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Bruce Nauman y el encierro

Probablemente cuando Nauman creó esta pieza lo hizo en función de conceptualizar lo que representa el estar encerrado en un espacio.

10 mayo 2021

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Escritos desde la azotea | Por Adrián Carpio

Una de las características más debatibles del arte contemporáneo está en su temporalidad, pues pareciera se trata de un arte sujeto a condiciones mediáticas, pero hoy, a poco más de cincuenta años de haber sido creada Walking in an Exaggerated Manner Around the Perimeter of a Square, probablemente, la obra adquiere más sentido que antes.

Filmada en formato blanco y negro con una duración de diez minutos la obra sugiere precisamente eso, un recorrido, por parte del artista, de forma exagerada sobre el perímetro de un cuadrado dibujado en el piso del estudio, primero hacia adelante, luego hacia atrás. Dos de los elementos más importantes de esta pieza son el encuadre y el desdibujamiento del concepto de intimidad; el primero, al no captar la totalidad del cuadrado, propone la idea de un espacio ficticio donde la imaginación es la encargada de completar la figura; la segunda, una relación íntima entre el artista y el espectador donde la obra se convierte en una especie de ventana que los conecta y permite ver hacia dentro de aquello que antes fue privado, el estudio.

¿Cómo nombrar ese espacio donde sucede todo? Probablemente la actividad más importante del ser humano sea la del caminar ya que nos permite no solo trasladarnos de un lugar a otro, sino efectuar un reconocimiento del medio ambiente, interactuar con lo que nos rodea; el caminar es conocer, pero también comunicar. Es normal, pues, que el lugar ideal para realizar esta actividad sea el espacio público, pero ¿qué ha sucedido con esta acción desde el inicio del confinamiento? A partir de que la pandemia se implantó como un nuevo régimen, me he preguntado constantemente acerca de los espacios que debimos replantear, reinventar o rescatar para escapar de la monotonía que representa el estar encerrado en nuestro bunker/habitación.

Para todos aquellos a los que nos ha tocado la fortuna o desgracia de experimentar una especie de cuarentena extendida donde, a excepción de unas contadas ocasiones, las salidas a la tiendita de la esquina por suministros para la semana constituyen el único contacto con el exterior, la novedad en los recorridos dentro de nuestros espacios (que curiosamente son cuadrados; habitaciones, celulares, computadoras) se limitan a las diferentes formas en cómo caminamos alrededor de ellos; quizá, en los últimos meses, de forma exagerada.

El arte simula la vida cotidiana. Probablemente cuando Nauman creó esta pieza lo hizo en función de conceptualizar lo que representa el estar encerrado en un espacio que es, literalmente, un mundo desde el cual puede proyectarse (como él mismo declaró) ante una especie de vacío que representa la pérdida del contacto con lo exterior; existe en el video una fusión entre lo privado y una necesidad imperativa de “seguir adelante”, ¿acaso no es la dinámica bajo la cual nos relacionamos hoy en día? Bajo la lógica de un “peor es nada” gran parte de la población actual nos hemos visto inmersos en una experiencia similar donde el trabajo o estudio a distancia ha desdibujado los límites de lo privado, y la forma en como interactuamos (los fondos de pantalla en teams, por ejemplo) se presume como un intento de caminar de forma diferente, tal vez exagerada, a través de esta realidad contingente donde, además, los cuerpos deben ser completados desde la imaginación o el recuerdo.

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