le consiguió ¡baratísimo!

Sí, creo que así hubiera sido mi madre… ¡habría sido la cuarentona mas sexy de la colonia!, habría ido conmigo al concierto de Goethes Erben, y seguramente hubiera gritado como una loca al ver a Sean Brennan destrozar el circo volador con su Sacrifice… Sí, definitivamente doña Alicia está mal, esa anciana no sabe nada de mi madre; mucho menos de mí.

Ya no quiero escuchar tanta incoherencia, me pongo los audífonos y dejo que Indovina haga lo suyo: I bleed for youu… Sí, creo que es lo mínimo que podría hacer por ti.

Súbitamente: impacto con otro microbús.

El efecto resorte que sufren todos los cuerpos de la unidad sesenta y seis me obliga a volver a la realidad. Ahí sigue el presunto mecánico, aún no se bajan doña Alicia y su comadre, el escuincle de la señora de adelante no ha dejado de chillar…

Por salud mental bajo del micro, además el Instituto Cultural Poblano queda a sólo cuatro calles de aquí.

¿Por qué todas las tocadas serán en el ICP? No se, pero de cualquier forma ese lugar me gusta.

Por fin llego a mi destino. Cruzo el lobby.

Algunos contemplan la exposición pictórica de algún desconocido. Miro a mi alrededor, ¿en qué punto de la historia ser dark se convirtió en moda?…

A ese vieja yo la conozco, iba conmigo en la prepa y afortunadamente nunca me habló, obvio porque su “selecto” grupo de amigas fresas no se lo permitirían. Tan sólo la semana pasada la vi en Angelópolis ligando… Pero, por lo que veo ahora es toda una “bruja”.

Es desagradable ver a tanta gente vestida de negro reunida en el edificio que alguna vez fuera penitenciaría del estado… años después estos también son presos, pero de su propia necesidad de aceptación.

- Ahora soy un número, un número “oscuro”, pero finalmente, parte de la maldita estadística -.

Ya no importa, me trago mi complejo de “uniformidad” y concentro mis pensamientos en la banda que tocará; son buenos, a mí realmente me late su concepto aunque digan que es medio fresón, lo más chido es que son una banda local consagrada.

Supongo que mamá se estaría quejando en este momento, diría que en sus tiempos la oscuridad era un compromiso, no una moda, que era una verdadera forma de vida…

Suspiro.

- Mamá siempre fue una aferrada -.

Prendo un cigarro.
- En estos tiempos es más fácil conseguir mota que un cigarro que no sea pirata-.

Alboroto, gritos desaforados. El vocalista de la banda estelar sale al patio a dar autógrafos…

Gran número de brujas y vampiresas de no más de dieciséis años corren hacia él.

Sacan fotos, piden el autógrafo obligado y una de ellas temerariamente propina senda mordida en el nada poco codiciado trasero del ídolo. Su manager (que también es la fotógrafa oficial y esposa) ¡casi mata a la intrépida grupi! Seguridad interviene y la audaz caníbal es expulsada del concierto. Sus amigas protestan por la agresiva reacción de la “manager”.
– Si yo fuera ella supongo que habría hecho lo mismo –.

A pesar de los cuarenta y tantos que se carga ese güey aun levanta pasiones…

¿Cómo habrá estado hace veinte años?

Mi madre estaría divertidísima con la situación; ella los conoció en ese entonces, de hecho creo que hasta la fecha les debe un cartón de chelas… Sólo espero que las deudas no sean hereditarias.

Por fin comienza el concierto, la banda telonera: Endless Grief, creo que son de Monterrey.

Sí, aún recuerdo que mamá vestía de negro; se ve chida en esa foto que le sacaron con Pilar, la vocalista de Endless…

Cuarenta y cinco minutos después el escenario se llena con la elegancia y fuerza de Excecror Vecordia, ¡esa banda me encanta! Suenan pocamadre en vivo; mejor que en el demo que tenía mamá.

Dicen los que saben que yo fui procreada después de un concierto de Excecror. Papá no quería ir, el prefería el ska…

Toca el turno a Erzebeth.

Canceló.

El intento de ser humano parado en el escenario argumenta que fue por causas de fuerza mayor. Rechiflas y botellazos al escenario.

Algunos comentan molestos: seguramente uno de los clásicos aires de diva de la vocalista. Aunque de buena fuente sé que se le atoró una espina de pescado en la garganta y fue llevada de urgencia al hospital.

Quizá muera.

Cuando mi padre decidió volverse “oscuro” se volvió fan también de Erzebeth. Mamá los detestaba eso explica porqué nunca escuche nada de ellos...

La cancelada actuación da paso a la banda estelar.

Los ánimos se encienden, la gente grita cuando el bajista con su aire peculiar, como escapado de alguna película de Tim Burton, saluda al público que impaciente espera.

Mamá era especial, amaba el arte, tocaba el violín, gustaba de la literatura, los hombres y el buen whisky…

El reflector ilumina el demacrado semblante de la tecladista.

Chiflidos y vulgares piropos masculinos llenan el patio poligonal, a los que ella contesta sin mayor emoción con una seña obscena. Esto prende aún más al público que ansioso clama que comience el show.

Mi primer concierto fue en noviembre del dos mil dos, Ataraxia vino a Puebla, mamá estaba embarazada de mí…

Una larga cabellera negra es el marco perfecto para pálido rostro que hace acto de presencia en el escenario, sus delgadas blancas y largas manos aprisionan el micrófono, su belleza etérea hechiza el lugar.

La gente enloquece…

Mamá tenía una linda sonrisa de foto, un día ella se durmió. Yo quería jugar…

Las miradas ahora se concentran en una andrógina y esbelta silueta. Los gritos femeninos recuerdan el último concierto de aquel famoso cantante pop…

A mami le gustaba el cine gore, vimos la serie completa de Trauma juntas… no sé por qué pero, creí que sería divertido…

¡Es “L4 Pet1t M0rt3” y están de vuelta en el lugar que los vio debutar hace tantos años atrás! Un orgasmo masivo se siente en el aire. Los cuerpos se mecen al compás del synth-pop-goth-glam hecho en Puebla.

No cabe duda que por algo son una de las mejores bandas a nivel internacional.

Cuando corté su cuello la sangre brotó a chorros ¡como en las películas!

Era muy roja... ¡ y caliente!
Pero mamá no reía…

La música envuelve los centenares de almas reunidas en ese viejo edificio cultural. Luces de colores bañan la silueta femenina que con etéreos sonidos hechiza a la multitud…

El concierto terminó.

Todos se dispersan.

Ataraxia los reunió en el marco del Festival Internacional de Puebla, emisión dos mil dos.

Seres oscuros ahora deambulan por la Puebla de noche; instantes atrás comulgaban con esas delirantes notas, ahora vuelven a sus rutinas mortales.

Ella camina pensativa. Se sabe parte de una escena incipiente; quizá inexistente.

Viste en terciopelo negro. Está embarazada y no sospecha lo que el futuro traerá…


Chrys Sainos *2004


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