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Letrinas: Aforismos infernales

Por Eusebio Ruvalcaba | Nadie se baña dos veces en el mismo río. Cambia la palabra río por mujer, y sigue su ejemplo.

30 junio 2015

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 Por Eusebio Ruvalcaba |


Aforismos infernales 


1) En la soledad de tu casa, con el perro al lado y los hijos jugando a tus espaldas, el tiempo que la evoques no lo malgastes en escribir palabras que no van a ninguna parte. Por más sinceras que te suenen. Porque quieras hacer una aclaración. Porque te imaginas que es hora de cruzar confidencias, promesas. Porque sientas que las palabras tienen prioridad sobre los vulgares sentimientos. Por lo que sea. Esas palabras son las que más hieren. Si quieres que te hieran a ti, allá tú. Estás en tu derecho. Pero no se las muestres. Te arrepentirás toda tu vida. Siempre será preferible el peor de los poemas

2) Sé trivial. Déjate seducir por la trivialidad. En el amor, la trivialidad va un paso delante de la sabiduría.

3) Nunca adivines lo que va a decir; puedes atinarle.

4) No enloquezcas cuando mire a otro; es la penitencia que estás pagando por un pecado que cometiste. Recuerda. Recuerda.

5) Aunque sea de vez en cuando, procura mirar sus ojos cuando la ames. Ahí radica el deseo, no más abajo.

6) El agua suple a la inteligencia. Dale a beber agua de tus labios.

7) Absorbe su aliento, fuente de vida. Llévatelo para prolongar un par de minutos el momento de tu muerte.

8) No le hables de tu muerte; excepto cuando sus ojos descubran a otro hombre.

9) No es la única mujer en la tierra; ni la última; pero para ti sí.

10) ¿Ya escribiste tu nombre en su piel? Y ni eso te garantiza nada.

11) Cuando no puedas más, cuando quedes exhausto, cuando te des por vencido sé un sacerdote: léele poemas al oído. Te recuperarás.

12) Cuando sientas que la ira te acomete, acaricia su lóbulo izquierdo; es prolongación de su corazón.

13) Halágala siempre. No te detengas. De todas las formas posibles. Es lo único digno que puedes hacer. Si tira tus obsequios, vas por buen camino.

14) Comparte con ella tus secretos espirituales; los de la carne le pertenecen al vulgo.

15) Que en tu corazón circule la paz luego de amarla. Nada debe perturbar la sensatez.

16) Mientras escribes estas líneas, está con otro.

17) Contén el búfalo de tu franqueza.

18) Mete el dedo en su boca y extráelo impregnado de saliva. Es el dedo de Dios.

19) Mírala y piensa; piensa y mírala. No la toques si no has resuelto el dilema.

20) Hurga en sus axilas. Huélelas. No hubo antes ni habrá después. La música es axial. El eje. El ritmo. El fundamento. La axila.

21) Coloca su mano derecha en tu pene. Y emite una plegaria de agradecimiento. Hay cosas que en este mundo van de la mano.

22) Ocasionalmente, muy ocasionalmente, déjala con la palabra en la boca. Alguien tiene que recordarle que es mortal.

23) Ve en ella a la mujer más fea del universo. Pídele una explicación a la poesía.

24) La ingratitud aguarda. Colócasela a modo de diadema. Aún se verá más hermosa.

25) No escuches sus pasos aproximarse. Corres el riesgo de despreciar a Brahms.

26) Cuando enfrente de ti se desnude ante el espejo, imagínate que no lo ha hecho para nadie más; aunque no puedas responder qué ocurrirá al día siguiente, ni qué aconteció cinco minutos antes de que llegaras.

27) Dedícale una novela; lo más probable es que la desaire, pero tendrás pretexto para dirigirle la palabra.

28) Despierta su piedad. Escríbele cartas como si fueras corresponsal de guerra, y ella el periódico receptor. Vigila que cada carta sea más angustiante y desesperada. Hasta el límite del suicidio.

29) Dale motivos para que te deje. Si falla uno busca otro. Porque tú nunca lo harás. Por los siglos de los siglos.

30) Delante de ella es delante de la única mujer que no puedes ser como eres.

31) Espíala. Un día completo. Excúsate porque no podrás pasar a verla. Pégate a sus espaldas como su propia sombra. Vigila todos sus pasos. No pierdas detalle. Si de pronto no alcanzas a ver la expresión de sus ojos, guíate por el lenguaje de su cuerpo. Ahí está todo. Síguela. Anota si es necesario. Dónde entró. Dónde se detuvo. Pero si temes que habrás de confirmar lo que tanto sospechas, mejor ni lo intentes. Sigue de largo y búscate una mujer como tú: pusilánime.

32) Chopin no es nada más uno de los más grandes compositores de todos los tiempos. Chopin es un enlace amoroso. Hazla enojar para comprobarlo. En el momento climático, llámala por otro nombre. Cuando sus ojos pergeñen una lágrima, levántate y pon Chopin. Te amará con doble denuedo.

33) Heráclito ya puntualizó que nadie se baña dos veces en el mismo río. Cambia la palabra río por mujer, y sigue su ejemplo.

34) Donde hay mujeres hay conflicto. Donde hay conflicto hay vida. Donde hay vida hay literatura —la música está por encima de estas niñerías.

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El Autor: Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música.
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