Letrinas: Siempre volvemos a lo mismo


Por Eusebio Ruvalcaba-
Salgo de casa a las 9 y media de la mañana. Un feliz optimismo me anima a emprender el viaje. Mi mujer se fue a trabajar a las 7 y 45 —es maestra, y tiene que agarrar su tiempo por los embotellamientos.

Mis hijos se encuentran en la universidad, y a esta hora están en sus respectivas clases. Si no es que dormidos en sus mesas.

Salgo, pues, y mis pasos me llevan directamente hasta la cafetería que está a unos metros, en la acera de enfrente de mi casa. Abren a las 7 en punto.

Llego, y al momento ordeno mi desayuno. Que me sirven enseguida: huevos a la mexicana, jugo y café. Lo disfruto enormemente. A las 8 y cuarto pasa Nacho con mi periódico —cada vez resultan más escasas las noticias de mi interés, pero siempre hay. Ordeno Milenio, ordeno La Jornada. Me da igual. Diarios que leo con parsimonia.

Cuando me percato ya transcurrió una hora. Entonces abro mi mochila, saco la libreta y prosigo la escritura de aquel cuento. O de aquel ensayo, o de aquella novela. Lo que haya dejado en ciernes.

Me quedo una hora más. Y de pronto se me antoja una cerveza. Mejor dicho, cruza la idea de una cerveza por mis circunvoluciones cerebrales. Pero no quiero. Sé que si la bebo ya no podré parar. ¿Cómo le hacen mis amigos, o algunos cuantos, para poder beber con mesura? Lo ignoro. Es una tentación que me rebasa. Pido pues la única cerveza que a estas alturas de mi vida soporto. Una artesanal de marca Minerva. La bebo con la desesperación de un gambusino cuando da con la veta prometida. Se me antoja una más. Pero paso. De lo contrario me quedaré ahí. Y lo único que me detiene de beber cerveza es la panza prominente que arroja tarde o temprano. Pago y salgo.

Me dirijo entonces a Carrasco, la colonia vecina, un barrio bravo. Está a un lado de la lateral del Periférico que corre hasta Xochimilco. A la altura de la Ollin Yoliztli. Ya son las 11 de la mañana pasadas. Conduzco mis pasos hasta el bar del barrio. Se llama La Perla. Don Noé Mendoza, el dueño, me ve entrar y acude solícitamente hasta mi mesa. Soy conocido de esas calles. Compro películas. Voy a la peluquería. Como tacos de carnitas. A veces llevo auto. A veces no.

¿Qué quiere?, ¿lo mismo de siempre?

Sí. Entonces pone en mi mesa una copa de JB. Vierto agua mineral y ahí principia la verdadera jornada. Anoche —y la noche de antier— tuve problemas con mi mujer porque llegué ebrio. Me preguntó de dónde venía, y me increpó que estaba llevando a la familia a la ruina —mentira, ya está en la ruina. Haciendo acopio de fuerza, le prometí que la situación iba a cambiar, que a partir de mañana —¿ayer?, ¿hoy?— yo sería otro. Me creyó y suspendió su interrogatorio/ perorata.

Me resisto a beber. Sé que si doy un trago, doy otro. Y otro. Miro el agua mineral producir una oleada de burbujas cuando el gas entra en contacto con el trago. Se dice que los ebrios son débiles. Pero a lo mejor es más débil no quien bebe sino quien se resiste a beber. Porque es esclavo de sus preceptos, que es decir de sus debilidades.

No ha pasado mucho de eso de la perorata de mi mujer. Apenas unas horas. Con toda seguridad, ella ha incrementado sus argumentos —siempre es igual, a lo largo de veinte años siempre ha sido igual: ¿está esperando que caiga yo fulminado por el alcohol, o que un coraje la ponga al pie de la tumba? ¿Ahora con qué me saldrá?: ¿con que debería pensar en mis hijos, en ella, en mí mismo?, ¿con que cuide mi salud? Bah, a quién le importa.

Antes de dar el primer sorbo, aspiro el bouquet del whisky. Y me quedo con el picante aroma en la nariz. Me bebo el primer trago. Es delicioso. Como el brebaje que Jesucristo repartió a los pobres. Así les sabría. Aquella jornada en que no había más libación para disfrutar las bodas. Les sabría como JB. Cada sorbo me sabe a ambrosía. Disfruto cómo burbujea la ingestión en mi garganta, cómo se deposita el trago en mi estómago y me hace cosquillas.

Si don Noé me ve trabajando no se acerca a mí. Es cauto. Espera pacientemente a que cierre mi libreta y me concentre en la nada. Lo que nunca sucede. Tal vez porque soy un manojo de nervios, tal vez porque vivo en la creencia de que aún tengo cosas que decir. Cosas menudas e insustanciales. Por cierto. Jamás he sabido lo que dicen los escritores. Por qué la gente se apega a los libros. Qué encuentran en ellos. Qué hace impostergable su lectura.

Es un misterio para mí. Por donde lo vea. Es un enigma que no tiene resolución. Y como para confirmar mi incertidumbre, o más bien para darme un suspiro, extraigo un libro de mi mochila. Siempre llevo un libro conmigo —esta vez El blues de la calle Beale de James Baldwin. Que me salva la vida. Como siempre me acontece con los rusos y los gringos, que me abren horizontes y me permiten vislumbrar mi excrecencia humana.

Así que empiezo a leer. Y a beber. Ahora sí en serio. Whisky y lectura. Whisky y escritura.

Avanzo en el cuento que estoy escribiendo. Hasta que lo tenga en las manos, se avistará el ciérrate-sésamo. Llegue donde tenía que llegar. Si llego. Porque estoy a punto de fastidiarme y cerrar la libreta. El siguiente paso es regresar a casa. Tocar el timbre y explicarle a mi esposa el origen de mi aliento.

Mañana será otro día. Y a las 9 y 30 ya estaré ordenando mi desayuno. Huevitos a la mexicana.
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Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música. 
  

Queen & Beatles in da house


La música de los 60's y 70's hoy: Reseña del Tributo a Beatles y Queen en Aguascalientes

Especial-
Por Liliana Chávez-


Fue el sábado 4 de octubre en el Teatro Aguascalientes donde las bandas mexicanas Victory & Morsa realizaron un tributo a Queen y The Beatles, respectivamente. El evento puede definirse con los siguientes tres sustantivos: lleno, lleno, ¡lleno!… Quizá debido a la añoranza por aquella música, que marcó varias pautas críticas en la historia…Ya que poniéndonos a reflexionar un poco, esos sonidos cambiaron la perspectiva social de antes –y aún de ahora-.

El periodo comprendido entre los 60’s y 70’s podría ser catalogado como todo un ‘desmadre’: Después de salir de la Segunda Guerra Mundial, intentar retomar la cotidianeidad resultaba algo bastante complejo. Imaginemos que si bien hubieron avances científicos y tecnológicos de gran importancia –el primer hombre en el espacio y la conquista de la luna-, también fue una época de caos e inestabilidad -asesinato de F. Kennedy, fusilamiento del Che Guevara, asesinato de Luther King…-


Si la música representa la situación que se vive en el momento de ser tocada, ¿qué significan entonces las canciones de The Beatles y Queen?

Para no hacernos rollos, querido lector, podríamos pensar en una palabra: ¡Revolución!
La negación a la situación tan densa que se vivía; pero también la aceptación al YO humano: la sexualidad –como una exploración introspectiva y liberadora-, el uso de las drogas –como una puerta para el escape a la realidad o la búsqueda de una meditación atemporal y la concepción del universo-, la época de la ardiente y sensual psicodelia; es decir ¡Un cambio Copérnico en la mentalidad global!

Pero bueno, acabando con el breviario cultural. De vuelta al concierto…
–Les he intentado armar unos videos de los momentos más chidos del evento; y digo ‘intentado’ porque al ir yo en plan de oyente pasiva fui desarmada a la guerra, sintiéndome así pues como uno de esos típicos gordos solitarios que van al cine y graban las películas para revenderlas en algún puesto de la Puri.
(Así que, una disculpa de antemano por el movimiento, borrosidad y desenfoque del asunto).

En su segunda venida a Aguascalientes, abrieron los Victory con algunas rolas de cajón: Somebody to Love, Love Of My Life, Crazy Little Thing Called Love, Another One Bites The Dust, Don't Stop Me Now, Radio Ga Ga, I Want To Break Free Bohemian Rhapsody, entre otras.





Recibimos a Morsa con la rola I Want To Hold your Hand y los típicos gritos desenfrenados de pubertas con las hormonas alborotadas. 

Luego tocaron: All My Loving, And I Love Her, Do You Want to Know a Secret –una de mis favoritas-, I Should Have Known Better, A Hard Day's Night, Yesterday, In My Life, We Can Work It Out, Yellow Submarin –dedicada a los niños de 6 a 96 años presentes en el concierto-, Eleanor Rigby, Taxman –escrita por Harrison en el 66 para el album Revolver-, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band…
I am the Walrus –donde unos fans pasaron al escenario con un cartel que diseñaron-



When I'm Sixty Four –Dedicado a un hombre que ese día cumplía 64 años, quien aparece en la foto junto a Isaac, el tecladista-  




Siguiendo con All You Need Is Love – del año 67, escrita por Lennon-  Ob-La-Di, Ob-La-Da, Let It Be, Something –del 69, escrita por Harrison; dedicada a una pareja que cumplía 6 meses-, Oh! Darling, Golden Slumbers…


Happy Birthday, dedicada a los que nos hacemos un año más viejos en octubre…


Luego Get Back, Don't Let Me Down, Hey Jude…


La última rola, dónde bailamos y brincamos al son de la tonada fue: Twist and Shout





 

Que tengan un mes de octubre lleno de música y buena vibra.
 
Y a las fechas de conciertos del Somos América:
http://www.eticket.mx/masinformacion.aspx?q=rEEehBkNeQeNWO/0PBp8ug==

Que no te hagan bruto estos putos

Music In a Coma-
Por Iván Carrillo-

Hace tiempo, más morro, recuerdo que rondando los nueve o diez años, junto a mi jefe y su eterna solidaridad izquierdosa, asistí a una fiesta de trabajadores de la vocho o alguna otra fábrica de autopartes de cuyo nombre no puedo acordarme, con workingclassheroes en la colonia Tepeyac, famosísima por estos lares poblanos. Nos chingamos unos mixiotitos con su respectivo arroz y mi padre procedió con una cervecita; de tener un par de años más seguramente también le hubiera entrado, pero no era la ocasión, total que después de unas cuatro o cinco soles de media, mi viejo dejó de cuidarme y tuve la libertad de empezar a fisgonear en la vecindad.

Después de armar un par de desmadritos por el lugar, me estremeció un fenómeno físico-sensorial-enigmático donde todo a mi alrededor estaba bloqueado y mis sentidos no lograban percibir nada, excepto una grabadora Sony de casetes que a través de sus defectuosos altavoces escupía un “… para que nadie se quede sin chingar, para que todos chinguemos igual, chingo yo, chingas tú, chinga tu madre.” Me acerqué en chinga al reproductor y apañé de inmediato la caja del casete que en la portada mostraba las piernitas de una escolapia de secundaria general con las braguitas a medio bajar y junto un cuadrito que pasó desapercibido en aquel momento y que, entre otras cosas dibujaba en letras altas “ADVERTENCIA”. Por supuesto mi padre y sus colaboradores acabaron hasta el huevo, mientras yo repetía una y otra vez el casete, alguno de ellos se dio cuenta de mi fascinación por estas rolas y tuvo a bien obsequiarme este tesoro del rock. De regreso a casa tomé por asalto el autoestéreo Mitzu que mi jefe había instalado unas semanas antes en su vochito color verde avispón y sin pedir permiso ensarté el pedazo de plástico.

Era un escuincle caguengue y baboso pero esa era ya mi primera vez. Mi primera aproximación consciente al rock mexicano. En honor a la verdad, debo confesar que mi jefe me había presentado ya algunas tonadas del Real de Catorce, el Rockdrigo o los Caifanes, y seguramente yo hasta las bailaba mientras servía tragos a mis tíos en alguna de las tantas pedas familiares que sucedían en mi casa, pero los Molotov habían creado en mí una revelación o mejor dicho, una revolución. Y así pasé un buen rato, queriendo rocanrolear con los grandes. Recuerdo a mi tío el “Pollo” cargándome en hombros para entrar a un concierto de los molochos en algún recinto bravo cercano a la CAPU o al “Flaco” comprándome una Pepsi en otro recital de estos en un rodeo de Cholula mientras yo cantaba “Puto” a todo pulmón.

Es evidente que estos cuatro culeros fueron la voz de una generación y que tuvieron los huevos de decir “Gimmethepower”, aconsejar “Que no te haga bobo, Jacobo” y mentarle la madre a los gringos puñeteros, además de realizar exorcismos sin olvidar que estás en tu casa tan triste y tan sola y que el mundo se va a acabar. Todavía pataleaban cuando presentaron el “Con todo respeto”, producción de covers que, si bien apuntaba que habían perdido un poco de imaginación, les alcanzó para hacer un disco bien logrado. Después nos llegaron con la mamada de su separación y el “Eternamiente” y fue ahí cuando supimos que todo había valido madres, todos vestiditos de Adidas tocando en foros fresas o en festivales mamones, y se la han ido campechaneando sacando discos en vivo o su documental. No se dejan morir.

Es bien sabido que estos cabrones son unos juniors fresones; con el hecho de saber que Jay de la Cueva fue de los primeros integrantes de esta banda nos podemos dar una idea de su círculo social, aunque ese no es un tema en el que deba profundizar mucho. Qué hueva.

Aquí está el gran pedo. Hace poco fue lanzado su nuevo álbum de estudio y además tuvieron el valor de presentar sus primeros sencillos que no nos dan nada nuevo. Musicalmente presenta unos riffs de guitarra que no parecen tener forma o intentar llegar a algún lado, línea de batería bien marcada y juego de bajo -algo que les conocemos desde el “Dónde jugarán las niñas”-, y el mismo discurso de siempre. Encontramos expresiones tan risibles como “…Si las balas tuvieran ojos, verían perfectamente el desmadre insensato, que impacta a la gente…” ¿las balas? ¿ojos? ¡Qué pedo! Y por si fuera poco presentaron de lado B una rola llamada “La Verga” que trae la misma fórmula que les ha funcionado, mentar madres y polemizar con groserías. Lo que no se han dado cuenta es que los tiempos están cambiando y ya no sorprenden a nadie con un “… estás que te lleva la verga, ni tú ni nadie, podrán detenerla…”.

Es difícil descifrar el nuevo disco, evidentemente con una producción de miles de pesos, los mejores instrumentos y los más caros ingenieros, pero, según lo mostrado en las rolas de adelanto, pocas ideas y ninguna novedad. Habrá que esperar. Seguramente este texto ustedes -los más fervientes fans- se lo pasan por los huevos, pero alguien tiene que decirlo y eso que soy de esos que piensan que los nuevos discos siempre son más chingones.

Ya ustedes juzgarán.


El misterio de la muerte de Edgar Allan Poe



Por Ale H. Morando

Publicado en Rolling Stone
Un día como hoy pero hace 165 años, murió en Baltimore un autor cuya fértil imaginación nos regaló con escalofriantes cuentos, extraños poemas y el nacimiento del género policiaco y el detective racional: Edgar Allan Poe.

Constantemente criticado y asediado por la pobreza y otras calamidades, Poe supo incluir en la memoria colectiva situaciones y frases que encarnaban nuestras peores pesadillas, que nadie más se atrevía a llevar al papel.

Baltimore, octubre de 1849

 
Las circunstancias de la estadía y muerte de Edgar Allan Poe en la ciudad de Baltimore fueron muy extrañas, dignas de una de sus historias y a la fecha no se ha logrado esclarecer el misterio de su temprana partida, a los 38 años de edad.

El 3 de Octubre de 1849, Poe fue encontrado en las calles de Baltimore, delirando “necesitando ayuda inmediata y en grave situación”, de acuerdo al hombre que lo encontró, Joseph W. Walker.

El escritor fue llevado al Washington College Hospital, donde después de una larga agonía murió a las 5:00 de la mañana del domingo 7 de octubre. Poe no podía hablar y no pudo explicar cómo es que estaba en esa condición ni qué hacía en Baltimore. Lo encontraron vistiendo ropas que le quedaban grandes, desorientado y en un estado parecido al delirium tremens.

No existe mucha información sobre los últimos días de la vida de Poe, y lo poco que se conoce se debe en parte al médico que lo atendió, el Dr. John J. Moran.

Tras la muerte del autor, un individuo de nombre "Ludwig" –quien más adelante fue identificado como el rival de Poe, Rufus Wilmot Griswold– escribió una biografía poco halagadora y un obituario para Edgar Allan Poe, convirtiéndose en su “ejecutor”, ya que describió al atribulado escritor como un drogadicto, borracho y loco que tendía a los excesos.

Por muchos años ésa fue la imagen que se tuvo de Edgar Allan Poe, un genio incomprendido, asediado por terribles pensamientos y sumido en el alcohol. Edgar Allan Poe y su trabajo no fueron apreciados ni en su época ni en su país hasta después de su muerte.

Para añadir intriga a la muerte del autor y las historias que corren alrededor de ella, cada año un misterioso personaje visita su tumba en el natalicio del autor el 16 de enero y el día de hoy, en su aniversario luctuoso. Se dice que lleva consigo 3 rosas rojas, se viste con una capa, sombrero y ropa de época y brinda en la tumba del autor con una botella de cognac, se le conoce a este personaje como el "Poe Toaster”.

Tras la pista de los últimos días de Poe

 
Se sabe que Poe salió de Richmond, Virginia el 27 de septiembre de 1849, camino a su casa en Nueva York. No se sabe ni se tiene evidencia de por qué Poe se encontraba en Baltimore una semana más tarde, ni lo que hizo días antes de ser encontrado el 3 de octubre, en las calles de Baltimore, delirando afuera de la taberna Ryan's, conocida también como Gunner's Hall, que el día anterior había servido como casilla electoral y que era punto de reunión para los simpatizantes del partido Whig.

La descripción de la apariencia de Poe, documentada por el Dr. Snodgrass nos dice que "la cara estaba desencajada, hinchada y sin lavar, su cabello parecía desordenado y su físico era en general repulsivo".

"Su gran frente con sus fabulosas entradas donde los frenólogos localizan el órgano de la genialidad, -la más ancha que he medido– y esos ojos grandes y redondos, llenos de su alma, de los que siempre llamaron la atención en vida, vacíos y sin brillo, y tan cerca como los vi, estaban cubiertos por un sombrero oxidado, casi sin orilla y sin listón, hecho de hoja de palma. Sus ropas consistían en un traje de saco de tela delgada y negra, hecha de alpaca, rasgado en muchas de sus costuras y gastado y sucio además de pantalones de una mezcla acerada de casinete, que no le quedaban en lo absoluto y muy gastados. No llevaba chaleco o alguna bufanda mientras que el pecho de su camisa estaba arrugado y muy sucio. Calzaba botas de un material correoso y daban la impresión de que hacía mucho tiempo no se limpiaban", continuó el médico.

En su delirio, Poe nunca fue lo suficientemente coherente para poder explicar su estado ni por qué se encontraba en la ciudad y se cree que la ropa que llevaba no era la suya.

El Dr. Moran, que atendió también a Poe, le negó las visitas y lo encerró en un cuarto parecido a una prisión, con ventanas llenas de barrotes que estaba en una sección del hospital reservada para los alcohólicos en recuperación.

En su agonía, Poe repetidamente llamaba a un tal Reynolds, incluso la noche antes de su muerte y nadie ha podido descifrar o identificar a la persona a quien llamaba. En su delirio el autor también llamaba a su esposa, argumentando que se encontraba en Virginia. Primero se pensó que Poe había enloquecido y llamaba a Virginia Clemm, su  primera esposa ya fallecida. Sin embargo, después se supo que el autor le había propuesto matrimonio en Richomond a la señorita Sarah Elmira Royster.

Poco después del deceso, también se dio a conocer que los baúles conteniendo la ropa y efectos personales del autor se habían quedado en el hotel Swan Tavern en Richmond, hecho que no explica qué hacía Poe en Baltimore, pero nos ofrece una pista de porqué vestía ropa que no era la suya.

Las últimas palabras de Poe, según el Dr. Moran fueron “Señor, ayuda a mi pobre alma”.

Causa de muerte

 
La causa de muerte de Edgar Allan Poe aún se discute y existen muchas teorías al respecto. Se dice que pudo haber sido víctima de un asesinato, hipoglucemia, exceso de alcohol e incluso hay teorías que hablan de un posible suicidio.

La teoría de la muerte por envenenamiento por alcohol fue dada a conocer por el Dr. Snodgrass, miembro del movimiento Hijos de la Templanza –una especie de Alcohólicos Anónimos de la época– ya que él veía en Edgar Poe una clara demostración del daño que provoca el alcohol. Sin embargo, en años recientes se descubrió que Poe era alérgico a dicha sustancia y que una sola copa bastaba para ponerlo en un estado parecido al de una persona intoxicada. También se descubrió que hacía muchos meses que Poe no bebía, pues se afilió a Los Hijos de la Templanza antes de su muerte, por lo que esta teoría ya no es admisible.

Otras estudios sugieren que Edgar Allan Poe posiblemente sufrió de un ataque provocado por la bacteria del cólera, o que padecía algún tumor cerebral no tratado. Enfermedades como la epilepsia, meningitis, apoplejías y la sífilis también han sido sugeridas como probables causas de su muerte pero sin haber sido comprobadas del todo.

La rabia, común en esa época, también ha sido tomada en cuenta como una posible causa de su estado antes de su muerte, por el daño que causa al cerebro y los delirios que provoca.

La teoría más aceptada actualmente sobre la misteriosa muerte de Edgar Allan Poe es la que pone al autor como una víctima del fraude electoral, pues un día antes de ser encontrado, Baltimore llevaba a cabo sus comicios y era una práctica común que los simpatizantes de algún partido secuestraran personas, las drogaran y las llevaran a votar a las diferentes casillas a favor de su candidato, cambiando sus ropas en el camino.

Por otro lado, se dice que  Edgar Allan Poe era un ciudadano conocido por los habitantes de Baltimore, lo que hacía demasiado peligroso el intentar utilizarlo en los fraudes electorales, pues alguien podría reconocerlo.

Lo que esta teoría sí explica de manera mas o menos creíble, es lo de la ropa en mal estado que Poe vestía cuando fue encontrado y el hecho de que apareció afuera de una de las casillas de la ciudad un día después de la elección.

Cabe mencionar que ninguna de las teorías arriba mencionadas ha sido comprobada del todo.


Su funeral y tumba


El funeral de Poe fue muy sencillo, incluso dicen que demasiado breve y sin ceremonia. Acudieron pocas personas entre los que se encontraba su primo Neilson Poe, Henry Herring, el Dr. Snodgrass, Z. Collins Lee, Elizabeth Herring y Joseph Clarke.

Su tumba estaba en la parte trasera del cementerio y no se le puso lápida. Se dice que el funeral duró solamente 3 minutos bajo la lluvia y que el cadáver fue enterrado en un ataúd barato de madera, sin manijas, sin nombre y sin revestimiento interior.

Fue hasta años después, en 1875, que se le dio una correcta sepultura, gracias a que el poeta Paul Hamilton vio el estado de la tumba del autor y sugirió que se le diera un monumento más apropiado y un funeral digno. Sarah Sigourney Rice, una maestra de Baltimore comenzó a recaudar fondos y en noviembre 1 de 1875 se exhumó el cadáver de Poe y fue sepultado en su actual lugar de descanso junto con un monumento diseñado por el arquitecto George Frederick .

A 165 años de su extraña muerte, el misterio de su muerte y últimos días continúa sin ser resuelto, dejando a la imaginación de sus lectores, biógrafos y críticos literarios la crónica de sus últimos días, la cual no se sabrá, nunca más... 


Gone Girl: matrimonio, buen cine y mortaja del cielo bajan


Cinetiketas-
Por Jaime López Blanco-

Voz en off mediante la cual escuchamos hablar a “Ben”: “Quisiera abrirte el cráneo para desmenuzar lo que tu cabeza está pensando”. Encuadre a una mujer de melena rubia que a la larga volteará a vernos directamente a los ojos. Se trata de “Amy”, quien a pesar de tener de fondo el diálogo oscuro de su agobiado esposo, nos seduce con esa linda sonrisa, tan tierna, tan afable. Dos personajes revelados en  tan sólo un encuadre: seamos bienvenidos a la nueva obra maestra de David Fincher.
  
“Gone Girl” o “Perdida”, la más reciente película del realizador estadounidense David Fincher (“Seven”; “Fight Club”; “Zodiac”; “The curious case of Benjamin Button”; “The social network”), podría inscribirse dentro del thriller dramático o el género noir. Lo cierto es que se trata de uno de los mejores proyectos ejecutados por el realizador antes mencionado.


¿De qué va la historia? Basada en la novela homónima de Gillian Flynn, quien también adapta por primera vez un argumento al cine (y que bueno que sea con su propio material, porque eso garantiza una fidelidad a la esencia de su texto), el film nos cuenta sobre una relación idílica de pareja entre “Nick” (personificado por el irregular actor estadounidense Ben Affleck) y Amy (interpretada por la británica Rosamund Pike), quienes en su quinto aniversario de casados vivirán un acontecimiento que dará un vuelco total a sus existencias.

El mejor logro de esta cinta es su guión, sumergido entre deliciosos y cínicos diálogos entre varios de sus personajes, con una tonalidad oscura que raya en el humor negro, pero que también se destaca por su inteligencia y destreza para presentarnos un relato que juega con la audiencia. Aunado a esto, los giros de tuerca son sensacionales; algunas veces estarás del lado de uno de los protagonistas y otras tantas terminarás por estar en su contra.

Lo malo es la interpretación errónea que muchos puedan darle: algunos hombres podrían tomar como pretexto esta película para victimizarse o justificarse. Craso error. Se habla de lo complejo de las relaciones humanas y del matrimonio, pero no se hace (al menos en mi opinión) para seguir fortaleciendo los estereotipos culturales de la eterna lucha de los sexos, sino criticando a ambos cuando la relación es enfermiza. No hay bando ganador o al cual pueda sumarse sin condiciones, ya que ambas partes pueden ser víctimas o victimarios dependiendo el círculo vicioso o las conveniencias existentes dentro de la relación.

Lo cierto es que se trata de una historia audaz, que habla sobre el empoderamiento femenino, pero que también revela lo oscuro del individuo humano, no importando que tenga pene o vagina. Y todo esto se traduce bien al celuloide, a la imagen, gracias a una eficaz dirección por parte de Fincher y con un grandioso emplazamiento de cámaras del fotógrafo Jeff Cronenweth.

La historia jamás decae, a pesar de sus 145 minutos de duración, y no se pierde entre diversas circunstancias -las cuales enriquecen el relato- ni con la aparición de una gran variedad de personajes (otra esplendidez del argumento). También existe una crítica al amarillismo de los medios de comunicación y a lo oscuro y manipulable del individuo en masa. La banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross es otro de los aciertos de la cinta: su onda rock, junto con esos acordes instrumentales, le inyectan mayor tensión y dinamismo a lo que se está viendo, evitando así caer en la manipulación de muchas de las películas de este tipo o en el tremendismo acústico, ridículo, digno de capítulos de “Mujeres asesinas” o “Mujer, casos de la vida real”. 
   
  
Rosamund Pike, la actriz británica que interpreta a “Amy”, vista en películas como “Barney´s Version” (2010), “An education” (2009), “Pride and Prejuice” (2005), o más conocida por haber sido una de las chicas Bond en “007, Another day for die” (2002), está sumamente espectacular. Estos serán el personaje y la película que cambien el curso de su carrera cinematográfica, ya que es el mejor papel que ha interpretado hasta la fecha. Energizante, seductora, maquiavélica, versátil. Una exquisitez de papel; el sueño de cualquier actriz que muere por este tipo de roles.

En suma, película ampliamente recomendable y más que digna para ser seleccionada entre las nominadas de los próximos Oscar. Sería una elección diferente, tanto por su género como por su manufactura argumental y cinematográfica que irradian madurez e inteligencia. Seamos bienvenidos a la nueva obra maestra de David Fincher, el cual está más fino que nunca; luminosamente sombría.


Derivas Situacionalistas: Movimiento 1


Derivas Situacionalistas-
Por Liliana Chávez- 



Soy lo que no queda
ni vuelve. Soy algo
que disuelto en todo
no está en ningún lado…

Dulce María Loynaz



No hay que olvidarnos, que la vida es un momento efímero, un frenesí, solo un instante.
La muerte lejos de ser hermosa, es patética y vacía; no queda más que aceptarla… el cuerpo se degrada, los amigos mueren y al final todo es soledad.

Sin embargo, es aquella muerte solitaria la que remarca la independencia del YO y los otros. Convirtiendo así al hombre en un ser libre, no pertenece a nadie. 

Es esta conciencia, la primera y más fina capa la que construye al YO y garantiza esa libertad. Pero, nos oponemos; deseamos ser enjaulados, siempre seducidos por el vértigo. Ese YO que no pertenece a nadie desea abrir los ojos al mundo, comienza a buscar a otro YO con quien vivir una existencia finita, siempre con una certeza de la separación eterna. Así ambos YO limitan por su propia mano aquella libertad; se liberan de lo único que poseían, se desgarran. 

Quizás allí está el sentido de la vida del hombre: la libertad y la muerte no se distinguen la una de la otra. Por ello, lo que tenemos en el presente lo comprende todo, ahí está todo, no falta nada. No hay necesidad de pedir o buscar en un más allá de la existencia lo que no creemos poseer. Porque, ya existe; entonces, lo existente en el aquí y el ahora, seguirá en un después.

Una vez que se llega al fin, lo confuso, borroso y frustrante se torna claro…así es la vida.  


Liliana ChavezLa autora:

Pensadora, fotógrafa, programadora y pintora empírica, a veces arquitecta.
 

Cinetiketas: Un buen documental, Un dador, Un ecualizador y Un 'boy' estancado.


Cinetiketas-
Por Jaime López Blanco-


Búsqueda, encuentro, evocación. "La danza del hipocampo", documental dirigido y co-escrito por Gabriela Domínguez Ruvalcaba, es un trabajo que se desmarca del montón por tratar un tema muy abstracto con riesgo, sensibilidad e inteligencia. No es un trabajo que guste a fanáticos del convencionalismo, ya sea del cine de ficción o del documental; evita las entrevistas per se y centra su argumento en una serie de disertaciones filosóficas, científicas y emocionales sobre el recuerdo, la memoria, y, la nostalgia.

Se distingue por ser un híbrido de imágenes recicladas e inéditas, con diferentes formatos, que se funden para dar forma a un relato poético donde lo complejo y laberíntico de la memoria humana es retratado de manera acertada y congruente. El diseño sonoro y la fotografía son impecables y la voz en primera persona es maravillosa.

Quizá el único pero que le pongo a este trabajo, galardonado con el premio de la Mejor Película del Festival Internacional de Monterrey durante el presente año, es que se dicen tantas cosas en el guión que no todas las frases u oraciones se impregnan en la mente del espectador. Aún así, es de lujo el comentario que sentencia que "el recuerdo, al igual que la vida, es antes que nada una elección". Además, cuando uno se pregunta el por qué este documental posee algunos planos abiertos con extensa duración, durante los cuales, aparentemente, no ocurre nada, acaba descubriendo que hay que disfrutar en tiempo real de aquello que estamos contemplando, como debiera ser con todo lo que se nos presenta en la vida. ¿Cuántas veces nos hemos quedado viendo un lugar simple y sencillamente porque nos evoca alguna emoción, alguna remembranza o porque asombra a nuestra mente? Imperdible, lástima que sólo se pueda encontrar en el círculo de los festivales. Trate de buscarla en su ciudad. http://mexicodocs.org/project/la-danza-del-hipocampo-the-dance-of-the-memory/


"The giver" o "El dador de recuerdos" (por su título en español) es una cinta dirigida por el australiano Phillip Noyce ("Salt", "The Bone Collector", "Patriot Games") que versa sobre una sociedad utópica donde no existen los enojos, las envidias, las guerras, ni los desastres naturales, debido a que se controlan las emociones y las decisiones o los destinos de las personas. Todo parece equilibrio y normalidad hasta que un joven, de nombre "Jonás", es elegido para ser el nuevo receptor de los recuerdos y conocimientos de lo que antes existía sobre el mundo humano; su "Dador" (personaje interpretado por Jeff Bridges), lo hará concientizarse sobre lo extraordinario del libre albedrío.

Cinematográficamente hablando, el argumento de la película mencionada me parece una mala mezcla entre "Matrix" (Hermanos Wachowski, 1999) y "Pleasantville" (Gary Ross, 1998) por aquello de un mundo sonámbulo e ignorante que cree que es dueño de su propia vida, al cual llegará un elegido para liberar a su comunidad del analfabetismo emocional/existencial en el que se encuentra. Lo malo es que no existe ni la tensión o la espectacularidad de "Matrix" ni el gran diseño de arte, maquillaje o buen uso de la fotografía blanco y negro de "Pleasantville". "The giver" plantea un mundo sin colores, pero la joven protagonista es puesta con todo el gloss posible para que, cuando la veamos en colores, sus labios luzcan más atractivos (?)

Algunos espectadores la catalogan como una imitación de "Divergente" (Neil Burger, 2014) pero lo cierto es que el libro en el que se basa fue escrito antes (1994) por la estadounidense Lois Lowry. Quizá lo mejor sea leer la novela para comprender mejor las intenciones de la cinta, porque siento que el director Phillip Noyce no logra transmitir ni la maduración del personaje de "Jonás" ni su pasión o emoción al descubrir un nuevo mundo. Se queda corta en la ejecución y parece más un trabajo por encargo que realizado por convicción.
En cuanto a las actuaciones, Jeff Bridges es muy buen histrión  pero no entrega su mejor papel, ya que parece ser encasillado últimamente en el personaje del anciano que orienta ó ayuda a los jóvenes elegidos ("R.I.P.D."; "True grit"; "Tron Legacy") para cambiar el rumbo de las cosas. Meryl Streep también es mal dirigida y luce acartonada y estereotipada; una cosa es que interprete a una antagonista conservadora y parca y otra es que ponga cara de "pedo"  durante toda la película. Además, quien le haya hecho ese look la detesta, ya que parece Angelica Houston en su papel de "Morticia Addams".  Mejor habría que revisar el libro en el que se basa la cinta.


"The Equalizer", protagonizada por Denzel Washington y dirigida por Antoine Fuqua ("Training Day", "Tears of sun") sirve como un vehículo de lucimiento para el actor afroestadounidense, el cual funciona gracias a que está realizada con una muy buena producción y con mucho estilo; entretiene, divierte y genera empatía con el personaje principal.

Al leer su sinopsis y ver el trailer, esperaba una película que reviviera los prejuicios y la eterna rivalidad de la "Guerra Fría" donde los rusos son vistos como los villanos del mundo, pero una vez revisada la obra en cuestión, descubrí un argumento  que logra desmarcarse un poco de esa precaria concepción de las cosas, para así fotografiarnos un Estados Unidos corrupto y patético, con una justicia ciega y una policía putrefacta.

Denzel Washington es glorificado con su personaje pero es innegable su carisma, portentosa presencia, veracidad y legitimidad. Uno como espectador comienza y termina por apoyar la justicia ciudadana  del ecualizador de Washington porque, quien todavía tenga algo de sangre caliente en sus venas, va a estar de acuerdo con las causas que su personaje defiende.  Chloe Moretz, como de costumbre, cautiva con su dulzura. Dominguera y con un buen score de parte del británico Harry Gregson-Williams junto con un electrizante soundtrack (especial atención a la rola Vengeance de Zack Hemsey).


"Oh Boy" o "A coffe in Berlin", del año 2012, es una ópera prima alemana escrita y dirigida por Jan Ole Gerster y protagonizada por Tom Schilling. Trata acerca de un día en la estancada vida de Niko, joven yuppie de veintitantos años, que se la pasa deambulando entre la rutina y el ocio existencial. Sin embargo, su mundo parece cambiar cuando se enfrenta a la pérdida de su tarjeta de banco durante una jornada caracterizada por encuentros extraños, malas decisiones y la búsqueda incesante de un  buen café, que lo obligarán a encontrase consigo mismo.

Es una cinta filmada en blanco y negro que pareciere una especie de homenaje al clásico "Manhattan", del director estadounidense Woody Allen, por su tipo de fotografía donde se emplazan paisajes contrastantes y bellos de Berlín (pero que también puede entenderse como el reflejo del estado de ánimo del protagonista); por su banda sonora que suena a jazz y; por el tratamiento de un personaje que parece vivir en el infinito estancamiento existencial.

Sin embargo, la ópera prima de Jan Ole Gester brilla por su propia cuenta al entregarnos uno de los mejores guiones que he atestiguado: detallista de principio a fin, sólido, honesto, espontáneo y simbólico.  Es una historia que fluye de manera natural como la vida misma y que cierra el círculo argumental hasta su última escena. Oda a uno de los mejores placeres de la vida, el café.

Quien no se reconozca, aunque sea en parte, en la supervivencia emocional de la ordinaria vida de "Niko" puede que esté mintiendo, porque cada uno  de nosotros, a nuestra manera, hemos llegado a sentirnos extraños, ajenos y estancados en algún momento de nuestras existencias. Muy recomendable pero con la sugerencia de que hay que tenerle paciencia, porque su brillantez entra de poquito en poquito, ya que se aleja del ritmo frenético del main stream hollywoodense.

Letrinas: De la acedia a la matriz



Tacones Lejanos-
Por La Tija-

"Al infierno se va por atajos, jeringas, recetas".
Joaquín Sabina

Los dedos de mis pies dan hacia la ventana, son las tres de la tarde y otra vez no fui a trabajar, si es que uno puede llamarle trabajo a lo que hago. Terminé una carrera y mi empleo nada tiene que ver con ella, pero aunque muchos lo critiquen vender seguros de vida me dio la oportunidad de darme una más o menos decente.

Me despertó el ruido del celular, esta vez no era mi jefe reclamándome por faltar un día más sino la empresa de telefonía mandándome como todos los días puntualmente un mensaje para recordarme que no pagué el servicio. Ni me inmuto, si no pago ahora seguro me cortarán la línea y con ello dejaré de recibir sus mensajes y al mismo tiempo, dejaré de oír los alaridos de mi madre quien todos los días me recuerda que tal vez debería hacer algo de provecho con mi vida.

Veo el control de la televisión tirado en la alfombra que está manchada de lápiz labial, logro encenderla y descubro con ello que aún no me cortan la luz. Esa televisión blanca era de mi abuelo quien pasaba las horas viendo el béisbol; aficionado de los Rieleros y cuenta mi abuela que cuando era joven jugaba como con toda una estrella. Yo en cambio nunca fui buena para ningún deporte; pero en mis ratos libres desde niña me iba a sentar en el parque durante horas para ver a mis amigos jugar tochito, gusto que después creció y me abrió el mundo de los casinos a través del fútbol americano.

Mi tía ha venido a visitarme últimamente, me cuenta que hace poco conoció a una persona que la enamoró y que yo lo haré un día estos, por lo que no debo perder la esperanza en el amor. También me habla de Dios y de cómo nos regaló la vida para que la disfrutáramos. -¿Y yo qué?- pienso. A mí nadie me preguntó si quería vivir.

-Regreso al rato, a ver si lavas esos trastes y cambias las sábanas- me dice siempre al marcharse. Yo sólo asomo la mano por debajo de las cobijas y señalo que cierre la puerta.

-¡Quítate ya esa pereza!- alcanzo a escuchar.

¿Pereza? ¿Qué no es eso un pecado? Pienso al mismo tiempo que agarro el diccionario que se encuentra en mi cabecera junto con otros libros, discos piratas, y revistas de moda. Lo abro y busco la palabra.

Pereza: Depresión profunda, falta de ganas de vivir, desidia.

Aviento el diccionario y veo el techo que después de varios minutos se convierte en una mancha blanca. Dos personas afuera platican y una de ellas estornuda.

Supongo que cuando uno nace tiene asignadas debilidades que lo hacen más vulnerable a ciertas enfermedades y pecados, por lo que hay quienes son más propensos a padecer de lujuria y vanidad tanto como aquellos que se enferman de la garganta o del estómago a cada rato. Sucede que para los pecados no existen antibióticos ni recetas mágicas que logren curarte, por lo que uno se pasa la vida enfermo, contagiando y culpando al declive de la sociedad por todos los malos pensamientos y acciones que tenemos.

Mi madre, había estado preocupada los últimos meses por mi estado, ella piensa que fue la ruptura con mi último novio la que me tumbó en la cama y me quitó las ganas de vivir, por lo que ha estado insistiendo en que vea a un padre para que platique con él y me lleve de regreso al camino del señor. Yo jamás he sido una fiel creyente pese a los esfuerzos de mi padre por meterme a una escuela católica, y no es culpa de los maestros, simplemente la religión es un asunto que a mí siempre me ha importado poco. Aun así, cargo con prácticamente todos los sacramentos cuyos papeles oficiales guardo en el mismo fólder de mis certificados escolares en aquel clóset de por allá. El póster de Pink Floyd que tiene pegado me lo regaló un amigo en la secundaria.

El celular suena nuevamente, mi hermana escribe para avisarme que logró conseguir una cita con el padre que me dio mi primera comunión, algo así como el doctor de la familia que conoce todo mi historial desde pequeña, y me comenta que es el mismo que oficiará su próxima boda, por lo que me suplica no ser grosera con él. Para evitar discusiones familiares, me meto a bañar y salgo a esperarlo, llega a los pocos minutos y me abraza dando inicio así a su sermón que escucho y no porque sigo pensando en que el color lila de los vestidos de damas de honor para la boda no va con el tono de mi piel, pero en realidad no importa ya.

Después de un rato intento concentrarme en sus palabras.

-La religión señala a aquellos que se dañan con excesos porque insultan el cuerpo que Dios nos dio. ¿Estás consumiendo drogas, Marce?- me pregunta.

Qué ganas de decirle que sí, pero decido no contestarle. En realidad fumaba muy poco, pero estaba considerando hacerlo más seguido ya que estudios han demostrado que fumar reduce fuertes dolores corporales. Recordé también en ese instante que en alguna ocasión utilizaron morfina para tranquilizarme después de una operación. Ese día mientras me inyectaban, el doctor dijo que la combinación de drogas se llamaba así en honor a Morfeo, el dios griego del sueño, y que unos minutos dejaría de sufrir para dormir en sus brazos.

-En la Biblia Salomón nos dice que el todo de la vida es honrar a Dios con nuestros pensamientos y guardando sus mandamientos porque un día compareceremos ante él para entregarle cuentas- insiste el padre.

Pocas ganas tengo de ver a la gente desde que llegó el cartero a mi casa con un sobre antes de partir al trabajo. Ése día estuve a punto de entregar cuentas también a otro señor, batir mi récord anterior en ventas, y seguramente con esas cifras obtener un ascenso después de cinco años de estar encerrada en una oficina, sin saber para quién trabajo, enriqueciendo quién sabe a qué cabrón, y dándole una mejor vida a quién sabe cuántos de sus hijos.

-No hay lugar para la pereza en la vida de un cristiano, hija, porque el alma del perezoso desea y nada alcanza. La pereza sólo produce destrucción, desesperación y negatividad, si sigues así no tendrás lugar en el reino de Dios. ¿Qué no quieres disfrutar de la vida? ¿Qué acaso no quieres tener hijos y disfrutar del amor en pareja?

De todos mis amores sólo dos me han marcado. Alejandro había sido quizás el más importante. Nos conocimos en la universidad y duramos un par de años juntos hasta que me dejó por Andrea y yo lo dejé por Pablo, un ingeniero que me amó como pocos pero al cual nunca consideré mi novio porque él odiaba los títulos. No obstante, durante los años de relación intenté una y otra vez darle un hijo lo cual nunca sucedió, a diferencia de Andrea que a los pocos meses logró embarazarse y se dio el lujo de abortar porque no era el momento y porque sabía en el fondo que Alejandro, desempleado y deprimido jamás se hubiera hecho responsable. Terminé con Pablo argumentando que no podía ofrecerle otra persona que no fuera yo, él insistía en ver a un médico e iniciar un tratamiento pero yo siempre rechacé la idea y hoy me arrepiento. Finalmente sus ganas de ser padre fueron más fuertes y se fue para nunca más volver.

Deprimida y temerosa por nunca más encontrar a alguien como Pablo decidí una mañana ir al doctor y desquitar el seguro de gastos médicos mayores que me pagaba la empresa y después de varios análisis, la aseguradora se comprometió a llevarme los resultados hasta mi casa.

-Dios nos da oportunidades y formas de sostenernos, pero nosotros rechazamos lo que Dios nos da. Tienes que examinar tu vida, hija, porque lo que tu presentas es exactamente el cuadro de un perezoso.

En ese momento y harta de escucharlo hablar le entregué el sobre que recibí aquel día por parte del cartero.

-Durante toda mi vida he intentado hacer las cosas de manera correcta, llevo una vida sana y he sido capaz de discernir entre lo bueno y lo malo ¿Qué no es eso lo que predican ustedes? ¿A quién acudo cuando yo sí quiero vivir y Dios no me deja, padre?- añadí.

El sacerdote abrió el sobre y después de leer los papeles enmudeció totalmente y me vio a los ojos con profunda tristeza.

-Eso que usted llama pereza, los doctores lo llaman cáncer. 
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