Manifiesto de la tradición y la trascendencia


Por René Padilla Quiroz



Nuestro mundo ha caído en un exceso de comunicación; los medios, la información, la digitalización, han desconectado al ser humano de su realidad en la naturaleza y nos ha desconectado los unos de los otros. 

El parecer ser, impera por encima del ser; las apariencias alimentadas por la industria mercantil, generan necesidades esclavizantes que, promoviendo el ser único a través de su consumo, consiguen la estandarización de los humanos en una réplica exacta del maniquí en el escaparate… en el póster de película o en la cancha deportiva. 

Un consumo desmedido y superficial que no permite la satisfacción de necesidad alguna, al contrario, genera una mayor necesidad. La droga es el consumir lo que se nos diga que necesitamos consumir. 

Cada vez más, los productos salen de lo material; su carga simbólica y representacional opaca su valor de uso, su utilidad o la posibilidad de un verdadero crecimiento o de la verdadera mejora tangible en alguna habilidad o capacidad humana real. La realidad se vive a través de filtros electrónicos que nos desconectan de lo natural y aún más preocupante, el uno del otro. 

La desensibilización ante la violencia y ante la desigualdad, consiguen que las diferencias se conviertan en abismos, alineándonos cada vez más a la desconexión con la realidad los unos con los otros mientras que al mismo tiempo e irónicamente, nos convertimos en la copia el uno del otro. 


Por eso necesitamos: 

1.- Un arte que reconozca la época en la que se está desarrollando, abrazando los avances de la tecnología digital de la que se encuentra rodeado, sin olvidar las enseñanzas de una infancia vivida sin dicha tecnología. 

2.- Necesitamos un arte que no sólo muestre el desequilibrio y la injustica, sino que también actúe para revertirlo. 

3.- Que busque despertar a los espectadores del letargo y que interpele a conectarse los unos con los otros. La promoción de la empatía como el valor que lleve a superar la insensibilidad imperante en una sociedad movida por el consumo sin conciencia. 

4.- Un arte que busque que las diferencias de muchos, sean el patrimonio de todos. 

5.- Un arte que se convierta en el vehículo que transmita las voces de aquellos que han tenido problemas en ser escuchados; que busque la manera de que dicha comunicación, pueda realizarse en sus propios términos y que nosotros debemos aprender. Visitar comunidades con la actitud de aprender, no de enseñar; de apreciar no de descubrir. 

6.- Un arte que reconozca la importancia del arte popular como reflejo de las creencias de una sociedad y las observe sin una postura exotizante, sino que se integre en ellas por medio de la identificación de elementos comunes. 

7.- Un arte que infecte los modos de producción y los procesos mercantiles, promoviendo un consumo pensado, respaldado por una historia que permita al consumidor conocer lo que está comiendo/bebiendo/vistiendo, convirtiendo dicho consumo en una experiencia de mayor profundidad que le aporte más que el simple consumo en sí. 

8.-Un arte que, a través del conocer la historia de alguien más, permita reconocerte en él, su potencial y el tuyo. 

9.-Un arte que se niegue a representar el mole de lata y asista a capturar el proceso de preparación del mole en la sierra. 

10.- Un arte antiguerra, que ataque a la sociedad que promueve dicha guerra, que ataque el consumo indiscriminado y promueva el consumo pensado, autosustentable y consciente. 

Por un arte por la naturaleza y la humanidad (en ese orden); por la empatía y la conexión con el otro; por un arte que inunde los anaqueles de las tiendas con historias



¡QUE VIVA EL MOLE DIGITAL! * 



*Preparado de forma tradicional












































Expectativa vs. Realidad: el caso de ‘Las Chicas del Cable’



Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |


Madrid. Años veinte. Flappers. Jazz. Cuatro elementos que hacían de ‘Las Chicas del Cable’ algo demasiado atractivo para ser verdad. Desde que me enteré sobre la primera serie de Netflix en España, obviamente la impaciencia fue desbordante; fue un gran reconforte averiguar quiénes actuarían en ella y la casa productora que tiene de respaldo (BAMBÚ Producciones). Pues déjenme contarles que hace apenas unas semanas terminé por fin de ver la serie y, para no cambiar mucho las cosas en mi vida, la incesable guerra entre la expectativa y la realidad me dejó con un raro –por no decir mal- sabor de boca. Hay varias opciones: si quieren ver la serie y les importan los spoilers, no sigan leyendo; si ya vieron la serie y les gustó, los invito a que continúen leyendo para que puedan hacerse una opinión un poquito más neutral; si les vale madres cualquier opción y si ven la serie o no, pues adelante… sigan leyendo mi reseña.

Empiezo con el primer elemento que mencioné en el párrafo anterior: Madrid. Los que me conocen saben lo mucho que me enamoré de esta ciudad española y mis ganas exorbitantes de querer regresar y vivir ahí por un tiempito (ay ajaaa). Sé lo costoso que es grabar en locaciones al aire libre y por lo tanto, prácticamente toda la escenografía de la serie está hecha en sets de grabación, muy bien ambientados por cierto; toda la decoración es muy a la art deco, típica de la época donde se desarrolla la trama, sin perder uno que otro toque clásico. Los pocos edificios que vemos, como por ejemplo el de ‘Telefónica’ –la compañía de teléfonos donde precisamente trabajan las chicas- son una clara muestra arquitectónica madrileña de inicios del Siglo XX y por lo tanto, podemos ‘ver’ o imaginarnos cómo fueron los primeros años de vida de la Gran Vía. Por esa parte, bien… pero mínimo hubieran grabado un paseíto por El Retiro ¿no creen? Ahora, por otro lado, las historias de las chicas pueblerinas que llegan a la gran capital y lo rápido que tienen que acostumbrarse a su agitada y violenta cotidianidad, no dejan de ser bastaaaante trilladas. Además, déjenme decirles que era una excentricidad ser una mujer de pueblo y saber leer y escribir en pleno 1928, así que… eso no se siente tan real, históricamente hablando.

Lo segundo: Años Veinte. El desarrollo tecnológico de los roaring twenties se ve plasmado en uno de los hilos conductores de la serie: el uso de la telefonía, aunque me parece que pudieron haberle sacado muchísimo más jugo a esta parte; ok sí, el espionaje previo a la República del ’31 o el famoso ‘Rotary’ pero, hasta ahí… ni profundizan en ello ni nada y se siente como si la invención de dicho sistema automático de comunicaciones, hubiera sido creado y fabricado de un día para otro. Nos pudieron presentar mucho más la historia del teléfono en sí, este invento tan, tan revolucionario y su verdadero impacto en una sociedad como la de Madrid, demasiado exclusiva y ajena para el resto de los españoles; pudieron haberlo contado a través de la familiaridad de Lidia/Alba, Carlota, Ángeles y Marga (o sea, las ‘chicas del cable’) con el manejo de este novedoso aparato porque, tenían horas de ser admitidas en la centralita y ya eran todas unas operadoras expertas. Bitch please!

Número tres: Flappers. Uno de los pocos temas que verdaderamente me apasiona son las flappers y por lo tanto, siento que el esfuerzo por plasmar esta filosofía flappera feminista en la serie, igual se quedó un poco corta. Vamos por partes: si bien la revolución feminista de la década de los años 20 se vio reflejada en aspectos mundanos y otros no tan mundanos, creo que las historias de las chicas o dejan mucho que desear y permanecen en los lugares comunes de siempre, o exageran demasiado. Algunos aspectos que sí veo positivos son: reflejar el despertar de la mujer por querer trabajar, no nada más por necesidad, sino verdaderamente por gusto; las pequeñas o grandes libertades que representaban el salir sola a la calle por las noches, maquillarse, ‘vivir’ sola, tener una pareja, estar a solas con él, revelarse ante una familia estricta y con valores considerados antiguos, reflexionar y combatir las injusticias y desigualdades de género, y por último, dejarnos bien en claro que los problemas de hace 89 años, siguen tan vigentes hoy en día que es ridículamente desafortunado y desalentador. 

Ahora vienen los aspectos negativos: si bien la intención de la serie es proponernos a cuatro protagonistas femeninas y compartirnos sus problemas personales y profesionales, en ocasiones se pierde totalmente la relación entre ellas y parece increíble que lleguen a ‘quererse’ tanto y a convertirse en incondicionales cuando claramente ni se conocen ni nada; no hay diálogos o escenas que verdaderamente valgan la pena para resaltar esa amistad tan inesperada y tan estrecha… Otra cosa: sabemos que hubo un despertar sexual muy fuerte y significativo en la época de los años veinte, pero de verdad pongo en tela de juicio que pudieras andar por la vida teniendo tríos con tus compañeros de trabajo, por muy open mind que fueran todas las partes involucradas; dudo que un hombre de clase media, español, con una profesión y un trabajo moderno y bien pagado, estuviera de acuerdo con la bisexualidad de su novia. Sorry!

Y por último: el Jazz. Exactamente… ¿cuál jazz? Me quedé esperando a mi querido jazz y éste JAMÁS llegó. Por lo que he leído, de lo más criticado de la serie ha sido precisamente eso, el soundtrack. Entiendo, respeto e incluso admiro el que hayan querido proponer un leitmotiv súper moderno como parte de la misma reinterpretación de los guionistas a esta maravillosa Era del Jazz, una propuesta que (siento) medio le copiaron al buen Baz Luhrmann y a su versión de ‘The Great Gatsby’ del 2013. Pero no sé… no sé qué tanto estoy de acuerdo con ello; me es difícil ver a flappers y sheiks españoles bailando al ritmo de una canción indie electrónica gringa cuando bien pudieron haber explotado al jazz únicamente con matices diferentes.   
 
Toda la ambientación, desde los deslumbrantes vestuarios, hasta la fotografía, son aspectos que me encantaron de la serie; las chicas, a pesar de vivir en la misma época, logran perfectamente retratar sus personalidades a través de su estilo, de sus modismos, de su tono de voz, etc. Lo mismo para los hombres… qué chulada es ver a Yon González o a los hoyuelos coquetos de Martiño Rivasen serio.

Obviamente Netflix España quiso apostar por una fórmula segura y que gusta mucho a distintos públicos de Latinoamérica: las historias de época, y vaya que ‘BAMBÚ Producciones’ ha acertado de manera muy exitosa con series como ‘Gran Hotel’ y ‘Velvet’. En los últimos dos años, he podido ver muchas series españolas buenísimas, entre las que destaco ‘Isabel’  y las dos anteriores que mencioné; he concluido que talento español, sí hay y mucho. Hay guionistas, directores, productores y actores excelentes y, con base a mi experiencia como espectadora, ‘Las Chicas del Cable’ tenía mucha más tela de dónde cortar y desafortunadamente apostaron únicamente por los lugares comunes, la clásica historia de amor obsesivo sin mucho sentido, llena de intrigas y celos clásicos y re dramáticos. Por ahí leí en un blog español que decía “¿realmente necesitamos una segunda y tercera temporada de ‘Las Chicas del Cable’?”… pues como ando de misericordiosa, le doy un sí a la segunda temporada (que actualmente están filmando) pero, a una tercera… quién sabe. Tendremos que esperar a diciembre para ver si hicieron caso omiso a las críticas o si de verdad se pusieron a chambear y a sacar historias mucho más reales e interesantes.





La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!

Letrinas: Olvido



Los blancos pensamientos de las luces | Por Gabriela Jackman Bolaños |


Olvido



Me olvidé de amar, porque no puedo soportar la propia levedad que llevo dentro, y que mi voz impide divulgar.

Me olvidé de vivir, porque no tiene sentido haber creído cuando ya no importa más.

Me olvidé de soñar, porque si lo hago es un castigo peor que la misma muerte.

Me olvidé de mí, porque estar en este mundo, es lo mismo que un ángel sin alas o un pez sin agua.

Me olvidé de hablar, porque sólo son palabras arrastradas por el viento, murmullos que no entiendo y cada día hieren más.

Me olvidé de sonreír, porque no sirve sin que yo esté bien, sin que sea yo y me pregunte ¿Quién soy? 

Me olvidé de la felicidad, porque la alegría acabada, se encuentra amarrada, en un sitio donde a la gente reír no le hace gracia.



Me olvidé de todo, porque es mejor estar sola, donde nadie me hace daño en el inmenso mar de lo olvidado, donde soy una sombra en un lugar gris y desolado.

Sarah Vaughan: sí… otra reina del jazz



Call me old fashioned… please! | Por Mónica Castro Lara |


Si no hubiera sido por la diabetes, por ambas piernas amputadas y por literalmente haberse ‘fumado’ la vida, mi adorada Ella Fitzgerald probablemente hubiera cumplido 100 años el pasado 25 de abril pero, la vida no puede estar llena de ‘hubieras’ y cien años es una edad demasiado longeva. El chiste es que hubo varios especiales y conciertos dedicados a esta legendaria y maravillosa artista y me dio un enorme gusto saber que hay muchas personas a las que les gusta escuchar a Ella y reconocer sus aportes al jazz. Luego me puse a pensar que ya escribí sobre ella aquí en Sputnik (muy escuetamente, por cierto) y también sobre Billie Holiday pero, me falta ponerle corona a otra reina del jazz, del soul, pionera del bebop y poseedora de una voz demasiado buena para ser ignorada: Sarah ‘Sassy’ Vaughan. Así que como dirían por ahí, más vale tarde que nunca…



Ya tiene rato que mi ahora oficial cuñado Hugo me regaló un CD de éxitos de la Vaughan y la primer canción que de inmediato captó mi completa atención, fue ‘I've Got a Crush on You’ que tramposamente estoy escuchando y disfrutando en este preciso momento. Qué hermosura de voz, en serio… realmente te hace… sentir. Creo que nunca me había inclinado tanto a escuchar por largas horas a Sarah porque muchas de sus canciones, son también interpretadas por sus colegas contemporáneas y siempre me había ‘casado’ con una u otra versión, pero Sarah me ha demostrado rápidamente que no importa las incontables veces que has escuchado una sola canción, sino las muchas o pocas aportaciones que determinado artista le haga por más similares que puedan llegar a ser.

Como simple paréntesis, cuando me preguntan cuál es la diferencia más notoria entre Ella y Sarah, en realidad no sé muy bien qué contestar… ambas voces son dulces, melodiosas, con excelente dicción, con una potencia incomparable, con el claro don de la improvisación e instantáneamente se adueñan de la canción que sea. Aparte, no sé NA-DA de tecnicismos musicales, así que en vez de compararlas o escoger a una sobre la otra, les propongo que amemos su talento por separado.



Pues bien, Sarah Lois Vaughan nació el 27 de marzo de 1924 en Newark, New Jersey y tuvo una infancia relativamente tranquila; así como otros artistas, su inquietud por la música comienza en la iglesia, cuando en vez de sentarse al lado de su mamá, corría a sentarse junto a la organista. De ahí, vienen clases de piano particulares y puestas en escena en la escuela y en reuniones familiares. Si bien el piano era su aliado, Sarah tenía muchísima inquietud por el canto y cuando abrió la boca, su madre se dio cuenta del enorme talento que tenía su hija, al grado de apoyarla muy a pesar de la negación de su marido a hacerlo.

Mientras sus padres se peleaban por darle cierta libertad o no en la música, Sarah se escapaba para trabajar ilegalmente en bares y clubes nocturnos ya que sólo tenía 15 tiernos añitos; abandona la escuela y cuatro años más tarde, en el mismo ‘Apollo Theater’ donde fue descubierta Fitzgerald, Sarah gana el concurso ‘Amateur Night Concert’ interpretando la canción ‘Body and Soul’. Su premio fue de tan sólo 10 dolaritos, pero en realidad ganaría mucho más que un simple billete. Según contó el mismo Billy Eckstine, la vio por puuuura casualidad en el concurso y de inmediato se sacó de onda porque, como bien dicen todos los magnates musicales (o por lo menos los de buen oído musical), 'nunca había escuchado algo parecido'. Luego luego la jala para formar parte la orquesta de Earl Hines donde él mismo trabajaba y en donde tocaron leyendas como Dizzy Gillespie, Charlie Parker y Bennie Green. ¿Se imaginan eso? ¡¿Realmente se imaginan lo legendario de eso?! Me parece hasta bizarro que todos estos artistas hayan convivido en un periodo de tiempo y que en realidad, no tenían ni idea del tremendo legado que dejarían en el jazz y en la música en general. Sarah era uno más de los chicos y su personalidad tan extrovertida la hizo pasar rápidamente del piano al 'center stage' y darle cara y voz a la big band orquestra de Hines, por eso su apodo 'Sassy'. En 1943, Eckstine se va de la banda para formar la suya y nuevamente se jala a Sarah, a Gillespie y a Parker; pasó poco tiempo para que se les uniera más talento desbordante como Miles Davis, Art Blakey y Dexter Gordon. Pff… ¡qué awesome suena eso! ‘Sass’ era capaz de entender al jazz moderno, de aplicar nuevas armonías, así que por supuesto fue una magnífica revolucionaria.



Acá entre nos, admiro mucho a ‘Sass’ porque supo ser LA cantante muy por encima de sólo ser la mujer entre una banda de hombres; supo ser y darle voz a una minoría que tambaleaba entre una guerra civil y una guerra mundial. Luego de un año, deja la banda de Eckstine –sin rencores ni peleas- para hacer una carrera como solista; es en este periodo que Sarah se refugia bajo el brazo de la Columbia Records e incluso cambia completamente de look: le enderezan los dientes, la hacen bajar de peso, le ponen más cabello y la meten en ceñidos y brillantes vestidos acompañados de las mejores pieles que la hacen ver cómo una verdadera diva. Bueno, lo que sí es que la actitud déspota que tanto caracteriza a una diva, en realidad nunca la tuvo; más que nada hablaba y era media tosca como hombre, maldecía como hombre, amaba ver el béisbol y procrastinar hasta las últimas consecuencias. Eso fue producto de su enorme don de improvisación, y cómo no tenerlo cuando fuiste colega y aprendiz de los mejores; Sarah podía parrandear toda la noche, fumar y tomar todo el día, comer como cerdo minutos antes de salir al escenario y aun así regalarle al público la mejor ‘performance’ de su vida. Entre sus canciones más populares de la época fueron ‘If You Could See Me Now’, ‘Don’t Blame Me’, ‘Everything I Have Is Yours’, ‘It’s Magic’, ‘Nature Boy’, ‘I’m In The Mood For Love’, ‘You’ve Changed’, ‘My Man’, entre otras.

A pesar de la personalidad tan desinhibida de ‘Sass’, al parecer su inseguridad en el escenario fue in crescendo a lo largo de su carrera musical; siempre fue una persona bastante reservada y que compartía cierta información de su vida personal a un círculo muy cerrado de personas. Por ello se sabe que le lastimaban las críticas musicales, dudaba de su talento y de su aspecto físico. Claro, además no ayudó de mucho que tuviera maridos que lo único que hicieron, era aprovecharse de su fama y de su dinero; el buen George Wein –un empresario musical de los buenos- siempre quiso ser su mánager pero Sarah nunca quiso porque forzosamente su novio, amante o esposo de la época, tenía que ser quien administrara su carrera. En palabras del mismo Wein: ‘… she never found the right guy’ y por eso se llega a la conclusión de que nunca logró el estrellato que anhelaba y eso la deprimió bastante los últimos años de su vida.

En realidad, Sarah nunca dejó de trabajar; a pesar de la moda y de los géneros musicales tan distintos en los 60, 70 y 80s, pudo viajar por el mundo, visitando los mejores clubes y teatros de las ciudades más importantes; tampoco tuvo una vida llena de escándalos o de dramas. Desafortunadamente, es el 1990 que muere de un cáncer de pulmón que la había estado atormentando durante casi 1 año y en donde su gente más cercana, se impactaba al ver lo deteriorada que estaba la cantante. Y vaya que estaba joven, se nos fue a la edad de 66 años.


Para finalizar, quisiera contarles que la versión de ‘Misty’ de Sarah me dejó con la piel chinita, literalmente. Si me conocen, sabrán que prácticamente la única versión de esta canción que me gusta, es la de mi buen amigo Johnny Mathis… vaya, ni siquiera la de Sinatra me agrada. Pero Sarah… Sarah me cambió la jugada y gacho; viaja de graves a agudos con una facilidad impresionante, además de aprovechar y ‘exprimir’ cada sílaba que canta. Es una joya musical imperdible, en serio. Hasta pienso que está desbancando a Johnny. Gracias ‘Sassy’ por abrirme los ojos y hacerme un poquito más flexible con mis versiones favoritas, no sólo de jazz o del GASB, sino de canciones románticas oldies en general. 



La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!
 

Paisajismo mexicano


Miguel Ángel Ramírez Martínez | Vía DINKtravelers |

Planea tu viaje a la Ciudad de México siguiendo los pasos de dos grandes pintores viajeros, y descubre escenarios únicos inmortalizados por el arte.

PINTURA DE PAISAJE EN LA CIUDAD DE MÉXICO

Actualmente la Ciudad de México ofrece distintas escalas turísticas dignas de ser conocidas sin necesidad de emprender un largo viaje. Al recorrer sus calles, visitar sus edificios y sus museos, nos damos cuenta de que siempre hay cosas nuevas para descubrir. Pero hace algunos años, antes de que la urbe alcanzara su dimensión actual y estuviera conectada por vías rápidas, sólo se podía ir a los límites y subir algunos de sus cerros emprendiendo un largo camino. Pero ese trayecto valía la pena sólo por vivir la experiencia de contemplar la Ciudad desde las alturas.

PAISAJES DE JOSÉ MARÍA VELASCO

En esta ocasión DINKtravelers quiere dar un vistazo al pasado para revivir esa sensación de dos viajeros artistas nacidos en México a finales del siglo XIX. Primero, José María Velasco, paisajista y profesor de la Academia de San Carlos, quien tomaba su lienzo, sus colores y pinceles antes de empezar un viaje que le tomaría todo el día, pasando por sitios como Tlalpan, la villa de Guadalupe y el Centro, para luego subir al cerro de Santa Isabel en busca de la mejor vista de la Ciudad para comenzar con el boceto de un nuevo cuadro. Un ejemplo es El valle de México de 1882, donde podemos observar la espectacular vista y las grandes rocas que envolvían el paisaje, unos indígenas en la parte inferior y, al fondo, algunas líneas que marcan los caminos por los que se entraba a la ciudad, así como los grandes lagos que entonces la rodeaban.

PINTURAS DE GERARDO MURILLO

En segundo lugar tenemos a Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl, quien se sintió fascinado no sólo por las panorámicas de la Ciudad, sino especialmente por sus volcanes. Enamorado del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, fue también testigo del nacimiento del Paricutín en Michoacán. El artista emprendió un viaje que lo llevó a instalarse en dicha ciudad para presenciar la actividad del volcán. Toda esta aventura la dejó retratada en múltiples dibujos y oleos que hoy podemos admirar en el Museo Nacional de Arte, en la Ciudad de México.
Dr. Atl fue también un amante de las alturas, pues le gustaba subirse a los aviones y desde ahí admirar las montañas y las ciudades que sobrevolaba dando vida a sus famosos “aeropaisajes” como el lienzo El Popocatépetl, la Malinche y el Pico de Orizaba en el que inmortalizó al gran volcán de Puebla rodeado de nubes que parecen esponjosas al tacto del viajero curioso, y en el horizonte otras dos grandes montañas que dominan el paisaje.
Así que ya lo sabes, en tu siguiente viaje a la Ciudad de México, planea tu ruta siguiendo los pasos de estos dos grandes pintores y descubre escenarios únicos inmortalizados por el arte.


Escritura de viajes


Ana Torres | Vía DINKtravelers | 


Haz tu diario de viajes siguiendo nuestros consejos y conserva tus mejores memorias para la posteridad.

CÓMO LLEVAR UN DIARIO DE VIAJES

Un diario es una estrategia ideal para conservar tus recuerdos de viaje de una forma más íntima y personalizada, ya que con la escritura ejercitas la reflexión, la imaginación y la memoria. En DINKtravelers y Sputnik somos fans de este magnífico recurso que permite a cada viajero inmortalizar su experiencia y regresar a ella cada vez que necesite nuevas motivaciones para planear una travesía.
Y, ¿cuáles son las cosas que debes tener en cuenta antes de iniciar un diario de viaje? Aquí te dejamos algunos consejos a considerar.
RECOMENDACIONES PARA UN DIARIO DE VIAJE PERFECTO

1.Un compañero distinto de viaje: La mejor manera de no olvidar tu diario de viaje durante la travesía es elegir un formato cómodo y portable, además de ponerle un nombre original y personalizarlo con los colores e imágenes que más te agraden.


2.Tu ruta de viaje: Antes de iniciar a escribir te aconsejamos decidir cuál será el orden que le darás a tu diario. Puedes elegir hacer un recuento diario o semanal de tus aventuras durante las vacaciones o, por ejemplo, si haces un tour por Europa, dedicar un capítulo distinto a cada país. También es muy bueno dividir tu narración por secciones que pueden ir desde gastronomía, museos, shopping, aventura, nuevos amigos y mucho más. Lo importante es que el diario sea tu fiel compañero y al regresar a casa su lectura te remonte de manera fiel a estos días de descanso y descubrimientos.


3.Re-conociendo tu travesía: Un tip para nutrir tus memorias de viaje en lo geográfico y cultural es incluir un mapa donde puedas marcar los sitios visitados. Te recomendamos experimentar con una simbología propia para señalar por qué decidiste visitar cada lugar y calificar tu experiencia ahí. También es muy recomendable incluir la información histórica y turística que tengas de cada sitio, para que tu diario sea la herramienta perfecta para aconsejar a otros viajeros deseosos de descubrir nuevos destinos. Incluye las “paradas obligadas”, datos sobre precios, transporte y comida.


4.Un diario artístico: La manera perfecta de evocar es mediante las imágenes. Es por eso que en tu diario te sugerimos incluir una selección fotográfica de cada lugar visitado. No te limites a explicar a dónde vas o lo que ves, emplea la fotografía para conservar los pequeños detalles; así no sólo recordarás los monumentos visitados sino también el color de las flores de aquel jardín que rodeaba tu hotel, el aspecto delicioso de la comida exótica que probaste en tu primer día o la sonrisa de aquel desconocido que te miraba mientras te maravillabas con los aparadores de las tiendas de artesanías locales.


5.¿Y a ti cómo te pareció?: Si viajas con amigos, con tu pareja o con tu familia, puedes dejar que ellos también aporten algo a tu diario con sus propias vivencias. Si así lo deseas puedes guardar un espacio específico para que compartan sus impresiones de la travesía. Estamos seguros de que al final del día contar con varias perspectivas enriquecerá la tuya y hará de esta experiencia de llevar un diario de viaje una historia común y por ello, mucho más rica.


6.La última página: Una opción interesante para cerrar tu diario de viaje es comparar tus expectativas iniciales con el final de la travesía. Nosotros te recomendamos escribir esta última reflexión cuando hayas vuelto a casa. Desempaca, descansa, organiza tus nuevos souvenirs y entonces sí, abre tu diario recórrelo hoja por hoja y revive esos momentos para entonces valorar las impresiones que te ha dejado ese tiempo vivido y cuáles son tus expectativas futuras para conocer otro país e iniciar un nuevo diario.

Letrinas: Ausencia/Esperanza


Los blancos pensamientos de las luces | Por Gabriela Jackman Bolaños |



Ausencia 


Mi perla se ha roto, sus pedazos volaron por la casa y quedaron regados en mis lamentos. 

Poco a poco, juntándolos formaron tu risa grabada en mis oídos, cuando en el puerto nos volvamos a encontrar.









Esperanza


Tal vez, en el interior exista una luz que desvanezca aquella esperanza ennegrecida, acogida en las profundidades de mi ser.

Tal vez yo tenga un fundamento del cual yo me entrego a lo inesperado, al hermoso engaño de mi inestable juicio.

Tal vez sea una desequilibrada que corre al anochecer, completamente sola, con una pizca de felicidad, que no quiere aceptarlo en la desesperación de mi llanto.

Rod Stewart: ‘destruyendo’ la acrópolis poblana



Call me old fashioned... please! | Por Mónica Castro Lara | Fotos: Puebla On Line |


Según yo, no soy taaaaan chillona pero, cuando Rod Stewart salió al escenario, mis ojos traidores rápidamente se llenaron de lágrimas de la emoción, y es que como no emocionarse ante semejante leyenda. Sé que es muy distinto hablar o escribir sobre un artista y su presciencia en el escenario, que verlo con tus propios ojos, pero Rod Stewart únicamente comprobó lo que ya había comentado anteriormente aquí en Sputnik y que había visto ya en otros conciertos en DVD: es un rock star de pies a cabeza y a sus 72 años (bien vividos) tiene la energía de un puberto insaciable.

Con cinco cambios de ropa y unos movimientos de cadera muy divertidos, no hizo falta demasiada interacción con el público; todos sabemos que Rod es un tipo súper awesome y que su carisma en cada canción que interpreta, es lo único que basta para prender a toda una audiencia y hacerla bailar y cantar con todas nuestras ganas. Él mismo lo dijo: "... I know singing is good for the throat, for the heart and the soul" seguido de unos aplausos bastante estridentes. Me quito el sombrero una y mil veces ante el excelente equipo de músicos y coristas de Stewart… ¡qué nivel! en serio. Aparte me queda claro que el buen Rod forma parte del GIRL POWER porque seis de los catorce músicos en escena, son mujeres, talentosísimas mujeres que tocan el violín, el banyo, el arpa, la pandereta y cantan y bailan como verdaderas diosas... Eso sí, tooodas con atuendos despampanantes y vestidos cortitos muy a la flapper o a la 'scottish way', muy ad hoc a los brillantes blazers y camisas que lució el buen Roderick. Y hablando de Escocia (con la que traigo una fuerte mini obsesión gracias a una serie que me recomendó mi amiga Naisa), agradecí y disfruté la enorme influencia de la música escocesa en varias canciones de Rod, como 'Ohh La La' y ‘Love Is’; obviamente son ritmos muy representativos y agradables que en automático lo ponen a uno de muy buen humor y en sintonía highlander.



Si su gira se llama Hits, es porque literalmente cantó sus éxitos más representativos, entre los que destacan: ‘This Old Heart of Mine’, ‘Some Guys Have All The Luck’, ‘Tonight’s The Night’, ‘Forever Young’,Baby Jane’,Downtown Train’ (que le cambió la letra del coro y no supe bien por qué), ‘The First Cut Is The Deepest’,Have I Told You Lately’,Sailing’,Maggie May’ y por supuestoDa Ya Think I’m Sexy?’; era obvio que Moniquita cantaría a tooooodo pulmón ‘You’re In My Heart’ y ‘I Don’t Wanna Talk About It’ (además de dejar medio sordo a mi papá con mis gritos). Todas las canciones me demostraron su excelente dicción y potencia vocal… Rod es un rey en pocas palabras. Sus cientos de piruetas y brincos, nos alegraron la noche, además de una excelente producción que incluyó cinco pantallas –de muy buena calidad-, un piso tipo ‘ajedrez’ e imágenes vistosas y luces de todos los colores.  

Creo que lo que más nos alocaba a todos, era cuando (mal) pronunciaba ‘Pu-e-bla’: ‘I’ve never been on your city before… Pu-e-bla, isn’t it?’. Y los balones… ¡qué buenas patadas da Sir Rod Stewart! Increíbles. Me queda claro que puso haber sido un excelente y cotizado futbolista. Regaló como 12 balones y todos soltamos enormes carcajadas cuando la gente luchaba contra todo y todos para agarrar uno. Obvia y tristemente, NO me gané nada… buuu.

Aquí viene mi parte negativa: si bien el concierto pudo haber durado 2 horas exactas, es gracias al público poblano que 1) comenzó retrasado y 2) acabó medio abruptamente. Obviamente habemos muchas personas que llegamos más que puntuales y que respetamos al artista y a los músicos que vamos a apreciar y que tanto admiramos, pero también hay muchos a los que francamente les vale madre y seguirán llegando tarde, seguirán pidiendo cervezas y papitas a la mitad del concierto e incluso cínicamente, se atreverán a salirse antes de que termine. A todos esos poblanos irrespetuosos, les presento mi odio y aberración total y sin tapujos. Ya basta de asistir a conciertos, obras de teatro, lecturas públicas y tener que lidiar con gentuza grosera e  impertinente. Me parece que somos un público que necesita ser educado a trancazos y tajantemente. Dudo que en otros países, los vendedores de cemitas te impidan ver un concierto cuando pagaste una suma bastante considerable para ver a x o y artista. En fin. Los odio a todos (a esos que mencioné pues).




El concierto de Sir Rod Stewart fue monumental; me deja un hermoso recuerdo, uno que seguramente lo contaré durante años. Me pone muy feliz haber vivido esta experiencia al lado de mis papás, que son los que me regalaron e introdujeron a esta música tan fascinante y nunca dejaré de agradecérselos. La energía y el talento de este legendario artista, da para muchos años más, se los aseguro. Aplausos miles para Rod Stewart y todo su equipo, que se encargaron de destruir –simbólicamente- una acrópolis poblana. 


La Autora: Publirrelacionista de risa escandalosa. Descubrió el mundo del Social Media Management por cuenta propia. Gusta de pintar mandalas y leer. Ácida y medio lépera. Obsesionada con la era del jazz. Llámenme anticuada… ¡por favor!


Kit de supervivencia para cualquier festival musical


Stormtrooper in Stilettos | Por Andrea Contreras | 


@andygcontreras


Asistir a un festival de música es la oportunidad perfecta para ver a varias de tus bandas favoritas -o descubrir nuevas-, hacer nuevas amistades y disfrutar a lo grande, pero si no vas preparado, se puede convertir en el peor fin de semana de tu vida.

Por suerte para ti, los tripulantes de Sputnik hemos creado una lista de cosas que no sólo te ayudarán a sobrevivir sino también a pasarla poca madre.

LOS BOLETOS
Quizás suene estúpido, pero no quieres ser esa persona que se pasó horas haciendo fila sólo para llegar a la puerta y darse cuenta que olvidó los tickets en algún lugar a miles de kilómetros de ahí.

CARTERA
Asegúrate de llevar por lo menos una identificación, tarjetas de crédito/débito y efectivo.

AGUA
Con todo el baile, las caminatas y el alcohol, es evidente que puedes deshidratarte, por eso una botella de agua jamás debe faltar.



IMPERMEABLE
Obviamente antes de todo debiste revisar los pronósticos meteorológicos para las fechas del festival, pero aun así nunca se sabe lo caprichoso que pueda estar el clima.

ZAPÁTOS CÓMODOS
Horas parado, ir de aquí para allá. La decisión más sabia que puedes hacer es elegir el par de botas o tenis más cómodos que tengas y que puedas usar el día entero.

ALGUNA CLASE DE SOMBRERO Y LENTES DE SOL
El estilo de ellos ya depende de ti -y de la locación del festival-, pero lo importante aquí es que te mantengas protegido del sol.



CARGADOR/BATERÍA PORTATIL
Diríamos que lo ideal es dejar la tecnología de lado y disfrutar del momento, pero sinceramente quedarte sin batería a mitad de un concierto es lo peor. Ya sea para comunicarte, tomar una selfie o grabar tu rola favorita, jamás salgas sin tu batería portátil.

MAPA/PROGRAMA
Ubica los puntos básicos para sobrevivir (baños, área de comida, etc.). Acuerda con tus amigos un punto de reunión para encontrarse sin problemas si se separan. Checa en qué escenario y a qué hora estarán las bandas que quieres ver y organiza tu tiempo.

MEDICAMENTOS
Evita que un dolor de cabeza o cualquier otra molestia te arruine el día, nunca está de más llevar las medicinas más básicas.

PAPEL HIGIÉNICO/TOALLITAS HUMEDAS
Aceptémoslo, aunque no seamos muy freaks de la limpieza, esos baños portátiles terminan dando náuseas, llevar papel o toallitas húmedas te puede sacar de un gran apuro.


  

Ya estás advertido, ahora solamente te falta elegir a cuál de estos te vas a lanzar.
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