Anuncian el Festival Cultural de la Cerveza 2015


Por segundo año consecutivo, Aguascalientes será sede del Festival Cultural de la Cerveza a realizarse los días 17, 18 y 19 de julio de 2015 en las instalaciones de la Plaza de las Tres Centurias.

De acuerdo con los organizadores, la finalidad del evento es promover la producción de cervezas independientes mediante un enfoque cultural y fomentando el consumo responsable. El movimiento promotor de esta iniciativa está conformado por cerveceros artesanales independientes, micro-cerveceros y distribuidores.

Somos un grupo de empresarios amantes de la cerveza que buscamos fomentar la cultura de la misma, demostrando al público la gran gama de cervezas artesanales que existen principalmente en Aguascalientes y el resto de México. Así como hacer notar que la cerveza es cultura y puede ir de la mano con el arte. Esto se hace con el fín de que todos salgamos benefíciados, fomentando no solo el consumo sino también la producción de cerveza artesanal en el país.


En 2014 el festival reunió a decenas de expositores locales, nacionales y extranjeros que dieron a conocer sus productos a cientos de asistentes que además de probar una innumerable variedad de cervezas de todos colores, olores y sabores; pudieron disfrutar de conferencias, exposiciones, juegos, rock en vivo y hasta la transmición de los partidos del Mundial de Brasil.

Si quieres saber más sobre el Festival Cultural de la Cerveza Aguascalientes 2015, te invitamos a que visites este enlace. Te compartimos la reseña fotográfica del festival anterior.




Reseña fotográfica - Junio 2014 - Festival Cultural de la Cerveza Aguascalientes
Posted by Sputnik Fanzine on Miércoles, 18 de junio de 2014

Cinco cuentitos de Franz Kafka



Franz Kafka es uno de los autores más extraordinarios de la historia de la literatura, su obra principal "La Metamorfosis" se ha editado en cientos de idiomas y este año cumple 100 años de su publicación. Les compartimos cinco cuentos cortos del escritor checo que murió a los 40 años, el 3 de junio de 1924 víctima de la tuberculosis.


Por Franz Kafka

UN MENSAJE IMPERIAL

El Emperador, tal va una parábola, os ha mandado, humilde sujeto, quien sóis la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje; el Emperador desde su lecho de muerte os ha mandado un mensaje para vos únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado estar correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte -toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio- ante todos ellos, él ha mandado su mensaje. El mensajero inmediatamente embarca su viaje; un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino al través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo del sol repica de luz; al contrario de otro hombre cualquiera, su camino así se le facilita. Mas las multitudes son tan vastas; sus números no tienen fin. Si tan sólo pudiera alcanzar los amplios campos, cuán rápido él volaría, y pronto, sin duda alguna, escucharías el bienvenido martilleo de sus puños en tu puerta.


Pero, en vez, cómo vanamente gasta sus fuerzas; aún todavía traza su camino tras las cámaras del profundo interior del palacio; nunca llegará al final de ellas; y si lo lograra, nada se lograría en ello; él debe, tras aquello, luchar durante su camino hacia abajo por las escaleras; y si lo lograra, nada se lograría en ello; todavía tiene que cruzar las cortes; y tras las cortes, el segundo palacio externo; y una vez más, más escaleras y cortes; y de nuevo otro palacio; y así por miles de años; y por si al fin llegara a lanzarse afuera, tras la última puerta del último palacio -pero nunca, nunca podría llegar eso a suceder-, la capital imperial, centro del mundo, caería ante él, apretada a explotar con sus propios sedimientos. Nadie podría luchar y salir de ahí, ni siquiera con el mensaje de un hombre muerto. Mas os sentáis tras la ventana, al caer la noche, y os lo imagináis, en sueños.


EL ZOPILOTE

Un zopilote estaba mordizqueándome los pies. Ya había despedazado mis botas y calcetas, y ahora ya estaba mordiendo mis propios pies. Una y otra vez les daba un mordizco, luego me rondaba varias veces, sin cesar, para después volver a continuar con su trabajo. Un caballero, de repente, pasó, echó un vistazo, y luego me preguntó por qué sufría al zopilote.


"Estoy perdido", le dije. Cuando vino y comenzó a atacarme, yo por supuesto traté de hacer que se fuera, hasta traté de estrangularlo, pero estos animales son muy fuertes... estuvo a punto de echarse a mi cara, mas preferí sacrificar mis pies. Ahora estan casi deshechos". "¡Véte tú a saber, dejándote torturar de esta manera!", me dijo el caballero. "Un tiro, y te echas al zopilote." "¿En serio?", dije. "¿Y usted me haría el favor?" "Con gusto," dijo el caballero, " sólo tengo que ir a casa e ir por mi pistola. ¿Se podría usted esperar otra media hora?" "Quién sabe", le dije, y me estuve por un momento, tieso de dolor. Entonces le dije: "Sin embargo, vaya a ver si puede... por favor". "Muy bien", dijo el caballero, "trataré de hacerlo lo más pronto que pueda". Durante la conversación, el zopilote había estado tranquilamente escuchando, girando su ojo lentamente entre mí y el caballero. Ahora me había dado cuenta que había estado entendiéndolo todo; alzó ala, se hizo hacia atrás, para agarrar vuelo, y luego, como un jabalinista, lanzó su pico por mi boca, muy dentro de mí. Cayendo hacia atrás, me alivió el sentirle ahogarse irretrocediblemente en mi sangre, la cual estaba llenando cada uno de mis huecos, inundando cada una de mis costas.


UNA PEQUEÑA FABULA

"Ay", dijo el ratón, "el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer".

"Sólamente tienes que cambiar tu dirección", dijo el gato, y se lo comió.


LA PARTIDA

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fuí al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: "¿A dónde va el patrón?" "No lo sé", le dije, "simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta". "¿Así que usted conoce su meta?", preguntó. "Sí", repliqué, "te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta".

 
 
EL PASEO REPENTINO

Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura.

Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.

Espacio Mexica: Cualli tonali


 Espacio Mexica | Por Cipactli |


Cualli tonali (buena fortuna)
ce = uno


Ahora que finalizó el quinto sol mexica de Tezcatlipoca, el sol de la oscuridad y dio inicio el sexto sol de Quetzalcóatl, el sol de la luz y de la claridad, ya es permitido hablar sobre la grandeza y tragedia de un pueblo tan poderoso que mantenía el amanecer de Tonathiu (el sol) por medio de su sacrificio corporal y espiritual; un pueblo que edificó en 300 años una ciudad tan grande y esplendorosa que en su época no podía ser igualada en belleza y funcionalidad, cuyo nombre era Mexico-Tenochtitlan, el cual dejó boquiabiertos a esos que la vieron por primera vez con ojos del oscurantismo medieval de un imperio europeo en expansión.

Ese pueblo es el mexica también llamado azteca, puesto que el invasor español no podía pronunciar con claridad la lengua náhuatl.

Con el permiso del abuelo Tonalcoatzin Tilectlic Tecuanotl Oso Negro, Granicero de Atlachinolli (Aguascalientes) y los abuelos custodios de la sabiduría mexica, en este día según nuestro calendario Chicnahui Ehecatl (9 viento), de la veintena (mes) Toxcatl, del xiuhitl (año) Yei Acatl (3 Caña), (corresponde al 1 de junio del 2015) se creó este espacio para dar a conocer una cultura que fue condenada al exterminio y que gracias al esfuerzo de los abuelos nahuas sobrevive, y a partir de este momento, será difundida para que sea conocida por nosotros los descendientes de tan grandiosa nación.

Hablaremos sobre los cuatro grandes ejes en el cual se conforma el Mexicayotl (mexicanidad, el peregrinaje y fundación de la grandeza mexica) y que de acuerdo con las enseñanzas recibidas lo constituyen 4 aspectos: el físico, el espiritual, el intelectual y el sentimental, (que es contrario a lo difundido por los europeos, para los cuales están divididos), estos forman una unidad que permite alcanzar el equilibrio en la vida de un ser, de una comunidad o de un pueblo.

También se difundirán las fechas importantes para los mexicas, que escondidas en ciertas ceremonias impuestas por los sacerdotes españoles, fueron preservadas por los abuelos mexicas para continuar con nuestras costumbres y que los europeos llamaron sincretismo, creyendo que nos convertían a sus modos.

En este mes se conmemora la Noche de la Victoria, 30 de junio, en donde las tropas mexicas destrozan al invasor español en la Gran Tenochtitlan y es cuando los soldados hispanos, en su afán de salvarse, arrojan en el lago de Texcoco el tesoro que le fue robado al Gran Tlatoani Motecuzoma Xocoyotzin.
Tlazocamati (gracias)
 
OMETEOTL
Matlactli Huan Yei Miquixtli Cipactli (13 Muerte Cocodrilo)

Hagen y Yo: Una apocalíptica plagada de colmillos y patas


Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |


El paradigma popular ha encumbrado al perro como el mejor amigo del hombre. Pero, ¿es el hombre el mejor amigo del perro? Kornél Mundruczó, realizador de origen húngaro, trata de resolver esa interrogante de una forma poca usual. Lo hace planteando una especie de fábula apocalíptica canina, la cual intenta advertir sobre los complejos de superioridad y los abusos excesivos de los seres humanos para con los cuadrúpedos perrunos.  La premisa, de entrada, suena harto interesante. 

Enmarcada la historia dentro de una Hungría intolerante hacia los perros mestizos (los de raza no pura), una niña de nombre “Lili” intenta proteger a su fiel amigo, “Hagen”, porque la ley establece un impuesto considerable para los perros cruzados; impuesto que no está dispuesto a pagar el padre de “Lili”, un ex profesor amargado que se dedica a la verificación de calidad de las reses y que simboliza uno de las propósitos del filme: retratar a aquellos humanos que catalogan como mera mercancía u objetos a los animales.

El relato del director Mundruczó evita en varias ocasiones hacer uso del tripié, para así tratar de colocarnos en los “zapatos” (ó “patas”) de los perros. Las locaciones en donde sitúa al protagonista canino de su cinta son de las más adecuadas, ya que se tratan de lugares marginados y sombríos, algo que ayuda a acentuar el tono dramático y oscuro de su argumento.  Sin embargo, es precisamente el cambio de tono, a mitad de película, lo que da al traste con lo que pudo haber resultado una representación más sólida y elocuente del mensaje que Mundruczó quería transmitir. Intencionalmente, el cineasta húngaro transita del melodrama al suspenso con tintes de terror, muy al estilo del “Cujo” de Stephen King. Esto último provoca la risa involuntaria de algunos espectadores en varias de las secuencias de “Hagen y Yo”.

Asimismo, algunos personajes y subtemas no están tan bien desarrollados como los aspectos técnicos de la cinta. Mientras que la fotografía luce espectacular y el montaje de las estampidas de los cuadrúpedos nos recuerdan –guardando las proporciones- aquella edición vertiginosa de “La escalera de Odessa” (“El Acorazado Potemkin”), Mundruczó falla con el uso alegórico del lenguaje musical, no aprovechándolo como una herramienta conciliadora, como un puente de verdadero diálogo y enlace entre las palabras humanas y los ladridos. También, el padre de “Lili” sufre un cambio abrupto en su personalidad que no se percibe creíble; su catarsis no es tan significativa como la bifurcación emocional de los personajes centrales (“Lili” y “Hagen”).

  
Luego entonces, el largometraje de “Hagen y Yo” logra desmarcarse de esas cintas “gringas” que acostumbran caracterizar a los perros como seres parlantes e inmersos en larguísimas escenas cargadas con humor de pastelazo. Mundruczó logra devolver dignidad y naturalidad a sus protagonistas; además, supongo que contó con buenos adiestradores caninos, ya que cada uno de los cuadrúpedos del film brillan en sus interpretaciones. En síntesis, a la película ganadora del Premio del Jurado, en la sección “Una cierta mirada”, del festival de Cannes 2014, le sobra garra y colmillo en sus secuencias de acción y dramatismo, pero le llega a faltar olfato o instinto por lo que respecta al equilibrio argumental de la historia. 


Ojo Aguascalientes: Esta cinta se exhibirá el próximo viernes 5 de junio en el Auditorio Dr. Pedro de Alba de la Universidad Autónoma de Aguascalientes como parte de la 58 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. Puedes checar el resto de la programación en este enlace.

Letrinas: La niña de la bicicleta rosa

 Derrumbe Mágico | Por Keizinina Crowley |

Nabi tenia 11 años, una bicicleta rosa que orinaban sus tres vecinos borrachos y un par de ilusiones rotas. Su mamá le pedía que saliera a entregar libros que ella misma encuadernaba misteriosamente por las noches a la luz de una vela. Aquello siempre le había parecido un poco raro pero nunca cuestionaba a su mamá porque le encantaba montar su bicicleta.


Mientras recorría las calles destruidas le gustaba recordar el pasto verde, las casas que solían estar completas y los niños llenos de sonrisas. El escombro que se interponía en su camino le traía constantemente a la memoria la imagen de Pink que solía pegar carteles con engrudo por todas las esquinas hasta que murió sosteniendo una granada. Pink era la mejor amiga de Nabi y fue un espiritu inconforme con la situacion en su país, le gustaba Banksy y el arte urbano. Intentaba que su falta de voz se hiciera escuchar a través de sus obras callejeras, hechas normalmente con basura que encontraba en cualquier parte.


Una semana antes de que cumpliera 13, murió y le obsequió a Nabi una lata de aerosol con la cual pintó su bicilceta de rosa. Pink le dijo: "se ve guapa". Eran felices en ese momento así que rieron toda la tarde. Estaban en la Franja de Gaza, entre armas, pobreza y personas con la casa y el corazon deshechos. El funeral de Pink fue muy sencillo, pocas flores y pocas lágrimas. Las madres se iban volviendo poco a poco más insensibles cada día, tal vez a consecuencia de las frecuentes desgracias que los azotaban sin cesar.


A Nabi realmente le agradaba pasar tiempo con Pink, aprendió mucho de ella y le fascinaba su mente creativa. Así que siguió sus pasos y pronto se convirtió en la pequeña Banksy de la Franja. No había muro que no estuviera marcado con alguna ilustración o frase desgarradora. Al poco tiempo ganó fama y sus obras fueron reconocidas a nivel mundial. Ella se mantenía en el anonimato para lograr vivir un día más. Les daba ilusiones, les daba color y les devolvía algunas sonrisas robadas a los que pasaban por sus obras.


Al poco tiempo su madre la descubrió y en lugar de castigarla le confesó un secreto. Ella fungía como periodista y encuadernaba la informacion que recopilaba para despues distribuirla. Era una activista anti-guerra y le prometió a Nabi que toda aquella pesadilla terminaría pronto, que ella trabajaba arduamente por devolverle las ilusiones.


Al poco tiempo de que su mamá le confesara aquello, ocurrió lo inevitable. Nubi fue descubierta, la mayoría de los muros fueron tapados con pintura blanca y otros simplemente fueron derrumbados. Al poco tiempo la madre de Nubi tambien fue descubierta y encarcelada. Nadie supo nada más acerca de ella. Y en cuanto a Nubi, tuvo una despedida llena de flores, cartas y muchas, muchas lágrimas.


Tomó un montón de globos que había cerca del muro y se elevó. Se reencontró con Pink en un lugar rosa, había graffiti por todo el lugar y lo más emocionante fue que pudo llevarse su bicicleta rosa. Pink le dijo: "sigue igual de guapa" y rieron a carcajadas.

Letrinas: El ángel guardián


Por Eusebio Ruvalcaba |
Cuento

El ángel guardián

—Aquí una vez se sentó un tipo: yo —le digo a la chica al mismo tiempo que señalo el sitio en la banqueta donde alguna vez me quedé dormido.

—¿Usted cree en el presidente? —prosigue ella con la siguiente pregunta. Viste una diminuta falda tableada color verde, un chaleco guinda y una blusa blanca, casi tan blanca como ella.

—En el brandy sí, aunque no te lo recomiendo.

—Estoy preguntándole en serio, señor.

—Y yo te estoy respondiendo en serio. Creo que nunca le había respondido a nadie tan en serio. ¿Y sabes por qué? Porque a excepción de don Agustín, el dueño de este lugar, nadie me dirige la palabra, y menos para preguntarme nada. Pero sigue.

Ladro, y los perros de la casa de enfrente se asoman por el filo de la azotea. Siempre pasa lo mismo. Llevo años curándome la cruda en La Perla, un discreto barecito de la colonia Carrasco. Para más señas, atrás de la Ollín Yoliztli. Me tomo un par de tragos y luego me gusta salir a respirar aire contaminado. Entonces le ladro a los perros. Es lindo. Soy buenísimo para imitar ladridos y relinchos. Alguna vez sustituí los ladridos de un pastor alemán en una función de títeres. Los niños estaban felices. Cuando mi hijo cumplió tres años. No volví a tener otro hijo. Mi mujer se separó de mí cuando el niño se murió. De leucemia. Yo quería ir con una doctora homeópata, pero mi mujer no quiso. Tengo la estúpida sensación de que los doctores alópatas forman parte de una maquinaria criminal. Aunque ni ellos mismos se den cuenta. Porque los laboratorios son dueños de nuestro pensamiento. Nos manipulan a su antojo. Son cabrones. Prolongan las enfermedades y nos atemorizan. Mi hijo se murió y mi mujer y yo ya no pudimos hacer una vida en común. Todo empezó en una discusión que se agigantó. Y desde ese momento no hay mujer que se me acerque. Me eché una maldición encima. Mi ex y yo nos mandamos mutuamente al diablo echándolos la culpa de la muerte de Benjamín. Así se llamaba, como yo. Pero la boca se me llena cuando alguien me pregunta cómo me llamo y le digo Benjamín. Benjamín, repito, como si esa persona no me hubiera oído.

El dueño del bar me conoce. Es un hombre respetuoso y amable. Se llama Noé, don Noé, para los amigos, y siempre tiene una palabra de aliento para el derrotado, como lo soy yo. Solemos conversar de muchas cosas. Sin platicar. Es una conversación que transcurre en jirones. A él le gusta el whisky. Lo disfruta. Digo que todas las mañanas paso a echarme un par de tragos. Sin fallar un solo día. Y cuando salgo, respiro una bocanada de aire puerco. Sabe rico, a botana. Dejo que se llenen mis pulmones y ya tengo fuerzas para proseguir la jornada. Que no es muy larga. Me dedico a la venta de autos usados. Esto suena muy fastuoso, pero no hay tal. Tengo un solo automóvil que vender: el mío. Un Caribe 86. Está viejo y más o menos desmantelado, pero se defiende. Lo principal es que me lleva a todos lados. Siempre traigo una anforita de Oso Negro para sobornar a los patrulleros cuando me detienen, que es seguido. Siempre la aceptan, y cómo no. Me ven amolado con ese auto. Que me dejen ir es para mí un acto de conmiseración.

—¿Qué partido político tiene más presencia en la ciudad de México?

—Esa pregunta sólo te la puedo responder con un vodka de por medio. En la mesa, entre tú y yo. Como un ángel de la guarda que nos cuidara, como nuestro ángel guardián. ¿Te gusta la idea? A ver, ven, te invito un trago.

—No puedo…

—Ordénale a esa boquita cachonda que diga que sí…

—No me obedece…

—¿Ya ves?, eso es un sí. Ven, vamos al bar. Nos echamos un traguito y te respondo lo que quieras…

La tomo de la mano y no hace el menor esfuerzo por soltarse. Soy malo para calcular edades, pero cuando menos le llevo treinta años. Veinte de este lado y cincuenta del otro, se ve bien. Es una combinación prodigiosa, aún más que el invento de la rueda.

—Siempre no —dice, se suelta de mi mano y se dirige hacia la salida.

—¡Espera! —le grito. Pero no se detiene. Se encamina con paso firme hacia la fuente de luz que proviene desde la calle.

—Se le fue la palomita —acota de pronto don Noé.

—Pues sí, pero atrás de ella vendrá otra. Y otra. Y otra. Sírvame otro vodka, por favor. Que las penas con pan son menos.

Me siento en mi mesa favorita. Me gusta la que está junto al baño de las mujeres. Porque las veo entrar y salir. Y es un gusto para la vista y el olor. Don Noé me trae mi vodka, y lo bebo a la salud de la chica sin nombre. ¿A quién estará aplicándole la encuesta en este momento? Por cierto, el ángel guardián es ella.
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Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951, Eusebio Ruvalcaba se ha dedicado a escuchar música. Cabal y rotundamente. Pese a que ha publicado ciertos títulos (Un hilito de sangre, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota, El frágil latido del corazón de un hombre…), pese a que se gana la vida coordinando talleres de creación literaria y escribiendo en diarios y revistas, él dice que vino al mundo a escuchar música. Y a hablar sobre música. Y a escribir sobre música.

Mad Max: Fury Road. El futuro presente.

 Cinetiketas | Por Jaime López Blanco |

          
A tres décadas y media de que se estrenó “Mad Max” (1979), aquella apocalíptica cinta de acción que catapultó a la fama al actor Mel Gibson,  George Miller  (escritor, productor y director australiano) estrena un nuevo capítulo cinematográfico relacionado con la misma, en el cual revitaliza al ex policía y “demente” antihéroe que recorre, en su peculiar vehículo y sin rumbo fijo, los kilómetros de un mundo paralizado entre la miseria y la esquizofrenia así como la escasez de petróleo, agua y buenos modales.

Pero Miller no sólo da nuevos bríos a los pistones, rugidos y peleas de su exitosa franquicia relacionada con el Loco Max, sino que reconstruye el cine de acción puro, ese que recurre a los efectos especiales hechos a la antigüita y con una extensa nómina de stunts en su crew. El resultado es una de las mejores películas veraniegas del año y, muy probablemente, una de las mejores de varios veranos recientes.

A muchos les podría parecer una simple y obvia película de persecución entre buenos y malos, pero el argumento es tan brillante, reflejo de un libreto concienzudo y bien armado, que en un abrir y cerrar de ojos, sin pretensiones, de manera ingeniosa, se critica a varios de los cánceres políticos y socioeconómicos que están mermando  nuestro mundo; cánceres derivados de la ambición y locura del ser humano, un ser adicto al oro negro y ensimismado en hacer inferior a su semejante. Esto último conlleva a pagar una de las deudas de la anterior trilogía de Miller: la de feminizar la batalla por la supervivencia en un apocalipsis cercano. La mujer se encumbra como la mejor utopía y rostro cálido de un nuevo alfa.


 
También queda clara la postura de Miller ante la frenética y cruel división de clases que se encuentran descarnadamente en el universo que él mismo ha planteado, lo cual es un símbolo o una alegoría de un futuro presente fragmentado, el cual no se puede negar,  no obstante estar en plena era de la digitalización y, en consecuencia, de la supuesta globalización de la comunicación integral e inmediata. 


Las máquinas y el petróleo son los que realmente han gobernado al ser humano, y no al revés, lo que ha provocado la automatización y desteñimiento de la esencia humana. Pero no todo está perdido. Miller propone un nuevo tipo de éxodo: el de ir, o más bien regresar, por lo que siempre nos ha pertenecido. 

         
“Mad Max: Fury Road” es una cinta que eleva los parámetros para las películas de acción o héroes; más para aquellas que únicamente acuden, de manera cansina en muchas ocasiones, a los constantes efectos digitales con el objeto de mantener a la audiencia entretenida, porque el largometraje futurista de Miller casi no hace uso de ellos, ni los necesita, para plasmar una historia emocionante, intensa, espectacular y profundamente oscura. Lejos de las constantes persecuciones y el trastornado ritmo de las mismas, se percibe un eco de desesperanza y melancolía en el relato del realizador australiano.

El grandilocuente diseño de producción, la orgásmica edición, el fastuoso manejo del encuadre, los delirantes vestuarios y maquillajes, junto con la actuación poderosísima de Charlize Theron (como la fuerte protagonista femenina Emperadora Furiosa), logran acentuar el penetrante discurso audiovisual de George Miller, ese en donde se trata de recuperar la humanización de un mundo objetivizado, heteropatriarcado y poseedor de una juventud enajenada por los falsos profetas.


 Los puntos que debilitan la historia de Miller, que evitan entregar una historia casi perfecta, quedándose cerca de un equilibrio ideal entre forma y fondo, son algunos clichés en los que cae el argumento  como los del villano imbatible o los secuaces deformados. Para los fanáticos de la saga, el punto más criticable seguramente será el pobre desarrollo que le otorgan al personaje central, Max, quien en la interpretación del actor británico Tom Hardy encuentra un convincente guerrero trastornado de las carreteras, pero maniatado por sus escasos diálogos y su restringida transformación emocional.


Sin embargo, Mad Max suele ser así y Miller consigue desbordar la pantalla con una caótica, pesimista y violenta arenga que establece cátedra entre los blockbusters cinematográficos, no tanto por sus detonaciones gráficas, sino por su explosiva narrativa alegórica. Las olas de arena se elevan, los seres que habitan el planeta han transmutado y la eterna soledad de un hombre dañado, la cual refleja nuestros más nauseabundos e intempestivos sueños erosionados, se hace brutalmente presente. 

Una distopía que causa un tremendo shock. Una brutal sacudida para por fin terminar con la demencia de considerar normal este podrido mundo nuestro.      

Círculo de Lectura: Larga mirada a través del espejo

 Círculo de Lectura | Por Hugo César Moreno Hernández |


Carrancá, Víctor Roberto. El espejo del solitario. México, Ficticia, 2014


En el atribulado mundo de los viajes las dimensiones pueden perder consistencia, las profundidades volumen y las alturas presencia. Todo depende de la agencia de viajes. Las ofertas son profusas y las experiencias se hacen las perdidizas, escamoteando postales y plasmando itinerarios con cicatrices. El espejo del Solitario es la agencia de viajes en boga sobre mi buró. No duró mucho tiempo ahí, se me escapó entre la almohada, a veces se coló al baño y me llevó sobre ruedas y a todas horas o durante los minutos de viaje al espacio interior compré varios boletos de desazón y dos o tres de carcajadas y cuando una mueca de y eso qué es o para dónde va se atravesaba por los aires o asustaba cardúmenes de ceveretas, la experiencia tornaba en algo más que turismo para dejarme advertir la oferta certera de una letra fantástica sin mayor presunción que la soberbia de un lector asiduo incapaz de escapar de sus demonios y luego malnacido por hacerlos arrastrarse fuera de sus ojos hacia los míos para fabricarme un viaje sin fin hasta el final de un cuento corto u otro enloquecido en su geografía, en su historia, en sus referentes culturales, mezclando letra pop con religión y estilos musicales sagrados burlándose de jurados y judicaturas, riéndose cruelmente de profesiones tan loables como el malabarismo insuflándole un tufo amarillento de intelectualidad.


En realidad, la culpa es del agente, Víctor Roberto Carrancá, soñador y solitario como José. Presume de una técnica de mercado inusitada: mapeo mental onírico sobre los bordes de deseos inconclusos creyéndose una especie de Miguel de Cervantes Freud tejiendo novelitas rosas sobre el bajo mundo gay inglés del siglo perdido en una noche de verano. Me llamó la atención su postura docta reclinada sobre un radio de bulbos intentando sintonizar un viejo juego de beisbol con Babe Ruth al bate y, según él, traduciendo tradiciones y traiciones de continentes próximos a la extinción y Enogeas antiguas sobrepuesta a la crítica literaria soltada por personajes precisos entre mensajes y loas filtrados por lo bajo de la narración del partido beisbolero. Sí, me llamó la atención. Lo juzgué excéntrico, no loco. Fue cuando se colocó el gorro de Santa Claus que dudé de mi propia cordura ¿Qué hacía ahí, aún convencido de llevarme todos los viajes? Me avergüenza un poco confesarlo, pero en fin, qué más da si la isla sobre la que requemaba mis carnes ha extraviado altitud y latitud y mi GPS no forula más. Me convencieron los intestinos anudados torpemente alrededor de su cuello, imitando una bufanda. Esto será gore, me dije.


Sí y no, no y sí, no importa, nada se excluye y nada se incluye, el tiempo, el espacio, las dimensiones, “x”, “y” y “z” y vuelta a empezar el abecedario para sobreponer suspensos e inventar terrores. Porque sí, tantos viajes entrometidos han sido divertidos, algunos son como inmersiones por niveles, llegas al primer nivel, el más superficial, el plano te regala un horizonte donde el sol gira con coherencia, pero luego, al dar un paso o saltar una línea o pasar de página transitas a un nivel más profundo donde el horizonte está espejeado y el corazón late del lado derecho, donde la sístole es diástole y la diástole sístole y los zopilotes gorriones y los perros autores (bueno, quizá eso no esté tan loco) y apenas te vas acoplando a la nueva física tropiezas con otra incepción que no revoca los principios anteriores, sino que suma disyunciones y desvaríos, cuando estás a punto de salir a flote te hunde una vieja raza para retornar al principio. Sientes haber cerrado un círculo, te pones todo inteligente y con ganas de convertirte en guía de viajeros, supones poder enriquecerte con las trampas instaladas en cada pasaje y caminas horondo, sonriendo y zaz, otro nivel de percepción donde todo se mezcla para dejarse ver con claridad espantosa. No sé cuántos niveles descubrí en los viajes en El espejo del solitario, sólo estoy seguro de que el enloquecido agente de viajes Víctor Roberto Carrancá diseño los itinerarios con saña, para atrapar público entre las redes fantásticas de seres imperfectos o sólidamente construidos por demoniacas fuerzas expelidas desde el fragor de las pesadillas del agente malvado. Y si preguntan, oye, qué tal tu viaje, diré: lo recomiendo si llegas al final de los niveles, porque si te pierdes entre ser y no ser combinando tiempo y espacio es muy probable que seas una quimera abandonada por el visitante anterior.



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Hugo César Moreno Hernández (Ciudad de México, 1978). En 2003, con el Grupo Cultural Netamorfosis fundó la Revista Cultural Independiente El Chiquihuite. Ha publicado los libros Cuentos para acortar la esperanza (Netamorfosis, 2006); Cuentos porno para apornar la semana (2007, FETA-Conaculta); Cuentos cortos para acortar el domingo (2008, Cofradía de Coyotes-Netamorfosis) y Enseres de supervivencia (2011, Cofradía de Coyotes-Netamorfosis); el libro infantil Así aprendió a volar José (2009, Cofradía de Coyotes-IMC). Aparece en las antologías Abrevadero de dinosaurios, Ardiente coyotera, Perros melancólicos, El infierno es una caricia y Coyotes sin corazón. Fue becario del FOCAEM durante 2009 y actualmente imparte el taller de Poesía y Narrativa en el Faro de Indios Verdes.

'Inception' y su vibrante banda sonora

 Venga y le cuento | Por Tuto Flórez | 


La película 'Inception' (titulada Origen en España y El Origen en Hispanoamérica) del director Christopher Nolan, estrenada en el año 2010; cuya musicalización corrió a cargo del compositor de bandas sonoras cinematográficas Hans Florian Zimmer; supone no solo un excelente coctel visual y argumentativo, sino que es ante todo una verdadera pieza maestra de entretenimiento en el sentido en que se sitúa entre lo cerebral y lo misterioso, transporta a la audiencia hacia diversos niveles de interpretación, donde los más superficial es la acción mezclada con el argumento de línea base, que es el espionaje corporativo desde un punto de vista de intromisión psíquica. Indudablemente y de forma a análoga a como se describen los diversos sustratos de los sueños en el película, así también cada uno de los niveles o lecturas posibles que surgen de esta película, permiten identificar que la línea de acción, escenas de combates y persecuciones y demás no solo corresponden a un nivel primario o de capa externa sino que se entreteje muy bien con los niveles de sueño en los que se adentra el equipo de trabajo dentro de la película una vez se desarrolla la trama principal, para dar vida a toda la historia. 

La película resulta  entretenida y además, hasta cierto punto compleja debido a la forma en la que el guionista y el director logran hilar cada momento y conjugarlos con los efectos de sonido a la par con la excelente banda sonora orquestada por Hans Florian Zimmer. Cabe anotar que la película pese a ser una producción comercial, fue nominada a numerosos premios, debido sobre todo a su calidad técnica, su ejecución, la composición musical y el argumento de la película como tal. 

Obtuvo 4 premios Óscar por Mejor Fotografía, Mejor Mezcla de Sonido, Mejor Edición de Sonido y Mejores Efectos Visuales. Logró tres premios BAFTA por el Mejor Diseño de Producción, Mejor Sonido y Mejores Efectos Especiales. También obtuvo nominaciones tanto en los Óscar (Mejor Banda Sonora, Mejor Guión Original y Mejor Dirección Artística), como en los Globos de Oro y los Premios BAFTA, destacando en los tres premios las categorías de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Banda Sonora y Mejor Guión[1].


La película puede y debe ser catalogada indiscutiblemente y de acuerdo a la crítica de cine especializada, dentro del género de ciencia ficción, no obstante cuenta con muy buenos recursos teóricos y de exploraciones meta científicas, en torno a la naturaleza de la conciencia, los estados oníricos, la psicología junguiana y el propio psicoanálisis, así como se sirve de la literatura fantástica o de anticipación. La relevancia del género descansa en un hecho fundamental, la película en su conjunto inocula una idea en la mente del espectador, al igual que dentro de la misma película los personajes se encargan de implantar ideas. A saber la relevancia del genero de ciencia ficción, como una forma narrativa para contar algo que no puede ser dicho de otra forma, hace que el espectador promedio se cuestione aunque sea de forma superficial, en torno a la naturaleza de la realidad y de los sueños, con lo cual surge la pregunta (implantada) ¿y si todo esto no es más que un sueño, como saber que es real?

Ahora bien, en cuanto al refuerzo musical se debe reseñar en primer término que; Las ideas son peligrosas, pero la idea de poner nuevamente juntos al director Christopher Nolan y al compositor Hans Zimmer es, vale la pena decirlo, un billete ganador a la genialidad; pues con la visión de Nolan y la música de Zimmer, ¿acaso puede ser otra cosa que un éxito sensacional?

En algunas de sus declaraciones, Christopher Nolan señalaba dos cosas que realmente se evidencian cuando se escucha la BSO que Hans Zimmer ha creado para Inception. Primero, Nolan remarca lo importante que es la banda sonora para la película y determinar ese punto onírico que la define de principio a fin, y lo es; la segunda, que Hans Zimmer es “uno de los talentos esenciales de la industria para trabajar en música cinematográfica”. Inception (Origen) es sinuosa, una película de ensueño sobre los sueños, y Nolan buscaba una partitura que pudiera atraer al espectador, ayudándolo a través de la confusión de los sueños que la habitan y que, adrede, propone. Apasionante, misteriosa y aciaga como todo lo que se escapa a nuestra comprensión, como se muestra en “09. Dream Within a Dream[2]  

En este orden de ideas y tras la pequeña digresión, es pertinente señalar que a efectos expositivos se han seleccionado tres escenas que a mi entender son nucleares, en cuanto al desarrollo de la trama y que son perfectamente, complementados por la musicalización, donde el contenido musical ya no solo juega un papel de respaldo o meramente incidental, sino que más bien y ante todo viene a reforzar a través de una suerte de barrido emocional, las características, pensamientos, expresiones y secuencias desarrolladas por los diferentes personajes en diferentes momentos narrativos.  Estas escenas son:
. La escena del suicidio de la esposa del protagonista hacia el minuto 81.
. El ataque en el pasillo de hotel que se desarrolla en el nivel dos de sueño entre el personaje de Arthur y uno de los guardias, donde demás se ve la camioneta rodando, en el minuto 98.
. Y finalmente la escena del minuto 131, en la que Robert Fischer, el blanco de la implantación, descubre el contenido de la caja fuerte que le ha legado su padre.
Respecto a la visión del autor sobre la película y cómo influye la banda sonora, que es construida por un solo individuo, se debe acotar que la; banda sonora de Zimmer es, a veces, muy abstracta, con temas musicales fuertes y contundentes, vibrantes y metálicos, una música casi robótica y amenazadora como lo es la cadencia de la película. Pero en temas como "08. One Simple Idea" y "05. Old Souls", escuchamos como se atenúa su intensidad. Los filmes de Nolan se basan en personajes problemáticos, con defectos, pero también son, sin embargo, tristes y humildes, y eso es lo que la parte más dulce de la partitura de Zimmer proporciona. Temas con ritmos sencillos, algunos terribles y otros donde reluce un amago de esperanza, comprometido por la desesperación[3].




[1] Iván Martínez de Miguel (11 de enero de 2011). «Top ten de los taquillazos más vistos en 2010». La Huella Digital.
[2] BANDA SONORA (BSO) ORIGEN (INCEPTION). HANS ZIMMER. Disponible en: http://www.tomacine.com/index.php/features/item/93-banda-sonora-bso-origen-inception-hans-zimmer consulta realizada el 24 de mayo del 2015.
[3] BANDA SONORA (BSO) ORIGEN (INCEPTION). HANS ZIMMER. Disponible en: http://www.tomacine.com/index.php/features/item/93-banda-sonora-bso-origen-inception-hans-zimmer consulta realizada el 24 de mayo del 2015.

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El autor: Tuto Flórez, nacido en el departamento de Santander, en la caótica y convulsionada, pero hermosa tierra del suramericano país llamado Colombia. Melómano consumado, amante del rock, de la música hecha con sentido, sobre todo de los años noventa y la cultura underground. Cinéfilo por convicción. Crecí entre los textos, de Henry Miller, Charles Bukowski, Allan Stewart Königsberg más conocido como Woody Allen, H. P: Lovecraft y Allen Ginsberg. @tuto201333

Letrinas: El hombre sentado se llama igual que tú

 Por Carlos Noyola | 



El hombre sentado en la banca no quiere ir a algún lado. Esta ahí porque tiene tiempo. Se resiste a seguir la inercia de los que caminan suplicándole que se una; una sinergia misteriosa de la que logró escapar. Se pregunta qué pasará cuando todos se vayan, cuando las ideas se acaben. Entonces las sillas del vacío podrán probar ser estatuas. Persiste la sensación de que todo sucede allá mientras él se sienta, mover los dados al oído ya no resulta agradable. No quiere ser engullido por las fauces purasangre, pero no es un hedonista. Lo que pasa es que hay ciertas cosas que llegan a un punto en el que ya no son controlables, jugar a pintar el himno rilkeano es una de ellas. A final de cuentas, ¿cómo atraer las transformaciones de la soledad si no es mediante otras soledades? Caminar por un sendero y el otro es lo mismo, siempre que la evolución no vaya a la inversa. Él encontró el punto de flexión en un árbol, escalando para brincar al mismo lado.


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Carlos Noyola nació en la Ciudad de México en el 96. Sus poemas han aparecido en publicaciones como Letras Explícitas, Nomastique y el Periódico de Poesía de la UNAM.  Escribe regularmente para El Inconformista Digital y The insighters. Su primer libro, Costumbres correctas, fue publicado por Texere Editores en 2014. Actualmente vive en Estados Unidos.



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