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Matando Cabos 2: ¿secuela innecesaria o acertado homenaje al cine serie B?

Joaquín Cosío y Silverio Palacios demuestran una vez su gran calidad histriónica, mientras que Gustavo Sánchez Parra deja ver su vis cómica.

21 octubre 2021

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Cinetiketas | Por Jaime López |


Tuvieron que pasar 17 años para que Lemon Films retomara una de sus producciones fílmicas más exitosas, "Matando cabos", aquella comedia de acción que en 2004 lanzó al estrellato a Joaquín Cosío, Silverio Palacios, así como a Kristoff y Tony Dalton. 

Ahora, sin la presencia de los últimos dos actores mencionados y sin una corrida en salas de cine (la cinta llegó directamente a streaming vía Amazon Prime), la historia se centra en los personajes de Rubén, alias "El Mascarita", y de Tony "El caníbal". 

Es decir, Lemon Films recurre al denominado spin-off para expandir el universo que tuvo una buena acogida comercial hace más de una década y media. 

Si bien la mayoría de opiniones de quienes han visto "Matando cabos 2" no han sido positivas, no hay que perder de vista que la puesta del director Alejandro Lozano sólo tiene el propósito de divertir a los espectadores y, de paso, tratar de hacer un homenaje al cine serie B.

Cabe recordar que ese tipo de celuloide se relaciona con aquellas producciones comerciales realizadas con poco presupuesto, que son dueñas de efectos especiales "chafas", pero montados de forma ingeniosa.

Un ejemplo de lo anterior es lo que hizo el cineasta hollywoodense Robert Rodríguez en una escena de "Machete", cuyo protagonista utiliza los intestinos de uno de sus adversarios para saltar de un edificio.

Es decir, el cine serie B no se caracteriza por ser fiel a la lógica, pero sí por atreverse a plasmar ideas descabelladas a la n potencia.

En ese sentido, "Matando cabos 2" tiene más de una secuencia repleta de incoherencias, aunque dichas incoherencias son ejecutadas de manera intencional. Sí, es cierto, a veces el resultado no es del todo óptimo, pero el ritmo logra sostenerse durante los 100 minutos que dura la película. 

Sobre el reparto, Cosío y Palacios demuestran una vez su gran calidad  histriónica, mientras que Gustavo Sánchez Parra deja ver su vis cómica al interpretar a un "Nico" enamorado y lleno de temores. 

Pasando a los nuevos rostros, Carlos Aragón resulta un oportuno antagonista, además de que su historia es un pretexto para versar sobre el cine de luchadores, que fue muy famoso en el territorio mexicano. En tanto, Aranda Sokol es una grata revelación, que revitaliza la franquicia debido a su frescura y naturalidad.

En contraste, el guion desperdicia los talentos de Ana Claudia Talancón y Florencia Ríos, pues sus roles resultan muy circunstanciales, sin diálogos o escenas memorables.

Resumiendo, "Matando cabos 2, La máscara del Máscara" (su título completo) no es una obra redonda, pero tiene buenas dosis de entretenimiento, que se las ingenia para mofarse de las charlas incómodas que se pueden tener en las nuevas plataformas digitales tipo WhatsApp.

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