Tan sólo ayer: The Carpenters



Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


Considero con cierta fidelidad que de vez en cuando, nos gusta lo cursi… o bueno, no tanto lo cursi, pero sí lo romántico en términos musicales. ¡Y está bien! creo que es perfectamente necesario y hasta “saludable” admitirlo, porque el escuchar un poco de todo, indudablemente nos hace seres más integrales. Para mí, son más interesantes las personas que gustan y aprecian varios géneros musicales, a alguien que solamente se encasilla en uno (porque de que los hay, los hay). En verdad me gustan muchos tipos de bandas, cantantes y géneros diferentes, aunque creo que ya he dejado bien en claro cuáles son mis tendencias musicales después de 16 artículos… Dicho todo lo anterior, les platico que tiene ya un par de semanas que, por alguna razón, tengo pegada (pegadísima) la canción “Touch me when we’re dancing” y rectifico, por obvias razones, que los Carpenters eran bastaaaaaante románticos y me encanta. Siempre que hablo acerca de los hermanos más melosos de la balada pop estadounidense de los años 70, me encuentro diciendo cosas como: “qué pena, tenía una voz increíble, el hermano no se daba cuenta o qué, se veía muy demacrada, tenía sólo 32 años” etc. ¡Basta de lamentaciones Moniquita! Obviamente la muerte de Karen fue una verdadera tragedia pero los Carpenters, fueron mucho más que eso, así que llegó el momento de enaltecer sus éxitos y sus muchas cualidades auditivas, aunque claro, es imposible no hablar del elefante en la habitación. 



No sé si a ustedes le ha pasado pero yo, cuando pienso en mujeres bateristas, inmediatamente ubico a la bella Cindy Blackman, que estuvo de gira y colaboró con Lenny Kravitz durante un par de años (portadora de un afro espectacular), pero nunca, nunca se me había venido a la mente que Karen Carpenter fue también una gran baterista y que en realidad, su primer acercamiento con la música, fue a través de este increíble instrumento. Le tengo un poquitín de envidia porque siempre he dicho que, de tocar algún instrumento, escogería la batería sin dudarlo ni un segundo, pero como no tengo ninguna habilidad musical -más que el simple hecho de apreciarla-, pues me quedaré con las ganas de hacerlo. Regresando al tema de Karen, déjenme decirles que amaba tocar la batería y en los primeros álbumes del dúo, era ella quien dirigía el ritmo de cada canción, bajo la dirección de su perfeccionista hermano Richard. Éste, tocaba el piano, el teclado, producía y escribía muchas de las canciones que hicieron famosos a los Carpenters, así como cantar los coros tan característicos de sus canciones. Muchas personas en el mundo de la música, admiten y dan crédito a las enormes habilidades de Richard como arreglista y compositor, siendo uno de los mejores de su época; supo perfectamente cómo dar toques creativos e innovadores a cada canción, como una especie de predicción musical para años posteriores.



Voy a contarles algo de la biografía de este par de siblings, pero antes, déjenme inspirarme con alguna de sus hermosas canciones. El otro día, cuando platicaba con mi hermana sobre los Carpenters y por qué los había escogido para escribir el presente artículo, nos dimos cuenta que en realidad no tenemos una fecha exacta de nuestro primer acercamiento con su música o de por qué nos gustan tanto; tengo perfectamente registrado cuándo empecé a escuchar a Carole King, a Neil Diamond o a Johnny Mathis, pero no tengo en registro específico de los Carpenters. Platicábamos que "Close to you" (uno de sus más grandes éxitos), está incluida dentro de muchos CDs recopilatorios de la época, tipo “Páginas del Pasado” y así, y probablemente es la primer canción que escuchamos del dúo. Después recordamos que por ahí del año 2001, mi hermana Elo decidió comprar un CD con sus mejores éxitos y con toda honestidad puedo decirles que, de tanto escucharlo, se rayó horrible y murió. Pero bueno, digamos que murió en plena batalla y con honores. Y bueno, después de este comentario random, estoy escuchando “I Won’t Last A Day Without You” y estoy cantando con harto sentimiento “… when there’s no getting over that rainbow…”




Ahora sí: la historia de los Carpenters comienza en 1946 en Connecticut, cuando Richard nace un 15 de octubre y Karen lo hace cuatro años después, un 2 de marzo. Sus padres, Harold y Agnes, trataron de inculcarles el amor por la música desde edades muy tempranas; a pesar de no ser papás muy cariñosos, ser muy estrictos y aumentarles sus inseguridades (luego ahondaré en ello), quisieron “lo mejor para sus hijos”. Ambos trabajaban dobles turnos con el fin de poder pagarles clases de piano, de batería y hasta de canto. Es en 1963 cuando la pareja decide mudar a la familia a un suburbio en Los Ángeles para estar más cerca del mundo del entretenimiento y la música; mientras tanto, nunca dejó de sonar música en la casa de los Carpenters. La verdad es que no sé si es de esos casos en donde el amor por la música es innato e inculcado por simple pasión o más bien, como una especie de obligación para que los hijos trabajen en ello y se vuelvan famosos. He leído cosas muy fuertes acerca de la mamá Carpenter, así que me inclinaré un poco por la segunda opción. Se dice que los hermanos eran muy diferentes, pero que en realidad el cariño y la admiración entre ellos, era sincera; mientras Richard se la pasaba en el sótano de su casa escuchando música e imitándola en su piano, Karen era mucho más extrovertida y le gustaba hacer deporte y nuevos amigos. Se le ha tachado en más de una ocasión de marimacha, por cómo vestía y actuaba de niña, además de gustarle un instrumento para hombres: la batería. O sea, no inventen… ¡Ah! Y por supuesto, todo aquel que la conocía opinaba que era una linda y feliz “chubby girl”. Así les gusta etiquetarnos a las mujeres, desde siempre. 



Durante su etapa adolescente, los hermanos pulieron sus dones musicales y formaron un trío de jazz junto a un amigo de Richard, Wes Jacobs; en 1966, el trío ganó la “Battle of the Bands” del Hollywood Bowl y de inmediato fueron contratados por la disquera RCA Records, pero el gusto les duró muy poco. Tras grabar varios covers, la disquera decidió dejarlos ir. Big mistake… Big… HUGE! como diría Julia Roberts en “Pretty Woman”. Después de dicho despido, los hermanos siguieron trabajando y grabando demos en una búsqueda inalcanzable por encontrar su “sonido”; decidieron dejar a un lado el jazz y se dejaron influenciar por la música y los ritmos de grupos como “The Beach Boys” y “The Mamma’s and the Pappa’s”, encontrando su zona de confort, en armonías más poperas. Fue entonces que uno de los dueños de la disquera A&M Records, Herb Alpert, escuchó la voz de Karen y le llamó mucho la atención, tanto así que decidió contratarlos en 1969. Su primer álbum Offering prácticamente no tuvo éxito, pero contiene uno que otro de los éxitos del dúo, como el cover que hicieron de “Ticket to ride”




Tras los mediocres resultados de dicho álbum, mucha gente de la disquera trató de convencer a Alpert de que los despidiera, pero él decidió darles una segunda oportunidad, no sé si por buena onda o porque obviamente era un vidente enmascarado. El caso es que el destino se encargó de ponerles en las manos la canción “(They long to be) Close to you”, originalmente de Burt Bacharach, y Richard hizo arreglos tan espectaculares, que en la actualidad nadie recuerda cómo era la canción antes de los Carpenters. Rápidamente el single comenzó a escalar todas las listas de popularidad y a demandarse en todas las estaciones de radio, por lo que la presión para grabar otro éxito era muy grande. Tenemos que agradecerle al “Crocker National Bank” por el segundo single exitoso del dúo y una de mis canciones favoritas de los Carpenters: “We’ve Only Just Begun”. Sí, algo muuuuy random, pero muy cierto; un dato que no sabía y que francamente no me esperaba. Pues resulta que la canción surge de un jingle que se escribió para un spot publicitario del banco (que aparte ya ni existe); me llevé una ligera decepción al darme cuenta que prácticamente la canción es igual al jingle. Digo, obviamente tiene más letra, más música y la hermosa voz de Karen, lo cual ya es mucha ventaja. Richard vio el anuncio y de inmediato quiso grabar la canción entera, contactó a la gente que tenía que contactar y pagó los derechos que tenía que pagar y voilá, el segundo éxito de los Carpenters recién salía del horno y era ya una sensación nacional. Lo grave era que el dúo tenía ya dos canciones en las listas de popularidad y no tenían un álbum grabado, por lo que se pusieron a trabajar un montón y en agosto de 1970 sacan el disco “Close to you”, que actualmente es considerado como uno de los mejores 500 álbumes en la historia de la música. Tenía canciones originales y unos cuantos covers. 



Después de ese grandioso álbum, siguieron otros 8 antes de la muerte de Karen. Imagínense ¡8 discos en tan sólo 13 años! y, como era de esperarse, vinieron los conciertos, las giras, las entrevistas, las reseñas, las invitaciones a programas de televisión y radio y también, las críticas durísimas. La cuestión es esta (y se las voy a platicar de manera muy rápida y light): durante la década de los años 70s, Estados Unidos específicamente, vivió una etapa muy decisiva en términos políticos, sociales, económicos, culturales y por supuesto, musicales. Tan sólo basta con revivir el festival de Woodstock en el 69 para darnos cuenta que los Carpenters no encajan en lo absoluto con artistas como Janis Joplin, Carlos Santana, Neil Young o el legendario Jimmy Hendrix. El rock estaba en su auge y las canciones melosas y romanticonas, no resonaban por ningún lado. Artistas, músicos, productores y ejecutivos de la música en dicha época, mencionan que el hecho de que te gustaran los Carpenters y lo dijeras abiertamente, te hacía de inmediato un conservador teto. Los Carpenters eran políticamente correctos y ello les ganó el desprecio de mucha gente de su edad. Obviamente eran exitosos, porque vendían discos, agotaban entradas a sus conciertos, etc. pero la mayoría de sus fans, eran fans de clóset. Tan simple como eso. Eran los últimos años de la Guerra de Vietnam y no era posible que simpatizaras con una canción como “For all we know”, por ejemplo. Además, uno de los hechos que le añadió más leña al fuego, fue cuando Nixon los invitó a presentarse en una cena de la Casa Blanca en el 72 y ellos accedieron. El desprecio a los hermanos no fue total, ni para siempre, ni mucho menos afectó sus carreras a nivel nacional e internacional, pero sí los dejaron debajo de la lupa por mucho tiempo. Aquí en México, la aceptación del dúo fue inmediata y abierta, nada de “me da pena” o cosas por el estilo.



Llevo días escuchando las canciones de los siblings y puedo decirles que THE CARPENTERS GIVE ME LIFE. ¡En serio! Puedo escucharlas y escucharlas y escucharlas, y nada más no me canso (la que sí se cansó creo que es mi mamá hahaha, pero no se preocupen, también es fan y no de clóset ehh). Me sé la letra de prácticamente toooodas sus canciones, aunque me falta repasar algunas. Les prometo aprendérmelas lo más rápido posible. Mis favoritas son: “Yesterday Once More”, “I Need To Be In Love” (que solía ser la favorita de Karen), obvio “We've Only Just Begun”, “This Masquerade”, “Superstar”, “Rainy Days and Mondays”, “Top of The World”, “Only Yesterday”, “All You Got from Love Is a Love Song”, “Hurting each other”, “Goodbye to love”, “Solitaire”, “Please Mister Postman” (cuyo video chafa grabaron en Disneylandia), “Sing a Song” y “Merry Christmas Darling”. O sea, TODAS… creo. ¡Ah! Y también las que mencioné párrafos arriba, por supuesto. 



Pasó en los Carpenters lo que le pasa en la mayoría de las bandas y que mencioné precisamente en mi artículo anterior acerca de Frankie Valli: el cantante se convierte en el centro de atención y el resto del grupo, pasa a un segundo plano. Karen empezó como la baterista del grupo de su hermano, hasta que éste la convenció de cantar algunos coros y el talento era más que evidente; su dulce y melodiosa voz era un don innato y rápidamente Richard quiso explotarlo al máximo. Las canciones que escribía y componía, estaban perfectamente estructuradas para el tono de voz de Karen, potenciándola en todo momento. En los primeros años de fama, Karen no quiso despegarse de su tan amada batería, cantando y tocando al mismo tiempo, pero comenzaron las apariciones en televisión y/o en conciertos, y la gente quería verla enfrente, donde pudieran ubicarla, lo que en mi opinión ayudó en gran medida a desarrollar su enfermedad. Karen convenció a los productores de las giras que podía cantar y tocar algunas canciones desde la batería, para luego cantar las baladas más exitosas frente al resto del grupo. Ese trato se mantuvo tan sólo un par de años, hasta que su condición física le impidió seguir haciéndolo. Richard, que en realidad era la mente maestra detrás del dúo, fue tachado de ser solamente el pianista de los Carpenters; todo, TODO el mérito era para Karen y casi nada para él. Yo creo que a cualquier ser humano, puede molestarle esta situación, es más que comprensivo ¿no creen? Él trató de disimular un poco su enojo pero a mi parecer, dicho malestar se ha vuelto muy evidente en las entrevistas que ha ofrecido en años recientes. Richard se me hace una persona bastante pesada… no sé… como mamón y hasta medio sobrado. Algunas de sus declaraciones y expresiones, me dan a entender que hay un rencor bastante evidente hacia Karen; trato de no juzgar pero pues… 



Karen Carpenter murió el 4 de febrero de 1983, en casa de sus padres mientras se cambiaba de ropa en el vestidor de su cuarto. La causa de su muerte fue un letal infarto al corazón, causado por la ingesta de un jarabe de ipecac, utilizado para inducir el vómito en casos extremos de envenenamiento o sobredosis. La realidad es que todos sabemos que la verdadera causa de su muerte, fue la década de anorexia nerviosa que trastornó por completo la vida de la cantante. En los años 70, hubo un desplazamiento importante de lo estético y la imagen, sobre lo saludable; lamentablemente Karen fue una de las precursoras de dicho fenómeno. Siempre se le consideró como una chica “gordita”, simpática, tierna, amable, divertida y extrovertida, pero gordita a fin y al cabo. Cuando la fama del dúo comenzó y Karen se veía en fotografías o videos de entrevistas, se odiaba por completo (lo que nos pasa a muchas cuando nos sacan una foto, la vemos de inmediato y gritamos “salí fatal, ¡bórrala!”), y el hecho de tener que estar hasta al frente en los escenarios, era una terrible presión para ella; detestaba su figura de reloj de arena.



Buscando siempre la aprobación de su hermano y de su madre, les preguntaba si se veía muy gorda o no, o si ellos pensaban que debería bajar unos cuantos kilos. Si la respuesta de su familia hubiera sido la contraria, probablemente la historia sería muy diferente. De inmediato, Karen contrató a un entrenador personal que la acompañaba durante las giras, pero el ejercicio sólo hizo que aumentara masa muscular, por lo que rápidamente despidió al entrenador y comenzó una dieta extremadamente rígida impuesta por ella misma. Tenía varios trucos para no comer y que nadie se diera cuenta, como ofrecer de su platillo a muchas personas de manera insistente hasta que se lo terminaran o hablar demasiado durante la hora de comida y esparcir los alimentos en todo el plato, meneándolos de un lado a otro. El uso de laxantes era común en Karen, llegando a tomar 90 pastillas de Dulcolax por noche… POR NOCHE. Richard insiste hasta la fecha que su hermana no pudo haber utilizado el vómito como medio para adelgazar, porque obviamente estropearía sus cuerdas vocales, pero amigos cercanos a la cantante admiten que sí lo hacía. Su peso más bajo, llegó a ser de 37 kilos y lo ocultaba utilizando capas y capas de ropa; se ponía un vestido largo y encima un chaleco y encima un blazer y encima una chamarra y así sucesivamente. La verdad es que algunos de sus atuendos ¡son horribles! precisamente por dicha situación. Obviamente su rendimiento fue deteriorando exponencialmente y estuvo varias veces internada debido a crisis nerviosas y de agotamiento, llegando a cancelar muchos conciertos en Europa; la gente a su alrededor se daba cuenta de lo que pasaba, pero no podían hacer nada ya que la familia de Karen (especialmente su madre) no dejaba que nadie se metiera en los asuntos que “sólo le incumbe a la familia resolver”. 



Para muchos, la gota que derramó el vaso fue su casamiento con Thomas James Burris a mediados de 1980, un descarado hijo de p… que sabía perfectamente lo que hacía. Divorciado, con un hijo de 18 años y una supuesta fortuna, convenció a la cantante de casarse con él tan sólo meses después de haberse conocido. El anhelo de Karen por convertirse en madre era tan grande, que aceptó a este patán que, un día antes de la boda, le confesó que años atrás se había realizado una vasectomía. Karen quiso cancelarlo todo pero ¿quién creen que fue la que se lo impidió y le dijo que se lo tenía que bancar? Obvio: la madre. El matrimonio fue un infierno total, orillando a Karen a llevar al extremo su enfermedad. El tipo le quitó todo el dinero que pudo en cuestión de meses. Mientras todo esto pasaba, su hermano entró a rehabilitación debido a una fuerte adicción a los quaaludes; Karen no quiso perder tiempo y grabó un disco como solista que fue fuertemente criticado por su hermano, al grado en que él mismo prohibió el lanzamiento de dicho material al alegar que era demasiado sexual y no favorecía la voz de Karen para nada. Por último, el favoritismo de la madre era totalmente hacia Richard; muchos amigos de Karen insisten hasta la fecha que lo único que ella buscaba era el cariño y el reconocimiento de su madre, que jamás obtuvo, ni siquiera en las sesiones de terapia familiar a las que asistían para “apoyarla” durante su tratamiento psicológico. La madre fue su peor y más severa crítica pero eso sí, la linda sonrisa de Karen fue la misma cuando pesaba 37 kilos que cuando pesaba 63.



Es desgarrador investigar la historia de Karen y darte cuenta que millones de personas pasan por lo mismo día tras día y sobre todo, deducir que nosotros somos nuestros propios verdugos y quienes nos encargamos de acrecentar nuestros demonios. Si en los 70s nadie hablaba o sabía acerca de la anorexia nerviosa, la enorme cobertura mediática y amarillista que tuvo su funeral y hechos posteriores, sirvieron un poco para que se pusiera el tema sobre la mesa. El mundo perdió a una maravillosa artista, pero también perdió a una amiga, a una colega, a una hija, a una hermana y a un buen ser humano. Juro que estoy escuchando otra vez “I Won’t Last a Day Without You” y bueno… vaya que sí me pone sentimental. Los Carpenters siempre formarán parte de mi repertorio favorito; disfruto mucho escuchar su música y sé que no soy la única en el mundo que lo hace. Ése es el verdadero legado de los grandes artistas: que a pesar de tener historias trágicas que muchas veces eclipsan sus trabajos, podemos oír de vez en cuando una canción y olvidarnos de todo. Me quedo con el romanticismo e ingenuidad de este par de hermanos talentosos que supieron posicionar su música y sus sueños a pesar de tener muchas cosas en contra. Siempre le agradezco a los artistas de los que escribo como si pudieran leerlo algún día, y esta vez no será la excepción: gracias por tanto, Carpenters.

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La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!

 

¿Escuchaste a The Rakes?


Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García |



@JoseAlberto_GP


¿Quiénes Fueron?
El grupo estuvo formado por cuatro chicos instalados en Londres durante la década pasada. Y digo “fueron” porque la banda se separó en 2009 alegando que sentían que no podían dar el 100% siempre. Sea como fuere, quizá les costó demasiado superar su álbum debut.

¿Estilo?
Instantáneamente se convirtieron en una de las bandas más divertidas y atractivas de la escena post-punk revival que estaba gestándose entre los años 2003 y 2004. A menudo comparados, no sin razón, con Franz Ferdinand, Bloc Party, Maximo Park o los Libertines.



¿Álbumes?
-Capture/Release (2005, V2 Records): contiene los hits ’22 grand job’, ‘Work, work, work (Pub, club, sleep)’ o ‘Terror’. Tres temas que dan buena cuenta de la energía e intensidad que derrocharían el resto de su carrera. Un rock desenfadado, muy en la línea de la época, popero, bailable, con estribillos pegadizos.

-Ten new messages (2007, V2 Records): aquí les pasó como a todos, todos los grupos. Quisieron hacer los intensos, los trascendentales, los adultos. Y no. No hacía falta, queremos sus mega hits, no las medio-tiempo y baladas de este álbum. Es un poco lo que pasó, como ya os conté en otro artículo, con los Vaccines.

-Klang (2009, V2 Records): por suerte, los Rakes sí se debieron dar cuenta del error, y volvieron a la frescura y locura del primer álbum. ‘Bitchin' in the Kitchin’ trae toda la buena onda y ‘The light from your Mac’ vuelve a recordar a Stroke o Franz Ferdinand.  


¿Cómo les descubrí?
Fue como en 2013, y supongo que buscando bandas parecidas a Franz Ferdinand. Es algo que hago a menudo: buscar similares a bandas que ya me gustan en last.fm o en foros. El caso es que desde la primera escucha tuve esa sensación, que tanta ilusión me hace y que no siempre se puede tener, de quedar totalmente maravillado por el nuevo descubrimiento. Pero me llevé una gran desilusión al ver que la banda ya llevaba años disuelta. Al menos, compré en Amazon los tres discos que tienen publicados a un precio sorprendentemente bajo.

Sus redes sociales oficiales son:

YouTube: https://www.youtube.com/user/therakesofficial


En esta ocasión no les puedo aportar más redes ya que se separaron antes incluso de que se pusieran de moda. Pero tienen su perfil de last.fm. La web del grupo ya ni siquiera funciona.

Esperemos que algún día decidan volver vista la expectación que siguen generando. Miles y miles de seguidores siguen aún a esta banda y eso se ve claramente en el número de reproducciones en YouTube o en la actividad de foros.



Eye in the sky: Guerra mata moral


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


¿Qué harías si fueras una oficial de la inteligencia británica (Helen Mirren) y tienes la oportunidad de eliminar a tres de los terroristas más buscados en el Cuerno Africano, los cuales preparan un atentado suicida en el que pueden perder la vida cientos de personas inocentes? Pareciere una respuesta fácil, pero existe una gran disyuntiva: La ejecución de los extremistas implica la muerte de una niña inofensiva, quien se encuentra ayudando en el negocio familiar, cerca del punto de reunión de los fanáticos guerrilleros. ¿La vida de una niña es solamente un “daño colateral mínimo” en el “combate por la paz mundial”?

El actor y realizador sudafricano Gavin Hood plantea al espectador las anteriores preguntas, a través de un libreto escrito por Guy Hibbert. Es precisamente el título original de la cinta  (“Eye in the sky”) el que deja al descubierto una de las principales premisas de la historia en cuestión: los ojos de ciertas fuerzas presuntamente superiores son los que juzgan y deciden cuál es el destino más apropiado de los involucrados en los distintos conflictos bélicos existentes. Pseudodioses que se jactan de ser entes justos y llenos de sabiduría.  Integrantes del ejército, operadores de microdrones, abogados y burócratas de los gobiernos estadounidense e inglés, todos ellos debaten el porvenir de una niña africana, la que desconoce el dilema que provoca su inesperada aparición.

“La verdad es la primera víctima de la guerra”. Esquilo

Los veteranos actores Helen Mirren y Alan Rickman (en una de sus últimas apariciones cinematográficas antes de fallecer) ofrecen colmilludas interpretaciones dotando de verosimilitud y calidad a una obra que se salva de la medianía.  Por su parte, es grato atestiguar el regreso del histrión somalí-estadounidense Barkhad Abdi (nominado por “Capitán Phillips”) en un rol de importante lectura; además, es imperante decir que Aaron Paul (el “Jesse Pinkman” de la serie “Breaking Bad”) se roba la película ya que realiza un impecable trabajo actoral, el cual logra transmitir diversas emociones únicamente con sus miradas y ciertas interlocuciones.

“Eye in the sky” se concibe como una opción alternativa interesante previa al estreno de los grandes “blockbusters” veraniegos, plagados de carísimos efectos visuales e intachables súper héroes. En el nuevo metraje de Gavin Hood  (coproducido por el actor Colin Firth) no hay cabida para los inmaculados ídolos. Se trata de una película modesta con seres de carne y hueso, egoístas en su mayoría, que quieren evadir sus responsabilidades, dando preferencia a intereses mundanos (como la reputación mediática internacional).

Este filme también es un intento de sátira (subrayo lo de intento, ya que pudo haber sido más contundente en su ejecución/reflexión, y caer menos en el maniqueísmo argumental, pero no lo hizo),  que pretende cuestionar la “diplomacia” de las autoridades. Igualmente, se percibe como una analogía de las guerras modernas, aquellas caracterizadas por la utilización de aparatos de alta tecnología, “inteligentes” y de “gran progreso”, comandados por seres despiadados y brutales que visten traje o uniforme, y que sentados plácidamente en sus dos nalgas deciden con respecto a la vida de miles.


"Chronic": El intermediario de la muerte


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


La sabiduría y expresión populares la señalan como lo único garantizado en las existencias de todos. Sin embargo, a pesar de la certeza de su llegada, no sabemos cómo confrontarla. Nos angustia; nos flagela; nos deja dando tumbos por doquier cuando la acariciamos o cuando un ser querido la recibe. Es la muerte, aquel ente todopoderoso que deambula de forma misteriosa  entre todos nosotros.  Para “David” (Tim Roth) es algo más. Es su trabajo, su modo de vida, su desahogo, su arraigo y su castigo. Una especie de familiar  cercano con el que convive naturalmente.

En su cuarto largometraje como director, Michel Franco nos adentra en la rutina de un enfermero de Estados Unidos (el “David” antes mencionado) que asiste a pacientes terminales y que, a la vez, trata de reconstruir su vida familiar. Un “muerto-vivo” que se mimetiza con las últimas energías pujantes que le quedan a las personas con las que trabaja; un enfermo crónico del alma que sobrevive su pesar (una tragedia personal) siendo testigo directo de la agonía de los diferentes seres a los que socorre. Tal pareciera que el estertor de los demás es el “valium” que usa “David” para mantener sobrio a su espirítu.  

“Chronic” (también escrita por Michel Franco) se relaciona con ese tipo de cine contemplativo que evoca las realizaciones producidas en Europa (a pesar de que la manufactura sea mexicana y la historia se ubique en Estados Unidos). Los planos fijos y largos; las imágenes repletas de silencios; y los personajes contenidos son prueba de todo ello. De hecho, “Chronic” posee ecos del cine de Michael Haneke, ya que Franco nos presenta seres que están condenados al sufrimiento (una característica habitual en sus cintas, basta recordar “Daniel & Ana” y “Después de Lucía”).

El “Chronic” de Franco se percibe como la obra más madura y con mejor oficio en la corta filmografía de dicho cineasta mexicano. Filmografía que para los estándares nacionales más bien es vasta y respetable, ya que hacer cuatro largometrajes en 7 años es toda una hazaña para la gente de cine de nuestro México.

El plano inicial, que asemeja el punto de vista de un hombre ausente, junto con ese impecable travelling que acompaña la caminata de “David” hasta dar alcance a su hija, son dignos de alabarse.


Por su parte, el guión (premiado en el festival de Cannes 2015) es cuidado y original: no solamente se trata de rendir tributo a la extenuante labor de los enfermeros, también va revelando, de manera paulatina y acertada, los detalles de la desgracia del protagonista. Por lo tanto, estamos ante un argumento elegante, inesperado y que remata de una forma irónica y plausible. Es precisamente ese trabajo de escritura, así como un elenco de grandes actores, lo que le permite a “Chronic” sobresalir como una obra orgánica y recomendable, la cual evita caer en las exageraciones de mal gusto de los melodramas mexicanos y estadounidenses.


Galería: Natalia Lafourcade en Aguascalientes #FNSM2016

Reseña fotográfica del concierto de Natalia Lafourcade en la Feria de San Marcos | Aguascalientes 2016 | Fotos: Alejandro Carrillo















Frankie Valli: demasiado bueno para ser verdad


Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara |


Si han seguido alguno de mis artículos aquí en Sputnik, sabrán entre otras cosas, que soy una fiel amante de los musicales y que mucho de mi bucket list tiene que ver con aparecer en uno. La cuestión aquí es que, hace un par de meses (o años, ya no calculo bien), vi la película del que se convertiría en uno de mis musicales favoritos y que sin duda me gustaría muchísimo más verlo en vivo: “Jersey Boys”, que trata sobre el ascenso a la fama de nada más y nada menos que del gran Frankie Valli y los Four Seasons. Con toda honestidad puedo asegurarles que en algún momento de sus vidas, han escuchado al menos una canción de Frankie, ya sea como solista o estando en el grupo. Yo tengo que agradecerle al maravilloso Heath Ledger (¡se te extraña Heath!) y a la película “10 things I hate about you” el saberme de memoria la canción icónica de Frankie: “Can’t take my eyes off you”. ¿Ven? Mi afirmación es correcta: todos hemos escuchado alguna canción de Valli. Este exitazo de 1967, que ha sido “covereado” por más de 200 artistas (siendo el de Engelbert Humperdinck uno de mis favoritos), le dio a Frankie fama internacional, su primer hit como solista, la consolidación artística tras unos 16 años de trabajo como cantante y muchas otras satisfacciones. ¿Ustedes se saben esa canción? Les apuesto a que sí. Yo me puse la “ardua” tarea de aprendérmela de memoria a los 12 años, cuando vi por primera vez la película que les mencioné hace rato. Quise memorizarla porque para mí (y para muchas otras) la canción forma parte importantísima de la película, siendo una de las mejores escenas y uno de los momentos más románticos y medio cursis de las películas adolescentes de la época, al ser el momento cumbre entre Patrick y Kat –los protagonistas- y al imponernos falsas esperanzas al imaginar que ese mismo gesto tan lindo podía sucedernos por lo menos alguna vez en la vida.



Francesco Stephen Castelluccio, que posteriormente sería conocido mundialmente como Frankie Valli, nació un 3 de mayo de 1934 en Nueva Jersey, en una familia demasiado italiana, diría yo. Su pasión por la música se lo inculca básicamente su madre Mary, al introducirlo al jazz, al doo-wop y al soul, y al llevarlo a la corta edad de 7 años a un concierto de mi amado Sinatra en el Paramount Theater en Nueva York; imagínense lo que sintió Frankie, que de por sí ya tenía inquietud por la música y el mundo del espectáculo al escuchar en la radio a varios cantantes tales como Little Jimmy Scott y Dinah Washington, aprendiéndose sus canciones e imitando sus estilos. Según algunas biografías, el concierto de Sinatra fue el preciso momento en el que decidió convertirse en cantante y, como su mamá también quería que lo fuera, consiguió que la cantante texana de country Jean Valley, se convirtiera en su mentora y coach vocal, puliendo su característica voz de falsetto y haciéndola el sello personal que lo distinguiría durante toda su carrera musical. Además, ahora que lo pienso, qué increíble coincidencia que Frankie se llame igual que su ídolo, ¿no creen?

Estoy segura que pueden imaginarse a grandes rasgos cómo fueron la infancia y adolescencia de Frankie, viviendo en Jersey en los años 50, en barrios con un gran número de familias provenientes de distintos países (factor que supuestamente lo influenció bastante), pero sobre todo, familias italianas católicas medio recalcitrantes. Valli recuerda que cuando vivían en Newark, lo hicieron en un departamento bastante feo y que carecían de servicios como agua y calefacción, pero luego se mudaron a Stephen Crane Village y todo eso cambió; a pesar de vivir en un apartamento modesto, tenían otro tipo de comodidades y lujos que hacían creer a Frankie que eran ricos. Cuando empezó su pubertad, solía cantar con varios amigos en la esquina de su casa, en el parque, en los pasillos de la escuela y muy particularmente, debajo de puentes o en el baño del colegio con el fin de escuchar su propio eco y analizar mejor su propia voz, un excelente tip para cantantes principiantes.

Pasaron un par de años y, una vez que consiguieron ciertas capacidades vocales, su coach Jean lo llevó a conocer a un par de productores musicales, introduciéndolo como su hermano menor. Uno de esos productores llamado Paul Kapp, quiso contratarlo de inmediato y empezar a trabajar en un álbum solista, pero como Frankie era menor de edad y la entrevista fue en Manhattan, era una obligación que sus padres firmaran documentos autorizando aquella situación. Cuando Kapp notó el nerviosismo de Jean y de Frankie, dedujo que ambos no eran hermanos y descubrió que su verdadero apellido era Castelluccio; Kapp le dijo que era demasiado étnico y que lo mejor era cambiarlo por algo mucho más artístico, por lo que el apellido de Jean, “Valley”, se le quedó y posteriormente nada más cambió la forma de escribirlo a “Valli”, lo cual no le molestó a Frankie porque de todas maneras sonaba bastante italiano.

Después de esta mini desilusión, conoce a sus futuros colegas y dolores de cabeza: Tommy DeVito, su hermano Nicky y Nick Massi, que habían escuchado hablar sobre el talento de Frankie y quisieron invitarlo a formar parte de su grupo musical llamado “The Variety Trio”. Básicamente lo que hacían era presentarse en clubes nocturnos y medio posicionarse en el área de Nueva Jersey, mientras trabajaban de otras cosas durante las mañanas para poder mantenerse. Valli era barbero, pintor, constructor y florista, y por las noches, buscaba ser más grande que Sinatra. Nicky DeVito abandona el grupo, que ahora se llamaba “The Four Lovers” y, gracias a la supuesta intervención de un Joe Pesci de 16 años, entra Bob Gaudio que, junto con Frankie, se volverían las piezas clave de los Four Seasons. El cambio de nombre es tal y como nos lo cuenta la película “Jersey Boys”: después de una audición fallida, el grupo se encontraba frente a un boliche que se llamaba “Four Seasons” y pues… a los muchachos les gustó cómo sonaba. De 1950 a 1960 aproximadamente, el grupo se dedicaba a presentarse en más bares y a buscar contratos con cualquier disquera que estuviera interesada, al mismo tiempo en el que trataban de llevar un perfil “bajo”. Y digo trataban porque se sabe que eran chicos medio problemáticos al entrar y salir constantemente de la cárcel y estar relacionados con alguno que otro mafioso de Jersey; vuelvo a citar a “Jersey Boys” y a varias biografías de los Four Seasons que dicen que el más problemático de todos era Tommy, que en la película, está interpretado por el guapísimo y talentoso Vincent Piazza (¡en serio es divino! Nada más chequen su sonrisa o el acento italiano que hace).

A inicios de los 60, comienzan a trabajar con el productor Bob Crewe, que junto con el talento de Gaudio (que por cierto produjo varios discos de mi Neil Diamond), fueron los responsables de escribir los más grandes éxitos de los Four Seasons y de Valli como solista. Pero antes de que esto sucediera y mientras buscaban el tal anhelado “sonido” que los hiciera diferentes de otros grupos, tuvieron que hacerla de coristas para otros solistas y grupos, aunque la voz tan característica de Frankie sobresalía demasiado. Después de un tiempo así, Gaudio escribe en tan sólo 15 minutos la canción que los posicionaría como uno de los mejores grupos dentro de la escena musical estadounidense cuando la invasión inglesa estaba a punto de empezar: “Sherry”. Acabo de ponerla y la verdad es que es una canción muy clásica de la época: poca letra, poca duración, buena y pegajosa melodía, la perfecta combinación de voces graves y agudas en un cuartero bastante armonioso. En sí, las canciones de los Four Seasons son demasiado parecidas; ojo, no estoy diciendo que sean malas o algo por estilo, en realidad me encantan y a cualquiera transportan a la década de los años 50/60 y por supuesto reconozco que a pesar de su simpleza, sin duda influyeron a otras generaciones de músicos y cantantes. A “Sherry”, le siguieron “Big Girls Don’t Cry”, “Walk like a man”, “Candy girl”, “Ain’t that a shame”, “Stay”, “Ronnie”, “Working my way back to you” y “Rag Doll”. Lo que me parece genial es que, como no necesitaban demasiada producción y eran chicos bastante guapitos, las presentaciones de los Four Seasons únicamente se basaban en 1) ellos tocando sus instrumentos y 2) bailando coreografías (que actualmente son medio ñoñas pero a mí me gustan bastante) dignas de la época; eso enloquecía a cualquier chica, literalmente.



Mientras el éxito del grupo crecía, también lo hacían sus problemas personales; supuestamente Tommy le debía muchísimo dinero a la mafia, Frankie ya casado y con hijos sentía que no les prestaba nada de atención, Nick sintiéndose medio rechazado y Bob descubriendo que lo suyo era escribir y producir. Aquí se da el fenómeno que todos conocemos y que ha desintegrado a bandas buenísimas y por lo tanto, ha roto muchos de nuestros corazones: que el solista tiene mucha más fama que el resto del grupo. Se dice que la historia de Frankie como solista, estando aún dentro de los Four Seasons, es una de las primeras que se da en el mundo de la música actual; alcanzó éxitos estando afuera y adentro. El grupo salía a agotadoras giras que dieron mucho de qué hablar: supuestamente la única vez que Frankie ha sido arrestado fue por no pagar la habitación de un hotel. A finales de la década de los 60, Tommy y Nick –o sea, la mitad del grupo- decidieron salirse y por lo tanto, hubo que contratar a otros cantantes y músicos. Si ustedes entran a la página de Wikipedia de los Four Seasons, se encontrarán con la inimaginable cantidad de músicos y cantantes que han formado parte del grupo desde sus inicios hasta la actualidad, y que el único que ha permanecido vigente es mi querido y perseverante Francesco.

Hay tres canciones de Valli con y sin los Four Seasons que son mis eternas favoritas y que fueron grabadas en la década de los 70, siendo notoria no sólo la evolución musical (medio disco), sino la del propio Frankie: “Who loves you”, “December 1963 (Oh what a night)” y “My eyes adored you”. Tanto me gustan estas canciones que hasta las tengo descargadas en mi celular, se los juro por mi mamá que está sentada justo atrás de mí. Las primeras dos, tienen esa enorme cualidad de poner de buen humor a cualquiera y hasta de ponernos a bailar en el asiento más incómodo que tengamos. Con decirles que en la película, hasta el mismísimo Christopher Walken baila la más simple de las coreografías al ritmo de “oh what a night…” y es la cosa más cagada del mundo. La tercera canción que les mencioné es bastante tierna; en “Jersey Boys”, la utilizan en una escena bastante dramática, donde la hija de Frankie llamada Francine, muere. No me vengan con sus reclamos por spoilers o algo por el estilo, porque pasó en la vida real: Valli perdió a su hija adoptiva y a su hija biológica en 1980 a pocos meses de distancia, una verdadera tragedia.






La vida de Frankie, si bien ha tenido sus altibajos, nos ha regalado excelentes canciones y por lo tanto, un sinfín de buenos momentos. Lo que dicen en la película y en el musical, es que Valli tuvo que trabajar muchísimos años para pagar la deuda de Tommy DeVito y que la mafia pudiera dejarlos en paz. Aquí entre nos, no sé qué tan verídica sea esta historia, pero lo que sí sé, es que Frankie sigue re vigente, grabando discos, dando conciertos, entrevistas, actuando y enriqueciéndose gracias a los derechos de “Jersey Boys”. Por lo tanto, hay que reconocer que supo adaptarse bien a las cinco décadas de evolución musical que le han tocado vivir. ¿Han visto la película “Grease”? Sí, ese encantador musical donde aparece un jovencísimo John Travolta y una Olivia Newton John pre-botox. Pues mi buen Frankie es el encargado de interpretar la canción principal de la película que obviamente se titula “Grease”… “Grease is the time, is the place, is the motion… Grease is the way we are feeling”. Pues yo toda mi vida viví engañada pensando que la cantaban los Bee Gees y no, la canta Frankie Valli. Creo que esa es una de las cualidades que tiene Frankie, que aún a sus 81 años (a punto de cumplir los 82) puede sacar de onda a más de uno e impresionarnos al saber que esas grandes canciones que han sabido permanecer vigentes, en realidad son suyas, porque aunque no las haya escrito él y tengan miles de covers, vaya que supo cómo apoderarse de ellas imponiéndoles su tan característica voz. Gracias por tanto Frankie, se te querrá siempre. 

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La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!


 

"Desierto": El viacrucis de los ilegales según Jonás Cuarón


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


Su periplo es conocido, lleno de acontecimientos adversos. Sueños y mochilas al hombro; botellas de agua para extinguir el calor; y recuerdos y familias que se dejan atrás. Son los migrantes mexicanos, los ilegales o “mojados”; aquellos marginados del sistema económico,  que buscan empleos mejor pagados; los hijos pródigos que emprenden constantemente el éxodo, porque en casa no existe una “tierra prometida”. Todo esto conforma el arquetipo que utiliza Jonás Cuarón en su más reciente largometraje, “Desierto”, el cual convierte el trayecto de los expatriados mexicanos en una película de acción y suspenso, encabezada por “Moisés” (Gael García Bernal) y “Sam” (Jeffrey Dean Morgan), un juego de cacería desenfrenada entre un gato y diversos ratones.

¿El resultado? Una historia que entretiene a ratos, pero cuyo argumento cae en ciertas inconsistencias y estereotipos, lo cual impide que el mismo y sus personajes centrales  adquieran mayor complejidad o mejores matices (alerta de posibles spoilers): osos de peluche que suenan en momentos incómodos; escopetas cuyas balas nunca se terminan; persecuciones de las cuales se anticipa un último enfrentamiento; héroe cuya última actividad laboral “coincide” con algo que lo puede sacar de un apuro; y un desierto desperdiciado, del que se pudo haber sacado mejor provecho, volviéndolo un verdadero tercer protagonista, o un testigo neutral -poderoso y despiadado- que no otorga concesiones a ningún bando.     

Sin embargo, a pesar de lo anteriormente mencionado, he de reconocer el “tino” de los guionistas (Mateo García y el propio Jonás Cuarón) para nombrar “Sam” al personaje antagónico. El apelativo no es mera casualidad, ya que hace referencia a la forma popular de denominar la esencia inquisidora de una supuesta superioridad imperialista del vecino país del norte. El odio de “Sam” es primitivo, irracional, incomprensible. Incomprensible como cualquier tipo de odio existente en el universo que habitamos.

Este nuevo metraje manufacturado por la familia Cuarón (Alfonso y Carlos en la producción; Jonás en la coescritura y dirección) también resalta por su calidad técnica: la fotografía (de Damián García) es de admirar, por el simple hecho de lograr que no salieran a cuadro -en tomas muy abiertas- las sombras del crew (aquellas personas que se encuentran detrás de la filmación de las secuencias). Asimismo, me sigo preguntando cómo le hicieron para grabar el sonido en las escenas más álgidas, con travellings y cámaras temblorosas al hombro. ¿Sonido directo? ¿Efecto y diseño sonoros agregados en la post? Cualquiera que sea de las dos, un reconocimiento, porque no se siente como algo sobrepuesto o poco natural. Finalmente, la participación de Alondra Hidalgo (como “Adela”) le otorga un plus a la historia en comento, porque exhibe otra de las problemáticas que se vive en el viaje lleno de sacrificios de los ilegales: la violencia de género.
En términos generales, “Desierto” funciona como una obra medianamente aceptable, de entretenimiento, que debe ser vista como una película palomera de acción, la cual quizá se vea beneficiada por la actual coyuntura política-social de los Estados Unidos.

Pero, por otra parte, “Desierto” tiene poco o nada que abonar al tópico de los emigrantes nacionales, y de cómo el vecino del norte debe ponerse en nuestros zapatos, si se le compara con el sensible drama paternal “A better life” (protagonizado por Demián Bichir); con la divertidísima farsa promexicana “Machete” (de Robert Rodríguez); con los emotivos y brillantes documentales sociodramáticos “Mi vida dentro” (de Lucía Gajá), “Los herederos” (de Eugenio Polgovsky) y “Los que se quedan” (de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman); o con el empático y elegante filme “Los tres entierros de Melquiades Estrada” (dirigido por Tommy Lee Jones y escrito por otro mexicano, Guillermo Arriaga).


Las mejores canciones de Fangoria


Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García |





Hoy les vengo con un grupo español que son viejos conocidos en México. Tras el éxito en los ochenta con Alaska y Dinarama, a día de hoy Fangoria ha conseguido el éxito, si no masivo (aunque con números 1), en España. Nacho Canut y Alaska, también se han hecho un huequito en tierras latinoamericanas, colaborando con Miranda! o Julieta Venegas y promocionando cada vez que sacan disco y tocando en algunas ciudades mexicanas.

Pues bien, hoy no les voy a hablar (y podría escribir la Biblia) sobre estos dos magos de la música. Hoy les traigo un top con sus 25 principales canciones, aunque con el sesgo de mi gusto personal, por supuesto. Un aperitivo con el que conocer la carrera de Fangoria en estos 26 años de existencia (lo mismos que el que les escribe).

Recientemente el grupo argentino Miranda! publicó en su último álbum su propia versión (además cantada a dúo con Alaska) de la canción que encabeza este top:




1. Miro la vida pasar
2. La pequeña edad de hielo
3. Perdiendo los papeles otra vez
4. Eternamente inocente
5. Estés donde estés
6. En el centro del universo
7. Gracias, pero no
8. Fantasmas
9. Electricistas
10. Cuatro colores
11. Criticar por criticar
12. Iluminados
13. En la Disneylandia del amor
14. Punto y final
15. Absolutamente
16. Más es más
17. Dios odia a los cobardes
18. En noches como esta
19. Me odio cuando miento
20. No sé qué me das
21. Sentimental
22. El dinero no es nuestro dios
23. La verdad
24. Llorar
25. Por qué a mí me cuesta tanto
Bonus 1: Cierra los ojos (Madelman Remix)
Bonus 2: Ensayo para una despedida (Reworked by Spam)
Bonus 3: En la Disneylandia del amor (Orquestal Version)



Fangoria sólo están oficialmente en Instagram:


Además, pueden seguir a Alaska y a Nacho Canut en sus Instagram, también la única red oficial de estos dos artistas:


Brandon Flowers: la voz más allá del "killer"












Lost Sounds from Europe | Por José Alberto García |



@JoseAlberto_GP


¿Quién es?

Brandon Flowers es líder de The Killers y forma parte de ese privilegiado grupo de artistas que tiene la capacidad y el talento para liderar una banda de éxito y tener una carrera de número uno como solista, a la vez. Lejos de lo que pueda parecer por su faceta al frente de los Killers y por las letras de sus canciones, Brandon es un creyente declarado, concretamente de la iglesia mormona. No es algo de lo que reniegue y de hecho ha llegado de tener debates al respecto en alguna loca entrevista. Un horror, pero su talento es tan grande, que pasaremos de este detalle personal en el resto de este post.

¿Estilo?

Muy alejado de los Killers. En su carrera como solista, Brandon da rienda suelta a sus inquietudes musicales movido por sus influencias principales, muy asentadas en la música británica. Es admirador de: Bowie, Elton John, Morrissey o New Order, estilos que ha compaginado perfectamente con el rock, folk y country que dominan sus álbumes. Aunque cuenta que un día conduciendo a la universidad, escuchó ‘Heroes’ de David Bowie en la radio y decidió dedicarse a la música en ese preciso instante. Lo que destaca en sus álbumes como solista es el lucimiento de su voz. En los Killers me gustaba, pero en sus propias canciones se re-descubre -para mi gusto- su preciosa voz.



¿Álbumes?

-Flamingo (2010): la carta de presentación como solista vino con el single de ‘Crossfire’ alcanzando notable éxito. De todas formas, este disco tan elaborado está plagado de buenas canciones. Abre con ‘Welcome to fabulous Las Vegas’ donde rinde homenaje a su ciudad. Y le sigue mi canción favorita: ‘Only the young’, una balada melancólica y alegre a la vez, que te enamora en la primera escucha. El video de este tema es una completa maravilla, tiene una fotografía y unos efectos que son arte puro y el estilo de Brandon en cada escena es exquisito. Un último dato: este álbum está producido por Stuart Price, genio que convierte en maravilla todo lo que toca.

-The desired effect (2015): no sé si me gusta más el disco o la portada del mismo con una fotografía muy buena de Brandon un pelín difuminada que junto con su gesto mirando al lado le da una sensación de dinamismo y él además sale mucho más guapo de lo que es. Bueno, yendo al terreno musical, para mi gusto en este álbum se pasó con los coros, demasiado presentes en casi todas las canciones. Me cansa un poco, es muy de música negra, que a mí no me interesa nada. En general es un álbum menos personal y más dinámico. No te pierdas ‘I can change’, ‘Still want you’ y ‘Btwn Me 'N U’. En ésta el susurro de su voz al principio te parterá.

Premios y éxitos de ventas:

Ha sido nominado por su música, pero también por su físico. En 2008, ganó el premio al “hombre más estiloso del año” de la revista GQ. En los premio NME ha sido nominado, casi año tras año, a categorías de este tipo, habiendo ganado el de “hombre más sexy” y “hombre mejor vestido” en 2005 y “más estiloso” en 2011. Los premios por su música, sin embargo, por ahora escasean.

En cuanto a ventas, ha logrado ser #8 y #17 con su primer y segundo disco, respectivamente, en Estados Unidos. En Reino Unido, sus dos álbumes han sido número uno.

Otra prueba de las pasiones que levanta Brandon, la hallamos en la hilarante anécdota que sucedió con el cantautor Rufus Wainwright. Éste compuso la canción ‘Tulsa’ inspirándose (según él) en un encuentro que tuvo con Brandon Flowers en Tulsa, Oklahoma.


Sus redes sociales oficiales son:



Batman vs Superman: El cuestionamiento de los dioses


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


¿Por qué la gente tiene la necesidad de creer en héroes, en entes que han elevado a la categoría de dioses? ¿Será porque siempre es muy atractivo un ser impoluto, poderoso, salvador infinitamente bondadoso? Quizá la respuesta a lo anterior es que el ser humano no confía en su propia clemencia; o el vivir en tiempos tan oscuros, fragmentados y desesperanzadores, lleva a muchos a una búsqueda continua de lo luminoso. 

La mezcla de los mencionados factores, realidades y anhelos son suelo fértil para el éxito de los grandes superhéroes, quienes lo mismo pueden ser personas encapuchadas con sofisticados aparatos anticrimen o alienígenas con disfraces de humanos que se han enamorado de las pocas cosas buenas que tiene la vida terrenal.

Sin embargo, los absolutos son peligrosos y los dioses algún día deben de sangrar. Al menos así lo creen Zack Snyder, junto con su equipo de colaboradores (Christopher Nolan en la producción ejecutiva; David S. Goyer y Chris Terrio en la elaboración del guión), quienes se encargan de cuestionar, o pretenden hacerlo, la eterna compasión de los protagonistas de “Batman vs. Superman: El origen de la justicia”.

A pesar de que se sabe que ese encuentro –tardío- entre los dos personajes más admirados del universo de DC Comics obedece a razones mercantiles, no se pueden negar las buenas intenciones de los escritores y creadores para introducir señalamientos hacia la naturaleza caritativa que, supuestamente, siempre deben poseer los superhéroes y, además, abordar el vacío de gran parte de la sociedad, el cual se manifiesta en una fe voluble y manipulable hacia entes que representan la mejor versión de algo que muchas personas quieren ser pero que no pueden.

“Batman vs. Superman” es un filme que se destaca por su entretenido tremendismo visual, sello característico de su realizador Snyder, quien desde “Dawn of the Dead” y “300” ha introducido los acentuados planos detalles de las acciones, junto con los fotogramas en cámara lenta, para imprimir mayor espectacularidad a sus relatos, y así cautivar más.

Luego entonces, como ya se apuntó, existen esbozos interesantes para poner en entredicho el “benévolo” actuar, tanto del “hombre de acero” como del “hombre murciélago”, quienes combaten el mal utilizando métodos debatibles, como las invasiones a otras naciones y la tortura, respectivamente, signos muy particulares de la filosofía de guerra de los gobiernos estadounidenses.

Lo malo es que la historia de “Batman vs. Superman” se siente, por momentos, alargada, lo que hace que el ritmo caiga en diversas ocasiones. Asimismo, la introducción de la “Mujer Maravilla” se percibe “metida a calzador”, usándola como un forzado eslabón que proporciona adelantos sobre los demás personajes que integrarán el resto de la Liga de la Justicia (cuya producción se planea estrenar a finales de 2017). Eso sí, Gal Gadot es una actriz con una belleza elegante, que le otorga un grato porte a la “Princesa de las Amazonas”. 

Por otro lado, no ayuda mucho a esta nueva película de Warner Brothers aquella escena en que se estereotipa a la sociedad mexicana, usando a gente con bigote, chal y sombrero, quienes alaban la intrepidez de “Superman” (esto fácilmente se puede malinterpretar, considerar un simbolismo de cómo desean los gringos que los veamos). 

Igualmente, las actuaciones de ciertos histriones de prestigio se sienten desperdiciadas; por ejemplo, las de Laurence Fishburne, Diane Lane, o Jeremy Irons (su línea más memorable es referirse a Bruce Wayne como “señorito”). 

¿Qué pasa con Jesse Eisenberg y su “Lex Luthor”? Digamos que le falta cierta madurez para alcanzar la sofisticación e inteligencia de los “Luthors” interpretados por Kevin Spacey y Gene Hackman. 


En una escena de la película, “Lex Luthor” expresa sus dudas acerca de la benevolencia de los dioses, mencionando que los dioses no pueden ser, al mismo tiempo, todopoderosos y generosos. 


En cuanto a las expectativas, mayormente negativas, de ver a Affleck en el traje del “Guardián Nocturno”, indiquemos que no se trata del peor “Batman” en la historia del celuloide, pero tampoco del más inolvidable. Lo que le ayuda es tener entre sus manos a un personaje complejo, muy rico en emociones: un antihéroe atormentado, con el alma condenada, a quien no le importa perecer, debido a que no le encuentra sentido a su vida desde la muerte de sus padres. Y sin embargo, este fúnebre ser es el que se proyecta como el líder de la futura Liga de la Justicia.


“Batman vs. Superman…” es una obra que no merece ser castigada al grado que lo han hecho sitios web como “Rotten Tomatoes” o “Metacritic” (hay peores cosas, como los “Transformers” o la nada novedosa “Avengers 2”), aunque no alcanza el gran nivel del discurso social emitido en la trilogía del “Caballero de la Noche”, de Christopher Nolan, ni la profundidad de la dialéctica entablada en la incomprendida “Watchmen” –también comandada por Snyder- en la cual se habla del cuestionamiento y desecho de los superhéroes. 

Es una película que emociona a medias, pero que al menos se atreve a juzgar, o poner en la polémica, los valores y arquetipos sagrados de los filmes de superhéroes.
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