Bob Dylan: el ícono que nunca fue



But it ain’t me, babe
No, no, no, it ain’t me, babe
It ain’t me you’re lookin’ for, babe


No importa si Bob Dylan sigue produciendo álbum tras álbum, siempre será considerado como un ícono de la década del sesenta. Elvis Presley puede haber inventado el rock'n'roll pero Dylan le infundió una cierta seriedad moral que, para mejor o peor, le dió al rock el status cultural que aun tiene. Con Elvis en la milicia y Buddy Holly muerto en un accidente aéreo, el rock se desbarrancaba en canciones ramplonas y melosas para adolescentes. Las letras surreales de Dylan y su fraseo a contratiempo le dieron al rock el caché que necesitaba para entrar en las artes como una forma más.


Dylan desafió al consenso conservador de la década de 1950 dándole voz a las tendencias radicales de la década siguiente. Con canciones como "Masters of War", se atrevió a contraponer verdades contra poderes y con otras como "Don't Think Twice It's All Right" propuso liberarse de las restricciones de la moral tradicional. Sabía que los tiempos estaban cambiando y su música indicaba el camino a seguir.


Bueno, por lo menos eso es lo que los catedráticos y periodistas que crecieron escuchando a Dylan quieren que uno crea. Como dominan ampliamente el campo de literatura que se ocupa de la vida de Dylan, los sobrevivientes de la década del sesenta tienen sus intereses creados en perpetuar el mito de Dylan como el hombre de la izquierda política y contracultural. Sin embargo al leer el volumen de reciente publicación "Bob Dylan: The Essential Interviews" (Bob Dylan: Entrevistas Esenciales) publ. [Wenner, Ed. Jonathan Cott] uno se da cuenta que esa gente no solo está apuntando lejos del blanco, sino que ni siquiera han visto el blanco. Dylan ha sido más misterioso, reservado y complejo que lo que la generación del sesenta ha podido percibir. Y lo mas asombroso del caso es que su héroe no se cuenta a si mismo en sus filas.

La biografía de rigor en lo que toca a la carrera de Dylan es que comenzó como un cantautor de protesta, se reinventó como rockero al pasar al sonido eléctrico en el Newport Folk Festival en el verano de 1965, se tornó en un ermitaño en 1966 después de tener un accidente de moto, flirteó con la música country a principios de los setenta, pasando a grabar algunos de los mejores conciertos en vivo a mitad de esa década, se internó en el fundamentalismo evangélico hacia fines de la misma década y no recobró sus sentidos musicales hasta que grabó "Time Out of Mind" el álbum con que ganara tres Grammys en 1998. El curso de la historia se puede reconocer fácilmente como un típico ejemplo de "gran suceso americano": Dylan comenzó inocente y alcanzó la gloria (su período de protesta), tuvo luego una serie de tropiezos (primeramente al venderse al rock comercializado, luego al producir algunos álbumes mas bien malos y finalmente tocó fondo al convertirse al evangelicalismo americano) y luego se reivindicó volviendo al tope al regresar a sus raíces artísticas... ¡No! Toda esa narrativa está ERRADA.



Bien temprano en su carrera Dylan fue etiquetado como la voz de su generación mientras al mismo tiempo se lo conocía como a un músico muy celoso de su independencia creativa. Lejos de ser un rebelde típico de esos años mas bien se rebeló contra la mayor parte de las ideas de la década. Sus ideas -musicalmente hablando- se forman escuchando a Woody Guthrie, Hank Williams y Johnny Cash.


Dylan forma sus ideas políticas antes del advenimiento del movimiento conservador moderno y todo lo que dice en sus entrevistas indica una tendencia instintiva hacia las ideas conservadoras. Es cierto que Dylan puede ser travieso y llevarle la contra a cualquier cosa. Sin embargo lo que se ve claramente en estas páginas es la simpleza de sus puntos de vista y su honestidad sin vueltas.


Dylan establece su bien ganada reputación de dar entrevistas escabrosas con el documental de D.A. Pennebaker "Don't Look Back", que le toma una instantánea al momento en que Bob vuelve de su exitosa gira británica en 1965. En ese momento cúspide de su fama Dylan está explorando territorios que le eran desconocidos.


Observar como Dylan contesta con acidez a cada pregunta estúpida nos fascina como ver un choque de trenes en cámara lenta. Pero una cosa es verlo cruzar espadas con un periodista y otra muy distinta es ver como descuartiza a un estudiante poco precavido. Dylan puede ser muy cruel cuando se siente aburrido o molesto. Parece que le agrada jugar al gato y al ratón con los obsecuentes de su fama y se irrita cuando lo tratan como a un oráculo de sabiduría. "Don't Look Back" es uno de los primeros grandes films del rock, pero a Dylan nunca le gustó, quizás porque lo muestra abusándose de su fama para maltratar a sus admiradores.


Las respuestas que da en "Bob Dylan: The Essential Interviews" son sorprendentemente sinceras, aunque siempre es evidente que sigue siendo un maestro de la insinuación y un verdadero mago cuando se trata de cambiar de tema sin que nadie se de cuenta. Puede bailar una danza verbal sin tocar las preguntas que le molestan, casi de la misma manera en la que maneja su voz a contramano de la melodía. El resultado es que estas entrevistas nos cuentan más sobre lo que Bob Dylan NO es y lo que queda claro es que Dylan NO es un producto de los años sesenta.


En la primera entrevista de esta colección, que data de 1962, Dylan ya negaba ser un cantante folk. En la Segunda entrevista, en 1963, ya se lo ve corrigiendo algunas de las malas interpretaciones de sus canciones. "A hard rain's a-gonna fall" es interpretada hasta el dia de hoy como una advertencia sobre los peligros de la guerra nuclear.


Lo único por lo que Dylan protesta a esta altura de su carrera es la apropiación que la izquierda ha hecho de su música. Dice: "No, no, no era la lluvia atómica. Otros han pensado lo mismo. No es la lluvia atómica. Es solamente una lluvia dura e inevitable. No quise hablar de precipitaciones para nada, nada de eso, Solo quise expresar que alguna clase de fin tiene que sobrevenir." Dylan medita en sus letras sobre varios temas apocalípticos y sobre el fin del mundo comenzando con "A hard rain's a-gonna fall" en 1962. Decir que esas meditaciones son meramente políticas es tan inexacto como decir que son meramente meteorológicas.


Es cierto que muchos artistas tratan de referirse a asuntos un poco más elevados que la mera política pero Dylan se esforzó sobremanera para tratar de negar su relevancia política. En una nota que Nat Hentoff escribió en 1964, Dylan se queja del proceso de las entrevistas. "No me gusta negarme porque, después de todo, estos tíos tienen un trabajo que hacer. Pero me molesta que la primera pregunta que se les ocurre sea siempre "¿Vas a viajar al sur para tomar parte en las manifestaciones de derechos civiles?" y luego pasa a llamar a la NAACP [2] "un montón de viejos" que están "buscando como usarme para algo."


El comentario podría ser visto como una indiscreción juvenil si no fuera tan representativo de la actitud de Dylan contra la izquierda progre-liberal. Hentoff no anda muy lejos cuando Dylan registra en "I shall be free No.10", que es una tomadura de pelo a la hipocresía de la izquierda progre:

Mira, yo soy liberal, pero sólo hasta cierto punto,
Quiero que todo el mundo sea libre,
Pero si crees que voy a dejar que Barry Goldwater,
Se mude al lado y se case con mi hija,
Debes creer que estoy loco,
No lo dejaría hacerlo ni por todas las granjas de Cuba. [3]

Dylan no estaba interesado en apuntar a nadie con su guitarra a menos que pudiera punzar a los delirios del optimismo utópico. Le dice a Hentoff que "lo que falla es algo mucho más profundo que la bomba [nuclear]." Está más interesado en las certidumbres de la naturaleza humana que en las posibilidades de progreso social. "Es lo que pasa cuando alguien me quiere decir lo que moralmente debiéramos hacer, yo quiero que me lo muestren. Y si tienen algo que decir sobre la moral yo quiero saber lo que ellos hacen. Recuerda para Hentoff la historia surreal de su discurso al aceptar el premio Tom Payne que le fuera presentado por el Comité de Emergencia por las Libertades Civiles. Los asistentes eran "todos parte de la izquierda de la década del 1930 y ahora apoyan los movimientos de derechos civiles. Eso está rebién, pero se nota que tienen abrigos de nutria y joyas. Era como si dieran dinero para sanar alguna culpa oculta."



Sin embargo la hipocresía no era el problema más grave. Estos zurdos de buen corazón ayudaban a los negros porque primero los habían puesto a en una caja prolijamente etiquetada con la palabra "víctimas". Dylan se negó a ver a los americanos de color en esos términos. El entendía que la izquierda progre-liberal etiqueta con sellos de colores a todo el espectro social en vez de ayudar a que los códigos de separación desaparezcan. "Los asistentes, aquella noche, se empeñaban en hacerme ver a la gente de color como gente de color. Te aseguro que desde entonces no quiero tener nada que ver con ninguna asociación política en mi vida." Y cumplió con lo dicho.


Desde 1962 a 2004 -los años que cubren las entrevistas en el libro- el cansancio de Dylan con las perspectivas de cambio social se ve claramente. En 1965, a medida que la década se recalentaba, Dylan concibió que la mejor acción era la inacción. "No sé lo que ustedes van a hacer. En lo que a mí me toca, todo lo que puedo hacer es hacer la lista de las cosas que yo NO voy a hacer." Dylan sospechaba de los sueños utópicos de la izquierda progre mucho antes de que las universidades hicieran de esos sueños su proyecto de realidad. Como lo hizo notar en la entrevista dada a Hentoff en 1966, "No he perdido para nada el interés en la protesta desde entonces. De hecho no he tenido nunca interés en la protesta desde el principio." No quiso poner mensajes políticos en sus canciones, en parte porque, como dijo en 1966; "Se debe respetar el derecho de los otros a tener un mensaje que los represente." Si la gente quería que Dylan les diera un "mensaje" él fantasea que quizás pudiera poner treinta empleados de la empresa de telegramas Western Union en la alcaldía de Nueva York.


Otro tema que Dylan evitó a propósito es el de la guerra de Vietnam. En la entrevista publicada en 1966, por poco llega a desestimar al entero movimiento pacifista declarando: "Decir "causa de paz" es lo mismo que decir "molde de mantequilla". Lo que quiero decir es ¿Cómo puede uno creerle a alguien que dice que está dedicado al molde y no a la mantequilla?" La imagen conjurada es extraña pero tocante: En el nombre de la paz, el movimiento antibelicista quería forzar el cambio social. Por medio de estar organizados y actuar agresivamente perdieron de vista lo que en principio estaban defendiendo: la paz. Dylan no tiene ninguna simpatía por los que escapaban al servicio militar: "Quemar la citación del ejército no va a terminar la guerra. Ni siquiera va a salvar una vida. Si alguien se siente mas sincero consigo mismo por medio de quemar la carta, bien; pero si se cree más importante por hacer eso, entonces es una berraquería."


Dylan se despide continuamente de la izquierda progre, pero la izquierda progre no lo deja irse.


Es posible que no haya mejor prueba de las ilusorias ambiciones del progresismo de izquierda de los años sesenta que el hecho de que crean que Bob Dylan está en el bando de ellos. Hay una entrevista que se distingue como una pequeña obra maestra de la miscomunicación. En 1968 Dylan se encuentra con los editores de la revista de música folk izquierdista "Sing Out!" En cierto momento los editores despliegan orgullosos sus conocimientos al comentarle a Dylan que sus canciones son como las parábolas de Kafka. "Sí" responde educadamente Bob, "pero las únicas parábolas que yo conozco son las de la Biblia." Los editores se sorprenden. "¿Cuándo has leído las parábolas de la Biblia?" le preguntan. "Siempre he leído la Biblia aunque no únicamente las parábolas" responde Dylan. Jocosamente le comentan que Dylan no parece el tipo de persona que lee la Biblia antes de acostarse y él les responde cansinamente, "Bueno... uno nunca sabe..." Entonces cambian el tema con mucho tacto para pasar a hablar de la influencia de William Blake.


La cosa se pone todavía más enrarecida. Los editores comienzan a a presionar a Dylan para que hable sobre la guerra de Vietnam. "¿Te parece que los artistas debieran expresarse en contra de la guerra?" Dylan los confunde diciendo "Conozco algunos buenos artistas que estan a favor de la guerra." Como no se imaginan qué hacer con la respuesta, tratan de clarificar la pregunta. Le explican que estan hablando de los artistas que estan en contra de la guerra. Dylan contesta, "De eso es lo que les estoy hablando, es a favor o en contra de la guerra. Esa tesitura realmente no existe." Dylan menciona a un pintor que él conoce que está a favor de la guerra. Le preguntan los editores por qué no discute el tema con el pintor. Dylan, todavía más críptico les dice, "Yo puedo ver lo que sucede en sus pinturas ¿por qué debiera discutir con él?" Lo siguen presionando, porque ni se pueden imaginar que Dylan no comparte sus puntos de vista políticos. Dylan finalmente se retrae diciendo, "Bueno, no hay nada de lo que comentar, realmente." Después de un último intento de hacer entrar a Dylan en la idea preconcebida que tienen de él, Dylan declara, "La gente tiene sus propias ideas. De todos modos ¿Cómo saben ustedes que que yo no estoy –como dicen ustedes- a favor de la guerra?" Dejan esa pregunta sin contestar.


Pero aún así, ya habían creado ese ídolo y suponen que lo menos que él puede hacer es cumplir con sus expectativas. Así que le recuerdan a Dylan que él es conocido por canciones como "Masters of War". En un valiente momento de autoanálisis, Dylan les dice, "Eso es una cosa fácil de hacer. Hay miles y miles de personas que querían una canción como esa. Así que yo la escribí."


Aunque Dylan nunca cejó en su desprecio por el activismo político –en 1978 pudo claramente decir: "Siempre he considerado a la política como otra parte de la ilusión."-tampoco se retrajo de su interés en Dios, en la Biblia y en lo sobrenatural. En 1965, sus entrevistantes no supieron qué hacer con su comentario de que "el gospel [4] clásico puede ser la próxima onda" y que, siempre había estado interesado en la música tradicional americana (folk) porque "está llena de leyendas, mitos, Biblia y fantasmas." El hecho de su conversión al Cristianismo hacia fines de 1978 hace que la entrevista que diera a una conocida revista tan sólo unos meses antes, sea todavia más punzante, ya que su tono de tipo confesional lo pone casi al límite de su ansiedad existencial. Cuando le preguntan qué es lo que la gente necesita, rápidamente trae al tapete la idea de una crisis espiritual. El periodista, sintiendo que ha tocado algo de importancia fundamental para Dylan, prosigue con una serie de preguntas sobre religión. Dylan claramente ha estado pensando en Jesucristo. "¿En qué se convierte Cristo cuando vive dentro de cierta persona?" se pregunta en voz alta. "¿Qué clase de persona sería Cristo si viniera en esta época?" El entrevistador, un poco sorprendido, le recuerda a Dylan su condición de judío. "Nunca me sentí judío", le responde Dylan. Prosigue comentando que "... vi una revista (Time Magazine) en un avión hace algunos años que leía en la portada "¿Ha muerto Dios?" y yo pregunto ¿crees que es responsable publicar una cosa como ésa? ¿Sabes? Creo que el país se ha estado desmoronando desde ese día." Esto es claramente algo demasiado difícil de digerir para el entrevistador pero se detiene en el tema un poquito más para preguntarle cuál es su idea de la vida después de la muerte. "¿Quieres saber lo que yo pienso que se encuentra en el más allá.. ja, ja, ja..."


Unas cuantas de las entrevistas más reveladoras en las que Dylan habla de su conversión no se incluyen en este libro, pero las que el editor ha incluído niegan fuera de toda duda las sospechas de que su fase cristiana no estaba en sintonía con el resto de su vida. Tales sospechas son parte de la modificación biográfica que tuvo que hacer la izquierda para ajustar el ídolo a su propia realidad. Algunos notan que Dylan no habla ya más en público de sus experiencias religiosas después de 1980 y suponen por lo tanto que el asunto ya había terminado. Sin embargo lo más notable es que un hombre tan reservado hablara del asunto. Pareciera que el proceso natural de maduración espiritual lo ha llevado más allá del literalismo bíblico y el entusiasmo de sus primeros años como cristiano. Pero no olvidemos que Dylan rechaza el lenguaje de la mejora progresiva. "Nunca pienso en términos de crecimiento" dijo en 1984, cuando su inmersión en la cultura cristiana evangélica llegaba a su fin.


Que su fe ha llegado al punto de la desesperanza es el tema de "Time Out of Mine" un álbum oscuro y lleno de presentimientos que incluye líneas como "He caminado a través de un desierto, tratando de llegar al cielo antes de que cierren la puerta." Como explicó en su entrevista de 1997, "Trato de vivir en esa línea que va entre la indiferencia y la esperanza. Estoy preparado para caminar en esa línea que pasa por el fuego." Ha confesado a su audiencia en Locarno, Suiza que lo ha tocado la frase "Estoy dispuesto a ser justo sea que Dios me libre o no." Y agrega que "... si sabemos algo sobre Dios es que Él es arbitrario. Así que, amigos, mejor que nos preparemos para eso tambien." Este álbum fue su manera de lidiar con el silencio de Dios que se revela solamente a aquellos que han sabido mantener su guardia durante la noche oscura del alma.


Dylan ha oído los rumores de que algunos piensan que es un conservador. Cuando le preguntaron sobre el asunto en 1986, calló por un momento y dijo, "Bueno, para mí no hay izquierda ni derecha [políticas]. Lo que hay es: verdad y su opuesto. Ya saben. Hay honestidad y hay hipocresía. Vean en la Biblia, no hay nada sobre [los conceptos políticos de] la derecha o la izquierda. Puede ser que alguien tenga otro punto de vista sobre estas cosas, yo no lo tengo porque no soy tan listo. No me gusta darle a la gente en la cabeza con la Biblia. Pero es el único instrumento que conozco y es lo único que siempre permanece verdadero."


Esto lo dice como un cristiano bíblico que cree que la naturaleza humana nunca cambia y que la moral es un asunto de integridad personal y no de revolución política. Y que la gente por lo general tiene necesidad de escuchar lo que más le molesta. Dicho de otro modo, esto está dicho al mejor estilo de un conservador.


Publicado originalmente en First Things

Traducido por John Camarena

Referencias
Publicado originalmente en la revista First Things bajo el título "It ain't me, Babe – Bob Dylan, the Essential Interviews" por Stephen H. Webb, Agosto/Septiembre 2006 p.49.
[1] Stephen H. Webb es profesor de religión y filosofía en Wabash College. Ha publicado recientemente los libros "American Providence" y "Taking Religion to School".
[2] Siglas de la National Association for the Advancement of Colored People. Una organización clave del movimiento pro-derechos civiles en los Estados Unidos.
[3] Nota del traductor. La letra en inglés dice:
[4] Nota del traductor. Gospel, es un tipo de música religiosa tradicional de los Estados Unidos. La traducción literal de "Gospel" es "Evangelio".

Decálogo de una modernidad líquida

Pirotecnia Verbal | Por Tuto Flórez |

(Reseñando a Zygmunt Bauman)


1. Aquello que caracteriza la sociedad moderna, es ante todo, la disolución de los sólidos, lo cual se convierte en su rasgo más definitorio, por lo tanto, la disolución de los sólidos ha adquirido un nuevo significado tras el advenimiento de la modernidad.

2. Lo líquido en tanto que estado de la materia, su naturaleza, especificidades y forma de ser, es la metáfora más acertada para dar cuenta de aquello que se denomina modernidad.

3. Lo que se configura tras el tránsito hacia una nueva historia de la modernidad en la base de la sociedad es, una racionalidad instrumental, donde la economía pasa a desempeñar un rol determinante.

4. En el contexto de la modernidad líquida, más que hablar de unos dispositivos de poder, se debe es comprender que aquello que impera, es una reasignación y redistribución de los poderes de disolución.

5. Aquello que determina el tránsito hacia una modernidad líquida, esto es fluida, es el punto de separación entre las categorías (antes inseparables) de espacio y el tiempo.

6. La extraterritorialidad en el contexto geopolítico, se levanta como una condición necesaria para el flujo de los poderes globales, dentro de la modernidad líquida.

7. En términos de control y ejercicio político, aquello que define la modernidad líquida, respecto de los individuos y las sociedades, es el reconocimiento de que la mayoría (grupos, colectivos, individuos) siendo sedentaria, es dominada o gobernada por una élite que es nómada y extraterritorial (Bauman, p. 18).

8. En el ámbito económico, aquello que genera las ganancias, es la velocidad de circulación, envejecimiento, desgaste y reemplazo, en suma es la obsolescencia programada.

9. La libertad no es genuina dentro de la modernidad líquida, sino más bien aquello que experimenta el individuo, es una suerte de conformismo, que le impulsa a figurarse una libertad subjetiva, donde prima la coerción social, como fuerza emancipadora.

10. La sociedad del siglo XXI, no supone el fin de la modernidad como muchos autores reclaman o inclusive el fin de la historia, implica más bien, un modo diferente entre modernidades, esto es, la sociedad del siglo XXI, es moderna de manera diferente a la de la sociedad que ingresó en el siglo XX.


El planteamiento del autor Bauman en relación con la modernidad liquida como descripción metafórica del estado de hechos o del estado de cosas, en que se halla inmersa la sociedad actual, supone ante todo una comprensión muy particular de cómo es que se ha configurado la sociedad actual y por ende cuáles son sus características, su estructura, su forma y razón de ser, pero también implica observar y notar como por ende; siendo el individuo parte fundante de dicha sociedad, ha devenido en una especie de autómata, cuya capacidad de juicio crítico no se ha suspendido, sino simplemente se a transformado.


El hombre del siglo XXI, ha sacrificado su libertad genuina, por el confort, por la seguridad del conformismo o rebaño y ha aceptado de buena manera una especie de resignificacion de su sentido, donde lo que prima es el consumo por el consumo, la perdida de la individualidad y la generación de una cultura humana que está sujeta a reciclaje, debido a las velocidades desbordantes con las que se mueve y se configura la sociedad moderna, es decir, tanto el ser humano, como los colectivos, han devenido en una especie de formas homogenizadas y escurridiza, tal cual lo hacen los líquidos, los cuales no quieren saber nada más allá de la simple inmediatez e instantaneidad irreflexiva. El autor presenta más bien un cuadro decadente de la sociedad, aun cuando ello no sea explicito, es claro, que se ha producido una distorsión del sentido y naturaleza misma, de la vida, dando total prelación, a la economía de mercado o si se quiere, a la flas ilusión de libertad amparados en falsas certezas el deleite de una libertad subjetiva, que es continuamente reforzada sólo por la experimentación de propósitos comunes impuesto o autoimpuesto y tan transitorios como efímeros.

En suma el autor indica que vivimos tiempos en los que se ha enaltecido de forma exacerbada lo efímero, para rechazar todo aquello que sea durable y suponga como tal cierto sustento o más aun una estabilidad.

También hoy más que nunca, señala Bauman, nos hemos convertido en esclavos de nuestros propios inventos, dando como resultado una desconexión real de nosotros mismos para con nuestro semejantes, nos hallamos sumidos en la indiferencia y las más cruda inmediatez irreflexiva donde apenas si queda tiempo para pensar o para algo que no sea consumir y trabajar, nos sentimos más livianos, nos sentimos integrados a eso que otros llaman la aldea global, pero es más como una prisión cómoda que se maneja a través del entretenimiento, que una verdadera comunidad. Como dice el cantautor argentino Fito Páez, en su canción "Al lado del camino"; nos hallamos en tiempos donde nadie escucha a nadie, en tiempos donde todos contra todos, en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos; habrá que declararse incompetentes en todas las materias del mercado.

Referencia bibliográfica: Bauman, Z. (2003). Modernidad Liquida. Editorial Fondo de Cultura Económica. Argentina.


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El autor: Tuto Flórez, nacido en el departamento de Santander, en la caótica y convulsionada, pero hermosa tierra del suramericano país llamado Colombia. Melómano consumado, amante del rock, de la música hecha con sentido, sobre todo de los años noventa y la cultura underground. Cinéfilo por convicción. Crecí entre los textos, de Henry Miller, Charles Bukowski, Allan Stewart Königsberg más conocido como Woody Allen, H. P: Lovecraft y Allen Ginsberg. @tuto201333

La Sal de la Tierra

Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |

Había pasado ya mucho tiempo desde que una película no activaba en mí, de manera grata, esa capacidad de asombro que sentía cuando era niño; ese maravillarme cada vez que iba a una sala de cine, apagaban las luces y comenzaba a correr el rollo cinematográfico, de principio a fin. El más reciente documental de Wim Wenders, codirigido junto con Juliano Ribeiro Salgado, “La sal de la Tierra”, fue lo que me produjo ese deja vu  emocional. 

Lo anterior se sustenta en que, además de percibirse el buen oficio de Wenders para relatar una historia (el realizador alemán se incluye como un narrador semipresente), el espectador fácilmente puede quedar perplejo ante las imágenes que su vista, cerebro y espíritu contemplan a través del  largometraje documental que rinde tributo al fotógrafo sociodocumentalista Sebastián Salgado, artista brasileño muy reconocido a nivel internacional quien, igualmente, se ha caracterizado por ser un activista a favor de la naturaleza y la humanización del individuo.

“La sal de la Tierra” satisface los sentidos pero también el alma. Hace de las fotografías fijas un hermoso collage de historias en movimiento que cobran vida tanto por la profundidad de campo de los emplazamientos de cámara utilizados por el propio Sebastián Salgado –quien tiene 4 décadas de trayectoria- como por los lúcidos recuerdos de éste mismo; recuerdos que adquieren una honestidad epidérmica. La idea de Wenders de colocar a Sebastián Salgado tan cercano a la cámara (en un plano cerrado) y con una especie de telepromter, en el cual se exhiben cada una de sus fotografías, dan como resultado un virtuoso cine íntimo.

"La Sal de la Tierra" es un trabajo maravilloso a nivel técnico, narrativo, argumental y emocional. Forma y fondo van de la mano para crear una película que hace del séptimo arte más que un vehículo de entretenimiento, dando paso a la denuncia y crítica social reflexiva. Asimismo, Sebastián Salgado se muestra como un protagonista y narrador fuerte. La música y el sonido también sorprenden por su elevada calidad y aportación a lo que se está viendo, lo cual es, finalmente, un tour de force a los recuerdos de un hombre que no ha perdido su capacidad de asombro ante el mundo y la naturaleza que lo rodea, de alguien que no solamente "toma" fotografías, sino que vive intensamente cada una de ellas. 

No oyes ladrar a los perros (Juan Rulfo)



El 16 de mayo de 1917 nació Juan Rulfo, creador de un universo rural inconfundible, donde plasmó no sólo las peculiaridades de la idiosincrasia mexicana, sino también el drama profundo de la condición humana. Compartimos uno de sus cuentos icónicos.


Juan Rulfo
(México, 1918-1986)

No oyes ladrar a los perros
(El Llano en llamas, 1953)


        —Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
        —No se ve nada.
        —Ya debemos estar cerca.
        —Sí, pero no se oye nada.
        —Mira bien.
        —No se ve nada.
        —Pobre de ti, Ignacio.
        La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.
        La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda.
        —Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio.
        —Sí, pero no veo rastro de nada.
        —Me estoy cansando.
        —Bájame.
        El viejo se fue reculando hasta encontrarse con el paredón y se recargó allí, sin soltar la carga de sus hombros. Aunque se le doblaban las piernas, no quería sentarse, porque después no hubiera podido levantar el cuerpo de su hijo, al que allá atrás, horas antes, le habían ayudado a echárselo a la espalda. Y así lo había traído desde entonces.
        —¿Cómo te sientes?
        —Mal.
        Hablaba poco. Cada vez menos. En ratos parecía dormir. En ratos parecía tener frío. Temblaba. Sabía cuándo le agarraba a su hijo el temblor por las sacudidas que le daba, y porque los pies se le encajaban en los ijares como espuelas. Luego las manos del hijo, que traía trabadas en su pescuezo, le zarandeaban la cabeza como si fuera una sonaja. Él apretaba los dientes para no morderse la lengua y cuando acababa aquello le preguntaba:
        —¿Te duele mucho?
        —Algo —contestaba él.
        Primero le había dicho: "Apéame aquí... Déjame aquí... Vete tú solo. Yo te alcanzaré mañana o en cuanto me reponga un poco." Se lo había dicho como cincuenta veces. Ahora ni siquiera eso decía. Allí estaba la luna. Enfrente de ellos. Una luna grande y colorada que les llenaba de luz los ojos y que estiraba y oscurecía más su sombra sobre la tierra.
        —No veo ya por dónde voy —decía él.
        Pero nadie le contestaba.
        E1 otro iba allá arriba, todo iluminado por la luna, con su cara descolorida, sin sangre, reflejando una luz opaca. Y él acá abajo.
        —¿Me oíste, Ignacio? Te digo que no veo bien.
        Y el otro se quedaba callado.
        Siguió caminando, a tropezones. Encogía el cuerpo y luego se enderezaba para volver a tropezar de nuevo.
        —Este no es ningún camino. Nos dijeron que detrás del cerro estaba Tonaya. Ya hemos pasado el cerro. Y Tonaya no se ve, ni se oye ningún ruido que nos diga que está cerca. ¿Por qué no quieres decirme qué ves, tú que vas allá arriba, Ignacio?
        —Bájame, padre.
        —¿Te sientes mal?
        —Sí
        —Te llevaré a Tonaya a como dé lugar. Allí encontraré quien te cuide. Dicen que allí hay un doctor. Yo te llevaré con él. Te he traído cargando desde hace horas y no te dejaré tirado aquí para que acaben contigo quienes sean.
        Se tambaleó un poco. Dio dos o tres pasos de lado y volvió a enderezarse.
        —Te llevaré a Tonaya.
        —Bájame.
        Su voz se hizo quedita, apenas murmurada:
        —Quiero acostarme un rato.
        —Duérmete allí arriba. Al cabo te llevo bien agarrado.
        La luna iba subiendo, casi azul, sobre un cielo claro. La cara del viejo, mojada en sudor, se llenó de luz. Escondió los ojos para no mirar de frente, ya que no podía agachar la cabeza agarrotada entre las manos de su hijo.
        —Todo esto que hago, no lo hago por usted. Lo hago por su difunta madre. Porque usted fue su hijo. Por eso lo hago. Ella me reconvendría si yo lo hubiera dejado tirado allí, donde lo encontré, y no lo hubiera recogido para llevarlo a que lo curen, como estoy haciéndolo. Es ella la que me da ánimos, no usted. Comenzando porque a usted no le debo más que puras dificultades, puras mortificaciones, puras vergüenzas.
        Sudaba al hablar. Pero el viento de la noche le secaba el sudor. Y sobre el sudor seco, volvía a sudar.
        —Me derrengaré, pero llegaré con usted a Tonaya, para que le alivien esas heridas que le han hecho. Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta usted bien, volverá a sus malos pasos. Eso ya no me importa. Con tal que se vaya lejos, donde yo no vuelva a saber de usted. Con tal de eso... Porque para mí usted ya no es mi hijo. He maldecido la sangre que usted tiene de mí. La parte que a mí me tocaba la he maldecido. He dicho: “¡Que se le pudra en los riñones la sangre que yo le di!” Lo dije desde que supe que usted andaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente... Y gente buena. Y si no, allí esta mi compadre Tranquilino. El que lo bautizó a usted. El que le dio su nombre. A él también le tocó la mala suerte de encontrarse con usted. Desde entonces dije: “Ese no puede ser mi hijo.”
        —Mira a ver si ya ves algo. O si oyes algo. Tú que puedes hacerlo desde allá arriba, porque yo me siento sordo.
        —No veo nada.
        —Peor para ti, Ignacio.
        —Tengo sed.
        —¡Aguántate! Ya debemos estar cerca. Lo que pasa es que ya es muy noche y han de haber apagado la luz en el pueblo. Pero al menos debías de oír si ladran los perros. Haz por oír.
        —Dame agua.
        —Aquí no hay agua. No hay más que piedras. Aguántate. Y aunque la hubiera, no te bajaría a tomar agua. Nadie me ayudaría a subirte otra vez y yo solo no puedo.
        —Tengo mucha sed y mucho sueño.
        —Me acuerdo cuando naciste. Así eras entonces.
        Despertabas con hambre y comías para volver a dormirte. Y tu madre te daba agua, porque ya te habías acabado la leche de ella. No tenías llenadero. Y eras muy rabioso. Nunca pensé que con el tiempo se te fuera a subir aquella rabia a la cabeza... Pero así fue. Tu madre, que descanse en paz, quería que te criaras fuerte. Creía que cuando tú crecieras irías a ser su sostén. No te tuvo más que a ti. El otro hijo que iba a tener la mató. Y tú la hubieras matado otra vez si ella estuviera viva a estas alturas.
        Sintió que el hombre aquel que llevaba sobre sus hombros dejó de apretar las rodillas y comenzó a soltar los pies, balanceándolo de un lado para otro. Y le pareció que la cabeza; allá arriba, se sacudía como si sollozara.
        Sobre su cabello sintió que caían gruesas gotas, como de lágrimas.
        —¿Lloras, Ignacio? Lo hace llorar a usted el recuerdo de su madre, ¿verdad? Pero nunca hizo usted nada por ella. Nos pagó siempre mal. Parece que en lugar de cariño, le hubiéramos retacado el cuerpo de maldad. ¿Y ya ve? Ahora lo han herido. ¿Qué pasó con sus amigos? Los mataron a todos. Pero ellos no tenían a nadie. Ellos bien hubieran podido decir: “No tenemos a quién darle nuestra lástima”. ¿Pero usted, Ignacio?


        Allí estaba ya el pueblo. Vio brillar los tejados bajo la luz de la luna. Tuvo la impresión de que lo aplastaba el peso de su hijo al sentir que las corvas se le doblaban en el último esfuerzo. Al llegar al primer tejaván, se recostó sobre el pretil de la acera y soltó el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado.
        Destrabó difícilmente los dedos con que su hijo había venido sosteniéndose de su cuello y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros.
        —¿Y tú no los oías, Ignacio? —dijo—. No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.

La Orquesta Sinfónica de Aguascalientes a escena en mayo y junio

 
Este viernes 15 de mayo, la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes abre la segunda temporada del año en la que tocará "obras colosales" de autores como Tchaikovski, Rachmaninov y Schubert. 

La temporada de siete conciertos cerrará con una gala especial de tres presentaciones en donde la OSA en conjunto con el Coro de Ópera del Instituto Cultural de Aguascalientes interpretarán la obra maestra de Carl Orff: Camina Burana.

Cabe señalar que se ha puesto a disposición del público un abono para asistir a toda la temporada, incluyendo el gran cierre por $350 pesos. Conoce el programa completo en este enlace.

Un poco de ABC del Jazz

Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |


“If you have to ask what jazz is, you’ll never know”
-Louis Armstrong-

Les confieso que cuando comencé esta maravillosa sección de música en Sputnik, no logré imaginar lo mucho que me encariñaría con ella y que, realmente sin pensarlo demasiado, la encaminé hacia uno de los temas que más me han impactado en la vida: el jazz. Ello me ha permitido enamorarme y asombrarme con cada dato que leo y con cada pieza que escucho. Si por gustarme la música y los artistas que escucho la gente decide llamarme anticuada, ¡pues que así sea hoy y siempre! He dicho. Por eso también me encanta el nombre que escogí para mi sección. Así que espero seguir escribiendo sobre las grandes leyendas del jazz, pero también comenzaré a re direccionar mi sección hacia otra música y otros artistas, para así platicarles sobre mis otras obsesiones musicales post la Era del Jazz. Eso será en otros artículos, se los prometo. 

Y bueno, una vez más el destino interfiere de manera increíblemente positiva en este artículo. Hace un par de meses, llegó a mis santas manos el libro “Guía incompleta del Jazz” del maravilloso caricaturista mexicano Eduardo del Río, mejor conocido como “Rius” y déjenme decirles que es una verdadera chulada. Imposible no leerlo completo desde la primera sentada; el libro nos transporta al mundo del jazz de una manera que sólo el gran “Rius” puede hacerlo: a través de excelentes ilustraciones, relatos históricos y cómicos, datos interesantísimos y una línea del tiempo muy fácil de comprender. En pocas palabras, es EL libro para todos aquellos amantes del jazz y que queremos conocer su historia. Recuerden que yo apenas comienzo a hacer mis “pininos” en este tema, así que indudablemente me enamoré del libro y quisiera compartirles a grandes rasgos el contenido de éste.

El libro comienza explicándonos que el jazz es una música predominantemente negra, creada obviamente por negros influenciados por todo tipo de ritmos africanos. Dichos negros (siento que ya dije mucho la palabra “negros” y en verdad no quisiera sentirme tan racista como lo estoy sintiendo) llegaron a Estados Unidos como esclavos y a fines del Siglo XIX, gracias a la guerra, surgen cantos de trabajo –esclavitud- y música militar cuyos principales instrumentos se volvieron esenciales para el jazz: la trompeta, el clarinete y el tambor occidental. Único punto a favor de la guerra. Y todo lo anterior se desencadena en la considerada cuna del jazz: Nueva Orleans. Es en este maravilloso lugar donde se forman bandas de música de negros (otra vez con el “negros”) que le dan vida a la ciudad tocando en actos políticos, entierros, bailes, fiestas y por supuesto, en los famosísimos burdeles. Cito textualmente: “[…] sin exagerar, puede decirse que el jazz nació de madre prostituta y padres curas y militares”.  Hasta se me enchina la piel de sólo leerlo, qué nacimiento tan extravagante y qué magnífica frase.

Pronto nació el llamado “estilo Nueva Orleans” y grandes músicos comenzaron a darle vida al jazz como King Oliver, Jelly Roll Morton y por supuesto Louis Armstrong, sin embargo en 1917 con la Primera Guerra Mundial, el gobierno convirtió a Nueva Orleans en base naval y adiós bares, adiós prostíbulos, adiós salones de baile y adiós jazz. Todos se tuvieron que transportar a otra parte: Chicago y Nueva York. Y es en 1920 cuando se da la famosa “Prohibición” en donde los que no bebían ni una gota, pronto se volvieron alcohólicos y en donde los bares clandestinos eran la orden del día. Aquí surge la llamada “escuela de Harlem” con artistas como Duke Ellington y Nat King Cole. ¿Ya ven? Sí sé un poquito del tema.

Este extraordinario libro, también nos habla de los pianistas, trompetistas, saxofonistas y gargantas más representativos del jazz (incluidas mi par consentido de amigas Ella y Billie), así como de la evolución musical del mismo y quiénes fueron los encargados de ello. También contiene un importante e interesante diccionario junto con un árbol genealógico y una lista excepcional de 50 obras maestras del jazz recomendadas por el mismísimo “Rius”. En fin. Podría pasarme toda la tarde transcribiendo este maravilloso libro, pero la verdad es que prefiero meterles el gusanito y animarlos a que lo compren, es una verdadera joya y no se van a arrepentir. Es más, si quieren regalarme otro, no hay problema, podría tener una amplia colección del mismo libro y viviría como la excéntrica mujer con miles de copias de “Guía incompleta del jazz”. 


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La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!

 

Eric Clapton se despide de B.B. King con estas palabras



El británico expresó su tristeza por la muerte de la leyenda del blues en un video de Facebook; Clapton agradeció a King por el apoyo y la inspiración que le dio durante su vida.


LONDRES (AFP) — El guitarrista de blues y rock británico Eric Clapton rindió el viernes homenaje a su "querido amigo" y mentor B.B. King tras la muerte de la leyenda del blues a los 89 años.

"Sólo quiero expresar mi tristeza y dar las gracias a mi querido amigo B.B. King", dijo Clapton en un corto video publicado en su página de Facebook

"Quiero darle las gracias por toda la inspiración y el aliento que me dio como intérprete a lo largo de los años". 

"No quedan muchos que toquen de la forma pura en que lo hizo B.B.", dijo en el video, que rápidamente atrajo casi un millón de visitas. 

El exguitarrista de Cream, de 70 años, dijo que su amigo fue un "faro para todos nosotros", los amantes del blues. 

Clapton animó a quienes no están familiarizados con la obra de King a que escuchen su álbum de 1964 "B.B. King Live at the Regal", precisando que ahí y agregó que es "donde empezó para mí como guitarrista joven". 

Clapton firmó junto a King el álbum "Riding with the King", en el año 2000.

http://www.mcquain.com/lespaul/favorites/BB%20King/BBKing-Clapton.jpg

La Revolución de los Alcatraces: siembra insumisa de la fértil cosecha feminista


Cinetiketas | Por Waldo Nandú | 



A través de una narrativa fluida, con buen ritmo, precisa y con una fotografía que resalta y cautiva, el largometraje documental “La Revolución de los Alcatraces”, de la realizadora argentino-mexicana, Luciana Kaplan, nos adentra en la historia de la activista social, política y feminista de origen oaxaqueño, Eufrosina Cruz Mendoza, quien saltó a la fama internacional en el año 2007, al haber ganado la Presidencia Municipal de su comunidad pero sin habérsele permitido ejercer dicho cargo, anulándose y desconociéndose su victoria, con base en el sistema conocido como de “usos y costumbres”, sistema normativo y de organización política, social y cultural internos de los pueblos originarios de Oaxaca, el cual posee fuertes pulsaciones machistas, así como misóginas dinámicas. 


Kaplan nos muestra al círculo íntimo de Eufrosina; las conductas, experiencias y pensamientos de los integrantes del mismo, lo cual fuertemente moldeó, desde temprana edad, el carácter aguerrido, la actitud no conformista y la forma de vida de contribución a la colectividad de “La China”, mote con el cual Eufrosina también es conocida y apreciada. Igualmente, exhibe el trabajo constante, las labores de concientización y activación, de búsqueda del ejercicio y disfrute de sus derechos, que Cruz Mendoza lleva a cabo, desde hace tiempo, en distintas comunidades de la región a la cual pertenece la suya, a pesar de la desconfianza y apatía iniciales de algunos de sus paisanos; no obstante las trabas, envidias, difamaciones y agresiones en su contra, provenientes principalmente de hombres, ya sea por motivos políticos o socioculturales.


El documental en cuestión NO es una biografía cansina, edulcorada o acrítica de la protagonista. Tampoco se trata de un panfleto en su favor o en contra de todos los hombres o costumbres del estado del país con mayor número de municipios y de ordenamientos jurídicos de autodeterminación indígena. Constituye también una interesante y accesible investigación sociológica; un retrato ni frívolo ni pretencioso, a partir de una de sus flores más olvidadas, arrinconada en terrenos sumamente hostiles, del campo mexicano de los derechos humanos, la equidad y la democracia verdadera, de abajo. 

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Un acierto más de la obra en turno de Luciana Kaplan, el cual también le ayuda a no convertirse en una oda insultante a Eufrosina, es presentar, sin manipulaciones, sin juicios personales o intervenciones, “al natural”, los testimonios y versiones de los adversarios y no simpatizantes de “La China”. 


A pesar de lo anterior, considero que la documentalista estuvo muy cerca de abusar del recurso de enseñarnos las difíciles condiciones, las agrestes circunstancias, de distinta naturaleza, que rodean -desde su nacimiento- a varias Eufrosinas. Asimismo, pienso que estableció con Cruz Mendoza un nivel de relación que no le permitió cuestionarle totalmente, de manera adecuada, profunda, asuntos como su incursión en la política institucional, como legisladora local, vía el Partido Acción Nacional (PAN), el cual es un instituto político de derechas, cuya historia acredita minimización y desprecio condenables para con los pueblos indígenas y las mujeres. 


Por otra parte, el sonido no es una de las virtudes de “Eufrosina's Revolution”, título en inglés del documental en análisis, porque en diversos momentos, sin ser los más cruciales, casi no se perciben, o de plano no se logran entender, ciertos diálogos o declaraciones. De esta forma, por desgracia, el sonido sigue siendo el marcado talón de Aquiles de muchas producciones cinematográficas mexicanas, ya sean estás de ficción o documentales. 


¿Puede servir de inspiración, no sólo a mujeres, la historia de Eufrosina? Sí. 


¿El documental de Kaplan contribuye a ello, así como a recordar, o conocer por primera vez, según sea el caso, sin alarmas maniqueas, la situación de abandono y explotación, de abuso y discriminación, de larga duración, que padecen los indígenas, más si son mujeres? También. 


Por eso es recomendable observarla, debatirla, distribuirla masivamente y, sobre todo, emprender, o continuar, con las revoluciones personales y comunitarias que, más temprano que tarde, derroquen definitivamente a las tradiciones, políticas e instituciones contrarias a la dignidad y felicidad de las mujeres.


Compartimos la entrevista realizada por Cinetiketas a Luciana Kaplan, directora de La Revolución de los Alcatraces.

El hedor del progreso

 Opinión Espacial | Jaime López Blanco |


Salgo en búsqueda del personaje central de nuestro nuevo proyecto documental. Solamente conozco su nombre, su apellido y la colonia en la cual vive (Balcones del Sur), pero ignoro la dirección exacta y algún teléfono para localizarlo, ya que esos datos los he extraviado. Aun así, estoy decidido a encontrarlo.

Para esto, debo abordar la nueva línea del Metrobús en Puebla; el pasaje es gratis, todavía. Unas señoras me indican que, para llegar a Balcones, debo bajar en Independencia y de ahí abordar una alimentadora. Subo en la estación que se encuentra por el Mercado de Sabores. Más de 100 personas nos encontramos viajando en una misma unidad. El calor se encierra y los olores también. Lo bueno es que ese día me tocó bañarme y me unté desodorante. Lo malo es que la memoria olfativa me hace recordar un hedor que no percibía desde hace 9 años, aproximadamente, cuando trabajaba como botarga dentro del show de un payaso proveniente de Tonanzintla. En ese entonces, las botargas en las que me metía olían a sudor viejo, sin lavar desde hace mucho tiempo. Ese mismo olor me recordó mi estancia en la nueva línea del RUTA.

Las niñas y los niños son los más contentos de que los empujen, a diestra y siniestra, en cada parada del Metrobús. En las estaciones con mayor número de gente, el chofer se espera de 25 a 30 segundos para activar sus alarmas rojas y ruidosas con las que avisa que ya va a cerrar sus compuertas; en las estaciones con poca gente, se detiene de 15 a 20 segundos. Durante mi trayecto, observo el Club de Golf Campestre y vienen a mí mente las siguientes preguntas: ¿Por qué el gobierno se ha empeñado en “vender” al pueblo el concepto de que el progreso está en el cemento, mientras que los dueños del capital reservan las extensas áreas verdes para la recreación y esparcimiento de ellos y de los suyos? ¿El derecho a disfrutar de los árboles y la naturaleza es sólo para los que pueden pagarlo?

Más adelante en el recorrido, el slogan “Tu defensa en el Congreso” me hace darme cuenta de uno de los eternos candidatos a diputados del Partido Nueva Alianza, Roberto Ruiz Esparza, ex futbolista que sigue recurriendo a sus antiguos éxitos como deportista para que enajenados del fútbol soccer le otorguen su sufragio. Bajo en la estación equivocada, debido a que me voy con la “finta” de que la estación Independencia es la que se ubica cerca del mercado del mismo nombre. No es cierto. Esa estación se llama Tarascos. Vuelvo a abordar el RUTA línea 2 y por fin encuentro la estación indicada. Espero la alimentadora que se dirige a Balcones vía la Prolongación de la 3 A Sur.

Unos chavitos se “trepan” al microbús solo para ahorrar dos cuadras de caminata. Visten unos pantalones sucios y rotos pero disfrutan de su juego. Intentan bajar por atrás; su estatura no les permite alcanzar el timbre, ni siquiera cuando quieren brincar. Se ríen y uno de ellos se baja primero por adelante. El otro chavito se me queda viendo, suelta una pequeña risa y me dice: “¿Cómo ves, ya se bajó antes?” Se voltea, se baja por la puerta del chofer y alcanza a su amigo.

Posteriormente, escucho la plática entre un joven, que viaja con su esposa y su pequeña bebé, y un tipo que recién acaba de abordar el transporte. El primero le pregunta al segundo sobre un conocido en común. Luego hablan de su trabajo; el de la esposa e hija se dedica a la albañilería. Me doy cuenta, por la charla, que Balcones del Sur es un lugar donde mucha gente se dedica a la construcción y a ser albañiles. En medio de su conversación, sale a la luz el asunto de tener hijos en este país. El que va solo exclama: “Está cabrón”, para luego contar a su amigo que él va por el tercero, que nace en octubre. Me digo a mí mismo, ¿porqué si está tan cabrón, siguen reproduciendo esclavos y esclavas para este sistema de gobierno y vida en el que existimos? Volteo a ver a la bebé del otro sujeto y espero que ella no sea una esclava más en este país.

Balcones del Sur es un mundo. Como ya lo señalé, varias familias se dedican a la albañilería. Pregunto en varios lados por el señor que quiero encontrar pero nadie lo conoce. No tengo éxito. No encuentro al personaje al que iba decidido a hallar. Lo que sí encuentro es una road movie real de una parte marginada de Puebla en la cual, a lo lejos, veo una camioneta perifoneando el nombre de la candidata del PRI-Verde, Graciela Palomares, quien, en la red social Twitter, se hace llamar @GracePalomares; quizá porque Graciela no suena tan nice como Grace. Ojalá alguno (a) de los candidato(a)s del Distrito 11, al cual pertenece la zona en cuestión, vinieran trepados en las camionetas de publicidad, a pleno rayo del sol, para que así se dieran cuenta de las condiciones en que se encuentran abandonadas las colonias del sur. Soy ingenuo. Suspiro. Tengo que regresar a mi punto de partida, echar reversa. Emprendo mi retorno. Siempre en reversa, como muchas cosas en nuestro México.

El día que Dalí posó junto a 28 gatos voladores


A 111 años del nacimiento del artista, es recordado con una de sus imágenes más extravagantes, la captada por el fotógrafo Philippe Halsman.
 

Dalí Atomicus, título de la imagen tomada en 1948 por el fotógrafo estadunidense Philippe Halsman.



Al ver la fotografía, ¿cómo te imaginas que fue hecha? ¿Photoshop quizá? ¿Fotomontaje? Philippe Halsman, reconocido fotógrafo estaba más allá de estas opciones, lo interesante en esta fotografía es la historia. Aquí te la contamos.


Salvador Dalí y Philippe Halsman se unieron para realizar el foto libro Dali's Mustache en donde se muestra 36 diferentes vistas y posiciones del bigote de Dalí. Ya entrados en la foto y con una muy buen química, decidieron hacer algo más espectacular.


El fotógrafo le platicó la idea de la toma que quería realizar y Dalí, como todo buen loco, aceptó. La imagen se trataba de captar a Dalí y algunos objetos en movimiento, partiendo de la fotografía de Harold Edgerton, titulada Coronet. La primera idea de ambos fue captar a Dalí saltando, captar el estallido de un pollo, y derramar leche. Dalí y Philippe, la idea era muy cruel con el pollo y estaba de muy mal gusto derramar la leche.


Así que pensaron en una segunda opción. Ésta fue que la esposa de Philippe sostuviera una silla, mientras unos asistentes lanzaban  agua y otros hicieran volar unos gatos, Dalí, entonces, saltaría al centro de la imagen. Parece un poco raro, pero así se hizo.


La toma tuvo que realizarse 28 veces, se necesitó 28 botes de agua, 28 placas de gelatina (donde se imprime la foto) y 28 gatos. Philippe lo explico así: “Seis horas y 28 tiros después, el resultado satisfizo mi deseo de perfección. Mis asistentes y yo estábamos todos mojados, sucios y completamente exhaustos - solo los gatos lucían como nuevos”.


El nombre final que se le dio a esta icónica fotografía fue Dalí Atomicus, el cual es la combinación entre el nombre del pintor y el título de la pintura que se observa en la foto Leda Atómica.

Entre otros artistas que fotografió Philippe Halsman fueron: Marlon Brando, Audrey Hepburn, Alfred Hitchcock, Frank Sinatra,Cary Grant, Albert Einstein y Marilyn Monroe.

No podemos dejar atrás la recreación de esta foto con LEGO.

Dalí convirtió su propia vida en un 'performance' y su figura, en obra de arte, con base en excentricidades. A Dalí, siempre se le consideró como un personaje completamente polémico, ya sea por sui vida, su arte o hasta sus comportamientos.



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