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Cógete a una lectora

Aléjate de las minifaldas, tacones exagerados y botas hasta las nalgas.

20 mayo 2014

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Delirium Tremens | Por Alejandro Carrillo|


Cógete a una lectora mexicana, joven o no tanto. Aprovecha. Hoy en día cualquiera se siente –y en verdad creen serlo- artista, filósofo, escritor, intelectualillo de oficina o revolucionario de sofá –o congal, según mi caso-. Sácale jugo al momento histórico, el boom del hipsterismo anarco-capitalista –ay güey-. Exprime la vulgar falta de identidad, el desgajamiento de la patria -¡llévele bara bara, bara bara!-. Las lectoras están ahí, ávidas de un tipo, cualquier tipo que les venga manejando una decena de escritores, un par de lecturas previas de los clásicos, otro par de tecnicismos literarios, tres corrientes filosóficas bien estudiadas y varios ‘proyectillos en los cuales estoy trabajando en este momento’. Con eso ya chingaste, campeón. Poco importa que tu estilo literario se base en el watsapeo y la sustracción ilegal de tuits. Las susudichas están igual o peor que tú. Sal por ellas. No hay que hacer una búsqueda concienzuda, basta con darse una vuelta por los cafés del centro, barecillos rocanroleros, todos los sanborns, tiendas de discos y pelis, tu plaza pública más cercana y si te sientes animado, los puterillos y antros de medio pelo. El secreto está en la elección. Aléjate de las minifaldas, tacones exagerados y botas hasta las nalgas, las muy muy güeras no son buena idea, ni mucho maquillaje ni las perlas de la virgen. Deja todo lo banal a un lado. No te distraigas y sé serio, que esto no es un arte, sino más bien una profesión. Busca leggings o jeans bien ajustados, las blusas holgadas son buen augurio, el cabello preferentemente largo, recogido o sin recoger –de eso te vas a encargar tú-. Recomiendo castañas y pelirrojas apiñonadas. Pon tierra de por medio con jipis y feminazis. Ciclistas y ecologistas están bien. Ojo, de vez en cuando una mesera es la opción. Busca lectoras entre veinte y veintiocho años; si son menores está bien, pero ten cuidado con la ley, si son mayores y están casadas con hijos, escribe un blog. Pon atención a los detalles y sé paciente. No es una tarea fácil y hay que invertirle. Lleva dinero suficiente para pagar tus tragos y tus vicios, y un poco más para tus filias –uno nunca sabe cuándo va a picar el anzuelo una lectora-. No te embriagues hasta el colmo, sé discreto y no llames mucho la atención de todo el lugar. No te esmeres demasiado en el outfit, pero tampoco uses huipil y huaraches. Eres un rockstar y estás ahí por una razón que todos desconocen. Por ningún motivo uses playeras de heavy metal, carnal; las playeras con afiches cinematográficos se están poniendo de moda entre las lectoras –en realidad son más cinéfilas que lectoras las muy perras-. Esas playerillas las venden baratas en El Chopo y poco importa si viste o no la muvi. No pierdas el objetivo. Una vez que tienes la presa identificada, síguela con la mirada; pero no esa mirada de ‘soy un pinchemirrey y cojo súper rico’ –a menos que seas rico y cojo, eso es patético y nunca en la historia ha dado resultado-. Échale esa de ‘te estoy viendo en calzones justo ahora’ y dale un buen sorbo a tu cerveza –lager de preferencia, por puro estereotipo-. No seas obvio y mucho menos parezcas chairo puberto. Una vez que tienes a la lectora cerca de tus fauces no te atrabanques, sé modesto y muy elegante, por nada del mundo hables de política pero deja entrever tu postura de ‘todo el país está hecho mierda y lo único que puede salvarnos es el arte –eso no falla-. Métela en problemas y pregunta cosas como ¿has pensado en irte lejos de este pinche pueblo? -así estemos hablando de la Ciudad de México o Nueva York- o ¿qué piensas del noble oficio de las putas?  No quites tu vista de la suya, así ella esté diciendo mil pendejadas; recuerda que la quieres para coger, no para hacer una crítica literaria de las obras de Shakespeare. Por ningún motivo hables de deportes y no hagas comentarios de tipo sexual. En albañilería y pintura decimos: no se la des a oler. El secreto está en guardar tus secretos, aunque no los tengas, invéntatelos. Sé una incógnita y ten un depa a la mano siempre. Procura tener un par de vinillos chilenos y algo de mota. No olvides el arte de la elegancia, evita a toda costa los moteles –eres un rockstar, no un perdulario-. Llámala al otro día o mínimo mándale un mensaje, no te encules demasiado y si lo haces, no seas patético –recuerda que esto es una labor noble que muchos llevamos a cabo, no dejes en mal al gremio-. Sé muy paciente, insisto, las lectoras pueden caer en una noche, en un mes o en muchos meses. Sé optimista. El invierno será largo y algo encontrarás en las rebajas de enero. Sé agricultor. Las lectoras son como las plantitas, hay que cuidarlas y regarlas de vez en cuando, sobre todo cuando hay tiempos de sequía para ellas. Acércate y apapáchalas, la mayoría de ellas saben agradecer bien y son buenas amigas. Si la quieres para novia, que dios te bendiga, buena suerte y hasta luego. Son gajes del oficio, ni pedo. Si quieres entrar al club, bienvenido, pero la primera regla del club es que el club no existe y no se habla del club. Toma notas, reinvéntate, da y recibe consejos, ve a cursos de capacitación, a grupos de autoayuda y recuerda que si todo falla, siempre va a estar ahí y nunca nos va a faltar el porno nuestro de todos los días. Amén.



 
-Lectora con cabello recogido.


Pd. Si eres una lectora y por error estás leyendo esto, pues cógete a un escritor mexicano joven.


 El Autor: Escribidor, mecánico tornero, periodista, rockero tumbado, diputado legítimo, corredor y corredor de apuestas, revolucionario de congal, fotógrafo, cinéfilo, miembro del Proyecto Mayhem y bebedor semi-profesional. Me enamoro de todo, me conformo con nada. @alexiliado
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